De: El Cohete A La Luna <elcohetea@gmail.com>
Date: dom, 21 nov 2021 a las 0:30
Subject: {posible spam} Carta del Director - 🚀🌕 #ECALL
To: <museocheguevara@fibertel.com.ar>
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museo interactivo. Fotos, posters, numismática, filatelia, escultura. Recupera al Che Guevara para inconsciente colectivo argentino. Promueve donación células Madre, sangre y órganos. Solidarios con dolor ajeno, prevención delito, violencia familiar, calle Rojas 129 y Yerbal, Caballito, CABA Bs As 1405 AAC Argentina - lunes a viernes 10 a 19 hs eladiogonzaleztoto@fibertel.com.ar tel 5 3720744 Gracias a "Bagatela" compraventa que nos subvenciona conexión internet y lugar de exposición.
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CRÓNICAS DE MIS MEMORIAS.
EL GRAN ACUARELISTA DE LA POESÍA ANTILLANA.
Por Froilán González García.
A finales de 1983 atendimos en Bolivia a una delegación cultural presidida por Luis Morejón, vicepresidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), e integrada entre otros por el gran declamador Luis Carbonell y la popular cantante y vedette Farah María.
De La Habana recibimos un mensaje donde expresaba que el Comandante Juan Almeida planteó la orientación de Fidel de atender a Luis Carbonell especialmente, tomando en cuenta la salud, la altura de la ciudad, a más de cuatro mil metros sobre el nivel del mar, la edad, tenía más de 60 años, había nacido en Santiago de Cuba el 26 de julio de 1923 y otras consideraciones. Atendiendo esa orientación lo alojamos en nuestra casa y forjamos una amistad que perduró hasta el final de su vida.
Cada día preguntaba por las noticias de Cuba, incluyendo hasta el clima. Se interesaba por la situación de Bolivia y los acontecimientos internacionales. Estaba bien informado, era muy metódico y disciplinado, no descansaba. En los tiempos libres se dedicaba a leer, estudiar, memorizar los poemas de su amplio repertorio, entre ellos los del venezolano Aquiles Nazoa, el puertorriqueño Luis Palés Matos, el mexicano Juan José Arreola, el español Federico García Lorca y los cubanos Nicolás Guillén, José Zacarías Tallet, Emilio Ballagas y Ernesto Matute. También escuchaba las emisoras radiales especialmente las musicales, poseía una gran cultura y era un placer conversar y escuchar sus anécdotas.
Farah María todos los días lo llamaba por teléfono o venía a visitarlo, muchas veces almorzaba con nosotros, en una ocasión aprovechando su presencia decidimos resolver algunos asuntos pendientes en la Embajada y nos demoramos más de lo acostumbrado. De pronto la recepcionista me localizó de forma urgente, al ir a verla, estaba rodeada de algunos compañeros y muy nerviosa me informó que recibió una llamada de Farah María solicitando urgente nuestra presencia porque Carbonell se estaba muriendo. Los reunidos planteaban la necesidad de ingresarlo urgentemente, llamar a una ambulancia, especulaban sobre un infarto o estaba afectado por el soroche (mal de altura).
Cuando llamamos a Farah aclaró que la recepcionista no terminó de escucharla o interpretó mal, porque ella dijo que se estaba muriendo de frío, a Carbonell le habíamos sugerido que por las bajas temperaturas, antes de bañarse debíamos encender el calentador, ubicado en la planta baja de la casa y la estufa de la habitación hasta que ambas alcanzara la temperatura conveniente y para ello era necesario esperar un tiempo prudencial. El Maestro entró a bañarse y en lugar de abrir la llave del agua caliente, abrió la fría y no atinaba a cerrarla y comenzó a pedir auxilio, hasta que Farah María le alcanzó frazadas para arroparlo y como comenzó a temblar se alarmó y por eso llamó.
