lunes, 19 de mayo de 2014

Inocente pero apresado por la maquina norteamericana de mentir, ocultar, fraguar, engañar y extorsionar Gerardo Hernández heroe cubano Ricardo Alarcon de Quesada




La inocencia de Gerardo
Ricardo Alarcón de Quesada

La reunión en Londres de la Comisión Investigadora del caso de los Cinco examinó a fondo la situación específica de Gerardo Hernández Nordelo y la acusación infame (el Cargo 3 “conspiración para cometer asesinato”) presentada sólo contra él y que fundamenta su condena a morir dos veces en prisión. Se le atribuye, calumniosamente, haber participado en el derribo el 24 de febrero de 1996 de dos aeronaves del grupo terrorista autotitulado “Hermanos al Rescate”.
Desde el punto de vista legal para que un Tribunal de Estados Unidos pudiera actuar, el hecho en cuestión tenía que haber sucedido en el espacio aéreo internacional, fuera de la jurisdicción cubana. Caso contrario ninguna Corte norteamericana habría podido abordarlo.

Por eso en el juicio de Miami se discutió bastante la cuestión de la ubicación exacta del incidente, repitiendo lo que antes pasó en el Consejo de Seguridad de la ONU y en la Organización de la Aviación Civil Internacional (OACI). En esas discusiones surgieron siempre las contradicciones entre los radares cubanos y los de Estados Unidos. Sobre los datos norteamericanos, por cierto, habría mucho que escribir, por ejemplo, la demora en entregarlos, varios meses, que obligó a dilatar el trabajo de la OACI y la sospechosa destrucción de algunos registros, todo lo cual consta en el informe de la OACI.
Para tratar de resolver la discrepancia en lo que mostraban los radares, la OACI pidió a Estados Unidos que entregase las imágenes tomadas por sus satélites espaciales, petición que fue rechazada en 1996. Tampoco Washington permitió que las viera el Tribunal de Miami y lleva mucho tiempo oponiéndose a las repetidas solicitudes del Centro para el Derecho Constitucional y los Derechos Humanos de California y litiga ante las Cortes de ese Estado en su afán de mantener ocultas las imágenes. Pronto se cumplirán veinte años de obstinada censura.
Sólo Estados Unidos ha podido examinar lo que filmaron sus satélites, pero no permite que lo haga nadie más. Ni el Consejo de Seguridad de la ONU, ni la OACI, ni los tribunales norteamericanos. ¿Por qué?

Sólo puede haber una respuesta. Washington sabe que el incidente ocurrió dentro del mar territorial cubano, muy cerca del litoral habanero y en consecuencia, jurídicamente, nunca tuvo jurisdicción alguna sobre él. Porque las imágenes satelitales son prueba irrefutable de la mentira yanqui nadie más que las autoridades estadounidenses podrá verlas nunca.
Pero no se trata de que las imágenes exculpen a Gerardo. No eran necesarias porque para condenarlo la Fiscalía tenía que demostrar que él, personalmente, había participado en el incidente, algo totalmente absurdo, imposible de sostener, independientemente del lugar donde hubiera ocurrido el derribo de las aeronaves invasoras. El problema era y es para Washington.
Porque las imágenes prueban que Estados Unidos, sus autoridades y sus tribunales no tenían derecho alguno para juzgar un acontecimiento ocurrido más allá de su jurisdicción territorial. Debe destacarse que, según los radares norteamericanos, los aviones volaban, siempre juntos, rumbo sur y uno de ellos, al menos, conforme a su propia versión, había penetrado el territorio cubano. Incluso, si se aceptase la teoría estadounidense sobre la ubicación de los aviones, estos se hallaban en las inmediaciones de la capital cubana, muy cerca de su parte central y más poblada y en pocos minutos la habrían sobrevolado y hubieran podido atravesar la isla hasta la costa meridional.
No fue algo acontecido en la cercanía del espacio norteamericano, sino mucho más abajo del paralelo 24 que marca la separación entre las zonas de supervisión aérea de ambos países. Fue ahí, dentro del área bajo control cubano, que transcurrió buena parte del vuelo, siempre rumbo sur, hacia La Habana y desoyendo las indicaciones y advertencias emitidas por el centro de control de tráfico aéreo de nuestro país.


