jueves, 11 de diciembre de 2008

Salvador Allende por Pablo Neruda Nóbel de Literatura chileno golpe de estado Pinochet Iquique Puerto Montt Frutillar Hernán Mery Frei Jarpa el Cobre


















VIRTIN RED INFORMATIVA


Pablo Neruda: Allende


Mi pueblo ha sido el más traicionado de este tiempo.

De los desiertos del salitre, de las minas submarinas del carbón, de las alturas terribles donde yace el cobre y lo extraen con trabajos inhumanos las manos de mi pueblo, surgió un movimiento liberador de magnitud grandiosa. Ese movimiento llevó a la presidencia de Chile a un hombre llamado Salvador Allende, para que realizara reformas y medidas de justicia inaplazables, para que rescatara nuestras riquezas nacionales de las garras extranjeras.

Donde estuvo, en los países más lejanos, los pueblos admiraron al presidente Allende y elogiaron el extraordinario pluralismo de nuestro gobierno. Jamás en la historia de la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York, se escuchó una ovación como la que le brindaron al presidente de Chile los delegados de todo el mundo. Aquí en Chile se estaba construyendo, entre inmensas dificultades, una sociedad verdaderamente justa, elevada sobre la base de nuestra soberanía, de nuestro orgullo nacional, del heroísmo de los mejores habitantes de Chile. De nuestro lado, del lado de la revolución chilena, estaban la Constitución y la ley, la democracia y la esperanza.

Del otro lado no faltaba nada. Tenían arlequines y polichinelas, payasos a granel, terroristas de pistola y cadena, monjes falsos y militares degradados. Unos u otros daban vueltas en el carrusel del despecho. Iban tomados de la mano el fascista Jarpa con sus sobrinos de Patria y Libertad, dispuestos a romperles la cabeza y el alma a cuanto existe, con tal de recuperar la gran hacienda que ellos llamaban Chile. Junto con ellos, para amenizar la farándula, danzaba un gran banquero y bailarín, algo manchado de sangre; era el campeón de rumba González Videla, que rumbeando entregó hace tiempo su partido a los enemigos del pueblo. Ahora era Frei quien ofrecía su partido demócrata - cristiano a los mismos enemigos del pueblo, y bailaba además con el ex coronel Viaux, de cuya fechoría fue cómplice. Estos eran los principales artistas de la comedia. Tenían preparados los viveros del acaparamiento, los miguelitos, los garrotes y las mismas balas que ayer hirieron de muerte a nuestro pueblo en Iquique, en Ranquil, en Salvador, en Puerto Montt, en la José María Caro, en Frutillar, en Puente Alto y en tantos otros lugares. Los asesinos de Hernán Mery bailaban con naturalidad santurronamente. Se sentían ofendidos de que les reprocharan esos pequeños detalles.

Chile tiene una larga historia civil con pocas revoluciones y muchos gobiernos estables, conservadores y mediocres. Muchos presidentes chicos y sólo dos presidentes grandes: Balmaceda y Allende. Es curioso que los dos provinieran del mismo medio, de la burguesía adinerada, que aquí se hace llamar aristocracia. Como hombres de principios, empeñados en engrandecer un país empequeñecido por la mediocre oligarquía, los dos fueron conducidos a la muerte de la misma manera. Balmaceda fue llevado al suicidio por resistirse a entregar la riqueza salitrera a las compañías extranjeras.

Allende fue asesinado por haber nacionalizado la otra riqueza del subsuelo chileno, el cobre. En ambos casos la oligarquía chilena organizó revoluciones sangrientas. En ambos casos los militares hicieron jauría. Las compañías inglesas en la ocasión de Balmaceda, las norteamericanas en la ocasión de Allende, fomentaron y sufragaron estos movimientos militares.

En ambos casos las casas de los presidentes fueron desvalijadas por órdenes de nuestros distinguidos aristócratas. Los salones de Balmaceda fueron destruidos a hachazos. La casa de Allende, gracias al progreso del mundo, fue bombardeada desde el aire por nuestros heroicos aviadores. Sin embargo, estos dos hombres fueron muy diferentes. Balmaceda fue un orador cautivante. Tenía una complexión imperiosa que lo acercaba más al mando unipersonal. Estaba seguro de la elevación de sus propósitos. En todo instante se vió rodeado de enemigos. Su superioridad sobre el medio en que vivía era tan grande, y tan grande su soledad, que concluyó por reconcentrarse en sí mismo. El pueblo que debía ayudarle no existía como fuerza, es decir, no estaba organizado. Aquel presidente estaba condenado a conducirse como iluminado, como un soñador: un sueño de grandeza se quedó en sueño. Después de su asesinato, los rapaces mercaderes extranjeros y los parlamentarios criollos entraron en posesión del salitre: para los extranjeros, la propiedad y las concesiones; para los criollos las coimas. Recibidos los treinta dineros todo volvió a su normalidad. La sangre de unos cuantos miles de hombres del pueblo se secó pronto en los campos de batalla. Los obreros más explotados del mundo, los de las regiones del norte de Chile, no cesaron de producir inmensas cantidades de libras esterlinas para la City de Londres.

Allende nunca fue un gran orador. Y como estadista era un gobernante que consultaba todas sus medidas. Fue el antidictador, el demócrata principista hasta en los menores detalles. Le tocó un país que ya no era el pueblo bisoño de Balmaceda; encontró una clase obrera poderosa que sabía de qué se trataba. Allende era dirigente colectivo; un hombre que, sin salir de las clases populares, era un producto de la lucha de esas clases contra el estancamiento y la corrupción de sus explotadores. Por tales causas y razones, la obra de que realizó en tan corto tiempo es superior a la de Balmaceda; más aun, es la más importante en la historia de Chile. Sólo la nacionalización del cobre fue una empresa titánica, y muchos objetivos más se cumplieron bajo su gobierno de esencia colectiva.

Las obras y los hechos de Allende, de imborrable valor nacional, enfurecieron a los enemigos de nuestra liberación. El simbolismo trágico de esta crisis se revela en el bombardeo del Palacio de Gobierno; uno evoca la Blitz Krieg de la aviación nazi contra indefensas ciudades extranjeras, españolas, inglesas, rusas; ahora sucedía el mismo crimen en Chile; pilotos chilenos atacaban en picada el palacio que durante siglos fue el centro de la vida civil del país.

Escribo estas rápidas líneas para mis memorias a sólo tres días de los hechos incalificables que llevaron a la muerte de mi gran compañero el presidente Allende. Su asesinato se mantuvo en silencio; fue enterrado secretamente; sólo a su viuda le fue permitido acompañar aquel inmortal cadáver. La versión de los agresores es que hallaron su cuerpo inerte, con muestras de visible suicidio. La versión que ha sido publicada en el extranjero es diferente. A reglón seguido del bombardeo aéreo entraron en acción los tanques, muchos tanques, a luchar intrépidamente contra un solo hombre: el Presidente de la República de Chile, Salvador Allende, que los esperaba en su gabinete, sin más compañía que su corazón, envuelto en humo y llamas.

Tenían que aprovechar una ocasión tan bella. Había que ametrallarlo porque nunca renunciaría a su cargo. Aquel cuerpo fue enterrado secretamente en un sitio cualquiera. Aquel cadáver que marchó a la sepultura acompañado por una sola mujer que llevaba en sí misma todo el dolor del mundo, aquella gloriosa figura muerta iba acribillada y despedazada por las balas de las metralletas de los soldados de Chile, que otra vez habían traicionado a Chile.

"Confieso que he vivido". Chile, 14 de septiembre de 1973

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Zapatista encuentro Festival Digna Rabia 26 al 29 diciembre 2008 Subcomandante Marcos represion desaparecidos Selva Lacandona anarquistas punks libert




















COMUNICADO DEL COMITÉ CLANDESTINO REVOLUCIONARIO INDÍGENA-COMANDANCIA GENERAL DEL EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL.
MÉXICO.


Comisión Sexta y Comisión Intergaláctica del EZLN.

26 de Noviembre del 2008.

A l@s adherentes a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona en México y el Mundo:
A l@s invitad@s al Primer Festival Mundial de la Digna Rabia:
Al pueblo de México:
A los pueblos del Mundo:

COMPAÑERAS Y COMPAÑEROS:
HERMANOS Y HERMANAS:

EN ESTA OCASIÓN LES DECIMOS NUESTRA PALABRA SOBRE LOS AVANCES PARA LA CELEBRACIÓN DEL PRIMER FESTIVAL MUNDIAL DE LA DIGNA RABIA.