Al llegar a la casa estaba recuperado y sonriente decía no comprender porque en ese lugar tan alto y un clima horrible pudo construirse la hermosa ciudad. Temerosos que lo afectara alguna gripe o neumonía llamamos a los doctores Jaime Vela y Adolfo Bustillos graduados de médicos en Cuba. Carbonell no estaba de acuerdo en molestarlos y le respondimos, es por su salud y por las indicaciones de Fidel y le contamos sobre el mensaje del Comandante Juan Almeida. Se emocionó profundamente y murmuró palabras de elogios y agradecimiento. Los médicos acudieron rápidamente. El incidente no fue olvidado, cada vez que nos encontrábamos con Farah María con mucha gracia, simpatía y gestos se refería a ese hecho.
Una de las presentaciones fue en el restaurante "Los Escudos", ubicado en El Prado y considerado de máxima categoría y distinción. Farah María se hizo dueña del escenario, cautivó a los asistentes, los aplausos fueron atronadores, después de ella era difícil para cualquier artista superarla.
El presentador refirió que Carbonell había actuado en Estados Unidos, Venezuela, México, Panamá, Nicaragua, República Dominicana, Colombia, España y Puerto Rico. Alguien del público gritó y que el argentino Biondi lo llamó un acuarelista de la poesía, porque le daba color o las pintaba. El poema de Jorge de Lima "La negra fuló" tuvo que repetirlo y como en todas las ocasiones terminó con el de Ernesto Víctor Matute, "Elogio de un poeta a su Isla Antillana". El público se puso de pie dando vivas a Cuba, a Fidel y la Revolución.
Traigo mi Isla debajo del brazo / Y todos me preguntan: / ¿Es un cocodrilo verde? / Yo digo que sí. / Y, me sonrío. / Eternamente verde, / Crucero entre las dos Américas, / mi Isla es una gota de esmeraldas / ceñida por los mares / y en ella baja a prolongarse el cielo.……………………………………
Mi Isla tiene un verde limpio / La Luna baja a sus riachuelos / a lavarse la cara / y a perfumarse el pelo. / En los frescos valles de mi Isla / Hay fuego de perfumes / Y éxtasis de románticas palmeras
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¿Cuánto vale tu Isla? Pues mira / para los que nacimos en ella / casi no vale nada, / pleiteamos sin razón y sin sentido / y cualquiera se adueña de la tierra. / Para mí vale más que las glorias de España / y que el oro del Norte / Ni la abandono, ni la insulto, ni la vendo. / Traigo mi Isla debajo del brazo / y a nadie se la entrego. / ¡Quién ha visto que un hombre con orgullo / quiera vender su cocodrilo verde!.
A Carbonell y Farah los llevamos a visitar algunos lugares de interés entre ellos al Valle de la Luna, donde las montañas sin vegetación presentan diferentes colores y con las sombras del sol los cambiaban, creando ilusiones ópticas semejante a obras de arte. El lugar era conocido como el Valle de las Animas, pero en 1969 el Cosmonauta norteamericano Armstrong al visitarlo comentó la similitud con los paisajes lunares y desde entonces se conoce como el Valle de La Luna.
De regreso almorzamos en el restaurante "Los Lobos" en el barrio Aranjuez, en las afueras de la ciudad, con jardines, completamente arbolado, fuentes de agua y presencia de hermosas aves, donde se encontraban la mayoría de las mesas, muy concurrido los sábados y domingo por familias completas que disfrutaban la excelente comida y actividades culturales. Era llamativo porque en la ciudad de La Paz apenas crecen los árboles y las plantas ornamentales, entre ellas las rosas, por las noches debían ser protegidas por los intensos fríos y nevadas.
Un domingo un grupo de cubanos y bolivianos graduados de estudios superiores en nuestro país organizaron una comida para rendirle homenaje. Le dieron una gran acogida y expresaron frases de añoranzas, fidelidad a la Revolución y al Comandante en Jefe. El gran acuarelista comentó que no podría vivir fuera de Cuba porque moriría de nostalgias y tristezas, se sentía obligado cada año ir a Santiago de Cuba, recorrer sus calles y respirar profundamente porque en esa ciudad estaban sus raíces, que nadie podría arrancar.
