domingo, 25 de septiembre de 2016

Sindicato Trabajadores Educación Ciencia y Deporte cubanos Cabaiguan Sancti Spiritus Cuba Chaubloqueo Museo Che Guevara Buenos Aires

    Eladio  González  Rdgz  (Toto)

                               Rojas 129    locavienda. 1405 Ciud Autónoma

                               d país dependiente República Argentina q traicionó 2 veces a Cuba

                               con la firma del Psdte De la Rua

Año de la Revolución triunfante en el Nuevo Milenio  Cro: Luis Angel Pérez Piedra

calle Alfredo López Brito · 37  % Isidro González y Noel Sancho - Cabaiguán - SANCTI SPIRITUS Rep. de CUBA ¡Campeona en Derechos Humanos!

 

LUIS ANGEL  PEREZ  PIEDRA         carta  4832

 

Secretario organizador municipal del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, la Ciencia y el Deporte.  COMPOSITOR cantautor temática Paz Mundial, Niños pobres del mundo, tragedia del continente africano.

 

Calle Alfredo López Brito # 37  %  Isidro González y Noel Sancho – Cabaiguán – SANCTI SPIRITUS    CUBA.

 

4832   recibí 27.11.2001  “Cabaiguán, 12 noviembre 2001.  “Año de la Revolución Victoriosa en el Nuevo Milenio”.  Sr. Eladio: Ante todo un saludo revolucionario de un cubano que lo admira.  Hace unos días - a través de una amiga que le escribe – supe de su dirección y es por esa razón que hoy le estoy haciendo esta carta. A modo de presentación debo decirle que soy licenciado en Educación Musical.  Mi ocupación es la de Secretario Organizador Municipal del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, la Ciencia y el Deporte.  Además soy compositor escribo y canto mis propias canciones.  La temática de las mismas son la paz mundial; la tragedia del continente africano; el medio ambiente internacional; los niños pobres del mundo, etc.   Volviendo al tema que me ocupa debo hacerle saber que también hago estas líneas animado por su hermosa trayectoria revolucionaria para con nuestro país.  Recibí información de que ud fue la persona que tuvo el noble y altruista gesto de donar su sangre para el mártir de nuestra patria Rolando Pérez Quintosa.  Que además es jefe del movimiento de solidaridad con Cuba llamado Chao Bloqueo; que ha realizado donaciones importante de medicamentos y que creó en la Argentina el museo de nuestro inolvidable guerrillero heróico Ernesto Ché Guevara.  Creame honestamente que me quito el sombrero ante ud, porque personas así, con ése gran corazón, desgraciadamente cada día existen menos debido a este mundo cada vez más pragmático, capitalista, globalizado e individualista donde tiende a primar la ley del más fuerte; la ley de la selva moderna.  Los grandes consorcios y monopolios absorben a las pequeñas y medianas empresas ante el avasallador empuje de los grandes capitales financieros.  Cada vez hay más desempleo, pobreza y desamparo social en el mundo. Un ejemplo lo podemos apreciar en su propio país:  la difícil situación económica en que se encuentra el gobierno argentino en la actualidad.  Por otra parte, está la espantosa guerra de Afganistán donde principalmente mueren personas civiles e inocentes y donde se avisora una nueva reestructuración política del mundo a favor de los intereses norteamericanos y las potencias aliadas de la OTAN.  Estimado Eladio con estas letras he querido simplemente reconocer su entrega desinteresada a nuestra causa revolucionaria; su valor y su entereza como hombre progresista que aspira a un mundo más justo y mejor.  Para mi persona sería un alto honor poder contar con su amistad, ya que compartimos similares ideales.  Le deseo éxitos en su vida privada y profesional y ojalá que un día podamos estrecharnos las manos como dos buenos hermanos latinoamericanos.  Se despide afectuosamente.  Luis Angel.

 

¿Buenos Aires? 27 de Noviembre de 2001. República Argentina o lo poco que va quedando de ella.   Aniversario del fusilamiento de los estudiantes de medicina en La Habana en 1871.     Entre ellos un homónimo mío. 

Compañero: Luis Angel Pérez Piedra 

Mi querido hermano, recibí tu generosa misiva del 12 de Noviembre y me llenó de energías para continuar la lucha. Cuento con otro amigo, otro hermano cubano ejemplar, esos que con su brega diaria me dan ejemplo y fuerza para poder responder a toda la mierda, que levantan contra Cuba en estos países bananeros como el mío, la radio, prensa y televisión.  Un fraternal abrazo para vosy los tuyos. 

Eladio González toto 

 

Bolívar : Datos históricos muy interesantes de la BBC.  reconoce a  Simón Bolívar.

"Con solo 47 años de edad peleó 472 batallas siendo derrotado solo 6 veces.

Participó en 79 grandes batallas, con el gran riesgo de morir en 25 de ellas.

Liberó 6 naciones, cabalgó 123 mil kilómetros, más de lo navegado por Colón y Vasco de Gama combinado. 

Fue Jefe de Estado de 5 naciones.

Cabalgó con la antorcha de la libertad la distancia lineal de 6.500 kilómetros, esa distancia es aproximadamente media vuelta a
la Tierra.

Recorrió 10 veces más que Aníbal, 3 veces más que Napoleón, y el doble de Alejandro Magno.

Sus ideas de Libertad fueron escritas en 92 proclamas y 2.632 cartas.

Lo mas increíble es que muchas de ellas fueron dictadas de forma simultánea y en diferentes idiomas a distintos secretarios.

Y el ejército que comandó nunca conquistó...  sólo LIBERÓ..."

 




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MORAL DEL NUEVO GOBIERNO argentino....¿ C A M B I E MO S ? Nacho Viale

 

 

De: Zapicán RODRÍGUEZ [mailto:zapicanr@yahoo.com.ar]
Enviado el: domingo, 25 de septiembre de 2016 12:49 a.m.
Asunto: LA MORAL DEL NUEVO GOBIERNO.......¿¿¿¿¿¿ C A M B I E MO S ??????

 




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murales para siempre autorizados o prohibidos son comunicacion visual son grito doloroso son jovenes son poesia


De: Victor Hugo Parés Lores <gratitudbpf@cubarte.cult.cu>
Enviado: sábado, 24 de septiembre de 2016 10:04 a.m.
Para: irenecuba@hotmail.com
Asunto: Gracias por hacerme saber

 

Querida Irene, recibí la noticia…  

 Diez militantes fueron detenidos por pintar  un mural en una escuela,

 

por la POLICIA de la capital Argentina.

