martes, 1 de noviembre de 2011

CENSURA quema libros prohiben novelas No te quieren, Huckleberry bib1

En nombre de La Polilla
Aprendiendo un poco más de la sociedad norteamericana: Acabo de encontrar por casualidad este texto en un hermoso blog. Les dejo la presentación del administrador y el texto, que recomiendo a mis colegas bibliotecarios:

"Decía hace un par de siglos el bueno de Mariano José de Larra que el verdadero talento no consiste en saber lo que hay que decir, sino lo que hay que callar. Pero en este mundo extraño en que nos ha tocado vivir, los silencios matan más que las palabras y cuando nos pasen la factura deberemos rendir cuentas no por las cosas que dijimos sino por todas aquellas situaciones en las que nos quedamos callados".

No te quieren, Huckleberry.

Publicado el 19 abril 2011 por Tico

Biblioclastia es un palabro de nuevo cuño para designar la curiosa afición (tradicionalmente reservada a emperadores, guardianes de la fe y militarotes varios) de convertir los libros de su habitual estado sólido a un estado gaseoso por el infalible método de meterles candela. El primer biblioclasta del que tenemos noticia fue el emperador Huang Ti quien, además de construirla Gran Muralla, echó a las llamas toda la literatura china existente hasta el año213 a.c. Después torturó y ejecutó a todos los escritores que había en el imperio. Por si acaso.

Como humo se nos fue también el medio millón de libros que tenía la biblioteca de Al Hakam, quemada en 1002 por Almanzor para ganarse a los creyentes más ortodoxos. Pero sería con la llegada, de la Santa Inquisición cuando, ya con más profesionalidad y dedicación, por la chimenea del fanatismo religioso se nos esfuma todo el conocimiento andalusí acumulado durante ocho siglos, transformadas en volutas y pavesas la filosofía, la física, la botánica, la astronomía, la poesía, etc… Y de hoguera en hoguera, llegamos a la Opernplatz de Berlín en 1933, donde Goebbels mandó quemar todo lo que el buen hombre consideraba “literatura antialemana” entre los que se contaban  autores como Einstein, Hemingway, Kafka, Jack London, Karl Marx, Emile Zolá, HG Wells o Freud. Este último comentaba para consolarse que “al menos me han quemado en buena compañía”.

Y es que si de inquisidores y nazis va la cosa, no podemos obviar la clarividencia del poeta alemán Heinrich Heine cuando advertía que “allá donde se queman los libros se termina quemando a las personas”.

En nuestros días, afortunadamente, ya no se quema a nadie. Que sepamos. Sólo se les encarcela, tortura, se pone precio a sus cabezas (Salman Rushdie o  de cómo la mediocridad literaria es rentable si se toca lo suficiente las narices al personal integrista) se les secuestra judicialmente los ejemplares o simplemente se les veta en las editoriales y las bibliotecas. Y ahí es donde vamos.

La American Library Association celebra anualmente su Semana de los libros censurados: Celebrando la libertad para leer. Con ello pretenden visibilizar la presión que ejercen los grupos de ídem para sacar de las bibliotecas públicas y de la distribución comercial aquellos libros que a estos señores y señoras incomodan. ¿Quieren algunos ejemplos?

La fundamentalista Sarah Palin trató de sacar de la biblioteca de su ciudad natal una larga serie de libros por considerarlos (sic) ofensivos a la moral americana (es decir, a la suya) y pretendía que criaran telarañas las estanterías que antes albergaran La naranja mecánica, Un mundo perfecto, Los cuentos de Canterbury, Tarzán de los monos, El amante de Lady Chatterley, Huckleberry Finn, Tom Sawyer, El señor de las moscas, El Decamerón, Lisistrata, El Mercader de Venecia, la saga de Harry Potter y, cómo no, encabezando el ranking mi libro de cabecera: Las uvas de la ira (nótese que Steinbeck tiene también en esa lista a De hombres y ratones y a Al este del Edén). La pobre de Mary Ellen Emmons, a la sazón bibliotecaria de Wasilla, se negó a tal despropósito contra la literatura universal. Fue despedida un mes más tarde.

¿Más libros?

King&King  (Linda de Haan y Stern Nijland) trata de un príncipe en edad casadera que, tras rechazar sucesivas potenciales princesas, conoce a otro príncipe del que queda prendado y con quien finalmente se casa. Algo que no debió parecerle muy bien a la asociación de padres y madres que secuestraron literalmente ese libro infantil de la biblioteca de la escuela municipal de Lexington, Massachusetts.