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Narró sus actuaciones en Nueva York, Madrid y en el Cabaret Tropicana y sus encuentros con Joséphine Baker, Jorge Negrete, Los Panchos y Pedro Vargas y afirmó que vivió y actuó en numerosos países, pero ninguno era como Cuba, que de su actuación en Venezuela, Alejo Carpentier escribió una crónica. Se refirió a sus producciones artísticas cuando fue inaugurada la televisión cubana donde compartió y cultivó amistad con Rosita Fornés, Esther Borja y Ernesto Lecuona, quien lo catalogó como un genio de la poesía negra
Relató el regresó a Cuba después del triunfo de la Revolución y se consagró a defender y divulgar la cultura cubana, en sus giras se encontraba con cubanos que habían abandonado definitivamente el país y le aseguraban nunca más fueron felices y sus hijos eran cubanos independientemente del país donde nacieron o la nacionalidad de sus conyugues.
Dijo que a veces pensaba que los Orisha habían traído de África una brujería que lanzaron al aire y al respirarlo no se podían vivir sin ella, el aire, el mar, la naturaleza, la cultura, especialmente la música, las danzas y la poesía eran el componente de esa cubanía. Manifestó que la historia de las luchas de nuestro pueblo, especialmente José Martí, Antonio Maceo y Fidel Castro eran factores principales de la unidad del pueblo cubano.
Un día lo llevamos a recorrer los mercados de artesanías, valoraba el arte, el colorido y la belleza de cada pieza, preguntaba la forma de su elaboración. Se interesó por una muñeca típica, para su hermana Silvia, que desde niña las coleccionaba, una billetera tejida con lana de llama para su hermano Noel y otras pequeñas piezas para las demás hermanas. Le compramos una especie de guayabera de las que usan en la zona tropical de Bolivia.
Con gran delicadeza sugirió algún recuerdo para Farah María, y juntos escogimos una cartera típica del altiplano. La noche de despedida le ayudamos a preparar su equipaje y dijo que quería grabarnos un mensaje de agradecimiento, y recitarnos el poema de Matute "Elogio de un poeta a su isla antillana", que sabía nos gustaba mucho. Lo despedimos con gran cariño.
Cada cierto tiempo lo saludábamos y asistíamos a algunos de sus recitales y presentaciones. Ansiosos esperamos la biografía que el compañero Oscar Oramas, prepara sobre esta gran personalidad de la cultura cubana. Seguramente será exitosa porque conocemos su profesionalidad y rigor histórico unido a su experiencia como embajador, vice-ministro de Relaciones Exteriores donde ocupó importantes responsabilidades, miembro de la UNEAC y autor de varios libros entre ellos: "El alma del cubano: su música", "Los Ángeles también cantan", sobre la vida de Omara Portuondo.
La trayectoria de Carbonell o Luis Mariano Carbonell Pullés como era su nombre, fue muy fructífera, realizó un memorable recital en Casa de las Américas donde interpretó al piano piezas de compositores clásicos y cubanos y declamó cuentos y estampas populares afroantillanas. Recibió múltiples reconocimientos nacionales e internacionales entre ellos el otorgado por Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba que lo condecoró con su máxima distinción: "La Réplica del Machete de Máximo Gómez". Fue acreedor de los premios nacionales del Humor y de la Música, la Orden Distinción por la Cultura Nacional, la Raúl Gómez García y Artista Emérito de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y fue reconocido como hijo Ilustre de Santiago de Cuba.
CRÓNICAS DE MIS MEMORIAS.
INVASIÓN A PANAMÁ SIN OLVIDO.
Por Froilán González García.
En varias ocasiones visité Panamá, algunas con fines de investigación histórica o en tránsito hacía Bolivia donde me desempeñaba como Cónsul General, lo que sucedía en ese país, siempre era de interés y cuando se produjo la invasión de Estados Unidos la seguí de forma especial, tenía amigos o conocidos, algunos opositores y críticos al general Omar Torrijos o a Manuel Noriega, revolucionarios resentidos, periodistas, intelectuales y artistas que inicialmente solicitaban esa intervención.
