lunes, 11 de octubre de 2010

Cuba Marx Lenin Hatuey Che Camilo Polilla Baez Fidel Chaubloqueo Céspedes Agramonte

En nombre de La Polilla
Enviado el: Lunes, 11 de Octubre de 2010

Una verdadera clase magistral, de imprescindible lectura para todos aquellos que sienten interés por nuestra Isla y su Revolución

Una opinión sobre la vigencia de la ideología y de la lucha ideológica

Por Darío Machado Rodríguez

¿Cuál ideología?

La ideología de la revolución cubana es martiana, marxista y leninista, se inscribe en la tradición socialista y comunista del pensamiento social. Pero no es menos cierto que durante decenas de años en la práctica política de la revolución cubana se asumía que nuestra ideología era el “marxismo-leninismo” [1], lo cual se identificaba con los contenidos considerados bajo esta denominación por los institutos políticos e ideológicos de la URSS y los países socialistas de Europa del Este. No faltaba razón cuando se establecía ese paralelismo porque como se afirma al inicio, la ideología de la revolución cubana es marxista y es leninista en tanto asume importantes principios y valores fundamentales sintetizados por los fundadores del marxismo y por Lenin. El asunto estribaba en que a la hora de comprender el funcionamiento de la ideología en la sociedad cubana no siempre se prestaba suficiente atención al proceso de ideas vivo, realmente existente en la sociedad cubana, algo advertido hace años por Fidel cuando afirmó que la ideología es conciencia y actitud de lucha.

La debacle del socialismo en Europa del Este fue no solamente un fracaso político, si no, y en primer lugar, un fracaso ideológico y un lamentable desperdicio de la experiencia, saberes y prácticas acumulados por décadas de esfuerzos en la transformación socialista de aquellas sociedades. No es objeto de este breve escrito -ni podría serlo- incursionar en las múltiples aristas de ese fracaso, otros lo han hecho sin que todavía esté agotado el tema, pero sí es importante destacar que en la sociedad cubana sus efectos negativos no fueron solamente económicos, aunque estos han sido los más duraderos, sino también políticos, psicológicos e ideológicos. 

¿Si el marxismo-leninismo había fracasado en un país poderoso, con incalculables recursos y capacidad defensiva, mayor experiencia en la construcción socialista, que fue capaz de derrotar la maquinaria bélica nazi-fascista, por qué no habría de ocurrir lo mismo en Cuba, país pequeño, de escasos recursos y bloqueado por décadas?

En aquellos complejos años, hubo quienes desestimaron el papel de la ideología y veían necesario abandonar los “ismos” excepto quizá el que sirve de sufijo al pragmatismo [2]. Algunos investigadores sociales prefirieron el follaje del conocimiento exhaustivo de las posiciones de los distintos autores sobre un tema, antes que el valor metodológico de la cosmovisión marxista en función del estudio de los procesos reales. Preferían construir relatos desde otros relatos valorando los criterios a partir de sus consideraciones individuales, en lugar de encarar la realidad, estudiarla e interpretarla directamente, con el correspondiente rigor metodológico.

Las investigaciones que realizábamos entonces en el Equipo Nacional de Estudios de Opinión del Pueblo, nos estaban diciendo, sin embargo, que la sociedad cubana se aprestaba a defender su proceso revolucionario, aun sin el respaldo de las relaciones económicas, comerciales y de colaboración con los países socialistas consolidadas por años de colaboración y sin el equilibrio bipolar que comenzaba a desaparecer. Hay que decir también que algunos veían con desconfianza los resultados de aquellos estudios [3]. No obstante, nosotros éramos plenamente conscientes del rigor del trabajo que realizábamos y podíamos observar como en medio de toda la maleza de dificultades, carencias, amenazas e incertidumbres, se abría paso la cultura política forjada por el proceso revolucionario.

Al calor de estas diferencias en los enfoques de la realidad social nos hacíamos una pregunta elemental: ¿Por qué si el marxismo-leninismo estaba fracasando en la URSS y demás países socialistas de Europa, no se veía lo mismo en Cuba donde también nuestra ideología era el marxismo-leninismo, a pesar de los efectos telúricos que ya se cernían sobre la sociedad cubana? ¿Cómo enfrentar con éxito la pretensa desideologización en la comprensión de lo social, tendencia que de prosperar devendría debilitamiento del socialismo y de la independencia nacional?

El compañero Fidel orientó tempranamente a la sociedad cubana al indicar que lo fundamental e inmediato era resistir. La desaparición del socialismo en Europa del Este y posteriormente la desaparición del Estado multinacional soviético, contrajeron el tiempo y el espacio del proceso revolucionario cubano, obligándolo a una marcha forzada para salvar las conquistas fundamentales en primer lugar el sistema político, garante de todas las demás.

El llamado a la resistencia se sintetizó en las consignas de “Socialismo o Muerte”, “Marxismo-Leninismo o muerte”, que las grandes mayorías del país comprendieron en su esencia. No se trataba de tal o cual modelo de socialismo o de las obras de los clásicos o su comprensión según los soviéticos, sino que significaban “Patria o Muerte”: se referían de modo claro e inequívoco a la unidad nacional y la resistencia y defensa del camino revolucionario socialista en Cuba. 

