viernes, 27 de julio de 2012

Mujeres y hombres nuevos argentinos nacidos en Cuba con bata y alma blancas puras solidarias guevaristas

De: Gino Straforini [mailto:mir_rrii@uolsinectis.com.ar]

 

SEMANARIO AL SUR

 

 AB / PROPUESTA TATU : LAS BATAS BLANCAS DE LA POBREZA Y LA SOLIDARIDAD.

 

 Publicado el Viernes, 27 Julio 2012

REVISTA

 http://www.semanarioalsur.com/index.php?option=com_content&view=articl

 e&id=803:ab--propuesta-tatu-las-batas-blancas-de-la-pobreza-y-la-solid

 aridad&catid=83&Itemid=549

 

 Longchamps .: El barrio 14 de Febrero, en Longchamps, fue hasta hace

 poco una toma de tierras, pero hoy sus 7500 pobladores buscan calidad

 de vida, trabajan y se organizan para construir sus hogares y para que

 sus derechos sean respetados, en especial la salud: de eso se ocupa

 Propuesta Tatú, un grupo de profesionales voluntarios, entre ellos

 médicos y médicas egresados en Cuba que enseñan a prevenir,

 diagnostican, curan y siempre van un paso más adelante.

 

 Bajo la consigna "Una vida digna para todos", este proyecto nació hace

 cuatro años gracias a las becas que entrega el Estado cubano con el

 objetivo de que jóvenes humildes de nuestro país puedan estudiar

 medicina en la isla hermana, tomando como base la necesidad de que

 quienes se reciban brinden asistencia a personas que nunca tuvieron

 ese derecho.

 

 Así, los martes a la tarde y los sábados al mediodía la sala de

 atención médica y cultural que está en la misión de este barrio, a la

 que denominaron "Misión Vallegrande", se llena de mamás, niños y

 bebés, trabajadores heridos y ancianos, que son asistidos por

 psicólogos, trabajadores sociales y entre cinco y siete médicos.

 Por el momento, el lugar que utilizan es el "Centro Cultural por la

 Igualdad", que se los prestó el Frente de Organizaciones en Lucha

 (FOL) hasta que Tatú termine de construir en la parte de adelante su

 Centro de Cuidado Integral de la Salud "Dr. Miguel Enríquez". Allí los

 misioneros brindan atención clínica, pediátrica, obstétrica y psicológica gratuita.

 "Los Tatú" preparan a pacientes para que se realicen cirugías de vista

 con "Operación Milagro" y de labio Leporino, fabrican y colocan

 ortopedia sin costo alguno, y en poco tiempo nacerá la Escuela de Promotores de Salud.

 También llevan adelante el programa de alfabetización con método

 educacional cubano "Yo sí puedo", tienen una escuela de oficios para

 adolescentes y jóvenes, colonia de vacaciones para niños, realizan

 jornadas de talla y peso, entregan ropa y festejan el Día del Niño,

 entre otras iniciativas.

 

 

 

 La escuela de la ciencia y la solidaridad Por su parte, la Escuela

 Latinoamericana de Medicina (ELAM), surgió en La Habana por iniciativa

 del ex presidente Fidel Castro, después de que dos huracanes de

 terrible magnitud azotaran a fines de 1998 América Central y el sur de

 La Florida, causando destrucciones y miles de pérdidas humanas.

 En esta escuela están becados completamente, con alojamiento y comida

 incluidos, jóvenes de familias humildes y de zonas apartadas de 116

 países, por eso la propia institución se autodenomina como "una

 amalgama de cultura, un crisol de jóvenes con sueños de que se

 convierta en realidad la confirmación de que con obras como ésta, un

 mundo mejor es posible".

 Hoy en la Argentina hay unos 400 médicos egresados de la ELAM, y

 aunque Cuba ofrece otras carreras, como educación física, ingeniería,

 geología, física, enfermería o periodismo, el 90 por ciento elige

 medicina, tal vez para reinsertarse en la sociedad tendiendo una mano

 al que está en peor situación.

 Por este motivo, para muchos la ELAM no es sólo una institución

 universitaria, sino más bien un paradigma internacionalista de

 enseñanza y aprendizaje, una forma diferente de ver la realidad y la

 sociedad, de ser solidario con el que menos tiene, de ayudarlo a salir

 adelante, de escucharlo, de conocer el lugar donde vive, preguntarle

 dónde trabaja y qué cosas hace a diario que hayan podido afectar su

 salud.

 Así trabajan los profesionales de la propuesta, yendo más allá del

 equipamiento técnico con el que cuentan: son importantes las balanzas

 pediátricas y para adultos, las camillas, el electrocardiógrafo, los

 equipos para medir la glucemia y el oxígeno en sangre, el tensiómetro,

 el otoscopio o el estetoscopio, pero igual de importante es el trato

 con el paciente y el conocer su realidad, cómo vive, dónde trabaja y

 qué hábitos cotidianos tiene.

 

 

 

 "Seremos como el Che"

 Al Sur habló con Gino Straforini, coordinador del proyecto, quien

 explicó que los voluntarios y voluntarias tienen misiones en 18

 barrios, los cuales en total suman unos 145 mil habitantes. Ya

 atendieron cerca de 30 mil pacientes, entregaron en forma gratuita

 unos 28 mil medicamentos donados y 1900 equipos de ortopedia. "Con los

 medicamentos no sólo podemos diagnosticar, sino también curar",

 afirmó.

 A su vez, explicó que Propuesta Tatú "se constituyó con esa idea de la

 reinserción de los jóvenes argentinos que se fueron a estudiar a Cuba

 y que después se reincorporan a la salud pública en el país, y además

 al trabajo social en los sectores que más lo necesitan".

 De hecho, Straforini contó que "Tatú" significa "N° 3" en la lengua

 congoleña swahili, y que precisamente ése fue el nombre del médico y

 comandante Ernesto "Che" Guevara durante su lucha por la independencia

 del Congo belga -hoy Zaire- luego del asesinato del presidente Patrice

 Lumumba en 1961.

 El coordinador señaló que la iniciativa "no es un proyecto solidario,

 que haga uso de la solidaridad en el medio es otra cosa. Es una

 propuesta de poder, nosotros aspiramos al socialismo, es un proyecto

 político, que deberá incorporarse a un proyecto más plural y más

 amplio mañana".

 "Con esto no nos alcanza, con el kirchnerismo y con todo su progresismo.

 Si

 alcanzara, las mamás no se llevarían la leche ni harían la fila que

 hicieron el otro día para llevarse ropa", cuestionó Gino mientras un

 puñado de chiquitos correteaba a su alrededor esperando a ser

 atendidos.

Duelo habanero Vladimir Ilich Lenin por Galeano (el más grande por el más grande) Regla Cuba

De: Juan Manuel Más [mailto:jmmas_10@yahoo.com.ar]
Enviado el: Viernes, 27 de Julio de 2012

Asunto: Vladimir x Galeano (el más grande x el más grande)

 

1924   Regla

Lenin

El alcalde del pueblo cubano de Regla convoca al gentío. Desde la vecina ciudad de La Habana ha llegado la noticia de la muerte de Lenin en la Unión Soviética y el alcalde emite un decreto de duelo. Dice el decreto que el susodicho Lenin conquistó merecida simpatía entre los elementos proletarios e intelectuales de este término municipal. Por tal motivo, a las cinco de la tarde del próximo domingo sus habitantes harán dos minutos de silencio y meditación, durante los cuales personas y vehículos quedarán en estado de quietud absoluta.

 

A las cinco en punto de la tarde del domingo, el alcalde del pueblo de Regla sube a la loma del Fortín. Más de mil personas lo acompañan, a pesar de la lluvia furiosa. Y bajo la lluvia transcurren los dos minutos de silencio y meditación. Después, el alcalde planta un olivo en lo alto de la colina, en homenaje al hombre que tan para siempre ha clavado la bandera roja allá en el centro de la nieve.

 

Eduardo Galeano (Memorias del fuego - Volumen III)

 

Cuba accidente mortal manejaba un español de derecha y sobrevivo dos cubanos murieron un sueco vive Granma polit1

Nota del Ministerio del Interior

 

Como informó el diario Granma, el pasado 22 de julio a las 13:50 horas, un auto Hyundai Accent matrícula de turismo T31402, se salió de la vía y se impactó contra un árbol en un tramo de la carretera Las Tunas-Bayamo, en la localidad de Las Gabinas, provincia Granma. En este lamentable accidente fallecieron los ciudadanos Oswaldo José Payá Sardiñas y Harold Cepero Escalante; mientras que resultaron lesionados leves los extranjeros Ángel Francisco Carromero Barrios y Jens Aron Modig, de ciudadanías española y sueca, respectivamente.

Durante el proceso investigativo, se precisó que el vehículo salió de La Habana sobre las 06:00 horas de ese día, conducido por Ángel Carromero, y se dirigió a Santiago de Cuba. Jens Aron viajaba en el asiento delantero derecho; Oswaldo Payá en el asiento trasero izquierdo y a su lado Harold Cepero. Estos dos últimos no llevaban puesto el cinturón  de seguridad.

El tramo de la carretera en que ocurrió el accidente está en reparación y por espacio de unos dos kilómetros no se encuentra pavimentada la superficie de rodamiento, lo cual lo convierte en una especie de terraplén con abundante gravilla; por tanto, muy resbaladizo. El análisis pericial arrojó que el lugar es una vía recta que cuenta con buena visibilidad y había una señal que indicaba la existencia de hombres trabajando en su mantenimiento, precedida de otras similares que alertan a los conductores de los tramos en reparación.


Al respecto,  el apartado dos del artículo 127 de la Ley 109, de seguridad vial, establece que “no se debe conducir un automóvil a una velocidad mayor de 60 kilómetros por hora en camino de tierra o terraplén”; y en el 128 que “Sin perjuicio de lo dispuesto en los artículos anteriores, en relación con el límite general de velocidad, el que guíe un vehículo o animal por la vía debe tener pleno dominio de su movimiento y está obligado a moderar la marcha y si es preciso detenerla siempre que la circulación, estado de la vía o la visibilidad lo imponga”, en especial, “cuando la superficie está resbaladiza por agua, grasa, arena, lodo u otras sustancias o éstas puedan proyectarse hacia los vehículos y peatones”.

El dictamen pericial y las declaraciones de tres testigos presenciales del accidente: José Antonio Duque de Estrada Pérez, Lázaro Miguel Parra Arjona y Wilber Rondón Barrero, permitieron establecer que el auto irrumpió al terraplén a exceso de velocidad. Al respecto, el Capitán Jorge Fonseca Mendoza, perito del lugar del hecho (12 años de experiencia), apuntó que el conductor aplicó los frenos de una manera abrupta, ochenta metros después de haber entrado al terraplén, perdió el control del vehículo y el carro giró del costado izquierdo por espacio de 63 metros, con el frente hacia la cuneta y el maletero hacia el centro de la vía, hasta impactar con un árbol en el borde derecho de la carretera, lo cual confirma la extrema velocidad con que era conducido.

José Antonio Duque de Estrada, trabajador del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH), quien reside en el municipio granmense de Río Cauto y transitaba por el lugar del hecho en una bicicleta, declaró al Órgano de Instrucción:

“El carro me pasó a alta velocidad por al lado, con seguridad iba a más de 100 kilómetros por hora. Rebasó a un tractor que también iba en la misma dirección y después vi una tremenda polvareda, cuando entró a un tramo que está en mal estado. Al aproximarme, ya con menos polvareda, vi al carro impactado contra un árbol en la cuneta. A mi modo de entender, la razón más clara que yo veo del accidente es el exceso de velocidad. Al caer en el terraplén no es lo mismo que en el pavimento, no hay freno que valga, el carro no se sujeta, se desliza y se impactó contra el árbol”.

