sábado, 11 de julio de 2020

Chile pueblo esquilmado por AFP como lo hicieron en Argentina el robo se repite país por país Nobel a los médicos cubanos Chaubloqueo museo Che Guevara Buenos Aires Eladio González toto


AFP y Concertación: una colusión total

Felipe Portales













Lo que usted leerá a continuación lo dejará estupefacto. Incluso a mí, severo crítico del liderazgo de la Concertación desde hace años, me ha dejado profundamente asombrado y apenado. Es la historia de la reversión total de un conglomerado político en el cual tantos chilenos depositamos, algún día, nuestras ilusiones y esperanzas. Está referido al itinerario de las actitudes de los partidos de ‘centroizquierda’ chilenos respecto del Sistema de AFP; pero, evidentemente, constituye una muestra de postura más general sobre la herencia económica, social y cultural de la dictadura de Pinochet.

Comencemos por el principio. Los partidos del conglomerado antecesor de la Concertación, integrados fundamentalmente en la Alianza Democrática (recordemos que la fracción almeydista del Partido Socialista (PS) formaba parte en ese entonces –con el Partido Comunista (PC) y el Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR)– del Movimiento Democrático Popular), explicitaron una postura duramente crítica del conjunto de las “modernizaciones” de la Dictadura. Esto es, de las instituciones económicas, sociales y culturales expresivas de un neoliberalismo extremo que ella impuso, particularmente a comienzos de los 80: privatizaciones de servicios públicos; Plan Laboral; AFP; ISAPRES; LOCE; ley de concesiones mineras; ley de universidades; virtual exención de impuestos a las grandes empresas; legislación restrictiva de los colegios profesionales y de juntas de vecinos, etc.

Crítica democratacristiana en los años 80

En el caso del Sistema de Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP), que aquí detallamos, existen testimonios irrefutables –además de los guardados en nuestra memoria– de lo anterior. Especialmente de la posición crítica del partido que tenía menos restricciones para un funcionamiento semiclandestino: el Partido Demócrata Cristiano (PDC). Así, luego de un trabajo de más de tres años de centenares de profesionales y técnicos democratacristianos, organizados en comisiones y que culminaron en dos grandes seminarios efectuados en 1983 y 1984 en locales de la Iglesia Católica, la Democracia Cristiana publicó cuatro tomos donde desarrollaba un proyecto alternativo para Chile, en que se incluían los principales ámbitos de la vida nacional. En ellos, se planteaba un diagnóstico muy crítico de las “modernizaciones” ya realizadas por la Dictadura; y se hacían propuestas generales de sustitución de aquellas.

Respecto del sistema de seguridad social impuesto por el Régimen, se señalaba: “En particular, nos parece necesario, en primer lugar, terminar con el actual sistema previsional que permite que los fondos previsionales sean administrados por administradoras privadas (AFP), y pasar a un sistema de reparto, como el que existía en la práctica en el pasado. Las nuevas instituciones previsionales que se crearán en reemplazo de las actuales, deberían ser administradas de un modo tal que aseguren una participación activa de los trabajadores en la administración de sus instituciones previsionales. El nuevo sistema previsional deberá tener un fuerte énfasis en la solidaridad. Para ello, proponemos que una proporción significativa de las cotizaciones previsionales de los trabajadores se destinen a financiar los aumentos en las pensiones mínimas y los servicios básicos de salud. Este carácter solidario asegurará un componente redistributivo al interior del nuevo sistema previsional. Por último, y a diferencia del sistema previsional antiguo, proponemos que las pensiones que son superiores a la mínima se calculen tomando en consideración el total de los aportes previsionales que haya realizado el trabajador a lo largo de su vida activa. De este modo, se evitarán algunas situaciones de injusticia que se producían con el sistema antiguo, el que consideraba sólo las imposiciones de los últimos meses antes de jubilar”. (Seminario de profesionales y técnicos humanistas cristianos, Proyecto alternativo; Tomo II, 1984, página 284).
Derechización de la Concertación