A partir de esos retos y realidades de la vida nacional, a los estudios hechos hasta entonces en el país y específicamente en el Centro de Estudios Sociopolíticos y de Opinión sumamos una línea particular de investigación enfocada hacia la ideología de la revolución cubana como realidad específica de nuestra sociedad, retomando el enfoque de Ernesto Guevara, quien la vio como un proceso vivo y particular de la revolución cubana [4].

¿Cómo vimos entonces y vemos ahora la ideología de la revolución cubana?

Como un producto histórico cultural de la sociedad cubana, que como ha afirmado Fidel Castro ha protagonizado una sola revolución, la que comenzó en Yara y continúa hoy.

Toda ideología revolucionaria es una ideología para la liberación. Las tareas que debió cumplir la ideología revolucionaria cubana en el camino de la liberación de los cubanos en el siglo XIX consistían básicamente en derrotar el colonialismo español y fundar la república en todo el territorio nacional. Para ello era indispensable la unidad de los cubanos, tarea que tocó cumplir a José Martí. El pensamiento revolucionario cubano surge en el escenario de la historia de Cuba como una necesidad del ser social. Junto con el nacimiento de la nacionalidad cubana, proceso que tiene lugar bajo la opresión colonial española, era inevitable la formación de un correlato en la subjetividad de la naciente identidad, en el que convergieron los anhelos y aspiraciones, los principios y códigos, los ideales y propósitos de emancipación, independencia, justicia y humanismo.

Su progreso no tuvo lugar en total aislamiento, las ideas y los procesos revolucionarios en Europa y los Estados Unidos, así como la emancipación de los pueblos del sur de América influyeron notablemente en la mentalidad de los nacidos en la isla, cada vez más preparada para su asimilación y mestizaje, fenómeno que no habría tenido lugar de no existir en el ser  de los cubanos la necesidad del cambio revolucionario.

Los primeros avances en el desarrollo e integración de un pensamiento cubano, revolucionario e independentista se dan en la obra de Félix Varela y es abonado por otros pensadores y revolucionarios, en particular los que se vincularon a la gesta independentista de 1868. De esas fuentes bebió José Martí. La ideología que él resume en su pensamiento y obra estaba teniendo lugar como parte de las luchas el pueblo cubano, tanto en el terreno de las ideas, como en el terreno de las armas. La guerra de los diez años y en particular la experiencia de los cubanos en la manigua y zonas liberadas, libres por completo del peso de la colonia y pagando un alto precio de sacrificios por esa libertad, consolidaron un modo cubano de apreciar la realidad, un modo cubano de juzgar los hechos, de apreciar al prójimo, una manera propia de ver la vida y de vivirla, que se desarrolló en medio de la lucha revolucionaria.

El rechazo de los cubanos revolucionarios al reformismo, al autonomismo y al anexionismo era el corolario más convincente de la formación de una ideología revolucionaria en la sociedad cubana. La primera gran síntesis de ese sistema de ideas, ideales, códigos, principios, valores, sentimientos, anhelos, objetivos, se da en la obra de José Martí.

El pensamiento martiano es revolucionario, radical, independentista, humanista y antiimperialista. Con Martí, el pensamiento revolucionario cubano del siglo XIX incorporó los valores del antiimperialismo porque la práctica revolucionaria debió enfrentar la amenaza y la agresividad imperialista y encontró en sus personalidades más relevantes, particularmente en José Martí, la claridad y profundidad, la visión estratégica y la inteligencia capaz de explicar, argumentar y sumariar lo que estaba ocurriendo y aportar a la cultura revolucionaria de los cubanos una síntesis esencial y convincente que otorgó significado universal al antiimperialismo.

Es precisamente la existencia del imperialismo un factor fundamental para acelerar el desarrollo de la ideología revolucionaria cubana. Siendo una ideología liberadora, la ideología revolucionaria cubana que había tenido su primera gran síntesis en el pensamiento y obra de José Martí, estaba entre siglos evolucionando en dirección al socialismo, también por una necesidad histórica. La presencia asfixiante y avasalladora del imperialismo norteamericano imponía al propósito estratégico de la liberación de los cubanos un desafío mucho mayor y también la necesidad de un nivel más profundo y sólido de unidad nacional, que solo podría alcanzarse si a la liberación nacional se unía la liberación social, si se planteaba una transformación radical del modo de vida que tuviera en su base la eliminación de la explotación del hombre por el hombre y pusiera a las mayorías ciudadanas en igualdad social y política.

El pensamiento de José Martí había llegado al borde delantero de la historia y dejaba el camino preparado para que la sociedad asimilara lo más avanzado del pensamiento social universal, el marxismo y los aportes de otros pensadores marxistas, en especial Lenin.

Obviamente, el proceso de asunción del marxismo sería sinuoso, complejo y difícil, porque tenía lugar en medio del predominio de la ideología burgués-dependiente. En consecuencia, las grandes mayorías no tenían la cultura política y económica necesaria para ver en el sistema capitalista dependiente las causas de los males que aquejaban a la sociedad cubana, sin embargo, las contradicciones del capitalismo dependiente realmente existente y predominante en el ser social y la conciencia social, eran la base necesaria para avanzar en esa comprensión. El desarrollo de una nueva cultura política y de la ideología revolucionaria que desbrozaran la maleza tergiversadora del capitalismo marchaba con fuerte viento en contra.

