miércoles, 5 de junio de 2013

Niños torturados por marinos argentinos ESMA Lila Pastoriza Historia de Pablo Míguez




Argentina: La historia de Pablo Míguez, desaparecido de la ESMA cuando tenía catorce años

 

 
"NO SE SABÍA QUÉ HACER CON ÉL"

Era hijo de militantes políticos. Fue torturado delante de su madre porque ésta se negó a firmar la escritura de su casa. Estaba condenado porque "había visto demasiado". Ni los sicarios de la ESMA se atrevían a cumplir la condena. Está desaparecido. 




¿ Quién puede leer y perdonar?  ¿ Quién, olvidar?  
 
Por Lila Pastoriza


 La madrugada en que fue secuestrado --12 de mayo de 1977--, Pablo Míguez tenía 14 años. Un grupo operativo del Ejército fue a buscar a la madre y a su pareja, militantes del ERP, y se llevó a todos al centro clandestino de detención conocido como "El Vesubio", en el partido bonaerense de La Matanza. Allí comenzó para "Pablito", como lo llamaban en los campos, un derrotero de espanto e incertidumbre cuyo final se pierde en la noche y la niebla del silencio y la impunidad. Luego de unos meses en el Vesubio lo trasladaron al más alto de los altillos de la ESMA, que compartimos juntos. Después, no se sabe. Quizás estuvo un tiempo en la comisaría de Valentín Alsina. O tal vez la Marina ya lo había "trasladado" en uno de sus vuelos. Pablo nunca apareció. ¿Quién decidió su suerte? Era un menor. ¿No sería para el general Martín Balza un caso arquetípico entre los que él consideró "actos repudiables que comprometieron la imagen institucional"?   Hemos logrado reconstruir retazos de su deambular por los centros clandestinos. Hasta la niebla, claro. ¿Qué hicieron con Pablo Míguez? Desde hace 21 años, las Fuerzas Armadas deben la respuesta.

Pedido de hábeas corpus presentado por el padre de Pablo en 1977 y rechazado por la Justicia. Derecha: certificado escolar.
Agosto del '77, Escuela de Mecánica de la Armada. En el ultimo piso del edificio donde funcionaba el Casino de Oficiales --"capuchita"--, uno de los guardias con mas tiempo en ese sitio trae a un prisionero "nuevo", le descubre la cabeza y comenta a otro: "mirá a lo que nos dedicamos ahora... 14 años tiene". Están frente a mi cucheta y sólo logro atisbar la mitad inferior de un cuerpito dentro de un holgadísimo pantalón rosado. Creí que era una chica. Pero no, era Pablo. Lo instalaron al lado mío y colocaron sobre sus ojos un "tabique" blanco (de los que tenían los que serían liberados). Al rato nomás, y aprovechando la "guardia buena", ya me había contado su historia, o al menos, la de los últimos tiempos.
Todo lo que él relató, a veces en detalle, lo fui corroborando luego, muchos años después, cuando supe que no había aparecido y comencé a rastrear, en los testimonios de sobrevivientes, su paso por los campos. Entonces descubrí que su historia había sido mucho más terrible y dolorosa que lo que sus palabras evocaban. Mucho más irresistible. Quizá por eso la contaba así.

Nacido en los sesenta
Pablo era el hijo mayor de Juan Carlos Míguez --por entonces comerciante-- y de Irma Beatriz Márquez Sayago (apodada familiarmente "Nené" y en la militancia conocida como "Violeta"). Cuando la detuvieron, ella tenía 34 años, los últimos de los cuales había repartido entre la actividad política y sus hijos. Además de Pablo, estaba su hermanita, Graciela --dos años menor que él-- y últimamente Eduardo, el hijo de Nené y su nuevo compañero.
Corrían los años sesenta. La familia era una de las tantas apasionadas por la política y la posibilidad de cambiarlo todo. Vivían en Palermo. Los chicos hicieron la primaria en la Escuela Armenia Argentina. Pero hacia el '73 los padres se separaron y Nené y sus hijos cambiaron de escuela y de barrio. "Pablo comenzó el secundario en Lomas de Zamora y luego se fue al Industrial de Avellaneda, donde cursaba segundo año en la época que se lo llevaron", relata el padre. "Era muy inquieto, muy rebelde... y seguía siendo infantil..."
En esos días, Pablo incursionaba por varias casas. La de su abuela, Teodomira Sayago, las de la familia paterna (padre, tíos y primos) muy vinculada al sindicato del turf y las carreras, un mundo que lo fascinaba. Pero donde vivía era en el departamento ubicado en Spur y Belgrano, en Avellaneda, con su mamá y su compañero, Jorge Capello (cuyo hermano fuera asesinado en el '72 en Trelew). Era un hogar cuya dinámica estaba marcada por la militancia. En los primeros meses del '77, cuando arreciaron los operativos represivos, a los chicos más pequeños los llevaron a lo de la abuela. Sólo Pablo quedó viviendo allí.

