jueves, 11 de noviembre de 2021

Fwd: INVASIÓN A PANAMÁ


Primer Museo Suramericano de Buenos Aires,
"Comandante Ernesto Che Guevara"

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CABA - República Argentina
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De: Froilan y Adys <froilan@cubarte.cult.cu>
Date: mar, 9 nov 2021 a las 18:17
Subject: RV: INVASIÓN A PANAMÁ
To: Eladio Gonzalez <museocheguevara@fibertel.com.ar>


 

CRÓNICAS DE MIS MEMORIAS.

INVASIÓN A PANAMÁ SIN OLVIDO.

Por Froilán González García.

En varias ocasiones visité Panamá, algunas con fines de investigación histórica o en tránsito hacía Bolivia donde me desempeñaba como Cónsul General, lo que sucedía en ese país, siempre era de interés y cuando se produjo la invasión de Estados Unidos la seguí de forma especial, tenía amigos o conocidos, algunos opositores y críticos al general Omar Torrijos o a Manuel Noriega, revolucionarios resentidos, periodistas, intelectuales y artistas que inicialmente solicitaban esa intervención.

Pocos meses después volví y conversé con el embajador cubano Lázaro Mora y el funcionario Alfredo Pila. También establecí amistad con el periodista y diplomático cubano Víctor Fernández, detenido cuando salía de la residencia de nuestro Embajador y conducido a un cuartel, escoltado por tres camiones con tropas militares fuertemente armadas, donde pretendieron interrogarlo, sin respetar su condición diplomática, la convención de Viena, ni los derechos humanos, actuaban como los dueños de Panamá y máximas autoridades del país.

Sus agencias informativas manipuladoras, convirtieron al pacifico intelectual en panameño con altas responsabilidades en las Fuerzas de Defensa de ese país, conspirando con el Embajador cubano. Víctor escribió el libro "EXCUSE, ME, SIR", donde narró esas experiencias.

En Panamá recorrí los barrios destruidos o instituciones dañadas severamente, como escuelas, hospitales, bibliotecas, centros culturales, edificios públicos, viviendas, instalaciones suministradoras de agua potable, plantas eléctricas y profundos huecos en parques, calles y avenidas, recordé los horrores de la guerra observados en Viet Nam.

Ninguna persona honrada, decente, culta, sensible y defensora de la Paz debe olvidar esos salvajes crímenes y en cada aniversario debemos condenar a los Estados Unidos. Solo los que odian, carecen de sentimientos de amor y no les importan los sufrimientos ajenos pueden aprobar o solicitar o apoyar una invasión de ese tipo.

Esa agresión se produjo el 20 de diciembre de 1989, sin previa declaración de guerra, cuando solo faltaban 10 días para el traspaso del Canal, programado para el 1 de enero de 1990.

Los sorpresivos bombardeos comenzado a la una de la madrugada, cuando casi todos dormían e incluyeron simultáneamente 27 objetivos, entre ellos, el aeropuerto de Punta Paitilla, los cuarteles Tinajitas, Panamá Viejo, Los Pumas, Central, la base militar de Río Hato y la Naval de Coco Solo y otras importantes instalaciones militares y civiles con sus zonas aledañas donde se ubican barrios pobres y densamente poblados.

Los invasores no respetaban calles, avenidas, barrios y pueblos cercanos a donde llegaban los helicópteros y los tanques blindados. Los soldados norteamericanos heridos los recogían en modernas ambulancias, y en aviones-hospitales los trasladaban a los hospitales de Estados Unidos, sin embargo, no permitían que recogieran a los soldados panameños o civiles heridos y muchos morían desangrados.

Los que su familiar podía llevar a los hospitales se encontraban con decenas de cadáveres en los pasillos, entre ellos mujeres, niños y ancianos, los plasmas y medicamentos estaban agotados y a pesar del esfuerzo de los médicos panameños, todos no podían ser atendidos.

La propaganda justificó la invasión con los argumentos de proteger la vida de ciudadanos estadounidenses, defender la democracia y los derechos humanos y el tratado Torrijos-Carter sobre el Canal de Panamá, ocultando las bases militares, el centro de su comando de espionaje y contrainsurgencia y la Escuela de las Américas donde se formaban militares golpistas subordinados a la política de Estados Unidos.

Mentían al afirmar que era con fines de combatir el tráfico de drogas, cuando ya se había filtrado a la prensa que Estados Unidos financiaba a la contrarrevolución nicaragüense con el dinero obtenido del narcotráfico y que el General Manuel Noriega poseía documentos probatorios de las acciones de la CIA y la DEA con esos fines, así como la participación en el derribo del avión donde viajaba el General Omar Torrijos que  le provocó la muerte. 