 La victoria revolucionaria del 1ro de enero creó las condiciones necesarias para el rápido avance de la articulación del marxismo y el leninismo con la ideología revolucionaria cubana en tanto producto histórico cultural, teniendo hoy en el pensamiento y obra de Fidel Castro su segunda gran síntesis. Es la práctica la que enriquece la ideología y en la que se destacan los aportes de las personalidades que mejor comprenden la esencia de esa práctica y sintetizan los significados de las necesidades sociales y las acciones de las personas, expresándolas en ideas e ideales y finalidades estratégicas que se incorporan al acervo ideológico revolucionario. Al ser la ideología un fenómeno histórico cultural es objeto también de representaciones específicas, de sistematizaciones diversas, las cuales a la vez que son influidas por las circunstancias, también influyen sobre estas.

La ideología de la revolución cubana es un fenómeno social vivo, vigente en el proceso social cubano [5], está expresada de las más disímiles formas no solo en la política y el discurso político, sino también en el sistema educacional, en los medios de comunicación social, en la cultura, en las leyes, en las bases productivas del país y especialmente en los valores revolucionarios compartidos en la ciudadanía. Es un sistema dinámico de ideas, ideales, principios, normas, códigos,  y valores revolucionarios, entraña los objetivos estratégicos del socialismo en Cuba, responde a los intereses de las grandes mayorías, a la libertad, soberanía e independencia de los cubanos, al ideal de un mundo mejor, humano y solidario y a la consolidación del poder revolucionario que puede organizar su realización. Ella es expresión de la experiencia histórica de la nación cubana en su lucha revolucionaria liberadora.

La legitimidad de la ideología de la revolución cubana estriba en su significación social de naturaleza positiva, progresista, humanista y solidaria para las grandes mayorías ciudadanas y de ahí emana también la legitimidad de su defensa y promoción. 

Importancia hoy de la ideología de la revolución cubana

La construcción del socialismo requiere una mirada integral de la sociedad, no puede enfocarse solamente a la educación, o únicamente ver su aspecto jurídico y normativo, o pensarse exclusivamente como una problemática económica, o reducirse a la formación ideológica o suponer que pueden dejarse para después unos aspectos y avanzarse con otros. La inercia de la realidad capitalista de la cual se parte, tanto la de la sociedad concreta, como la de su entorno internacional, impone la necesidad de una concepción integral.

Es posible durante determinado período de tiempo posponer algunos aspectos y privilegiar otros, pero de no lograrse una concepción sistémica que viabilice el metabolismo socioeconómico socialista, a la larga la inercia del viejo capitalismo se impone. Es ahí donde tiene un papel insoslayable la teoría y junto con ella la ideología como correlato subjetivo orgánico en la orientación de la política y la cohesión de las voluntades.

 

Por ello es fundamental la articulación entre las actividades socioeconómica, organizativa, jurídica normativa e ideológica política. Cualquier objetivo político ideológico si no cae en terreno propicio, a la larga se convierte en letra muerta, no tendría asidero para su reproducción cultural, para sedimentar conductas socialistas en las personas, lo que suele conducir al formalismo y la simulación.

Las acciones desde la ideología de la revolución cubana, podrán ser eficientes si se dirigen a sintonizar los ideales, principios, finalidades estratégicas con la realidad. El proyecto de sociedad que entraña la ideología revolucionaria debe vincular sus potencialidades ideológicas a la concreción de acciones articuladas con el funcionamiento económico, con la legalidad vigente, con las formas de organizar la vida social y todo ello con el ser humano realmente existente, con su psicología, sus necesidades reales, sus reacciones normales. El proceso de formación del hombre nuevo, finalidad estratégica del ideal comunista, en modo alguno puede partir de suponer que ya este existe y los avances en esa finalidad solo pueden alcanzarse gradualmente.

La evolución positiva de la articulación entre las actividades socioeconómica, organizativa, jurídica normativa e ideológica política, todas en función del ser humano realmente existente y de la capacidad del sistema social de renovación, de re-formarse, requiere del desarrollo constante del pensamiento socialista, de la experimentación y del progreso de la teoría del socialismo.

Una adecuada articulación de estas actividades fundamentales creará mejores condiciones para la acción eficiente de la actividad ideológica de la revolución socialista, lo que en su conjunto permitirá un flujo lo más armónico posible de los esfuerzos conjuntos de la sociedad, de las acciones de los individuos, grupos, colectivos, comunidades, así como crear las condiciones y los espacios necesarios para la realización de las aspiraciones particulares de los ciudadanos, en especial de los jóvenes, dentro de los límites socialmente consensuados.

El desafío

La adecuada articulación de las actividades socioeconómica, organizativa, jurídica normativa e ideológica política, deberá depender del análisis, la investigación y experimentación sistemáticos y constantes y en el centro de ellas está el ser humano, él es el punto partida y de llegada de la voluntad socialista.

La sociedad cubana ha acumulado una importante experiencia en la búsqueda de un modelo propio de sociedad y ha tenido en ello más éxito en el plano social y político que en el económico. Y no es de extrañar, no solo por ser el camino del socialismo para cualquier sociedad que lo emprenda, algo nuevo para lo cual no se tiene receta alguna, sino porque el desarrollo económico de la sociedad cubana siempre ha estado sometido a importantes presiones y agresiones económicas, financieras, tecnológicas, políticas y militares que lo han frenado y obstaculizado, por el punto de partida como país subdesarrollado y, claro está, por las propias insuficiencias del sujeto político, algo claramente planteado por Fidel en el Aula Magna de la universidad de La Habana cuando expresó que en realidad no sabíamos nada de socialismo.

