viernes, 15 de octubre de 2010

Fidel Castro en acción La Victoria Estratégica Cap 23

 

La victoria estratégica - Fidel Castro Ruz

La Batalla de Las Mercedes: los primeros cuatro días
del cerco

(Capítulo 23)

El mismo día 29 de julio, cuando dispuse el traslado de Daniel a la emboscada de contención de la tropa de Arroyón, y el de Guillermo y Lalo a la emboscada contra el eventual refuerzo enemigo, envié otra fuerza bien equipada hacia Las Mercedes. En esencia, la operación de Las Mercedes estaba concebida según el mismo esquema ya probado con éxito en ocasiones anteriores, es decir, un cerco a la tropa principal, y una fuerte línea de contención y rechazo a cualquier posible refuerzo que pudiera venir en auxilio de la tropa cercada. Pero en este caso había que tomar en cuenta nuevas consideraciones.

En primer lugar, la operación de Las Mercedes debía desarrollarse en un terreno de características diferentes. El relieve en Las Mercedes, si bien no era completamente llano, era mucho menos accidentado que en el interior de la montaña. El pequeño poblado de Las Mercedes, donde se encontraba acampada la fuerza enemiga, estaba rodeado casi en su totalidad por pequeñas ondulaciones o colinas de potreros, en su mayoría, desprovistas de monte. Por el suroeste, los altos de La Güira —donde Cuevas había sostenido un exitoso combate el 19 de junio— y de Jigüe —otro Jigüe, por supuesto, no el de la gran batalla del Sur— cerraban en arco el panorama. Por el sureste, a partir del mismo caserío, el terreno se elevaba de forma repentina hacia el alto de El Moro y, más allá, la loma de El Gurugú, posiciones que habían sido ocupadas en momentos anteriores por escuadras de Raúl Castro Mercader y otros capitanes rebeldes en la subida hacia el firme de la Maestra en la zona de San Lorenzo. Sin embargo, al Este, el terreno se deslizaba súbitamente hacia el llano, con destino a la zona de Bajo Largo y, más allá, El Jíbaro y Jibacoa. Hacia el Norte, Las Mercedes eran separadas del llano por el largo arco de la loma de La Herradura, donde había hecho su primera resistencia efectiva la escuadra de Angelito Verdecia el primer día de la ofensiva enemiga por este sector.

En segundo lugar, partiendo de la premisa de que cualquier refuerzo que intentara socorrer a una tropa sitiada en Las Mercedes utilizaría con mayor probabilidad el camino de carros desde Estrada Palma y el Cerro hasta este poblado, la operación contra el refuerzo tendría que desarrollarse en un terreno completamente llano y desprovisto de vegetación boscosa significativa.

Y en tercer lugar, las mismas características del terreno y la existencia de este camino permitirían al enemigo utilizar todos los medios mecanizados de que pudiera disponer en ese refuerzo. Estoy refiriéndome no solo a camiones y tanques ligeros, sino también, pesados. Era una posibilidad bien concreta que necesariamente tenía que figurar en nuestros planes. En consecuencia, debíamos sacar el mayor provecho a cuantas minas pudiésemos plantar en el camino, y a cuantas bazucas de las capturadas empleáramos, para lo cual el gran inconveniente era la falta de personal entrenado en el uso de esta arma.

El régimen de Batista no habría podido resistir el cerco y la destrucción de su más famoso batallón de combate, el número 11, y su más experimentado jefe, prácticamente en nuestras manos. Tampoco impidieron la captura de su batería de obuses y el resto de las fuerzas cercadas en Arroyones.

Teniendo en cuenta estos factores, el 29 de julio, cuando distribuí los 250 hombres que traje conmigo hasta La Llorosa, destiné no menos de 100 de ellos a la operación de Las Mercedes. Había decidido encomendar al Che la dirección del cerco. Al día siguiente de la captura de la tropa de las Vegas, mientras se desarrollaban las acciones en Jobal y Cuatro Caminos, el Che se movió con todo su personal hacia Las Mercedes, y cubrió todo el sector sur del cerco, desde el alto de El Moro hasta el de Jigüe. Aquí el Che repartió posiciones entre las escuadras de Joel Iglesias, José Ramón Silva y otros jefes que después participaron en la columna invasora. Comenzaba a dibujarse el cerco, aunque aún no podía considerarse que estaba completo en la zona más llana. Para reforzarlo en ese mismo sector, la mañana del 31 de julio envié una escuadra al mando de Reinaldo Mora, que se ubicó junto al camino de El Jíbaro en previsión de cualquier avance enemigo desde Cayo Espino por el camino de Purial de Jibacoa y El Jíbaro.

En cuanto al rechazo del refuerzo, decidí colocar la línea principal a la altura de Sao Grande, a dos kilómetros aproximadamente de La Herradura, ya en pleno llano. Era, a mi juicio, el lugar más conveniente a lo largo de todo este trayecto, o mejor sería decir, el de menos inconvenientes. En este punto, el camino atravesaba el pequeño caserío de Sao Grande y, por lo menos, tenía algunas curvas que podrían facilitar cierta sorpresa frente a la avanzada enemiga.

Para allí envié inicialmente a Félix Duque, a El Vaquerito, a Luis Crespo, Eddy Suñol y otros grupos. En total, unos 50 hombres, a quienes esa noche se sumó el combatiente Felipe Cordumy provisto de una bazuca. Poco después dispuse el traslado de Crespo y su escuadra para reforzar más aún el sector sureste del cerco en Las Mercedes, que me parecía el más vulnerable.

El mismo día de las acciones en Jobal y Cuatro Caminos, sin perder un minuto, indiqué el traslado de Guillermo y de los combatientes más antiguos de las fuerzas de Daniel, subordinadas ahora a Pinares, a una zona difícil del cerco de Las Mercedes: las colinas en torno al cementerio, entre el poblado y la falda interior de la loma de La Herradura. No había que ser adivino para prever que ese sería el sector por donde el enemigo trataría de romper el cerco, pues se trataba de la dirección que lo llevaría de manera más directa a la relativa protección de las fuerzas acantonadas en el Cerro y Estrada Palma. Era, por tanto, el sector que debía ser más reforzado.

La otra fuerza de reserva, la de Lalo Sardiñas, fue movida esa misma noche hacia el alto de Jigüe, con instrucciones de apoyar a Guillermo en caso de un intento de ruptura del cerco por el sector del cementerio. Recuérdese que los pelotones de Guillermo García y Lalo Sardiñas habían sido ubicados desde el día anterior en Cuatro Caminos, como parte de la operación contra la tropa de Arroyón.

Todos estos movimientos se realizaron a pesar de que todavía, a la altura de esa noche del 30 de julio, no teníamos aún certeza de la presencia enemiga en Las Mercedes, pues se habían recibido algunas informaciones confusas acerca de que los guardias habían evacuado la posición junto con la salida de los de Arroyón. Para aclarar el asunto, esa misma noche, mientras yo me movía por la zona de Jigüe en torno a Las Mercedes, el Che envió a Raúl Castro Mercader con algunos hombres a realizar una exploración por las cercanías del campamento enemigo, la cual arrojó como resultado que, en efecto, en Las Mercedes todavía permanecía un buen número de soldados.

A las 2:10 de la madrugada del 31 de julio, el Che le envió un mensaje a Camilo, quien permanecía aún en una falda de la loma de La Llorosa, donde le informaba:

En las Mercedes quedan guardias, los vamos a atacar. Avísale a Fidel para que movilice el mortero, que nos sería muy útil, y tú puedes bajar también, pues allí no haces nada. La trípode, sobre todo nos viene muy bien.

Hay que hacer contacto con Fidel. Daniel murió a las 6 de la tarde. Mándame el detonador de la bomba con toda urgencia.

Poco después, a las 3:30 de esa misma madrugada, Camilo respondió:

Che, el detonador se lo llevó Fidel junto con la bomba. Trataré de hacer contacto con él, no ha venido nadie y no sé dónde puede estar. Tengo que dejar unos hombres aquí por si viene algún mensaje que nos lo manden enseguida.

Ahora mismo movilizaré la gente para bajar lo más rápido posible.

Tendremos que buscar a Fidel a rumbo, no tengo a nadie, creo, que conozca el camino.

En esa misma respuesta, Camilo advirtió al Che sobre sus planes de ataque:

[...] debes tener mucho cuidado al avanzar, los planes de Fidel eran también cercar los guardias en las Mercedes. Cuídate con una confusión y te entren creyendo son tropas enemigas. No me luce lo más acertado avanzar sin coordinar planes.

En la noche del 30 de julio, en efecto, el Che y Camilo perdieron contacto conmigo durante algunas horas. Yo me había movido hacia el alto de Jigüe, detrás de Las Mercedes esa misma noche. Me acompañaban unos 40 combatientes, entre ellos, Pedro Miret con dos morteros y la ametralladora 50 de Curuneaux. Mi intención era bombardear con los morteros las posiciones enemigas por la madrugada. Al final no lo hicimos; por una parte, por temor a la inexperiencia de nuestros improvisados morteristas y, por otra, porque nos dimos cuenta de que los proyectiles de los morteros de 60 milímetros se encontraban en mal estado.

A pesar de no tener noticias mías, Camilo y sus hombres se prepararon de inmediato en la noche del 30 de julio para abandonar La Llorosa y avanzar hacia Las Mercedes, cumpliendo las indicaciones del Che, quien a las 6:45 de la mañana del 31 de julio respondía a Camilo sobre su preocupación de que fuera a caer bajo el fuego rebelde:

El ataque está coordinado, pues tengo contacto con la gente de Suñol, a través de él con Huber y también hice contacto con Lalo y Guillermo. Las Mercedes están sitiadas, no sabemos cuántos soldados serán, pero están bien atrincherados y bien distribuidos. El problema del detonador es grave pues no puedo hacer contacto con nadie que tenga uno bueno y es la garantía de que Suñol no dejará pasar refuerzos o las tropas de adentro. En estos momentos doy instrucciones para que no se tire un tiro si no tratan de salir.

Tú puedes venir a la noche y mandarle este plano a Fidel. Los trabajos de arreglo del tanque no han seguido por este ajetreo y temo me lo jodan.

El plano al que hace referencia el Che era un croquis confeccionado por él de las primeras posiciones del cerco.

El Che había decidido iniciar las acciones esa misma noche, aun cuando los guardias no hicieran ningún movimiento durante el día. Así se lo informó a Camilo en el mismo mensaje: "Esta noche se puede atacar coordinadamente a una misma hora todas las postas. Pásalo".

Desde su llegada a Las Mercedes el 26 de mayo, el comandante Corzo Izaguirre, jefe del Batallón 17, había instalado su puesto de mando en el centro mismo del poblado, en una buena casa perteneciente a Sarita Álvarez, quien prestó innumerables servicios a nuestras fuerzas. Desde allí, Corzo había disfrutado durante dos meses de una estancia relativamente tranquila. Pero le había llegado la hora de tener que entrar en acción, y él lo sabía.

En vista de los acontecimientos de los días anteriores, el comandante Corzo estaba consciente de que cada minuto que permaneciera en Las Mercedes iba en contra de la integridad de su tropa, y no tenía otra alternativa que escapar de la montaña.