Por su parte, Lázaro Miguel Parra Arjona, tractorista del INRH y vecino de La Sal, en el municipio Yara, confirmó esta versión: “El carro me adelantó a gran velocidad; luego vi la nube de polvo fuerte y cuando bajó  el polvo pude ver el auto impactado en el árbol que está en la cuneta”.

Tanto José Antonio como Lázaro conducían en la misma dirección del auto accidentado, pero Wilber Rondón Barrero, campesino de Río Cauto, venía en dirección contraria, a unos cien metros de distancia del sitio donde ocurrió el siniestro. “Cuando me acercaba vi que el carro perdía el control y se impactaba contra un árbol de la cuneta”, declaró.

Un equipo de la Dirección de CriminaIística integrado por: Teniente Coronel Misael Fontes Pérez, oficial de la Sección de Averías, Explosiones e Incendios (19 años de experiencia como perito); Teniente Coronel Inardi Reyes Uriarte, Jefe de la Sección Provincial de Criminalística de Granma (11 años de experiencia como perito); y el Capitán Jorge Fonseca;de conjuntocon Fidel Núñez Guevara, Jefe de Ingeniería del Tránsito en la provincia Granma (9 años de experiencia como perito), concluyó categóricamente que el conductor manejaba a exceso de velocidad y que el vehículo presentaba una abolladura de 67 centímetros de ancho con 45 centímetros de profundidad en el lateral izquierdo trasero, perpendicular al eje longitudinal del auto (lugar donde viajaban los fallecidos), como consecuencia de un fuerte golpe que deformó sustancialmente el monochasis y el techo, cuyas características y dimensiones se corresponden con el tronco del árbol referido.

El dictamen médico forense indica que Oswaldo Payá falleció instantáneamente a consecuencia de un traumatismo craneoencefálico como resultado del fuerte impacto recibido; mientras que Harold Cepero murió en el hospital clínico quirúrgico Carlos Manuel de Céspedes, de la ciudad de Bayamo, debido a una insuficiencia respiratoria aguda por tromboembolismo pulmonar graso del lóbulo superior del pulmón izquierdo, derivada de la fractura fragmentada del fémur izquierdo.

Ángel Carromero declaró al Órgano de Instrucción que no recordaba haber visto la señalización que alerta sobre el estado en que se halla la vía. Añadió que irrumpió al terraplén a una velocidad que no puede precisar, debido a que no iba observando el cuentamilla y al percatarse de que transitaba sobre grava, intentó disminuir la velocidad mediante un frenazo brusco y el auto comenzó a resbalar de lado hasta impactarse contra el árbol. Jens Aron declaró que él estaba dormitando cuando sintió el frenazo y el desplazamiento lateral del vehículo; luego perdió la conciencia.

A partir del análisis lógico del tiempo de viaje (cerca de ochocientos kilómetros en menos de ocho horas, con tres paradas intermedias), las declaraciones de los testigos y el estudio pericial del lugar del hecho y el vehículo, el equipo investigativo evaluó que Ángel Francisco Carromero Barrios debió conducir a una velocidad promedio superior a los 120 kilómetros por hora y que frueron su falta de atención al control del vehículo, el exceso de velocidad y la incorrecta decisión de aplicar los frenos de manera abrupta en una superficie resbaladiza, las causas que determinaron este trágico accidente que costó la vida a dos seres humanos.

Continúa el proceso investigativo y de instrucción penal, en correspondencia con las leyes cubanas.

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Michael Moore Aurora de la muerte EEUU trágica ejemplo de locura y autodestruccion

Jueves, 26 de Julio de 2012
Moore: La causa es sencilla: la ambición de ser superiores y no iguales.

El miedo a ser lo que combatimos. Ha muerto la solidaridad.

 

EE UU es responsable de más de 80% de las muertes por armas de fuego en
los 23 países más ricos del mundo*

Michael Moore

Amigos: Desde que Caín enloqueció y mató a Abel, siempre ha habido humanos
que por una razón u otra pierden la cabeza en forma temporal o definitiva y
cometen indecibles actos de violencia. Durante el primer siglo de nuestra
era, el emperador romano Tiberio gozaba despeñando a sus víctimas desde un
risco en la isla de Capri, en el Mediterráneo. Gilles de Rais, caballero
francés aliado de Juana de Arco en la Edad Media, se volvió loco un día y
acabó asesinando a cientos de niños. Apenas unas décadas después Vlad el
Empalador, en Transilvania, tenía innumerables modos horripilantes de
acabar con sus víctimas; en él se inspiró el personaje de Drácula.

En tiempos modernos, casi en toda nación hay un sicópata o dos que cometen
homicidios en masa, por estrictas que sean sus leyes en materia de armas:
el demente supremacista blanco cuyos atentados en Noruega cumplieron un año
este domingo; el carnicero del patio escolar en Dunblane, Escocia; el
asesino de la Escuela Politécnica de Montreal, el aniquilador en masa de
Erfurt, Alemania… la lista parece interminable. Y ahora el tirador de
Aurora, el viernes pasado. Siempre ha habido orates y siempre los habrá.

Pero he aquí la diferencia entre el resto del mundo y nosotros: ¡aquí
ocurren DOS Auroras cada día de cada año! Por lo menos 24 estadunidenses
mueren cada día (de 8 a 9 mil por año) a manos de gente armada, y esa cifra
no incluye los que pierden la vida en accidentes con armas de fuego o los
que se suicidan con una. Si los contáramos, la cifra se triplicaría a unos
25 mil.

Eso significa que Estados Unidos es responsable de más de 80 por ciento de
todas las muertes por armas de fuego en los 23 países más ricos del mundo
combinados. Considerando que las personas de esos países, como seres
humanos, no son mejores o peores que cualquiera de nosotros, entonces, ¿por
qué nosotros?

Tanto conservadores como liberales en Estados Unidos operan con creencias
firmes con respecto al "porqué" de este problema. Y la razón por la cual ni
unos ni otros pueden encontrar una solución es porque, de hecho, cada uno
tiene la mitad de la razón.

La derecha cree que los fundadores de esta nación, por alguna suerte de
decreto divino, les garantizaron el derecho absoluto a poseer tantas armas
de fuego como deseen. Y nos recuerdan sin cesar que un arma no puede
dispararse sola; que "no son las armas, sino las personas, las que matan".

Por supuesto, saben que están cometiendo una deshonestidad intelectual (si
es que puedo usar esa palabra) al sostener tal cosa acerca de la Segunda
Enmienda porque saben que las personas que escribieron la Constitución
únicamente querían asegurarse de que se pudiera convocar con rapidez una
milicia entre granjeros y comerciantes en caso de que los británicos
decidieran regresar a sembrar un poco de caos.

Pero tienen la mitad de la razón cuando afirman que "las armas no matan:
los estadunidenses matan". Porque somos los únicos en el primer mundo que
cometemos crímenes en masa. Y escuchamos a estadounidenses de toda condición
aducir toda clase de razones para no tener que lidiar con lo que está
detrás de todas esas matanzas y actos de violencia.

Unos culpan a las películas y videojuegos violentos. La última vez que
revisé, las cintas y videojuegos de Japón son más violentos que los
nuestros, y sin embargo menos de 20 personas al año mueren por armas de
fuego allá, ¡y en 2006 el total fue de dos! Otros dirán que es el número de
hogares destrozados lo que causa tantas muertes. Detesto darles esta
noticia, pero en Gran Bretaña hay casi tantos hogares de un solo padre como
acá, y sin embargo, por lo común allá los crímenes con arma de fuego son
menos de 40 al año.

Personas como yo dirán que todo esto es resultado de tener una historia y
una cultura de hombres armados, "indios y vaqueros", "dispara ahora y
pregunta después". Y si bien es cierto que el genocidio de indígenas
americanos sentó un modelo bastante feo de fundar una nación, me parece más
seguro decir que no somos los únicos con un pasado violento o una marca
genocida.

¡Hola, Alemania! Hablo de ti y de tu historia, desde los hunos hasta los
nazis, todos los cuales amaban una buena carnicería (al igual que los
japoneses, y los británicos que dominaron el mundo cientos de años, cosa
que no lograron plantando margaritas). Y sin embargo en Alemania, nación de
80 millones de habitantes, se cometen apenas unos 200 asesinatos con armas
de fuego al año.
Así que esos países (y muchos otros) son iguales que nosotros, excepto que
aquí más personas creen en Dios y van a la iglesia que en cualquier otra
nación occidental.

Mis compatriotas liberales dirán que si tuviéramos menos armas de fuego
habría menos muertes por esa causa. Y, en términos matemáticos, sería
cierto. Si tenemos menos arsénico en la reserva de agua, matará menos
gente. Menos de cualquier cosa mala –calorías, tabaco, reality shows–
significará menos muertes. Y si tuviéramos leyes estrictas en materia de
armas, que prohibieran las armas automáticas y semiautomáticas y
proscribieran la venta de grandes magazines capaces de portar millones de
balas, tiradores como el de Aurora no podrían dar muerte a tantas personas
en unos cuantos minutos.

Pero también en eso hay un problema. Existen montones de armas en Canadá
(la mayoría rifles de caza), y sin embargo la cuenta de homicidios es de
unos 200 al año. De hecho, por su proximidad, la cultura canadiense es muy
similar a la nuestra: los chicos tienen los mismos videojuegos, ven las
mismas películas y programas de televisión, y sin embargo no crecen con el
deseo de matarse unos a otros. Suiza ocupa el tercer lugar mundial en
posesión de armas por persona, pero su tasa de criminalidad es baja.

Entonces, ¿por qué nosotros? Formulé esa pregunta hace una década en mi
película Masacre en Columbine, y esta semana tuve poco que decir porque me
parecía haber dicho hace 10 años lo que tenía que decir, y no parece haber
servido de mucho, excepto ser una especie de bola de cristal en forma de
película.

Esto es lo que dije entonces y lo que volveré a decir hoy:

1. Los estadounidenses somos increíblemente buenos para matar. Creemos en
matar como forma de conseguir nuestros objetivos. Tres cuartas partes de
nuestros estados ejecutan criminales, pese a que los estados que tienen las
tasas más bajas de homicidios son por lo regular los que no aplican la pena
de muerte.

Nuestra tendencia a matar no es sólo histórica (el asesinato de indios, de
esclavos y de unos a otros en una guerra "civil"): es nuestra forma actual
de resolver cualquier cosa que nos inspira temor. Es la invasión como
política exterior. Sí, allí están Irak y Afganistán, pero hemos sido
invasores desde que "conquistamos el salvaje oeste" y ahora estamos tan
enganchados que ya no sabemos qué invadir (Bin Laden no se ocultaba en
Afganistán, sino en Pakistán) ni por qué invadir (Saddam no tenía armas de
destrucción masiva ni nada que ver con el 11-S). Enviamos a nuestras clases
bajas a hacer las matanzas, y los que no tenemos un ser querido allá no
gastamos un solo minuto de un solo día determinado en pensar en la
carnicería. Y ahora enviamos aviones sin pilotos a matar, aviones
controlados por hombres sin rostro en un lujoso estudio con aire
acondicionado en un suburbio de Las Vegas. Es la locura.

2. Somos un pueblo que se asusta con facilidad y es fácil manipularnos con
el miedo. ¿De qué tenemos tanto miedo que necesitamos tener 300 millones de
armas de fuego en nuestros hogares? ¿Quién creemos que va a lastimarnos?
¿Por qué la mayoría de esas armas están en hogares de blancos, en los
suburbios y en el campo? Tal vez si resolviéramos nuestro problema racial y
nuestro problema de pobreza (una vez más, número uno en el mundo
industrializado) habría menos personas frustradas, atemorizadas y
encolerizadas extendiendo la mano hacia el arma que guardan en el cajón.
Tal vez nos cuidaríamos más unos a otros (he aquí un buen ejemplo de esto).