Un rápido vistazo al proceso de búsqueda de un modelo cubano de reproducción y organización de la vida social nos remitirá ante todo a la condición de país subdesarrollado, tempranamente bloqueado y asediado por la potencia imperialista mayor y más agresiva de la historia, con la tarea impostergable de defender y consolidar el poder revolucionario, la soberanía y la independencia nacional y el derecho a un camino propio, derrotando invasiones imperialistas y a la contrarrevolución interna apoyada por los enemigos externos de la revolución,  obligado a importantes esfuerzos y erogación de recursos para defender su independencia, que tuvo primero coexistiendo dos sistemas económicos [6] y luego, derrotada la contrarrevolución interna y consolidado el poder revolucionario y siendo ya dominante en la sociedad la ideología revolucionaria cubana [7], emprendió el camino de lo que se llamó la ofensiva revolucionaria, para liquidar todo vestigio de propiedad privada y emprender el primer gran proyecto socioeconómico de la revolución consistente en un programa de desarrollo que tenía como base el crecimiento de la producción azucarera.

La ofensiva revolucionaria implicó la eliminación de la propiedad privada de los pequeños productores (que hoy llamaríamos “pequeños y microempresarios”) [8] acción que perseguía la finalidad ideopolítica de liquidar la base económica de la ideología burgués-dependiente igualando así a todos los ciudadanos en calidad de propietarios colectivos de todos los medios de producción y demás propiedades socializadas, quienes en lo adelante salvo excepciones serían todos trabajadores incorporados a formas sociales socialistas de propiedad

Aquel paso significaría un importante basamento para el desarrollo de la conciencia revolucionaria, pero el costo fue grande en varios sentidos, especialmente por la ruptura de una tradición productiva, de una cultura económica, de la cual aún no se ha podido recuperar la sociedad cubana, mientras que se debilitaba el mercado interno del país y se creaba una demanda adicional de puestos de trabajo.

En correspondencia con la filosofía adoptada, se desarrolló una lucha contra el burocratismo que devino desaparición de los controles contables que se habían desarrollado exitosamente en los primeros años aun bajo el bloqueo y se pasó de una economía controlada con las reglas de la contabilidad a una economía material en la que se perdió la noción de los costos. En las decenas de años transcurridos desde la ofensiva revolucionaria, el Estado no logró organizar eficientemente ese sector económico.

La incorporación masiva de la ciudadanía a los planes de desarrollo que tenían como tarea principal la zafra de 10 millones de toneladas de azúcar en la perspectiva de sucesivas mayores producciones, a los planes de desarrollo agropecuario y demás tareas de la construcción fue ejemplar. En aquel entonces, la sociedad cubana estaba participaba activamente en todas las tareas de la revolución y ganaba conciencia en lo tocante a las convicciones del colectivismo y la solidaridad, la ética y la independencia, pero no desaparecía por ello la psicología de intercambio de equivalentes y no cuajaba en ella una conciencia económica socialista, al no tener un asidero concreto en el ser social. Al perderse el valor del trabajo se perdió también el sustrato material  del trabajo como valor.

El fracaso de la zafra de los 10 millones, condujo a la autocrítica de la dirección de la revolución y posteriormente a la copia del sistema de dirección de la economía vigente en la URSS y otros países socialistas. Entre 1975 y 1985 se aplicó ese sistema y la economía creció, pero se acumularon numerosos errores y tendencias negativas que obligaron al proceso de rectificación que prometía un re-direccionamiento de la actividad socioeconómica, pero que fue frenado y obstaculizado abruptamente por la desaparición del campo socialista y la aguda crisis económica recesiva exógena que ello generó comenzando así el período especial que se prolongó por casi 20 años y hoy se mezcla con las circunstancias de la crisis mundial del capitalismo.

Los años de período especial han transcurrido sin que la sociedad cubana haya generado aún un sistema integral para el funcionamiento del metabolismo socioeconómico de la sociedad. La línea más avanzada en ese aspecto es el proceso de perfeccionamiento empresarial, pero este ha sido lento e insuficiente y se ha desarrollado paralelamente a las incongruencias en el funcionamiento económico, visibles en la doble circulación monetaria, la diversidad de precios para un mismo producto, formas disímiles de distribución del producto social no dependiente del trabajo aportado, etc.

Los duros años del período especial han sido una prueba extraordinaria para la sociedad cubana de la cual el pueblo ha salido airoso gracias a su cultura política, a su formación ideológica, a su unidad y a la conducción esclarecida de su liderazgo, sin embargo, las leyes de la supervivencia actuaron también en la sociedad cubana como en cualquier otra sociedad humana. A escala microsocial se produjeron formas ilegales de distribución del producto social que si bien tuvieron el efecto de contribuir a la gobernabilidad y equilibrio social, también crearon hábitos incompatibles con el ideal socialista.

Lo cierto es que lo que se distribuyó mal o bien, legal o ilegalmente, legítima o ilegítimamente, era lo que se tenía y eso conduce de inmediato a una pregunta: ¿por qué no pudo hacerse bien, con normas compartidas por el pueblo? La respuesta no por obvia es menos importante: porque no logramos en esos años organizar en las nuevas condiciones el metabolismo socioeconómico del socialismo. No teníamos como todavía no tenemos una economía política del socialismo cubano, todavía no hay una adecuada articulación de las actividades socioeconómica, organizativa, jurídica normativa y política ideológica.