Antes de proseguir, debo apuntar que, después de la liberación de Las Mercedes, la casa de Sarita Álvarez se utilizó durante varias semanas por el Che como su propio puesto de mando, y fue donde terminó de reorganizar su Columna 8 Ciro Redondo, para la invasión a Occidente. En este lugar se efectuó la segunda entrega de prisioneros —principalmente de los guardias capturados en las Vegas— después de concluida la batalla. En el portal de esa casa murió a finales de agosto el combatiente manzanillero Beto Pesant, a quien le estalló en las manos un obús de mortero, mientras trataba de desarmarlo.

Muy a tiempo fueron tomadas todas las disposiciones preparatorias del cerco, pues el comandante Corzo, sin pensarlo dos veces, intentó el 31 de julio, al día siguiente del Combate de Jobal y la huida del Batallón 23, salir de la ratonera en que se encontraba. Con esta acción se inició la Batalla de Las Mercedes, la última operación de la famosa ofensiva, que duraría toda una semana, durante la cual no se dejó de combatir ni un solo día.

A las 9:00 de la mañana, el Batallón 17 intentó romper el cerco. Se entabló el combate que duró todo el día hasta el anochecer, y a pesar de todo su esfuerzo, el enemigo fue eventualmente rechazado de nuevo hacia Las Mercedes. En el parte de guerra leído por Radio Rebelde el 1ro. de agosto, se informó lo siguiente:

La batalla continuó durante todo el día de ayer, la noche y la madrugada de hoy. Refuerzos enemigos están en marcha desde Estrada Palma, en un esfuerzo desesperado por impedir que éste batallón también sucumba ante el empuje arrollador de nuestras fuerzas. La batalla se desarrolla con empleo de aviación, de tanques y artillería, por parte del enemigo, y con empleo de morteros y bazookas por nuestra parte. La lucha se libra ya en el llano, cada vez más distante del macizo montañoso de la Sierra Maestra.

En realidad, nos estábamos adelantando un poco a los acontecimientos. Ese día no hubo lucha contra ningún refuerzo ni tuvimos que emplear todavía la bazuca. Aunque parezca increíble, el mando enemigo no hizo el menor intento por acudir en ayuda de la tropa que trataba desesperadamente de escapar. La única conclusión que cabía sacar es que aún no habían reunido en Estrada Palma las fuerzas que consideraban suficientes. Quizás estaban esperando por la llegada desde Bayamo de los tanques pesados Sherman.

Al final de ese mismo parte, por cierto, Radio Rebelde anunció de forma errónea por su cuenta:

Reiteramos nuestro llamamiento urgente a la Cruz Roja Internacional, a fín de que envíe delegados al central Estrada Palma para entregar 160 prisioneros, muchos de ellos, heridos, algunos de suma gravedad.

Donde no exageraba del todo la información de Radio Rebelde era en lo que respecta al uso de morteros por parte nuestra, pues ya había mencionado que intentábamos utilizarlos desde la noche del 30 de julio.

El mismo 31 de julio, mientras se desarrollaban los primeros combates, recibí, por intermedio de dos guardias prisioneros, información exacta de que las tropas sitiadas constaban de unos 370 soldados con abundante armamento, incluida una tanqueta T-17, dos bazucas, dos morteros de 81 milímetros y 12 ametralladoras calibre 30. Además, estaban fuertemente atrincherados en posiciones estratégicas, que de atacarse, tomadas por asalto, el resultado sería un alto costo de vidas. Por ello, ordené a todas las fuerzas rebeldes construir trincheras e iniciar el hostigamiento y la reducción sistemática del campamento enemigo.

También había decidido, coincidiendo con la apreciación del Che, que las posiciones anteriores de Camilo en La Llorosa y El Mango carecían ya de sentido después de la rendición de la tropa enemiga en las Vegas de Jibacoa. Sin embargo, en el esquema que estaba diseñando figuraba enviar a Camilo a sustituir a Lalo y a Guillermo en sus posiciones en Cuatro Caminos. A mi juicio, estas posiciones en aquel lugar eran una pieza clave en el combate contra el refuerzo, pues llegado el momento, no solo presionarían desde el flanco, sino que también podrían envolver el refuerzo por la retaguardia. Por tal motivo, en la madrugada del 31 de julio, logré interceptar el movimiento de Camilo hacia Las Mercedes con la orden de que se posicionara en Cuatro Caminos para actuar contra el refuerzo.

A la 1:00 de la tarde del propio día 31, Camilo recibió noticias de mi llegada al aserrío de Jobal Arriba. De inmediato, me informó en un mensaje:

[...] se está peleando en las Mercedes desde por la mañana, tenemos dos heridos no graves. Aquí están Guillermo y Lalo, hace un rato llegó [Reinaldo] Mora. Le envío el plano que me mandó el Che.

Necesitamos un detonador. Todo marcha bien. La próxima esperamos mandarla desde Bayamo.

A la 1:10 de la tarde, antes de recibir este mensaje de Camilo, le escribí al Che:

Desde esta mañana tengo lista la artillería y la 50, y 40 hombres. Estoy situado en un alto de donde se divisa la zona de combate. Pero es imposible mover los mulos sin que los divisen los aviones.

Con los morteros 60 apenas se puede contar pues explota 1 de cada 5 obuses. Por eso no pude bombardearlos ayer de madrugada. Pero espero que el 81 dé óptimos resultados.

Hay que mantener inmovilizados a los guardias hasta la noche. Por la tarde tendré esta tropa cuidando la entrada de cualquier refuerzo por Cuatro Caminos y por la noche la movilizaré para preparar un ataque con apoyo de mortero.

Esta mañana mandé un pelotón con Reinaldo Mora hacia las Mercedes.

Guillermo pasó también hacia ese rumbo. Con Lalo no he hecho contacto pero él sabía que tenía que movilizarse hacia allá.

Y, por último, le comunicaba:

A juzgar por las comunicaciones interceptadas, Corzo es el que está encerrado en las Mercedes. El tanque de ellos parece que ha sufrido tres impactos. Han pedido balas para ametralladoras 30 y agujas para la cristóbal.

Yo subiré por el camino de Arroyones hacia la loma del Jigüe, excepto que los guardias se desplacen, en cuyo caso trataremos de interceptarlos por cualquier dirección.

Y en una posdata, le agregaba: "Esta vez creo que te daré chance de sacarme una muela, pues me tiene muy jodido".

Desde mi puesto de mando en Jobal Arriba, seguía todo el tiempo los movimientos del enemigo mediante el equipo de microonda ocupado. De ahí que a las 3:50 de la tarde pude enviarle un mensaje al Che en el que le informé:

Viene un refuerzo con dos tanques, aunque no sé el punto exacto, pero supongo sea por el camino de Sao Grande. Un tanque le decía al otro que tomara precauciones, "sobre todo al llegar al río".

Aunque venga el refuerzo y logre entrar, el asunto es cuestión de bazoocas. Yo creo que deben ir para el punto donde tengan que venir los refuerzos. Esta noche le podemos meter el ataque general apoyado en los morteros.

Y finalizaba: "Recibí el plano. Yo estaré por allá sobre las 8 y 15 p.m.".

Pero no fue sino hasta algo más de las 9:00 de la noche cuando pude llegar junto con los combatientes que me acompañaban al alto de Jigüe. Allí hice rápido contacto con el Che. Le informé las medidas adoptadas, incluido el envío de Camilo a Cuatro Caminos, y conocí en detalle la disposición del cerco de la tropa de Las Mercedes.

Después de cambiar impresiones sobre la situación, el Che partió con Pedro Miret y la escuadra de morteros con la intención de ubicarlos donde pudieran realizar por la madrugada un ataque al campamento enemigo.

Miret ocupó posiciones para comenzar el ataque, pero la falta de una exploración previa del terreno provocó que los primeros disparos realizados no fueran efectivos. En vista de ello, Pedrito decidió retirarse para no seguir malgastando proyectiles, y en espera de poder localizar bien los objetivos enemigos.

Esa madrugada, el Che ordenó realizar una nueva exploración del campamento enemigo en Las Mercedes, esta vez a cargo de una patrulla perteneciente al pelotón de Lalo Sardiñas, al mando de Silvio García Planas. El grupo se acercó tanto al sector de los guardias que el amanecer los sorprendió en una posición comprometida a orillas del río Jibacoa, de la cual no podían retirarse sin riesgo de ser descubiertos. Silvio y sus hombres quedaron atrapados y se vieron obligados a permanecer ocultos todo el día a orillas del arroyo Jibacoa, para intentar retroceder cuando cayera la noche.

A las 5:25 de la mañana, el Che me envió el siguiente informe:

Se recibió noticias de la gente; vino uno de ellos. Entró en el arroyo y no puede salir hasta la noche. En el tanque [...] tienen que tener otra microonda; sería muy importante para mí para poder tomar determinaciones rápidas.

De los demás lugares no se ha reportado nada. Lo malo es que Pedrito y esa gente se fueron. Ahora no pueden estudiar la posición para tirar y de noche suceden cosas como las de hoy. El tanque sería utilísimo de día pero de noche se anula, pues no puede llegar a la posición de los soldados y ellos están muy bien atrincherados, son como 50 en cada firme. Lo que sí podría hacer es tomar las Mercedes, pero necesita el apoyo de la bazuca para su colega.

Se refiere el Che a la tanqueta capturada en las Vegas de Jibacoa, la cual, desde entonces, tratábamos de poner en funcionamiento para incorporarla a la batalla.

Al amanecer, la aviación comenzó a ametrallar las posiciones rebeldes, aunque sin resultado apreciable alguno. Ese día, el enemigo no realizó ningún intento por romper el cerco y las fuerzas rebeldes continuaron hostilizando su campamento.

El Che ordenó ubicar la ametralladora 50 de Curuneaux, manejada en esta ocasión por Gonzalo Camejo, en un firme cercano, pero su dotación equivocó el lugar y se situó en una posición demasiado descubierta, batida fácilmente por la aviación y el fuego de las ametralladoras 30 y los morteros enemigos, ubicados en puntos bien fortificados, por lo que decidió retirarla de inmediato. A las 9:30 de la mañana, el Che me informó del resultado improductivo de esta maniobra:

La aviación no dio mucha candela, pero todo lo nuestro fue una mierda. El firme que había señalado no era y resultó que la 50 estaba bajo el fuego de las 30, sin trincheras y los morteros estaban dando en cualquier lado.

Esa tarde, cumpliendo instrucciones de Guillermo, Huber Matos avanzó sus posiciones en la loma de La Herradura, estrechando un poco más el cerco al campamento enemigo.

En mi puesto de mando, me enteré por el equipo de microonda que refuerzos enemigos estaban en camino desde Estrada Palma, en un intento de impedir que el batallón cercado en Las Mercedes sucumbiera ante el empuje rebelde. Esa tarde le envié un mensaje a Suñol alertándolo de ello, y le agregué:

Confío en que no dejen pasar por ahí [por Sao Grande] los guardias. Atrinchérate bien. Esta batalla se gana no dejando pasar los refuerzos.

Por el lado de Cuatro Caminos tenemos una fuerte tropa.

Hay una patrulla encargada de hostilizar a los guardias por la retaguardia cuando choquen contigo.