Eso es lo que pienso acerca de Aurora y del violento país del cual soy
ciudadano. Como mencioné, lo dije todo en esa cinta y si gustan pueden
verla aquí y compartirla sin costo con otros. Y lo que nos hace falta,
amigos míos, es el valor y la determinación. Si ustedes están listos, yo
también.

 

Obama equilibrista de la hipocresia con Cuba sanciones económicas rad2

 

 

De: MovArgSolConCuba@gruposyahoo.com.ar [mailto:MovArgSolConCuba@gruposyahoo.com.ar] En nombre de La Polilla
Viernes, 27 de Julio de 2012

Asunto: [MovArgSolConCuba] Las sanciones económicas contra Cuba bajo la administración Obama
 

Por Salim Lamrani

 

La llegada al poder del Presidente Obama en Estados Unidos en 2008 marcó una ruptura de estilo respecto a la anterior administración Bush hacia Cuba. No obstante, salvo el levantamiento de algunas restricciones relativas a los viajes, las sanciones económicas siguen aplicándose, incluso de modo extraterritorial. He aquí algunos ejemplos recientes.

 Durante su campaña electoral en 2007, el entonces candidato Barack Obama hizo una lúcida constatación sobre el carácter obsoleto de la política de Estados Unidos hacia Cuba. Una vez elegido, declaró su voluntad de buscar “un nuevo comienzo con Cuba”. “Creo que podemos llevar la relación entre EE.UU. y Cuba en una nueva dirección y lanzar un nuevo capítulo de acercamiento que continuará durante mi mandato”, subrayó.[1]

 Obama había denunciado la política de su predecesor hacia Cuba, el cual había limitado fuertemente los viajes de la comunidad cubana de Estados Unidos. “Se trata a la vez de una cuestión estratégica y humanitaria. Esta decisión […] ha tenido un impacto profundamente negativo sobre el bienestar del pueblo cubano. Otorgaré a los cubanoamericanos derechos ilimitados para visitar a sus familiares y mandar dinero a la Isla”, se comprometió.[2]

 Obama cumplió su palabra. En abril de 2009 anunció el levantamiento de algunas restricciones que afectan a los cubanos que viven en Estados Unidos y que tienen familiares en la isla, que entró en vigor el 3 de septiembre de 2009. Desde entonces pueden viajar a su país de origen sin ningún obstáculo (en vez de catorce días cada tres años) y mandar remesas ilimitadas a sus familias (en vez de cien dólares al mes).[3]

 

Aplicación extraterritorial de las sanciones económicas contra Cuba

 No obstante, Washington no ha vacilado en aplicar las sanciones económicas, incluso de modo extraterritorial, violando así gravemente el derecho internacional. En efecto, éste estipula que las legislaciones nacionales no pueden ser extraterritoriales, es decir aplicarse fuera del territorio nacional. Así, la ley brasileña no puede aplicarse en Argentina. Del mismo modo, la legislación venezolana no puede aplicarse en Colombia. Ahora bien, la ley estadounidense de las sanciones económicas contra Cuba se aplica en todos los países del mundo.

 En efecto, en junio de 2012, el banco neerlandés ING recibió la más importante sanción jamás dictada desde el inicio del estado de sitio económico contra Cuba en 1960. La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro sancionó a la institución financiera con una multa de 619 millones de dólares por realizar, entre otras, transacciones en dólares con Cuba, a través del sistema financiero estadounidense, entre 2002 y 2007.[4]

 El Departamento del Tesoro también obligó al banco neerlandés a romper sus relaciones comerciales con Cuba y anunció que “ING aseguró a la Oficina de Control de Activos Extranjeros que había puesto fin a las prácticas que llevaron al acuerdo de hoy”. Así, Washington prohibió a un banco europeo toda transacción comercial con Cuba.[5]

 El gobierno cubano denunció esta nueva aplicación extraterritorial de las sanciones económicas, las cuales, además de impedir todo comercio con Estados Unidos (excepto las materias primas alimenticias), constituyen el principal obstáculo al desarrollo de las relaciones comerciales de Cuba con el resto del mundo. “El Gobierno de Estados Unidos sancionó unilateralmente al banco ING por tramitar, en conjunto con sus subsidiarias en Francia, Bélgica, Holanda y Curazao, transacciones financieras y comerciales de entidades cubanas, prohibidas por la criminal política de bloqueo contra Cuba”, subraya el comunicado oficial.[6]

 Adam Szunin, Director de la OFAC, aprovechó la ocasión para advertir a las empresas extranjeras que tienen relaciones comerciales con Cuba. Esta multa “debería servir como una clara advertencia a cualquiera que considere aprovecharse de evadir las sanciones de los Estados Unidos”, declaró, reafirmando así que Washington seguiría aplicando sus medidas extraterritoriales. [7]

 Otras empresas extranjeras también fueron sancionadas por sus relaciones comerciales con Cuba. Así, la multinacional sueca Ericsson, especializada en el campo de las telecomunicaciones, tuvo que pagar una multa de 1,75 millones de dólares por reparar, mediante su filial basada en Panamá, equipos cubanos de un valor de 320.000 dólares, en Estados Unidos. Tres empleados, implicados en el caso, también fueron despedidos.[8]

 El 10 de julio de 2012, el Departamento del Tesoro infligió una multa de 1,35 millones de dólares a la empresa estadounidense Great Western Malting Co. por vender cebada a Cuba, mediante una de sus filiales extranjeras entre agosto de 2006 y marzo de 2009. No obstante, el derecho internacional humanitario prohíbe todo tipo de embargo sobre las materias primas alimenticias y los medicamentos, incluso en tiempos de guerra. Ahora bien, oficialmente, Cuba y Estados Unidos jamás han estado en conflicto.[9]

 En Francia, Mano Giardini y Valérie Adilly, dos directores de la agencia de viajes estadounidense Carlson Wagonlit Travel (CWT), fueron despedidos por vender paquetes turísticos con destino a Cuba. La empresa corre el riesgo de recibir una multa de 38.000 dólares por estancia vendida, lo que suscitó la ira de algunos asalariados que difícilmente comprenden la situación. “¿Por qué Carlson no retiró del sistema de reservas los productos Cuba ya que no teníamos derecho a vender?”, preguntó un empleado.[10]

 Del mismo modo, es posible que CWT no sea autorizada a responder a los concursos de los viajes de la administración estadounidense, los cuales representan una parte sustancial de su volumen de negocios. La dirección de CWT se expresó al respecto: “En estas condiciones, tenemos que aplicar la regla estadounidense que prohíbe mandar a viajeros a Cuba, incluso para las filiales”. Así, una filial estadounidense basada en Francia está obligada a aplicar la ley estadounidense sobre las sanciones económicas contra Cuba, mofándose de la legislación nacional en vigor.[11]

 

Google censurado y un presupuesto de 20 millones de dólares para la “democracia digital”

 Más insólito, las sanciones económicas prohíben que los cubanos utilicen algunas funciones del motor de búsqueda Google, tales como Google Analytics (que permite calcular el número de visitas en un sitio web, así como su origen), Google Earth, Google Destktop Search, Google Toolbar, Google Code Search, Google AdSense o Google AdWords, privando así a Cuba de acceso a estas nuevas tecnologías y a numerosos productos descargables. La empresa estadounidense proporcionó una explicación mediante su representante Christine Chen: “Lo teníamos escrito en nuestros términos y condiciones. No se puede usar Google Analytics en los países sometidos a embargos”.[12]

Al mismo tiempo, mientras que Washington impone a Google restringir el uso de sus servicios digitales en Cuba y prohíbe que La Habana se conecte a su cable de fibra óptica para Internet, el Departamento de Estado anunció que iba a dedicar, mediante la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), la suma de 20 millones de dólares a “activistas de los derechos humanos, periodistas independientes y bibliotecas independientes en la isla”, con el fin de difundir, entre otras, la “democracia digital”.[13]

 La administración Obama, lejos de adoptar “un nuevo comienzo con Cuba”, sigue imponiendo sanciones económicas que afectan a todas las categorías de la población cubana empezando por las más vulnerables o sea las mujeres, los niños y los ancianos. No vacila en sancionar a empresas extranjeras violando el derecho internacional al aplicar medidas extraterritoriales. También se niega a oír el reclamo unánime de la comunidad internacional que condenó en 2011, por vigésimo año consecutivo, la imposición de un estado de sitio anacrónico, cruel e ineficaz, que constituye el principal obstáculo al desarrollo de la nación.

 *Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV, Salim Lamrani es profesor encargado de cursos en la Universidad Paris-Sorbonne-Paris IV y en la Universidad Paris-Est Marne-la-Vallée y periodista, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Su último libro se titula Etat de siège. Les sanctions économiques des Etats-Unis contre Cuba, París, Ediciones Estrella, 2011, con un prólogo de Wayne S. Smith y un prefacio de Paul Estrade.

 

Contacto: Salim.Lamrani@univ-mlv.fr

Página Facebook: https://www.facebook.com/SalimLamraniOfficiel

 

NOTAS

 

[1] The Associated Press, «Obama Seeks ‘New Beginning’ With Cuba», 17 de abril de 2009.

[2] Barack Obama, «Our Main Goal: Freedom in Cuba», The Miami Herald, 21 de agosto de 2007.

[3] Office of Foreign Assets Control, «Hoja informativa: Tesoro modifica reglamento para el control de bienes cubanos a fin de implementar el programa del Presidente sobre visitas familiares, remesas y telecomunicaciones», Treasury Department, 3 de septiembre de 2009.

[4] Office of Foreign Assets Control, «Settlement Agreement ING», Department of the Treasury, junio de 2012. http://www.treasury.gov/resource-center/sanctions/CivPen/Documents/06122012_ing_agreement.pdf (sitio consultado el 10 de julio de 2012).

[5] Ibid.

[6] Ministry of Foreign Affairs of Cuba, «Statement by the Ministry of foreign Affairs», 20 de junio de 2012. http://www.cubaminrex.cu/english/Statements/Articulos/StatementsMINREX/2012/Statement200612html (sitio consultado el 10 de julio de 2012).

[7] Ibid.

[8] Steve Stecklow & Bail Katz, «U.S. to Fine Ericsson in Panama $1,75 Million Over Cuba Shipments», Reuters, 24 de mayo de 2012.

[9] Office of Foreign Assets Control, «Enforcement Information for July 10, 2012», Department of the Treasury, 10 de julio de 2012. http://www.treasury.gov/resource-center/sanctions/CivPen/Documents/07102012_great_western.pdf (sitio consultado el 12 de julio de 2012).

[10] Jean da Luz, «Carlson Wagonlit Travel : l’embargo cubain fait tomber des têtes en France», Tourmag, 2 de julio de 2012 ; Geneviève Bieganowsky. «Licienciements, Carlson redoute la perte des budgets voyages de l’administration US», Tourmag, 3 de julio de 2012.

[11] Ibid.

[12] Michael McGuire, « Google responde a denuncias de Cuba », The Miami Herald, 20 de julio de 2012.

[13] Juan O. Tamayo, « Estados Unidos busca romper censura tecnológica en Cuba », El Nuevo Herald, 23 de junio de 2012.