Esta posición drástica fue aminorada en el Programa Presidencial de la Concertación, cinco años después, respondiendo, ciertamente, al proceso de derechización de su liderazgo, desarrollado a fines de los 80, el cual fue crudamente reconocido por su ‘eminencia gris’, Edgardo Boeninger, en un libro publicado en 1997 (Democracia en Chile. Lecciones para la gobernabilidad; Editorial Andrés Bello). En él, su autor señaló que dicho liderazgo experimentó una “convergencia” con el pensamiento económico de la Derecha, “convergencia que, políticamente, el conglomerado opositor no estaba en condiciones de reconocer”; y que “la incorporación de concepciones económicas más liberales a las propuestas de la Concertación se vio facilitada por la naturaleza del proceso político en dicho periodo, de carácter notoriamente cupular, limitado a núcleos pequeños de dirigentes que actuaban con considerable libertad en un entorno de fuerte respaldo de adherentes y simpatizantes” (páginas 369/70).

De todas formas, ello se tradujo en propuestas más progresistas de las que hoy postula la Nueva Mayoría (AFP estatal), proponiendo “Establecer tres tipos de AFP: las de administración privada tradicional con representantes de los ahorrantes en el directorio; las de propiedad de los ahorrantes y las de los grupos organizados de trabajadores. Los trabajadores podrán optar por elegir la institución en que ahorran para la vejez y, al mismo tiempo, serán partícipes activos del manejo de sus ahorros y de una parte significativa de la economía nacional” (Bases Programáticas de la Concertación de Partidos por la Democracia, página 39).
Efectos del Sistema de AFP

A medida que se fue desarrollando el Sistema de AFP, durante los años 90, sus graves efectos sobre la mayoría de los trabajadores comenzaron a hacerse sentir, lo que fue crecientemente percibido por estudiosos de la Concertación y de la Izquierda. Así, a fines de los 90 Jaime Ruiz-Tagle hacía un lapidario diagnóstico de cómo la falta de solidaridad inter e intra generacional del Sistema de AFP iba perjudicando notoriamente a los trabajadores, calculando que desde 1990 a 1997 el deterioro de los ingresos de los pensionados en relación a los activos ¡llegaba a un 50%! (Ver Ruiz-Tagle, Evaluación del Funcionamiento del Sistema Previsional en Chile. 1981-1999. Ponencia del Seminario Salud y Seguridad en la América Latina del Siglo XXI; Ciudad de México, 11 y 12 de octubre de 1999).

Posteriormente, en 2005, Manuel Riesco señalaba que, de acuerdo a estudios del INP [actualmente, Instituto de Previsión Social (IPS)], los trabajadores recibirían como pensión un promedio del 50% de su último sueldo, lo que era muy distinto a lo que se les había prometido con el cambio del sistema; agregando “La abrumadora mayoría de los afiliados a las AFP […] cotiza apenas dos o tres meses por año, en promedio. Sus remuneraciones están entre cien y doscientos mil pesos mensuales y los saldos acumulados en sus cuentas son muy pequeños. Esta situación es mucho más grave aún en el caso de las mujeres. Con esos datos […] el problema previsional de la abrumadora mayoría de la fuerza de trabajo no tiene solución al interior del Sistema de AFP, por mucho que se lo intente mejorar” (Manuel Riesco, Trabajo y previsión social en el gobierno de Lagos, en Gabriel Salazar y otros: Gobierno de Lagos: balance crítico; LOM, 2005; página 64).
Millonarias utilidades

Luego, en 2012, el ex senador y presidente del PDC, Ricardo Hormazábal, constataba fabulosas utilidades de las AFP, que más que triplicaban las rentabilidades de los Fondos de Pensiones, “si aceptamos como efectivas” la cifra de 9,2% dadas para estas últimas por el presidente de la Asociación de AFP (Ricardo Hormazábal, El gran engaño: 30 años del Sistema de AFP; Instituto de Asuntos Públicos, Universidad de Chile, 2012; página 51).

