ERNESTO CHE GUEVARA Y SOCIALISMO CUBANO CRITICA MARXISTA TRANSICION FERNANDO MARTINEZ HEREDIA
El
Che y la crítica desde el socialismo cubano
Fernando
Martínez Heredia
Cubadebate, 28 febrero 2013
foto de dibujo sobre Che Guevara, realizado en prisión norteamericana, por Antonio Guerrero
héroe cubano, que cumplió 15 años privado de su libertad, por luchar contra el terrorismo. Chaubloqueo.Toto
Ernesto Che Guevara es uno de los nombres fundamentales en
la historia del pensamiento revolucionario cubano. Y es uno de los más
prominentes marxistas que participaron desde el Tercer Mundo en el proceso de
universalización de esa concepción teórica revolucionaria. Los dos títulos que
se presentan aquí hoy son de una enorme importancia para el conocimiento de la
concepción revolucionaria marxista del Che.
He analizado su pensamiento en numerosos escritos e intervenciones desde
hace décadas. Entonces, dedicaré la mayor parte de mis palabras a un aspecto de
la concepción teórica del Che que está muy desarrollado en
Apuntes críticos a la Economía Política, pero
también está siempre presente en
Retos de la transición socialista en Cuba (1961-1965).
No es posible valorar ni sacarle mucho provecho a un pensamiento específico
sin conocer en alguna medida sus presupuestos ―tanto en lo concerniente al
mundo en que se elaboró como a la persona que lo hizo— y el lugar que ocupó ese
pensamiento respecto a las situaciones y los problemas fundamentales de su
época. Enumero cuatro aspectos del momento histórico al que pertenecen estos
dos libros: el triunfo del socialismo cubano; el tiempo en que ese socialismo
fue retado por el estado del pensamiento existente en un país capitalista
neocolonizado en el cual comenzaba una Revolución muy profunda; las
necesidades, el desarrollo y los conflictos propios de esa Revolución en el
poder durante su primera etapa (la que va de 1959 a inicios de los años 70); y
el conjunto de sus condicionamientos internacionales.
Las tres revoluciones cubanas sucedidas entre 1868 y 1935 habían exigido
complejizaciones de la hegemonía de la dominación que permitieran su
reformulación eficaz en cada etapa posrevolucionaria. Una consecuencia
importante fue la incongruencia entre la estructura económico-social y las
dimensiones política e ideológica, que llegó a ser muy fuerte durante la
segunda república burguesa neocolonial (1936-1958). Se estableció un delicado
equilibrio dirigido a que nunca más hubiera una
Revolución
en Cuba, pero conllevaba el riesgo de que si esta sucediera, se vería
obligada a ser muy radical. Por ejemplo, el democratismo era más influyente que
el liberalismo. Estaba muy extendida la creencia en que grandes jornadas
cívicas y la adopción de nuevas leyes podrían satisfacer las necesidades de
cambios de la sociedad. La palabra
revolución era muy utilizada, pero
las organizaciones políticas ―incluida la declaradamente socialista— no se
proponían utilizar esa vía para abatir el dominio del imperialismo y el
capitalismo nacional. El movimiento revolucionario insurreccional dirigido por
Fidel
tuvo que abocarse en la práctica a la victoria para que el socialismo
perteneciente al movimiento comunista internacional admitiera esa posibilidad.
La Revolución socialista de liberación nacional que triunfó en 1959 tuvo ese
carácter por la praxis organizada y conciente que lo conquistó, no a
consecuencia de características de la estructura económica y social del país.
Ese segundo choque con los principios de la teoría-ideología del socialismo
guiado por la Unión Soviética y el movimiento comunista de su campo ―la
corriente mayor y más influyente del socialismo en el mundo—, pronto fue
seguido por otros. Se fue haciendo obvio que, además de ser un evento
trascendental por su inmenso alcance y por haber sido inconcebible, que
conquistó la liberación nacional y social del país, estableció un poder popular
fortísimo y enfrentó con éxito las agresiones de
EE.UU., la Revolución cubana constituía una herejía dentro del
campo de las experiencias y las ideas socialistas.