 

Publicado originalmente en Opera Mundi

http://operamundi.uol.com.br/conteudo/opiniao/23237/as+sancoes+economicas+a+cuba+sob+o+governo+obama.shtml

 

Enviado por su autor a Cubacoraje

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Lic. Rosa Cristina Báez Valdés "La Polilla Cubana"
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Enviado el: Jueves, 26 de Julio de 2012 04:22 p.m.
 

Escrito por Eva Perón


He dejado demasiadas entrelíneas que debo llenar; y esta vez no porque yo lo necesite.

 

Eva Peron: Mi Mensaje y Mi Voluntad Suprema

 

MI MENSAJE

Por Eva Perón

   En estos últimos tiempos, durante las horas de mi enfermedad, he pensado muchas veces, en este mensaje de mi corazón. (1) 

   Quizá porque En la Razón de mi vida no alcancé a decir todo lo que siento y lo que pienso, tengo que escribir otra vez. 

   He dejado demasiadas entrelíneas que debo llenar; y esta vez no porque yo lo necesite. 

   No.  

   Mejor sería acaso para mí, que yo callase, que no dijese ninguna de las cosas que voy  a decir y que quedase para todos, como una palabra definitiva, todo lo que dije en el primero de mis libros. 

   Pero mi amor y mi dolor no se conforman con aquella mezcla desordenada de sentimientos y de pensamientos que dejé en las páginas de La Razón de mi Vida. 

   Quiero demasiado a los descamisados, a las mujeres, a los trabajadores de mi pueblo y por extensión quiero demasiado a todos los pueblos del mundo, explotados y condenados a muerte por los imperialismos y los privilegios de la tierra. 

   Me duele demasiado el dolor de los pobres, de los humildes, el gran dolor de tanta humanidad sin sol y sin cielo como para que pueda callar. ¡Si todavía quedan sombras y nubes queriendo tapar el cielo y el sol de nuestra tierra, y todavía queda mucho dolor por mitigar y tantas heridas que restañar!    Como será donde nadie ha visto la luz ni ha tomado en sus manos la bandera de los pueblos que marchan en silencio, ya sin lágrimas y sin suspiros, sangrando bajo la noche de la esclavitud; y como será donde ya se ve la luz, pero demasiado lejos, y entonces la esperanza es un inmenso dolor que se rebela y que quema en la carne y el alma de los pueblos sedientos de libertad y justicia! 

   Para ellos: para mi pueblo y para todos los pueblos de la humanidad es Mi Mensaje. 

   Ya no quiero explicarles nada de mi vida ni de mis obras. 

   No quiero recibir ningún elogio.  

   Me tienen sin cuidado los odios y las alabanzas de los hombres que pertenecen a la raza de los explotadores. 

   Quiero rebelar a los pueblos.  

   Quiero incendiarlos con el fuego de mi corazón.  

   Quiero decirles la verdad que una humilde mujer del pueblo -¡la primera mujer del pueblo que no se dejó deslumbrar ni por el poder ni por la gloria!-, aprendió en el mundo de los que mandan y gobiernan a los pueblos de la humanidad.

   Quiero decirles la verdad que nunca fue dicha por nadie, porque nadie fue capaz de seguir la farsa como yo, para saber toda la verdad. 

   Porque todos los que salieron del pueblo para recorrer mi camino no regresaron nunca.  

   Se dejaron deslumbrar por la fantasía maravillosa de las alturas y se quedaron para gozar de la mentira. 

   Yo me vestí también con todos los honores de la gloria, de la vanidad y del poder.

   Me dejé engalanar con las mejores joyas de la tierra.  Todos los países del mundo me rindieron homenajes, de alguna manera.  Todo lo que me quiso brindar el círculo de los hombres en que me toca vivir, como mujer de un presidente extraordinario, lo acepté sonriendo, prestando mi cara para guardar mi corazón, pero sonriendo, en medio de la farsa, conocí la verdad de todas sus mentiras. 

   Yo no puedo decir ahora lo mucho que se miente, todo lo que se engaña y todo lo que se finge, porque conozco a los hombres en sus grandezas y en sus miserias. 

   Muchas veces he tenido ante mis ojos, al mismo tiempo, como para compararlas frente a frente, la miseria de las grandezas y las grandezas de la miseria. 

   Yo no me dejé arrancar el alma que traje de la calle.

   Por eso no me deslumbró jamás la grandeza del poder, y pude ver sus miserias; y por eso nunca me olvidé de las miserias de mi pueblo y pude ver sus grandezas. 

   Ahora conozco todas las verdades y todas las mentiras del mundo.

   Tengo que decirlas al pueblo de donde vine.

   Y tengo que decirlas a todos los pueblos engañados de la humanidad. 

   A los trabajadores, a las mujeres, a los humildes descamisados de mi Patria y a todos los descamisados de la tierra, ¡a la infinita raza de pueblos!, como un mensaje de mi corazón.  

 

1.   Tenía que volar con él. 

   En La Razón de mi Vida dije con mis pobres palabras, cómo un día maravilloso de mi existencia me encontré con Perón. 

   El ya estaba en la lucha. 

   Lo recuerdo como si lo viese, con la mirada llena de brillo, con la frente levantada, con su limpia sonrisa, con su palabra encendida por el fuego de su corazón. 

   Yo ví desde el primer momento, la sombra de sus enemigos, acechando como buitres desde la altura o como víboras pegajosas, desde la tierra vencida. 

   Y lo ví a Perón demasiado solo, excesivamente confiado en el poder vencedor de sus ideales, creyendo en la primera palabra de todos los hombres como si fuese su propia palabra limpia y generosa, sincera y honrada. (1) 

   No me atrajeron ni su figura ni los honores de su cargo y menos sus galones militares. 

   Desde el primer momento yo ví su corazón; y sobre el pedestal de su corazón el mástil de sus ideales sostenido cerca del cielo la bandera de su Patria y de su Pueblo. 

   Yo ví su inmensa soledad, una soledad como la de los cóndores, como la de las altas cumbres, como la soledad de las estrellas en la inmensidad del infinito. 

   Y a pesar de mi pequeñez, decidí acompañarlo. Por seguirlo, por estar con él hubiese sido y hubiese hecho cualquier cosa, ¡menos torcer la ruta de su destino! 

   Fue cuando le dije un día:- Estoy dispuesta a seguirlo, donde quiera que vaya. 

   Poco a poco yo entré también en sus batallas. 

   A veces porque me provocaron sus enemigos. 

   Otras porque me indignaron sus traiciones y sus mentiras. 

   Había decidido seguirlo a Perón pero no me resignaba a seguirlo de lejos, sabiéndolo rodeado de enemigos y ambiciosos que se disfrazaban con palabras amistosas; y de amigos que no sentían ni el calor de la sombra de sus ideales. 

   Yo quería estar con él los días y las noches de su vida, en la paz de sus descansos y en las batallas de su lucha. 

   Yo ya sabía que él como los cóndores volaba alto y solo; ¡y sin embargo yo tenía que volar con él! 

   Confieso que no medí desde el principio toda la magnitud de mi decisión. 

   Yo creí que podía ayudarlo a Perón con mi cariño de mujer, con la compañía de mi corazón enamorado de su persona y de su causa, ¡pero nada más!  

   Pensé que mi tarea, junto a su soledad, era llenarla con alegría y con el entusiasmo de mi juventud. 

 

2. Mi Coronel

   Ya emprendimos el camino: alegres y felices en medio de la lucha. 

   Un día me confesó que yo, su pequeña giovinota como solía llamarme, era la única compañía sincera y leal de su existencia. 

   ¡Nunca como ese día me dolió tanto mi pequeñez!

   ¡Y decidí hacer lo imposible para acompañarlo mejor! 

   Recuerdo que le pedí que fuese mi maestro y él, en las treguas de su lucha, me enseñó un poco de todo cuanto pude aprender. 

   Me gustaba leer a su lado.

   Empezamos por Las vidas paralelas de Plutarco y seguimos después con las Cartas completas de Lord Chesterfield a su hijo Stanhope.

   En un tiempo me enseñó un poco de los idiomas que él sabía: inglés, italiano y francés. 

   Sin que yo advirtiese fui aprendiendo también a través de sus conversaciones, la historia de Napoleón, de Alejandro de de todos los grandes de la historia.  

   Y así me enseñó también a ver de una manera distinta a nuestra propia historia. 

   Con él aprendí a leer en el panorama de las cuestiones políticas internas e internacionales. 

   Muchas veces me hablaba de sus sueños y de sus esperanzas, de sus grandes ideales. 

   Metida en un rincón de la vida de mi Coronel, se me ocurre que yo era algo así como un ramo de flores en su casa. 

   ¡Nunca pretendí más que eso! 

   Sin embargo, la lucha que se libraba en torno de Perón era demasiado dura, muy grandes sus enemigos, casi infinita su soledad y demasiado grande mi amor para que yo pudiera conformarme con ser nada más que un poco de alegría en el camino de mi Coronel. (1)  

 

3. Las primeras sombras 

   La mayoría de los hombres que rodeaban entonces a Perón creyeron  que yo no era más que una simple aventurera. 

   Mediocres al fin; ellos no habían sabido sentir como yo quemando mi alma, el fuego de Perón, de su grandeza y de su bondad, de sus sueños y de sus ideales. 

   Ellos creyeron que yo calculaba con Perón, porque medían mi vida con la vara pequeña de sus almas. 

   Yo los conocía de cerca, uno por uno.  

   Después casi todos ellos lo traicionaron a Perón.  

   Algunos en octubre de 1945; otros más tarde.  

   Y me di el gusto de insultarlos de frente, gritándoles en la cara, la deslealtad y el deshonor con que procedían o combatiéndolos hasta probar la falsía de sus procedimientos y de sus intenciones. (1) 

   Yo me quedé sola junto a “mi Coronel” hasta que lo llevaron prisionero. 

   Desde aquellos días desconfié de los amigos encumbrados y de los hombres de honor.  

   Y me aferré ciegamente a los hombres y mujeres humildes de mi pueblo que sin tanto “honor” y sin tantos “títulos” ni “privilegios” saben jugarse la vida por un hombre, por una causa, por un ideal, ¡o por un simple sentimiento del corazón! 

   Pero no podía creer en nada ni en nadie que no fuese su pueblo. 

   Desde entonces se los he dicho infinitas veces en todos los tonos de mi voz como para que nunca se les olvide, en medio de tantas palabras con que miden su honor o lealtad los hombres que rodean por lo general a un presidente. 

   Los pueblos de la tierra no sólo deben elegir al hombre que los conduzca.

   Deben saber cuidarlo de lo enemigos que tienen en las antesalas de todos los gobiernos. 

   Yo cuidé por mi pueblo a Perón y los eché de sus antesalas a veces con una sonrisa y a veces también con las duras palabras de la verdad que dije de frente con toda la indignación de mi rebeldía.  

 

4. Los enemigos del pueblo 

   Los enemigos del pueblo fueron y siguen siendo los enemigos de Perón. 

   Yo los he visto llegar hasta él con todas las formas de la maldad y la mentira. 

   Quiero denunciarlos definitivamente. 

   Porque serán enemigos eternos de Perón y del Pueblo aquí y en cualquier parte del mundo donde se levante la bandera de la justicia y la libertad. 

   Nosotros los hemos vencido, pero ellos pertenecen a una raza que nunca morirá definitivamente. 

   Todos llevamos en la sangre la semilla del egoísmo que nos puede hacer enemigos del pueblo y de su causa. 

   Es necesario aplastarla donde quiera que brote, si queremos que alguna vez  el mundo alcance el mediodía brillante de los pueblos. 

   Y si no queremos que vuelva a caer la noche sobre su victoria. 

   Los enemigos de Perón.

   Yo los he conocido de cerca y de frente. 

   Yo no me quedé jamás en la retaguardia de sus luchas. 