Y, recientemente, Manuel Riesco al presentar un estudio de CENDA [Centro de Estudios Nacionales de Desarrollo Alternativo], concluía que “el aporte de los afiliados y los subsidios del Fisco son tres veces mayores a las pensiones que paga el Sistema” (Ver La increíble estafa de las AFP explicada paso a paso; en El Mostrador, 03-11-2013).

Sin embargo, por otro lado, los gobiernos de la Concertación se mostraban cada vez más conformes con el Sistema de AFP, así como con el conjunto del sistema económico heredado de la Dictadura. Así, cuando Ricardo Lagos obtuvo la mayoría absoluta en ambas cámaras, entre agosto de 2000 y enero de 2002 (por los desafueros combinados de Pinochet y Francisco Javier Errázuriz) nada hizo para reformarlo. Ni siquiera accedió a la petición formulada por Ricardo Hormazábal, en 2005, de que presentara un proyecto de ley para prohibir que las AFP, ISAPRES y compañías de seguros pudiesen financiar campañas electorales (Ver Hormazábal, obra citada, página 88).

A su vez, Bachelet no sólo nada hizo para sustituirlo, con la mayoría absoluta obtenida desde los inicios de su gobierno (hasta que el PDC expulsó de sus filas, a fines de 2007, al senador Adolfo Zaldívar), sino que lo consagró, ‘democráticamente’, al lograr la aprobación de una ley, en conjunto con la Derecha, que incorporó una pensión básica solidaria a cargo del Estado, pero que confirmó los rasgos esenciales –individualistas y favorables a los grupos económicos– del Sistema de AFP.
Elite concertacionista en AFP

Peor, aún: en la década pasada empezaron a proliferar los miembros de la elite concertacionista que, luego de ocupar altos cargos públicos, entraban a los directorios de las AFP. Han sido los casos del propio superintendente de AFP de Aylwin y Frei, Julio Bustamante (PDC), que llegó a ser presidente de AFP Magister (hoy, Plan Vital). De la superintendenta de Seguridad Social e intendenta de Santiago en el gobierno de Lagos, Ximena Rincón, que llegó a ser directora de la AFP Provida –la más grande del País– en 2006, ¡y que, en esa calidad, fue electa vicepresidenta del PDC! Del diputado y senador (PS) José Antonio Viera-Gallo, que fue también director de Provida en momentos en que se discutían reformas al Sistema. Luego, del director de Presupuesto de Frei, Joaquín Vial, quien llegó a presidente de la AFP Provida, en 2009. Y, también, del subsecretario general de la Presidencia y de Telecomunicaciones de Frei, Jorge Rosenblut (PPD-Partido por la Deemocracia), quien llegó a ser director de AFP CUPRUM.
Nombres claves en las AFP

En la actualidad, hay cuatro directores de AFP que tuvieron muy altos cargos durante los gobiernos concertacionistas: el ministro de Economía de Bachelet y superintendente de Valores y Seguros de Aylwin, Hugo Lavados (PDC), quien es presidente de CUPRUM. La subsecretaria de Hacienda de Lagos, María Eugenia Wagner (PDC), quien es directora de la misma AFP. Y dos directores de la AFP Provida: el ministro Secretario General de Gobierno de Lagos y embajador de Frei, Lagos y Bachelet, Osvaldo Puccio (PS); y el ministro de Economía de Aylwin, Jorge Marshall (PPD).

