jueves, 29 de septiembre de 2011

Che Guevara Cuba Encuentro Virgen Caridad del Cobre con Cristo de la Veracruz

De: Yudit Vidal Faife [mailto:yuditvidal@hero.cult.cu]
Enviado el: Jueves, 30 de Junio de 2011 04:22 a.m.

Asunto: 4-Encuentro de La V. de la Caridad con Cristo de la Veracruz

1-Encuentro de la Virgen de la Caridad con Cristo de la Veracruz en Trinidad Cuba de Fidel Castro y el Che Guevara

De: Yudit Vidal Faife [mailto:yuditvidal@hero.cult.cu]
Enviado el: Jueves, 30 de Junio de 2011 04:24 a.m.

1-Encuentro de La V. de la Caridad con Cristo de la Veracruz

 

 ¡ A Jesús por María, La Caridad nos Une   !

 

Luego de su peregrinar por los municipios y campos aledaños a Trinidad, regresa la Virgen Mambisa a Trinidad.

Hoy 29 de Junio a las 7:00 pm, la Virgen salió en procesión desde la calle de Rosario hacia Real donde se encontró con el venerado y amado por todos los trinitarios, El Cristo de la Veracruz.

 

Esta hermosa imagen tallada en España con destino a Veracruz, en su traslado y por diversas circunstancias se quedó por siempre en nuestra Villa de la Santísima Trinidad de Cuba desde 1713.

 

Luego de 50 años, salió a las calles trinitarias  nuevamente, en procesión, desde la Parroquial mayor Santísima Trinidad, bordeando La Plaza Mayor, hasta encontrarse frente a frente con su madre, la Virgen María, la Virgen de la caridad, La Virgen Mambisa, nuestra Patrona.

 

De ahí, subieron juntos a la Iglesia Mayor….

 

A todos nuestros hermanos…

 

 

 

 

 

 

El bloqueo según una octogenaria cubana Museo Che Guevara

 

En nombre de Eladio Gonzalez

 

Blanca Mercedes Mesa tiene 80 años, lleva 50 de ellos bloqueada.

Su poesía nos lo describe como es….. un genocidio.     Toto.     

 

   El     bloqueo  

                                                                                    Ese genocidio…

                                                                                                               Asamblea General de la ONU

 

El día que nos quiten el bloqueo

nos parecerá que caminamos por el aire

sin sujeción alguna.

Seremos cosmonautas ingrávidos sobre la simple tierra,

todo, todo transcurrirá liviano, transparente

pletórico de volutas de humo,

crepúsculos rosados,

atardeceres límpidos,

como telón de nubes rubicundas de arcángeles pictóricos del medioevo.

¿Será verdad, será verdad?

Una y otra vez nos pellizcaremos la mansa piel.

Creeremos realmente imposible

aquello que veamos, aquello que toquemos.

Debe ser solo un sueño

de descanso reposado,

de pesadillas dulces con sabor a vainilla.

El día que nos quiten el bloqueo

amanecerá a cualquier hora del día.

Tocarán, tocarán cercanas y lejanas campanas,

pero eso no será suficiente para nosotros.

Tocarán, tocarán inaudibles bocinas

y clamores de infinitos nombres,

himnos improvisados

y músicas, y tambores, y violines, y pianos en la sombra.

¿Pero acaso existirá la sombra?

El día que nos quiten el bloqueo

todo será pura luz y hasta la sombra.

Entonces, solamente entonces,

advendrán vítores, parabienes, indemnizaciones.

Los ciegos dejarán sus vendas,

los sordos, sus aparatos para oir,

los mudos hablarán

y los vociferantes guardarán amorosos silencios

y advendrán, advendrán

parabienes, indemnizaciones.

Sólo que los muertos ya serán cadáveres sepultos

y los vivos, momias buscando sus conjuros.