   Estuve en la primera línea del combate; peleando los días cortos y las noches largas de mi afán, infinito como la sed de mi corazón, y cumplí dos tareas, ¡no sé cuál más digna de una vida pequeña como la mía, pero mi vida al fin!: una, pelear por los derechos de mi pueblo; y otra, cuidar las espaldas de Perón. 

   En esa doble tarea, inmensa para mí, que no tenía más armas que mi corazón enardecido, yo conocí a los enemigos de Perón y de mi pueblo. 

   ¡Son los mismos! ¡Sí!

   Nunca ví a nadie de nuestra raza, ¡la raza de los del pueblo!, peleando contra Perón. 

   A otros en cambio sí. 

   A veces los he visto fríos e insensibles.  

   Declaro con toda la fuerza de mi fanatismo que siempre me repugnaron.  

   Los he sentido frío de sapos o de culebras.  Lo único que los mueve es la envidia.  

   No hay que tenerles miedo.  

   ¡La envidia de los sapos nunca pudo tapar el canto de los ruiseñores!  

   Pero hay que apartarlos del camino. 

   No pueden estar cerca del pueblo ni de los hombres que el pueblo elige para conducirlos. 

   Y menos ser dirigentes del pueblo. 

   Los dirigentes del pueblo tienen que ser fanáticos del pueblo. 

   Si no, se marean en la altura, ¡y no regresan! 

   Yo los he visto también con el mareo de las cumbres.  

 

5. Los fanáticos 

   Solamente los fanáticos –que son idealistas y son sectarios- no se entregan.  

   Los fríos, los indiferentes, no deben servir al pueblo, porque no pueden servirlo aunque quieran. 

   Para servir al pueblo hay que estar dispuestos a todo, incluso a morir. 

   Los fríos no mueren por una causa sino por casualidad.  

   Los fanáticos sí. 

   Me gustan los fanáticos y todos los fanatismos de la historia.  

   Me gustan los héroes, y los santos, y los mártires, cualquiera sea la causa y la razón de su fanatismo. 

   El  fanatismo convierte a la vida en un morir permanente y heroico; pero es el único camino que tiene la vida para vencer a la muerte. 

   Por eso soy fanática.  

   Daría mi vida por Perón y por el pueblo.  

   Porque estoy segura que solamente dándola me ganaré el derecho de vivir en ellos para toda la eternidad. 

   Así, fanáticas quiero que sean las mujeres de mi pueblo y fanáticos los trabajadores y los descamisados. 

   El fanatismo es la única fuerza que Dios le dejó al corazón para ganar sus batallas. 

   Es la gran fuerza de los pueblos: la única que no poseen sus enemigos, porque ellos han suprimido del mundo todo lo que suene a corazón. 

   Por eso los venceremos.  

   Ellos tienen dinero, privilegios, jerarquías, poder, riquezas.  

   Pero no podrán ser nunca fanáticos.  

   Porque no tienen corazón.  

   Nosotros sí. 

   Ellos no pueden ser idealistas porque las ideas tienen su raíz en la inteligencia pero los ideales tienen su pedestal en el corazón. 

   Ellos no pueden ser fanáticos porque las sombras no pueden mirarse en el espejo del sol. 

   Frente a frente, ellos y nosotros, ellos con todas las fuerzas del mundo y nosotros con nuestro fanatismo, siempre venceremos nosotros. 

   Tenemos que convencernos para siempre.

   El mundo será para los pueblos si los pueblos decidimos enardecernos en el fuego sagrado del fanatismo, pero enardecernos significa quemarnos para poder quemar, sin escuchar la sirena de los mediocres y de los imbéciles que nos hablan de prudencia. 

   Ellos que hablan de la dulzura y del amor se olvidan que Cristo dijo: -¡Fuego he venido a traer sobre la tierra y que más quiero sino que arda! 

   El nos dio un ejemplo divino de fanatismo. 

   ¿Qué son a su lado los eternos predicadores de la mediocridad?  

 

6. Ni fieles ni rebeldes 

   Yo he medido con la vara de mi corazón la frialdad y el fanatismo de los hombres. 

   Los dos extremos han desfilado permanentemente ante mis ojos.  

   El paisaje de estos años de mi vida es un inmenso contraste de luces y sombras. 

   En todos los momentos de esta vida mía me es dado contemplar y sufrir ese tremendo encuentro del fanatismo y de la indiferencia. 

   Confieso que no me duele tanto el odio de sus enemigos como la frialdad y la indiferencia de los que debieron ser amigos de la causa maravillosa de Perón. (1) 

   Comprendo más y casi diría que perdono más el odio de la oligarquía que la frialdad de algún hijo bastardo del pueblo que no lo siente ni lo comprende a Perón. 

   Si alguna cosa tengo que reprocharle a las altas jerarquías militares y clericales es precisamente su frialdad y su indeferencia ante el drama del mi pueblo.  

   Sí. No exagero.

   Lo que sucede en nuestro pueblo es drama, auténtico y extraordinario drama por la posesión de la vida.  

   De la felicidad.  

   Del simple y sencillo bienestar que mi pueblo venía soñando desde el principio de la historia. 

   El 17 de octubre fue un encuentro del Pueblo con Perón. 

   Aquella noche inolvidable se selló el destino de los dos; y así empezó el inmenso drama. 

   Frente a un mundo de pueblos sometidos Perón levantó la bandera de nuestra liberación. 

   Frente a un mundo de pueblos explotados Perón levantó la bandera de la justicia. 

   Yo lo sumé a mi corazón y entrelacé las dos banderas de la justicia y de la libertad con un poco de amor.  

   Pero todo –la libertad, la justicia, el amor, Perón y su pueblo-, todo esto es demasiado para que pueda mirarse con indiferencia o con frialdad. 

   Todo esto merece odio o merece amor. 

   Los tibios, los indiferentes, las reservas mentales, los peronistas a medias me dan asco. 

   Me repugnan porque no tienen olor ni sabor. 

   Frente al avance permanente e inexorable del día maravilloso de los pueblos también los hombres se dividen en los tres campos eternos del odio, de la indiferencia y del amor. 

   Hay fanáticos del pueblo. 

   Hay enemigos del pueblo. 

   Hay indiferentes. 

   Estos pertenecen a la clase de hombres que Dios señaló ya en las puertas del infierno. 

   Nunca se jugaron por nada. 

   Son como -los ángeles que no fueron ni fieles ni rebeldes.”  

 

7. Caiga quien caiga 

   Yo lo he visto a Perón peleando incansablemente por su pueblo frente a las fuerzas dominantes de la humanidad. 

   Este capítulo está dedicado a ellos. 

   No puedo callarlo porque sería mentirle a mi pueblo, a todos los pueblos de la tierra que han sufrido y sufren la despiadada prepotencia de los imperialismos. 

   Es hora de decir la verdad cueste lo que cueste y caiga quien caiga. 

   Existen en el mundo naciones explotadoras y naciones explotadas. 

   Yo no diría nada si se tratase solamente de naciones.  

   Pero es que detrás de cada nación que someten los imperialismos hay un pueblo de esclavos y de hombres y mujeres explotados. 

   Y aún las mismas naciones imperialistas esconden siempre detrás de sus grandezas y de sus oropeles la realidad amarga y dura de un pueblo sometido. 

   Los imperialismos han sido y son la causa de las grandes desgracias de la humanidad.  

   ¡De la humanidad que se encarna en los pueblos! 

   Esta es la hora de los pueblos. 

   Que es como decir la hora de la humanidad. 

   Todos los enemigos de la humanidad tienen las horas contadas.

   ¡También los imperialismos! 

   Esta es la hora de los pueblos lo único compatible con la felicidad de los hombres será la existencia de naciones justas, soberanas y libres como quiere la doctrina de Perón. 

   Y esto sucederá en este siglo.

   Y aunque parezca una letanía de mi fanatismo sucederá -caiga quien caiga y cueste lo que cueste.  

 

8. Los imperialismos 

   ¡Los imperialismos! 

   A Perón y a nuestro pueblo les ha tocado la desgracia del imperialismo capitalista. 

   Yo lo he visto de cerca en sus miserias y en sus crímenes. 

   Se dice defensor de la justicia mientras extiende las garras de su rapiña sobre los bienes de todos los pueblos sometidos a su omnipotencia. 

   Se proclama defensor de la libertad mientras va encadenando a todos los pueblos que de buena o mala fe tienen que aceptar sus inapelables exigencias.

 

9. Los que se entregan 

   Pero lo más abominable que el imperialismo son los hombres de las oligarquías nacionales que se entregan vendiendo y a veces regalando por monedas o por sonrisas la felicidad de sus pueblos. 

   Yo los he conocido también de cerca. 

   Frente a los imperialismos no he sentido otra cosa que la indignación del odio frente a los entregadores de sus pueblos a la indignación del odio he sumado la infinita indignación de mi desprecio. 

   Muchas veces los he oído disculparse ante mi agresividad irónica y mordaz.

- No podemos hacer nada. 

   Lo he oído muchas veces; en todos los tonos de la mentira. 

   ¡Mentira!

   ¡Sí! ¡Mil veces mentira! 

   Hay una sola cosa invencible en la tierra: la voluntad de los pueblos. 

   No hay ningún pueblo en la tierra que no pueda ser justo, libre y soberano. 

- No podemos hacer nada –es lo que dicen todos los gobiernos cobardes de las naciones sometidas. 

   Pero no lo dicen por convencimiento sino por conveniencias.  

 

10. Por cualquier medio 

   No somos un pequeño pueblo de la tierra.

   Y sin embargo con nosotros Perón decidió ganar, frente al imperialismo capitalista, nuestra propia justicia y nuestra propia libertad. 

   Y somos justos y libres. 

   Podrá costar más o menos sacrificio, ¡pero siempre se puede! 

   No hay nada que sea más fuerte que un pueblo.

   Lo único que se necesita es decidirlo a ser justo, libre y soberano. 

   ¿Los procedimientos?  

   Hay mil procedimientos eficaces para vencer: con armas o sin armas, de frente o por la espalda, a la luz del día o a la sombra de la noche, con un gesto de rabia o con una sonrisa, llorando o cantando, por los medios legales o por los medios ilícitos que los mismos imperialismos utilizan en contra de los pueblos. 

   Yo me pregunto, ¿qué pueden hacer un millón de corazones, un millón de aviones y un millón de bombas atómicas contra un pueblo que decide sabotear a sus amos hasta conseguir la libertad y la justicia? 

   Frente a la explotación inicua y execrable todo es poco.

   Y cualquier cosa es importante para vencer.  

 

11. El hambre y los intereses  

   El alma de los imperialismos es el hambre, pero nosotros los pueblos sabemos lo que es morir de hambre. 

   El talón de Aquiles del imperialismo son sus intereses. 

   Donde esos intereses del imperialismo se llamen petróleo basta, para vencerlos, con echar una piedra en cada pozo. 

   Donde se llame cobre o estaño basta con que se rompan las máquinas que los extraen de la tierra, o que se crucen de brazos los trabajadores explotados. 

   ¡No pueden vencernos! 

   Basta que nos decidamos. 

   Así quiso que fuese Perón entre nosotros. Y vencimos. 

   Y no podrán jamás arrebatarnos nuestra justicia, nuestra libertad y nuestra soberanía. 

   Tendrán que matarnos uno por uno a todos los argentinos. 

   Y eso, ya no podrán hacerlo jamás.  

 

12. El odio y el amor 

   En estos años de mi lucha he aprendido cómo juegan su papel en el gobierno de los pueblos las fuerzas políticas nacionales e internacionales, las fuerzas económicas y espirituales de la tierra y cómo se disfrazan las ambiciones de los hombres. 