Pero, lo que atinge extremos inauditos de colusión es que dichos directores no llegan a ser tales como fruto de intentos de cooptación individuales efectuados por las AFP, como, seguramente, usted, señor lector, creía hasta la fecha. No, ¡ellos son designados de entre una larga lista de candidatos que se registran, permanentemente, en la Superintendencia de Pensiones, con la aspiración de llegar a ser directores de AFP! ¡Y en esa lista han estado decenas de ex ministros, ex subsecretarios y ex altos cargos concertacionistas; particularmente, los más ligados al ámbito económico! ¡Y están cuatro de los que han figurado como máximos consejeros económicos del próximo gobierno de Michelle Bachelet: el ex ministro de Obras Públicas de Bachelet, Eduardo Bitrán (PPD); el ex ministro del Trabajo de Aylwin y de Transportes de Bachelet, René Cortázar (PDC); el ex ministro de Economía, Minería y Energía de Lagos y ex presidente del Banco Central designado por Bachelet, José de Gregorio (PDC); y el ex superintendente de AFP de Lagos y de Valores y Seguros de Bachelet, Guillermo Larraín Ríos (PDC)!

Si a lo anterior agregamos el dato consignado por el ex presidente del PDC, Ricardo Hormazábal, de que las AFP aportan el 14% de los financiamientos de las campañas de la Concertación (Ver El poder político y económico detrás de las AFP; en El Mostrador, 04-07-2013), ¿puede haber una esperanza razonable de que el próximo gobierno tenga la voluntad (la mayoría parlamentaria la tiene, con claridad) de hacer cambios profundos del Sistema de AFP, que afecten tan grandes privilegios?

La era de las AFP:
Así nació y operó la estrecha relación entre ‘Sanhattan’ y los fondos de pensiones*

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Bolsa / Foto: Agencia Uno

En 2018, el periodista y director de Prensa de El Desconcierto, Sergio Jara Román, publicó el libro Piñera y los leones de Sanhattan (Editorial Planeta), una crónica periodística sin precedentes, que devela el lado B del sistema financiero chileno, sus miserias y trampas, el auge y caída de algunos de sus protagonistas y la sorprendente impunidad de otros. En el capítulo tres de ese libro se abordan los inicios del Sistema de AFP y su maduración, en los 90, una época en la que hacer negocio con los fondos de pensiones, legales e ilegales, era pan de cada día. Gracias a esos fondos, que hoy están en debate en el Congreso por el posible retiro del 10%, emergió la Bolsa de Comercio de Santiago y ‘Sanhattan’, el barrio financiero de Chile que hoy aboga por mantener, tal cual, el sistema. Sin los fondos de pensiones, el capitalismo chileno no se puede explicar ni sustentar. El Desconcierto publica, en exclusiva, un extracto del Libro, para conocer mejor el tránsito histórico de los ahorros previsionales.

Para 1996, cuando Juan Bilbao llevaba dos años en Estados Unidos brillando con luz propia y Leonidas Vial extendía su influencia por todo ‘Sanhattan’, Juan Andrés Camus y Jorge Errazuriz se habían apropiado del negocio de los fondos de inversión extranjeros y ya manejaban diez de ellos. Pero, un año después, en 1997, la economía global comenzaría un rápido proceso de enfriamiento, producto de la crisis asiática, que llevaría a los grandes capitales mundiales a restringir sus inversiones en mercados pequeños, desconocidos y poco desarrollados como el chileno. Los negocios de los fondos de inversión extranjeros y las colocaciones de ADRs [American Depository Receipts] entraron en su fase terminal. La estrella que alumbraba a CELFIN parecía apagarse, abruptamente.

“Eduardo Aninat, el ministro de Hacienda de ese entonces, dijo que no pasaría nada. Pero, la crisis llegó igual y en 1998 pegó fuerte”, recuerda Camus. “Ahí, vino una contracción y un cambio en el mercado de capitales chileno. Nosotros mismos tuvimos que cambiar nuestro enfoque de estar haciendo negocios internacionales y nos transformamos al mercado doméstico”.