Este brevísimo y apurado repaso nos conduce a la realidad actual y a preguntarnos primero que todo, cómo han repercutido esos cambios en la gente, cómo es el cubano hoy.

A lo largo de estos modelos de metabolismo socioeconómico: el de los primeros años con los dos sistemas, el de la ofensiva revolucionaria, el de la copia del sistema económico de los países socialistas, el del proceso de rectificación y el del período especial, la revolución logró mantener importantes políticas sociales que permitieron desarrollar un pueblo saludable y culto, en el que se aprecian junto con diferencias generacionales que responden a las diferentes experiencias vitales de las personas algunos rasgos generales que permiten una aproximación a su caracterización.

En la sociedad cubana hay conciencia acerca de la complejidad de la actual encrucijada de la humanidad y de los riesgos y desafíos que enfrenta. El pueblo cubano sigue siendo mayoritariamente patriota, revolucionario e identificado con el ideal socialista. La cultura y la emancipación le otorgan la capacidad y el derecho de participar y de juzgar los hechos con cabeza propia. Hay un rechazo generalizado al “teque”, al “consignismo” y a la imposición de criterios. 

Hay también síntomas de cansancio y de impaciencia y es más elevado su ánimo crítico y su desacuerdo con fórmulas vigentes en la sociedad, mientras existe una mayor preocupación por el futuro propio y de sus allegados, algo que se acentúa en las personas mayores.

El cubano de hoy cuando se le propone un trabajo o una tarea, piensa no sólo en su sentido social y colectivo, sino también en los beneficios que puedan reportarle individualmente y ocupa un espacio mayor la tolerancia ante las acciones que contravienen las normas establecidas cuando estas se relacionan con la satisfacción de necesidades básicas.

En la mentalidad del cubano de hoy predomina la psicología de intercambio de equivalentes, que es el resultado de la cultura mercantil forjada durante siglos y milenios en la sociedad humana. El ciudadano concibe justo el intercambio a través de la equivalencia. Eso tiene que ver también con su propia capacidad de trabajo que la considera algo suyo y reclama cuando la entrega una retribución equivalente [9].

Estos y otros rasgos de la sociedad cubana actual deben ser tenidos en cuenta en la tarea de articular eficientemente las actividades socioeconómica, organizativa, jurídica normativa e ideológica política. Cualquier acción ideológica o política, una decisión, una orientación, un discurso, una normativa, una tesis política que no tome en cuenta esas realidades se impondrá a sí misma un obstáculo en el propósito de influir en las personas.

La sociedad cubana se encuentra en una coyuntura en la que hay motores de cambio que alteran la cotidianidad, vista esta como el flujo estable e inercial de la vida de los ciudadanos, las familias, los grupos humanos, las comunidades. Esta alteración confluye especialmente en la incertidumbre acerca del futuro, especialmente el futuro más próximo, el mediano plazo. Además, las ideas y valores ideológicos de la revolución cubana no están solos en el escenario social, sino que cohabitan en relación conflictiva y de lucha con otras tendencias y corrientes ideológicas, diferentes o contrarias.

El ser humano se libera de los conflictos que la coyuntura impone a su cotidianidad cuando alcanza la conciencia de la solución o de la perspectiva de solución de esos retos, no porque se le diga que “todo saldrá bien”, sino porque tiene la suficiente información y plenitud de convencimiento sobre un camino determinado y se dispone a participar activa y conscientemente en su superación.

¿Cuál es la garantía de su reacción anticapitalista ante los desafíos? En última instancia, su cultura. Su cultura política, su ideología revolucionaria que no aparece como decálogo de reglas a cumplir cuya pureza hay que defender ciegamente, sino como una estructura matricial de convicciones, principios, conocimientos, vivencias, sentimientos, que lo habilita para apreciar bien lo que acontece y percibe y dotarlo de significado revolucionario y socialista, lo que incluye bloquear conscientemente lo que no conviene a sus intereses fundamentales y apreciar y valorar lo que sí. Por tanto, la ideología, en esa calidad de estructura mental matricial, actúa como filtro separador de lo inútil y perverso, de lo tergiversado y malintencionado, que tanto abunda en los crecientes flujos de información en el mundo de hoy, pero también aquello que no considera propio y apropiado por no estar identificado con su cotidianidad.

Es por ello un imperativo el de profundizar en el estudio de los eslabones mediadores, algo que no siempre o mejor dicho pocas veces se tiene en cuenta, al evadirse la complejidad y preferirse la simplificación de los desafíos y problemas.

Todo indica que el futuro cercano de la sociedad cubana no escapará de transitar por el desarrollo de una economía mixta con predominio de la propiedad social socialista y un papel mayor para las relaciones mercantiles. Esa economía mixta implica las correspondientes adaptaciones del entramado organizativo y jurídico normativo para regular su funcionamiento y establecer límites estructurales y legales al mercado y a la propiedad privada y para viabilizar en la práctica las formas socialmente aceptadas, consensuadas de distribución del producto social que aseguren toda la justicia posible, pero obviamente reconociendo su existencia y adoptando hacia este una actitud realista, objetiva, crítica.