La fuerte tropa en Cuatro Caminos era, como ya dije, la de Camilo. La patrulla era una escuadra dirigida por Rafael Verdecia, Pungo.

El 2 de agosto, tercer día de la batalla, los guardias de Las Mercedes intentaron de nuevo tres veces romper el cerco, y tres veces fueron rechazados por la gente de Guillermo, y obligados a regresar a sus trincheras. Ese día, el Che le aconsejó a Guillermo:

Si fuera posible, deja salir un poco de tropa para meterle mano fuera de sus trincheras. Suspende los tiros innecesarios. Ponle mucho ojo a los tanques que hay dos abajo, el de arriba parece que está averiado.

Si llegan a irse hay que caerles atrás hasta donde vayan.

Ya el Che estaba previendo la posibilidad de que un refuerzo apoyado por los tanques pesados Sherman cuya llegada a Estrada Palma ya conocíamos, pudiera lograr romper el cerco rebelde y sacar a la tropa sitiada. De ahí, su indicación de perseguir implacablemente a los guardias en retirada, hasta el propio Estrada Palma si fuera necesario. En cuanto a la tanqueta enemiga ubicada en Las Mercedes, ese día fue inutilizada de manera definitiva por un certero bazucazo disparado desde el alto de El Moro por el combatiente Herman Marks, norteamericano de la tropa del Che con experiencia en el manejo de la bazuca por su participación en la guerra de Corea. Esta tanqueta enemiga aún hoy está en Las Mercedes, en el mismo lugar donde recibió el impacto devastador del bazucazo, como testimonio material de la victoria rebelde contra la ofensiva.

La aviación continuó atacando con persistencia las posiciones rebeldes. Ese día los ataques aéreos causaron la muerte del teniente Godofredo Verdecia, de la tropa de Guillermo, y resultó herido el combatiente Félix Mendoza, de las fuerzas del Che. Sin embargo, durante toda la jornada, a pesar de los ataques de la aviación enemiga, continuó el hostigamiento de las fuerzas rebeldes al batallón cercado.

En vista del fracaso del intento de utilización de la ametralladora 50, desde mi puesto de mando en Jobal Arriba, mandé a buscar bien temprano a Braulio Curuneaux y la dotación de la ametralladora. Para mí estaba claro que esa arma sería más efectiva en el combate contra el refuerzo. Mi intención era reunirme con Curuneaux en el aserrío de los González, darle instrucciones precisas y enviarlo esa misma noche a su nueva posición.

Aunque todo parecía indicar que el principal esfuerzo por socorrer a la tropa sitiada provendría desde la dirección de Estrada Palma, no podía desecharse la posibilidad de que el mando enemigo intentase un esfuerzo secundario desde la dirección de Cienaguilla y El Jíbaro, donde había concentrado algunas fuerzas. Por eso, envié poco después del mediodía el siguiente mensaje al Che:

Acabo de recibir tus dos notas sobre Fonso [Alfonso Zayas] y lo del mortero.

Yo había sugerido el envío de aquel a la zona de Cienaguilla por considerar que aquella era una tropa llamada a ser enviada de refuerzo y me parecía conveniente que apenas se moviera encontrara resistencia y no pudiera llegar fácilmente a Jíbaro. Habiendo ellos retirado la tropa de Purial [de Jibacoa] no me parece lo más lógico que ahora intenten enviar los refuerzos por esa misma vía.

Hiciste bien, a mi entender, reteniendo a Fonso mientras no sea reforzado Silva. Una vez hecho esto, yo soy del parecer que Fonso se aproxime lo más posible a Cienaguilla emboscándose en el camino que viene para acá. A Guerrita [Felipe Guerra Matos] le encargué preparar una emboscada a la retaguardia de Cienaguilla. Si tú no consideras suficientemente fuerte la línea de aquel lado, recoge gente de la que ande por ahí y utiliza también de las que están entre las Mercedes y la Maestra, pues es donde virtualmente no nos hacen ninguna falta.

Lo que había ocurrido era que esa tarde recibí la información de que las tropas enemigas estacionadas en Purial de Jibacoa se habían retirado. La noticia me la trajo Felipe Guerra Matos, quien actuaba como una especie de segundo al mando de la columna de Crescencio Pérez. Como se recordará, Crescencio había recibido la misión de cubrir precisamente los accesos a Las Mercedes desde las zonas llanas al sureste del poblado. Esa noche, le escribí al Che:

Guerrita está aquí. Me informa que hace dos días se fueron las tropas de Purial. Debe dedicarse el pelotón de Alfonso (Zayas) a hostigar la tropa de Cienaguilla, avanzando hacia allá y tratando de ponerle una emboscada en la retaguardia.

Si dicha operación ya no fuera posible porque una patrulla de Guerrita la hubiere realizado, entonces que Fonso se sitúe emboscado, lo más cerca posible de aquella tropa en el camino que conduce hacia acá. Mora y Crespo deben situarse en el punto acordado para prever cualquier avance desde Cayo Espino por el camino de Purial y Jíbaro.

En realidad, lo que ocurrió fue el movimiento de fuerzas enemigas dispuesto en el nuevo plan de operaciones, firmado el 26 de julio en el puesto de mando de Bayamo, al que ya hicimos referencia en capítulos anteriores. Entre las disposiciones de este plan figuraba que el Batallón 12 de Infantería debía retirarse de Purial de Jibacoa en dirección a Cienaguilla.

Ese día, 2 de agosto, decidí también aplicar una táctica similar a la utilizada en la Batalla de Jigüe, que consistía en suspender completamente el fuego en el cerco con el fin de confundir al enemigo y hacerle creer que las fuerzas rebeldes se habían retirado, así provocaríamos la salida de los guardias de sus trincheras.

A las 4:00 de la tarde, le envié el siguiente mensaje al Che:

Aquí van los dos morteros y un morterista; el otro está enfermo. Lalo tiene un muchacho que se llama Emilio [Rodríguez], que sabe manejar bien el mortero, pues estuvo con Pedro [Miret] mucho tiempo y es muy valiente. Trata de localizarlo por tu lado, que yo trataré por el mío.

Si vamos a suspender el fuego totalmente en el cerco, es mejor que se use la 50 contra los refuerzos; pues no hacemos nada con dejar de disparar con los fusiles si se dispara con la 50; en cambio ésta por allá abajo puede meter mucho miedo. Los morteros los tienes ahí para usarlos en cualquier intento de salida de los guardias.

A estas alturas, todos los intentos por reparar y echar a andar la tanqueta capturada en las Vegas habían sido infructuosos, pero yo seguía insistiendo. Esa tarde, dispuse el traslado de la tanqueta con ayuda de un tractor hasta mi puesto de mando en Jobal Arriba para seguir tratando de repararla. Así se lo comuniqué a Arturo Aguilera a las 6:45 de la tarde: "Estoy cerca del tanque. Pienso ir para el aserrío esta noche y llevar el tanque. Quiero que traigan el tractor para sacarlo lo antes posible".

En un mensaje a Guillermo enviado a las 9:00 de la noche del 2 de agosto, le informé de la nueva táctica a seguir:

Vamos a seguir una táctica similar al Jigüe. Vamos a parar el fuego completamente para hacerles creer a los guardias que nos hemos ido. Pásale el aviso a toda la gente de ese lado. Nadie debe disparar. Todo el mundo debe procurar que no lo vean, ni observen los guardias su presencia. Estar atento por si tratan de salir y abrir fuego solamente si los guardias tratan de escapar por algún lado. Así ahorramos parque y confundimos al enemigo.

Tal como había indicado, luego de buscarse combustible para el tractor, este comenzó a mover la tanqueta lentamente. Pero un fuerte aguacero lo hizo resbalar en el fango, y resultó imposible continuar.

A las 11:45 de la noche, molesto por el nuevo contratiempo, le informé a Camilo:

Llevo dos días esperando el cabrón tanque para hacer una incursión a fondo en la retaguardia del enemigo. Pedrito debe bombardear esta noche a Estrada Palma desde 2 Grúas, para complicar y estorbar la concentración de tropas enemigas.

Y por último, una recomendación: "Te mando una mina, detonador, cable y fulminante. Recuerda que la mina antitanque hay que ponerla en el medio del camino, enterrada".

Esta era la situación al amanecer el cuarto día de la batalla. Durante toda esa noche, las posiciones rebeldes que participaban en el cerco mantuvieron el alto al fuego.

A las 4:45 de la tarde, del 3 de agosto, el Che me envió otro mensaje.

Haré todo como me dices. El camino que va a Cayo Espino sin pasar por Jíbaro debe pasar por la Herradura necesariamente.

No creo que se deba debilitar más el cerco, pues podrían intentar una salida desesperada y romper nuestras líneas en algún punto vulnerable, salvándose parte de una tropa que no debe salvarse.

Y más adelante agregaba: "Me parece que tiene cierta importancia tener la 50 aquí dentro de un par de días porque se puede coger el explorador. [...] Sino, les puede seguir tirando comida y parque indefinidamente".

Se refería el Che a la avioneta de exploración enemiga, que, aparte de su función de orientar el tiro y bombardeo, lanzaba impunemente paracaídas con suministros y municiones al campamento sitiado.

Por último, en ese mismo mensaje el Che me pidió que me encargara de un asunto que lo tenía bien molesto:

Debo pedirte que trates de localizar mi mulo, pues alguno lo sacó y es una cosa que no estoy dispuesto a permitir. Aquí se cagan en todo con un desparpajo bárbaro, te pido que me remitas el mulo con el que lo cogió para que se beneficie del ayuno.

Esa mañana, Guillermo ordenó a la fuerza de Huber Matos que permaneciera emboscada a lo largo del firme de La Herradura para evitar la salida del batallón enemigo. Ese día, en específico, Huber Matos me envió dos mujeres detenidas por sus combatientes, quienes llevaban cartas, medicinas y ropas a los soldados sitiados. Las postas de la tropa de Suñol les habían permitido pasar por Sao Grande indebidamente.

El resto de la mañana y parte de la tarde, la aviación ametralló indiscriminadamente las zonas de Gabiro, las Vegas de Jibacoa, Arroyones, La Herradura y otros puntos cercanos. Sin embargo, en Las Mercedes solo la avioneta de reconocimiento sobrevolaba el campamento enemigo. Mientras tanto, Camilo y sus hombres siguieron emboscados en las lomas de Estrella Bello; y de Los Popa, en Cuatro Caminos, esperando a los refuerzos. Esa tarde, el Che le escribió a Camilo en un mensaje:

Por aquí todo bien. Hoy la aviación nos dio descanso. [...]

No te deseo que agarres un tanque porque Fidel te lo va a quitar.

 

 

 

 

donación de sangre Cuba Análisis comportamiento provincial

 

DONA   TU   SANGRE                                          por        SONIA   CASTILLO   CABREJA

 

                      Y    TE    NACERÁN    AMIGOS

 

Cuando los dolorosos sucesos de Tarará, ocurridos en las primeras horas de la madrugada del jueves 9 de enero de 1992, a Cuba le nacía un amigo ó, con Martí,

el bien más enérgico de la vida.  Asesinados alevosamente Rafael, Yuri y Orosmán,  el turista Eladio González no pudo sustraerse del dolor y la agonía con que los

cubanos acompañamos a Rolando Pérez Quintosa durante 37 días con sus noches y se dejó llevar por sus pasos de hombre bueno hasta el Hospital Militar Luis

Díaz Soto (Naval) para donar su sangre argentina al joven mártir.  Fue su manera de hacer algo.