Pero, en todo caso, Gerardo no tuvo absolutamente nada que ver con el hecho, en cualquier lugar en que este ocurriese. Y eso lo sabían perfectamente las autoridades norteamericanas.
Según el Acta Acusatoria de septiembre de 1998, el FBI había identificado a Gerardo, conocía la misión que desempeñaba y revisaba sus comunicaciones con Cuba desde 1994, más de dos años antes de aquel suceso que agravó sensiblemente la situación entre ambos países. Las turbas de la mafia batistiano-terrorista llamaban entonces a la guerra en las calles de Miami, mientras, según escribió el Presidente Clinton en sus Memorias, en la Casa Blanca discutían un posible bombardeo a Cuba y él optó por promulgar la Ley Helms-Burton acompañada de amenazas belicosas. ¿Puede alguien imaginar que no habrían hecho nada contra Gerardo si él hubiese sido culpable? Nada hicieron, precisamente, porque les constaba su inocencia.
Por eso tampoco lo inculparon cuando fue detenido, junto a sus compañeros en septiembre de 1998. En la acusación inicial no se dice una palabra sobre lo ocurrido el 24 de febrero del 96, ni se habla de derribo de aeronaves o algo parecido. No lo hicieron porque el FBI, que poseía y había leído los mensajes entre Gerardo y La Habana, sabía que era inocente.
El Cargo 3 (“conspiración para cometer asesinato”) fue formulado, sólo contra Gerardo, más de siete meses después del arresto de los Cinco cuando ellos permanecían en confinamiento solitario –el infame “Hueco”- aislados del mundo, imposibilitados de defenderse. Para hacerlo la Fiscalía presentó una Segunda Acta Acusatoria que, y así lo registró la prensa de Miami, fue elaborada en reuniones que abiertamente celebraron el FBI, la Fiscalía y jefes de grupos terroristas.

Era una acusación arbitraria, fabricada de pies a cabeza, con el único propósito de complacer a los criminales, inflamar el odio contra Gerardo y sus compañeros y garantizar de antemano las peores, ilegales y más irracionales condenas. El Cargo 3 fue el centro de la desaforada y vulgar campaña mediática promovida y financiada por el Gobierno Federal, con su presupuesto, que cayó como un tsunami de mentiras, sobre una comunidad inerme y paralizada por el terror –cinco artículos por día en los periódicos impresos, incesantes comentarios, día y noche, en la radio y la televisión locales –conformando lo que justamente el panel de jueces de la Corte de Apelaciones, en 2005, calificó como una “tormenta perfecta” de odio, prejuicios y hostilidad.
Gran parte del juicio giró alrededor del Cargo 3. Dentro y fuera de la sala del tribunal, individuos vinculados a “Hermanos al Rescate” alborotaban y hacían declaraciones estridentes que amplificaban los medios locales. Ellos y los “periodistas” pagados por el Gobierno perseguían y asediaban a los miembros del jurado quienes se quejaron a la jueza y ella, por su parte, varias veces también se quejó al Gobierno, por supuesto, sin resultado alguno.
En la sala del Tribunal, pese a todo, el infundio de la Fiscalía fue derrotado. Los acusadores, tan eficaces insuflando odio y prejuicios contra él, no pudieron presentar una sola prueba para vincular a Gerardo con los sucesos del 24 de febrero. Nada.
Tan contundente y obvia fue la derrota que el Gobierno hizo algo totalmente inusitado. Al final de las discusiones, cuando la jueza iba a dictar las instrucciones para guiar al jurado a la hora de emitir su veredicto, los fiscales se opusieron sorpresivamente al texto que, ajustado palabra por palabra al Acta Acusatoria, ella había preparado. Propusieron cambiarlo radicalmente. La Magistrada, con buenas razones, no aceptó la petición alegando que habían empleado siete meses discutiendo esa acusación fiscal y era ya demasiado tarde para modificarla. Ese mismo día la Fiscalía se precipitó a hacer algo aun más insólito: en una acción que reconoció “carecía de precedentes” recurrió ante la Corte de Apelaciones con una “moción de emergencia” buscando paralizar la decisión del tribunal inferior e incluso la posposición del proceso.
En el extraño documento la Fiscalía sostuvo que “a la luz de las evidencias presentadas en el juicio las instrucciones presentadas por la jueza constituyen un obstáculo insuperable para esta Fiscalía y pueden conducir al fracaso de la acusación en este Cargo”.