Si no se reconoce la presencia de la psicología de intercambio de equivalentes y el papel del mercado en la vida de la sociedad cubana actual, no podrá asegurarse la eficiencia económica. Ahora bien, el socialismo es la única fórmula posible para embridar las relaciones mercantiles y someterlas a la voluntad de la sociedad. El funcionamiento fluido del metabolismo socioeconómico y la educación socialista, serán la clave.

La existencia de la división social del trabajo, de diferencias que no ha podido eliminar la gran verdad y justicia de la revolución socialista, las naturales capacidades y habilidades individuales de las personas y la existencia de relaciones mercantiles, serán condiciones que propiciarán la reproducción social de la psicología de intercambio de equivalentes.

El reconocimiento de la convicción de que cada individuo se siente dueño de su capacidad laboral, de su capacidad de aportar a la sociedad y en consecuencia de recibir en correspondencia con ello implica que junto con la eliminación de las gratuidades indebidas se elimine también el trabajo  indebidamente remunerado como punto de partida para alcanzar la eficiencia.

El principio socialista que supone la correspondencia entre el aporte laboral de las personas y su retribución, tiene que tener un correlato jurídico en los límites de su propiedad individual y en el alcance de sus derechos: como regla general universal todo lo que provenga del trabajo honesto es lícito, es ético y es socialista. Otras limitaciones pueden estar dadas por conveniencias de la sociedad en su conjunto y deben ser objeto de debate y consenso y de la labor ideológica política correspondiente.

Sin embargo, no será solo con una adecuada organización del metabolismo socioeconómico de la sociedad cubana que se asegurará el progreso de la transformación cultural en sentido socialista, ello significa apenas la base necesaria pero no suficiente para la transformación socialista integral de la sociedad. Nada podrá sustituir la influencia de la educación y la cultura, la construcción de una subjetividad más rica.

El trabajo voluntario, el interés social por la productividad, el ahorro, la calidad, la eficiencia, la protección del medio ambiente, la protección de los sectores más vulnerables, la solidaridad ante las catástrofes naturales, la defensa de la patria socialista, y muchos otros valores permanecerán vigentes y su importancia social crecerá.

En ambos terrenos, la ideología de la revolución cubana tiene un papel imprescindible. En la construcción económica para que la sociedad se oriente adecuadamente en las vías y rumbos que se adopten, y para tener presente constantemente que no basta solo producir de un modo socialista, sino que es imprescindible vivir de un modo socialista. Ello incluye combatir el individualismo que reproduce la relación mercantil, asegurar la participación social, regular los conflictos.

En la educación y la cultura, la actividad ideológica y la ideología revolucionaria que la nutre e inspira, tienen el encargo de garantizar la reproducción de los valores revolucionarios socialistas, entre ellos el colectivismo, el humanismo, la solidaridad, la colaboración y la actitud negociadora y positiva ante las diferencias. Pero el papel de la actividad ideológica de la revolución cubana incluye mantener y enriquecer la educación patriótica, internacionalista y antiimperialista, le corresponde educar a la sociedad en una actitud crítica hace el consumismo pautado por las deformaciones del capitalismo tardío y promover el consumo saludable, cultivar la responsabilidad en la protección del medio ambiente y muy especialmente fortalecer la cohesión popular en la diversidad, sobre la base de los principios solidarios y humanistas de la revolución socialista, condición fundamental para defender los intereses de las grandes mayorías en un mundo plagado de incertidumbres y amenazas.

Es difícil subestimar el papel actual y futuro de la ideología de la revolución cubana. El ideal socialista, más que una aspiración es hoy más que nunca una necesidad ya que sus principios de racionalidad y justicia entroncan hoy con las vías de solución para los graves problemas que afronta la humanidad. La sociedad cubana tiene la ventaja y el mérito histórico de haberse mantenido alejada de la locura caótica del capitalismo, de mantener su independencia y soberanía así como otras conquistas fundamentales de la revolución y de acumular una experiencia y una historia de esfuerzos y sacrificios por preservar la dignidad como pueblo, factores todos que constituyen una base para encarar el desafío de avanzar en la eficiencia económica, incrementar la producción, satisfacer mejor las necesidades de la población y mantener los niveles alcanzados de justicia social.

Superar el esquematismo y la formalización de la ideología

Es por tanto fundamental, vale recalcarlo, que la actividad ideológica se realice atendiendo a las realidades de la sociedad cubana de sus ciudadanos. Ello implica satisfacer las demandas de información y participación que ha generado en ellos el propio proceso revolucionario, superar todo vestigio de paternalismo informativo y político tanto en los planos local, territorial y ramal, como en el plano social general. Superar todo lo que conduzca a la formalización de la ideología, reconocer la existencia de los conflictos como algo natural, inherente a la sociedad humana y trabajar conscientemente pos su superación.

Recordemos de nuestra práctica aquella trivialidad no pocas veces escuchada: “tiene problemas ideológicos”, etiqueta a menudo endilgada precisamente a los inconformes, a los críticos, a los observadores más agudos de la realidad y en ese plano altamente identificados con la ideología revolucionaria.

También la tendencia a simbolizar en frases los principios y los objetivos fundamentales del programa implícito en la ideología revolucionaria y en ese mismo orden a la formalización, separación de la cotidianidad y reducción al consignismo [10].