Para comprender estos eventos y sus consecuencias es preciso reconocer la
existencia de dos formas de socialismo en Cuba, que se iniciaron desde la
tercera década del siglo XX y han tenido una historia de contradicciones y
conflictos, y también de coexistencias y colaboraciones. Esas dos formas son el
socialismo proveniente del movimiento comunista internacional y el socialismo
cubano.
Fidel consumó su liderazgo completo en las jornadas de la fase inicial de la
Revolución en el poder, y desde entonces ha sido siempre el máximo guía
político e ideológico del proceso. El Che se mantuvo siempre junto con Fidel y
siguiendo su liderazgo, y compartió con él la colosal aventura de la
Revolución. En el transcurso de aquellos años, Fidel debió asumir sobre todo
las funciones de dirigente máximo y de educador popular, y el Che, que
desempeñó un cúmulo de responsabilidades prácticas en numerosos terrenos,
elaboró al mismo tiempo en aquellos años una obra teórica que es el más
importante monumento intelectual de la Revolución en su primera etapa, obra que
por su alcance ha resultado muy trascendente para la estrategia y el proyecto
cubano, hasta el día de hoy y en el futuro que alcanzo a pensar.
El aspecto del pensamiento del Che al que voy a referir es el de su crítica
al socialismo que llamaban “realmente existente”, crítica que evolucionó y se
hizo cada vez más dura y fundamentada. Al hacerla, el Che procedió con arreglo
a su responsabilidad militante y de dirigente cubano.
Las experiencias procedentes de las nuevas relaciones económicas con socios
tan lejanos en muchos sentidos tenían que contener insatisfacciones,
incomprensiones y prejuicios, pero también críticas provenientes de la diferencia
de posiciones respecto a las cuestiones económicas y el socialismo. En octubre
de 1963, al planear un seminario para los cuadros del Ministerio de Industrias,
Che orienta relacionar y comparar los sistemas de dirección. Comenta que hay
que estudiar las relaciones entre el sistema de dirección y los problemas
económicos y las concepciones de los países socialistas. Encerrarse en una
“falsa concepción de la ley del valor”, dice, les hizo perder contacto con el
mundo exterior. La productividad mundial dejó atrás a los otros países
socialistas que, a diferencia de la
URSS,
dependían del comercio exterior.
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Se produce una lucha continua entre los aparatos centrales y las empresas,
dice el Che, porque estas buscan tener metas menores para sobrecumplir
fácilmente o no arriesgarse a incumplimientos; su éxito consiste en obtener
mayores premios. “Se está estableciendo entre el aparato central y la Empresa
una contradicción que no es socialista, una contradicción que atenta contra el
desarrollo de la conciencia”. Los dirigentes de empresas socialistas se van
convirtiendo así en expertos en engañar al Estado, deformándose como
individuos, y ante el obrero la imagen del buen dirigente es la del que “sabe”
organizar para “sobrecumplir” siempre.
En julio de 1964, mientras culmina el debate económico público, Che ofrece
una visión de conjunto del problema a sus compañeros de Industrias. En la URSS
se prepara la reforma económica, en medio de discusiones que condujeron a la
destitución, en octubre, de Nikita Jruschov; en los países europeos de su campo
se habla mucho también de la reforma. Toma un ejemplo reciente que ha
estudiado, los análisis del 14º Congreso del partido polaco acerca de graves
deficiencias de la economía y cómo enfrentarlas. La utilización del cálculo
económico en un país que ya antes había descolectivizado su agricultura no
logra evitar males de todo tipo, incluidos algunos que parecerían propios de un
modelo muy autoritario, pero “la solución que se le piensa dar a estos
problemas en Polonia es el libre fuero de la Ley del Valor, es decir, la vuelta
al capitalismo (…) el cálculo económico, cuando llega, como debe llegar, a un
callejón sin salida, conduce por la lógica de los hechos a tratar de resolverlo
por el mismo sistema, aumentar el estímulo material, la dedicación de la gente
específicamente a su interés material y por ahí al libre fuero de la Ley del
Valor. Y por ahí al surgimiento en cierta manera de categorías estrictamente capitalistas
(…) Polonia lo está probando y creo que también van a probarlo otros países
socialistas”.