Paradojas de la estulticia, los alumnos/as de la escuela secundaria de Irvine, California, leen censurado el más famoso libro escrito contra la censura literaria: Fahrenheit 451. Concretamente las autoridades escolares tacharon en toda la obra las palabras “mierda” y “demonio”. No se rían. MIERDA. DEMONIO. MIERDA.

El País de las Maravillas de Alicia desde luego no es China: en la provincia de Hunan fue prohibido porque los animales hablan. Espero que esas autoridades chinas no vean Intereconomía.

Más crudo lo tiene el pobre Huckleberry, el cuarto personaje más prohibido actualmente en las escuelas gringas. Parece que a alguna gente le molesta que a lo largo de la obra aparezca más de 200 veces la palabra “negro”. Vetado por racista. Cuando Huckleberry vio la luz en 1885 se le proscribió de las escuelas de los Estados sureños por su (sic) “prédica abolicionista”. Vetado por antirracista.

El Código da Vinci me parece un libro malo de narices. Pero no tanto como para que lo prohíban como de hecho ocurre en Líbano por (sic) ofender al cristianismo, según la comunidad católica local.

Y en los Emiratos Árabes se han tomado demasiado en serio lo de la varita de Harry Potter; la saga está prohibida por incitar a la infancia a practicar la brujería.

La fabrica de chocolates de Charly estuvo cerrada en Colorado porque el contenido refleja una (ejem) “pobre filosofía de vida”. Normal, piensa uno/a: acostumbrados/as a la profundidad reflexiva y metafísica de las series gringas de TV lo demás es superficial.

También el Ulysses estuvo prohibido en gringolandia y no por ladrillazo (lo cual no habría sido reprochable en extremo, a fe mía) sino por el pasaje en que Joyce describe a Leopold Bloom jugando al cinco contra uno mientras mira las piernas de una señora.

Y hablando justo de eso, los profesores de una escuela pública en East Hampton, Nueva York, preocupados de que sus alumnos pudieran quedarse ciegos, enanos y con espinillas buscando a Wally, retiraron la obra de la biblioteca porque en una de las láminas aparecía una imagen microscópica de una señora en la playa haciendo topless. Ah, Wally, Wally, símbolo erótico de toda una generación.

¿Les parece surrealista? Aún hay más: “Sexo… ¿Qué es? Desarrollo, cambios corporales, sexo y salud sexual” (It’s Perfectly Normal: Changing Bodies, Growing Up, Sex and Sexual Health) de Robie Harris está vetado (sic) “por promover la educación sexual”. Sí. Es lo que suelen tener los libros de educación sexual.

Un aviso: si alguno/a de ustedes es miembro del opusdei (cosa de la que, si han llegado hasta aquí, albergo serias dudas) ha de saber que necesitará un permiso especial de su director espiritual, y éste para autorizárselo del Prelado, si quiere leer, ejem, 6.892 libros.

Y para terminar como empezamos, recuerdo la impresión que me produjeron de adolescente las primeras líneas de un libro que me regaló mi padre:

“Este libro puede estar mejor o peor escrito pero tiene la misma ventaja innegable que cualquier otro: con este libro se puede encender un fuego”

Se trataba, obviamente de un Manual de Supervivencia.

 

Tomado de http://orfanatodeutopias.wordpress.com/2011/04/19/no-te-quieren-huckleberry/http://orfanatodeutopias.wordpress.com/2011/04/19/no-te-quieren-huckleberry/



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Lic. Rosa Cristina Báez Valdés "La Polilla Cubana"
Moderadora Lista e-mail Cuba coraje y Coordinadora de la Red Social Hermes para Cuba y A. Latina

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Mi demonio y mi angel estan dentro mío Leonardo Boff Angels and Demons inside of me

 

 

De: Eladio Gonzalez [mailto:museocheguevara@fibertel.com.ar]
Enviado el: Martes, 01 de Noviembre de 2011 05:43 p.m.
Asunto: Mi demonio y mi angel estan dentro mío

 