Debe subrayarse que, según un principio universal de Derecho, toda persona es inocente salvo que se demuestre lo contrario y que es obligación del acusador presentar las pruebas o evidencias necesarias para demostrar la culpabilidad del acusado. La Fiscalía encaraba ciertamente “un obstáculo insuperable” por la sencilla razón de que no podía mostrar prueba alguna contra Gerardo, simplemente porque estas no existen, ni pueden existir. Carecían de cualquier prueba contra él y peor aún, sabían, pues poseían todos sus intercambios con La Habana desde hacía varios años –incluso años antes del incidente de las avionetas-, que él no había tenido relación alguna con ese hecho. En otras palabras, cuando presentó su Segunda Acta Acusatoria la Fiscalía conocía cabalmente que estaba acusando a un inocente y en consecuencia, prevaricaba imperdonable y groseramente.
El Cargo 3 fue una grave violación a la Constitución y las leyes y también a la obligación legal y hasta profesional de los fiscales. Actuaron, mano a mano con el FBI de Miami, como agentes y cómplices de una mafia terrorista que ellos debían combatir y en realidad la sirvieron con docilidad escandalosa.
La Corte de Apelaciones tampoco aceptó la tardía solicitud fiscal y a partir de ahí se produjeron acontecimientos que serían sorprendentes si no se tratase de un caso que, de principio a fin, ha sido y es un escarnio mayúsculo a la justicia.
Rápidamente, sin expresar duda alguna, sin hacer preguntas, en unas pocas horas, el Jurado declaró culpables a los Cinco de todos y cada uno de los Cargos formulados contra ellos, incluyendo el Cargo 3, sin importarle a nadie que respecto al mismo la Fiscalía había admitido su fracaso y se había empeñado por retirarlo.
Al concluir el juicio, en la primera semana de junio de 2001, la jueza anunció que dictaría las sentencias a mediados de septiembre. El abominable acto terrorista del día 11 de ese mismo mes y año al parecer la hizo cambiar de opinión. Ni ella ni el Gobierno se sentirían cómodos penalizando brutalmente a unos héroes antiterroristas mientras W. Bush se lanzaba, gozoso y con gran fanfarria, a hacerle la “guerra al terrorismo” a todo lo largo y ancho del planeta. Esperaron tres meses más.
Finalmente, el 14 de diciembre de 2001, Gerardo fue sentenciado a dos cadenas perpetuas más 15 años.
Todos, en la sala del Tribunal, sabían que castigaban a un inocente.

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- INFOCUBA
+ Comité Internacional por la Libertad de los Cinco Cubanos

Cónsul argentino en Nueva York autor intelectual asalto al cuartel Moncada apostol cubano José Martí y Pérez



Pensamientos del Cónsul argentino en Nueva York José Martí y Pérez
José Martí fue Cónsul argentino en New York.  (la anécdota es que era cubano)   toto

Recopilados por Néstor García Iturbe.

Del artículo titulado "Nuestra América", publicado en "La revista Ilustrada de Nueva York" el 10 de enero de 1891, tomamos estos pensamientos:

"Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino con las armas como almohada, como los varones de Juan de Castellanos: las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra."

"¡Los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata de las raíces de los Andes."
foto - museo en Cárdenas (MATANZAS) dos cubanos y dos argentinos.
Antonio González Carracelas abrazado por Eladio González.  La hija de
Antonio junto a Irene Rosa Perpiñal fundadora del Museo Che Guevara
de Buenos Aires.

"A los sietemesinos sólo les faltará el valor. Los que no tienen fe en su tierra son hombres de siete meses. Porque les falta el valor a ellos, se lo niegan a los demás."
"Hay que cargar los barcos de esos insectos dañinos, que le roen el hueso a la patria que los nutre."

"Pues, ¿quién es el hombre? ¿el que se queda con la madre, a curarle la enfermedad, o el que a pone a trabajar donde no la vean, y vive de su sustento en las tierras podridas, con el gusano de corbata, maldiciendo del seno que lo cargó, paseando el letrero de traidor en la espalda de la casaca de papel?"

"Estos desertores que piden fusil en los ejércitos de la América del Norte, que ahoga en sangre a sus indios y va de más a menos."

"Los hombres naturales han vencido a los letrados artificiales. El mestizo autóctono ha vencido al criollo exótico. No hay batalla entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza."

"Crear es la palabra de pase de esta generación. El vino, de plátano; y si sale agrio, ¡es nuestro vino!"

"el lujo venenoso, enemigo de la libertad, pudre al hombre liviano y abre la puerta al extranjero."