Che reclama que se eviten excesos en la crítica, y que no se subestimen la
capacidad técnica, el empeño y la voluntad de acertar de numerosos involucrados
en los países del socialismo europeo. Pero denuncia de manera categórica la
apelación a tomar “como arma para luchar contra el capitalismo, las armas del
capitalismo”. Las motivaciones de “la sociedad donde la filosofía es la lucha
del hombre contra el hombre, de los grupos contra los grupos y la anarquía de
la producción” no podrán ser despertadas y utilizadas eficazmente para servir a
una sociedad basada en el poder socialista. Esta exige control riguroso y
conciente, “la colaboración entre todos los participantes como miembros de una
gran empresa (el conjunto de la economía), en vez de ser lobitos entre sí
dentro de la construcción del socialismo”.
Opina que en vez de ir al fondo de los problemas, la práctica y el
pensamiento de estos socialistas se dejan llevar a la seguridad aparente de
acudir a lo ya probado. Las reformas pueden relucir como “descubrimientos” que
remediarían la falta de motivaciones suficientes en los actores económicos y
lograrían la subordinación de la producción para el consumo a las demandas de
sus consumidores, relacionar la rentabilidad con la venta del producto,
etcétera. Esos experimentos y ensayos de política económica son, sin embargo,
remedos de lo que el capitalismo hace eficazmente, porque lo universaliza y
porque corresponde a las relaciones fundamentales de su sistema. Existe una
lógica que caracteriza a cada sociedad: si la olvidamos, pagaremos un precio
muy caro.
Por otra parte, Che invita a no olvidar nunca la situación concreta de la
cual ha partido Cuba en su transición socialista. No somos ilusos, advierte,
estamos tratando de edificar efectivamente el socialismo “saliendo de una etapa
semicolonial… de todos los vicios, de todas las taras que nos dejó el
capitalismo, con la misma gente, con todos nosotros con mentalidad capitalista,
hace unos años pensando siempre cuánto íbamos a ganar”. La debilidad que padece
Cuba no debe atribuirse a la utilización de un sistema financiero determinado:
“son debilidades de una economía que ha cambiado su composición, su característica”.
El Che insiste, incansable, en desbaratar la imputación que se hace a sus
ideas de mantener un desprecio “idealista” por el interés material, un
simplismo que busca devaluarlas y rehuir la discusión. Nadie en sus cabales
desconoce la fuerza y el arraigo del interés material, instalado a lo largo de
la historia de las sociedades de dominación y multiplicado y refuncionalizado
por el capitalismo. La elección está entre utilizarlo llana y acríticamente
―aunque se lamente que sea nocivo—, o utilizarlo como un mal necesario, sin
depender de él. Ser creativo desde la situación concreta e inevitable, y
organizar un proceso de erradicación paulatina de los comportamientos
económicos egoístas e individualistas. Ir forjando otro mundo de actuaciones y
valores, que pueda reunir diferentes estímulos, implantar la norma que en
nombre del deber social reconoce o reprocha, al mismo tiempo que retribuye o no
a partir del grado de cumplimiento, o el estímulo a la capacitación dado por su
conversión en requisito para pasar a un nivel superior. Instrumentos como los
citados, dice el Che, persiguen la toma de conciencia de tipo mecánico en el
individuo; hay que perseguir, a la vez, la toma de conciencia de tipo dinámico,
una de cuyas formas fundamentales es el trabajo voluntario.
La creación de otra realidad desde la existente, sin lo cual no hay
revolución socialista, tiene que incluir el espíritu crítico, fomentar la
independencia de los criterios y la capacidad de pensar y valorar con cabeza propia,
y aprender a distinguir los caminos, sus implicaciones y sus resultados.
Es impresionante la vitalidad y la hondura alcanzados por aquel análisis
teórico que permitía, en medio de la tormenta de la Revolución, señalar los
graves peligros de copiar mecánicamente y no ver las deficiencias del
socialismo existente, y salirle al paso a la resignación a lo que existe, la
rutina y el seguidismo. El Che aprendió ―al mismo tiempo— a reflexionar sobre
la circunstancia en curso, la actuación inmediata, los métodos y los fines
mediatos, y a teorizar acerca de los asuntos fundamentales.
