viernes, 18 de mayo de 2007

Minería y Muerte - Envenenamiento Saturnismo, arsénico y jogging moderno

Ciudades fantasmas, precio de la minería

Una investigación de la Universidad de San Luis, en Misuri (EE.UU.), concluyó que los habitantes de esta zona, especialmente los menores de 6 años, tienen altísimos niveles de plomo en la sangre, así como de cadmio, antimonio y arsénico.
La bonanza económica de las empresas mineras se contrapone con los graves daños al medio ambiente y el creciente número de ciudades fantasmas y enfermas a causa de los desechos tóxicos. Sus acciones de perforación y procesamiento de minerales, contaminan ríos y lagos, lo que acaba con la vida de decenas de especies vegetales y animales y compromete la salud de los pobladores. Además, los desechos químicos ocasionan la destrucción masiva de recursos agrícolas y del ganado de muchas regiones cuyas señas de identidad oscilan entre la más profunda pobreza y el olvido gubernamental.

Ciudades fantasmas, precio de la minería
18/05/2007 - http://www.eldiariony.com

La Oroya/EFE — La bonanza económica de las empresas mineras se contrapone con los graves daños al medio ambiente y el creciente número de ciudades fantasmas y enfermas a causa de los desechos tóxicos.
Catalogado por la ONU como uno de los países con mayor diversidad del mundo, Perú atrae a las principales multinacionales estadounidenses y sudamericanas gracias a sus abundantes yacimientos.
Sus acciones de perforación y procesamiento de minerales, que a menudo se desarrollan al margen de la ley, contaminan ríos y lagos, lo que acaba con la vida de decenas de especies vegetales y animales y compromete la salud de los pobladores.
Además, los desechos químicos ocasionan la destrucción masiva de recursos agrícolas y del ganado de muchas regiones cuyas señas de identidad oscilan entre la más profunda pobreza y el olvido gubernamental.
Entre las urbes más castigadas por el efecto de las operaciones extractivas está La Oroya, cuyo nombre va asociado desde hace años con el de ‘Doe Run’, el mayor complejo minero del centro de Perú y que opera desde 1997.
La presencia de esta empresa se percibe mucho antes de llegar a la ciudad por las dimensiones del imponente complejo extractivo pero sobre todo por la magnitud de la chimenea principal, que se ha convertido en parte del paisaje urbano.
Aunque la mayoría de sus habitantes se han acostumbrado a los efectos de la contaminación, quien se acerca por primera vez a La Oroya siente picazón en la garganta y tos.
Ya en el poblado la imagen no es más alentadora sobre el río Mantaro, que cruza la ciudad y cuyas aguas turbias han dejado de acoger a los peces de antaño para transportar ahora residuos metálicos. En su orilla, Kenyo Caso, un niño trabajador de 15 años, aprovecha que muchos residuos se quedan atascados en los márgenes para recolectar latas que venderá como chatarra.
En 2005 una investigación de la Universidad de San Luis, en Misuri (EE.UU.), concluyó que los habitantes de esta zona, especialmente los menores de 6 años, tienen altísimos niveles de plomo en la sangre, así como de cadmio, antimonio y arsénico.