 

Contrario a su experiencia en la tierra  de los gauchos donde interrumpen con frecuencia los espacios televisivos para solicitar de urgencia tal gesto de elemental

Humanismo.  El Toto de los más allegados encontró “heladeras” repletas de plasma.  

 

Ayer recordé toda esta historia , su moraleja y su bondad, luego de una reunión de análisis del comportamiento provincial de las donaciones sanguíneas, cuyos

Derivados y componentes son insustituibles dentro del programa de desarrollo de las industrias farmacéutica y biotecnológica del país.

no ajenos a las restricciones alimentarias de la actual coyuntura, los Comités de Defensa de la Revolución convocan voluntades y recursos para que Ciego de Avila

cumpla con el propósito nacional de hacer una donación por cada 29 habitantes.

 

Surgen así las propuestas de reforzar las habituales meriendas en el banco y otros puntos de extracción – solo para los donantes – y de otorgar reservaciones para

restaurantes, instalaciones recreativas y gastronómicas, de acuerdo con las disponibilidades de los territorios, sin olvidar a los activistas cederistas, médicos y

enfermeras de la familia mas destacadas en la campaña, que rompió el celofán en la sede provincial de los CDR con una entrega masiva, por aquello de que el

ejemplo comienza en casa.

 

Habrá caldosas en los Consejos Populares y reparación de efectos electrodomésticos, calzados, relojes, etc, en el propio lugar de la donación.   Este 24 intercambiaron

sobre esta singular forma de amar los participantes del municipio Ciego de Avila, en el segundo activo.

 

Cuando los dolorosos sucesos de Tarará, a Cuba le nació un amigo que todavía le dura y alivia las carencias de nuestros hospitales y escuelas desde CHAU BLOQUEO,

Su grupo de solidaridad con la Isla. 

 

Multiplíquense los Eladios cubanos.          Cultívese aquí el más enérgico bien de la vida. 

 

 

 

Aquí están mis emoticones personalizados. El sentado a la derecha de Luna (la perra) es un niño amigo que

a diario viene y toma su vaso de leche. Ese día la mitad se la ofreció a Luna (miren la lengua del animal).

 

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Fidel Castro en acción La Victoria Estratégica Cap 20

 

 

La victoria estratégica - Fidel Castro Ruz

La derrota de Sánchez Mosquera

(Capítulo 20)

El 20 de julio al mediodía, cuando todavía no se había rendido la tropa de Jigüe, escribí en un mensaje al Che:

Los compañeros de Radio Rebelde en la Sierra Maestra.

Ya no nos falta más que soportar los bombardeos de hoy.

Manda a la zona de la Plata, donde está el hospital, a los que quieran armarse. Pienso recoger todos los rifles mendoza; armar de springfields, garand y cristóbals a la gente; distribuir automáticas entre los más viejos y cortar de inmediato la retirada a los guardias de Santo Domingo y las Vegas.

Mi plan, en efecto, era proseguir inmediatamente después de la victoria en Jigüe, casi sin solución de continuidad, con las acciones destinadas a liquidar las amenazas aún planteadas por la presencia de las otras dos agrupaciones enemigas en el interior de nuestro territorio, las tropas del Batallón 11 de Sánchez Mosquera en Santo Domingo y las dos compañías del Batallón 19 del comandante Suárez Fowler, todavía estacionadas en las Vegas de Jibacoa, maniobras que después del desenlace de la Batalla de Jigüe estábamos en condiciones de desarrollar de manera simultánea.

Como expliqué en el capítulo anterior, una vez lograda la rendición del Batallón 18, ese mismo día emprendimos el traslado de todas las fuerzas rebeldes, participantes en Jigüe y Purialón, a las nuevas posiciones que debían ocupar para el desarrollo de las próximas acciones previstas.

En el caso de Santo Domingo, desde el mismo momento de mi regreso a La Plata el 23 de julio, comencé a organizar el cerco del Batallón 11 de Sánchez Mosquera, y a preparar el dispositivo para el rechazo y la destrucción de los refuerzos que seguramente enviaría en su auxilio el mando enemigo.

Como se recordará, durante el desarrollo de la Batalla de Jigüe habían permanecido en la zona de Santo Domingo las pequeñas fuerzas rebeldes de René Ramos Latour, Félix Duque, Geonel Rodríguez, Zenén Meriño, Huber Matos y Dunney Pérez Álamo. Estas fuerzas habían sido suficientes, ya que después del Combate de El Naranjo, el 9 de julio, el batallón enemigo, estacionado en Santo Domingo, no intentó ningún movimiento.

Entre las disposiciones más importantes que adopté después de Jigüe fue ordenar a Guillermo que cubriera de nuevo con su tropa el sector norte del cerco en preparación, desde el alto de La Manteca hasta el de La Ceiba; este último, ya parte del macizo de la loma de El Brazón. A la derecha de Guillermo se situó la escuadra de Vilo Acuña. Así quedaba conformado el cerco hacia el norte y el noroeste del campamento enemigo. Hacia el Sur y el sureste se mante-nían las fuerzas de Dunney Pérez Álamo, Zenén Meriño y Huber Matos, a las que se agregó ahora la escuadra de El Vaquerito.

Finalmente, en cuanto a otras órdenes para el cerco en Santo Domingo, envié instrucciones a Félix Duque para que ocupara con su escuadra posiciones en Leoncito, sobre el río Yara, unos dos kilómetros aguas abajo del campamento enemigo. Esta sería la primera fuerza con la que chocaría el Ejército si intentaba escapar por el camino del río.

En previsión del mismo procedimiento de concentrar el golpe principal a los refuerzos que pudieran venir en auxilio del batallón cercado, el día 23 trasmití desde La Plata una orden a Ramón Paz, quien después de las acciones en Purialón se había trasladado con sus hombres a Puerto Malanga para ocupar lo más rápido posible nuevas posiciones a la altura de Casa de Piedra. Ese mismo día dispuse el traslado de Daniel y sus hombres también hacia Casa de Piedra, donde debían reforzar la fuerte emboscada que prepararía Paz a la tropa que intentara subir por el río Yara en apoyo del Batallón 11. A esta emboscada destiné, además, la escuadra al mando de Hugo del Río, y se le sumó la escuadra de William Gálvez.

A estas alturas, yo no tenía la menor duda de que los siguientes movimientos del enemigo serían: uno, enviar un refuerzo a la tropa encerrada en Santo Domingo para ayudarla a salir; y dos, el intento de Sánchez Mosquera de escapar de la trampa mortal en que se hallaba. La única interrogante era qué vía decidiría utilizar el jefe enemigo para huir. La ruta natural era la del río, pero un jefe como Sánchez Mosquera seguramente vería con anticipación que esa sería la que nosotros tendríamos mejor preparada para impedírselo.

Pero antes, debo contar varios hechos que tuvieron importantes consecuencias.

Igualmente, la vía del río era la más natural para el envío de refuerzos procedentes de Estrada Palma al Batallón de Sánchez Mosquera en Santo Domingo. En este caso, Paz y Daniel tendrían la misión de detener el refuerzo a la altura de Casa de Piedra, mientras Suñol y Pinares debían posicionarse en El Salto, aguas abajo, y cortar la retirada de la tropa de refuerzo que chocaría con la emboscada en Casa de Piedra. Esta segunda parte de la operación resultaba decisiva, pues de nuevo mi intención era no solamente detener el refuerzo, sino coparlo y destruirlo.

El mismo día que llegué de regreso a La Plata después de la Batalla de Jigüe, instruí a Pinares de su misión y lo envié a cubrir sus nuevas posiciones, al tiempo que en un mensaje a Suñol le indiqué que se trasladara a El Salto y se uniera a la tropa de Pinares. Recuérdese que Pinares había asumido el mando del pelotón de Cuevas a la muerte de este en Purialón. Eran muy buenos combatientes.

Ese mismo día ordené el traslado del pelotón de Lalo Sardiñas hacia El Cacao. Mi idea era que cuando se produjera el choque del refuerzo en Casa de Piedra, Lalo apoyara la acción de Pinares y Suñol bajando hacia Providencia, con el doble propósito de impedir que escaparan los guardias que eludieran la encerrona en El Salto, y prevenir la entrada de un segundo refuerzo en auxilio del primero.

La importancia que yo atribuía a esta operación contra el refuerzo resulta evidente en el mensaje que le envié a Pinares en la tarde del día 24:

La misión tuya y de Suñol es la de atacar a los guardias por el flanco o por la retaguardia cuando choquen con Paz. Tienen que ponerse en una posición donde no puedan verlos y desde ella avanzar y atacar al enemigo por sorpresa cuando hayan chocado con Paz. Ustedes tienen hombres suficientes. No son un grupito al que puedan rodear fácilmente.

Lalo está por el Cacao para atacar también a los guardias por la retaguardia dando la vuelta por Providencia. No se puede dejar pasar a esa tropa.

Esa tarde ordené a Daniel su traslado a Casa de Piedra para reforzar a Paz. En ese momento, Daniel se encontraba en el estribo del firme de Gamboa, más o menos donde estaba antes la escuadra de Duque. Allí, yo lo había reposicionado inicialmente como parte de los preparativos del cerco a la tropa enemiga en Santo Domingo. Es elocuente el tono del mensaje que le envié:

Trasládate bien temprano con toda tu fuerza a reforzar la posición de Paz. Parece que los guardias van a subir mañana y esta puede ser la gran oportunidad ya que tenemos fuerzas dispuestas para atacar desde distintas direcciones. Otro golpe grande en estos momentos sería mortal para Batista.

Esa misma noche partió Daniel con sus hombres hacia Casa de Piedra. Portaba el siguiente mensaje mío a Paz:

Envío a esa posición un pelotón de refuerzo con gente buena. Cuida bien los firmes y no retrocedan un paso. Adviérteles a Pinal [Pinares] y a Suñol que se escondan bien para que los guardias no los descubran y que deben atacar después que hayan entablado combate contigo, no disparando hasta que no estén bien cerca del enemigo.

Para ocupar estas posiciones en el estribo de Gamboa que quedaban vacías después del movimiento de Daniel, yo mismo bajé esa noche desde La Plata con un pequeño grupo de combatientes.

Como se habrá observado, mis expectativas eran grandes para la operación planificada contra el refuerzo. Si funcionaba como debía la trampa preparada entre Casa de Piedra y El Salto, otra unidad enemiga quedaría desbaratada. Un buen golpe en este sentido podría hasta ser suficiente para provocar, como había sucedido en Jigüe, la rendición del batallón cercado. Aunque, ciertamente, las condiciones no eran las mismas.