   Yo he visto a Perón enfrentándolos de pie, sereno e imperturbable, mirando siempre más allá de su vida y de su tiempo, con los ojos puestos exclusivamente en la felicidad de su pueblo y en la grandeza de su Patria. 

   Nada ni nadie pudo ni podrá apartarlo de su camino. 

   Yo recuerdo cómo, en los primeros tiempos de su lucha, debió enfrentar la calumnia que intentaba separarlo de sus descamisados diciendo que él era un peligro para el pueblo porque era militar. 

   Algunos años después, como la calumnia no prosperó, sus enemigos trataron de enfrentarlo con las fuerzas armadas, diciendo que Perón intentaba crear una fuerza en los trabajadores para sustituir el influjo militar en el Gobierno de la República. (1) 

   Sobre todas estas cosas quiero decir la verdad. 

   ¡Mi auténtica verdad!

   Y espero que alguna vez se imponga sobre tanta mentira o, por lo menos, -aunque no crean-, sirva para algo a los pueblos del mundo en sus luchas por la justicia y por la libertad. 

  Yo declaro que pertenezco ineludiblemente y para siempre a la -ignominiosa raza de los pueblos. 

   De mí no se dirá jamás que traicioné a mi pueblo, mareada por las alturas del poder y de la gloria. 

   Eso lo saben todos los pobres y todos los ricos de mi tierra. 

   Por eso me quieren los descamisados y los otros me odian y me calumnian. 

   Nadie niega en mi Patria que para bien o para mal, yo no me dejé arrancar el alma que traje de la calle. 

   Por eso también, porque sigo pensando y sintiendo como pueblo, yo no he podido vencer todavía nuestro resentimiento con la oligarquía que nos explotó. 

   ¡Ni quiero vencerlo!  

   Lo digo todos los días con mi vieja indignación descamisada, dura y torpe, pero sincera como la luz que no sabe cuando alumbra y cuando quema o como el viento que no distingue entre borrar las nubes del cielo y sembrar la desolación en su camino. 

   Yo no entiendo los términos medios ni las cosas equilibradas. 

   Yo sólo reconozco dos palabras como hijas predilectas de mi corazón: el odio y el amor. 

   Nunca sé cuándo odio ni cuándo estoy amando. 

   Y en este encuentro confuso del odio y del amor frente a la oligarquía de mi tierra –y frente a todas las oligarquías del mundo-, yo no he podido tampoco encontrar todavía el equilibrio que me reconcilie del todo con las fuerzas que sirvieron antaño entre nosotros a la raza maldita de los explotadores.  

 

13. Los altos círculos 

   Me rebelo indignada con todo el veneno de mi odio o con todo el incendio de mi amor –no lo sé todavía- en contra del privilegio que constituyen todavía los altos círculos de las fuerzas armadas y clericales. (1) 

    Tengo plena conciencia de los que escribo.

    Yo sé lo que sienten y lo que piensan de esos círculos los hombre y mujeres humildes que constituyen el pueblo, ¡todos los pueblos de la humanidad! 

   Yo no los conozco “personalmente”. 

   Aunque “personalmente” me combatieron y me combaten como enemiga declarada de sus propósitos y de sus intenciones. 

   En el fondo de mi corazón yo no deseo otra cosa que salvarlos de mi acusación, señalándoles el camino del pueblo por donde llega el porvenir de la humanidad. 

   Yo sé que la religión es el alma de los pueblos; y que a los pueblos les gusta ver en sus ejércitos la fuerza pujante de sus muchachos como garantía de su libertad y como expresión de la grandeza de su Patria. 

   Pero yo se también que a los pueblos le repugna la prepotencia militar que se atribuye el monopolio de la Patria y que no concilian la humildad y la pobreza de Cristo con la fastuosa soberbia de los dignatarios eclesiásticos que se atribuyen el monopolio absoluto de la religión. 

   La Patria es del pueblo lo mismo que la religión. 

   No soy antimilitarista ni anticlerical; en el sentido que quieren hacerme aparecer mis enemigos. 

   Lo saben los humildes sacerdotes del pueblo que también me comprenden a despecho de algunos altos dignatarios del clero rodeados y cegados por la oligarquía. 

   También lo saben los hombres honrados que en las fuerzas armadas no han perdido contacto con el pueblo. 

   Los que no quieren comprenderme son los enemigos del pueblo metidos a militares. 

   Estos no.

   Ellos desprecian al pueblo y por eso lo desprecian a Perón que siendo militar abrazó la causa del pueblo, aún a costa de abandonar en cierto momento su carrera militar. 

   Yo veo no sólo el panorama de mi propia tierra.

   Veo el panorama del mundo y en todas partes pueblos sometidos por gobiernos que explotan a sus pueblos en beneficio propio o de lejanos intereses.

   Y detrás de cada gobierno impopular he aprendido a ver ya la presencia militar, solapada y encubierta o descarada y prepotente. 

   En este mensaje de mis verdades, no puedo callar, esta verdad irrefutable que se cierne como la más grande sombra cubriendo los horizontes de la humanidad. 

   Es necesario que los pueblos destruyan los altos círculos de sus fuerzas militares gobernando a las naciones. 

   ¿Cómo?

   Abriendo al pueblo sus cuadros dirigentes. 

   Los ejércitos deben ser del pueblo y servirlo; deben servir a la causa de la justicia y la libertad. 

   Es necesario convencerlos de que la Patria no es una geografía de fronteras más o menos dilatadas sino el pueblo. 

   La Patria sufre o es feliz en el pueblo que la forma. 

   En la hora de nuestra raza, ¡en la hora de los pueblos!

   La Patria alcanzará su más alta verdad. 

   Es necesario que los ejércitos del mundo defiendan a sus pueblos sirviendo la causa de la justicia y de la libertad. 

   Solamente así se salvarán de caer en el odio contra eso que antes se llamaba Patria, y que era una mentira más, ¡una bella mentira que inventó la oligarquía cuando empezó a vender la dignidad del pueblo, es decir, la dignidad augusta y maravillosa de la Patria!  

 

14. El pueblo la única fuerza 

   Yo no sé si no será posible que alguna vez el mundo cancele todo cuanto signifique una fuerza de agresión y entonces desaparezcan las necesidades de sostener ejércitos para la defensa; pero mientras tanto eso – que sería ideal, acaso lo sobrenatural o lo imposible-, no suceda, los pueblos del mundo deben cuidar que sus fuerzas militares no se conviertan en cadenas o instrumentos de su propia opresión. 

   El ejército de mi Patria custodió las elecciones de 1946 que consagraron a Perón, Presidente de los argentinos. 

   En aquella ocasión fueron sus militares una garantía para el pueblo. 

   A pesar de ello yo considero que la función militar no debe ser en ningún caso garantía cívica de la justicia y la libertad, ¡porque la fuerza suele tentar a los hombres, lo mismo que el dinero! (1) 

   La garantía de la voluntas soberana del pueblo debe estar en el pueblo.

   Sacarla de sus manos es reconocer una debilidad que no existe, porque los pueblos constituimos por nosotros mismos la fuerza más poderosa que poseen las naciones. 

   Lo único que debemos hacer es adquirir plena conciencia del poder que poseemos y no olvidamos de que nadie puede hacer nada sin el pueblo y nadie puede hacer tampoco nada que no quiera el pueblo.

   ¡Sólo basta que los pueblos nos decidamos a ser dueños de nuestros propios destinos! 

   Todo lo de más es cuestión de enfrentar al destino.

   ¡Basta eso para vencer!

   ¡Y si no que lo diga nuestro pueblo!  

 

15. Servir al pueblo 

   En estos momentos el mundo es una inmensa fortaleza. (1) 

   Todos los gobiernos han sido dominados por los altos círculos de sus fuerzas armadas. 

   Así como la Edad Media fue clerical y la iglesia gobernó sobre los pueblos por medio de los reyes o los reyes dominaron a los pueblos valiéndose del clero, así en la Edad de nuestro siglo las fuerzas armadas mandan sobre los pueblos infiltradas en los Gobiernos de las naciones o los gobiernos oprimen y sojuzgan y explotan a los pueblos valiéndose del instrumento colosal de sus ejércitos. 

   Todo militar es un mundo nuestro.

   Yo no diría una sola palabra si las fuerzas armadas fuesen instrumentos fieles del pueblo.

   Pero no.  

   Son casi siempre carne de oligarquía.

   O porque la oligarquía copó los altos círculos de la oficialidad o porque los oficiales que el pueblo dio a sus fuerzas armadas se entregaron, olvidándose del pueblo, de sus dolores, ¡de su inmenso dolor! 

   Nosotros, el pueblo, tenemos que ganar las altas jerarquías de las fuerzas armadas de las naciones. 

   No se trata de destruirlas, aunque yo pienso que alguna vez serán inútiles. 

   Se trata de convertirlas al pueblo y después, cuando todos sus dirigentes –sus oficiales- sean carne y alma del pueblo habrá que permanecer alertas, vigilándolas para que no se entreguen otra vez. 

   Yo no creo que la solución sea la que adoptaron los espartanos en los años de su decadencia y que los generales tengan que ser elegidos por el pueblo. 

   El pueblo tiene que elegir a sus gobernantes para que ellos hagan lo que el pueblo quiere.

   Y los generales deben servir al gobierno del pueblo con plena y absoluta conciencia de que nada en la Nación puede sobreponerse ni oponerse a la voluntad del pueblo.   

 

16. La grandeza o la felicidad 

   La Patria no es patrimonio de ninguna fuerza porque la Patria es del pueblo y nada puede sobreponerse al pueblo sin que corran peligro la libertad y la justicia. 

   Las fuerzas armadas sirven a la Patria sirviendo al pueblo. 

   El error de algunas fuerzas armadas consiste en creer que servir a la Patria es una cosa distinta, y entonces en aras de lo que ellos creen es la Patria no les importa sacrificar al pueblo, sometiéndolo a las reglas de la prepotencia militar. 

   En todos estos siglos de la historia ha sucedido lo mismo. 

   El espíritu militar ha considerado que el gran ideal de su existencia consistía en alcanzar la grandeza de la nación y que, ante ese objetivo supremo se justificaba todo, incluso sacrificar la felicidad del pueblo. 

   Perón nos ha enseñado que la felicidad del pueblo es lo primero; que no se puede hacer la grandeza de un país con un pueblo que no tiene bienestar. 

   Las fuerzas armadas del mundo deben convencerse de esta absoluta verdad del peronismo. 

   Si no los pueblos mismos, por su propia mano, con la conciencia plena de nuestro poderío insuperable, las iremos borrando en la historia de la humanidad.  

 

17. Somos más fuertes  

   Todas estas ideas y razones me llevaron a decirle a mi pueblo y a todos los pueblos del mundo en este mensaje de mis verdades: nadie puede más que nosotros. 

   Somos más fuertes que todas las fuerzas armadas de todas las naciones. 

   Si nosotros no queremos que la fuerza bruta de las armas nos domine no podrá dominarnos. 

   Con las armas pueden matarnos, pero morir de hambre es más dolor, ¡y nosotros sabemos lo que es morir de hambre! 

   Pero no podrán matarnos.

   Los soldados son hijos nuestros y no se atreverán a tirar sobre sus madres, aunque los manejen miles y miles de oficiales entregados y vendidos a la oligarquía. 

   Podrán vencernos un día, en la noche o de sorpresa, pero si al día siguiente nos largamos a la calle, o nos negamos a trabajar, o saboteamos todo cuanto ellos quieran mandar, tendrán que resignarse a devolvernos la libertad y la justicia. 