Mi querida familia. Les envío algo que es difícil de leer y de entender pero les aseguro que todos nosotros

llevamos en nuestro interior ángeles y demonios.  Nuestro demonio ó “parte negativa” nos decidirá a actuar

de una forma en la que nos veremos perjudicados.  Nuestra parte positiva ó “angel” es la saludable, la que

considera que somos valiosos, la que da pasos firmes (cuando nosotros nos valoramos, respetamos, apreciamos y

queremos a nosotros mismos.)  El cerebro obedece a veces al ángel y otras al demonio.  A cualquiera de ustedes

hijos, nueras ó nietos que deseen interiorizarse más en este artículo, porque no llegan a entenderlo en su totalidad

(a mi me cuesta hacerlo pero la experiencia propia me ha ayudado) pueden proponerme que juntos lo estudiemos,

discutamos, compartamos.  Es el secreto del buen vivir el aprender a manejarnos nosotros mismos, a tener cuidado

con nuestras pasiones, enojos y arranques.

Por lo menos de cada cien oportunidades bueno sería poder controlar y perfeccionar nuestras decisiones en ochenta

de los casos.    Un abrazo enorme para todos. Los quiero mucho.     El abuelo  Eladio González toto.

Como lidiar con nuestros ángeles y demonios interiores

2011-10-28

El ser humano es una unidad compleja: es simultáneamente hombre-cuerpo, hombre-psique y hombre-espíritu. Detengámonos un momento en el hombre-psique, es decir, en su mundo interior, urdido de emociones y pasiones, luces y sombras, sueños y utopías. Así como hay un universo exterior universo exterior, hecho de órdenes-desórdenes-nuevos órdenes, de horribles devastaciones y de emergencias prometedoras, así también hay un mundo interior, habitado por ángeles y demonios. Ellos revelan tendencias que pueden llevarnos a la locura y a la muerte, y energías de generosidad y de amor, que nos pueden traer autorrealización y felicidad.

Como observaba el gran conocedor de los meandros de la psique humana C.G. Jung: el viaje rumbo al propio Centro, debido a estas contradicciones, puede ser más peligroso y largo que el viaje a la Luna y las estrellas.

Entre los pensadores de la condición humana, hay una cuestión nunca resuelta satisfactoriamente: ¿cuál es la estructura de base de nuestra interioridad, de nuestro ser psíquico? Son muchas las escuelas de interpretación.

Resumiendo, sostenemos la tesis de que la razón no aparece como la realidad primera. Antes de ella hay todo un universo de pasiones y emociones que agitan al ser humano. Por encima de ella está la inteligencia, por la cual intuimos la totalidad, nuestra apertura al infinito y el éxtasis de la contemplación del Ser. Las razones comienzan con la razón. La razón en sí misma es sin razón. Ella simplemente está ahí, indescifrable.

Pero ella remite a dimensiones más primitivas de nuestra realidad humana, de las que se alimenta y que la atraviesan en todas sus expresiones. La razón pura kantiana es una ilusión. La razón viene siempre impregnada de emoción y de pasión, hecho aceptado por la moderna cosmología. La cosmología contemporánea incluye en la idea de universo no solo energías, galaxias y estrellas, sino también la presencia del espíritu y de la subjetividad.

Conocer es siempre entrar en comunión interesada y afectiva con el objeto del conocimiento. Apoyado por una pléyade de otros pensadores, siempre he sostenido que el estatuto de base del ser humano no reside en el cogito cartesiano (en el yo pienso, luego existo), sino en el sentido platónico-agustiniano (en el siento, luego existo), en el sentimiento profundo.    Este nos pone en contacto vivo con las cosas, percibiéndonos parte de un todo mayor, siempre afectando y siendo afectados. Más que ideas y visiones de mundo, son las pasiones, sentimientos fuertes, experiencias germinales, el amor y también sus contrarios, los rechazos y los odios avasalladores, lo que nos mueve y nos pone en marcha.

La razón sensible hunde sus raíces en el surgimiento de la vida, hace 3 mil millones de años, cuando irrumpieron las primeras bacterias y comenzaron a dialogar químicamente con el medio para poder sobrevivir. Ese proceso se profundizó a partir del momento en que surgió el cerebro límbico de los mamíferos, hace más de 125 millones de años, cerebro portador de cuidado, de ternura, cariño y amor por la cría. Es la razón emocional que alcanzó nivel autoconsciente e inteligente con los seres humanos, pues también somos mamíferos.