Camus y Errázuriz, ya sin Mario Lobo, habían adquirido una experiencia en el manejo de fondos de inversión que pocos tenían, por ese entonces, en ‘Sanhattan’. Ya no podían atraer inversión extranjera para seguir en eso, pero se les ocurrió una idea: levantar fondos nacionales con inversionistas locales. A mediados de los años noventa, la nueva generación de empresarios estaba llenándose los bolsillos de dinero. Pero, eran pocos. Era un grupo compuesto por nuevos empresarios que habían sido los antiguos gerentes de las empresas ahora privatizadas, como Roberto de Andraca, en CAP; Julio Ponce, en SQM; Eduardo Fernández, en CHILQUINTA; y José Yuraszek, en ENERSIS. También, había ex ejecutivos del Grupo Cruzat y uno que otro inversionista, como las familias Luksic y Angelini, que hicieron negocios con empresas extranjeras aprovechando el capítulo XIX del Banco Central; el que permitía cambiar deuda casi incobrable, o de muy bajo valor, por acciones de empresas chilenas.

Ese grupo de empresarios la estaba pasando bien, en los noventa. El Gobierno era amigable con sus negocios, nacía una clase media ávida por consumir y, si sus empresas ganaban mucho dinero, siempre podían recurrir a las empresas zombis para pagar menos impuestos. Era la década de oro, para ellos. Pero, aun así, no representaban la masa crítica suficiente para crear y consolidar el nuevo mercado de fondos de inversión local que CELFIN quería. Había que buscar un nuevo tipo de inversionista, uno con espaldas y dinero ocioso. Era el momento de que entraran en escena las AFP, el sistema de ahorro previsional privado que había instaurado la Dictadura, en 1981, en reemplazo de un viejo y agonizante sistema de reparto.

La crisis de 1982, la misma que acabó con los grandes grupos empresariales de Manuel Cruzat y Javier Vial, tuvo un efecto inesperado en las AFP, instituciones que básicamente toman el 10 por ciento del sueldo de sus cotizantes y lo invierten buscando rentabilizarlo para pagarles, muchos años después, las pensiones.

En ese tiempo, a principios de los ochenta, las AFP tenían las manos bastante atadas. Podían invertir, pero sólo en activos de renta fija a largo plazo, es decir, de baja rentabilidad, lo que, para cualquier gestor de inversiones con algo de ambición, y de esos hay muchos en ‘Sanhattan’, equivale a morirse de aburrimiento. Letras hipotecarias y depósitos a largo plazo eran, por ese entonces, la mayor aventura que podía vivir un operador de mesa.

Las inversiones en acciones estaban prohibidas para las AFP en los comienzos de los ochenta. Y, en realidad, daba lo mismo, pues los volúmenes transados en acciones eran bajos y riesgosos. Era el tiempo de la renta fija, las transacciones de oro y, aunque por breve tiempo, de billetes y cheques de viajero, un mercado en el que se suele decir que debutó y reinó Leonidas Vial, en los 28 días hábiles que duró ese tipo de transacciones, en 1982.

Juan Andrés Camus, presidente de la Bolsa de Comercio / Agencia Uno

“Desde que entraron en operación, en mayo de 1981, las AFP contribuyeron a otorgar gran volumen, profundidad y liquidez al mercado de instrumentos de renta fija. Entre 1981 y 1982 los montos operados en estos valores aumentaron más de 10 veces, y pasaron de un 4,8 a un 21,5 por ciento del movimiento bursátil. Desde entonces, las transacciones en valores de renta fija continuarían creciendo, y su participación seguiría elevándose, hasta convertirse, a mediados de la década, en el sector más importante de la actividad bursátil”, dice un libro que mandó a hacer la Bolsa, en 1993, para celebrar sus cien años (Couyoumdjian, Millar y Tocornal: 534).