Sin embargo, el día 24 se hicieron evidentes algunas vacilaciones entre el personal rebelde en El Salto que tendrían un efecto importante a la hora del combate. De ello es testimonio el siguiente mensaje enviado ese día por Suñol a Paz:

Yo nada más tengo un fusil ametralladora y Pinar [Pinares] otro. Yo iba esta noche a esa [a la posición de Paz en Casa de Piedra] pero es lejos y está lloviendo. Nuestra situación no es nada buena pues no es una sola columna la que se mueve hacia acá, son dos [...]. Yo no sé cómo nos veremos con dos tropas. Creo atacaremos por la retaguardia la primera y si viene la otra nos retiraremos para que entre la otra y luego veremos por dónde la atacamos. Esto está muy malo de desenredar pues está todo claro que pueden coger por donde quieran. Veremos qué pasa.

Preocupado por el tono pesimista de este mensaje, Paz me lo remitió a La Plata, de donde ya me había movido. Por eso, este mensaje me llegó muy tarde. Lo que sí recibí ese día fue una nota de Pinares en la que me informaba de su desacuerdo con las posiciones dispuestas por Suñol para su personal. Al leerla, tomé la decisión de bajar hacia Casa de Piedra para tratar de arreglar desde allí la encerrona de El Salto. Pero antes despaché el siguiente mensaje a Paz:

Tienes que decirles que no se pueden dejar ver de los guardias antes de que choquen contigo. Y, sobre todo, que no cometan errores y usen la cabeza. Adviérteles bien a Suñol y a Pinal [Pinares] que exigiré responsabilidad por cualquier error que se cometa; que la misión de ellos es atacar al enemigo por el flanco y que tienen que cumplirla cabalmente y con eficiencia.

En definitiva, no pude partir hacia Casa de Piedra sino hasta la noche del 25, después que se había producido el combate de Paz y Daniel contra el refuerzo. Por cierto, esa noche, por primera y única vez me perdí en la Sierra.

Desde un puesto de mando en el firme de Gamboa escuché el combate de Paz contra la Compañía P de la División de Infantería, al mando del capitán Abón Li —el mismo que ofreciera al final de la guerra una tenaz resistencia a Camilo en el cuartel de Yaguajay—. Esta compañía fue la encargada por el alto mando de ir en auxilio del batallón cercado en Santo Domingo. Llevaba abundantes víveres. Escuché el fuerte estallido de la mina, los disparos de morteros y bazucas, y el nutrido fuego de las ametralladoras y los semiautomáticos en el largo valle del río. El combate se prolongó alrededor de cuatro horas, pero no tenía comunicación con Paz, debía esperar los mensajeros, que llegarían, sin duda, al otro día.

Decidí partir ya casi de noche, impaciente por conocer los resultados, y si Pinares y Suñol habían copado el refuerzo. Avancé hacia el suroeste, por el bosque, en busca de la ruta. La noche estaba oscura. En el bosque no se veía una persona a dos metros. Lo peor fue cuando, tratando de acortar distancia, nos topamos con una pelúa, así llamaban los campesinos al sitio donde hubo cultivo y después creció una enmarañada e intransitable maleza. Para colmo cayó un torrencial y prolongado aguacero. Tuvimos que esperar el amanecer y buscar un camino que nos condujera al encuentro con Paz.

No fue sino hasta los primeros claros del día 26 cuando pudimos orientarnos. Habíamos ido a parar a la loma de La Gorra, todavía a cierta distancia de las posiciones de Paz y Daniel en Casa de Piedra. Por una de las microondas capturadas en Jigüe conocíamos con anterioridad algunos datos de los movimientos que planeaba el enemigo y, en particular, el envío desde Estrada Palma de un refuerzo a la tropa de Mosquera en Santo Domingo. Entre otras cosas, escuché durante el combate la orden trasmitida a la tropa sitiada en Santo Domingo de salir en auxilio del refuerzo al mando de Abón Li, orden que Sánchez Mosquera, conocedor del terreno y de la presencia de fuerzas rebeldes que le cerraban el paso, no cumplió. También escuché la orden al jefe del refuerzo para que recuperara los mulos que llevaban cargados de suministros y pertrechos de guerra, a fin de no perderlos, y evitar que cayeran en nuestras manos.

Lo sucedido fue, que el día 25, la compañía había salido en camiones de Estrada Palma, y ya en Providencia, inició la marcha por el camino principal río arriba, tal como habíamos previsto. Al mediodía, llegó a Casa de Piedra y chocó con la fuerte emboscada de Paz y Daniel, reforzada, además, el día anterior, por las escuadras de Hugo del Río y William Gálvez.

Se entabló un furioso combate que comenzó con el estallido de una mina colocada en el camino y las primeras descargas de una ametralladora 30 ubicada entre las piedras del río, operada por el combatiente Orlando Avilés. La violenta acción, en la que murió el combatiente Elinor Teruel, duró cuatro horas, y los rebeldes lograron detener todos los intentos de romper la línea frontal y seguir avanzando. Finalmente, el enemigo desistió, se retiró aguas abajo y abandonó toda su impedimenta, después de sufrir gran número de bajas y comprobar la inutilidad de su esfuerzo.

Esta parte del plan funcionó a la perfección. Una vez más, Paz demostró sus excepcionales condiciones de jefe y combatiente, y contó con el apoyo decidido de su tropa y de los demás rebeldes que participaron en este segundo Combate de Casa de Piedra.

Sin embargo, la otra parte del plan, es decir, la acción de las fuerzas de Suñol y Pinares desde El Salto, para copar el refuerzo e impedir que una parte escapara, no funcionó. Inexplicablemente, en vez de avanzar hacia Casa de Piedra, cuando sintió el inicio del combate, Suñol se retiró de sus posiciones y convenció a Pinares para que lo siguiera. Sin duda, prevalecieron en su ánimo las consideraciones pesimistas manifestadas en el mensaje a Paz del día 24 —ya citado— y el infundado temor a verse encerrado entre la tropa que combatía en Casa de Piedra y otra que vendría detrás de esa, una supuesta tropa que nunca existió. En conjunto, Paz, Suñol y Pinares, disponían de casi 150 hombres, con quienes habrían podido liquidar hasta un batallón completo en movimiento. Recuérdese lo que Lalo y Zenén Meriño hicieron con menos de 30 combatientes durante la primera Batalla de Santo Domingo, contra una compañía del Batallón 22 del comandante Eugenio Menéndez, que fue liquidada. Debido a aquella vacilación, no se logró el resultado que se buscaba: la destrucción completa del refuerzo o su rendición. Por eso, el combate se prolongó tantas horas.

No obstante, el resultado de este segundo combate en Casa de Piedra fue de suma importancia. Según los informes enviados por Paz, el enemigo sufrió no menos de 11 muertos y un número indeterminado, pero cuantioso, de heridos. Se capturaron 24 prisioneros, una bazuca con 14 proyectiles, 29 fusiles Garand, nueve carabinas San Cristóbal, cuatro fusiles Springfield, una pistola, cuatro granadas de mano y 32 granadas de Garand. Se ocuparon, además, 13 mulos cargados de víveres, 30 mochilas de campaña, uniformes, frazadas, nylons y un equipo de radio con la clave que entraba en vigor precisamente ese día. Era un botín nada despreciable. Pero el resultado más significativo fue que se impidió la llegada del refuerzo a Santo Domingo. Suñol y Pinares me obligaron a una de las más amargas críticas que hice nunca.

Yo regresé a la zona de Santo Domingo. Con anterioridad, Sánchez Mosquera había divulgado el rumor de que se encontraba en el central Estrada Palma, en contacto con el mando superior. Solo después del combate con Paz tuve la seguridad total de que estaba en Santo Domingo con el batallón cercado. En el Combate de Casa de Piedra se ocupó correspondencia dirigida a Mosquera y hasta una botella de coñac para él. Paz me lo comunicó urgentemente con un mensajero, que a través del camino más seguro, el de La Plata, tardaría en llegar. Ese mismo día, el coronel Sánchez Mosquera recibió la orden de abandonar Santo Domingo y dirigirse a Providencia, donde fortificaría el terreno y ocuparía posiciones junto al nuevo Batallón 22, reconstruido, y al mando del comandante Eugenio Menéndez Martínez, pues su anterior jefe sufrió un accidente.

Después del desastre del refuerzo de Abón Li, el coronel Sánchez Mosquera supo que su alto mando no podría ya reforzarlo ni abastecerlo en Santo Domingo. El astuto jefe del Batallón 11 no intentó salir por el camino del río para llegar a ese punto. Dividió sus fuerzas en tres grupos y comenzó a subir hacia el firme de El Brazón, por tres puntos diferentes.

Uno de los grupos de la fuerza de Mosquera avanzó hacia la altura, por el firme secundario de La Ceiba. El ataque sorprendió a los defensores de una trinchera del teniente Amándiz que fue ocupada, pero la escuadra resistió durante una hora aproximadamente; allí cayó el combatiente Juan Vázquez. El enemigo no pudo ocupar el firme principal de El Brazón, fortificado y defendido por las fuerzas de Guillermo García.

Al conocer la noticia de este combate y de la vía escogida por Sánchez Mosquera para escapar ordené a Lalo Sardiñas que se uniera a las fuerzas de Guillermo, y que ambos persiguieran implacablemente al enemigo que avanzaba a lo largo de toda la loma de El Brazón para causarle la mayor cantidad de bajas posible y frenar su retirada, así darían tiempo a organizar una línea de contención y rechazo que, en vista de las circunstancias, solo podría prepararse a la altura de Providencia. La ruta escogida por Sánchez Mosquera, en efecto, lo llevaría inevitablemente a Providencia, donde existía la posibilidad de cerrar desde las alturas, alrededor de ese caserío, la única salida natural posible: el cañón del río Yara, entre el firme de Providencia y el de Pica Pica. Al amanecer del 27, las fuerzas de Guillermo y Lalo continuaron la persecución del Batallón 11 que luchaba desesperadamente por escapar. Ellos no podían conocer que el jefe de la unidad que perseguían había sido herido en la cabeza, lo que supe por la microonda ocupada el día anterior a la Compañía P de Abón Li. No fue posible informarles la noticia aquella misma tarde, lo que habría sido de gran importancia para ellos.

El mando superior enemigo modificó sus planes. Abandonó la idea de fortificar los Batallones 11 y 22 en Providencia, un lugar muy próximo al llano y Estrada Palma. Con el resto del Batallón 11 iban casi dos compañías del Batallón 22. Guillermo calculó que eran alrededor de 600 hombres. El jefe del puesto de mando de Bayamo, el general Eulogio Cantillo, el 26 de julio de 1958 suscribió un documento revelador. Citaré solo las partes esenciales:

ENEMIGO:

Calidad: El enemigo posee tropas muy bien entrenadas para el tipo de operaciones (Guerrilla) que desarrolla, puesto que casi toda es natural de la región, y los Jefes llevan mucho tiempo en zona y son muy conocedores del terreno [...].

Cantidad: Varía mucho el cálculo, pero pueden considerarse entre 1000 y 2000 combatientes de primera clase, bastante bien armados. Además casi todo habitante de la zona alta dominada por los rebeldes es confidente, correo o informante (hombre, mujer o niño).

Armamento: Para esta Operación el enemigo solicitó de cada Jefe de zona, le mandara el mejor personal, con el mejor armamento, haciendo una concentración de su mejor personal y equipo [...].