PRIMERO.- HASTA EL DÍA DE HOY TENEMOS LA CONFIRMACIÓN DE LA ASISTENCIA DE PERSONAS, GRUPOS, COLECTIVOS Y ORGANIZACIONES DE, ADEMÁS DE MÉXICO, LOS SIGUIENTES PAÍSES:

IRÁN.
PAÍS VASCO.

ARGENTINA.
CUBA.

ITALIA.
CHILE.

FRANCIA.
INGLATERRA.

UNIÓN AMERICANA.
AUSTRIA.

BRASIL.
VENEZUELA.

SUECIA.
BÉLGICA.

COSTA RICA.
ALEMANIA.

ESTADO ESPAÑOL.
NORUEGA.

SUIZA.
GRECIA.


SEGUNDO.- DE NUESTRO PAÍS, MÉXICO, ASISTIRÁN COMPAÑERAS Y COMPAÑEROS DE LA OTRA COMPAÑA DE LOS DIFERENTES ESTADOS DE LA REPÚBLICA Y QUE HACEN SUS LUCHAS EN MEDIOS DE COMUNICACIÓN ALTERNATIVOS, EN LA DEFENSA DE LOS DERECHOS HUMANOS, EN LAS ESCUELAS Y UNIVERSIDADES, EN CONTRA DE LA REPRESIÓN, POR LA PRESENTACIÓN DE LOS DESAPARECIDOS Y LA LIBERACIÓN DE L@S PRES@S POLÍTIC@S, EN ORGANIZACIONES SOCIALES Y POLÍTICAS, EN EL ARTE Y LA CULTURA, EN SINDICATOS, EN LA LUCHA DE LAS MUJERES, CON L@S TRABAJADOR@S DE LA MAQUILA EN LOS RINCONES DEL NORTE DE MÉXICO, EN LA LUCHA AMBIENTALISTA, EN LA DIVERSIDAD SEXUAL, EN EL MOVIMIENTO MAGISTERIAL, EN EL CAMPO, CON L@S TRABAJADOR@S SEXUALES, Y LA SOBRESALIENTE LUCHA DEL CONGRESO NACIONAL INDÍGENA.

TERCERO.- PARA LOS DÍAS 26, 27, 28 Y 29 DE DICIEMBRE DEL 2008, EN QUE EL FESTIVAL SE CELEBRARÁ EN LA CIUDAD DE MÉXICO, ALGUNAS DE LAS ACTIVIDADES PROGRAMADAS SON:

26 de Diciembre del 2008.

1000 hrs. INAUGURACIÓN.

1100 hrs. Las Cuatro Ruedas del Capitalismo: EXPLOTACIÓN. Foro Abierto con la participación de trabajador@s de la industria maquiladora en Baja California y en Tamaulipas, la Confederación General de Trabajadores (Estado Español), obreros de Solano (Argentina) y trabajadores de Oriente Medio (Irán), así como aquell@s trabajador@s que quieran participar y lo avisen con anticipación.
Modera: Centro de Análisis Multidisciplinario de la UNAM (México).

1700 hrs. Los Otros Caminos: OTRA CIUDAD. Foro Abierto con la participación de la Unión Nacional de Organizaciones Populares de Izquierda Independiente UNOPII (México), la Unidad Obrero y Socialista UNÍOS (México), Jóven@s de colectivos anarquistas, punks y libertarios (México). Brigada Callejera (México), así como quienes luchen en las ciudades, que quieran participar y lo avisen con anticipación.
Modera: UNOPII (México).

27 diciembre del 2008.

1100 hrs. Las Cuatro Ruedas del Capitalismo: DESPOJO. Foro Abierto con la participación del Congreso Nacional Indígena (México), Colonos y Colonas de Lomas de Poleo (Ciudad Juárez) (México), Asociación de Cabildos Indígenas del norte del Cauca (Colombia), así como quienes tengan palabra sobre el despojo capitalista, que quieran participar y lo avisen con anticipación.
Modera: Bárbara Zamora (México).

1700. Los Otros Caminos: OTROS MOVIMIENTOS SOCIALES. Foro Abierto con la CNUC-Tlaxcala (México), Fuerza Indígena Chinanteca (México), Frente del Pueblo (México), Colonia Blanca Navidad, de Nuevo Laredo (México), Frente Popular Francisco Villa Independiente (México), CACTO-Oaxaca (México).
Modera: CNI (México).

28 diciembre del 2008

1100 hrs. Las Cuatro Ruedas del Capitalismo: REPRESIÓN. Foro Abierto con las Doñas de Sinaloa y Chihuahua (México), mensaje de los presos políticos de Atenco (México), mensaje grabado de Gloria Arenas, presa política (México), Colectivo Tod@s somos Pres@s (México), Red Nacional contra la Represión y por la Solidaridad (México), y Bárbara Zamora (México).
Modera: UNÍOS (México).

1700 hrs. Los Otros Caminos: OTRA HISTORIA, OTRA POLÍTICA. Mesa redonda con la participación de John Holloway, Felipe Echenique (México), Francisco Pineda (México, Raúl Zibechi (Uruguay), Olivier Besacenot (Francia), Mónica Baltodano (Nicaragua), Sergio Rodríguez Lascano (México).
Modera: Revista Rebeldía (México).

29 diciembre del 2008.

1100 hrs. Las Cuatro Ruedas del Capitalismo: DESPRECIO. Foro Abierto con el Colectivo Anarko Punk La KURVA (México), Congreso Nacional Indígena (México), Asamblea Nacional de Braceros (México), Mercedes Oliveira (México).
Modera: CNI (México).

CUARTO.- PARA LA SERIE DE CONFERENCIAS MAGISTRALES QUE SE CELEBRARÁN EN SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, CHIAPAS, DEL 2 AL 5 DE ENERO DEL 2009, HAN CONFIRMADO SU PARTICIPACIÓN LAS SIGUIENTES PERSONAS:

Adolfo Gilly (México).
Arundhati Roy (India)
(enviará su participación)

Pablo González Casanova (México)
Bárbara Zamora (México)

Mónica Baltodano (Nicaragua)
Carlos Aguirre Rojas (México)

Villoro (México)
Raúl Zibechi (Uruguay)

Oscar Olivera (Bolivia)
Carlos González –CNI- (México)

Michael Hardt (USA)
Juan Chávez –CNI- (México)

Walter Mignolo (Argentina)
John Berger (Inglaterra)
(enviará su participación)

Pier Luigi Sullo (Italia)
Olivier Bensacenot (Francia)

Sylvia Marcos (México)
Jaime Pastor (Estado Español)

Jotxe Iriarte (País Vasco).
Movimiento de los Sin Tierra (Brasil)

Paulina Fernández (México)
Sergio Rodríguez Lazcano (México)

Marcos Roitman (Chile-Estado Español)
Vía Campesina (Internacional).

Gustavo Esteva (México)
Jean Robert (Suiza)


QUINTO.- POR PARTE DEL EZLN, HAN CONFIRMADO SU PARTICIPACIÓN COMO MODERADOR@S O PARTICIPANTES (o para dar lata -si saben a quienes me refiero-) EN LAS CONFERENCIAS EN CHIAPAS, L@S SIGUIENTES COMPAÑER@S:

COMANDANTA SUSANA.
COMANDANTE TACHO.

COMANDANTA MIRIAM.
COMANDANTE GUILLERMO

COMANDANTA HORTENSIA.
TENIENTE CORONEL INSURGENTE MOISÉS.

COMANDANTA FLORENCIA.
CAPITANA INSURGENTE ELENA.

COMANDANTA EVERILDA.
NIÑA LUPITA.

COMANDANTE DAVID.
NIÑA TOÑITA.

COMANDANTE ZEBEDEO.



SEXTO.- PARA LAS INVITACIONES HEMOS PROCEDIDO CON LOS DATOS QUE TENEMOS DE LAS ADHERENCIAS A LA SEXTA DECLARACIÓN, CONTACTOS REALIZADOS EN LA GIRA DE LA OTRA CAMPAÑA Y LOS DIRECTORIOS DE ASISTENCIA A LAS DISTINTAS ACTIVIDADES PÚBLICAS DEL EZLN. SI ALGUNA PERSONA, GRUPO, COLECTIVO U ORGANIZACIÓN, DE MÉXICO Y EL MUNDO, NO HA SIDO INVITAD@ SEGURAMENTE ES PORQUE NO TENEMOS SUS DATOS. ASÍ QUE LES PEDIMOS RESPETUOSAMENTE QUE DISCULPEN ESTA INCAPACIDAD NUESTRA Y SE PONGAN EN CONTACTO CON LA PAGINA DE INTERNET DE ENLACE ZAPATISTA, EN LA SECCIÓN CORRESPONDIENTE AL FESTIVAL MUNDIAL DE LA DIGNA RABIA.