El pensamiento occidental es logocéntrico y antropocéntrico y puso siempre bajo sospecha la emoción, por miedo a perjudicar la objetividad de la razón. En algunos sectores de la cultura se creó una especie de lobotomía, es decir, una gran insensibilidad ante el sufrimiento humano y los padecimientos por los cuales ha pasado la naturaleza y el planeta Tierra.

En los días actuales nos damos cuenta de que es urgente, al lado de la razón intelectual irrenunciable, incluir decididamente la razón sensible y cordial. Si no volvemos a sentir con afecto y amor a la Tierra como nuestra Madre y a nosotros como la parte consciente e inteligente de ella, difícilmente nos moveremos para salvar la vida, sanar heridas e impedir catástrofes.

Uno de los méritos innegables de la tradición psicoanalítica, a partir de su maestro fundador Sigmund Freud, fue el haber establecido científicamente la pasionalidad como la base, en grado cero, de la existencia humana. El psicoanalista trabaja no a partir de lo que el paciente piensa sino a partir de sus reacciones afectivas, de sus ángeles y de sus demonios, buscando establecer cierto equilibrio y una serenidad interior sostenible.

Toda la cuestión es cómo enseñorearnos creativamente de nuestra pasionalidad de naturaleza volcánica. Freud se centra en la integración de la libido, Jung en la búsqueda de la individuación, Adler en el control de la voluntad de poder, Carl Rogers en el desarrollo de la personalidad, Abraham Maslow en el esfuerzo de autorrealización de las potencialidades latentes. Se podrían citar otros nombres como Lacan, Reich, Pavlov, Skinner, la psicología transpersonal y la cognitiva comportamental, y otros.

Lo que podemos afirmar es que independientemente de las distintas escuelas psicoanalíticas el hombre-psique se ve obligado a integrar creativamente su universo interior siempre en movimiento, con tendencias diabólicas y simbólicas, destructivas y constructivas. Por aciertos y equivocaciones vamos procesualmente descubriendo nuestro camino.

Nadie podrá sustituirnos. Estamos condenados a ser maestros y discípulos de nosotros mismos.

 

 

Please circulate this article widely. Thanks!

How to Deal With our Inner Angels and Demons

Leonardo Boff

Theologian

Earthcharter Commission


The human being is a complex unit: it is simultaneously man-body, man-psyche and man-spirit. Let's dwell for a moment on the man-psyche, that is, his inner world, made up of emotions and passions, light and shadows, dreams and utopias. Just as there is an outer universe, made up of order-disorder-new orders, of horrible devastations and of promising emergencies, there is also an inner world, inhabited by angels and demons. They display tendencies that can take us to madness and death, and impulses of generosity and love that can bring us self-realization and happiness.

As observed by C. G. Jung, who well knew the pathways of the human psyche: the journey to our own Center, due to these contradictions, can be longer and more dangerous than a trip to the Moon and the stars.

Among the philosophers of the human condition, there is a question that has never been satisfactorily resolved: what is the basic structure of our interior, of our psychic being? There are many schools of thought.

In short, we affirm the thesis that reason is not the first reality. Before it, there is a whole universe of passions and emotions that arouse the human being. Above reason there is intelligence, through which we sense totality, our openness to the infinite and the ecstasy of contemplating the Being. Reasons start with reason. Reason itself is without reason. Reason is simply there, indecipherable.

But reason carries us to the more primitive dimensions of our human reality, those that nourish reason and that run through all its expressions. Kantian pure reason in an illusion. Reason always comes saturated of emotion and passion, a fact accepted by modern cosmology. Contemporary cosmology includes in the concept of the universe not only energies, galaxies and stars, but also the presence of the spirit and of subjectivity.

To know always involves entering into an interested and affective communion with the object of knowledge. Supported by many other thinkers, I have always maintained that the basic form of the human being does not reside in the Cartesian cogito (in the, I think, therefore I am), but in the Platonic-Augustinian sense (in the I feel, therefore I am), in the profound feeling. This puts us in live contact with things, making us aware of being part of a larger whole, always affecting and being affected. More than world ideas and visions, it is the passions, strong feelings, germinal experiences, love, and their opposites as well, the rejections and the overwhelming hatreds, that move us and propel us forward.

Sensible reason finds its roots in the moment life appeared, some 3.8 thousand million years ago, when the first bacteria erupted and started to dialogue chemically with the environment, in order to survive. That process deepened when, more than 125 million years ago, the organized brain of the mammals appeared, a brain that carried caring, tenderness, affection and love for the newly born. The emotional reason reached a level of self consciousness and intelligence in the human being, because we also are mammals.