El viaje
El 12 de mayo de 1977, a las tres de la mañana, una de las patotas del aparato militar represivo irrumpió en el departamento de la calle Spur y se llevó a sus habitantes: a Irma, Capello, otro compañero --Luis Munitis-- y a Pablo. El me contó que un primer momento lo habían dejado arriba pero que a los minutos volvieron a buscarlo y lo metieron en el baúl de uno de los coches. Allí comenzó su viaje por el submundo del horror. Lo supo ya en aquel trayecto y en los alaridos de los suyos, torturados apenas llegaron al Vesubio, un centro clandestino próximo a la intersección de Avenida Ricchieri y el Camino de Cintura.
"(Un niño), Pablo Míguez, y su mamá, a la que llamaban Violeta y que era Irma Beatriz Márquez de Míguez, llegaron al campo secuestrados con el compañero de Violeta, llamado Capello --relató Elena Alfaro, sobreviviente del Vesubio, en el Juicio a las Juntas--. Este nenito tendría 12 o 14 años, no recuerdo, pero era una criatura. Fue llevado con su madre. Ahí compartió con nosotros las "cuchas" y un día fue torturado. Los llevaron a la sala de tortura después de mucho tiempo de estar en el "chupadero". Y cuando vuelve, Pablito nos dice "me dieron máquina", y estaba totalmente lastimado... Entonces, la madre, que era una mujer realmente muy fuerte y de mucha calidad humana y de una gran fuerza moral nos explica que habían torturado a Pablito frente a ella y que todo esto era porque, aparentemente, Violeta no les había dado la escritura de su casa...".

Otro sobreviviente, Hugo Pascual Luciani, un zapatero que vivía en Adrogué y que fue secuestrado dos veces durante ese año, habla de Pablo y de su madre en numerosos testimonios. "Allí había un chico, Pablito, que a veces repartía mate cocido y a veces llevaba los tachos con orín. Era hijo de Violeta, una mujer muy inteligente, muy bien parecida, que me daba ánimos. Este chico era Pablito, quien andaba un poco suelto aunque de noche le ponían cadenas. A Violeta la violaron mucho, así como a las otras mujeres... y el hijo tenía que estar mirando,...". "Ella quedó en el chupadero, pobrecita, víctima de todos esos salvajes..."
Tres meses después Pablo seguía en el campo. "Era un chico de 12 años, alto, delgadito... Los guardias comentaban que no se sabía qué hacer con él, dado que era bastante grande y que había visto mucho. Se llamaba Pablo..." relata Virgilio W. Martínez, un uruguayo que estuvo en el Vesubio durante el mes de agosto.
En tanto, el cúmulo de gestiones que efectuaba Juan Carlos Míguez en busca de su hijo tenían como respuesta negativas, descompromiso o silencio. El 15 de junio, el juzgado de Instrucción Nº 4 rechazaba el hábeas corpus que presentó a pocos días del secuestro. El 20 de julio lo recibía el entonces subsecretario de Interior, coronel José Ruiz Palacios, quien, por supuesto,"carecía de información", al igual que jefes militares y altos dignatarios eclesiásticos.

Otro chico de su edad, secuestrado en el Vesubio con su papá por la misma época, a los dos días había sido entregado a la familia. ¿Por qué Pablo estaba aún allí si era tan simple liberarlo, llevarlo con su padre, que no era militante político? A esta altura no queda más respuesta que una de esas que ni pueden ser pensadas porque traspasan el umbral de lo humanamente entendible: ya habían decidido su destino, ya habían firmado la sentencia. Pero ¿quién la ejecutaría? ¿Los que convivieron con él todo ese tiempo? ¿El mayor Durán Sáenz que, según me contó Pablo, muchas noches lo llamaba para jugar al ajedrez? Un "que lo hagan otros", debe haber sido la decisión que arrastró a Pablito por el laberinto de los campos...
Hacia fines de agosto se lo llevaron del Vesubio. Mabel Alonso, secuestrada allí desde el 1º de septiembre, dice que entonces ya no estaba. "Estaba Violeta. Primero le contaron que el hijo se iba a la casa, que le habían dado plata para viajar. Luego le dijeron que lo habían llevado a un Instituto para rehabilitarlo." Esta versión era, al parecer, la que tenían ciertos guardias, según relató uno de ellos ("el Sapo") a Luciani tres años después.