SÉPTIMO.- ACLARAMOS QUE LAS INVITACIONES SON PARA PARTICIPAR COMO EXPOSITORES. LA ENTRADA A TODAS LAS ACTIVIDADES DEL FESTIVAL SON LIBRES Y ABIERTAS PARA TODA PERSONA QUE QUIERA ASISTIR Y CONOCER DE LA DIGNA RABIA QUE SE ORGANIZA EN MÉXICO Y EL MUNDO.

ALGUNOS DETALLES TÉCNICOS Y DE PROCEDIMIENTO SERÁN DADOS A CONOCER POR EL EQUIPO DE APOYO ORGANIZATIVO DEL FESTIVAL, EN LA PÁGINA ELECTRÓNICA DE ENLACE ZAPATISTA, EN LA SECCION CORRSPONDIENTE AL FESTIVAL MUNDIAL DE LA DIGNA RABIA.

ES TODO POR AHORA, SEGUIREMOS INFORMANDO.

¡LIBERTAD Y JUSTICIA PARA ATENCO!


Desde las montañas del Sureste Mexicano.

Subcomandante Insurgente Marcos.
Teniente Coronel Insurgente Moisés.

Comisión Sexta del EZLN
Comisión Intergalactica del EZLN

México, Noviembre del 2008.

héroe yanqui dió la vida por Cuba luchando contra España Henry Reeve hoy la Brigada Médica Internacionalista lleva su nombre Chaubloqueo Fidel

















Cuba:
A corazón abierto (IIª Parte y final)

Por: Roberto del Valle Menéndez


Cuando se está a punto de festejar el aniversario 50 del Triunfo de la Revolución Cubana, solo en el 2008 se han inaugurado en el país más de 200 obras de beneficio social dentro del Programa de la Batalla de Ideas, no pocas de ellas de nueva inversión o de reconstrucción en el sector de la Salud.

El balance de estas cinco décadas suman, a su vez, la formación de 78 000 médicos, de los que no pocos han laborado en 100 países de todas las latitudes salvando miles de vida. Se comenzó por Argel, en mayo de 1963 y en el 2005, al paso del huracán Katrina por los Estados de Lousiana y Misisssipi, al sur de los Estados Unidos, nacía la propuesta del Comandante en Jefe Fidel Castro de que 1 586 galenos integrados al contingente Henry Reeve, oficial norteamericano muerto en combate por la independencia de Cuba, partieran a socorrer a los damnificados por ese desastre. La propuesta humanitaria no fue aceptada por el Gobierno de esa nación.

Hoy más de 35 000 médicos y técnicos de la salud prestan sus servicios en 74 países.

Pero pasemos de lo particular a lo general. A 461 kilómetros al este de Ciudad de la Habana se encuentra la Ciudad de Ciego de Ávila, provincia de igual nombre, ubicada entre Sancti Spíritus y Camagüey, con una población de 419 810 habitantes, el 3.7 del país y una extensión de 6 783 kilómetros cuadrados, el 6.2 de la superficie territorial de Cuba.

Uno de sus atractivos mayores es el Polo Turístico Jardines del Rey, que acaba de cumplir 15 años de existencia y que posee más de 30 kilómetros de hermosas playas, no pocas de ellas vírgenes y donde el respeto a los valores de la naturaleza es una constante. Es hoy el turismo, el principal renglón económico de los avileños.

Pero los avileños, que formaron su identidad como provincia con la división política-administrativa en 1976, cuentan con 19 556 trabajadores de la salud, de ellos 2 648 galenos y 1 881 especialistas, 4067 enfermeros y 5 846 técnicos.


No están ajenos al apoyo desinteresado y humanitario con otros pueblos, y hoy 1 588 son los colaboradores en el extranjero, de ellos 930 médicos, 149 estomatólogos y 182 técnicos.

Una muestra de la prioridad particular de la salud en esta central provincia, es que durante el 2008 su presupuesto ascendió a 148 891.3 millones de pesos contra 51 134.1 en el 2000, recibiéndose, e instalándose, 549 dispositivos de alta tecnología por un valor superior a los dos millones de pesos con un alto componente en divisas.

De esos equipos,171 fueron de diagnóstico,142 de oftalmología, 92 de terapia, 52 de fisioterapia, 42 de podología y 26 de estomatología para el beneficio de los Hospitales docentes Antonio Luaces Iraola y Roberto Rodríguez, este último en la ciudad de Morón, y para las policlínicas docentes ubicadas en cada uno de los 10 municipios.

Hoy al potencial de estudiantes, incluyendo los de naciones amigas, se suman los profesionales para garantizar el bienestar de los avileños, y uno de sus indicadores de eficiencia es de 6 por cada mil nacidos vivos de mortalidad infantil, que aunque es un índice por encima d e la media nacional está a la altura de naciones desarrolladas.

Los profesionales y técnicos de la Salud en Ciego de Ávila están a corazón abierto ante la realidad, y el reto, de ofrecer un servicio de alta calidad humana y ética ante sus coterráneos, y en sus nobles misiones que dignifican a la Patria en todo el mundo.

A corazón abierto, no solo es una compleja operación quirúrgica que en Cuba, como todos sus servicios médicos, son gratuitos, es una actitud consciente ante el paciente, cubano o de otras latitudes.

Médico Oscar Fernández Mel luchó y curó junto al Che Guevara Sierra Maestra Congo Africa Cuba Asma estoico adrenalina Guevarista Chaubloqueo Granma




















ENTREVISTA A OSCAR FERNÁNDEZ MEL, MÉDICO Y COMPAÑERO DEL CHE
por Gustavo Veiga

“Aprendí a ser revolucionario Che”



–Usted es médico como lo era el Che y compartió con él las experiencias guerrilleras en la Sierra Maestra y el Congo, ¿de qué modo explica cómo se sobreponía a su enemigo íntimo, el asma, en esos ambientes hostiles?

–El Che tenía un diapasón de comportamiento y para tolerar el dolor y el sufrimiento era admirable. El soportaba los ataques de asma con estoicismo. Imagínese que en aquella época lo que él usaba era la adrenalina. No había los remedios que hay ahora. Y por supuesto, le aceleraba el corazón y de tanto darle alguna vez se intoxicaba. También tenía dolores de abdomen. Después que triunfó la revolución yo le ponía su suero con cortisona, cuando él ya no podía más, y eso lo mejoraba, le hacia eliminar la adrenalina. Sus ataques eran los más profundos que yo he visto en mi vida.

–¿Llegó a peligrar su vida por la enfermedad?

–Cuando él, en otras etapas, tenía problemas con el aparatico, ahí sí perdía un poco la calma. Sabía lo que le podía pasar en cualquier momento. Hay algunas anécdotas, como por ejemplo un momento después del desembarco del “Granma”. Un hombre que se llamaba Luis Crespo, del que el Che hablaba con verdadera fruición, lo había ayudado en los primeros días cuando le daban los ataques de asma y no había nada. Luis le decía: tómate de ese fusil y él le respondía, no, déjame aquí. Su asma era muy profundo, demasiado y le venía desde muy pequeño. Usted sabe que había una discusión entre el padre y la madre; se echaban la culpa del problema. Lo cual no tiene sentido porque el asma es una enfermedad alérgica y no creo que ninguno de ellos la haya provocado, y menos la madre, a la cual él adoraba: Celia Serna, una mujer admirable.

–¿Guevara tomaba en cuenta las sugerencias sobre su salud?

–No, si yo le decía algo, no aceptaba nada. Cuando triunfa la revolución, pues, teníamos al doctor Adolfo Rodríguez de la Vega, que era un profesor famoso y perteneció también a nuestra columna y lo llevábamos como hacíamos con médicos importantes del hospital Calixto García para que lo trataran. Yo había pasado a un plano distinto, porque mis especialidades son la traumatología y ortopedia. Y si le ponía los sueros con cortisona, era porque se los imponía. No crea que a él le caía muy bien estar acostado con un suero.

–¿Desconfió alguna vez de que el Che pudiera sobreponerse en la selva a esos ataques de asma?

–El tenía mucha disciplina. Cuando nosotros veníamos desde la Sierra Maestra al Escambray, en el centro de la selva, marchábamos metidos en los pantanos con el agua hasta la cintura. Agua sucia. Pero era tal la confianza que tenía la columna en el Che, que si estábamos perdidos dando vueltas en el mismo lugar, todo el mundo sabía que él nos iba a sacar hacia adelante con una brujulita y un mapita de propaganda de la isla de Cuba.