El día que nos quiten el bloqueo será sencillamente tarde, tarde, tarde…

 

 

__._,_.___

primer contacto Che Guevara museo argentino

De: nicolas habib [mailto:dobrasil10@hotmail.com]
Enviado el: Miércoles, 11 de Agosto de 2010 12:19 p.m.
Para: eladio
Asunto: primer contacto

 

Ola Eladio,
 
Que Tal??? Usted no vai recordarse de nosotros pero  las fotos van ayudarte.
Estamos de vuelta al trabajo, aca em Sao bernardo una ciudad cerca de san Pablo em Brasil. Mi Hermana vuelvo para Françia. Yo traduci el documiento sobre los franceses desaparecidos durante la dictadura. Ella vai ponerlo em la mediathèque de nuestra ciudad en el sur da françia. Es una manera de participar.
Nosotros fuemos en la casa de la  amistad argentino cubana y tuvemos el honor de conocer rapidamente una de las madre de la plaza de mayo.
Ahora estoy leendo el libro despacio porque es complicado de ler en una otra lengua pero mi gusta mucho.
Perdon para mi espanolito pero estoy tentando.
Un abraço muy grande y muchas gracias.
Nicolas el argelino
ps: yo havia enviado mas fotos pero su caja debe estar llena. Mandaré depues.

Che Guevara encuentro de Giraldo Mazola para Museos


Asunto: Encuentro con el Che Guevara de Giraldo Mazola para Museos Che en Argentina
 

El compañero cubano Giraldo Mazola Collazo nos aporta desinteresada y generosamente una serie de relatos, sobre su experiencia al encontrarse con el argentino Ernesto Che Guevara.    Muchas gracias a quien fuera a los 21 años Presidente del ICAP de la Habana.   Eladio González toto  

Mi primer encuentro con el Che

Muchos amigos me han sugerido, cuando he relatado alguna anécdota sobre el Che, que debía escribirlas. He acariciado esa idea varias veces durante las tres décadas que han transcurrido desde su desaparición física en Bolivia y cada año, alrededor de Octubre, he leído con avidez los relatos de sus compañeros más íntimos, de sus familiares y amigos, que nuestros medios masivos publican en el marco de las efemérides que lo unen más a Camilo en ese mes.

Leí también el profundo análisis de Carlos Tablada sobre el pensamiento económico del Che, las investigaciones de Froilán González en Bolivia relatando con un gran cúmulo de citas de prensa y declaraciones, la epopeya de la guerrilla que complementan el diario del Guerrillero Heroico. He visto varias veces la entrevista de Fidel con el periodista italiano Mina cuya versión documental con imágenes y fragmentos de documentales es sencillamente fabulosa e irrepetible.

Todas esas publicaciones, en vez de estimularme a dar el paso que en definitiva decidí dar hoy, me inhibían a hacerlo, pues me parecía que mis vivencias personales carecían de importancia y no revelaban nuevas facetas de su carismática, excepcional y relevante personalidad.

Oí mencionar al Che en términos nada halagüeños cuando citaban en las informaciones elaboradas por la tiranía su presencia entre los invasores del Granma. Luego, en los primeros meses de 1957, cuando el Comandante René Rodríguez bajo de la Sierra para dirigir los grupos de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de Julio, le escuché distintas referencias sobre ese médico argentino que se había unido a nosotros, había cambiado su botiquín por un rifle y comenzaba a forjar, en aquella etapa, su leyenda y realidad.

Estudiaba Medicina hasta que cerramos la Universidad a fines de 1956 y me había incorporado a los Grupos de Acción del 26 de Julio aunque seguía trabajando en la sala de ortopedia del Hospital Calixto García.

Me atrajo desde entonces la reedición en su persona de la hermosa historia de los centenares de extranjeros que habían participado en nuestras guerras de independencia. Admiraba desde muchacho a aquellos patriotas cuya consagración mambisa los convirtió en cubanos por derecho propio e intuía que de nuevo surgía una versión moderna del "inglesito" Reeve o del polaco Carlos Roloff.

Mi experiencia sobre el mundo que rodeaba nuestra isla era puramente libresca y no conocía a personas de otra nacionalidad si excluía un exiguo grupo de españoles, jamaicanos o haitianos "aplatanados" del barrio. Entonces tampoco tenía una cabal comprensión de las concepciones y principios internacionalistas que todo nuestro pueblo abrazó después y por tanto el prisma con el cual miraba la presencia suya entre nosotros tenía esas limitaciones.