El poder que estaban ejerciendo las AFP en el mercado era tal que, un año después, en 1983, los montos totales transados en renta fija, que se explicaban en gran parte por las inversiones de los fondos de pensiones, habían pasado de 21,5 a un 60,6 por ciento, cifra que comenzaría a bajar a mitad de la década. La intermediación financiera, que no era más que renta fija de corto plazo, llegó ese mismo 1983 a 35,6 por ciento y las transacciones en acciones apenas tocaron el 3,9 por ciento. En otras palabras, el mercado accionario estaba seco, muerto, no había mucho que hacer ahí. Pero, en 1985 las cosas comenzarían a cambiar y las acciones, lentamente, iniciarían su largo camino para convertirse en ese émbolo que toda bolsa de valores quiere tener. Y las razones fueron varias.

Para 1985, cuando Camus, Errázuriz y Lobo hacían sus primeras armas en el Grupo Matte, tanto en el Banco BICE como en la flamante nueva corredora BICE CHILECONSULT, que había sido levantada en sociedad con la poderosa Casa Rothschild, la crisis económica que había comenzado tres años antes ya había pasado por su peor momento. Las carteras vencidas de los bancos se estaban, de a poco, saneando y el capítulo XIX del Banco Central comenzaba a atraer inversionistas extranjeros que, con sus operaciones, activaban negocios locales. Pero, también pasaron dos cosas más. Dos cosas clave.

Primero, comenzaron las privatizaciones de las empresas del Estado. Eran compañías venidas a menos, por años de crisis económica, cuyas acciones, puestas en circulación por el Gobierno, permitieron que entrara una nueva masa de pequeños inversionistas a la Bolsa.

Ahora, trabajadores y empleados de esas empresas podían acceder a pequeños paquetes de acciones, si renunciaban a sus bonos anuales. Muchos de ellos no sabían muy bien qué significaba todo eso, pero lo hicieron igual y con los años venderían a sus antiguos gerentes, quienes, mediante los mismos mecanismos, se habían quedado con participaciones más grandes.

Jorge Errázuriz, es socio de Camus en CELFIN / Agencia Uno

Esa política de la Dictadura fue conocida como Capitalismo Popular y prometía entregarles parte de las empresas estatales a los trabajadores. Pensada así, o no, lo concreto es que terminó dejando como controladores a los antiguos gerentes de esas empresas, quienes, en las décadas siguientes, junto a los corredores de bolsa, se convertirían en los sumos sacerdotes de la economía chilena.

Lo segundo que pasó en 1985 fue que a las AFP se les permitió invertir en acciones, como una forma de apoyar el proceso de privatización. Lo hicieron, aunque con restricciones. No podían, por ejemplo, invertir en empresas en las que una persona tuviera más del 20 por ciento de la propiedad. Además, sólo podían comprometer el cinco por ciento del dinero de sus fondos, que a diciembre de ese año llegaron a 283 mil millones de pesos. Dadas esas reglas, sólo tres empresas cumplían con esas condiciones, por lo que las AFP inauguraron la era de inversión en acciones con un tímido 0,01 por ciento de todos sus fondos, es decir, unos 28 millones de pesos.

El grueso de sus inversiones se mantuvo en ese poco sexy mercado de la renta fija.

“Los primeros efectos relevantes de las AFP en el mercado se produjeron entre 1988 y 1989, cuando nuevas modificaciones legales permitieron la inversión en sociedades más concentradas. En 1988, se amplía el porcentaje de concentración al 50 por ciento y en 1989 se amplían los límites de inversión en acciones de un mismo emisor desde un cinco a un siete por ciento del fondo, o la sociedad emisoradice Jaime March, un exfuncionario de la Bolsa y actual asesor de empresas, en un estudio que hizo sobre la materia, en 1992 (March: 5).