"Y como los pueblos viriles, que se han hecho de si propios, con la escopeta y la ley, aman y solo aman, a los pueblos viriles. "

"Pero en el amasijo de los pueblos se condensan, en la cercanía de otros pueblos diversos, caracteres peculiares y activos, de ideas y de hábitos, de ensanche y adquisición, de vanidad y de avaricia, que del estado latente de preocupaciones nacionales pudieran, en un período de desorden interno o de precipitación del carácter acumulado del país, trocarse en amenaza grave para las tierras vecinas, aisladas y débiles, que el país fuerte declara perecederas e inferiores."

(Considero una buena sugerencia para todos los receptores que se lean este artículo de José Martí. Leer a Martí debe ser una tarea diaria, este y todo lo que él escribió, para poder sacar enseñanzas muy útiles, recuerden que fue Martí el autor intelectual del asalto al Cuartel Moncada. El Editor)

"EL PASADO ES LA RAÍZ DE LO PRESENTE, HA DE SABERSE LO QUE FUE, PORQUE LO QUE FUE ESTA EN LO QUE ES."__,_._,___

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Marita Verón: a un año del fallo judicial que avergonzó al país

  11 de diciembre de 2013 (infobae-derf)  Hora: 10:00  

En su libro "La Red, la trama oculta del Caso Marita Verón", Sibila Camps echa luz sobre lo que hay detrás de la sentencia que absolvió a todos los imputados por el secuestro de la joven tucumana
En diálogo con Infobae, la autora reconoce que la resolución generó un "repudio social al consumo de prostitución".

"Quería creer en la Justicia", dijo con la desilusión a cuestas una incansable Susana Trimarco al conocer el inexplicable fallo judicial que el 11 de diciembre de 2012 absolvió a los 13 imputados en la causa que investigaba el secuestro y la desaparición de su hija, María de los Ángeles Verón.
En varias ciudades del país brotaba la bronca y las calles albergaban el masivo repudio a los jueces de la Sala II de la Cámara Penal de Tucumán: Alberto Piedrabuena, Emilio Herrera Molina y Eduardo Romero Lascano. En Buenos Aires, la indignación de decenas de manifestantes se volcaba sobre la fachada de la Casa de Tucumán. Hubo gritos, palos, piedras, llanto y fuego. El resultado no fue otro que cientos de heridos y otros tantos detenidos. La inexplicable decisión era irreversible.
La periodista Sibila Camps trabajó como cronista del diario Clarín y cubrió cada una de las audiencias del juicio. Si bien no se podía grabar ni filmar en la sala, ella tomó detallados apuntes de todo lo que ocurrió, de todo lo que se dijo, y  también de lo que se calló.
Las mafias, los barras, la policía y el poder político y judicial de la provincia ya habían sido objeto de estudio cuando durante los años 90 la docente de periodismo se encargó de investigar las extrañas relaciones de poder que rodeaban al ex comisario represor Mario "Malevo" Ferreyra, información que publicaría luego en su libro "El Sheriff".
En "La Red, la trama oculta del caso Marita Verón", su nuevo trabajo, Sibila Camps retoma la oscuridad de una provincia que conoce para echar luz sobre uno de los casos más emblemáticos de la impunidad de nuestro país, el de María de los Ángeles Verón, la joven de 23 años que en abril de 2002 le daba pelea a una crisis económica devastadora junto a su marido y su pequeña hija de dos años, hasta que fue secuestrada por una mafia de proxenetas. Marita, su familia, y toda una sociedad siguen esperando justicia.
-¿Nota algún cambio en Tucumán o sigue prevaleciendo la matriz de miedo que usted menciona en el libro?
Creo que sigue prevaleciendo y que es una patología social incluso. En Tucumán, la mayor parte de las mujeres en situación de prostitución mayores de 30 años han pasado por los prostíbulos de Liliana Medina y sus hijos -José "Chenga" y Gonzalo "Chenguita" Gómez- incluso travestis. He tenido la oportunidad de hablar con ellas en Tucumán. Todas tenían algo para contar, pero el miedo sigue estando y lo noto en las pocas denuncias que hay ante situaciones reales.
-¿Cómo se entiende que después de un juicio tan largo, con tantas pruebas, tantos testigos y tantos acusados nadie haya pagado por lo que le hicieron a María de los Ángeles Verón?
El de Marita Verón es un fallo absolutamente amañado, hace agua por donde lo mires. Es como si durante todo el año estuviese viendo un elefante y de repente vienen tres biólogos y me dicen, "no, esto es una grulla". No se puede creer, pero las explicaciones están en lo que se dijo y en lo que no se dijo, en lo que se ocultó y lo que no se quiso ver. Lo que más me interesaba era mostrar eso, poner todas las fichas en la mesa y relacionar todos los hilos y lo que estaba detrás, el revés de la trama.