–¿Qué experiencias compartieron en la campaña de la Sierra Maestra?

–Hubo una parte en la que estuvimos muy alejados. El se encontraba mucho más al oeste y yo más al este. Nos volvimos a encontrar cuando se lanzó la ofensiva del ejército de verano, porque como yo era un médico joven, de veintitantos años, me mandaban para todos los frentes, de un lado para el otro... Y volví a caer con él en el combate de Las Vegas de Jibacoa y sobre todo, en el de las Mercedes, que fueron los últimos para que el ejército de Batista saliera derrotado de la Sierra Maestra. Inmediatamente se formaron las columnas para venir hacia el centro de la isla y aprovechar la ofensiva hacia occidente para partir la isla en dos, y ya me quedé con él y vine en su columna. Ahí sí tuvimos mucho trato, conversábamos mucho, yo no era un hombre de la política y me fui haciendo con él.

–¿Cómo que no era un hombre de la política?

–La gente quería tumbar a Batista y entre ellos estaba yo. Fue con el Che que aprendí a ser revolucionario, si es que llegué a serlo, tanto desde el punto de vista teórico como desde el práctico. Digo teórico, porque como yo llegué a tener tanta admiración por él, hicimos una amistad muy estrecha. Y eso influía mucho. Yo pensaba: si este hombre es comunista, es porque esto es bueno. Después yo realicé mis estudios aparte, pero si me hice revolucionario fue por él. Y cuando le pedía explicación sobre algunas cosas, él las daba. Porque hay otra cosa del Che de la que tampoco se habla mucho: le encantaba enseñarles a escribir y a leer a los soldados, que muchos de ellos eran totalmente analfabetos. En el Congo enseñó a hablar francés. O sea, eso siempre estaba presente.

–Después de que triunfara la revolución, ¿de qué modo continuó la relación entre los dos?

–Ah, hombre, yo seguí con él. Viví en todas sus casas. En la única oportunidad en que no lo acompañé, fue cuando se retiró a la playa porque estaba enfermo de neumonía. Pero después estuvimos en cuatro o cinco casas. En la de Miramar, en la calle 18; después, donde ahora está la última casa en que él vivió, y cuando llegamos a Columbia, que era el cuartel principal de Batista, ahí también. O sea, seguí con él hasta que me casé. Y no era que yo me impusiera: voy a vivir en la casa del Che porque es un gran dirigente, ¡no! El decía: cuál es el cuarto de Oscarito, porque Oscarito me decían a mí. Había satisfacción en él de que yo participara. Disfruté mucho de su amistad y no lo traicioné nunca. Conmigo estaba seguro.

–¿El Che fue su padrino de bodas?

–Sí, por supuesto. Para mí fue una gran satisfacción, porque él no era un hombre de actos protocolares. La boda del Che también fue una boda muy sencilla. Un día se reunieron con Aleida en la casa de uno de los escoltas de él. Y allí, en una mesita, se casaron. El ya estaba un tanto enfermo de neumonía. No se cuidaba la salud. La impresión que yo tengo es que sabía que iba a morir. Imagínese usted un hombre con ese asma y fumaba tabacos hasta que se quemaba los dedos. Cogió el vicio de fumar para combatir un poco los mosquitos en los primeros tiempos de la Sierra Maestra, en la parte más baja. Y lo disfrutaba como usted no es capaz de imaginar. Después del triunfo, en el llano, le recomendaron dejar de fumar. Y él no tenía interés alguno en hacerlo.

–¿Es cierto que usted le presentó a Aleida March, su segunda esposa?

–(Se ríe.) Bueno, cuando nosotros estábamos en el Escambray, tenía siempre armado mi hospital, que era un bohío, con una mesa donde hacía lo que podía. Y entonces llegó Aleida que ya estaba en el movimiento 26 de Julio y venía un poco quemada de la ciudad. Subió con dinero, y el Che me la mandó a mí primero para que le quitara los esparadrapos y que fuera a vivir al bohío donde se supone que estaba el hospital. Un ambiente un poco más lindo para ella, mejor que el de un campamento. No es que yo se la había presentado; sí la conocía un poco más. Era atrevida, agresiva, y empezó a ir con él a los combates. Así se fueron uniendo sin saber que serían marido y mujer, que iban a constituir un matrimonio. Por eso, Aleida guarda un grato recuerdo hacia mí y yo también hacia ella.

–¿También conocía a los pequeños hijos de la pareja?

–Cuando ellos se enfermaban, el Che me decía: “Inyéctalos tú, porque figúrate, me ven muy poco y cuando me ven, si me ven con una jeringuilla van a odiarme”. Cosas cotidianas como éstas se producían. Y ésa fue la amistad que tuvimos y que cultivamos. Yo me imagino que para él también debió ser una satisfacción similar a la que yo siento. Pero claro, él siempre en el papel de jefe, aunque no lo quisiera.

–¿Se frecuentaban en reuniones familiares o resultaba imposible por las múltiples actividades del Che?

–Pudo haberse dado, aunque no lo recuerdo. Sí en una oportunidad fuimos a Colón, mi pueblo natal, y él conoció a mi padre, mi hermano, mi familia... No me acuerdo de más encuentros semejantes, aunque por supuesto, tampoco las evitábamos. El Che trabajaba extraordinariamente y los fines de semana tenía las sesiones de trabajo voluntario. No era un hombre que descansara. Y no disfrutaba de muchos días libres. Yo, a pesar de estar trabajando en otras cosas, salía con él a distintos lados. Fuimos en su avioneta a Cayo Largo, porque se construía un motel ahí, donde estaba la columna 8. Pero no recuerdo relaciones de familia a familia, muy amplias.

–Usted compartió con Guevara la experiencia guerrillera del ex Congo Belga que concluyó en un fracaso, ¿cómo nació esa idea?

–Yo me lo pregunto también. Usted sabe que él tiene un libro que se llama La guerra de guerrillas. Era un hombre que conocía teoría y práctica de la lucha. Pero, ¿cómo fue que se metió allí? Intervinieron algunos factores: la información inadecuada que le llevaron fue uno de ellos. Hubo gente que estuvo viendo el frente guerrillero del Congo Belga y entonces le informó que había miles de efectivos armados, que estaba todo muy bien organizado. Pero el Che, antes de irse para el Congo, hizo dos viajes por todo el continente africano y ahí surgió esa idea. Hay algunas cosas que avalan esto.

–¿Cuáles?

–En primer lugar, que se creó un ambiente en las visitas que él realizó. Hizo mucha amistad con Ben Bella, de Argelia, que era en aquel momento el centro progresista del continente africano. Entonces se reunió con Kwame Nkrumah, con Sékou Touré, con Leopold Sengor, con Julius Nyerere... y en un momento determinado se habló de crear un ejército de los distintos países. Había una efervescencia progresista y revolucionaria en el continente africano, extraordinaria. Esa es la verdad. Y él se encontró en Tanzania con todos estos dirigentes, inclusive con Kabila, que era el jefe del frente congolés. Pues él creía que podía hacer algo, encaminar aquello. También pensaba que a través de la guerra, los soldados africanos podrían alcanzar un mayor nivel cultural, un mayor nivel ideológico, a través de la lucha, siempre y cuando se prestaran a luchar. Pero aquello no resultó así.

–¿Qué conclusiones sacó de aquel foco guerrillero en el corazón del Africa?

–Yo siempre he dicho que es la etapa más plana del Che, donde no pudo aportar nada desde el punto de vista militar e intelectual. Por supuesto que él era un maestro de la lucha guerrillera y sus aliados se aparecían con la propuesta de atacar a las ciudades y él les respondía: esto no se puede. Primero hay que hacerse fuertes, tener tropas, arreglar el frente antes de lanzarse, y no le hacían caso. En lo personal, creo que nos equivocamos de continente, de país y de dirigentes. Porque ya vimos qué fue lo que pasó con Kabila. El otro era Soumialot, que para mí era un tipo totalmente anodino. Me tocó tratarlo. El se la pasaba viviendo de la revolución (sonríe). También estaba Mulele por el noreste... El que podía hacer algo era Kabila, porque nosotros éramos blancos y eso pesa mucho en el continente africano.

–¿Cuántos cubanos acompañaban al Che?

–Unos cien, en determinado momento un poquito más, en otro un poco menos.

–¿A quiénes recuerda entre los más conocidos?