A continuación, en este documento, Cantillo culpa de todo a los jefes de las tropas y compañías, que él mismo sacrificó inútilmente:

Organización: La típica de la Guerrilla: Pequeños grupos que se esconden y se infiltran dentro de nuestras tropas en marcha y a veces en alto. Ultimamente se esconden en árboles y malezas, y a la vez se lanzan sobre la Unidad sorprendiéndola y desarmándola. Se reúnen en cantidad para un golpe determinado.

Salud: Estado sanitario malo; muy desnutridos pero con mucha resistencia física. Pueden soportar días enteros en un lugar sin moverse, comer ni tomar agua.

Moral: Los últimos éxitos en copar y rendir Unidades les ha levantado mucho la moral; han adquirido gran cantidad de armamentos, parque y comida y los ha hecho más atrevidos; han adquirido también Mini-packs y PRC-10 nuestros.

EJÉRCITO:

Calidad: La calidad del Soldado actual, en casi todos los grados, es en más de un 75% de 4ta. clase para este tipo de operaciones, que supone gran resistencia física al esfuerzo [...] y la voluntad constante de buscar el enemigo y vencer.

[...] Es aconsejable retirar Unidades a terreno más favorable, donde se pueda maniobrar, disminuyendo a la vez las distancias de apoyo y abastecimientos, y donde pudiéramos, si el enemigo nos sigue y cae en nuestro juego, decidir la Campaña.

En el apartado referido a la DECISIÓN, se enumeran las unidades que deben ser retiradas de las montañas.

PLAN:

Atraer al enemigo hacia un área que nos favorece y que estará formada por puntos fuertes enlazados entre sí y con capacidad de maniobra y facilidad de abastecimientos. Además una masa de maniobras en el flanco OESTE nuestro y una reserva y Punto de Abastecimiento principal en ESTRADA PALMA.

Reorganizar nuestras fuerzas, acortar nuestras líneas, alargar las del enemigo y ponerlo en situación desventajosa.

[...]

"POR LA LIBERTAD DE CUBA".

(Fdo.) E. A. Cantillo, MMN y P

May Gen Jefe ZOpnes.

Me percaté del movimiento de Mosquera por el intenso tiroteo que se producía en el lado opuesto al punto donde nos encontrábamos. Allí estaba la línea de la fuerza de 40 hombres que, dirigida por Guillermo, había arribado a la zona procedente del Tercer Frente Oriental, al inicio de la ofensiva enemiga. Guillermo ya tenía una experiencia de combate contra Mosquera, junto a la columna bajo el mando de Ramiro Valdés al noreste de nuestro frente. Participó luego en la Batalla de Jigüe. Su tropa se duplicó después de aquella batalla y estaba bien armada. No lejos de allí se encontraba la gente de Lalo Sardiñas, más al Oeste y lista, tanto para participar en el combate contra los refuerzos como para estrechar el cerco.

Envié de inmediato un mensajero para localizar a Guillermo, ya que no existía otra forma de comunicación con los jefes rebeldes. De vez en cuando encendía el equipo radial ocupado al enemigo con el fin de interceptar las comunicaciones entre el avión de la jefatura de operaciones y las unidades de tierra, pero solo el tiempo imprescindible para no agotar las baterías.

Mientras llegaban noticias, que con seguridad tardarían, solo conocía que se desarrollaba un fuerte combate por los disparos que desde diversos puntos se escuchaban, en un área donde era imposible la observación visual. Los del Ejército eran alrededor de 600, entre el Batallón de Mosquera y el que restaba del Batallón 22. Los nuestros, entre Guillermo y Lalo, sumaban alrededor de 130. No era, en absoluto, por allí, la probable ruta de cualquier refuerzo.

Del lado de acá del firme de El Brazón, por donde inició su retirada Mosquera, estaban los morteros, la bazuca, la escuadra de Curuneaux con la 50 y las minas.

Comenzamos a movernos en dirección a Providencia. Corríamos el riesgo de chocar con cualquier unidad de Mosquera desperdigada e, incluso, con su fuerza principal en marcha hacia Providencia, si obligada por la resistencia se desviaba por otro camino más directo. Nuestra vanguardia debió avanzar con todas las precauciones necesarias en la misma dirección.

En horas de la tarde de ese propio día escuché una comunicación entre el Batallón 11 y la avioneta del mando superior de operaciones:

—¡Coronel herido en la cabeza! ¡Coronel herido en la cabeza! ¡Manden zunzún! ¡Manden zunzún!

—¡Zunzún no puede bajar! ¡Zunzún no puede bajar!

Era la única respuesta, muy lógica, además. Aunque le habíamos ocupado la última clave a la tropa de Abón Li, no hacía falta. Zunzún era el helicóptero. Guillermo y Lalo atacaban con las ametralladoras trípode calibre 30 mm, un fusil ametralladora y muchos fusiles semiautomáticos. Bajar el helicóptero en aquel terreno irregular ¡era imposible! Pero no teníamos ninguna otra información sobre lo que ocurría. Se acercaba la noche cuando llegaron noticias de que el enemigo en retirada avanzaba por un trillo a media falda que salía de la casa de Ricardo Ríos, en dirección a Providencia.

Duque, quien marchaba con nosotros, recibió la misión de explorar y tratar de interceptar la tropa en algún punto de la falda de El Brazón. En cumplimiento de esa orden, Duque, como siempre, inquieto y temerario partió rápido por una entrada natural del terreno seguido por su tropa, porque ubicar al enemigo era de suma importancia para nosotros.

Decidimos esperar el resultado de su exploración. Pasaron 30, 40, tal vez 50 minutos; en aquella tensión era imposible calcular el tiempo. De súbito se escucharon varios disparos, y balas trazadoras cruzaron sobre nosotros a 15 ó 20 metros de altura. De nuevo, el silencio. Todo el mundo permanecía en guardia. Regresaron algunos del pelotón de Duque, pero nadie traía noticias de lo ocurrido. Caminando, sin mirar hacia atrás, había perdido el contacto con sus propios hombres. Nadie sabía de él. ¿De dónde salieron aquellos disparos? ¿Estaba Duque vivo o muerto?

En la oscura noche, igual que la del día anterior, sin luna, si hacíamos cualquier movimiento corríamos el riesgo de chocar con una fuerza amiga o enemiga. No podíamos movernos. Duque no daba señales de vida. Era necesario esperar de nuevo el amanecer.

Con las primeras luces, alguien anunció la aparición de Duque; estaba vivo, pero casi irreconocible. Sin darse cuenta por poco choca con el campamento de la desesperada tropa en retirada. Observó su descubrimiento e inició el regreso. Caminó unas decenas de metros y se encontró unos hombres armados con fusiles, comenzó a hablar con ellos pensando que eran los de su tropa que venían detrás. Cuando se percató de que no eran sus compañeros, sino que estaba conversando con soldados enemigos que montaban guardia alrededor del campamento, trató de palanquear su ametralladora, pero los guardias se abalanzaron sobre él, se abracó con uno de ellos y forcejeó fuertemente, los otros dos o tres trataban en la oscuridad de darle culatazos en la cabeza, hasta que Duque se desprendió y corrió hacia abajo. Las trazadoras que vimos pasar eran disparos de los soldados que encontró Duque. Estaba desconocido por los golpes que recibió en la cabeza, la frente, la cara y el cuello. En algún lugar se había desplomado exhausto, donde lo despertaron las primeras luces del amanecer. ¡Cuán valioso habría sido su descubrimiento! Con nosotros estaban las armas de más poder. El enemigo se encontraba muy cerca. Habríamos podido descubrirlos 8 ó 10 horas antes, no dejarlos descansar aquella noche, y cercarlos antes del amanecer.

¡Qué día aquel 27 de julio, a los cinco años y un día del ataque al Moncada, todavía con la esperanza de aniquilar al Batallón 11!

Guillermo, con más de 80 hombres, y Lalo Sardiñas, con más de 50, estaban posesionados de la altura dominante; tal vez el enemigo nunca hubiera llegado a Providencia, donde Paz montaba guardia con el apoyo de casi 200 combatientes.

Además, ese día, Vilo Acuña se adelantó por el firme con su escuadra y trató de formar una línea de contención en la última altura de la loma de El Brazón antes de que la pendiente se deslizara hacia el caserío de Providencia. Pero Vilo no contaba con fuerzas suficientes y, tras un corto combate en el que murió el combatiente Giraldo Aponte, El Marinero, el enemigo logró flanquear la posición de Vilo y proseguir su fuga precipitada. Sin embargo, Guillermo, que había continuado su persecución, los atacó por la retaguardia y les causó al menos otras dos bajas mortales, además, capturó tres fusiles Springfield, mochilas y una caja de balas.

Por la noche, los restos del Batallón 11 acamparon en las últimas estribaciones de la loma de El Brazón, a la vista ya del caserío de Providencia.

A la mañana siguiente, el día 28, el enemigo quemó toda su impedimenta, incluido parte del parque. Desde el firme de El Brazón, los combatientes de Guillermo y Lalo, ya reunidos durante la noche, contemplaron el espectáculo de la enorme hoguera y las incesantes explosiones. Evidentemente, la intención del jefe herido y de sus lugartenientes era aligerar, en todo lo posible, la carga de sus hombres para apresurar el paso en su huida, aun a costa de reducir su poder de fuego.

Los hombres de Lalo y Guillermo continuaron persiguiendo y acosando con sus disparos desde el firme, en una ruta paralela a la de los guardias, y siguieron causando bajas al enemigo en fuga.

Durante todo ese día, desde temprano en la mañana, la Fuerza Aérea del Ejército se mantuvo activa. Para apoyar a la tropa en retirada realizaron seis misiones de bombardeo y ametrallamiento que duraron hasta bien entrada la tarde, en las cuales participaron dos bombarderos B-26 y dos cazas F-47. En el teatro de combate apareció, además, un avión caza a reacción T-33. Los objetivos de ataque fueron dirigidos ese día por un avión de transporte DC-3, que operó como puesto de mando. Este aparato recibió en un ala el impacto de las balas rebeldes.

Esa tarde también le ordené a Duque que dejara su posición en Casa de Piedra, adonde lo había movido el día anterior, y dividiera su fuerza en dos. Una parte de sus hombres, al mando de Raúl Barandela, debía reforzar aún más las posiciones de Paz en Providencia. Con Barandela envié el siguiente mensaje a Paz, el propio día 27, que en uno de sus párrafos resultó premonitorio:

Pensando que hay que hacer ahí [en Providencia] una línea invulnerable y que, dado el desconocimiento exacto de la posición de los guardias, estos hombres de Duque pueden quedarse fuera de la acción y como además por la retaguardia viene avanzando un fuerte contingente nuestro, he decidido mandarte estos 43 hombres para fortalecer tu línea. Creo que así, no hay quien pueda hacerte mover de ahí.

Recuerda que es muy importante poner dos fuertes emboscadas en los caminos que vienen de Estrada Palma para que les cuiden a ustedes las espaldas. Esas emboscadas no deben abandonar su posición por ningún concepto, y si tú ves que los atacan fuerte por alguna de esas emboscadas, la refuerzas.

Mosqueda [Mosquera] viene con un balazo en la cabeza. Si esa tropa choca con ustedes queda liquidada.