-Una chica secuestrada, amenazada, golpeada, drogada y ultrajada sexualmente varias veces por distintos hombres durante mucho tiempo, es posible que no quiera hablar. ¿Eso complicó la búsqueda de Marita?

Sí, muchísimo. Las testigos que declararon haberla visto han sido relativamente pocas si pensamos en que ella estuvo durante casi un año y medio en el ambiente prostibulario, donde permanentemente había en cada uno de los prostíbulos entre 15 y 30 chicas por lo menos. Es decir, fueron pocas las que se animaron a declarar. Y casi todas las que hablaron fueron las rescatadas. Yo encontré una chica que me contaba que estaba en situación de prostitución y me decía que cuando estuvo secuestrada, como reventaban los prostíbulos de Tucumán, la mandaron a uno de los prostíbulos de Liliana Medina en La Rioja. Todos sabían que había una chica encerrada, de la que no se podía hablar y a la que ella no podía ver. Pudo haber sido Marita Verón o cualquier otra, pero en ese momento ella estaba siendo buscada. 

-¿Por qué los jueces no creyeron en las compañeras de cautiverio de Marita?

Dijeron que no les creían. No les creen para ciertas cosas y sí les creen para otras. Es una contradicción que no se sostiene para nada. Tengamos en cuenta que el juicio se hizo diez años después. Y las chicas que declaran hicieron durante esos diez años lo imposible por olvidar lo que vivieron. Aún así les piden que recuerden nombres, detalles. Luego hacen un recorte, toman lo que les sirve y omiten lo que complica a los imputados.

-Usted deja en claro que durante las audiencias el tribunal es muy permisivo con los artilugios de la defensa, pero no accede a los pedidos de la querella. ¿Notó falta de imparcialidad durante el juicio?

A la luz del resultado hay que pensar que sí. Si una analiza qué hicieron en cada una de las audiencias, había por lo menos una complacencia, una permisividad o exceso de tolerancia. De ahí el juicio político, que no es por el resultado sino por la conducta de los jueces, que llevó a ese resultado.

-¿En qué lo notaba?

Los jueces no tuvieron en cuenta las secuelas psicológicas de las víctimas de trata, que son muy similares a las de las víctimas de delitos de lesa humanidad. Quizás no recuerden cosas globales, pero sí un detalle especial, un arito, el calzado. La otra cuestión es que en general están a oscuras, drogadas, alcoholizadas, amenazadas, en una situación de violencia absoluta. No pueden estar atentas a todo lo que pasa a su alrededor. En esas condiciones, bajo amenaza, pretendían que diez años después respondieran como para un examen de la facultad para el que se prepararon.

-Daniela Milhein y Liliana Medina fueron dos de las principales acusadas en el juicio. ¿Cómo se entiende que una mujer que fue sometida a la trata luego se transforme en una reclutadora?

Es bastante común. Por lo general lo terminan siendo, no por una iniciativa propia, sino por una imposición. Es común que se arrimen sentimentalmente al mandamás del prostíbulo para ser liberadas de la tortura de tener que estar sometidas tantas horas todos los días, todas las noches. De esa manera pasan a ser la "pareja" del proxeneta, pero el costo es ese, encargarse de controlar los "pases", de cobrar, de castigar a las chicas eventualmente.

-¿Cuando usted dice que las explicaciones están del fallo están en "lo que no se quiso ver", a qué se refiere específicamente?

Hay muchas cosas. Analizando el vocabulario uno se da cuenta cómo los imputados se pisan. Cuando María Jesús Rivero es careada con un testigo, Julio Mafut, él habla de "conseguir chicas" y ella se refiere a "reclutar". Ese es un término que si no estás en el negocio no lo usás. El tribunal debió haberlo advertido, pero yo creo que tenía toda la predisposición para absolver a los imputados.

-A pesar de lo que pasó con Marita, de la vergüenza y la bronca de mucha gente tras el fallo, los prostíbulos y los secuestros de mujeres jóvenes siguen sucediendo. ¿Modificó algo la ley de trata de personas?