Es cierto que se añadía como elemento de atracción que su profesión fuera la que yo pensaba ejercer y más tarde también sirvió como punto de interés conocer que le gustaba jugar ajedrez, mi entretenimiento favorito, bastante poco común entonces.

En vísperas de la victoria de Enero de 1959 ya el Che era un pilar de la guerra revolucionaria; estando en la cárcel, escuchaba por Radio Rebelde los relatos de sus acciones y combates, de la épica invasión a occidente, que formaban parte de la información cotidiana de nuestra emisora.

La prensa batistiana lo trataba con desprecio y con rabia calificándolo como extranjero y "comunista", incapaces de entender su desinteresado sacrificio por un país donde no nació. Por suerte ya entonces había superado bastante mis arraigadas ideas anticomunistas gracias a la paciencia de un grupo de experimentados dirigentes del Partido Socialista Popular que, en la propia cárcel, día tras día, contribuyeron a esclarecer las concepciones ideológicas de no pocos jóvenes allí detenidos, removiendo las confusiones que una sostenida campaña contra el marxismo, el socialismo y casi todos los "ismos", había logrado inculcarnos. Nos preparábamos sin saberlo para la necesaria unidad que Fidel preclaramente convirtió en la base futura de todo el proceso revolucionario.

Así, Mas Martín y José Felipe Carneado, por citar sólo algunos nombres en justo reconocimiento al rol político que jugaron, propiciaron o dicho de otro modo me hicieron ver que además de mi admiración y respeto por Fidel, Raúl, Camilo y el Che, como exponentes imbatibles de la lucha en que participaba, estuviera avalada por una coincidencia ideológica, al conocer por ellos como realmente pensaban, como las concepciones estratégicas e incluso tácticas de la lucha que librábamos estaban fundamentadas en concepciones marxistas, cuya teoría comenzaba yo a descubrir.   

No conocí personalmente al Che hasta principios de 1960. En el transcurso de 1959 a través de su incesante trabajo cotidiano que los medios masivos reproducían, de sus propios escritos sobre la guerra de guerrillas, tan gráficos y elocuentes de su dimensión y grandeza como de su sencillez, de los relatos de hombres de su columna, de los comentarios del propio Camilo, había logrado, como todo nuestro pueblo, conocer mejor al Che. Se había convertido en el transcurso de poco menos de un año en una figura sumamente conocida, querida, parte de nosotros mismos.

Quise volver a mis estudios de Medicina pero el ajetreo intenso de aquellos años hizo inevitable que asumiera otras responsabilidades y pospusiera por un breve plazo, que resulto ser hasta el día de hoy, lo que considere era mi vocación. Estaba en la dirección del 26 de Julio en la provincia de La Habana y acepté participar en la intervención de varios laboratorios farmacéuticos al mismo tiempo. Se comenzaron a producir conflictos laborales promovidos en cierto modo por las patronales de empresas norteamericanas e incluso nacionales cuyos propietarios no querían enfrentar y menos aun resolver.

La mayoría de estas entidades realmente se dedicaban a envasar las tabletas, pomadas o siropes que importaban a granel y desde luego no había en su gestión económica nada que se pareciese a un intento de transferencia tecnológica; otros, los menos, habían instalado una elemental base técnica para producir ámpulas, tabletas y pomadas con equipos ya obsoletos pero rentables en nuestro mercado y excepcionalmente uno de ellos, había recién adquirido un grupo de equipos sencillos pero más modernos que casi estaba listo para entrar en producción.

A través del Ministerio del Trabajo, que designaba los administradores que debían dirigir estas unidades productivas en conflicto laboral no era posible encontrar la forma de organizar su producción y los técnicos cubanos que allí laboraban trataban afanosamente de buscar alternativas para producir medicamentos y no depender de reenvasar muchos de esos productos cuya existencia se agotaba.