En textos no públicos, el Che expuso más libremente sus juicios. Consideraba
que la URSS había comprometido de manera fatal el futuro de su transición
socialista cuando convirtió en permanente la Nueva Política Económica que el
país se había visto obligada a adoptar en medio de una crisis interna terrible,
poco después del final de la Guerra Civil. Esa conclusión la extrajo de sus
profundos estudios del proceso de los primeros años del poder soviético y el
pensamiento de Lenin y otros bolcheviques. En los meses que siguieron a la
retirada del
Congo
―el tiempo en que permaneció en Tanzania y Praga— escribió mucho, ordenó y
expuso ideas y organizó numerosos textos. Un trabajo fundamental de ese periodo
son estos
Apuntes críticos a la economía política. Más de doscientos
comentarios del Che a la más reciente edición del
Manual de Economía Política, texto docente oficial
soviético, constituyen el núcleo central del libro, que reúne también un gran
número de textos del Che, casi todos procedentes de sus cuadernos de notas, su
correspondencia y la transcripción de grabaciones. La gran mayoría permanecía
inédita.
El Che ―que admiraba a Lenin tanto como el que más— entró resueltamente a
analizar los hechos y las posiciones dentro de la Revolución y la
Rusia
bolchevique, en busca de las experiencias y el conocimiento. Lo cierto,
escribe, es que en 1921-1922 el país fue pasando “a las relaciones de
producción que configuran lo que Lenin llamaba capitalismo de estado, pero que
en realidad también puede llamarse capitalismo premonopolista en cuanto al
ordenamiento de las relaciones económicas.” Con la muerte de Lenin, dice, “se
pierde el riquísimo acervo de su pensamiento revolucionario y queda el reflejo
de su postrer impulso por el camino de la retirada”.
La confrontación principal que existe en el mundo no es en modo alguno la
que repiten las declaraciones y los organismos de la URSS y el movimiento
comunista, con sus supuestas tres fuerzas revolucionarias: primera, el llamado
sistema socialista mundial; segunda, el proletariado de los países capitalistas
desarrollados; y tercera, las luchas por la independencia y la democracia
nacional en el Tercer Mundo. En realidad, dice el Che, el imperialismo no
agoniza: “ni siquiera ha aprovechado al máximo sus posibilidades en el momento
actual y tiene una gran vitalidad (…) La tendencia es a invertir capitales
propios en el aprovechamiento de las materias primas o en la industria ligera
de los países dependientes.” La aguda competencia en su seno “provoca una
incesante marea de innovaciones técnicas…”
De la unión entre los proletarios a escala mundial proclamada por las
declaraciones, dice: “Falso de toda falsedad. No hay punto de contacto entre
las masas proletarias de los países imperialistas y los dependientes; todo
contribuye a separarlos y crear antagonismos entre ellos (…) el oportunismo ha
ganado una inmensa capa de la clase obrera de los países imperialistas.” Sobre
las revoluciones: “También es falso que el proletariado (…) sea el que cumpla
el papel dirigente en la lucha de liberación en la mayoría de los países
semicoloniales”. Ya no se puede admitir la idea de que la burguesía nacional
sea un factor progresivo en las luchas revolucionarias: “La lucha contra la
burguesía es condición indispensable de la lucha de liberación, si se quiere
arribar a un final irreversiblemente exitoso”.
Al salir del Congo y verse obligado a esperar, Che se entrega a una tarea
que constituye el inicio de una nueva fase de su obra. Siente la necesidad de
llegar a conclusiones sobre el socialismo realmente existente, asunto crucial
para todos en el mundo, y también de ofrecer una alternativa desde las ideas de
los revolucionarios marxistas de los países que han sufrido o sufren el colonialismo
y el neocolonialismo, que ahora quieren pelear por la liberación total de las
naciones y de las personas, y por el avance de la revolución mundial. “Es un
grito dado desde el subdesarrollo”, escribe en “La Necesidad de este libro”,
breve introducción para los
Apuntes que contiene planteamientos
trascendentales. Se refiere en ella a la obra monumental que dio origen al
marxismo, las nuevas situaciones de la época imperialista, los aportes
extraordinarios de Lenin y la detención ulterior del desarrollo de la teoría
marxista. Enseguida expone las razones por las cuales hace la crítica de la
Economía Política:
Creemos importante la tarea porque la investigación marxista en el campo de
la economía está marchando por peligrosos derroteros. Al dogmatismo intransigente
de la época de Stalin ha sucedido un pragmatismo inconsistente. Y, lo que es
trágico, esto no se refiere solo a un campo determinado de la ciencia; sucede
en todos los aspectos de la vida de los pueblos socialistas, creando
perturbaciones ya enormemente dañinas, pero cuyos resultados finales son
incalculables (…) Nuestra tesis es que los cambios producidos a raíz de la
NEP han calado tan hondo en la vida de la URSS que han
marcado con su signo toda esta etapa. Y sus resultados son desalentadores: la
superestructura capitalista fue influenciando cada vez en forma más marcada las
relaciones de producción, y los conflictos provocados por la hibridación que
significó la NEP se están resolviendo hoy a favor de la superestructura. Se
está regresando al capitalismo.