Lo anterior tiene particular importancia para la acción que constituye a la ideología a través de la actividad ideológica en motor generador de formación ideológica y política, en un reproductor consciente de valores cívicos revolucionarios mediante el sistema educacional, los medios de comunicación, y las distintas vías de labor ideológica.

Cualquier resultado del pensamiento creador, sea un estudio, una novela televisiva, un ensayo, un texto de historia, una obra literaria, un discurso, una tesis política, etc. es siempre una detención, una parada, un alto en el proceso social que capta y modela un ángulo, una parte de este y lo convierte en un producto específico para comunicar. Cuando se produzca el contacto de este producto con los receptores, éstos últimos son personas que han continuado interactuando como parte del proceso social, al igual que el autor o los autores, y en ese momento se establecerá una relación de diálogo en primera instancia con lo creado e indirectamente con el autor o los autores, que ya no estarán para esclarecer o profundizar cualquier aspecto que suscite ese diálogo.

Por ello, cuando las capacidades de los productores de mensajes de contenido político-ideológico son insuficientes en relación con las capacidades de los receptores potenciales, se reduce o anula la posibilidad de los primeros de influir en la dirección deseada, es decir, de construir en los receptores la representación que alimente las convicciones revolucionarias. La acumulación de mensajes ineficaces anula el interés de los receptores, dejando vacíos que suelen ser ocupados por otros mensajes con otros significados.

El paso de la intencionalidad ideológica expresada en los productos de contenido ideológico y político a conocimiento adquirido en la gente tiene a su favor las matrices de entendimiento que han sedimentado en las personas las decenas de años de práctica revolucionaria, las condiciones de vida de la sociedad y la influencia del ser social que en no pocos sentidos tiene consolidados contenidos socialistas, pero ello no es por sí solo garantía para ganar la necesaria atención pública, ni para lograr que una vez asimilados los conocimientos estos fortalezcan las convicciones e influyan en las actitudes de la gente.

El modo en el que se produce la integración del discurso político ideológico al mundo interior de la persona, es el paso de lo que el emisor propone a su conversión en conocimiento adquirido por el receptor; por ello el contenido del mensaje, la información que se transmite tiene que estar en consonancia con las matrices de entendimiento. Pero con ello no se logra sino lo elemental. El interés estratégico del mensaje político radica en que las propuestas conformen y consoliden convicciones y ello de paso a las acciones transformadoras del sujeto del cambio.

Una condición fundamental para que esto transcurra positivamente radica en que el ciudadano se identifique con las propuestas y una condición fundamental para que se identifique con las propuestas estriba en la participación activa en su formulación. La construcción y reconstrucción de los consensos, tanto de los sociales generales, como de los ramales, comunitarios, colectivos, etc. debe ser una práctica generalizada. Se trata entonces no solo de la identidad de principios, fundamentos y valores compartidos, expresada en las matrices de entendimiento, sino en la identificación con el camino concreto elegido y expresado en la propuesta del mensaje político.

En lo tocante a la eficiencia de la comunicación ideológica y política, lo más indicado es el análisis concreto de la situación concreta. Un objetivo principal de la actividad ideológica de la revolución cubana radica en viabilizar al máximo el proceso participativo consciente y eficiente de la ciudadanía en el abordaje y solución de los problemas de su cotidianidad. 

La ideología como liberación del ser humano implica un programa general de acción que lo abarca física y moralmente, integralmente, y tiene la función de dar respuesta orientadora a sus dilemas y desafíos desde la cotidianidad e implicándolo en el acto de creación de los caminos y las alternativas. 

Por ello el papel de la ideología de la revolución cubana es el de ser el sistema de ideas y valores que organiza esa cotidianidad, la reproducción de la vida misma, dotándola de sentidos, pero no de cualesquiera sentidos, sino de aquellos que resumen lo mejor de nuestra herencia cultural, de nuestros valores y que responden a los intereses y aspiraciones del pueblo.

La cotidianidad es el hoy de las personas. No es con palabras y las oraciones que con ellas se construyen al articular las ideas las que darán sentido socialista a la vida de las personas, sino la capacidad del pensamiento revolucionario integral de penetrar la vida cotidiana con argumentos y proyectos que en concreto y hoy tengan significación para la gente. Y ello será posible si se cumple la condición de una articulación armónica y eficiente entre las actividades socioeconómica, organizativa, jurídica normativa e ideológica política, proceso cambiante y requerido de constante revisión y precisión.

De ahí que la ideología en tanto fenómeno social no es ni puede ser un decálogo o un catecismo con mandamientos a cumplir, no puede ser algo dado de una vez y para siempre. La pureza de la ideología está en su relación dialéctica con la ciudadanía a cuyos intereses responde y de cuya práctica se nutre. Cuando las representaciones de la ideología, sea en el discurso político o en un libro de texto o en cualquier otra forma de expresión, se alejan de la ideología realmente existente, de la relación viva entre los ideales y principios y la conciencia social, presentándose de modo formal o “puro”, pierde fuerza su capacidad de influir y pueden terminar resultando contraproducentes y rechazadas.

Parte de la práctica social es también la actividad científica, la producción teórica de la sociedad, incluyendo los avances de la teoría del socialismo. De esos resultados se nutre también la ideología revolucionaria. Es por eso que el estudio del proceso ideológico, del contenido y funciones de la ideología de la revolución cubana y de la actividad ideológica y la lucha ideológica forma parte de las necesidades de desarrollo de la construcción del socialismo en Cuba.