Supe entonces que el compañero Mario Zorrilla había organizado lo que denominaba "Consolidado Químico" y agrupaba varias fábricas o empresas intervenidas; enfrentaban y trataban de resolver problemas similares a los que yo tenía y me vinculé, orgánicamente si se quiere, a tal institución. Le expliqué a Mario, que era muy entusiasta y emprendedor, lo que pensaba que podía hacerse en la producción de medicamentos si organizábamos todos los laboratorios intervenidos en una especie de agrupación dedicada a tal tipo de producción.

Realmente sabía muy poco o casi nada de organización de empresas, de producción de medicamentos y de ese sector en particular, pero el interés que había visto en tantos trabajadores de esas unidades queriendo hacer algo, luchando por no paralizarse, que veían en su acción un deber, su respuesta en sus puestos de trabajo al enardecido patriotismo que se templaba en aquellos días, me hacían sentir como si dominara esos temas.

Mario compartió mis inquietudes y apoyo mis criterios y eso me dio confianza para pulir mejor lo que pensaba cuando después lo discutía con diferentes técnicos como el Dr. Epifanio Selman, farmacéutico de los Laboratorios Abbott, que era uno de los que más me estimulaba a tratar de impulsar esas ideas. Recuerdo que Selman trataba de reproducir la fórmula de una famosa pomada contra las quemadas, “Picrato de Butesin", muy utilizada entonces, que se recibía, como casi todas, a granel. La descripción de sus componentes en la prescripción no tenía la precisión de las proporciones y evidentemente contenía algún excipiente que no consignaban y de ahí que fuera tan difícil elaborarla.

Un día en que le hable nuevamente del tema Zorrilla me dijo: "El Che esta a cargo del Departamento de Industrialización del INRA y yo veo con él todos los problemas de las unidades que atiendo. Ya empieza a organizarse toda la estructura necesaria para atender la producción industrial que tenemos. Vamos a ir a verlo y le explicas tus ideas. Te advierto que conozco que él esta pensando en una idea similar pero a partir de comprar un laboratorio que es propiedad de un brasileño, Elio Dutra, amigo suyo y una gente muy progresista". Así convenido, muy pocos días después Mario me llamó para decirme el día y la hora en que el Che nos recibiría.

Había estado insistiendo en hablar con alguien de estos planes pero no había pensado que esa persona iba a ser el Che; cuando hablamos de verlo tampoco pensé que sería tan rápido y cuando tuve que  prepararme para ese momento empezaba a encontrar posibles problemas y lagunas en el proyecto que me hacían dudar y tenía que volver a darme ánimo a mí mismo. Ya entonces había sido designado Secretario de Relaciones Exteriores del 26 de Julio y mi atención a estos laboratorios se complicaba. 

Ocurrió que en la víspera Mario me llamó pidiéndome que lo acompañara a la fábrica de botellas “Owen Illinois” de San José, en la provincia de La Habana; fuimos y la intervención se realizó instalando como interventores a un triunvirato provisional escogido entre los trabajadores más combativos y revolucionarios.

Al día siguiente cuando llegamos al despacho del Che en el edificio del INRA encontramos en una especie de antesala a un viejo amigo mío de la Escuela de Medicina, de la lucha y de la prisión, Alipio Zorrilla. El "negro Alipio", como siempre le dije cariñosamente, nos explicó que se estaba preparando para ser el administrador de una fábrica de tuercas y tornillos que se iba a construir pronto en Guantánamo y estudiaba allí los planos y otros materiales para familiarizarse con el proyecto.

Bromeamos un poco diciéndole que no sabía nada de fábricas ni de producción y él ripostando que menos sabía yo. Le presenté a su tocayo blanco y antes que el Che nos llamara a su oficina le dije a Mario que Alipio podía ser el hombre para administrar la Owen Illinois. Empecé a resaltar sus virtudes diciendo exactamente lo contrario que había dicho antes y Alipio se interesó en conocer los detalles de la intervención nocturna pues conocía la fábrica y tenía amigos allí. Advirtió que la idea le gustaba pero que cualquier decisión en su caso dependía del Che pues había sido asignado para trabajar donde él determinara, añadiendo con picardía que el proyecto que tenía se demoraba un poco y lo que nosotros pensábamos era algo para empezar ya.