–Bueno, estaban Emilio Aragonés, Margolles, Pombo, Víctor Dreke, que era el segundo del Che, un hombre negro. Había una cantidad de negros cubanos bien grande. Blancos éramos los menos.

–¿Fue al Congo más como médico o militar?

–Había que hacer de todo. En realidad, yo era como un jefe de estado mayor, por llamarle de alguna manera desde el punto de vista militar, pero también debía actuar como médico, porque era un factor político importante. Había una aldea y usted iba a allí a conseguir dos cosas: tratar de curar un poco y hacer política. El médico cubano, el médico de la guerrilla, era importante. Pero también ahí uno se dio cuenta de que el problema de Africa es mucho más complejo.

–¿Por qué?

–Porque usted llegaba y veía a un joven lleno de parásitos. Si tenía la pastilla algunas veces se la daba, pero él seguía tomando agua en el mismo charco. O sea, era relativamente poco lo que podíamos hacer. Por ejemplo, en Kigoma, Tanzania, había prostíbulos y los soldados de vez en cuando iban para allá. Unas veces se escapaban y otras había que darles el pase. Ellos tenían un concepto de la guerrilla que había que darles el pase y entonces venían llenos de gonorrea. La guerrilla en Cuba no tenía pase. Yo nunca había visto una cosa tan exagerada, porque las denopatías eran del tamaño de un puño. Sin embargo, les poníamos una penicilina rapilenta y al otro día no tenían nada. Porque estaban vírgenes de antibióticos. O sea, que debíamos hacer de médicos.

–¿Cuánto tiempo permanecieron en esa región?

–Fuimos en abril del ’65 y salimos en diciembre del mismo año.

–¿Cómo quedó el Che después de esa experiencia?

–El se fue por su lado hacia Tanzania. Allí, en un cuarto, es donde escribe el famoso diario. Una de las veces que viajé a Dar es Salaam me lo enseñó y me dijo: “Oye, estamos duros”. Se lo veía muy resentido por la ida. El tema es que él, pese al fracaso, planteaba dos o tres salidas. Una era que un grupo pequeño de los que estábamos ahí iría a ver a Mulele. Pero éste se encontraba en el noroeste. Había que atravesar todo el Congo hasta que el Che se dio cuenta de que era imposible. La otra consistía en sacar a todos los que estuvieran enfermos porque Africa es un continente extraño.

Había compañeros que no tenían nada, pero a las siete de la noche les entraban unos escalofríos y se la pasaban sudando, dando vueltas. Y aunque al otro día por la mañana se les quitaba, eso nos iba debilitando mucho. Entonces la idea era que se dejara enfriar la situación en esa zona para después volver a empezar a levantar el frente guerrillero. Pero parece que primó la idea de ir por otros lados, a América Latina, y entonces aceptó con el dolor de su alma salir del Congo. En el diario se nota ese resentimiento que tenía por haber fracasado en el intento. El mismo se echaba la culpa de que no fue lo suficientemente inteligente para estudiar swahili, el dialecto local.

–Se retiran del Congo y desde diciembre del ’65 a la muerte del Che en Bolivia faltan casi dos años. ¿Qué pasó durante ese período?

–Bueno, yo vuelvo a principios de marzo. Traigo todos los documentos, incluyendo el diario. Y a partir de ahí, ya perdí el contacto con él. Me imagino que estaría preparando toda la cuestión de América Latina que, en definitiva, era su objetivo final. Que además lo había planteado desde México: él le pidió a Fidel que le permitieran irse a otro país cuando triunfara la revolución cubana. Tenía alma de conspirador de verdad, pero para las buenas causas.

–¿Usted tuvo una estrecha relación con el periodista Jorge Masetti, que murió mientras intentaba crear un foco guerrillero en Salta?

–Yo lo conocí, fue el fundador de Prensa Latina. Una vez producido el triunfo de la revolución, el Che estaba un poco detrás de él, de esa idea, y Masetti con esa tenacidad, con esa profundidad de trabajo que él tenía, consiguió los mejores corresponsales. García Márquez era el que estaba en Colombia y Rodolfo Walsh en la Argentina. No creo que Cuba le haya entregado mucho dinero para fundarla y, si se lo dio, habrá sido el Che. Fue un trabajo muy fuerte y que es obra exclusiva de Jorge Masetti. Yo tengo mi pedacito también, pero porque el Che me lo pidió. Inclusive, el edificio donde funcionaba se lo di cuando era presidente del colegio médico y les cedí un piso completo para la agencia. Y aún sigue ahí. O sea, que aunque no me lo reconozcan, me siento un poco fundador de Prensa Latina. Pero Masetti fue el corazón, el alma, hasta que murió aquí, en el norte, en Salta.

–Dijo que después de la aventura en el Congo perdió todo contacto con el Che. ¿O sea que no intervino en los preparativos para la incursión en Bolivia?

–Yo llegué hasta el Congo. En la parte de Bolivia no participé en nada. El se precipitó en ir, parece que la zona no era la mejor y no había muchos campesinos tampoco. Luego vino la famosa discusión con Mario Monje, el secretario general del PC boliviano, que no asumió la responsabilidad para la que se había comprometido con Cuba. Pienso que ahí influyó lo que pasó en Africa con Kabila. Y el Che tal vez pensó: no voy a subordinarme de nuevo. Pero la operación podría haberse hecho de otra manera porque Kabila no era secretario general de ningún partido comunista ni mucho menos, y Monje sí.

–¿Qué queda de Guevara hoy? ¿Su ideario? ¿Su mito? ¿Su imagen glorificada?

–No creo que haya previsto que se lo recordara a nivel universal como ahora. Pero él afirmaba: yo tengo que hacer algo para que la gente me recuerde. Eso me lo dijo a mí. En Europa, donde estuve con unos periodistas franceses, me comentaron que hay una locura con el mito. No me gusta la palabra mito porque el Che es una realidad objetiva, sus consignas andan por ahí. Yo lo llamaría icono.

–¿Un icono de qué?

–Un icono de la libertad, de las fuerzas más pobres, del progreso de la humanidad... Tenía muchas virtudes y también defectos. No era un hombre perfecto ni mucho menos, pero estaba bastante cerca. El era consecuente entre lo que hacia en su vida pública y en su vida privada. No aspiraba a grandes lujos a pesar de que los conocía. Sabía de un buen vino o un buen bife, pero era capaz de comer lo que se come en la guerrilla, que es un desastre.

–¿Y la gente qué le transmite?, ¿sus valores o un producto de marketing?

–Yo fui embajador en Londres y los ingleses tenían locura con el Che. Había hasta una cerveza. Y una tienda de chucherías. Era un tipo muy admirado. Hay una explosión con él, quizá porque no existen otros dirigentes u otra personalidad de su nivel. Pero a la gente se le olvida que el Che fue comunista. El nunca hubiera estado de acuerdo, quería que se lo recordara de otra forma, con más contenido político.

–¿Queda algún rastro del hombre nuevo por el que Guevara luchaba?

–El decía que el socialismo económico no le interesaba, que no tenía futuro, que debía ir acompañado con un cambio de conciencia de las masas. Y hablaba mucho de eso. Hacía hincapié en los estímulos morales y decía que así se llegaba a la gente. Tampoco era de los que metían la ideología a martillazos.

–¿Qué le pareció la última película sobre el Che donde lo protagoniza Benicio Del Toro?

–Acá en la Argentina me he encontrado con gente que la vio y que le gustó. Todas las películas que se habían hecho antes eran muy malas. La actuación de Benicio ha sido estupenda. También me gustaron las declaraciones que ha hecho. En España le preguntaron si Fidel se había convertido en un dictador. El respondió: no olvidemos que hace cincuenta años hay un bloqueo sobre ese país chiquito. O sea, no se lanzó a una defensa a ultranza de la revolución, pero a mí me pareció que la respuesta fue formidable.

Fuente: Página 12

Leonidas Proaño ecuatoriano monseñor de los pobres Martin Luther King La Habana religión cristiana indígenas revolución Pacha Mama Chaubloqueo Toto


















Proaño vive entre nosotros.

Idania Trujillo.

La Habana. Cuba.


“Estamos llamados de todos los lados a aportar lo que somos, a quitarnos de la cabeza todo sectarismo entre nosotros mismos, todo aire de superioridad y de manipulación. La visión de fe nos hace pensar que tenemos que buscar la unificación del pueblo y la práctica de un pluralismo comprensivo, amplio, tomando en cuenta las diversas capacidades…”. Así pensaba monseñor Leonidas Proaño, el hombre que supo ponerse del lado de los pequeños, de los “ninguneados” y bebió de las fuentes ancestrales de la cultura indígena ecuatoriana y latinoamericana y a quien se le dedicó un culto para celebrar su vida y su obra de fe al lado de los pobres de la tierra.