 

Mi sencilla poesía, pero permanentemente militante, ojalá llegue a estos jóvenes, a   sus abuelas, demás familiares mis cubanos versos de elogio y reconocimiento

 

LOS NIETOS DEL SIGLO XXI EN TU PATRIA, HOY SON LOS MISMOS, COMO SON LOS MISMOS,  LOS ASESINOS GENOCIDAS DE AYER DEL SUR.

 

                                                 Gracias por hacerme saber

 

 

                                    Víctor Hugo Parès Lores

 

La Habana, 24 de Sep. de 2016  1.00 AM

 

 

BIOLOGICAMENTE GUEVARIANOS

 

                           A  los jóvenes muralistas argentinos detenidos….

 

                                 

                                                                                             I

 

No  pueden  pintar  murales,

 

menos,  si  en  el  dice  Allende

cómo  resolver  los  males:

 

macros  MACRI  colosales,

que  regresan  del  pasado.

 

 

El  CONDOR   resucitado

reprime  con  vil  PODER.

 

Doy  veinte  versos  al  ver

que   hay   pincel… abuelizado.

 

                  I I

 

Pinte  siempre  su  pincel

contra  todo  lo  fallido,

si  retorna  lo  vencido

camuflado  en  un  vergel.

 

La  juventud  con  cincel

dé  escultura  futurista,

y  derribe  al  arribista

con  ARTE  y  LITERATURA,

 

la  guevariana  bravura

del  pueblo  anti imperialista.

 

Víctor Hugo Parès Lores

 

 

La Habana, 24 de Sep. de 2016 – 1.39 AM




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murales invisibles prohibidos carcel a muralistas La Campora grito visual clamor estético comunicación social Argentina muda

 

EL PLAN CONDOR tiene añoranzas en la Argentina actual.

 

De: Marta
Enviado: viernes, 23 de septiembre de 2016 02:59 a.m.


P.com.ar


Asunto: Detuvieron a diez jóvenes militantes de La Cámpora…

 

Diez militantes fueron detenidos por pintar un mural en una escuela

 

En un operativo con cuatro patrulleros detuvieron a diez jóvenes militantes de La Cámpora que pintaban un mural en una pared de una escuela. Los chicos y chicas estuvieron muchas horas encerrados y lo denuncian.

 

A las 16 horas en un operativo con cuatro patrulleros de la Capital Federal rodearon y detuvieron a diez jóvenes del Centro Cultural Independencia de San Cristóbal. Los chicos pintaban un mural en una pared lateral de una escuela sobre la plaza Velasco Ibarra, en Jujuy y México y terminaron presos.

 

Los detenidos son seis varones y cuatro mujeres y, de los diez, sólo dos estaban pintando el mural en el momento del operativo.  

 

El mural que fue asesorado por una artista plástica decía "Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica", una frase de Salvador Allende.

 

Durante horas fueron encarcelados en la Fiscalía Contravencional del Ministerio Público Fiscal de la ciudad de Buenos Aires y liberados recién un día después.

 

Enseguida de lo sucedido y apenas fueron avisados acudieron sus padres, el ex Secretario de Cultura de la Nación, Jorge Coscia, diputado mandato cumplido, la directora de “Juan y Eva” y “Néstor Kirchner, la película”, Paula de Luque, el diputado mandato cumplido, Juan Carlos Dante Gullo y la legisladora de la ciudad, Paula Penacca del Frente para la Victoria.

 

El periodista y conductor de radio y televisión, Daniel Tognetti, también se interesó por la suerte de su joven sobrino.

 

Da toda la sensación de ser una operación con demasiado despliegue para una manera tan pintoresca y respetuosa de militar la primavera en la ciudad de todos, casi una provocación, que hace recordar a otras épocas muy nefastas de nuestra ciudad.

 

Repudiamos enérgicamente las políticas discriminatorias y persecutorias que lleva adelante Macri y su Alianza de Gobierno y que lamentablemente nos retrotraen a la época dictatorial más oscura que vivió la sociedad Argentina.

 

 

informó el Museo “ ERNESTO CHE GUEVARA ” de Caballito, CABA

calle Rojas 129, esq. Yerbal, Caballito, Buenos Aires  (AAC 1405) Argentina

Visitar lunes a viernes de 10 a 19 hs. (corrido) – entrada libre y gratuita

Escuela de Solidaridad con Cuba “ CHAUBLOQUEO ”

Registro donantes voluntarios de Células Madre  (INCUCAI)

Tel.  4 903 3285   Irene Rosa Perpiñal  -  Eladio González (Toto)  

email museocheguevara@fibertel.com.ar

tel.  4 903 3285     museocheguevara@fibertel.com.ar

https://www.facebook.com/museoernestocheguevara/#

¡ Salven a los argentinos !.....   “las ballenas”.

 

Blog museo   http://museocheguevaraargentina.blogspot.com/

Blog accidentes  -  http://nomuertesevitables.blogspot.com  protege a hijos y nietos

Lea libro Cuba Existe, es Socialista y No está en Coma del Arq. Rodolfo Livingston en http://estudiolivingston.com.ar/libros/cubaexiste.php  y emocionate.

 

en Sao Paulo Brasil buscá  http://museuvirtualcheguevara.blogspot.com.br/"

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Ser revolucionario en Cuba, hoy Enrique Ubieta Museo Che Guevara la mejilla de hombre verdadero Marti Mella Guiteras Fidel Chaubloqueo

Ser revolucionario en Cuba, hoy

Por: Enrique Ubieta

¿Qué significa ser revolucionario? Los estudiosos del marxismo saben que en sus orígenes, el partido socialdemócrata se fracturó: los reformistas, cada vez más alejados de las concepciones de Marx, se quedaron con el nombre y los revolucionarios crearon el partido comunista. La polémica "reforma vs. revolución" tiene una larga historia. Ahí están los textos de Lenin, de Rosa Luxemburgo, entre otros.