Sobre el volcán
En el Vesubio --una casa quinta ya derruida--, el primer sitio por donde pasaban ineludiblemente todos los prisioneros era la "enfermería", una sala con camas y tres pequeñas celdas de tortura con paredes forradas de telgopor atestado de cruces svásticas y frases como "nosotros somos Dios" o "Viva Videla". Luego los detenidos eran llevados a las "cuchas", espacios sobre el piso de no más de dos metros, separados por tabiques de madera; en cada una de ellas se amontonaban cuatro o cinco detenidos, siempre encapuchados e inmóviles por las cadenas que los aferraban a la pared.
Pegada a la "enfermería" se encontraba la Jefatura, que incluía tres dormitorios, dos cocinas, baño y, en palabras de Elena Alfaro, "una sala comedor donde se recibía a visitas importantes, como el general Suárez Mason, por ejemplo". Allí se confeccionaban las carpetas con los datos de cada detenido que luego eran transportadas a otro lugar donde, según Luciani, una suerte de jueces "decidían quién viviría y quién debía morir.   Se sentían dioses... sentenciaban a muerte a una persona sin siquiera conocerle la cara...".
Los centenares de prisioneros que, como Pablo, estuvieron en el Vesubio convivieron con todas las vejaciones imaginables.  Veían cómo manoseaban a las presas desnudas formadas en fila para ducharse, oían cuando las arrastraban a la "enfermería" para violarlas, sufrían con el dolor y los gritos arrancados por la tortura y los traslados.  Los responsables de todo esto no eran los integrantes de alguna supuesta patota que escapaba al control de los mandos.  Por el contrario, se trataba de un centro de detención perteneciente al Comando de la Zona 1 del Ejército Argentino bajo la directa responsabilidad del general Suárez Mason, seguido por el general Juan B. Sassiaiñ.   El teniente coronel Luque ("el Indio") y el mayor Pedro Alberto Durán Sáenz ("Delta", el oficial de mayor jerarquía en el campo) eran los que tenían más contacto con los detenidos.

La ESMA y después
Pablo llegó a fines de agosto y estuvo alrededor de un mes en la capuchita de la ESMA, un lugar que era usado por diversos GT como "deposito" de sus prisioneros antes del "traslado" y, muy eventualmente, de la libertad. A Pablo nunca nadie del grupo que lo había traído vino a verlo ni tampoco fue interrogado por el G.T.3.3.2, la patota de los dueños de casa dirigida por el capitán Jorge "Tigre" Acosta. Soportó los traslados de los miércoles, los quejidos de los torturados en los cuartos que estaban frente a nuestras cuchetas y alguna vez que hubo "guardia buena" disfrutó del dulce de leche robado en la cocina. Cuando se lo llevaron, pese a que ese día habían trasladado a algunos detenidos, todos pensamos que lo habían dejado en libertad.
Juan Farías, un antiguo militante peronista que estuvo con él en el Vesubio, asegura que Pablo fue llevado en fecha incierta (entre septiembre y noviembre) a la comisaría de Valentín Alsina donde, como ocurrió con el propio Farías, se "blanqueaba" a los desaparecidos que iban a ser legalizados. Le contó al juez que Pablo decía que lo dejarían en libertad y que quedó allí cuando a él lo llevaron a la Unidad Penitenciaria Nº 9. Ese es el último rastro que encontramos. De Pablo nunca más se supo. Interrogantes sobran: si realmente estuvo allí, ¿por qué no lo liberaron? ¿Hubo una contraorden? ¿O es que la ESMA ya lo había "trasladado" en uno de sus vuelos? Estas y otras preguntas cruciales hace más de veinte años que esperan respuesta.

Un pibe con cara de travieso
Por L. P.