Creo que se ha avanzado un poco. Ante todo, veo que aparece gente despegando papelitos en el microcentro. Empieza a haber un repudio social al consumo de prostitución. Sigue habiendo captación, lo que pasa es que ahora el familiar denuncia rápidamente, recurre a los medios, ya saben de qué se trata y las redes sociales ayudan muchísimo. No creo que haya más víctimas que antes, sino que son más visibles los casos. Aclaro que es lo que creo, porque no hay datos estadísticos oficiales.

-¿Y a nivel provincial qué cambió?
Lo que ha ocurrido a lo largo del año pasado y lo que va de este es que en muchas provincias o ciudades han empezado a sacar leyes y ordenanzas no para prohibir los prostíbulos, porque están prohibidos por la ley 12.331 de enero de 1937, sino para prohibir los cabarets, whiskerías, club nocturnos, etcétera, que de todas maneras son prostíbulos encubiertos o lugares de facilitación de la prostitución porque están adscrítos a un prostíbulo o a un albergue transitorio. Por ahi están habilitados como cabaret, pero al lado hay una casa particular llena de piezas que funciona como prostíbulo.

- Además de las estadísticas oficiales, ¿qué cree que hace falta?

La modificación a la ley de trata cumplió 10 meses y todavía sigue sin reglamentarse. Hay cosas que sí se pueden aplicar y se aplican de hecho, como es el tema de que el consentimiento de la víctima no es atenuante y que no hay diferencias entre víctimas mayores y menores de edad. Pero lo demás, todo el programa nacional que tiene que armarse de contención a las víctimas, atención médica, psicológica, reinserción social, cultural y educativa no hay absolutamente nada.

amiga por correspondencia manuscrita Blanca Mercedes Mesa poema a mi Cuba Mi Paisito Isla de la libertad Revolución Cubana indómita víctimas de España víctimas de Estados Unidos



M I     P A I S I T O

" Cuba es la potencia moral de la humanidad "  (Fernando Martínez Heredia)

Este bello lugar de palma y caña,
de ron y de tabaco, mi paisito,
el Caribe magnánimo lo baña
y se mide entre el sol y el infinito.

Una vez fuimos víctimas de España
y otra vez de un imperio más maldito.
Al pequeño país nadie lo engaña
y se rebela siempre con un grito.

Que es de victoria ó muerte, más sin saña
para el propio enemigo en su delito,
pues el dolor del mundo lo acompaña
y siendo tan humilde este paísito
ha ganado con mérito y con maña
su potencia moral, pueblo bendito.

                    Blanca Mercedes Mesa    2013  La Habana  CUBA  









foto -  cubanas hija y madre de Regla, Eladio González argentino ojos cerrados, Sira Abreu Armenteros lentes cubana sentada, lentes blusa azul Blanca Mercedes Mesa, blusa negra Irene Rosa Perpiñal argentina, primerísimo plano Marthica Perez cubana.   fotografía de Sira Lidia Vidal Abreu.



foto  1992 - Primera plana del periódico TRABAJADORES con mensaje del argentino donante de sangre para el Policía Nacional Revolucionario Rolando Pérez Quintosa Héroe de la República de Cuba.


Blanca es bibliotecaria jubilada y se le puede escribir a:  calle 6 nº 566  entre calles 23 y 25 - reparto Plaza de la Revolución,  ciudad Habana,  CUBA.   teléfono  831 2033

difunde y promueve Eladio González   toto   director Museo Che Guevara Buenos Aires.

Che Guevara en el Congo Zaire Tatu con Kumi doctor Zerquera Osmany Cienfuegos Argelia Fidel Castro Chaubloqueo Museo Che Guevara CABA



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17-05-2014
"En el Congo aprendí mucho con el Che"

Juventud Rebelde, Rebelión, Patria, Aporrea, Ajintem, Cubainformación, Por Esto, Kadadiasomosmas.

En abril de 1965, dos años y medio antes de que al guerrillero heroico lo asesinaran sus captores tras caer herido en combate en Bolivia, Rafael Zerquera Palacios se convirtió en el primer médico que estuvo con el Che en el Congo Leopoldville, Zaire, hoy República Democrática del Congo.
Tras graduarse como médico en 1964 y cuando cumplía el servicio social en Santo Domingo, en la Sierra Maestra, llegó a la consulta de Rafael Zerquera Palacios un emisario que le traía la encomienda de que se presentara urgentemente en el Ministerio de Salud Pública en La Habana. En la capital lo recibió el entonces ministro de Salud Pública, doctor José Ramón Machado Ventura, quien le pidió su disposición para cumplir una misión internacionalista muy importante, sin decirle en qué lugar sería. Zerquera, que había ofrecido su disposición para ayudar a cualquier país en el mundo, rápidamente dio su aprobación y Machado le indicó que dijera a su familia que iría al Festival de la Juventud y los Estudiantes que tendría lugar en Argelia.