Pero la definición o la opción revolucionaria, y su existencia práctica, no son exclusivas de un partido o de una clase social, aunque sí de una época. Porque los burgueses fueron revolucionarios en su momento. Y el movimiento anticolonial en la era del imperialismo tuvo por lo general un carácter revolucionario. José Martí creó el Partido Revolucionario para lograr la independencia de Cuba, y dicen que hablaba de la revolución necesaria que habría de iniciar una vez alcanzado el poder.

Por eso, me gusta hacer referencia a la tradición cubana del término. Cintio Vitier, por ejemplo, asumiendo los riesgos reductores de cualquier agrupamiento, establece dos tendencias "espirituales" en el último tercio del siglo XIX: la revolucionaria (independentismo, modernismo literario, antievolucionismo) y la reformista (autonomismo, preceptismo literario, evolucionismo positivista).

Lo cierto es que Revolución es Creación, salto sobre el abismo, o sobre el muro de la aparente imposibilidad –"seamos realistas, hagamos lo imposible", decían los estudiantes parisinos del 68–, mirada de cóndor, pero es sobre todo una toma de partido "con los pobres de la Tierra". Si tomamos a José Martí como modelo de revolucionario, observaremos en él tres características que se repiten en Fidel Castro:

1. Opción ética antes que teórica: se adopta una teoría para luchar contra la explotación, y no a la inversa. Es vocación de justicia social. "En la mejilla ha de sentir todo hombre verdadero el golpe que reciba cualquier mejilla de hombre", escribía Martí. "El revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor", acotaba Ernesto Che Guevara. "Es precisamente el hombre, el semejante, la redención de sus semejantes, lo que constituye el objetivo de los revolucionarios"–ha dicho Fidel. El poeta revolucionario salvadoreño Roque Dalton se burlaba de las posiciones esnobistas de la pequeña burguesía en estos versos:

Los que
en el mejor de los casos
quieren hacer la revolución
para la Historia para la lógica
para la ciencia y la naturaleza
para los libros del próximo año o el futuro
para ganar la discusión e incluso
para salir por fin en los diarios
y no simplemente
para eliminar el hambre
para eliminar la explotación de los explotados.

Hay revolucionarios que desconocen la teoría marxista. Y hay académicos marxistas muy conocedores de cada texto, de cada frase de Marx, que jamás han salido a la calle, que son incapaces de sentir, de vibrar, con el dolor o el júbilo ajenos, que no militan; esos académicos "marxistas" no son revolucionarios. Tampoco son continuadores de Marx. Uno de los resortes formadores y auspiciadores de una Revolución, es la solidaridad.

2. Radicalidad en la comprensión y en los actos; el revolucionario busca la raíz del problema, aún cuando no pueda extirparla de inmediato, aún cuando se equivoque al señalarla, y pasa rápidamente a la acción. A diferencia del reformista, no pretende mitigar el dolor o enmascararlo, sino eliminar la enfermedad.

3. El revolucionario es una persona de fe. No en el sentido religioso. Ninguna declaración mejor que la que hace Martí (otra vez Martí) a su hijo, en la dedicatoria del Ismaelillo: tengo, le dice, "fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud, y en ti". Fe en el pueblo, en sus capacidades. El revolucionario entiende los límites aparentes de lo posible, y los trasgrede, porque cree en el pueblo. En esto también se diferencia el reformista, que por razones de clase desconfía o subestima al pueblo. Creer, no es extirpar la duda; los revolucionarios vivimos la angustia de la duda, que es la del conocimiento. Sin embargo, el cínico es contrarrevolucionario, aunque no lo sepa.

Algunos ideólogos de la contrarrevolución reducen la actitud revolucionaria al acto violento, al uso de las armas. Como si las revoluciones armadas no ocurrieran en respuesta a la violencia del poder burgués. Ser un radical –ir a las raíces–, no es optar por la violencia. En su afán por desideologizar hasta el mismísimo concepto de revolución, pretenden hacer pasar como acciones revolucionarias las revueltas violentas de los politiqueros de la seudo república, que querían hacer valer el poder personal.

Ni siquiera los antimachadistas o antibatistianos eran necesariamente revolucionarios. Y contraponen el socialismo revolucionario al que llaman "democrático" (socialdemócrata), porque aquel no respeta el orden burgués. El socialismo no solo puede, sino que debe ser democrático, aunque no en el sentido que el sistema capitalista otorga al término. Debe y puede ser más participativo, más inclusivo, más solidario, más representativo. Debe y puede defender la individualidad, no el individualismo, porque el socialismo es el único camino capaz de transformar a las masas en colectivos de individuos.

Ciertas cualidades o virtudes éticas constituyen el fundamento o la base sobre la que se erige un revolucionario. Pero es una ética esencialmente política, social, no privada, que no puede vaciarse o desligarse de las contradicciones fundamentales de la época. No se es revolucionario con respecto a los intereses personales, sino de cara a la sociedad. Hay personas conservadoras –por razones biográficas, y quién sabe si hasta por razones genéticas–, que repelen los cambios bruscos, la incertidumbre de lo nuevo, que disfrutan el orden y la rutina.

No son contrarrevolucionarias. En sus Palabras a los intelectuales (1961), Fidel Castro decía: "Nadie ha supuesto nunca que (…) todo hombre honesto, por el hecho de ser honesto, tenga que ser revolucionario. Ser revolucionario es también una actitud ante la vida, ser revolucionario es también una actitud ante la realidad existente (…)". Y agregaba más adelante: "Es posible que los hombres y las mujeres que tengan una actitud realmente revolucionaria ante la realidad no constituyan el sector mayoritario de la población; los revolucionarios son la vanguardia del pueblo, pero los revolucionarios deben aspirar a que marche junto a ellos todo el pueblo (…) la Revolución nunca debe renunciar a contar con la mayoría del pueblo; a contar, no sólo con los revolucionarios, sino con todos los ciudadanos honestos que aunque no sean revolucionarios, es decir, que aunque no tengan una actitud revolucionaria ante la vida, estén con ella. La Revolución sólo debe renunciar a aquellos que sean incorregiblemente reaccionarios, que sean incorregiblemente contrarrevolucionarios".

Allí donde una Revolución ha triunfado, el adjetivo –que en el globalizado mundo del oficialismo burgués suele endilgarse como insulto–, se convierte en elogio. Una persona es trabajadora, "buena gente" y revolucionaria. La cotidianidad puede descontextualizar el sustrato rebelde y el significado político del término y reducir la condición del revolucionario a la honradez o a la decencia.