Cuando lo conocí, Pablo tenía 14 años pero no representaba más de doce con su carita de pibe travieso, sus pecas junto a la nariz, sus ojos de chispazos, su cuerpo esmirriado. Era tan chico, tan vivaz, aparecía tan indefenso en ese mundo alucinante, que no pocos guardias se conmovían por su presencia. Le habían puesto un "tabique" sobre los ojos que casi siempre usó como vincha y cada vez que podía se las arreglaba para salir de la cucheta, servir el mate cocido, leer una revista.

En ese largo y fugaz mes que estuvimos juntos, Pablo me contó del Vesubio, de los presos trasladados desde allí que luego un comunicado oficial dio como "abatidos en combate", de su mamá, de quien no se despidió ("ella estaba en la cocina"), de la esperanza de que lo llevaran con su padre, de su vida en el mundo de afuera --el colegio, la natación, los hermanos, la abuela, los primos y el turf--, de sus amores y sus miedos. Habíamos encontrado una forma para hablar sin que se notara y con los ojos cubiertos, cada uno tirado boca abajo en la cucheta o arrodillándonos contra el tabique de madera que nos separaba. Lo doblaba en años pero nos cuidábamos mutuamente. Yo intentaba protegerlo, sobre todo alguna noche que despertaba lloroso, "soñé con mi mamá". El también: cuando me contó que lo habían picaneado y me descontrolé, se desesperó por tranquilizarme, "tanto no me dolió", decía.
Mientras estuvo allí, nadie apareció haciéndose cargo de su caso. Eso lo angustiaba. No sabía quién era "dueño" de su vida, a quién rogarle su libertad.
Se lo llevaron una tarde de fines de septiembre del 77. Yo venía del baño cuando en un instante vi que la puerta se cerraba tras él, que caminaba a ciegas, de la mano del jefe de guardia. Pensé que se trataba de algún trámite. Arriba, en "capuchita", los otros presos me dijeron que no, que se lo habían llevado y que Pablo pedía verme. Quise creer entonces que lo liberarían. ¿Quién podía enviar a la muerte a un chico de 14 años? El día antes del Juicio a las Juntas, en Tribunales, alguien me dio un volante con su foto. "Pablo Míguez, desaparecido", decía.

Hace muy poco estuve con su papá y le hablé de Pablo y de esta nota. El me contó lo que sabía y aportó documentos, fotos y recuerdos. "Es como si mi hijo me estuviera viendo", dijo. Con esa ayuda y con la del Equipo Argentino de Antropología Forense logré escribir esta historia fragmentada que para mí, desde hace 21 años, es una asignatura pendiente.

enviado por joficompiano@gmail.com

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Rosa Baez la Polilla cubana saluda a su héroe en el cumpleaños de Gerardo Hernandez Nordelo Chaubloqueo





¡Qué podría desearte, hermanito querido, en este nuevo cumpleaños, que te llega lejos de todos, sin siquiera el vuelo alegre de Cardenal para alegrar tu día!
¡Qué podría decirte, si la rabia y la impotencia de no poder ir y romper esas rejas que te retienen, no sellaran mis labios, no dejaran inertes mis dedos sobre el teclado?
Se han cebado en ti las hienas del imperio. En tí, el más dulce, el más estoico, el más valiente entre valientes, caballero gallardo de la Patria agredida!
Pero he de abrazarte, Gerardo y ha de ser frente a esta casita sencilla, junto a esa bella cubana que te espera con la misma pasión y el mismo amor del último abrazo... allí estaré, viendote razgar una guitarra, cantando EL Necio, Amada, cualquiera de esas canciones de Silvio que hoy te acompañan en cada oscuridad, en cada silencio...
Feliz cumpleaños, Gerardo: como bien dices, la justicia no llegará por sí sola: seguiremos luchando por conseguir tu regreso, el de Tony, el de Ramón, el de Fernan... Hoy mismo, en Washington, en en el mismo corazón del imperio, centenares de voces se alzan reclamando el regreso.
Hasta pronto, hermanito, ya nos vemos!
Tu hermana
Rosa La Polilla