Los cambios repercutieron en 1991. Ese año, las AFP ya contaban con 3,7 billones de pesos bajo administración y podían invertir en las acciones de 49 sociedades anónimas. Así, una década después de que José Piñera, el hermano de Sebastián, creara las AFP, el sistema previsional ya había sufrido reformas que relajaron su política de inversión y permitieron que acumulara una caja considerable. Era, por sí solo, el mayor inversionista con el que un trader podía contar y el sueño de los operadores de mesa que se habían pasado toda la década anterior aburriéndose en el mercado de renta fija. Esos operadores, ahora, estaban listos para comprar acciones, venderlas y comprarlas de nuevo, como si todo fuera parte de la ruleta de un gran casino de juegos. La adrenalina de la Bolsa, del timbeo diario, podía olerse en el ambiente. Había una larga lista de empresas a disposición y las AFP aprovecharían esa nueva política para invertir compulsivamente en acciones.

En 1994, con 8,9 billones de pesos acumulados en los fondos de las AFP, sus operadores de mesa invirtieron el 32,07 por ciento en acciones que se transaban en la Bolsa, algo así como 2,8 billones de pesos, marcando el punto más álgido, en términos porcentuales, de las apuestas de las AFP en acciones hasta esa fecha. Los tímidos 28 millones de pesos de 1985 habían pasado, en menos de una década, a billones de pesos.

Esa era una fortuna que ningún empresario, viejo o nuevo, se atrevía a apostar en bolsa, por entonces. Era, también, todo un bálsamo para el mercado de valores que veía en las AFP al gran inversionista que siempre había esperado y, en el fondo, el que corredoras como CELFIN necesitaban. Con ese gran caudal de dinero ocioso, las AFP ya estaban listas para transformarse en el motor aceitado que ‘Sanhattan’ requería para los nuevos tiempos.
Aunque algunos, como Camus y Errázuriz, algo olfateaban, la excitación por la plata fácil proveniente de las AFP era tal, en los noventa, que pocos pudieron ver lo que estaba por pasar. Ambos se creían los campeones del mundo y se habían transformado, quizás sin darse cuenta, en la odiosa caricatura de yuppie que miraba para abajo a sus competidores.

Para 1997, se les había acabado el negocio de los fondos de inversión extranjeros y de colocación y arbitraje de ADRs. La crisis asiática comenzaba a tener sus primeros efectos, por lo que decidieron seguir haciendo lo mismo, pero ahora con fondos locales. Ahí fue cuando se encontraron con las AFP y sus pocos preparados operadores de mesa que, con las manos llenas de dinero, no sabían en qué ni cómo invertir.

“Empezamos a levantar plata de las AFP para administrarla nosotros. Así fue como comenzó el dinamismo de los fondos de inversión locales con plata de los fondos de pensiones”, recuerda Camus, sentado en una gran sala de reuniones de BTG Chile, en el centro de ‘Sanhattan’. “Las AFP confiaron en nosotros, porque algo de credibilidad teníamos, ya que contábamos con la experiencia de administrar 10 fondos extranjeros con un track record razonable”.

Los fondos de inversión locales que administraba Celfin no eran más que, como lo dice su nombre, fondos que reunían plata de varias inversionistas, entre ellos las AFP. Con esa plata invertían en acciones chilenas, lo que les dio experiencia y el volumen necesario para dar el salto y entrar directamente al negocio del corretaje de acciones.

Así, en 1997 se compraron la corredora Gardeweg y García y pasaron a llamarse CELFIN Gardeweg. Debutaron, ese año, en el puesto número 15 del ránking de corredores de bolsa, pero Camus se ufana diciendo que en sólo tres años la convirtieron en la primera corredora del País, en montos transados. Es una afirmación temeraria, pues datos de la Superintendencia de Valores y Seguros (SVS) de la época muestran que CELFIN Gardeweg era, en realidad, la tercera corredora en montos transados en acciones en 2000, pero la número 30, de 39 que operaban, en la intermediación de todos los valores que mueve la Bolsa, es decir, renta variable, fija, monedas y fondos de inversión, entre otros.