A veces, puesto que la Revolución ha tomado el poder, se identifica con el buen comportamiento o la corrección. Decimos: "en el fondo él (ella) es revolucionario(a)", como si dijéramos que, más allá de sus apariencias, "es una persona noble". Y creemos que el niño o el joven "más revolucionario", es el que "se porta bien". De cierta forma, el calificativo se aburguesa. Esto parece casi inevitable, pero no lo es: una Revolución en el poder necesita establecer su "normalidad", su gobernabilidad.

Defenderse como poder político es la premisa de cualquier poder político, mucho más cuando se trata de un contrapoder acorralado por el Poder Global –que no solo acecha en el plano físico (material, militar), sino también en el espiritual, en el ámbito de la reproducción de valores–, y su normalidad es una "anormalidad" fuera de sus fronteras geográficas.

Ser revolucionario es participar en la consolidación del gobierno revolucionario, establecer un frente común con ese gobierno, para defender cada conquista y establecer las nuevas metas, aún cuando los grados de participación en la determinación de esas metas son aún insuficientes o se ejercen de manera formal. La democracia socialista, esencialmente superior, tiene todavía un largo camino por recorrer. Ser revolucionario también es participar desde la crítica comprometida. Criticar no es enunciar un hecho cierto, es actuar sobre él, empujarlo hacia su solución. Lo que otorga veracidad y justeza a una crítica no es el hecho enunciado, es su sentido. Si se desideologiza la crítica, se deshuesa, y se falsean sus enunciados.

De manera imperceptible, ocurre un lento proceso de separación o destilación del contenido "rebelde" que toda actitud revolucionaria presupone. Esto no es bueno. Vienen entonces los que enarbolan la rebeldía y la contraponen al ser revolucionario –vieja aspiración de la subversión imperialista: promover la rebeldía antirrevolucionaria, lo que significa decir, que los rebeldes sean antirebeldes, que aspiren a ser "normales", inconformes frente a la rebeldía y conformes frente a la enajenación global–, o en sus antípodas, aquellos que consideran que el ser rebelde es el verdadero ser revolucionario.

Estos últimos pueden perder el sentido de orientación, porque la rebeldía a secas, habitualmente manipulada por el mercado capitalista, tiene una larga historia de convivencia y a veces de connivencia con el capitalismo. La rebeldía juvenil no es ni puede ser enemiga del espíritu revolucionario; ser revolucionario es la forma superior de ser rebelde. Sin la inconformidad que propicia la rebeldía y sin su disposición para romper moldes, normas, esquemas, es difícil ser revolucionario.

Las universidades cubanas no pueden ser "de o para los revolucionarios", son centros formadores; deben ser, eso sí, formadoras de revolucionarios. De sus aulas salieron Mella y Fidel. El capitalismo (la cultura del tener) intenta domar la rebeldía incentivando sus formas primarias: el desacato, la irreverencia; intenta aislar al rebelde, concentrarlo en sí mismo, explotar al máximo su expresión individualista, transformarlo en un cínico. El socialismo (la cultura del ser), pretende encauzar esa rebeldía hacia la acción transformadora, ponerle mayúsculas, hacerla partícipe de las causas más justas de su época.

Vivo en el barrio centrohabanero de Colón, y muchas personas en mi entorno deben enfrentar enemigos más concretos e inmediatos que el imperialismo norteamericano, al menos eso parece, cuando la corrupción, la burocracia, la doble moral, la insensibilidad, el "sálvese quien pueda" se imponen. Creo, como ellos, que ese es el enemigo principal.

Pero no podemos confundir su nombre: se trata del capitalismo, de su capacidad para regenerarse dentro del socialismo, que no es más que un camino (no un lugar de llegada) hacia otro lugar, hacia otra esperanza o certeza de vida mejor. Si desvinculamos ese nombre de aquellas manifestaciones, o las enlazamos erróneamente al camino socialista que hemos emprendido, perdemos el rumbo. No podemos ser revolucionarios hoy, en este mundo globalizado, si no somos anticapitalistas, si no somos antiimperialistas. Si no sentimos como propios las conquistas, los peligros, las humillaciones, de otros pueblos. Si no defendemos la unidad de los revolucionarios cubanos y la de los pueblos latinoamericanos frente al imperialismo.

No podemos ser revolucionarios si creemos que el mundo tiene el largo y el ancho de una calle, o de un barrio, o de un país. Si aceptamos los consensos que otros construyen, y no construimos los nuestros. Si vaciamos cada palabra de los contenidos de combate, porque de inmediato serán llenadas de otros contenidos, por aquellos que nos combaten.

Martí, Mella, Guiteras, el Che, Fidel, se parecen demasiado, para que nos inventemos ese asunto de las generaciones. No han dejado de ser jóvenes. Cambian las tareas, las coordenadas, pero no las actitudes, los principios, el horizonte al que siempre nos acercamos sin llegar. Por otra parte, nadie se hace revolucionario de una vez y para siempre.

Hay que nacer como revolucionario cada mañana, cada día. Los papeles no están predestinados ni son inmutables: el héroe de 1868 pudo convertirse en traidor veinte años después; el indeciso de entonces, quizás empuñó las armas con dignidad en 1895; el guerrero valiente de la manigua pudo dejarse seducir por la corruptora política neocolonial; el enérgico antimachadista, desilusionarse de sus ideales de juventud o convertirse en un profesional de la violencia; el revolucionario de la Sierra o del Llano, acomodarse o enredarse en las redes del burocratismo; el escéptico de aquellos días, transformarse en un miliciano fervoroso, en un héroe cotidiano e invisible; el dirigente juvenil, acodado en el balcón de la buena conducta y los aplausos, convertirse en un repetidor de consignas vacías y el profesional rebelde, crecer como tal hasta hacerse revolucionario.

Entre unos y otros, disfrazados, están los oportunistas, los "pragmáticos", los cínicos de siempre. A todos los cerca la historia y, de sus actos múltiples, solo perdura el instante de eticidad fundadora que sostiene a la Patria: "ese sol del mundo moral" que ilumina y define a los seres humanos, según la frase que Cintio rescatara de José de la Luz y Caballero. Una Patria que es Humanidad, que no está en la "hierba que pisan nuestras plantas", o en unas costumbres siempre en evolución, sino en un proyecto colectivo de justicia. Una Patria que aspira a fundirse con la Humanidad, y que mientras, defiende su espacio para fundar, para crear, para proteger la dignidad plena de sus hombres y mujeres.