En la Iglesia Bautista Ebenezer de Marianao, y como parte del “Encuentro de líderes cristianos comunitarios en procesos de cambio”, organizado por el Centro Memorial Martin Luther King, se reunieron hermanas y hermanos de 12 países de América para recordar a quien vio la necesidad de construir una sociedad diferente a partir de su práctica cristiana y su convivencia con los pueblos y nacionalidades indígenas.

De la cultura y los pueblos indígenas aprendió el obispo Proaño a amar a la Pacha Mama, a la madre naturaleza, a defender la tierra y las semillas, los conocimientos profundos de la convivencia entre los hombres y mujeres, legados no sólo por la historia oral y los testimonios de los Mayores, las abuelas y los abuelos indios, sino también por el sentido primario de lo humano compartido y sentido en comunidad, es decir, en comunión de espíritu y de cuerpo con Dios y con los seres humanos de carne y hueso.

Y así fue recordado esta noche entre cantos, poemas, símbolos y testimonios de quienes lo conocieron y vivieron a su lado la hermosa aventura cristiana de “ver, juzgar y actuar” desde la experiencia primera que es el ser individual con sus defectos y virtudes, hasta el convivir con el otro y la otra y sufrir, amar, celebrar y transformar las injustas realidades a las que están expuestos las y los desposeídos.

“Nosotros habíamos oído hablar, habíamos leído acerca de monseñor Proaño —expresó el pastor Raúl Suárez, director del CMLK y diputado al Parlamento cubano, pero, sin dudas, conocer cómo se le recuerda y se celebra su obra de fe entre los campesinos y el pueblo indígenas de Imbabura en Ecuador, obliga a los movimientos populares de inspiración cristiana, a las iglesias que entienden y viven el Evangelio y tratan de poner al día la reflexión bíblica y teológica, a retomar sus enseñanzas como cristiano y como educador popular”.

“Es tarea urgente —dijo Suárez— la recuperación de nuestra memoria histórica que es la que nos alimenta, sustenta como naciones americanas y nos ayuda a continuar la lucha de mujeres y hombres como Proaño”.

Las hermanas y hermanos ecuatorianos que participan en el encuentro recordaron al obispo Proaño desde su sentir como hombre y cristiano profundamente comprometido. Trajeron algunos símbolos: hojas de parra, maíz, la luz de una vela, el libro que recuerda su testimonio de vida, su poncho y la nueva Constitución Ecuatoriana. Vivo y desde sus lecciones de vida y esperanza fue recordado el que advirtió: “Nosotros tenemos que contribuir para que el pueblo sea realmente pueblo, para que su conciencia sea cada vez más clara y más crítica, para que su solidaridad sea cada vez más fuerte, para que su compromiso sea cada vez más decidido. Por eso es necesario crear conciencia también en las organizaciones populares urbanas acerca de una práctica económica, educativa y política que sea convergente con el caminar del movimiento indígena, de modo que no se produzcan competencias y conflictos, sino más bien colaboraciones complementarias”.

Pero Proaño con su prédica cristiana fue más allá del púlpito. Vio la posibilidad de crear las bases educativas para construir un verdadero compromiso político que condujera al auténtico cambio de las realidades de injusticia. Y así lo comenta: “Dentro de este panorama desolador, he sido testigo, durante más de treinta años, del poder liberador del

Evangelio, vale decir, de la continuidad de realización de los signos con que Cristo acompañaba la proclamación de la Buena Nueva a los pobres. Efectivamente, quienes estuvieron ciegos ahora ven, quienes habían perdido la palabra, por causa de la opresión, y estaban mudos, ahora hablan; quienes se sentían tullidos y paralíticos, porque habían sido maltratados durante siglos, ahora caminan y se organizan como pueblo”.


Su voz, palabra y vida fue celebrada desde un pequeño lugar de América, desde esta Isla que también lucha por la justicia y la esperanza.+ (PE)



PreNot 7828

08/12/10 - PreNot 7828

Agencia de Noticias Prensa Ecuménica
598 2 619 2518 Espinosa 1493.
Montevideo. Uruguay
www.ecupres.com.ar
asicardi@ecupres.com.ar

martes, 9 de diciembre de 2008

Poesía de San Luis, Villa Mercedes, Oscar Sosa Rios Darío Santillán piquetero Casa de Amistad con Cuba Chaubloqueo Toto






















Piquetero



A veces

uno se lleva por delante un perro muerto

o el bochorno de un viejo barbudo

que se enllaga en la cicatriz de la noche.


A veces

uno encuentra monedas olvidadas

tapitas de cerveza

una botella dormida en el árbol de la esquina

un zapato asido a su lengua de escarcha

y silentes cigarros de sombras pisoteados...

...¡y uno piensa!...

¿Quién anduvo por acá?



A veces

uno cruza una mirada con la mujer más bella

recoge un jazmín

siente por el aire sutil de las veredas

un antiguo perfume

un trino alondra por la brisa

y alguna melodía de Mozart por la espalda...

...¡y uno piensa!...

¿Quién vive por acá?



A veces uno escucha un llanto

y el ácido del llanto es germen de rebaño

y una herida

un grito

y un escándalo.

También escucha insultos

un ruido

un golpe derribando un cuadro

un zarpazo

y el sonido cuarteto que inunda el patio...

...¡y uno se pregunta!...

¿Qué pasa por acá?


A veces

los jardines perfumados

son el marco irónico del paisaje atávico.



Una alada mil quinientos

el último modelo del Rover cotizado

una hermosa niña que luce de niñera

un esbelto muchacho rubio y despeinado

un Collie

un Setter

un Rottweiler por el parque

trotando y orinando el pasto...

...¡y uno reflexiona!...

¿Qué lugar es este en este mundo

que no viven asombrados

y que las horas son la dicha

del domingo llamando a campanario?


A veces

uno cruza de espanto

por las ciegas calles del barro

con podridas aguas en los pies descalzos

donde niños agrietados

hacen posible la risa en la siesta del barrio...

...¡y uno nuevamente piensa!....

¿De qué útero vino el primer llanto?

¿En qué vientre germinó el embarazo

que unos fueron a la quema

y otros a la preñez del canto?


A veces

uno silba una canción

porque esa noche

la tristeza amarra sueños y cansancios

y poco a poco la vida se lastima

y el cuerpo firme y duro

pide descanso...

...¡pero a pesar de eso

mañana es otro día!...


... y el puente está esperando.


Oscar Sosa Ríos

Julio 2004

___________________________________________________________

A Darío Santillán

Miércoles 26 de Junio 2002

Avellaneda (Pcia. de Bs. As.)



¡Vamos Darío!

¿No me digás que te vas a quedar ahí tirado

muerto para siempre?

¿No me digás que vas a abandonar ahora

cuando las plazas se llenan de nosotros?


¡Caramba Santillán!

Abrí por favor tus insolentes ojos

y mirá como el sol cae de punta.

Levantá el palo de quebracho enhiesto

y volvé al torrente combativo

del pan y los geranios.


¡Vamos Santillán! ¡Darío piquetero!

No les des el gusto de morirte ahora

de invierno y guisos colectivos

en esta hora de cálidas canciones

que el gendarme acribilla.

En este momento donde tu mano solidaria

tu pelo enarbolado

tu juventud de alba

tu pecho abastecido de amor

necesita presencias de insólitas ternuras.


¡Vamos Darío Santillán!

Levantate y caminá por el puente del futuro

airoso

despeinado

barbudo y rebelde.

Caminá por las calles de la patria

junto a Maxi

que los pobres y marginados esperan

el abrazo que ustedes se dieron

con el último aliento de victoria.


Oscar Sosa Ríos

____________________________________________________________________


SER PERONISTA


¡Me hubiera gustado ser peronista!

Vivir en Villa Lugano

o en el antiguo Rosario

o en el sur tan turbio

como el turbio hollín crucificado.

Ser hincha de Boca

llevar colgado el escarpín celeste

y la foto de Gardel.



Me hubiera gustado tener lo que ahora tengo.

Un pecho solidario

lo que me contó Lenín después del 17

el coraje comandante de la sierra luminosa.



Ser peronista ungido en la clase

saturado de sangre proletaria

para soñarles la roja flor en la solapa augusta

para

índice por medio

señalarles la preñez frutal que nos espera.

