sábado, 7 de marzo de 2015

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Elogio del Choripán

 

Eduardo de la Serna

 

  

 

Si en principio daba un poco de bronca por lo despreciativo, por lo caricaturesco o hasta lo discriminatorio, hoy se ha llegado a tal grado de absurdo que sólo cabe lugar para la risa. Ya pasó el tiempo en que los comentarios a las noticias en internet criticaban a los partidarios del gobierno nacional llamándolos “choripaneros”. Ahora, hasta se han tomado el trabajo de “fabricar” un ‘vale’ por un chori y un vaso de gaseosa. Tan absurdo que va – el chori – acompañado por un “vaso de Manaos”, tiene el logo del “Ministerio de desarrollo social”, el de la Presidencia y hasta un código de barras, porque todo el mundo sabe que los vendedores de choripán tienen lectores de códigos de chori (como si vendieran alguna otra cosa) o como si los “camporistas” que arrean gente de aquí para allá lo precisaran. Se llega a tal grado de absurdo que hay quienes creen que este vale es cierto, tan introyectado el estereotipo tienen.

 

Si vamos, en concreto, a la multitudinaria marcha del 1 de Marzo en la Plaza Congreso (donde además un militante bromeó con la “estigmatización del chori”) el tema es particularmente divertido. Muchos grupos – por ejemplo, de militantes – se congregaron para ir. Obviamente alquilaron un colectivo o varios, para trasladarse, y – aquí el tema – llevaron cosas para comer. Pero más allá, reunidos o auto-convocados, el acto empezó a las 12 y finalizó a las 16. En el medio de esto ocurre algo que – aunque muchos no lo crean, no lo quieran y no lo deseen – suelen hacer los concurrentes, y pueden hacerlo en estos tiempos recientes con más asiduidad: ¡almorzar! Muchos, además, aprovechan los actos para la venta ambulante: gaseosa, cerveza, chori, hamburguesas, y también pines, banderas, escarapelas, pilotos plásticos, etc… En mi caso personal, debo confesar que no pude almorzar: los puestos de chori estaban muy lejos y había bastante gente. Los de hamburguesas estaban más cerca, pero tenían más aspecto a lombrices californianas que a carne vacuna por lo que preferí esperar a mi regreso a casa para comer. Pero la cosa es que pareciera que algunos no sólo cuestionan los proyectos y modelos económicos por los que más gente puede comer y alimentarse, sino que si siquiera los quieren dejar comer un domingo de fiesta.

 

 

El chori es algo popular, no caben dudas. Y es lo popular lo que a algunos molesta (por eso el añadido de la Manaos), es ver gente – mucha – y gente feliz. Ya lo decían, con el mismo estereotipo discriminatorio, en tiempos de Perón: a la gente la llevan, la arrean como rebaño a la Plaza. Sin que nunca pudieran explicar por qué esa misma gente saltaba, cantaba, aplaudía, agitaba pañuelos. Para peor, a la vista está la juventud. Entonces se debe sumar estigmatización a la estigmatización. Y para ello está la perversa, maligna y casi satánica “Cámpora”. Así, otro “vale” suma a esta agrupación a la lista… La cosa es que no puede haber gente que se moviliza por lo que entienden como valores. Los pobres son tan limitados, tan poca cosa, que basta un chori para que dejen todo para ir a cantar, saltar, aplaudir… y tomar un vaso de Manaos. 

 

 

Algunos creemos que allí puede verse en parte la diferencia entre un “pueblo” y la “gente” (término preferido de ciertos candidatos, ¿no?). Pueblo es cultura, es fiesta. Pueblo es vida, pueblo es chori. La gente, en cambio, es limpia, raza pura, no son “negros”, “extranjeros”, la gente es “como uno”. En realidad, mucho de esto, de ver que hay quienes desprecian, abominan de los pobres, los rechazan (como rechazan sus votos), y otros que aplaudimos que haya motivos para celebrar, para encontrarnos, que celebramos que haya pueblo, que esté de pie y que elija encontrarse con miles y miles de hermanos y hermanas para comer un choripán en su plaza.

 

 

Fotos tomadas de informadorpublico.com; www.taringa.net; Twitter de @hernanpanessi)

 

 




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