   Si toda esta resistencia puede organizarse mejor, pero si no, lo mismo venceremos con tal que tengamos plena conciencia de nuestro poderío soberano.

   Debemos convencernos definitivamente de una sola cosa: de que el gobierno debe ser del pueblo, y nadie sino el pueblo puede ocuparlo porque si no, no será tampoco para el pueblo. 

   La hora de los pueblos no será alcanzada en nuestro siglo si no exigimos participación activa en el gobierno de las naciones. 

   Pero, ¿cómo?

   Como nosotros lo hemos hecho en nuestra tierra, gracias a Perón, llevando a los obreros y a las mujeres del pueblo a los más altos cargos y responsabilidades del Estado. 

   Y cuidando después que los dirigentes políticos del pueblo y los dirigentes sindicales no pierdan contacto con las masas que representan. 

   Los gobernantes del pueblo deben seguir viviendo con el pueblo.

   Es una condición fundamental para que los pueblos no empiecen a sentirse traicionados y para gobernar con sentido real de lo auténticamente popular.  

 

18. Vivir con el pueblo

   Es lindo vivir con el pueblo. 

   Sentirlo de cerca.

   Sufrir sus dolores y gozar con la simple alegría de su corazón. 

   Pero nada de todo eso se puede si previamente no se ha decidido definitivamente encamarse con el pueblo.

   Hacerse una sola carne con él para que todo dolor y toda tristeza y angustia y toda alegría del pueblo sea lo mismo que si fuera nuestra. 

   Eso es lo que yo hice, poco a poco en mi vida. 

   Por eso el pueblo me alegra y me duele. 

   Me alegra cuando lo veo feliz, y cuando yo puedo añadir un poco de mi vida a su felicidad. 

   Y me duele cuando sufre, o cuando los hombres del pueblo o quienes tienen la obligación de servirlo en vez de buscar la felicidad del pueblo,lo traicionan. 

   También tengo para ellos una palabra dura y amarga en este mensaje de mis verdades. Yo los he visto marearse con las alturas. 

   Dirigentes obreros entregados a los amos de la oligarquía por una sonrisa, por un banquete o por unas monedas. 

   Yo los denuncio como traidores entre la inmensa masa de trabajadores de mi pueblo y de todos los pueblos. 

   Hay que cuidarse de ellos. 

   Son los peores enemigos del pueblo porque ellos han renegado de nuestra raza. 

   Sufrieron como nosotros pero se olvidaron de nuestro dolor para gozar la vida sonriente que nosotros les dimos otorgándoles una jerarquía sindical.  

 

19. Las jerarquías clericales 

   Entre los hombres fríos de mi tiempo yo señalo a las jerarquías clericales cuya inmensa mayoría padece de una inconcebible indiferencia frente a la realidad sufriente de los pueblos. (1) 

   Declaro con absoluta sinceridad que me duele como un desengaño estas palabras de mi dura verdad. 

   Yo no he visto, sino por excepción entre los altos dignatarios del clero, generosidad y amor, como se merecía de ellos la doctrina de Cristo que inspiró a la doctrina de Perón. 

   En ellos simplemente he visto mezquinos y egoístas intereses y una sórdida ambición de privilegio. 

   Yo los acuso desde mi dignidad no para mal sino para bien. 

   No les reprocho haberlo combatido sordamente a Perón, desde sus conciliábulos con la oligarquía. 

   No les reprocho haber sido ingratos con Perón que les dio de su corazón cristiano lo mejor de su buena voluntad y de su fe. 

   Les reprocho haber abandonado a los pobres; a los humildes, a los descamisados, a los enfermos, y haber preferido en cambio la gloria y los honores de la oligarquía. 

   Les reprocho haber traicionado a Cristo, que tuvo misericordia de las turbas, olvidándose del pueblo, y les reprocho haber hecho todo lo posible por ocultar el nombre y la figura de Cristo tras la cortina de humo con que lo inciensan. 

   Yo soy y me siento cristiana. Porque soy católica.

   Pero no comprendo que la religión de Cristo sea compatible con la oligarquía y el privilegio. 

   Esto no lo entenderé jamás.

   Como no lo entiende el pueblo. 

   El clero de los nuevos tiempos si quiere salvar al mundo de la destrucción espiritual tiene que convertirse al cristianismo; empezando por descender al pueblo, como Cristo, viviendo con el pueblo, sufriendo con el pueblo, sintiendo con el pueblo.

   Porque no viven ni sufren ni sienten ni piensan  con el pueblo estos años de Perón están pasando sobre sus corazones sin despertar una sola resonancia. 

   Tienen el corazón cerrado y frío. 

   ¡Ah! ¡Si supieran qué lindo es el pueblo, se lanzarían a conquistarlo para Cristo que hoy, como hace dos mil años, tiene misericordia de sus turbas!  

 

20. La Religión 

   Cristo les pidió que evangelizasen a los pobres, y por eso ellos no debieron jamás abandonar al pueblo donde está la inmensa masa oprimida de los pobres. 

   Los políticos clericales de todos los tiempos y en todos los países quieren ejercer el dominio y aún la explotación del pueblo por medio de la Iglesia y la Religión, y muchas veces, para desgracia de la fe, el clero ha servido a los políticos enemigos del pueblo predicando una estúpida resignación, que no sé todavía cómo puede conciliarse con la dignidad humana ni con la sed de Justicia cuya bienaventuranza se canta en el Evangelio. 

   También el clero político pretende ejercer en todos los países el dominio y aún la explotación del pueblo por medio del gobierno, y esto también es peligroso para la felicidad del pueblo. 

   Los dos caminos del clericalismo político y de la política clerical deben ser evitados por los pueblos del mundo si quieren ser alguna vez felices. 

   Yo no creo como Lenín que la religión sea el opio de los pueblos. 

   La religión debe ser en cambio la liberación de los pueblos; porque cuando el hombre se enfrenta con Dios alcanza las alturas de su extraordinaria dignidad. 

   Si no hubiese Dios, si no estuviésemos destinados a Dios, si no existiese religión, el hombre sería un poco de polvo derramado en el abismo de la eternidad. 

   Pero Dios existe, y por él somos dignos y por él todos somos iguales y ante él nadie tiene privilegios sobre nadie. 

   ¡Todos somos iguales! 

   Yo no comprendo entonces por qué, en nombre de la Religión y en nombre de Dios, puede predicarse la resignación ante la injusticia, y por qué no puede reclamarse en cambio, en nombre de Dios y en nombre de la Religión, esos supremos derechos de todos, a la justicia, a la libertad. 

   La Religión no ha de ser jamás instrumento de opresión para los pueblos.

   Tiene que ser bandera de rebeldía. 

   La Religión está en el alma de los pueblos porque los pueblos viven cerca de Dios, en contacto con el aire puro de la inmensidad.

   Nadie podrá impedir que los pueblos tengan fe. 

   Si la perdiesen, toda la humanidad estaría perdida para siempre.

   Yo me rebelo contra las religiones que hacen agachar la frente de los hombres y el alma de los pueblos. 

   Eso no puede ser religión. 

   La Religión debe levantar la cabeza de los hombres. 

   Yo admiro a la Religión que puede hacerle decir a un humilde descamisado frente a un emperador: - ¡Yo soy lo mismo que usted, hijo de Dios!

   La Religión volverá a tener su prestigio entre los pueblos si sus predicadores la enseñan así, como fuerza de rebeldía e igualdad, no como instrumento de opresión. Predicar la resignación, es predicar la esclavitud. 

   Es necesario en cambio predicar la libertad y la justicia. 

   ¡Es el amor el único camino por el que la Religión podrá llegar a ver el día de los pueblos! 

 

21. Las formas y los principios 

   Yo vivo con mi corazón pegado al corazón de mi pueblo y conozco por eso todos sus latidos. 

   Yo sé como siente, como piensa y como sufre.

   No se me escapa que muchas veces ha sido engañada y que en materia religiosa  tiene demasiados prejuicios y acepta numerosos errores. 

   Yo no me siento autorizada para juzgar sobre este trascendente tema.

   Mi mensaje está destinado a despertar el alma de los pueblos de su modorra frente a las infinitas formas de opresión. 

   Y una de esas formas es la que utiliza el profundo sentido religioso de los pueblos como instrumento de esclavitud. 

   El sentimiento religioso debe ser defendido por los pueblos y por eso todas sus deformaciones reclaman una condenación imperdonable. 

   Yo creo que tanto mal han hecho a la humanidad los que creen que la religión es una simple colección de formalidades exteriores como aquellos que no ven otra cosa que principios de absoluta rigidez. 

   La religión es para el hombre y no el hombre para la religión y por eso la religión ha de ser profundamente humana, ¡profundamente popular! 

  Y para que la religión sea así, profundamente popular, debe volver a ser como antes. 

   Ha de volver a hablar el lenguaje del corazón que es el lenguaje del pueblo, olvidándose de los ritos excesivos y de las complicaciones teológicas también excesivas. 

   Cuando al pueblo se le habla con sencillez y con amor, el pueblo acepta la verdad que se le ofrece.

   Y con más todavía si se le predica con el ejemplo. 

   Desgraciadamente nuestro pueblo y acaso todos los pueblos de la tierra sólo han visto demasiado interés en los predicadores de la fe, ¡y acaso por eso mismo les han cerrado el corazón!  

 

22. Los pueblos y Dios 

   Muchas veces, en estos años de mi vida, he pensado qué lejos estaban ciertos predicadores y apóstoles de la religión del corazón del pueblo.

   Porque la frialdad y el egoísmo de sus almas no podían contagiar a nadie ni sembrar en las almas el ardor de la fe, que es fuego ardiente. 

   Yo sé, -y lo declaro con todas las fuerzas de mi espíritu-, que los pueblos tienen sed de Dios. 

   Y sé también cómo trabajan sacerdotes humildes en apagar aquella sed. 

   Mi acusación no va dirigida contra éstos, sino a quienes por egoísmo, por vanidad, por soberbia o por interés o por cualquier otra razón indigna la causa que dicen defender aleja a los pueblos de la verdad cerrándoles el camino de Dios. 

   Dios les exigirá algún día la cuenta precisa y meticulosa de sus traiciones, con mucha más severidad que a quienes con menos teología pero con más amor nos decidimos a darlo todo por el pueblo.

   Con toda el alma.  

   ¡Con todo el corazón!  

 

23. Los ambiciosos 

   Enemigos del pueblo son también los ambiciosos. 

   Muchas veces los he visto llegar hasta Perón, primero como amigos mansos y leales y yo misma me engañé con ellos, proclamando su lealtad que después tuve que desmentir. 

   Los ambiciosos son fríos como culebras; pero saben disimularlo muy bien. 

   Son enemigos del pueblo porque ellos no servirán jamás al pueblo sino a sus intereses personales. 

   Yo los he perseguido en el movimiento peronista y los seguiré persiguiendo implacablemente en defensa del pueblo. 

   Son los caudillos. (1) Tienen el alma cerrada a todo lo que no sean ellos.

   No trabajan para una doctrina ni les interesa un ideal.

   La doctrina y el ideal son ellos. 

   La hora de los pueblos no llegará con ningún caudillo porque los caudillos mueren y los pueblos son eternos.

   Por eso es grande Perón, porque no tiene otra ambición que la felicidad de su Pueblo y la grandeza de su Patria, y porque ha creado una doctrina –una doctrina que es un ideal-, para que su Pueblo siga su doctrina y no su nombre. 

   Yo pienso en cambio que los pueblos cuando encuentran un hombre digno de ellos no siguen su doctrina sino su nombre, porque en el hombre y en el nombre ven encarnarse a la doctrina misma; y no pueden concebir la doctrina sin su creador. 