Hoy es el cumpleaños de Gerardo
Hace hoy 48 años, el 4 de junio de 1965, nació Gerardo Hernández Nordelo, Héroe de la República de Cuba.
 Gerardo cumple en Estados Unidos dos condenas a cadena perpetua más otros 15 años por luchar contra el terrorismo, tras el amañado juicio celebrado en el ambiente hostil de Miami, donde también fueron condenados Antonio Guerrero, Fernando González, Ramón Labañino y René González.
 A Gerardo le achacaron el más absurdo de todos los cargos: conspiración para cometer asesinato. Sin pruebas ni siquiera evidencias, fue hallado culpable al relacionarlo la Fiscalía con el derribo, el 24 de febrero de 1996, de dos avionetas de Hermanos al Rescate que violaron el espacio aéreo cubano.
 La entereza, el valor y el honor de este compatriota, son un paradigma. Expresión de su estoicismo es la respuesta del joven Héroe cuando, al conocer la ratificación de su injusta sentencia, sugirió continuar haciendo todo cuanto fuera posible para liberar a Ramón, Antonio, Fernando y René, mientras él resistiría todo lo que fuese necesario allí.
 Su alegato ante la corte que lo juzgó quedará como una página épica:
 "La Fiscalía considera, y así lo ha pedido, que debo pasar el resto de mi vida en una cárcel. Confío en que si no es en este, en algún otro nivel del sistema, la razón y la justicia prevalecerán por encima de los prejuicios políticos y los deseos de venganza y se comprenderá que no hemos hecho ningún daño a este país, que merezca semejante condena. Pero si así no fuera, me permitiría repetir las palabras de uno de los más grandes patriotas de esta nación, Nathan Hale, cuando dijo: "Solo lamento no tener más que una vida para entregar por mi patria".
 Recibe, hermano, el saludo de millones de hombres y mujeres dignos que claman por tu liberación y la de Antonio, Fernando y Ramón.
 Tomado de Periódico Granma
 Imagen agregada e introducción RCBáez

 Lic. Rosa Cristina Báez Valdés "La Polilla Cubana"
Moderadora Lista Cuba coraje, Coord. Red Social Hermes para Cuba y A. Latina y miembro fundador de la Red de Trincheras Amigas

@LaPolillaCubana

http://cubacoraje.blogspot.com/
http://auto-hermes.ning.com/profile/RosaCBaez  

http://elblogdelapolillacubana.wordpress.com
http://lapolillacubana.blogcip.cu
http://lapolillacubana.typepad.com
http://bloguerosrevolucion.ning.com/profile/RosaCBaez

martes, 4 de junio de 2013

Museu Virtual Comandante Ernesto Che Guevara Joel Iglesias testemunho



http://museuvirtualcheguevara.blogspot.com.br/

Museu Virtual Comandante Ernesto Che Guevara

" Podem morrer as pessoas, mas jamais suas ideias. " Che


Comandante Joel Iglesias Leyva da o seu testemunho sobre o Comandante Ernesto Che Guevara. (Primeira parte)

Primeiro Presidente dos Jovens Cubanos

(na Associação dos Jovens Rebeldes).

 

Por Adys Cupull y Froilán González, entrevista realizada em 1991, ao Comandante Joel Iglesias Leyva, publicada pela  primeira vez em 1992, pela Editorial Cubano Abril, no livro “Che entre nosotros”. La Habana- Cuba.

Comandante Joel Iglesias Leyva
Joel Iglesias nasceu em Santiago de Cuba, em agosto de 1941, faleceu em La Habana, no dia 15 de novembro do 2011. Foi o autor do livro “De la Sierra Maestra al Escambray.” Afirmou que Che foi seu professor e o alfabetizou na Sierra Maestra.


“Para mim que era analfabeto, foi uma grande satisfação o dia que me graduei  Licenciado em Ciências Políticas, quando em 1975 com meu livro  "De la Sierra al Escambray" obtive o premio de testemunho no concurso 26 de Julho das Forças Armadas Revolucionarias.  Portanto esse premio é o resultado da preocupação dos ensinamentos de Che.”

        Testemunho do Comandante Joel Iglesias Leyva: 

Célia entregou um relógio e uma estrelinha a Che.

 

Comandante Guevara

 

Em meados de julho de 1957, Fidel o promoveu a Comandante e Célia lhe entregou um relógio e uma estrelinha. Foi o primeiro designado por Fidel. Estava muito feliz e me disse "Falei de você a Fidel, me disse porque não o promovia a Tenente, mas lhe respondi, que como você não sabia ler e nem escrever não podia nomear-te." Mesmo assim me promoveu a chefe de esquadra, mas sem graduação e me ordenou que eu buscasse um lápis e dois cadernos, um para espanhol e outro para matemática, que ia me ensinar, foi meu o professor e me alfabetizou. Eu armava minha rede ao lado da dele e acendia uma lampada para que lesse, sempre lia muito, me dava as tarefas enquanto lia, eu estudava, aprendi bem rápido. Foi um verdadeiro educador, não somente me alfabetizou, me deu aulas de doutrina militar, história, de política, geografia, entre outras. Quando aprendi a ler, me entregou uma biografia de Lenin, para que eu a estudasse e me disse que depois íamos discuti-la. 