La invasión fue denominada "Operación Causa Justa" y comenzó con el lanzamiento de 422 bombas, equivalente a una cada dos minutos. El equipo sismológico de la Universidad de Panamá reportó que los mortales artefactos provocaron un temblor de tierra de cinco grados de intensidad en la escala Richter. 

El Gobierno estadounidense utilizó aviones de asalto A-37, bombarderos Stealth F-117, misiles Hell Five, helicópteros y lanzamisiles Blackhawk, Apache AH-64 y Cobra, cañones de fuego rápido de 30 mm, vehículos Hummer con ametralladoras de alto calibre y fusiles M-16 con mirilla infrarroja, lo que provocó miles de civiles muertos o gravemente heridos, edificios destruidos, cientos de los que resistían fueron asesinados en las calles por francotiradores.

Calcularon que duraría unas horas después de lanzar a los paracaidistas y los militares panameños se rindieran, esperaban que los pobladores los recibirían con flores y banderas y al amanecer no habría combates y reinaría la paz.

Desde la madrugada sus emisoras reportaban que toda resistencia había cesado y a las 7 de la mañana el Presidente de Estados Unidos podría leer un mensaje a la nación anunciando que el pueblo panameño había alcanzado la libertad, la democracia y los derechos humanos, pero todo se complicó cuando la radio nacional de ese país, en cadena con otras emisoras transmitía lo que estaba ocurriendo, condenando la invasión y arengando al pueblo a la lucha y la resistencia frente a  más de 26 mil soldados de infantería norteamericanos fuertemente armados con modernos y sofisticados equipos, enfrentados a una población   indefensa y un ejército formado por los norteamericanos.

Las emisoras panameñas lograron mantenerse en el aire más de 15 horas hasta que mediante ataques directos de helicópteros artillados lograron silenciarla, a la vez que interferían la televisión y transmitían mensajes con métodos de guerra psicológica, para que el pueblo creyera que todo había cesado.

Al cabo de 48 horas, las fuerzas invasoras no habían podido tomar la capital y tenían rodeada embajadas y organismos internacionales para evitar que funcionarios y seguidores del gobierno recibieran asilo o refugio, entre ellas las sedes diplomáticas de Cuba, Nicaragua, Perú y Venezuela. En la del Vaticano donde se refugió Noriega, colocaron tanques de guerra y altoparlantes con música enloquecedora para obligarlo a salir y por las noches realizaban sobrevuelos de helicópteros.

Registraron las sedes de la agencia de noticias EFE, las oficinas de la compañía de aviación Iberia, el Banco Exterior de España y asesinaron al periodista español Juantxu   Rodríguez, solo porque tomó fotos de los cadáveres en la morgue de la ciudad y soldados norteamericanos irrumpieron en la habitación del hotel donde se alojaba para requisar las fotos y lo mataron.

Atacaron las cárceles y connotados delincuentes, criminales, unidos a prófugos, se pusieron al servicio de los invasores y formaron pandillas o bandas, con armas de guerra, incrementaron la violencia, ejecutando a sus enemigos, ajustes de cuentas y venganzas a la vez que realizaban saqueos de comercios y actos de vandalismo.

La invasión ocasionó un número indeterminado de muertos, cálculos conservadores lo sitúan entre tres y cinco mil, barrios populares prácticamente desaparecidos, y aproximadamente veinte mil personas sin hogar. La prensa reportó viviendas bajo las llamas y las personas desesperadas tratando de salvar sus pertenecías, niños huérfanos o inválidos y traumatizados por la bárbara agresión.

Los muertos fueron incinerados o sepultados en fosas comunes, sin registros ni controles. Se denunció que pagaban 6 dólares por cadáver entregado, otros en bolsas plásticas fueron lanzados al mar, camiones refrigerados entraron a las bases militares para recoger y desaparecer los cadáveres.

Muchos panameños pro norteamericanos, incluyendo empresarios condenaron las masacres y estimaron las afectaciones en más de 1500 millones de dólares y la pérdida directa de fuentes de trabajo a más del 30 por ciento.

Algunos historiadores compararon la invasión con los horrores de la conquista española, la Guerra de los Mil Días a fines del siglo XIX e inicios del XX y la matanza de estudiantes acantonados en la zona del Canal de Panamá el 9 de enero de 1964.

A más de 30 años de esos sucesos los panameños desconocen la verdad y el número de muertos, heridos, mutilados o desaparecidos y se han tenido que enfrentar a la negativa de indemnizarlos. 

 


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