Le dije a Alipio delante de Mario: "No te preocupes, Mario se lo plantea ahora cuando lo veamos". Mario enseguida atajó mis ímpetus y respondió: "No, le he pedido muchas cosas al Che y no puedo venir siempre a pedirle. Tú eres el que conoce a Alipio y después que plantees lo que vinimos a ver, trata de convencerlo de que lo preste; sugiérele que le servirá de entrenamiento práctico para la tarea que piensa darle que sin dudas se demorará unos meses en comenzar".

Nos llamaron y pasamos a la oficina del hombre que admiraba, respetaba y no conocía para plantearle un proyecto y además otra cuestión surgida de forma improvisada momentos antes.

Nos saludó cordialmente y nos invitó a sentarnos. Mario le hizo una introducción muy breve y concisa, recordándole el tema que queríamos tratar y del que evidentemente habían conversado antes por teléfono. El Che prendió lo que quedaba de un tabaco, se recostó y me invitó a explicarle. No era muy ducho entonces en exponer algo de forma concreta y convincente pero había pensado tanto en ese asunto que creo que no me salió mal. Recuerdo que me hizo un par de preguntas en medio de mi intervención para precisar algo y al final dijo que le parecía interesante. Indicó que le hiciera un informe con lo que le había explicado, incluyendo las características de todas las unidades y además que me mantuviera en contacto y en vinculación con Mario. Hasta ahí todo salió bien.

Entonces comenzó mi primer y nunca olvidado "patinazo" con el Che. Con cierto apresuramiento le expliqué la intervención de la fábrica de botellas y lo que hicimos, que se necesitaba designar un interventor y acababa de ver al entrar en su oficina, un compañero que podía ser el candidato apropiado durante unos meses hasta que se encontrara la persona idónea. Era Alipio Zorrilla, se preparaba para una misión en una fábrica que empezaba a construirse y podía servirle de entrenamiento práctico. Aunque mi explicación no fue suficientemente coherente el asunto le interesó y dijo dos veces: “Alipio Zorrilla” sin recordar quien era. Para ayudar a que identificara a mi amigo le mencioné varias características de Alipio: "Es un compañero alto, de los grupos de acción de La Habana, corpulento, "de color"... y no pude seguir. Me hice la idea que con esos datos lo había recordado pues se echó hacia adelante pero me dijo bajito mirándome a los ojos: "De color somos todos, blancos, amarillos, negros. Si es negro di que es negro o es que no llamas a las cosas como son."

Realmente me sorprendí y hasta molesté. Nunca me había referido al hablar de Alipio ni de otro negro de esa forma pero queriendo ser cuidadoso y fino me salió la condenada expresión. Me sentí abochornado, -como parece que quería que me sintiera- y traté de salir de ese entuerto explicando que fue una frase involuntaria que no acostumbraba a utilizar.  Como concluyendo y dirigiéndose más a Mario que a mí dijo que estaba de acuerdo y que lo podíamos utilizar en esa tarea. Nos despedimos, también cordialmente, y salimos.

Buscamos a Alipio en una oficina contigua y le dije que recogiera sus bártulos. Mario le comunicó la decisión del Che y le sugirió que se fuera con nosotros para ir directamente a su oficina y hacer los trámites de su designación y llevarlo después a la fábrica. En el camino le conté mi versión de lo sucedido: "Buena descarga me busqué por quererme referir de ti con tanta finura; siempre te he dicho el "negro Alipio" y se me ocurrió describirte como "de color" y este hombre no deja pasar una. Enseguida me corrigió. Bien me gané la reprimenda". Mario agregaba otros elementos y los dos Zorrilla se reían.

Toda historia tiene su moraleja. Removíamos los cimientos de la discriminación racial que se enraizó cuando éramos una neocolonia yanqui y para ello, además de hacer una verdadera y profunda revolución que la erradicara para siempre, era necesario enfrentar aquellas expresiones que tenían un cierto sentido racista. Yo no era racista, pero sin darme cuenta repetía frases de ese tipo. Nunca más le he dicho a un negro que es de color.