MSc. Iris Maura Menéndez Pérez.

Delegada ICAP Villa Clara

Carretera Central no 81 e/ Doblevía y Cortina.

Tel: (53-42) 203147 / 202041

E-mail: icapvc@icap.cu

http://www.facebook.com/iris.menendez1

https://twitter.com/IrisMenendez1

 

 

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Corran los de Bayamo al combate ¿Se trata de símbolos? Perucho Figueredo un rubi 5 franjas y una estrella Cuba invencible revolucionaria atenta Chaubloqueo Museo Che Guevara Buenos Aires

¿Se trata de símbolos?

Cubadebate, 21 septiembre 2016

Por: Luis Toledo Sande

A propósito de un asunto en el que no es menester detenerse ahora, José Ortega y Gasset sostuvo: "una exageración es siempre la exageración de algo que no lo es"; es decir, de algo que no es una exageración. Si en nuestras circunstancias alguien afirmara: "Estamos muy mal en materia de símbolos", podría pensarse que exagera, pero ¿significaría eso que su juicio carece por completo de base? ¿Terminaría ahí el problema? Es necesario ir más allá, y la cita del conocido pensador español se trae a colación con un propósito: parafrasearla y recordar que "un símbolo es siempre el símbolo de algo que no es un símbolo".

Si los problemas que tengamos en la esfera simbólica se redujeran estrictamente a ella, bastaría para que requiriesen atención: que la historia de la humanidad esté marcada por símbolos supone que son dignos de tenerse en cuenta. Ellos resumen interpretaciones y conceptos, movilizan ánimos y avalan o reprueban actitudes, fijan tradiciones que los desbordan. Para oídos y sentimientos cubanos, el verso "Al combate corred, bayameses" ni se congeló en 1868 ni convoca solamente a un territorio del país.

No por mero capricho personal ante la imagen de la bandera de los Estados Unidos impuesta a Cuba por aquella potencia tras la intervención de 1898, Bonifacio Byrne exclamó en un poema que para el patriotismo revolucionario cubano sigue o debe seguir siendo un himno de pelea ideológica y emocional: "Que no deben flotar dos banderas / Donde basta con una: ¡la mía!". La cita de una estrofa de ese poema por Camilo Cienfuegos del modo y en las circunstancias en que la hizo suya, evidencia que el texto rebasa épocas y visiones fácticas porque remite a una identidad que perdura: la patria que, dinámica y a veces amenazada, vive.

La invasión de Cuba por banderas británicas y y españolas y, sobre todo, estadounidenses constituye un problema real que solo ingenuos, para no decir más, podrían menospreciar. Empezó antes del 17 de diciembre de 2014; pero visiblemente parece haberse multiplicado desde entonces, sobre todo en lo que atañe al pendón de los Estados Unidos. Este se ve en indumentarias y calzado, en toallas y todo tipo de artículos, y aumenta como "adorno" en bicicletas, bicitaxis, motos, automóviles, ómnibus, camiones…, y no solo en particulares. También la llevan algunos vehículos del sector estatal, incluso de organismos centrales.

Cabe preguntarse: ¿será que el cuentapropismo —es decir, la propiedad privada— ha impuesto sus normas y sus conceptos en el terreno de la propiedad social hasta el punto de que, al menos en algunos sitios, las organizaciones políticas, empezando por los correspondientes núcleos del Partido, y las de masas, así como las administraciones, carecen de iniciativa, autoridad y pensamiento para enfrentar lo que deben enfrentar y frenarlo cuando sea del caso? Se habla de algo que no procede intentarse con espíritu inquisitorial, ni única ni principalmente con prohibiciones, sino con ideas, educación y métodos persuasivos. Pero tampoco se ha de renunciar a leyes y reglamentos cuando su aplicación sea pertinente, ni olvidar el extraordinario sentido común.

A hechos tales no pocos autores hemos dedicado textos antes y después de aquel 17 de diciembre. Por ello, al menos como recurso práctico, aunque no pase de ser una ilusión, imaginemos que esos textos son conocidos, para no repetir lo dicho en ellos, pues tampoco alcanzaría para eso el tiempo en un encuentro como el que nos reúne. Atiéndase ahora, sobre todo, a la certidumbre de que los símbolos remiten a realidades que no son símbolos, y que a menudo necesitan ser defendidas, máxime cuando están amenazadas, en peligro.

Ambas cosas ocurre a la nación cubana, sobre cuya formación enfrentando imperios —en una lucha que no ha cesado— se pueden ahorrar consideraciones ante un auditorio como el de Dialogar, dialogar. Cuba sigue bloqueada y acosada desde el exterior, y ello debe recordarse constantemente, porque uno de los propósitos tácitos y también declarados del imperio es que esa realidad —¡hechos, historia!— sea olvidada, para poder él imponerle más fácilmente al país caribeño la dominación a la cual no consiguió someterlo con más de medio siglo de bloqueo, agresiones armadas, intentos de subversión interna y otros actos terroristas.

Ahora la facción más objetiva o realista del imperio procura por lo menos parecer que le ofrece una zanahoria que, objetivamente, él está muy lejos de facilitar que llegue a las mesas de la nación bloqueada. La abierta hostilidad imperial ha logrado causarle a Cuba enormes daños no solo en el plano económico, sino también en el funcionamiento social y en áreas del pensamiento. Si el actual césar reconoce que esa política no le sirvió al imperio para conseguir sus propósitos, se refiere al afán de doblegarla, ponerla de rodillas y obligarla a cambiar su sistema social por el capitalismo, aunque en un discurso habanero el mismo mandatario haya dicho otra cosa, oportunistamente.

Si la nueva táctica lograse neutralizar a Cuba, se anularía la influencia de este país en el mundo, especialmente en nuestra América, donde la actual embestida de la derecha tendría un gran auxilio en el cese de la resistencia cubana, inspiradora de muchos de los más significativos procesos revolucionarios, antimperialistas, emprendidos en la región. Tal encrucijada nos llama a tenerlo todo claro en nuestro pensamiento y en nuestras relaciones con el mundo: no solo en particular con el imperio.