Paz no coloca "las dos fuertes emboscadas en los caminos que vienen de Estrada Palma, para que le cuiden a ustedes la retaguardia".

Con la otra parte de su tropa, Duque debía tratar de interceptar a los guardias en algún punto de las laderas de El Brazón, pues había noticias de que el enemigo en fuga avanzaba por un trillo, a media falda, que salía de la casa del campesino Ricardo Ríos en dirección a Providencia.

Mientras todo esto ocurría en El Brazón fui tomando las disposiciones necesarias para crear una línea lo más sólida posible en Providencia e impedir la fuga de la maltrecha tropa en desbandada.

Esa misma tarde ordené a Paz y a Daniel que se movieran con todas sus fuerzas al caserío y, tras un rápido estudio del terreno, ocuparan las posiciones más adecuadas. Paz decidió colocarse en una parte elevada del firme de Providencia, de frente al caserío y dominando el cauce del río a su derecha, por donde consideró correctamente que deberían salir los guardias. No cerró del todo la emboscada, colocando personal rebelde en la falda del alto de Pica Pica, del otro lado del río, pues recibió la información de Aguilerita, quien había sido enviado a explorar, que ya el enemigo había tomado ese alto. Esta noticia no resultó ser exacta, los guardias nunca ocuparon el alto de Pica Pica. Al final, El Vaquerito se ubicó en el extremo de la falda de Pica Pica, del otro lado del río y del caserío de Providencia.

En su premura por ocupar en el menor tiempo posible las mejores posiciones para rechazar al enemigo en fuga, Paz tampoco tomó la precaución de cubrir su retaguardia dejando algunos hombres del otro lado del firme de Providencia, donde ya el terreno descendía hacia el llano. Esta imprevisión resultó fatal.

A la izquierda de Paz, Daniel desplegó todas sus fuerzas a lo largo de las alturas laterales del firme. Más a la izquierda, comenzando a cerrar la emboscada, el teniente William Gálvez se ubicó con una pequeña escuadra en el alto que ocupaba el cementerio del poblado.

Desde poco después del amanecer del 28 de julio, los guardias comenzaron a bajar por las faldas de la loma de El Brazón hacia el río y el caserío de Providencia. Cuando estaban a tiro de las posiciones rebeldes se inició el combate. Nuevas bajas se sumaron ese día a las ya sufridas por el Batallón 11 en su huida. La acción se prolongó varias horas, durante las cuales se logró contener el avance del enemigo.

Pero mientras esta acción estaba en desarrollo, fuerzas del reconstruido Batallón 22, estacionadas en Estrada Palma, se habían desplazado hacia Providencia para apoyar la salida de los restos del Batallón 11.

Sin encontrar resistencia consiguieron subir desde el llano al firme de Providencia y ocupar el extremo opuesto de la falda del alto de Pica Pica. Con este movimiento se colocaron, de hecho, a espaldas y al flanco derecho de la posición de Paz. Como resultado del sorpresivo fuego, mientras combatían contra los que avanzaban frontalmente cayeron el comandante Paz, el teniente Fernando Chávez y el combatiente Federico Hadfeg.

Sometidos a esta presión desde la retaguardia, los hombres de Paz se replegaron hacia las posiciones del pelotón de Daniel, quien, a su vez, había dado también la orden oportuna de retirar la fuerza rebelde de ese lugar. Todo el personal de la emboscada se movió en dirección al cementerio y hacia Palma Criolla, aguas arriba del río Providencia.

Mientras tanto, los restos del Batallón 11 trataron de salir por el río Yara. Pero no fue sino hasta después del repliegue de los hombres de Paz cuando finalmente pudieron avanzar sin peligro de caer bajo el fuego guerrillero. El grupo con la camilla de Sánchez Mosquera se detuvo del otro lado del caserío, y cuando el camino quedó libre siguió en dirección al río, cruzó al otro lado del firme de Providencia y continuó poco más de un kilómetro hasta El Guineal, ya en pleno llano, donde se posó el helicóptero enviado por el puesto de mando de Bayamo a recoger al herido y transportarlo a Santiago de Cuba para recibir las primeras atenciones.

Según supimos después, Sánchez Mosquera quedó parapléjico como consecuencia de su herida, pero con el tiempo logró recuperar alguna movilidad. El 1ro. de enero de 1959 se fugó hacia Miami, donde los criminales de Cuba siempre encuentran refugio seguro.

La muerte de Paz, junto con la de Cuevas, apenas 10 días antes, nos privó de dos de los jefes más eficaces, combativos e inteligentes con que contaba nuestra columna. Fue, sin duda, un duro golpe, que venía a sumarse a la pérdida de Angelito Verdecia, y a la que sufriríamos dos días después con la caída de Daniel, entre las bajas más sensibles que tuvimos durante toda la ofensiva enemiga. El hecho de que cuatro capitanes rebeldes fueran muertos en combate dice mucho del arrojo y la calidad moral de nuestros jefes, que no se abstenían de estar en la primera línea junto a sus hombres.

Desde Palma Criolla, los combatientes de Paz, bajo el mando de Daniel, dieron vuelta e iniciaron la persecución y el hostigamiento del enemigo, que se retiró precipitadamente en dirección a Cerro Pelado. Esta persecución continuó hasta Peladero, cerca de Naguas, a pocos kilómetros de Estrada Palma, en pleno llano. Ya no era posible hacer más.

En el informe anteriormente citado que le envié a Celia, en la noche del 28 de julio, le dije:

Ha sido titánico el esfuerzo por atrapar y destruir el batallón completo de Mosquera que luchó desesperadamente por salvarse dejando muertos por todo el camino. Hoy contaron con el apoyo de un batallón de refuerzo por el lado de afuera y atravesaron nuestro cerco por Providencia en plena fuga por todas direcciones. A Mosquera lo pudieron sacar un rato antes en helicóptero. La 50 no había llegado, ni el mortero 81 tampoco. Se ha seguido luchando durante el día.

[...] Se han ocupado armas, balas, obuses de mortero, etc. La gente de Mosquera quemó muchos fusiles de sus muertos, así como casi todo su parque de mortero y el mortero, para que no cayera en nuestras manos. Lucharon como unos endemoniados. Aún no puedo dar los resultados completos. Seguí todos sus movimientos con el minipak y el P.R.C-10.

Y en un mensaje al Che el día 29 le pude ofrecer más detalles:

En la batalla de Santo Domingo perdimos en total 7 hombres, entre ellos Paz. En conjunto toda la operación dió un saldo de más de cincuenta armas. Todas las balas gastadas en la persecución de Mosquera se recuperaron. Se le hicieron durante la

persecución unos 30 muertos, pero es una verdadera lástima que por una serie de errores de la gente derivados del exceso de confianza no aniquiláramos al batallón completo.

El 29 de julio, al día siguiente de concluida la ba-talla, Radio Rebelde trasmitió un extenso parte, redactado por mí, sobre la situación militar, del cual citaré algunos fragmentos:

Terminada la batalla del Jigüe, comenzó inmediatamente otra batalla de gran magnitud contra dos batallones de la tiranía, que operaban desde Providencia hasta Santo Domingo, a las órdenes del teniente coronel S. Mosquera.

Durante cuatro días se prolongó la lucha que comenzó el día 25 a las 12 meridiano contra las tropas enemigas que venían a reforzar el batallón 12 [11] acampado en Santo Domingo y concluyó ayer a las 2 de la tarde en el sitio conocido por Peladero, cerca de Nagua a varios kilómetros del central Estrada Palma. La persecución contra el batallón 12 [11] duró 42 horas consecutivas. Sánchez Mosquera, herido de gravedad en la cabeza, fué evacuado en un helicóptero ayer 28, a las 7 y 30 de la mañana. El batallón 12 [11] fue dejando por todo el camino un reguero de muertos y llevaban tras sí una larga caravana de heridos. En el camino quemó su propio parque, de mortero y de bazooca [...], para evitar que cayeran en nuestras manos

Reunidos más allá de Providencia los restos del batallón 12 [11] con el otro Batallón que vino en su auxilio ambos emprendieron la fuga hacia Estrada Palma, bajo el fuego de nuestras tropas que lucharon con extraordinaria agresividad.

Sin que todas las unidades rebeldes, distribuidas en el ancho frente, hayan reportado todavía los resultados totales de esta batalla, hasta ayer, el enemigo había sufrido 46 muertos, 24 prisioneros y le habían sido ocupados 29 fusiles garands, 16 ametralladoras cristóbal, 8 fusiles Springfield, miles de balas, 1 bazooca con 20 proyectiles, dos cajas de obuses de mortero calibre 60, 15 obuses de mortero calibre 81, más de cien mochilas y otros equipos. La zona de Santo Domingo, el Salto y Providencia han quedado totalmente liberadas de tropas enemigas. Nuestras fuerzas sufrieron en esta sangrienta batalla 7 muertos y 4 heridos. [...] El Ejército rebelde ha aumentado extraordinariamente sus efectivos de combate y prosigue la lucha contra los restos de las fuerzas enemigas, que iniciaron la más grande ofensiva militar que pudo imaginarse en nuestra República, con 14 batallones de infantería y siete compañías adicionales, apoyada por una flota aérea y unidades blindadas. Armadas ahora con las bazoocas ocupadas al enemigo, nuestras columnas pueden batirse contra los tanques de la tiranía.

La ofensiva se ha convertido en fuga desesperada.

Como dice el parte leído por Radio Rebelde, en todas estas acciones, sin contar el combate contra el refuerzo en Casa de Piedra, el enemigo sufrió nada menos que 100 bajas, de ellas 46 muertos y 24 prisioneros. Se capturaron más de 50 armas y miles de balas. A pesar de que no se logró el objetivo de destruir completamente el Batallón 11, lo cierto es que esta unidad quedó diezmada y desarticulada, y dejó de existir como entidad combatiente. Pero lo más importante es que el enemigo se vio obligado a abandonar la montaña, y el sector nordeste de nuestro territorio base quedó liberado de forma definitiva. Por eso, consideramos que el resultado de esta segunda Batalla de Santo Domingo —que más propiamente debería llamarse Batalla del río Yara, porque se de-sarrolló a todo lo largo del río, desde Santo Domingo hasta Providencia—, constituyó otra resonante victoria rebelde.

Sin embargo, no voy a negar que entonces me quedó un gusto amargo por no haber logrado la destrucción completa del Batallón 11. Errores cometidos por varios de nuestros capitanes contribuyeron a que no se lograra un resultado aún más contundente, que estábamos en condiciones de haber alcanzado.

El caso más claro fueron los fallos de Pinares y Suñol, que se dejaron confundir por el rumor de que había una fuerza enemiga en su retaguardia y no coparon el grueso del Batallón de Abón Li, que chocó con Paz en Casa de Piedra, lo cual motivó una de las críticas más severas que formulé durante toda la guerra, aún antes de que las dos compañías que dejaron escapar atacaran a Paz desde las alturas, detrás del firme de Providencia, cuando preparaba la línea de combate para impedir la fuga del Batallón 11.

