martes, 17 de agosto de 2010

Muerte y vida en Argentina pastor de almas

 

Dos Tiempos.

Por Aldo Etchegoyen.

Buenos Aires.

Aproximadamente en 1977 comencé a visitar semanalmente tres presas en la Cárcel de Villa Devoto donde la dictadura militar tenía cautivas unas 300 mujeres condenadas por el régimen sin ley ni derecho, solo por disposición del poder ejecutivo.

Larga espera para entrar, estricta requisa, audiencia limitada en primitivos locutorios, dificultades una y otra vez para ejercer mi derecho de acompañamiento pastoral.

Las dificultades se hicieron muy duras en 1980 donde en una oportunidad tuve que sufrir una indigna requisa por los carceleros.

De regreso a casa, frustrado y  enfurecido escribí un texto apocalíptico que quedó archivado entre mis documentos; nadie publicaría ese año semejante cosa.

Hoy a la luz de los juicios contra los responsables de aquel tiempo de dolor y muerte vuelvo a leerlo:

Visión.

"Y vi un monstruo de muchas cabezas,

Nadie sabe cuántas, porque mandan al monstruo desde la oscuridad.

Nadie las conoce pero el monstruo obedece sus órdenes.

Vi también en el centro de su pecho

el corazón  hecho de oro y su sangre

era dinero que recorría todo su cuerpo.

Mucho dinero  nutría, sus músculos, sus huesos, sus tendones.

 todo se nutría de dinero y el corazón latía con fuerza.

Vi yo que en una mano tenía muchas armas, de todo calibre,

fusiles, revólveres, cohetes, misiles, tanques, aviones, barcos, helicópteros.

 

En otra mano aferraba elementos de tortura

cadenas, picanas, cuerdas, gomas para castigar

cubos de agua para ahogar y mucho más.

 

Con otra mano, porque tenía más de dos,

escribía órdenes de prisión

Para él no vale el tiempo de prisión, un año son cinco,

y cinco pueden ser diez.

 

Con otra escondía los desaparecidos para que nadie supiera de ellos.

Muchos habían sido torturados, otros habían muerto en la tortura,

otros habían sido fusilados o tirados al mar.

 

Con  otra mano distribuía niños nacidos en cautiverio

 o que habían sido robados de sus madres y padres y, al hacerlo,

creía que estaba haciendo bien.

 

Con otra preparaba propaganda, muy bien elaborada,

para esconder toda su maldad y defender su propia seguridad.

 

Luego oí que el monstruo hablaba con voz prepotente y poderosa;

como un general a su tropa, usaba el nombre de Dios y,

parecía que Dios también estaba a sus órdenes.

Decía que él defendía la fe y que Dios lo bendecía.

 

Pero vi también que una cosa no resistía el monstruo:

La Verdad.

La verdad le irritaba y, cuando la verdad era dicha, todo su ser se sacudía.

Sólo la verdad le aterraba, ninguna otra cosa temía,

Porque la mentira era su escudo.

 

Vi todo esto y desperté...y fue mi oración  Que la Verdad; Oh Dios !

resuene como impetuoso río....Entonces el monstruo caerá

desintegrado.

 Y habrá libertad."

 La Verdad ha llegado y de su mano también la justicia sin venda en sus ojos.

Ha llegado con ojos bien abiertos

Justicia imparcial que respeta la ley y el derecho, que mira de frente los hechos aberrantes y los condena, no con rencor sino con justa vara igualitaria.

Justicia que es fruto de la Memoria que no petrificó el pasado en olvido.

Memoria que grita en las voces valientes y conmovidas de hombres y mujeres que dan testimonio del horror hecho tortura, desaparición forzada, muerte y dolor.

Esas voces gritan la verdad del horror que recorrió el país con total impunidad al amparo del poder que sembró sufrimiento y lágrimas.

Llegó la Verdad de la mano de la Justicia, es posible seguir andando con esperanza porque sin verdad ni justicia la esperanza desaparece.

La Verdad y la Justicia hoy se dan  la mano en nuestro país para juntas vencer la impunidad.

Lo  celebramos!+ (PE)

(*) Aldo M. Etchegoyen, Obispo (E)  Iglesia Evangélica Metodista Argentina. Co-Presidente de la APDH. Vice- Presidente de la Com. Provincial por la Memoria.

PreNot 9035
100817

 

 

 

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