Pero probablemente el mayor desafío que Cuba tiene ante sí no le venga tanto del exterior como de dentro. Por un lado está la corrupción, que hace pensar en la necesidad de activar los modos de lucha requeridos para enfrentar y vencer a los bandidos de hoy. Por otro está —con una aliada putativa y práctica en la corrupción— el fantasma anexionista, que nunca ha desaparecido del todo, y asoma con distintos rostros. En determinadas circunstancias se revuelve como parte que es del avispero neoliberal.

La anexión está llamada al fracaso, porque se le opone un valladar firme: la línea revolucionaria que vertebra a la nación cubana, y porque al imperio no le interesa anexarse pueblos que estima inferiores, sino someterlos y saquearlos, o usarlos como bases militares y escenarios para experimentos macabros: ahí están la hermana Puerto Rico y un pedazo de la propia Cuba, la Base Naval de Guantánamo. Pero el anexionismo es una corriente de pensamiento peligrosa, porque niega o neutraliza valores patrióticos y favorece la desactivación del espíritu de defensa nacional, que así quedaría supeditado a presuntas modernidades y a la globalización imperialista.

Usted publica un artículo que refuta el apogeo de la bandera de los Estados Unidos en territorio cubano —una bandera que no es solamente la de un pueblo, sino también emblema oficial de una nación cuyos gobernantes desde que ella se fundó han aspirado a dominar a Cuba—, y le salen al paso comentarios según los cuales ese es tema impertinente cuando los dos países se están acercando en la amistad. ¿Es cierto esto último, o se trata nada menos —y nada más— que de una posible normalización de relaciones que, aun teniendo puntos comunes, a cada uno de los dos países interesa y conviene con fines diferentes?

Pero los comentarios aludidos, y otros, añaden incluso: ¿Cómo es posible molestarse por la presencia en Cuba de la enseña de los Estados Unidos si ya los gobernantes de ambas naciones se han reunido y se han dado la mano al pie de las enseñas respectivas? Tal criterio —que difícilmente sea siempre cándido, aunque se opte por calificarlo así para no tensar ni alargar más el análisis— confunde protocolo y pensamiento, formalidades y fondos. Pero también advierte sobre la necesidad de que nuestros medios de información, y huelga decir que nuestros dirigentes políticos, tengan en cuenta la necesidad de no dar pie a confusiones de ningún tipo en tema de tanta relevancia.

¿Por qué la televisión cubana tiene que propiciar que el presidente del imperio irrumpa en los hogares de nuestro país como un personaje chistoso, simpático? El Plan Marshall fue una realidad imperial, y adquirió una alta fuerza simbólica plasmada, por ejemplo, en una conocida película española, Bienvenido, Mr. Marshall. ¿Puede no pensarse en eso cuando un popular programa de la televisión nacional imagina el recibimiento entusiasta, en un barrio habanero —por un CDR, podría decirse—, de un funcionario estadounidense llamado Mr. Charles?

Tal asociación ¿pudiera no brotar o reforzarse al oír la coplita insertada en el guion para que los vecinos del barrio agasajen al visitante? Así salió al aire: "Bienvenido, Mr. Charles, / yo pongo los frijoles / y tú traes que echarles". ¿No es eso lo que piensan algunos confundidos: que ahora la potencia imperial se prepara para venir a darle comida al sufrido pueblo cubano, a darle la felicidad que aquella sañosamente ha hecho todo por impedirle? Hace apenas unos días el deshonesto césar, contrariamente a todo cuanto ha prometido y en uso de sus facultades pudiera hacer para revertir de veras el bloqueo impuesto a Cuba, renovó por un año más la llamada Ley de Comercio con el Enemigo, la cual viene de 1917 —fecha que algo significa, ¿no?— y sirve de argucia legal para mantenerlo.

No me encontraba en el país cuando el césar visitó La Habana, pero un compañero digno de crédito me habló, con disgusto, sobre un cartel que por aquellos días ocupó paredes de la ciudad, y quizás de otras partes de la nación: un cartel que unía la imagen del césar y la del jefe de Estado cubano. Si en el imperialismo no se puede confiar ni tantito así, tampoco ni tantito así hay que regalarle, y el césar no es el nuevo amigo de nuestro gobernante, o su new friend, para recordar, aunque sea con irritación, una de las obras de autores cubanos expuestas en la más reciente Bienal de La Habana.

Y si al césar no hay que insultarlo —para caracterizarlo basta decir que es el presidente del imperio—, tampoco hay que dedicarle elogios inmerecidos. Él, como sus predecesores en la Casa Blanca, continúa promoviendo la carrera de crímenes y genocidios propia del imperio —que sigue siendo el mismo— y lo hace, en su caso particular, con el crédito de un Premio Nobel de la Paz inmoralmente otorgado. Nada de eso revela honestidad, sino lo contrario.

Como todo tiene o puede alcanzar valor simbólico, nuestros políticos, aun en medio de la prisa o la improvisación de un momento determinado, deben recordar que lo que parezca alzarle el brazo a un contendiente es una manera de reconocerlo victorioso, o, por lo menos, halagarlo, y eso no serán precisamente los revolucionarios y las revolucionarias quienes lo aplaudan. No importa que reconocerlo victorioso o agasajarlo no sea lo que se quiere expresar: los hechos tienen también su lenguaje, a veces más poderoso que las palabras. ¿Olvidaremos la máxima martiana según la cual hacer es la mejor manera de decir? Añádase que también puede ser la peor.

Lo que está en juego —o sea, en peligro— es demasiado serio y grande para permitirnos ingenuidades y desprevenciones. Ya sabemos que a veces nuestro Himno Nacional ni se entona ni se escucha con la debida actitud respetuosa, y para algunos y algunas la bandera de la patria se está convirtiendo no digamos ya en motivo para diseñar indumentarias deportivas. Eso hasta merece o parece merecer aplausos ante otras realidades: como la bandera usada en ropa rumbera para el recibimiento jacarandoso de un crucero estadounidense, o en trapo de cocina llamado delantal.

A esos hechos probablemente hayan contribuido, junto con la indolencia y la indisciplina social, con torpes caminos de la educación, con incultura y con cierto pensamiento más pragmático y desmedulado que cosmopolita, lo difícil y caro que ha venido resultando adquirir una bandera nacional en forma. Pero, por muy importantes que los símbolos sean, y lo son, lo más grave radica en otra dimensión: en los peligros que asedian a las realidades representadas por ellos. De eso se trata.

