sábado, 29 de junio de 2013

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EEUU da cobertura a dos torturadores
CIA, asesinos de diplomáticos cubanos

JEAN-GUY ALLARD – Dos sicarios de la CIA que participaron, en Argentina, en sesiones de tortura de los diplomáticos cubanos Jesús Cejas - cuyos restos han sido entregados a Cuba hace unos días - y Crescencio Galañena,  viven tranquilamente desde años en Estados Unidos bajo la protección absoluta de las autoridades de este país.
Michael Townley, un norteamericano asesino que fue prestado a la CIA por la DINA - la Gestapo del dictador chileno Augusto Pinochet - y Guillermo Novo Sampol, un viejo cómplice cubanoamericano  del agente CIA Luis Posada Carriles, reciben una protección integral a la vez del FBI, con el cual siempre colaboraron, de la CIA que sirvieron de ejecutantes de tareas sucias, y del Departamento de Estado que pretende ignorar su presencia en territorio norteamericano.


Es hoy documentado que Townley y Novo participaron activamente a las sesiones de tortura de dos diplomáticos cubanos Jesús Cejas Arias, y Crescencio Galañena Hernández, (ambos en la fotografía blanco y negro, junto al historiador cubano José Luis Mendez) desaparecidos durante la última dictadura militar (1976-1983).



El hallazgo de los restos de los dos diplomáticos ocurrió en la localidad de Virreyes, en el partido de San Fernando, a 28 kilómetros de Buenos Aires, una zona donde se realizan excavaciones en busca de víctimas de aquel periodo de la historia argentina. Cejas y Galañena fueron secuestrados el 9 de agosto de 1976 en el barrio porteño de Belgrano.
INTRODUCIDOS EN TANQUES Y LANZADOS AL CANAL
José Luis Mendéz Mendéz, eminente historiador e investigador cubano ha observado desde años la búsqueda de los restos de quienes son considerados  mártires por la Revolución cubana.

Desde Buenos Aires, donde se encuentra, nos cuenta: “Desde el 2004 seguíamos una pista de que los compañeros habían sido introducidos en tanques de 55 galones y tirados en el canal de San Fernando en la provincia de Buenos Aires”.

“Se sabía que era un método que utilizaban los represores del centro clandestino de la Operación Cóndor,  llamado Automotores Orletti, para desaparecer sus víctimas.”

Y fue precisamente en un predio frente al aeropuerto de San Fernando donde la investigación de Méndez apuntaba como la pista certera, que aparecieron los restos de estas dos víctimas de la complicidad del Plan Condor y de la CIA norteamericana.

 En su minucioso y arduo trabajo, Méndez fue hasta entrevistar a Manuel Contreras Sepúlveda, quien fuera jefe de la Dirección de Información Nacional de Chile (DINA),  el 19 de julio de 2004.

 “Contreras me reveló que viajaron a Argentina, el 11 de agosto de 1976, su agente el norteamericano Michael Townley y el terrorista internacional refugiado en Miami Guillermo Novo Sampol para interrogar y torturar a los diplomáticos cubanos” Jesús Cejas Arias y Crescencio Galañena Hernández.
“Novo Sampol y Townley como Luis Posada Carriles están impunes de decenas de crímenes gracias a la complicidad de administraciones sucesivas en Estados Unidos por más de medio siglo”, subraya el historiador, autor de varios libros sobre el terrorismo contra Cuba..

El 12 de junio de 2012 fueron encontrados los restos de Galañena y el 18 de abril de este año los de Cejas, apenas 50 metros de distancia entre uno y otro.
Junto a Galañena Hernández se encontraron los cadáveres de los argentinos María Rosa Clementi de Cancere, empleada de la Embajada de Cuba, y Ricardo Manuel González, también secuestrados durante el mes de agosto de 1976 y hasta ese momento desaparecidos.
Los trabajos se han realizado en el marco de la “megacausa” que juzga los delitos de lesa humanidad cometidos en la órbita del Primer Cuerpo de Ejército argentino, reabierta tras la derogación y declaración de “nulidad insalvable” de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.

TOWNLEY LO CONFESÓ TODO EN LA TV CHILENA

Entre otros crímenes, Michael Townley y Guillermo Novo, participaron  al asesinato del ex canciller chileno Letelier, ejecutado el 21 de septiembre de 1976 en el barrio diplomático de Washington, con su  colaboradora Ronni Moffit.
El 18 de agosto de 1993, Townley contó, en una entrevista con el periodista Marcelo Araya de la televisión chilena, como asesinó varias personas designadas por la policía secreta del régimen militar. Como colaborador de los servicios de inteligencia de Pinochet, el norteamericano  experimentó el gas sarín y otras sustancias químicas que se inoculaban a presos de la dictadura.
Novo Sampol es este mismo individuo que fue condenado por terrorismo con Luis Posada Carriles en Panamá en el 2000 y que fue liberado por un indulto traficado por la mafia cubanoamericana y la embajada de EEUU.

WASHINGTON PERSIGUE A SUS AGENTES QUE HABLAN PERO PROTEGE A LOS QUE ASESINAN

Cuba rinde tributo en estos días a Jesús Cejas, asesinado con apenas 22 años, cuyos restos fueron entregados a las autoridades de la Isla y trasladados a su región natal.
Mientras tanto, en el país que fabrica una llamada “lista de países patrocinadores del terrorismo” donde no aparece, viven bajo protección del Estado, Michael Townley y Guillermo Novo.
Mientras el primero vive escondido, el secundo sigue alardeándose de sus crímenes, todos cometidos conforme a los planes más ocultos de la Agencia Central de Inteligencia.
Cuando persigue en cualquier rincón del mundo sus agentes que lo traicionan, el Gobierno norteamericano da cobertura, en su propio territorio y afuera, a los elementos más violentos de sus servicios secretos, veteranos de una guerra sucia que no se ha interrumpida nunca. Individuos sin escrúpulos que han vivido décadas consagrándose a violar los derechos humanos y, a menudo, preparando a los demás, en tierra extranjera, a cumplir atrocidades.