Decirles que Perón se abrumó en mitad del camino

y que Evita surgió abanderada

descamisando el sendero de su muerte.


Ser peronista para tener los codos juntos

las llagas de la vida

la villa cenicienta colgada de los párpados

el riachuelo dormido

La Matanza y Tucumán.

Las manos roturando la tierra de los otros

las manos apretando las tuercas de los otros

azuzando la caldera del metal

para la 4 x 4 que pasará sin mirarnos.


Quisiera peronizar las edades

o sea

volver atrás los gemidos

para encontrar mi juventud de cantos

y la palabra libre preguntando... preguntando:

¿Porqué somos todos peronistas muchachos?

El rico de la casa mayor

y el pobre de la quema.

¡Jorge Antonio o López Rega!



¿Porqué mi general nos dijo: “del trabajo a casa

y de casa al trabajo”? –con la lengua seca

con la pala al hombro-

¿Porqué nos convenció que la hoz de las espigas

y el martillo azul del dilatado yunque

eran nuestros enemigos?

¿Porqué la imberbe pulcritud del joven nuevo

se fue de la plaza cuando su rabia trizaba el aire

y la tarde caía rigurosa?


Quisiera volver las angustias de las horas

y taparles la boca a los culpables

sin contemplaciones.

Al traidor del ¡Síganme!

A los que aúllan todavía con humanizar el capital

¡Tan pulcro!... ¡Tan harto!...¡Tan miserable!



Me hubiera gustado ser peronista

para soñar desde adentro la victoria

con mis hermanos terrenos

con los que detentan el vino y las cebollas

y que definitivamente serán los elegidos

para sembrarles vendimias a la patria

y a todos los hombres de la tierra.

En fin

Me hubiera gustado ser hincha de Boca

llevar el celeste escarpín colgado

la foto de Gardel y Evita en el corazón.


Oscar Sosa Ríos

Julio 2004

Villa Mercedes – San Luis - Argentina

________________________________________________________________________


CONCATENADOS


Extiende tu amor adonde puedas

adonde genéticamente puedas

adonde sea posible el químico proceso

y desde allí

el canto

el verbo

el turbio soliloquio

la alegría o el naufragio.

Porque no existen relámpagos mas allá de las cenizas

si no ves el hueco de tu frente acorralada.

Porque tampoco existe luz

cuando el horizonte es sombra indefinida.

Y átomo

protón

elemental partícula o gen

dejan o no dejan anunciar la vida.

Y yo

y tú

y nosotros

“y nuestras circunstancias”

pueden o no pueden corregir el vuelo

el ala del paisaje

el rumbo... la bitácora del tiempo

la brújula del cielo

la aurora o el crepúsculo del miedo.


Estás predestinado

circunscripto

condicionado

al millonésimo milagro del cerebro humano.


Y ni un gramo más

ni una gota más

ni un milímetro más

ni una mísera idea de más.

La justa

la que en el instante es y permanece.


Por eso

no hay más camino que la espera

el minuto

la hora

el día

el siglo.

Tu lógica prolongación.

Tu materia modulada en tiempo y movimiento

y en repetidos silencios

para extender adonde puedas nuevamente

el odio o el amor.


Oscar Sosa Ríos

Memoria Juan Gelman Olvido tortura asesinato desaparición Argentina dictadura militar Uruguay antropólogos Bioy Casares campo concentración Chaubloque



















JUAN GELMAN ESCRIBE CONTRA “LOS ORGANIZADORES DEL OLVIDO”

“El infierno no termina al cerrarse las
puertas del campo de concentración”


El Ministerio de Cultura español promovió el Primer Encuentro Internacional de Memoria Histórica en la Universidad de Salamanca, la misma donde Miguel de Unamuno enfrentó al dirigente franquista Millán de Astray cuando éste entró a los claustros pistola en mano gritando “Viva la muerte, abajo la inteligencia”. En esa reunión, de la que participaron delegaciones de Chile, Argentina, República Dominicana, Portugal y Alemania, el poeta y columnista de Página/12 fue el encargado de realizar la conferencia inaugural sobre “el imperativo moral de la memoria colectiva”.

Por Juan Gelman
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-116349-2008-12-09.html

Soy padre de un hijo de 20 años secuestrado, torturado, asesinado en 1976 por la más reciente dictadura militar argentina, que también desapareció sus restos. Fueron hallados, gracias a la infatigable labor del Equipo Argentino de Antropología Forense, 13 años después. Soy suegro de su esposa, secuestrada cuando tenía 19 años, trasladada de Buenos Aires a Montevideo encinta de ocho meses y medio y asesinada por la dictadura militar uruguaya dos meses después de dar a luz. Sigue desaparecida y su hija fue entregada a un policía de matrimonio estéril. Soy abuelo de una nieta de la que me robaron sus primeros 23 años de vida y que mi mujer, Mara La Madrid, que no es la madre de mis hijos, y yo buscamos y encontramos al cabo de una larga investigación. Nada de esto hubiera sido posible sin el testimonio oral de sobrevivientes uruguayos y argentinos, sin expedientes judiciales y aun militares, sin ese archivo tan particular que es el banco de datos sanguíneos de familiares de desaparecidos del Hospital Durand de Buenos Aires, sin una campaña internacional de denuncia que tuvo la solidaridad de decenas de miles de poetas, escritores, artistas y gente de a pie de 122 países, sin libros, sin documentos, sin Internet, sin videos y, sobre todo, sin la voluntad imperiosa de encontrar la verdad.

Hablo desde la experiencia argentina. ¿Por dónde empezar? ¿Por la madre de un desaparecido que año tras año y día tras día arreglaba el cuarto de su hijo y a la noche le preparaba la sopa que él solía tomar al regreso del trabajo? La sopa se enfriaba en la mesa sin remedio. ¿Por el sueño de la hija de una desaparecida? Este sueño: “Mamá vive en el departamento de la calle 47. Voy a visitarla. Tengo miedo de que me abrace y al hacerlo se convierta en fantasma”. Ha pasado mucho tiempo desde la desaparición de ese hijo y de esa madre, pero no hay final del duelo todavía. No lo habrá mientras no se encuentren sus restos y descansen en un lugar de recuerdo y homenaje. No lo habrá mientras esa madre y esa hija no sepan toda la verdad sobre su sufrimiento. No lo habrá mientras esa verdad no conduzca a la Justicia.

El infierno no termina cuando se cierran las puertas del campo de concentración y los hornos se apagan: hace un cuarto de siglo que cesó el infierno militar en la Argentina y centenares de miles de personas –hijos, padres, hermanos, familiares, amigos de los desaparecidos– viven esa segunda parte del infierno que crepita en la memoria y no hay modo de apagar. “Desde entonces, a una hora incierta/esa agonía vuelve/y hasta que mi cuento espantoso sea contado/mi corazón sigue quemándose en mí”, dice el viejo marinero de un poema de Coleridge que recordó Primo Levi. Para muchos argentinos, uruguayos, chilenos, centroamericanos y nacionales de tantas otras latitudes del mundo esa estrofa poética es vida real y quema cada día.

“En nuestro país el olvido corre más ligero que la Historia”, dijo el escritor Adolfo Bioy Casares. Pues no sólo en la Argentina. Desaparecen los dictadores de la escena y aparecen inmediatamente los organizadores del olvido. “¿Para qué renovar las penas? –dice Ismene a Edipo–. El dolor se sufre al recibir las penas y se vuelve a sufrir al recordarlas.” El Día de Muertos, el pueblo mexicano acude a los cementerios, se sienta alrededor de sus difuntos, toca la guitarra y les canta, les pide que sigan muriendo en paz y que dejen en paz a los vivos para que los recuerden sin terrores. Pero los familiares de los desaparecidos no tienen dónde hablarles y ellos son fantasmas inciertos que vuelven a doler en la memoria.

“Los padres quedaron sin hijos y no terminan sus quejas. Conocen al fin cuál es el dolor total sin remedio”, dice Esquilo. ¿Cada recuerdo trae un dolor que se amontona, capa sobre capa, y se convierte en una geología del dolor? ¿Es posible dialogar con el dolor, fingir que tiene rostro y que no es una potencia que viene y va y protesta contra la muerte del ser querido y le da cuerpo y la afirma negándola? ¿La locura sería la última puerta del dolor, una manera de convertirse en dolor para no padecerlo y desaparecer en el dolor? ¿No será ésa una forma de fundirse con la víctima y así morir con ella? Los familiares de los desaparecidos están en otro lugar. “Un loco, solamente un loco que perdió la mente olvidar puede la muerte de su padre”, dice Electra. O la muerte de un hijo. No es ésa la locura de los familiares: su única “locura” consiste en exigir verdad para las víctimas y justicia para los victimarios. Es un camino lleno de obstáculos con los que se tropieza día a día. Los comisarios del olvido tienen recursos y conocen su trabajo.