Western thought is logic-centric and anthropocentric, and always held emotion under suspicion, for fear of harming the objectivity of reason. In some sectors of culture, a sort of lobotomy was created, that is, a great insensibility for human suffering and for the problems which nature and planet Earth have endured.

We now realize that it is urgent to definitively include sensible and cordial reason, in addition to intellectual reason, which cannot be replaced. If we cannot get back to feeling, with affection and love for the Earth as our Mother and for us as her conscious and intelligent organ, it will be difficult for us to mobilize to save life, heal the wounds, and prevent catastrophes.

One of the undeniable values of the psychoanalytical tradition, starting with Sigmund Freud, its founding master, was to have scientifically established passion as the basis, at level zero, of human existence. The psychoanalyst works not from what the patient thinks but from his affective reactions, from his angels and demons, seeking to establish a certain equilibrium and a sustainable inner serenity.

The question is how to creatively take control of our volcanic passions. Freud dwells on the integration of the libido, Jung in the search for individuation, Adler in will power control, Carl Rogers in the development of personality, Abraham Maslow in the effort of self realization of latent potentialities. Other names could be mentioned, such as Lacan, Reich, Pavlov, Skinner, transpersonal psychology and cognitive behaviorism, among others.

What we can affirm is that independently of the different psychoanalytical schools, the man-psyche sees himself as forced to creatively integrate his inner universe, always in motion, with the diabolic and symbolic tendencies, destructive and constructive. Through a process of successes and mistakes, we discover our path.

No one could take our place. We are condemned to be the teachers and disciples of ourselves.

Leonardo Boff

10-28-2011

Free translation from the Spanish sent by

Melina Alfaro, alfaro_melina@yahoo.com.ar,

done at REFUGIO DEL RIO GRANDE, Texas, EE.UU.

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Fidel Castro deporte hazaña de Guadalajara Mexico Cuba Panamericanos

Reflexiones de Fidel Castro:   DEPORTE

 

La hazaña de Guadalajara

Hago un breve receso en mis análisis políticos para dedicar este
espacio a la hazaña de los atletas cubanos en los Decimosextos Juegos
Deportivos Panamericanos.

Los Juegos Olímpicos y las competencias deportivas internacionales que
giran en torno a ellos, y despiertan tanto interés en miles de
millones de personas, tienen una hermosa historia que no por ultrajada
debiera dejar de recordarse.


El aporte del creador de los Juegos Olímpicos fue especialmente
nítido, más aún que el de Nobel quién en una etapa de su vida,
buscando crear un medio más eficaz de producción, produjo el explosivo
con cuyos frutos económicos los designados para cumplir su voluntad en
favor de la paz lo mismo premian a un científico o escritor brillante,
que al jefe de un imperio que ordena el asesinato de un adversario en
presencia de su familia, el bombardeo de una tribu en el centro de
Asia o de un pequeño país independiente del norte de África, y el
exterminio de sus órganos de mando.

El Barón Pierre de Coubertin fue el creador de los Juegos Olímpicos
modernos; de origen aristocrático, nacido en Francia, país capitalista
donde un campesino, un obrero, o un artesano, no tenían en aquella
sociedad posibilidad alguna de emprender esa tarea.

Desatendiendo los deseos de su familia, que deseaba hacer de él un
oficial del ejército, rompió con la Academia Militar y se consagró a
la pedagogía. De cierta forma su vida recuerda la de Darwin,
descubridor de las leyes de la Evolución Natural. Coubertin se
convierte en discípulo de un pastor anglicano, funda la primera
revista dedicada al deporte y logra que el gobierno francés la incluya
en la Exposición Universal de 1889.

Comienza a soñar con reunir en una competencia a deportistas de todos
los países bajo el principio de la unión y la hermandad, sin fines
lucrativos y solo impulsados por el deseo de alcanzar la gloria.
Sus ideas inicialmente no fueron muy comprendidas pero persistió,
viajó por el mundo hablando de paz y unión entre los pueblos y los
seres humanos.

Finalmente, el Congreso Internacional de Educación Física, celebrado
en Paris en junio de 1894, creó los Juegos Olímpicos.