* Texto leído en el espacio Dialogar, dialogar, que sesionó en el Pabellón Cuba, su sede habitual, el miércoles 21 de septiembre de 2016, con el lema temático Si de símbolos se trata.

 

 

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La austeridad, ¿una condena?

Por: Luis Toledo Sande

30 agosto 2016  

Cuán estimulante sería no tener que insistir en el tema, pero mucho de lo que se publica evidencia la necesidad de seguir esclareciendo conceptos que a menudo se distorsionan. Si solo fueran deslices formales, merecerían atención, porque el lenguaje es el soporte por excelencia del pensamiento. Pero a menudo son falsificaciones de fondo.

No cabe pasar por alto el mal empleo de humanitario como si fuera sinónimo de humano. Ese uso inunda mensajes emitidos hasta por medios de comunicación masiva relevantes y asociados a las mejores causas, como Telesur. Pero humanitario es lo que beneficia a la humanidad. Ni una desgracia natural ni una crisis económica son humanitarias, ni los genocidios desatados por el imperio y sus secuaces para saquear pueblos.

Ante despropósitos conceptuales de tal relieve se pudiera creer banal detenerse en el uso creciente —hasta por profesionales de la lengua— de dar al traste con como equivalente de favorecer, cuando es todo lo contrario. Los "pequeños descuidos" alimentan malos hábitos, incluso aberraciones, y con estas pueden medrar los poderosos medios de información (o desinformación) que sirven a los intereses de los opresores.

En otros textos el autor del presente artículo se ha referido al manejo avieso de conceptos como estado de bienestar y estado de austeridad. Con el primero de ellos los poderosos se jactaban, como si fuera ciertamente un patrimonio democratizado en el capitalismo, del bienestar que nadie disfrutaba (ni disfruta) como ellos. De paso buscaban contrarrestar los ideales de equidad que llegaban de la URSS y el campo socialista europeo, entonces en pie.

Los poderosos no pierden sus ventajas ni en medio de las crisis del sistema que los representa. Ellas les propician enriquecerse aún más: las utilizan para menguar los salarios y la seguridad social, generar despidos masivos cada vez peor compensados y aun para que el erario público se desangre salvando a los bancos, con los que ellos mantienen atada a la ciudadanía por medio de hipotecas, hasta quitarles las casas a quienes no pueden pagarlas.

Al justificar esas prácticas como políticas necesarias —mientras los grandes fondos para guerras genocidas se mantienen o crecen— logran que la austeridad sea vista como una condena, y así se la imponen a países enteros. Grecia es apenas un ejemplo escandaloso. Las mayorías han llevado siempre modos austeros de vida, aunque a veces enmascarados con las "bondades" del consumismo, que también enriquece a los dueños del capital, cuyas posibles "pérdidas" no pasan de hacerlos un poco menos millonarios, si acaso.

La verdadera austeridad es una virtud que la especie humana necesita para que la salvación del planeta sea posible. Derroche y distribución injusta de lo que se produce son males generados por un sistema que prefiere incinerar productos o botar grandes cantidades de alimentos para que los precios no bajen. Con lo desperdiciado se pudiera al menos aliviar la pobreza y el hambre a millones de personas en el mundo, empezando por niñas y niños.

Demonizar la austeridad es nocivo para la especie humana en su conjunto, pero puede tener implicaciones particularmente dañinas contra los afanes de construir un sistema social basado en la búsqueda de la equidad. El sentido de una economía racional no terminan en el reino de la administración y de la ecología: apunta a requerimientos éticos sin los cuales la especie humana seguirá sin hallar los mejores caminos.

Cuando un pueblo como el cubano es llamado a la tarea, urgente, de alcanzar una economía sustentable y próspera, la convocatoria es justa, y debe consumarse. El deterioro material de la existencia genera desencantos y deformaciones conductuales que conspiran —en unas personas más que en otras, pero con efectos que se generalizan— contra el esfuerzo necesario para edificar el país vivible que la población necesita y merece.

Pero sería erróneo —lo ha señalado Darío Machado en ¿Qué entender por progreso? y La prosperidad en el punto de mira— rendir culto al consumismo y a la tecnología desligada del mejor servicio social. De ese modo se privilegian los valores materiales por encima de la espiritualidad y el sentido justiciero que dan base moral a la convocatoria citada y deben seguir dándosela a la nación en su afán socialista.

Como suele ocurrir con lo importante, ese es un asunto complicado. No puede pensarse al margen de la heterogeneidad característica de los seres humanos, ni ignorando los efectos del barraje propagandístico capitalista que llega por todas partes. No debe sorprender que encuentre eco, caldo de cultivo, en el reconocimiento de que el igualitarismo es inviable y conspira contra la equidad, porque ampara a quienes menos dispuestos están a esforzarse para mantener vivos los ideales justicieros y crear bienes que son necesarios.

Eso es tan cierto como que, si no se hace con todo el cuidado requerido, frenar el posible igualitarismo puede provocar que se desatiendan los reclamos de la justa igualdad. Tales reclamos no funcionan en una sociedad capitalista, pero son una brújula indispensable para lograr un socialismo que todavía no ha triunfado en ningún sitio del mundo, y contra el cual no fallará quien suponga que conspira la mentalidad de los ricos, viejos o nuevos. En la misma Cuba ¿no los hay que alcanzan ya el rango de millonarios?

El socialismo, además de ser un proyecto político, económico y social, ni siquiera como afán estará seguro si no se asume como un hecho cultural en el más abarcador y profundo significado de esa expresión. Solo así la necesaria austeridad puede abrazarse plenamente como convicción, como un hecho natural, no como una desgracia que se acepta en espera de poder dar el salto hacia el enriquecimiento.

La cultura de la austeridad debe vivir en el ejemplo personal de cada quien. Así lo ha reclamado un dirigente revolucionario cuyos noventa años han propiciado ratificar no únicamente la admiración que merece. También han dado pie para insistir en la necesidad de que las nuevas hornadas de dirigentes y funcionarios encarnen la modestia, la decisión de echar su suerte con los pobres de la tierra, lo que significa vivir como estos y para estos. Así lo ejemplificó quien hizo de esa decisión la voluntad cardinal de su existencia.