Un pacto de silencio sella la boca de los militares argentinos, con pocas excepciones. Cuando sus camaradas conocen que alguno está dispuesto a hablar, lo callan con una buena dosis de cianuro: le ocurrió al prefecto naval Héctor Febres, a punto de ser condenado por los crímenes que cometió durante la dictadura militar. O desaparecen a testigos importantes de los juicios por delitos de lesa humanidad, como desaparecieron a Julio López, para agitar el miedo en las víctimas testimoniantes. La policía facilita la huida del represor atrapado o quema archivos de sus operaciones. La jerarquía de la Iglesia Católica argentina que, a diferencia de la chilena, santificó la matanza –un obispo del Vicariato llegó a decir “cuando hay derramamiento de sangre, hay redención”–, la jerarquía de la Iglesia Católica argentina, que ordenó tranquilizar a militares desasosegados porque venían de tirar prisioneros vivos al océano, se niega a abrir sus muy prolijos archivos de la época, que permitirían recuperar al menos los restos de numerosos desaparecidos.

Ciertos jueces, ciertos fiscales y ciertas instancias judiciales como la Corte de Casación argentina encajonan procesos contra los represores, quienes pueden quedar en libertad por la falta de sentencia. Y lo peor, verdaderamente lo peor, es la perversión que mancha a sectores políticos y sociales que, de un modo o de otro, por acción o por omisión, fueron cómplices de la matanza y callan lo que saben y niegan al Otro lo que saben. Y luego, por qué omitirlo, la actitud pasiva de ciertos familiares que, ante todo por falta de medios, y luego por desánimo, cansancio, resignación, desesperanza o temor, todavía temor, depositan su no hacer en los organismos de derechos humanos. Y también, por qué omitirlo, ciertos organismos argentinos de derechos humanos que burocratizan el dolor o militan contra la búsqueda de los restos de los desaparecidos “para que sigan con sus compañeritos”. Así hacen tabla rasa de la historia personal de las víctimas y del lugar que ocuparon en la historia. Es la continuidad civil, bajo otras formas, del pensamiento militar.

La voluntad de corregir la memoria, como es notorio, viene de muy lejos. En el siglo V antes de Cristo, la sangrienta oligarquía de los Treinta prohibió en Atenas por decreto recordar la derrota militar que le infligiera Esparta. Cada ciudadano fue obligado a pronunciar el juramento “No recordaré las desgracias”. Pasan los siglos y los vencedores siguen reorganizando el pasado a voluntad. En el año de gracia de 1040 el monje Arnold von Saint Emmeram explicaba así el método que había elegido para escribir la historia del ducado de Baviera: “No sólo es pertinente que las nuevas cosas modifiquen las viejas; también es correcto, si las viejas son desordenadas, el de-secharlas por completo, e incluso, aunque estén bien ordenadas pero sean poco útiles, el enterrarlas con reverencia”. La voz de los vencidos es “desordenada y poco útil” en los manuales de historia al uso, cuyo marco de referencia esencial es el Estado. Numerosas víctimas de crímenes contra la humanidad fueron y son carne de olvido, “ese acuerdo con aquello que se oculta”, al decir de Blanchot. Los que falsifican la historia así, falsifican la vida y están presentes y activas las antiguas herencias de nuestra tan moderna, o posmoderna, civilización occidental, en la que los extraordinarios avances tecnológicos conviven o malviven codo a codo con genocidios nunca vistos.

Proliferan las teorías sobre la historia como relato y otras sobre todo lo contrario. De lo primero hay pruebas más que suficientes, algunas francamente ridículas. La historia del Partido Comunista soviético ha sufrido continuos liftings con el correr del tiempo y se convirtió en un acto de predicción del pasado. Es famosa la fotografía del estado mayor bolchevique tomada días después del triunfo de la Revolución Rusa, con Lenin en el centro, a su derecha una escalera y luego Stalin. El lugar de la escalera lo ocupaba Trotski, excomulgado por el Termidor stalinista. El acto tiene pretensiones mágicas y la voluntad de abolir la historia. De ahí la importancia fundamental de los archivos de la memoria. De ahí la importancia fundamental de esta reunión. La pretensión de mutilar la memoria cívica de todos los días corrompe su salud y despeja el camino a nuevos autoritarismos.

El imperativo moral de la memoria colectiva tiene hoy más urgencia que nunca y no faltaron en la Argentina y en otros países quienes entendieron esto muy temprano y crearon y ordenaron personalmente, sin apoyo oficial alguno y movidos por su moral ciudadana, informaciones utilísimas que se pueden ver por Internet. Estos archivos contribuyen a deshacer las artimañas de los asesinos de la memoria, como ésas que pretenden que no hubo cámaras de gas y que el primer pueblo ocupado por el nazismo fue el pueblo alemán. Si queremos que la barbarie no se repita y pase al reino del nunca más, no deberían, creo, ser archivos mudos para la sociedad civil y viceversa: habría que acercar sus contenidos a sectores sociales y políticos en los que hay no poco a despejar todavía.

¿Y se podrá alguna vez despejar mentes en el estamento militar para que obedezcan a lo ético y opongan la desobediencia debida a órdenes criminales? El capitán de navío Juan Carlos Rolón, miembro de un grupo de tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada de Buenos Aires donde la marina desapareció a 5000 personas, declaró impávido: “Nos enseñaron que la tortura era una forma moral de combatir al enemigo”. Se recuerda el diálogo que Hannah Arendt sostuvo con un oficial nazi que admitió haber gaseado y enterrado a prisioneros con vida en el campo de concentración de Maidanek. La pregunta de la filósofa: “¿Se da cuenta de que los rusos lo van a colgar!”. La respuesta del nazi: “¿Por qué? ¿Yo qué hice?”.

Las dictaduras suprimen el testimonio de las víctimas, pero llevan sus propios archivos. En Auschwitz hay gruesos volúmenes que registran la muerte de los prisioneros gaseados. En la primera columna de cada página figuran el nombre, la edad y la nacionalidad de la víctima; en las dos restantes, hora y causa de la muerte. La hora es la misma a lo largo de páginas enteras, las 8.15, o las 8.30 o las 9.00 de la mañana. También se repite la causa de la muerte, “influenza” casi siempre. Este no es sólo un acto burocrático; sustituye la vida por una mentira de papel y muestra abismos de la condición humana. Se impone abrir esa clase de archivos. Pero ésta es una decisión de Estado y, lamentablemente, todavía hay gobiernos democráticos que no se atreven a disponer que se dé ese paso indispensable. Los familiares de los desaparecidos sólo conocen la dolorosa mitad del crimen. La otra yace oculta, custodiada por centinelas militares, policiales, eclesiásticos. Jacques Derrida habló del “mal de archivo”, pero ésos son los archivos del mal.

Que se me perdone la insistencia en subrayar la importancia de los testimonios orales, vehículos de una memoria que en ocasiones se transmite de generación en generación. Frente a Panamá –narra el periodista José María Pasquini Durán– hay una isla llamada San Blas en la que vive una etnia indígena. Una vez al año todos se reúnen y los ancianos cuentan a los jóvenes la historia de la etnia, que arranca del casamiento del Sol con la Luna, para que su memoria perdure. Los jóvenes comenzaron a emigrar y a quedarse en Panamá, pero mandan grabadoras a la isla para registrar el relato de los ancianos. Ahora la maravillosa historia que comienza con el Sol y la Luna está en casete y los jóvenes lo tienen en su casa entre los discos más recientes de pop norteamericano. Menciono esto porque en muchas sociedades del mundo no hay casete todavía.

En el año 1987 seguía yo exiliado en Francia y el diario recién nacido entonces para el que trabajo, Página/12, me pidió que cubriera el proceso a Klaus Barbie, el ex jefe de la Gestapo en Lyon, bautizado “El carnicero”.

A una víctima que le detallaba sus crímenes, Barbie dijo: “Yo no me acuerdo de nada. Si se acuerdan ustedes, el problema es de ustedes”. Efectivamente: recordar y denunciar los crímenes contra la humanidad y exigir su castigo es un problema nuestro.

::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Enviado por
Revista Koeyú Latinoamericano
revistakoeyulatinoamericano@gmail.com
Tel. (58 212) 481 7740
Cel. (58) 412 7332730
Caracas. Venezuela