Este médico, de piel negra, nació el 1ro. de mayo de 1932, en Trinidad, antigua provincia de Las Villas. Allí estudió la escuela primaria y en Cienfuegos el bachillerato en Ciencias. Oficial retirado de las FAR, a sus 76 años tiene numerosas anécdotas que contar sobre aquella gesta, tantas que no cabrían en este pequeño artículo. sorpresa inesperada A los diez días de la entrevista con Machado Ventura, el 10 de abril de 1965, él, junto a otros tres combatientes (Norberto Pio Pichardo, Víctor M. Ballester y Martín Chibás González) tomaron un avión vía La Habana-Moscú, lugar donde se le unieron tres compañeros más, y en El Cairo, Egipto, otros tres. Ya eran nueve y con Zerquera (iba al frente del grupo) sumaban diez. Antes del viaje, el Comandante en Jefe Fidel Castro habló con Zerquera, le explicó la importancia de la misión, se interesó por su familia pero no le dijo a qué país iría, aunque le expresó que cuando llegara allá se iba a encontrar con una sorpresa que ni esperaba ni podía soñar. «Esa conversación fue uno de los momentos más felices de mi vida».
De Egipto volaron a Tanzania, adonde llegaron el 18 de abril, y allí se encontró con Víctor Dreke, José María Martínez Tamayo (Papi), el capitán Rivalta como embajador en ese país, Oscar Oliva, y el Che que estaba disfrazado y parecía un profesor francés. Zerquera llevaba dos maletines, uno que pesaba mucho, con balas de M-1 (después supo que eran para el Che), y el otro contenía dinero en efectivo.

Al despedirlo en el aeropuerto de La Habana, Osmany Cienfuegos le había entregado los maletines y le ordenó: «se los entregas solo al jefe; puede ocurrir algún problema pero como único salvas tu honra es que venga el cadáver tuyo junto con la noticia de que los maletines se perdieron».
Recuerda el galeno que, una vez en Tanzania, con los elementos aportados por el Comandante en Jefe sobre la sorpresa que encontraría, cuando vio a un hombre blanco «camuflajeado» entre los demás, con una pipa y leyendo francés, comenzó a sospechar. Y cuando ese hombre blanco con una barba a medio salir, reunió a los 14 primeros compañeros que habían llegado, les explicó las tareas y objetivos de su presencia en el lugar y les preguntó si alguien lo conocía, sus sospechas aumentaron. Los únicos que sabían su identidad eran Dreke (segundo jefe de la futura guerrilla) y su ayudante José María Martínez Tamayo (Papi), pero no dijeron nada.
Zerquera le dijo que tenía una idea y, ante la exigencia del jefe para que dijera el nombre, respondió: me imagino que usted es el Che. todo el mundo era soldado Guevara hizo un gesto afirmativo y seguidamente explicó el porqué de su presencia en tierras africanas. Habló de su afecto y admiración por Patricio Lumumba y entonces se dieron cuenta de adónde irían.