Una dirección importante de esos estudios está precisamente en el papel de la actividad ideológica y de la ideología revolucionaria cubana en orientar la articulación de las actividades socioeconómica, organizativa, jurídica normativa y política ideológica y su relación con la persona, con el ciudadano, con su cotidianidad.

La correspondencia de la ideología y la actividad ideológica de la revolución socialista con las demás actividades y con la conciencia y cotidianidad de las personas es condición sine que non de su eficiencia. Cuando no existe esta correspondencia, el desfase conduce a que la actividad ideológica caiga en el formalismo y la impotencia, cuando no se convierte en un freno a la solución de los problemas sociales. 

[1] El entrecomillado persigue la intención de diferenciar la forma de concebir el legado de los clásicos del marxismo y su continuador ruso V.I.Lenin bajo lo que en la URSS se comprendía como marxismo-leninismo, de la importancia y trascendencia de ese legado para la ideología de la revolución cubana. 

[2] Recuerdo un compañero que me dijo un día “allá ustedes que fueron los que empezaron con eso de camaradas“, expresión que evidentemente entrañaba la toma de distancia no con los errores, sino con la tradición y los valores que emanaban de la revolución de Octubre. 

[3] En un congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología celebrado en La Habana en 1990 y en el que presentamos esos resultados, no faltaron quienes los pusieran en duda y cuestionaran (algo que solo ocurrió en nuestro caso) los métodos empleados; era como si para ellos obligadamente el proceso socialista cubano estuviera condenado a desaparecer o cuando menos forzado a ceder en dirección al mercado capitalista, al pragmatismo descontrolado de la perestroika. 

[4] Convocamos entonces a un grupo de investigadores sociales para discutir un primer documento titulado ¿Por qué ideología de la revolución cubana? Luego de 8 sesiones de trabajo fueron identificadas más de 70 preguntas que eran a la vez temas para el estudio. La labor que habíamos realizado la presentamos en el entonces recién creado Polo de Humanidades y luego de su debate y aprobación recibimos la encomienda de impulsar esos estudios. Durante una década se celebraron cuatro ciclos de estudios, que consistían en talleres en centros universitarios y de investigación, que confluían en un encuentro nacional. Como resultado de estos talleres, se instaló en el habla cotidiana el concepto y término de ideología de la revolución cubana. 

[5] Cada proceso revolucionario genera su propia ideología, en tanto sistema vivo y actuante en la sociedad. De esta suerte, al igual que la revolución bolchevique de 1917 generó su ideología y la revolución cubana  la suya, existe también una ideología en el proceso revolucionario venezolano, boliviano, etc. que puede y debe ser estudiada.

 

[6] El de financiamiento presupuestario y el de autogestión. 

[7] Al triunfo de la revolución en 1959, la mayoría de la población simpatizaba con los revolucionarios, pero en la sociedad predominaba la ideología burgués dependiente. El ciudadano común no vinculaba los males sociales a la naturaleza del sistema capitalista, sino a la corrupción, el mal manejo de la cosa pública, a la maldad humana, a la mala suerte, etc. En aquella etapa eran epidérmicamente rechazadas las palabras socialista y comunista. Luego de los dos primeros años y de una ingente revolución cultural, en la cual Fidel Castro jugó el principal papel esclarecedor y orientador, cuando se producen las nacionalizaciones en los meses de agosto, septiembre, octubre y noviembre de 1960, el pueblo apoyó masivamente el camino emprendido por la revolución. 

[8] Que, en rigor, no fue absoluta porque aquella iniciativa respetó la propiedad sobre la tierra de los pequeños agricultores beneficiados por la revolución con la reforma agraria y los transportistas de carga y pasaje privados. 

[9] La psicología de intercambio de equivalentes nunca ha desaparecido de la sociedad cubana y en estos más de 50 años ha mantenido su contenido esencial. En los mejores momentos para la cotidianidad de los cubanos después de 1959, entre la segunda mitad de la década de 1970 y primera mitad de la década de 1980, alguien que recibía, or ejemplo, su cuota subsidiada de café, pero no la consumía, no la vendía al precio que la compró, sino que la cambiaba por una lata de leche condensada o una caja de cigarrillos, o sea, por algo que tuviera un valor real equivalente. 

[10] La formalización y banalización de la ideología no es algo que ocurra solamente en la práctica ideológica revolucionaria, en otras prácticas ideológicas se producen estos fenómenos; baste señalar la descalificación a priori del Estado enarbolada por los seguidores de la hoy deteriorada ideología neoliberal. 

http://www.cubadebate.cu/opinion/2010/07/08/una-opinion-sobre-la-vigencia-de-la-ideologia-y-de-la-lucha-ideologica/#comments


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Lic. Rosa Cristina Báez Valdés "La Polilla Cubana"
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"Nosotros somos una idea; nosotros somos una esperanza; nosotros somos un ejemplo". Fidel Castro, 28 sept. de 1960

"Cuando una sociedad vive entre dos extremos, el uno audaz -que adelanta- y el otro tenaz -que no camina- no se puede ser oportuno para todos" / José Martí en carta a Valero Pujol, 27 nov. 1877

“La derecha avanza -como la maleza en la selva- por las grietas que deja la izquierda en sus hermosos proyectos” / Fernando Báez

"Los malos no triunfan si no donde los buenos son indiferentes” / José Martí

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