Che espera serenamente el repudio a su posición y la acusación de
anticomunismo y oportunismo, el rechazo de los que se sentirán heridos en su
cariño y su lealtad, y también el sobresalto sincero de otros “ante este cúmulo
de razones nuevas y diferentes”. Pero confía en que muchos podrán sentirse
atraídos por este “intento de retomar la buena senda”. A ellos se dirige el
libro, “y también a la multitud de estudiantes cubanos que tienen que pasar por
el doloroso proceso de aprender ‘verdades eternas’ en las publicaciones que
vienen, sobre todo, de la URSS, y observar cómo nuestra actitud y los repetidos
planteamientos de nuestros dirigentes se dan de patadas con lo que leen en los
textos”.
Un largo camino había recorrido Ernesto Guevara en una década. La Revolución
había sido su maestra. En la guerra y desde el poder revolucionario se
desarrolló su estatura como combatiente, dirigente y pensador, y ahora él ―como
reclamara Lenin 60 años antes— debía, en justo pago, enseñarle algo a la
Revolución. Y lo logró. La aventura socialista de un pequeño país aislado
producía un pensamiento capaz de continuar el trabajo excepcional mediante el
cual
Carlos Marx había encontrado ideas capaces de subvertir
el control de las ideas de la sociedad por la clase dominante. Che escribió:
“nosotros aportamos nuestro modesto granito de arena”. Y a los compañeros
cercanos más estudiosos les pidió componer un “manual” cubano. Pensó
seguramente que los que compartían su posición continuarían la campaña de
difusión de las actitudes y las ideas más revolucionarias, que con tanto ardor
y sistematicidad él llevó a cabo en su última etapa en Cuba.
El acierto y el alcance de los planteamientos del Che acerca de la esencia y
el destino del socialismo realmente existente solo se comprobaron 25 años
después. Pero cuando hacia el final del siglo pareció que todo lo logrado por
la humanidad se perdería, incluso la esperanza, el Che regresó. Celebramos ese
regreso, que evidencia la resistencia de los pueblos y el valor permanente de
las ideas y del ejemplo. Sin embargo, el pensamiento del Che siguió encontrando
escollos y ha tenido que ir ganando espacios paulatinamente. Uno de esos
avances es esta labor de establecimiento, organización y edición tan tenaz y
tan importante, que va entregando uno tras otros textos suyos, palabras que son
luces y armas para el entendimiento y para la acción, tan necesarios frente a
los desafíos actuales.
Palabras
en la presentación de los libros de Ernesto Che Guevara Apuntes críticos a la
Economía Política y Retos de la transición socialista en Cuba (1961-1965), de la Editorial de Ciencias
Sociales del Instituto Cubano del Libro, durante la 22 Feria Internacional de
Libro de La Habana, en La Cabaña, 18 de febrero de 2013. La compilación y
selección de ambas obras ―que aparecieron por primera vez en 2006 y 2009
respectivamente— estuvo a cargo de la Dra. María del Carmen Ariet García, del
Centro de Estudios Che Guevara.
1-
Desde este párrafo hasta el final, el texto es una versión muy condensada y
revisada del acápite 9 del capítulo II de mi libro Las ideas y la batalla del
Che, Editorial Ciencias Sociales / Ruth Casa Editorial, La Habana, 2010. Las
referencias de todas las citas del Che que hago pueden encontrarse allí. Una
segunda edición de esa obra acaba de aparecer.