La idea encontró resistencia e incomprensión en Inglaterra, la
principal potencia colonial; el boicot de Alemania, poderoso imperio
rival; e incluso la oposición de Atenas, ciudad escogida para la
primera Olimpiada.
Pierre de Coubertin logró comprometer a emperadores, reyes y gobiernos
de Europa con sus incansables esfuerzos y su talento diplomático.

Lo principal fue, a mi juicio, la profundidad y la nobleza de sus
ideas que ganaron el apoyo de los pueblos del mundo.

El 24 de marzo de 1896, el Rey de Grecia, por primera vez, declaró
abierto los Primeros Juegos Olímpicos Internacionales de Atenas, hace 115 años.

Dos destructivas y demoledoras guerras han transcurrido desde
entonces, originadas ambas en Europa, las que costaron al mundo
decenas de millones de personas muertas en los combates, y a los
cuales se sumaron los civiles muertos en los bombardeos o por el
hambre y las enfermedades que vinieron después. La paz no está
garantizada. Lo que se conoce es que, en una nueva guerra mundial, las
armas modernas podrían destruir varias veces a la humanidad.

Es a la luz de estas realidades que tanto admiro la conducta de
nuestros deportistas.

Lo más importante del movimiento olímpico es la concepción del deporte
como instrumento de educación, salud y amistad entre los pueblos; un
antídoto real a vicios como las drogas, el consumo de tabacos, el
abuso de bebidas alcohólicas, y los actos de violencia que tanto
afectan a la sociedad humana.

Por la mente del fundador del olimpismo no pasaba el deporte tarifado
ni el mercado de atletas. Ese fue también el noble objetivo de la
Revolución cubana, lo cual implicaba el deber de promover tanto el
deporte como la salud, la educación, la ciencia, la cultura y el arte,
que fueron siempre principios irrenunciables de la Revolución.

Más no solo eso, nuestro país promovió la práctica deportiva y la
formación de entrenadores en los países del Tercer Mundo que luchaban
por su desarrollo. Una Escuela Internacional de Educación Física y
Deportes funciona en nuestra Patria desde hace muchos años, y en ella
se han formado numerosos entrenadores que desempeñan con eficiencia
sus funciones en países que a veces compiten en importantes deportes
con nuestros propios atletas.

Miles de especialistas cubanos han prestados sus servicios como
entrenadores y técnicos deportivos en muchos países del llamado Tercer Mundo.

Es en el marco de esos principios aplicados durante decenas de años
que nuestro pueblo se siente orgulloso de las medallas que obtienen
sus atletas en las competencias internacionales.

Las transnacionales del deporte tarifado han dejado muy atrás los
sueños del creador del olimpismo.
Valiéndose del prestigio creado por las competencias deportivas,
excelentes atletas, la mayoría de ellos nacidos en países pobres de
África y América Latina, son comprados y vendidos en el mercado
internacional por aquellas empresas, y solo en contadas ocasiones se
les permite jugar en los equipos de su propio país, donde fueron
promovidos como atletas prestigiosos por sus esfuerzos personales y su
propia calidad.

Nuestro pueblo, austero y sacrificado, ha tenido que enfrentarse a los
zarpazos de esos mercachifles del deporte rentado que ofrecen
fabulosas sumas a nuestros atletas, y en ocasiones privan al pueblo de
su presencia con esos groseros actos de piratería.

Como aficionado al deporte muchas veces conversé con los más
destacados, y por ello en esta ocasión me complacía mucho ver a través
de la televisión los éxitos deportivos de nuestra delegación y su
regreso victorioso a la Patria, procedente de Guadalajara, donde
Estados Unidos, a pesar de poseer aproximadamente 27 veces más
habitantes que Cuba, sólo pudo obtener 1,58 veces más títulos y las
correspondientes medallas de oro que Cuba, la cual alcanzó 58.

Brasil, con más de 200 millones de habitantes, obtuvo 48.

México, con más de 100, obtuvo 42.

Canadá, un país rico y desarrollado con 34 millones de habitantes,
obtuvo solo 29.

El número total de medallas de oro, plata y bronce alcanzadas por
Cuba, fue proporcional al número de títulos mencionados.

No pocos de nuestros jóvenes atletas tuvieron éxitos verdaderamente
sorprendentes.

A pesar de las victorias, que enorgullecen a nuestro pueblo, tenemos
el deber de seguir superándonos.


Fidel Castro Ruz
Octubre 30 de 2011