Pocos meses después volví y conversé con el embajador cubano Lázaro Mora y el funcionario Alfredo Pila. También establecí amistad con el periodista y diplomático cubano Víctor Fernández, detenido cuando salía de la residencia de nuestro Embajador y conducido a un cuartel, escoltado por tres camiones con tropas militares fuertemente armadas, donde pretendieron interrogarlo, sin respetar su condición diplomática, la convención de Viena, ni los derechos humanos, actuaban como los dueños de Panamá y máximas autoridades del país.
Sus agencias informativas manipuladoras, convirtieron al pacifico intelectual en panameño con altas responsabilidades en las Fuerzas de Defensa de ese país, conspirando con el Embajador cubano. Víctor escribió el libro "EXCUSE, ME, SIR", donde narró esas experiencias.
En Panamá recorrí los barrios destruidos o instituciones dañadas severamente, como escuelas, hospitales, bibliotecas, centros culturales, edificios públicos, viviendas, instalaciones suministradoras de agua potable, plantas eléctricas y profundos huecos en parques, calles y avenidas, recordé los horrores de la guerra observados en Viet Nam.
Ninguna persona honrada, decente, culta, sensible y defensora de la Paz debe olvidar esos salvajes crímenes y en cada aniversario debemos condenar a los Estados Unidos. Solo los que odian, carecen de sentimientos de amor y no les importan los sufrimientos ajenos pueden aprobar o solicitar o apoyar una invasión de ese tipo.
Esa agresión se produjo el 20 de diciembre de 1989, sin previa declaración de guerra, cuando solo faltaban 10 días para el traspaso del Canal, programado para el 1 de enero de 1990.
Los sorpresivos bombardeos comenzado a la una de la madrugada, cuando casi todos dormían e incluyeron simultáneamente 27 objetivos, entre ellos, el aeropuerto de Punta Paitilla, los cuarteles Tinajitas, Panamá Viejo, Los Pumas, Central, la base militar de Río Hato y la Naval de Coco Solo y otras importantes instalaciones militares y civiles con sus zonas aledañas donde se ubican barrios pobres y densamente poblados.
Los invasores no respetaban calles, avenidas, barrios y pueblos cercanos a donde llegaban los helicópteros y los tanques blindados. Los soldados norteamericanos heridos los recogían en modernas ambulancias, y en aviones-hospitales los trasladaban a los hospitales de Estados Unidos, sin embargo, no permitían que recogieran a los soldados panameños o civiles heridos y muchos morían desangrados.
Los que su familiar podía llevar a los hospitales se encontraban con decenas de cadáveres en los pasillos, entre ellos mujeres, niños y ancianos, los plasmas y medicamentos estaban agotados y a pesar del esfuerzo de los médicos panameños, todos no podían ser atendidos.
La propaganda justificó la invasión con los argumentos de proteger la vida de ciudadanos estadounidenses, defender la democracia y los derechos humanos y el tratado Torrijos-Carter sobre el Canal de Panamá, ocultando las bases militares, el centro de su comando de espionaje y contrainsurgencia y la Escuela de las Américas donde se formaban militares golpistas subordinados a la política de Estados Unidos.
Mentían al afirmar que era con fines de combatir el tráfico de drogas, cuando ya se había filtrado a la prensa que Estados Unidos financiaba a la contrarrevolución nicaragüense con el dinero obtenido del narcotráfico y que el General Manuel Noriega poseía documentos probatorios de las acciones de la CIA y la DEA con esos fines, así como la participación en el derribo del avión donde viajaba el General Omar Torrijos que le provocó la muerte.
La invasión fue denominada "Operación Causa Justa" y comenzó con el lanzamiento de 422 bombas, equivalente a una cada dos minutos. El equipo sismológico de la Universidad de Panamá reportó que los mortales artefactos provocaron un temblor de tierra de cinco grados de intensidad en la escala Richter.