 

Pouco antes de partir pra o Mar Verde, ao organizar as guardas noturnas cometi um erro: a troca era em cada duas horas e não a controlei devidamente onde estavam dormindo os soldados que ia fazer a guarda. O companheiro que a correspondia das duas as quatro horas da manhã, teve que ficar até as seis, foi uma madrugada chuvosa e muito fria, quando Che soube do ocorrido, me chamou pra perguntar o havia acontecido, lhe respondi que isso aconteceu por que o companheiro era "um zonzo e um come merdas", porque devia averiguar onde dormia o soldado que ia fazer a troca de guarda. Quando Che escutou aquelas expressões, ficou muito bravo e me repreendeu, com palavras duras e manisfestou que zonzo e come merda era eu, porque tinha que cuidar e controlar onde dormiam os soldados. Suas palavras me doeram muito e lhe disse que não estava acostumado que me tratassem tão mal, que uma vez houve uma briga e eu sai da minha casa. Ele se acalmou e respondeu que eu tinha razão, que não devia tratar-me dessa forma, mas que eu era o culpado por não organizar bem a guarda e nem controla-la; porque esse erro fez o companheiro cumprir das duas horas da madrugada até as seis horas da manhã. Dessa forma isso me marcou como um aprendizado que não me esquecerei nunca.

 

Depois disso saímos da Comandância de El Hombrito para a zona do Mar Verde para deter as ofensivas das tropas de Sánchez Mosquera , um dos chefes militares batistianos, que cometeu muitos crimes e assassinatos na Sierra Maestra, era um homem valente. Quando chegamos a um lugarejo próximo, já se havia retirado. Acampamos em uma casa onde havia abundante comida. Encontramos um violão e fizemos uma festa: cantamos, dançamos e Che estava vendo pela primeira vez um guateque campesino;  e o via muito alegra. 

 

Pela madrugada chegou a noticia de que o Exército estava muito perto, pelo que eu me recordo foi o companheiro Emiliano Reye quem trouxe a informação, ainda que outros digam que foram os exploradores. O Che deu a ordem a  Geonel Rodríguez, Ricardito Medina, Rodolfo Vázquez e a mim de fazer um cerco e preparar uma emboscada; nos deu a missão de abrir fogo quando a vanguarda inimiga avançasse. Vinha três soldados e estamos esperando que se aproximasse o máximo possível. Che estava a uma certa distancia e pensou que havíamos dormido e fez um disparo. Os guardas fugiram, nos ordenou perseguir-los e prende-los vivos, Che queria obter informações dos guardas, os segui, mas haviam desaparecido, dispararam e me feriram com dois tiros na perna, um no braço e alguns arranhões. Che pensou que estávamos seriamente feridos e saiu desafiando as balas até onde estávamos, me carregou em seu ombro e me tirou dali. Os guardas não se atreveram a disparar. 

Um tempo depois os entrevistei, me disseram que os impressionou muito vê-lo sair com a pistola no cinto, desafiar o perigo, chegar até onde eu estava  e carrega-me como fez e não se atreveram a disparar. Que esse gesto de extraordinário valor para salvar um de seus homens os espantou. 

 

Sergio del Valle e Che fizeram meu primeiro curativo de campanha, enquanto os combatentes continuavam; depois me levaram de maca até a casa de um galego, onde me operou o Doutor Martínez Páez com a presença de Che, Sergio del Valle e Machado Ventura. Como  não teve anestesia, foi a base de rum. Me transladaram com outros feridos até El Hombrito e depois para uma casinha, que se encontrava escondida perto da casa dos campesinos Polo e Juanita. Enquanto me re-estabelecia o Che designou a companheira Carmencita para que me atendesse, ela me ajudou muito. Estive me recuperando de 29 de novembro de 1957 até abril de 1958, onde veio Ramón Pardo Guerra "Guile" trazer uma mensagem e o convenci a me levar novamente para o lado de Che. Reintegrei a tropa em um lugar conhecido como Mompié, me fez Capitão e formei parte do pelotão de avanço da Coluna número 8.

Joel Iglesias Layva do lado direito do Comandante Ernesto Che Guevara.