Alipio hizo un excelente trabajo allí. Por eso el Che, ya como Ministro de Industrias, lo promovió como administrador de la fábrica de níquel de Moa, donde también trabajó bien. Después devino diplomático, fue Embajador en varios países africanos y falleció recientemente.

Mario poco después fue seleccionado como Vice Ministro del naciente Ministerio de Industrias donde laboró muchos años.

Se constituyó después la Empresa de Productos Farmacéuticos con aquellos laboratorios y otros intervenidos o nacionalizados posteriormente y Selman pasó a trabajar allí donde todavía tiene una importante responsabilidad, aunque las empresas se llaman ahora Medicuba y Eron.

Yo presenté mi proyecto. En esos días me habían designado Secretario de Relaciones Exteriores del 26 de Julio y dos meses después me encargaron crear el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, ICAP, donde permanecí ocho años. Tuve que desvincularme de los proyectos de la producción farmacéutica que entre otras cosas me agradaban porque se relacionaban con mi vocación frustrada.

Muchas veces después, el Che bromeando y quizá hasta en serio, cuando nos veíamos en ocasión de una entrevista suya con una delegación extranjera, les decía refiriéndose a mí, que era un desertor de la producción y había preferido la actividad que realizaba a la concreta tarea de producir. Varias veces aclaré, -aunque él lo sabía,- que no fue una decisión mía, pero lo seguía repitiendo.

 

difunden: 1er. Museo Histórico Suramericano " Ernesto Che Guevara "  la  Escuela de  Solidaridad con  Cuba " Chaubloqueo " y el  Centro de  Registro de  Donantes  Voluntarios de  Células Madre -  Irene Perpiñal y Eladio González - directores   calle Rojas 129  local  Capital - AAC 1405 - Buenos Aires - República Argentina  telefax:  4- 903- 3285 Caballito

 

 

email: museocheguevara@fibertel.com.ar
http://museocheguevaraargentina.blogspot.com/
doná sangre, doná órganos, doná células madre, sé solidario, SÉ VOS.
¡Salven a los argentinos! "las ballenas"

Che Guevara y el Desertor cubano

Che Guevara y el Desertor cubano de la producción Giraldo 

Colegas de los Museos Che Guevara de Argentina:  reciban este aporte del compañero Giraldo Mazola Collazo, quien en Cuba tuvo contactos con Ernesto Guevara y los describe con calidez y  sinceridad admirables.  

                                                                                                                                       Eladio González   toto   director Buenos Aires

 

Desertor de la producción

Relaté antes porque no trabajé directamente subordinado al Che.

Al comenzar a dirigir el ICAP me vi ante tareas para las que no tenía suficiente experiencia y que por su contenido y características requerían que mantuviera permanente contacto con la mas alta dirección del país; era algo muy atractivo pero a la vez me ponía tenso y exigía un esfuerzo extraordinario para estar a la altura de la confianza depositada en un joven revolucionario y no defraudarla.

Tuve que aprender a dirigir y crear ese organismo sobre la marcha, vertiginosamente, con la mayor eficacia posible. Era un trabajo de una intensidad tremenda, que no dejaba tiempo para el descanso pero que me apasionó al igual que a los demás jóvenes que nos enfrascamos en esa interesante actividad.

Volví a ver al Che después de aquel primer encuentro ocurrido a principios de 1960 a finales de ese mismo año. Fue una tarde que recibió varias delegaciones latinoamericanas; había concertado cinco entrevistas sucesivamente. Yo llevé la primera delegación, participé en el encuentro y me quedé para las demás.

No creía que pudiera acordarse de mí y me había propuesto recordarle en algún momento oportuno aquella primera entrevista y por qué estaba ahora en esta responsabilidad.

Cuando abrieron la puerta del salón de reuniones donde iba a recibirnos entré con el jefe de la delegación para presentárselo; estaba sonriente en la puerta y le fui introduciendo a los demás en la medida que iban pasando.

Antes que pasaran todos me preguntó quien yo era y le dije: "Mazola, el Director del ICAP". Me observó, no dijo nada y siguió saludando a los visitantes. No le dije lo que había planeado porque me pareció que no era el momento y además porque a pesar de haberme repetido muchas veces lo que iba a decirle, no me salió.