Escuché que de un avión DC-7 daban la orden de disparar desde las alturas que yo había indicado ocupar con suficiente antelación, para que la posición de Paz no fuera vulnerable. Experimenté una gran amargura, oía las órdenes que daba el enemigo, pero no podía comunicarme por radio con los jefes de nuestros combatientes.

Otro caso fue el arranque irreflexivo de Duque, pues su escuadra hubiese podido retrasar la huida de los guardias o, incluso, contenerla.

Pero no viene al caso detenerse hoy en esos errores, que en su momento nos sirvieron a todos de experiencia. Lo que importa es que, a estas alturas, había sido totalmente liquidada la grave amenaza planteada en dos de los tres sectores de la ofensiva enemiga, los dos más críticos por el peligro inmediato que representaban para el núcleo central de nuestro territorio en torno a La Plata. Quedaba ahora liquidar el tercero, para lo cual estábamos en óptimas condiciones.

 

muestra fotográfica en la ex ESMA

De: Jose Luis Schanzenbach [mailto:photozemba@gmail.com]

Hola Eladio, Te mando info de la muestra que estamos organizando.  por favor reenviala.  Espero verte ese dia!!  fuerte abrazo!

 

INVITAMOS

 

 Inauguración de la Muestra

 

            "UN GRITO DE AYUDA, Por las víctimas de la explotación sexual"

 

                                          21 DE OCTUBRE    de  17 a 20.30 hs

 

Lugar:   Edificio de "Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas”en el  predio ex Esma ubicado en    Av. Del Libertador 8151 C.A.B.A.,

 

                                  Desde   el 21 de octubre al 5 de noviembre

 

Convocan: Colectivo Artístico......

                    Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas.

 

Auspicia : Defensoría del Pueblo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. 

***

 

 La muestra “UN GRITO DE AYUDA, Por las víctimas de la explotación sexual"  surge a partir de la convocatoria de Jose Luis Schanzenbach – fotógrafo, quien junto a otras personas e instituciones trabaja desde hace ya un largo tiempo, sobre la temática, en forma  totalmente solidaria, sin fines de lucro, haciendo referencia a las mujeres desaparecidas, víctimas de la trata de personas, sumándose  así los artistas que conforman esta muestra .


 Como Colectivo Artístico,  nos proponemos la divulgación del tema a través de nuestras herramientas, dirigido a la sociedad  para lograr  que se  divulgue, reflexione, ayude, trasmita y prevenga  como manera de ayudar a las victimas.

 

Nos da una gran fortaleza contar con el apoyo  de “Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas” quienes nos abren las puertas, inaugurando así su espacio en la ex ESMA. En  este lugar tan simbólico e importante para Familiares, comenzaremos  este proyecto, y su concreción  es  el compromiso que   nos conduce a poder llevar esta muestra a todas las provincias de nuestro país.

 

Contamos también con importantes apoyos  como el de la ONG  “Nuestras Manos” cuya Presidenta, Lic. Lourdes Molina , presentará el libro "Explotación Sexual, Evaluación y Tratamiento".

 

Con  la colaboración de Pablo Milstein y Norberto Ludín  quienes presentarán “Fragmentos de una búsqueda" documental acerca del caso Marita Verón , que fuera recientemente estrenado.

 

Asimismo como artista plástica invitada la Sra. Silvia Kutika con sus obras,  y también  la  participación de alumnos de la Escuela Secundaria, con orientación artística EEM Nº 7 Ernesto "Che" Guevara de Berazategui- Bs. As, quienes como resultado de una jornada  dirigida  a jóvenes acerca de la trata de personas, expondrán las imágenes de su creación. 

 

Inauguración, cronograma de actividades

 

17 hs: Apertura de la exposición y palabras de bienvenida, con presencia de los artistas y de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas.

 

18 hs: Mesa con panelistas: Palabras de los artistas , Lic. Lourdes Molina, Presidenta de “Nuestras Manos” y   Sra. Graciela Lois, representante de “Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas”.

 

19 hs: Proyección del documental "Fragmentos de una búsqueda" sobre el caso  Marita Verón., con la presencia de los directores Pablo Milstein y Norberto Ludin.

 

 

Idea: Jose Luis Schanzenbach

Coordinación General: Sofia Fusario

 

Artistas:

Amorina Amato – Pintura – Instalación / Karina Cueto – Fotografía – Instalación / Silvina Massimino – Pintura / Diego Armeri – Collage – Instalación / Jose Luis Schanzenbach – Fotografía / Sofía Fusario: Escultura – Instalación.

 

 

Artistas invitados:

Pablo Milstein y Norberto Ludin – Documental

Silvia Kutika – Pintura – Dibujo – Escultura.

Lourdes Molina – Libro “Explotación sexual, Evaluación y Tratamiento”

Participación de alumnos de la Escuela Secundaria EEM Nº 7 Ernesto "Che" Guevara de Villa España- Bs. As.

 

 

Horarios de visita: lunes a sábados de 12 a 17hs

Entrada libre y gratuita
  
Para mayor información pueden visitar el blog de la muestra: www.ungritodeayuda-arte.blogspot.com

 
Jose Luis Schanzenbach
Fotografo Profesional
www.photozemba.com
Candelaria 272 C.A.B.A. (1407)
Cel:(54-11) 4447-0248

Por la paz y la desmilitarización del Atlántico Sur

Agradecemos su difusión

Diálogo 2000 adhiere y hace suya esta Declaración por la Paz y la desmilitarización del Atlántico Sur:

Por la paz y la desmilitarización del Atlántico Sur                                                    

Poner fin a la prepotencia imperial

Rechazamos indignados el anuncio del Reino Unido de Gran Bretaña e  Irlanda del Norte de realizar maniobras militares en  las Islas Malvinas, un archipiélago ocupado por Gran Bretaña desde 1833, cuya soberanía reivindica la República Argentina en base a irrefutables razones históricas, jurídicas y geográficas.

 

Este nuevo acto de prepotencia imperial, que pone en serio peligro la paz en nuestro continente, guarda relación directa con la ocupación colonial del archipiélago de Malvinas y la instalación, en Mount Pleasant, en la Isla Soledad, de una fortaleza militar, hoy administrada por la OTAN; una gran base militar extranjera establecida en nuestro mar continental, provista de una extensa pista de aterrizaje y un puerto naval donde atracan buques y submarinos de propulsión atómica.  Estamos ante una grave provocación que puede estimular la carrera armamentista en la región y alentar la militarización del Atlántico Sur en abierta contradicción con resoluciones de la ONU que pretenden preservarlo como un océano de paz y cooperación.

 

Nos pronunciamos por la solución pacífica de la controversia entre ambos países, en torno a una mesa de negociaciones, de conformidad con sucesivas recomendaciones de la ONU, a lo cual Gran Bretaña se niega sistemáticamente. Mientras tanto la Corona británica continúa saqueando nuestros recursos naturales, haciendo negocios ilegales con grandes empresas transnacionales en base a la exploración de petróleo y la concesión de licencias de pesca en la plataforma continental argentina.

 

Por todo ello:

 

Solicitamos a la ONU, a su Secretario General, a la Asamblea General y al Consejo de Seguridad, a la OEA y a todas las organizaciones de la comunidad internacional hacer todo lo necesario para exigir a Gran Bretaña el cumplimiento de la legalidad internacional.

 

Necesitamos el apoyo de los países latinoamericanos y caribeños, en particular de los Estados de la Unasur y del Alba.  Sugerimos a la Unasur enviar una Misión de Observación a las Islas Malvinas para investigar el carácter de las instalaciones de la Base militar y la función que desempeñan, así como la existencia o no de silos para almacenar armas nucleares, según las denuncias que se vienen formulando desde la guerra de Malvinas en 1982.

 

Necesitamos la solidaridad de los pueblos de la región y de todo el mundo, de las redes sociales y las fuerzas políticas que trabajan en defensa de la paz y de la soberanía nacional, por preservar nuestros bienes naturales, así como la autodeterminación y la vida de nuestros pueblos.

 

En el año del bicentenario de la gesta independentista queremos poner fin a la rémora del colonialismo en nuestro territorio y en nuestra América.

 

Buenos Aires, 12 de octubre de 2010

 

Movimiento por la Paz, la Soberanía y la Solidaridad entre los Pueblos (Mopassol)

 

Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas CECIM - La Plata

 

Asamblea Permanente por los Derechos Humanos

 

Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz

 

Nora Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo LF

 

Atilio Borón, sociólogo y analista político

 

Beinusz Szmukler, presidente Consejo Consultivo de la A.A. de Juristas

 

Stella Calloni, presidenta del Centro de Estudios sobre Terrorismo de Estado (Cetedo)

 

Aldo M. Etchegoyen, obispo emérito de la I.E.Metodista Argentina

Beverly Keene, Diálogo 2000 y Coordinadora Internacional, Jubileo Sur

Juan Abelardo Schvindt, pastor I.E. del Río de la Plata

Miguel Monserrat, diputado nacional (MC), co-presidente de la APDH

Horacio Ravenna, vicepresidente de la APDH 

Telma Luzzani, periodista

Inés Izaguirre, profesora UBA, Instituto "Gino Germani", Facultad de Ciencias Sociales

 

Cnel.(RE) Horacio Ballester, Cnel.(RE) José L.García y Elsa Bruzzone, Centro de Militares para la Democracia  (Cemida)

 

Graciela Rosenblum, Liga Argentina por los Derechos del Hombre (LADH

 

Movimiento Ecuménico por los DerechosHumanos

 

Patricio Echegaray, secretario general del Partido Comunista

 

Alejandro Javier Rusconi, secretario de Relaciones Internacionales del Movimiento Evita

Luis Ammann, Partido Humanista

Mariano Ciafardini, Com. Internacional Partido Solidario

Graciela Iturraspe, diputada nacional, I.E. por la Unidad Popular

Jorge Drkos, secr. Relac. Internaciones Frente Grande

Gustavo Cardesa, Partido Intransigente

Lucrecia Monteagudo, diputada nacional (MC)

Fernando Cardozo, Coord. Relac. Internacionales CTA 

Fanny Edelman, Delia Pardo, Beatriz Muñoz, Roberto Fornari, miembros de la Multisectorial de Solidaridad con Cuba

Alicia Herbón, Com. de Educación, APDH

Alejandro Forni, Federación Juvenil Comunista,

Juventud Socialista de la Provincia de Bs As

La Juventud de Militancia Social  

Encuentro Nacional Popular Latinoamericano (ENPL)

Edgardo Esteban, periodista, corresponsal de Telesur,

Daniel Silber y Marcelo Horestein, ICUF ( Federacion de Instituciones Culturales Judías de la Argentina) 

 

Alfredo Caporaletti, coordinador del Instituto Argentino de Estudios Geopolíticos (IADEG)

 

Alfredo Jacobsen   Presidente CEHLAC (Centro de Estudios Históricos para América Latina y el Caribe)

 

Betty Raiter, actriz

 

Amabe Amalia Molinari, Espacio Feminista Autoconvocadas

 

Nilda Tenembaun, abogada

 

Vania Martinic

 

Adriano De Fina

 

Irene Perpiñal  Escuela Chaubloqueo

 

Eladio González  Museo Ernesto Che Guevara Capital

 

 

 

Diálogo 2000

Piedras 730

1070 Buenos Aires, Argentina

+5411-43071867 

 

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