Gardeweg y García, en todo caso, no era una corredora cualquiera. En abril de 1989 había sido multada en 800 UF por la SVS, debido a que Pablo Branchi Branchi, uno de sus corredores de Valparaíso, se había pasado los últimos cinco años recibiendo órdenes de compra de clientes que terminaba anotando, en algunas ocasiones, a su propio nombre, en los talonarios que enviaba a la matriz en Santiago. Así, Branchi cobraba por la intermediación y, luego, vendía las acciones que estaban a su nombre.

En octubre de 1996, poco antes que CELFIN la comprara, Gardeweg y García recibió otra multa. Esta vez sería por 120 UF, un monto menor pese a la gravedad del hecho.

Un año antes, el 5 de julio de 1995, Fernando Moncada Melet y Alejandro Reyes Miguel, gerente general y encargado de inversiones, respectivamente, de AFP Protección (en 1998, pasó a manos de AFP Provida), llamaron por teléfono a Maximiliano Vial, un desconocido trader de Gardeweg y García, y le pidieron que intermediara en la compra de 100 mil acciones, para cada uno, del Security Holdings S.A.

Eran unos 70 millones de pesos que ponían para comprar un pedacito de ese grupo económico que ya había sido estudiado en detalle, precisamente, por un analista de AFP Protección. El mismo 5 de julio, Moncada también le dijo a Vial que comprara casi dos millones de acciones del Security para la AFP, en 677 millones de pesos, operación que había nacido tras la recomendación del analista y que fue visada por el comité de inversiones.

Comprar acciones del Security, entonces, se había vuelto una apuesta atractiva y segura para los fondos de pensiones, por lo que acompañar esa operación con plata propia no parecía mala idea.

Los corredores sabían, y lo saben aún, que cuando una AFP desembolsa grandes cifras de dinero para comprar una acción, esa acción sube de precio. Por lo que adelantarse, aunque sea un segundo, a la compra de la AFP, valorizará la compra antes hecha por ese trader. Pero, para adelantarse a la AFP hay que contar con información y ocuparla. A aquello se le denomina información privilegiada y es un delito, pues supone una ventaja indebida.

Las tres operaciones de compra se concretaron ese 5 de julio, a las 11.49, en órdenes sucesivas y fueron calificadas por la SVS como uso de información privilegiada, en el CASO de los ejecutivos de la AFP. Ellos debían abstenerse de ocupar la información de la administradora de fondos de pensiones, tanto por conocerla previamente en el comité de inversiones, como por los cargos que ostentaban.

A Gardeweg y García se le multó por no dejar constancia de las órdenes especiales impartidas por los ejecutivos de la AFP y por no indicar en las fichas de la operación la relación entre Moncada y la corredora. En el fondo, como Gardeweg no dejó registros debidamente establecidos, los dos ejecutivos de la AFP pasaban por cualquier tipo de cliente.
Ese fue, quizás, uno de los primeros casos relativamente públicos en el que se advirtió y sancionó el uso de información privilegiada con los fondos de pensiones de por medio. Lo curioso de aquello es que, no mucho tiempo después, Fernando Moncada, Alejandro Reyes y Maximiliano Vial, terminarían trabajando en CELFIN. Los últimos dos, incluso, como socios de Camus y Errázuriz. Recientemente, crearon su propia administradora de fondos y corredora de bolsa: Toesca.

Como sea, cuando Camus y Errázuriz compraron Gardeweg y García y crearon su propia corredora de bolsa, allá por 1997, comenzaron a romper con todos los esquemas y los acuerdos de caballeros que había, hasta ese entonces, en el club de amigos que era la Bolsa de Comercio de Santiago, cuyo líder era Leonidas Vial, el principal competidor de CELFIN.

Portada libro Piñera y los leones de Sanhattan.

* Este texto forma parte del tercer capítulo del libro Piñera y los leones de Sanhattan, del periodista Sergio Jara Román.


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