Se habla de los dirigentes y funcionarios, por el nivel de su responsabilidad en la administración de recursos y en los esfuerzos para mantener vivo el espíritu revolucionario. Su misión los llama a ejercer la mejor influencia en el ámbito de sus prerrogativas, de sus tareas. Pero en ese ámbito, que se extiende por diferentes esferas y caminos de la sociedad, también les corresponde un sitio de especial peso a sus propias familias.

Nada de lo relacionado con su responsabilidad en el terreno ético puede someterse a la mecánica de lo impuesto: demanda convicción, que empieza por el ejemplo mismo que personifique en su entorno familiar, y el nivel de exigencia persuasiva que sea capaz de ejercer en ese ámbito. Cuanto mayor sea su investidura, así será también la importancia de de su afán por cultivar la conciencia necesaria para que su ejemplo prenda en sus familiares e irradie también desde ellos.

El desafío es serio. No siempre los hijos siguen el camino de sus padres, aunque estos se esmeren en lograrlo. Pero las posibilidades de que los hijos tomen un rumbo diferente pueden asociarse a formas de crianza tolerantes o cómplices de "pequeñas" desviaciones que terminan en la ruptura con los valores éticos que la familia revolucionaria debe cultivar. En la sociedad la familia es célula básica, y la educación ha de comenzar en ella.

Si a un pueblo se le piden sacrificios, se sentirá con derecho a exigir que quienes tienen la misión de dirigirlo, y en general también sus familias, mantengan un estilo de vida consecuente con los sacrificios reclamados. Las organizaciones políticas, empezando por el Partido, y las de masas, deben cumplir una función de primer orden en la exigencia necesaria para que un propósito de tan vital importancia se cumpla.

Siempre será preferible una actitud crítica y vigilante —que no significa cacería de brujas—, antes que la indiferencia frente a la opinión pública en ese tema. Si no se debe vivir atado a rumores y comentarios que pueden carecer de base, tampoco se ha de incurrir en la resignación ni ignorar que detrás de comentarios y rumores puede haber distintos grados de realidad indeseable, capaz de prosperar y sustentarse amparada en el mutismo. Una advertencia de más será menos peligrosa que el silencio excesivo, venga este del temor a represalias o de la indiferencia. Si lo propalado es falso, habrá manera de desmentirlo con la verdad de los hechos, no con criterios de autoridad ni dando la callada por respuesta, mecanismos que no sirven más que para fomentar dudas y sombras perniciosas.

Los retos aumentan en la medida en que la asepsia por aislamiento del mundo no es ni posible ni aconsejable. Y al país no solamente llega desde el exterior la propaganda que promueve modos capitalistas de vivir: esa que pinta un mundo en que parecería que todas las personas son millonarias, aunque las riquezas están en pocas manos. En Cuba coexisten diferentes formas y concepciones de vida, y nada resta veracidad al axioma de que, por norma, no se vive como se piensa, sino se piensa como se vive.

La presencia de empresarios capitalistas en el territorio nacional resultará necesaria en la búsqueda de recursos materiales y administrativos para la economía interna. Pero pone en evidencia desigualdades que pueden beneficiar incluso a las representaciones cubanas que participan en la dirección de negocios operados por dichos empresarios o con participación de estos. No por gusto alguna vez se promovió una instrucción que vetaba el desempeño de ciertos cargos empresariales por familiares de dirigentes de alto nivel.

Con formas de vida contrarias a la austeridad se vincula una lacra de efectos letales para los ideales socialistas: la corrupción, que se extiende como una epidemia. Es tal vez el mayor peligro del cual deba salvarse la Revolución Cubana, que —lo ha dicho su máximo guía—puede resultar menos vulnerable a la hostilidad enemiga que a las deformaciones internas. Los sucesos del campo socialista europeo y de la URSS son aleccionadores.

Añádase que el solo anuncio de la posible normalización de relaciones entre los Estados Unidos y Cuba va teniendo consecuencias visibles, aunque esa normalización, justa para el país que durante más de medio siglo ha sufrido un férreo bloqueo y agresiones armadas y otros actos terroristas, está muy lejos de poder considerarse lograda. Y mientras el imperio apuesta por apoyar el sector privado en Cuba, esta se torna escenario de moda para personas que pueden mostrar otras muchas cualidades, pero no el cultivo de la austeridad.

La imagen de su éxito individual trasmite un mensaje de apoyo al modo de vida capitalista. Y ese mensaje fáctico se une a las limitaciones internas —en las que, aunque no haya sido la única causa, ha tenido gran peso el bloqueo, que sigue en pie— y a la política migratoria implementada por el imperio para debilitar aún más a Cuba. Todo ello puede alimentar en pobladores del país, aunque la mayoría siga abrazando el afán socialista, la idea de que la forma de alcanzar la prosperidad es marcharse para la nación cuyos gobernantes llevan más de medio siglo intentando asfixiar al pueblo cubano para ponerlo contra su gobierno.

Para los fines imperialistas bastaría que, cansados de una larga resistencia, y sin percibir en el horizonte cercano la solución de los problemas que se sufren, cada vez más hijos e hijas de Cuba optaran por una salida harto costosa para ella: emigrar y privarla de los servicios para los cuales los ha formado profesionalmente con un sistema de educación que sigue siendo un ejemplo para el mundo, a pesar de las deficiencias concretas que pueda tener.

Ninguna sociedad es homogénea, y la cubana no es una excepción. El imperio sabe que la diversidad, que además de natural e inevitable puede ser sana en sí misma, abre brechas por donde minar la unidad nacional mayoritaria que ha salvado históricamente a Cuba como nación. Para hacer frente a las maniobras imperiales también se necesita una sólida y consciente cultura de la austeridad, junto con políticas y formas de funcionamiento y dirección social —prensa incluida— lo más inteligentes posible.

Aunque el imperio no existiese, o cambiara radicalmente su actitud hacia Cuba —lo que está por ver, y ciertamente no es una opción afín a su ideología—, la austeridad será indispensable como norma de vida: para ahorrar recursos y saber vivir modestamente, sin obnubilarse por las "maravillas" del derroche consumista y la ostentación. Defender la austeridad no significa rendirle culto a la miseria material, que se proyecta asimismo en el plano moral, y lo daña. Bien entendida y abrazada, la austeridad no es una condena, sino una cultura para el buen funcionamiento de la sociedad que el país necesita perfeccionar.

(Tomado de Cubarte)

 

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