Dijo que el Movimiento le había solicitado al gobierno cubano una ayuda. Agregó que entre los dirigentes cubanos, él era el que mejores condiciones tenía para dar ese paso. Que había estado antes en varios países africanos y contactó con el Movimiento de Liberación lumumbista. Habló sobre muchas cosas: que tenían que ser un ejemplo; de cuando se integró a las filas del 26 de Julio; de cuando conoció a Fidel; de cómo se fue ganando los grados por los méritos y los actos; que había que ser así, que allí nadie era nadie, que todo el mundo era soldado, empezando por él, y que los grados se irían adquiriendo según se los ganaran. Que llevaba una libreta donde anotaría la historia de cada cual como se hace en toda guerrilla. Puntualizó que allí no quería autosuficiencia, autovaloración, que íbamos a ayudar y teníamos que ser humildes para ser ejemplo. Señaló que la tarea no sería un paseo, que podía durar cinco años y después se valoraría una sustitución progresiva, de acuerdo con los intereses del Movimiento. Seguidamente sacó un diccionario en lengua swahili y le asignó un número a cada uno de los 14 presentes. Moja, número uno en swahili, a Dreke; el dos, Mbili, a su ayudante; el tres, Tatu, el Che. A Zerquera, como venía al frente de diez compañeros le puso ese número, Kumi. Como el Che era un excelente estratega militar, después de pasar el diez, saltó al 20, 30, 40, etcétera, con el objetivo de despistar al enemigo sobre cualquier cifra posible. Tras la reunión, Kumi trató de entregarle los maletines pero el Che le dijo que los guardara.
Tras buscar medicinas y el avituallamiento necesario en Tanzania se dirigieron a la frontera con el Congo Leopoldville (antiguo Zaire). Desde Kigoma, en Tanzania, atravesaron, en la oscuridad de la noche, el peligroso lago Tanganika en dos pequeñas lanchas. Los primeros 13 combatientes cubanos llegaron el 24 de abril de 1965 a la localidad de Kibamba, en el Congo.
Se iniciaba así el andar del Guerrillero Heroico, con un puñado de hombres, por tierras congoleñas. En esa gesta llegaron a participar 123 combatientes cubanos, ya tienes pacientes.
Como la participación del Che no había sido informada, nadie del Movimiento de Liberación los recibió en Kibamba. Entonces Godefroid Tchamleso, un congolés miembro de esa organización que viajó con ellos en la lancha, organizó con algunos combatientes nativos una especie de bienvenida. Los alojaron en unas chozas. En una de ellas el Che puso su hamaca y esa noche Kumi durmió en el suelo cerca de él.
Al siguiente día exploraron una empinada montaña cercana al lugar donde finalmente se establece el campamento principal. El doctor Zerquera quedó en Kibamba encargado de atender a los enfermos y de recibir a los futuros combatientes que irían llegando.
En una primera ocasión Kumi subió, con mucha dificultad por la falta de preparación, la empinada cima de 1 800 metros de altura donde radicaba el Che, pero la segunda vez fue porque lo mandaron a buscar y al llegar encontró al guerrillero heroico muy mal de salud, con mucha fiebre y tos seca. Zerquera le preguntó cuál sería el tratamiento mejor para su caso específico y el Che le dijo que kanamicina, pero se lamentó porque no sabía dónde la iban a encontrar. Entonces es cuando Kumi abrió el maletín y Guevara le preguntó de dónde lo había sacado. Tras las explicaciones pertinentes comenzó el tratamiento y a los tres días, ya algo restablecido, le indicó a Kumi que su trabajo estaba en Kibamba, donde tenía un hospital y pacientes que atender.
Poco tiempo despues el médico tuvo que regresar porque el Che presentaba hemorragia y fiebre alta. Durante tres largos días con sus noches Kumi le puso tratamiento contra la malaria hasta que salió de la gravedad. De ahí en adelante, el Che nunca más se enfermó y continuó organizando y dando aliento a sus hombres pese a que los problemas dentro del movimiento de liberación del Congo y las condiciones para sostener la guerrilla no eran las mejores.
«Yo aprendí mucho con el Che desde los primeros días en que llegamos a Kibamba, cuando estábamos prácticamente sin hacer nada y nos cayó el “gorrión”, es decir, la nostalgia. Una mañana se apareció en el campamento y me dijo que venía a ayudarme para que no me quejara. Me preguntó a qué yo había ido y establecimos el siguiente diálogo:
Kumi: A atender a los enfermos y heridos cubanos
Che: No, usted vino a ejercer su profesión.
Kumi: Dígame cómo la ejerzo.
Che: Coja el maletín y acompáñeme.
Y el Che y yo, junto al traductor congoleño Freddy Ilanga (fallecido más tarde en Cuba) comenzamos a recorrer la zona. Veíamos a los enfermos y decía, a este aspirina a aquel, vitamina B-2. Al otro día, no tuve que dar el recorrido, los nativos se me metían en la choza para que los consultara, y el Che me dijo: “Fíjate como ya tienes pacientes”.
Pese a que la gesta del Congo no dio los resultados esperados, afirma Kumi, “al paso de los años comprendí que en realidad esa misión sirvió de mecha para alimentar el fuego de la lucha en los pueblos africanos; fuego que después comenzó a incendiar Guinea Bissau, Mozambique, Angola, Namibia, Sudáfrica y todos los demás países que se liberaron.
En total siete médicos cubanos y uno de origen haitiano que estudiaba en Cuba participaron en esta gesta con el Che en el Congo Leopolville.