El Gobierno estadounidense utilizó aviones de asalto A-37, bombarderos Stealth F-117, misiles Hell Five, helicópteros y lanzamisiles Blackhawk, Apache AH-64 y Cobra, cañones de fuego rápido de 30 mm, vehículos Hummer con ametralladoras de alto calibre y fusiles M-16 con mirilla infrarroja, lo que provocó miles de civiles muertos o gravemente heridos, edificios destruidos, cientos de los que resistían fueron asesinados en las calles por francotiradores.
Calcularon que duraría unas horas después de lanzar a los paracaidistas y los militares panameños se rindieran, esperaban que los pobladores los recibirían con flores y banderas y al amanecer no habría combates y reinaría la paz.
Desde la madrugada sus emisoras reportaban que toda resistencia había cesado y a las 7 de la mañana el Presidente de Estados Unidos podría leer un mensaje a la nación anunciando que el pueblo panameño había alcanzado la libertad, la democracia y los derechos humanos, pero todo se complicó cuando la radio nacional de ese país, en cadena con otras emisoras transmitía lo que estaba ocurriendo, condenando la invasión y arengando al pueblo a la lucha y la resistencia frente a más de 26 mil soldados de infantería norteamericanos fuertemente armados con modernos y sofisticados equipos, enfrentados a una población indefensa y un ejército formado por los norteamericanos.
Las emisoras panameñas lograron mantenerse en el aire más de 15 horas hasta que mediante ataques directos de helicópteros artillados lograron silenciarla, a la vez que interferían la televisión y transmitían mensajes con métodos de guerra psicológica, para que el pueblo creyera que todo había cesado.
Al cabo de 48 horas, las fuerzas invasoras no habían podido tomar la capital y tenían rodeada embajadas y organismos internacionales para evitar que funcionarios y seguidores del gobierno recibieran asilo o refugio, entre ellas las sedes diplomáticas de Cuba, Nicaragua, Perú y Venezuela. En la del Vaticano donde se refugió Noriega, colocaron tanques de guerra y altoparlantes con música enloquecedora para obligarlo a salir y por las noches realizaban sobrevuelos de helicópteros.
Registraron las sedes de la agencia de noticias EFE, las oficinas de la compañía de aviación Iberia, el Banco Exterior de España y asesinaron al periodista español Juantxu Rodríguez, solo porque tomó fotos de los cadáveres en la morgue de la ciudad y soldados norteamericanos irrumpieron en la habitación del hotel donde se alojaba para requisar las fotos y lo mataron.
Atacaron las cárceles y connotados delincuentes, criminales, unidos a prófugos, se pusieron al servicio de los invasores y formaron pandillas o bandas, con armas de guerra, incrementaron la violencia, ejecutando a sus enemigos, ajustes de cuentas y venganzas a la vez que realizaban saqueos de comercios y actos de vandalismo.
La invasión ocasionó un número indeterminado de muertos, cálculos conservadores lo sitúan entre tres y cinco mil, barrios populares prácticamente desaparecidos, y aproximadamente veinte mil personas sin hogar. La prensa reportó viviendas bajo las llamas y las personas desesperadas tratando de salvar sus pertenecías, niños huérfanos o inválidos y traumatizados por la bárbara agresión.
Los muertos fueron incinerados o sepultados en fosas comunes, sin registros ni controles. Se denunció que pagaban 6 dólares por cadáver entregado, otros en bolsas plásticas fueron lanzados al mar, camiones refrigerados entraron a las bases militares para recoger y desaparecer los cadáveres.
Muchos panameños pro norteamericanos, incluyendo empresarios condenaron las masacres y estimaron las afectaciones en más de 1500 millones de dólares y la pérdida directa de fuentes de trabajo a más del 30 por ciento.
Algunos historiadores compararon la invasión con los horrores de la conquista española, la Guerra de los Mil Días a fines del siglo XIX e inicios del XX y la matanza de estudiantes acantonados en la zona del Canal de Panamá el 9 de enero de 1964.
A más de 30 años de esos sucesos los panameños desconocen la verdad y el número de muertos, heridos, mutilados o desaparecidos y se han tenido que enfrentar a la negativa de indemnizarlos.