Nos sentamos y les dio la bienvenida. Les dijo que había sido informado de los lugares que habían visitado preguntando sus impresiones por alguno de ellos y dando las suyas en un diálogo muy informal y agradable. Luego les preguntaba por la situación de su país, precisando con cada uno que hablaba de donde era, a que se dedicaba, cual era su organización política, etc.  

Al rato parecía una charla entre viejos amigos. El Che mencionó los esfuerzos que hacíamos en ese momento en la transformación de la agricultura y les preguntó si ya habían visto a Fidel y ante la respuesta negativa añadió que no se extendería sobre eso pues seguramente él lo haría. Le hicieron muchas preguntas sobre su vinculación con los expedicionarios del Granma, su experiencia guerrillera, la situación política en Cuba y en América Latina y sus soluciones.

Sus respuestas pausadas, con sólidos argumentos, convincentes, parecían una conferencia magistral en una universidad.

El tiempo transcurría sin darnos cuenta y ya llevábamos más de dos horas; se suponía que yo debía estar al tanto de eso pero me había sumergido, junto a los interlocutores del Che, en sus reflexiones. Reaccioné y miré el reloj; ya la siguiente delegación debía estar esperando casi media hora.

Aproveché una pausa y se lo mencioné lo más discretamente posible. Asintió pero no me dijo que se lo debí haber advertido antes. Respondió otras dos preguntas y cortésmente les explica que no deseaba hacer esperar a los otros visitantes, bromeó con uno de ellos, se paró y ellos también mientras siguieron hablando animadamente.

De pronto me alude: "Yo estaría más tiempo con Ustedes. Quizá podamos vernos otra vez antes de que se vayan. Yo me ocuparé de localizarlos. "El" -y apuntó con un movimiento de la cabeza hacia mí,- organizó estas reuniones y no nos dio mucho tiempo".

"Es un desertor de la producción. Iba a trabajar en algo concreto vinculado a la producción de medicamentos pero decidió irse para, como se dice, ah, el ICAP, y dedicarse a darnos más tareas a los que trabajamos".

Me sorprendió el calificativo pero más aún que se acordara de mi cuando sólo habíamos tenido un contacto que yo no podía olvidar pero que no me parecía que él podía recordar.

Le dije con circunspección: "Comandante, Ud. debe saber que yo no decidí irme de ningún lugar, me dijeron que me ocupara de esto y eso hago."

Hizo un gesto de incredulidad, acompañado con ambas manos dirigido a los visitantes y se despidió de ellos en la puerta.

Allí avisé con un ayudante para que trajeran a la otra delegación y aproveché esa oportunidad para explicarle como fue el proceso de constitución del ICAP, mi designación, mi vocación por la medicina, lo interesante que era el plan con los laboratorios y también la importancia de esta ventana abierta que era el ICAP para defender y divulgar nuestros logros y realidades.

Parece que la delegación se demoró en llegar o que hablé muy rápido pero le "disparé" todo el discurso que había pensado y muchas otras cosas que se me ocurrieron que escuchó sin hacer comentarios.

Saludó a la nueva delegación, menos numerosa y comenzó otra interesante conversación con ellos. Al final, sin esperarlo tampoco, volvió a surgir mi calificativo de desertor de la producción como si no hubiera oído lo que le expliqué antes y también lo repitió de forma parecida en las siguientes entrevistas.

No hice más aclaraciones porque la historia se repetía con más perfección y detalles.

Debo confesar que al principio no me gustaba el mote y cuando hablaba del asunto ensayaba una sonrisa que debía ser similar a la de un perro comiendo calabaza caliente. Incluso pensé que la broma no era buena para la responsabilidad que tenía y para el nuevo organismo, pero en el transcurso de la tarde me fui dando cuenta que, por el contrario, usaba la anécdota para relacionarme de alguna forma con él y resaltar con sus chanzas la importancia del nuevo organismo creado por la revolución.

 

 



Murga uruguaya Agarrate Catalina en Cuba escolares pioneros que serán como el Che Guevara