   Por eso yo puedo concebir al Nacional Justicialismo sin Perón; y por eso he declarado tantas veces que soy peronista y no justicialista, porque el Nacional Justicialismo es la doctrina en cambio el peronismo es Perón y la doctrina.  

   ¡La realidad viva que nos hizo y que nos hace felices! 

   Los caudillos en cambio, los ambiciosos, no tienen doctrina porque no tienen otra conducta que su egoísmo. 

   Hay que buscarlos y marcarlos a fuego para que nunca se conviertan en dueños de vida y haciendas del pueblo.

   Yo los he conocido de cerca y de frente y algunas veces incluso me han engañado por lo menos momentáneamente. 

   Hay que identificarlos.

   Hay que destruirlos.

   La causa del pueblo exige nada más que hombres del Pueblo que trabajen para el Pueblo, no para ellos. 

   En esto se distinguen los ambiciosos: en que trabajan para ellos; nada más que para ellos.

   Nunca buscan la felicidad del pueblo.

   Siempre buscan más bien su propia vanidad y enriquecerse pronto.

   El dinero, el poder y los honores son las tres grandes causas, los tres ideales de todos los ambiciosos. 

   No he conocido ningún ambicioso que no buscase alguna de estas tres cosas.

   O las tres al mismo tiempo. 

   Los pueblos deben cuidar a los hombres que eligen para regir sus destinos.

   Y deben rechazarlos y destruirlos cuando los vean sedientos de riquezas, de poder o de honores. 

   La sed de riquezas es fácil de ver. Es la primera que aparece a la vista de todos. 

   Sobre todo a los dirigentes sindicales hay que cuidarlos mucho. (2) 

   Se marean también ellos y no hay que olvidar que cuando un político se deja dominar por la ambición es nada más que un ambicioso; pero cuando un dirigente sindical se entrega al deseo del dinero, de poder o de honores es un traidor y merece ser castigado como un traidor. 

   El poder y los honores seducen también intensamente a los hombres y los hacen ambiciosos.

   Empiezan a trabajar para ellos y se olvidan del pueblo. 

   Esta es la manera de identificarlos.

   Y el pueblo tiene que conocerlos y destruirlos. Solamente así, los pueblos serán libres.

   Porque todo ambicioso es un prepotente capaz de convertirse en un tirano. 

   ¡Hay que cuidarse de ellos como del diablo!  

 

24. 

   No quisiera morirme por Perón y por mis descamisados. 

   No por mí que ya he vivido todo lo que tenía que vivir. 

   Perón y los pobres me necesitan.  

 

25. 

    ¿Sabrán mis “grasitas” todo lo que yo los quiero?  

 

26. 

   Si alguien me preguntase, en estos momentos difíciles y amargos de mi vida cual es mi deseo más ferviente y cual mi voluntad más absoluta yo les diría: vivir eternamente con Perón y con mi pueblo. (1) 

   Muchas veces, en las horas largas y duras de mi enfermedad, he deseado vivir no por mí que ya he recibido de la vida todo cuanto podía pedir y más todavía.

   Sino por Perón y por mis grasitas, por mis descamisados. 

   La enfermedad y el dolor me han acercado a Dios; y he aprendido que no es injusto todo esto que me está sucediendo y que me hace sufrir. 

   Yo tenía todas las posibilidades de tomar, cuando me casé con Perón, el camino equivocado que conduce al mareo de las altas cumbres. 

   En cambio Dios me llevó por los caminos de mi pueblo y por haberlo seguido he llegado a recibir como nadie el cariño de los hombres, de las mujeres, de los niños y de los ancianos. 

   Pero le pido a Dios que me dé algunas vacaciones en mi sufrimiento.   

 

27. El gran delito 

    Muchas veces, sobre todo en los años de la revolución, oía como los altos jefes militares trataban de disuadirlo al Coronel de su amor por el pueblo. 

   Ellos no concebían que un oficial superior pudiese entregarse así a laChusma. (1) 

   Al principio creían que el Coronel hacía demagogia para conquistar el poder. 

   Fue entonces cuando, envidiosos del éxito de Perón le hicieron la primera revolución, le exigieron al Coronel su renuncia y lo encarcelaron en Martín García. (2) 

   Pero felizmente el pueblo ya lo había conocido a Perón.

   Ya no veía en él, al jefe militar con vocación de dictador sino al compañero cuyo corazón había sentido el dolor de nuestra raza. 

   Y el pueblo se lanzó a la calle dispuesto a todo.

   Los jefes militares de la reacción huyeron asustados y la oligarquía se escondió con ellos. (3) Fue el 17 de octubre de 1945. 

   Después, las cosas cambiaron. 

   El Coronel, ya presidente, siguió fiel a sus descamisados. 

   Ya no podía ser que fuese demagogo como decían. (4) 

   Era cierto entonces aquello de que Perón, un jefe militar, concedía importancia fundamental a los trabajadores de su pueblo. 

   Y a medida que los trabajadores se organizaban constituyendo la fuerza más poderosa del país, la oligarquía infiltrada también en las fuerzas armadas preparaban la reacción. (5) 

   Yo he presenciado la dura batalla de Perón con el privilegio de la fuerza tan dura como las luchas contra el privilegio del dinero o de la sangre. 

   Yo sé lo que ha sufrido, aunque he tenido el raro y maravilloso privilegio de ser algo así como el escudo donde se estrellaron siempre los ataques de sus enemigos. 

   Ellos, cobardes como todos los traidores, nunca lo atacaron de frente, lo atacaron por mí.  

   ¡Yo fui el gran pretexto! 

   Yo cumplí mi tarea gozosa y feliz, parando los golpes que iban dirigidos a Perón. 

   Sin embargo los que no me querían a mí, siempre terminaron por alejarse de Perón.

   De alguna manera se fueron.

   ¡Y muchos lo traicionaron! 

   ¡La verdad, la auténtica y pura verdad es que la gran mayoría de los que no quisieron a Perón, tampoco lo quieren sin mí! (6) 

   En cambio el pueblo, los descamisados, los obreros, las mujeres, que me quieren más a mí de lo que merezco, son fanáticos de Perón hasta la muerte. (7) 

   En el Pueblo reside la fuerza de Perón, no en el ejército.  

   Solamente el Pueblo lo quiere a Perón con fanatismo y sinceridad.  

  Y cuando en los últimos tiempos algunos oficiales de las fuerzas armadas quisieron “terminar” con Perón tuvieron que enfrentarse con el pueblo que rodeó a su Líder, oponiendo a los traidores el pecho descubierto.  

   La fuerza infinita del corazón.

   Aún en el ejército los hombres leales, aún los que cayeron en defensa de Perón, fueron hombres del pueblo, humildes pero nobles y  fieles ante la defección traidora de la oligarquía. 

   Aquel día, el 28 de septiembre yo me alegré profundamente de haber renunciado a la vicepresidencia de la República el 22 y el 31 de agosto. 

   Si no, yo hubiese sido otra vez el gran pretexto. 

   En cambio, la revolución militar vino a probar que la reacción militar era contra Perón.  

   Contra el infame delito cometido por Perón al entregarse a la voluntad del pueblo, luchando y trabajando por la felicidad de los humildes en contra de la prepotencia y de la confabulación de todos los privilegios con todas las fuerzas de la antipatria.  

   ¡Este es el gran delito de Perón! 

   El gran delito que yo bendigo desde el fondo de mi corazón descamisado.  

   En mí no tiene importancia ni tiene valor todo lo que yo siento de amor y de cariño por mi pueblo.  

   Porque yo vine del pueblo, yo sufrí con el pueblo. 

   En cambio el amor de Perón por los descamisados vale infinitamente más, porque dada su condición de Coronel, el camino más fácil de su vida era el de la oligarquía y de sus privilegios. 

   En cambio se decidió por el pueblo, contra toda probabilidad, venciendo las resistencias de muchos compañeros y abrazó nuestra causa definitivamente. 

   ¡Cometió el gran delito! 

   Pienso que cometiéndolo salvó él solo a las fuerzas armadas de mi Patria, del descrédito y del deshonor puesto que si Perón no fuese militar, nuestro pueblo estaría convencido de que las fuerzas armadas son reducto de la oligarquía.  

   Los militares tienen, en este año de Perón, la gran oportunidad de asegurarse el porvenir; ayudándolo a Perón en su tarea de -servir al Pueblo.

   Partiendo de la base fundamental de que eso no es delito porque es servir a la Patria.  

 

28. Una sola clase 

   Es necesario que los hombres y mujeres del pueblo sean siempre sectarios y fanáticos, que no se entreguen jamás a la oligarquía. 

   No puede haber como dice la doctrina de Perón más que una sola clase: los que trabajan. (1) 

   Es necesario que los pueblos impongan en el mundo entero esta verdad peronista. 

   Los dirigentes sindicales y las mujeres que son pueblo puro no pueden, no deben entregarse jamás a la oligarquía. 

   Yo no hago cuestión de clases.  

   Yo no auspicio la lucha de clases, pero el dilema nuestro es muy claro. 

   La oligarquía que nos explotó miles de años en el mundo tratará siempre de vencernos. 

   Con ellos no nos entenderemos nunca porque lo único que ellos quieren es lo único que nosotros no podremos darle jamás: nuestra libertad. 

   Para que no haya luchas de clases, yo no creo, como los comunistas que sea necesario matar a todos los oligarcas del mundo.

   No.  Porque sería cosa de no acabar jamás, ya que una vez desaparecidos los de ahora tendríamos que empezar con los peronistas convertidos a la oligarquía, en virtud de la ambición, de los honores, del dinero, del poder. (2) 

   El camino es convertir a todos los oligarcas del mundo: hacerlos pueblo… de nuestra clase y de nuestra raza. 

   ¿Cómo?  

   Haciéndolos trabajar para que integren la única clase que reconoce Perón: la de los hombres que trabajan.

   El trabajo es la gran tarea de los hombres, pero es la gran virtud. 

   Cuando todos sean trabajadores, cuando todos vivan del propio trabajo y no del trabajo ajeno, seremos todos más buenos, más hermanos; y la oligarquía será un recuerdo amargo y doloroso para la humanidad. 

   Pero mientras tanto lo fundamental es que los hombres del pueblo, los de la clase que trabaja, no se entreguen a la raza oligarca de los explotadores. 

   Todo explotador es enemigo del pueblo. 

   ¡La justicia exige que sea derrotado! 

 

MI VOLUNTAD SUPREMA 

   Quiero vivir eternamente con Perón y con mi Pueblo. 

   Esta es mi voluntad absoluta y permanente y será también por lo tanto cuando llegue mi hora, la última voluntad de mi corazón. 

   Donde esté Perón y donde estén mis descamisados allí estará siempre mi corazón para quererlos con todas las fuerzas de mi vida y con todo el fanatismo de mi alma. 

   Si Dios lo llevase del mundo a Perón antes que a mí yo me iría con él, porque no sería capaz de sobrevivir sin él, pero mi corazón se quedaría con mis descamisados, con mis mujeres, con mis obreros, con mis ancianos, con mis niños para ayudarlos a vivir con el cariño de mi amor: para ayudarlos a luchar con el fuego de mi fanatismo; y para ayudarlos a sufrir con un poco de mis propios dolores. 

   Porque he sufrido mucho; pero mi dolor valía la felicidad de mi pueblo.  

   Y yo no quise negarme –yo no quiero negarme-, yo acepto sufrir hasta el último día de mi vida si eso sirve para restañar alguna herida o enjugar alguna lágrima. 

   Pero si Dios me llevase del mundo antes que a Perón yo quiero quedarme con él y con mi pueblo, y mi corazón y mi cariño y mi alma y mi fanatismo seguirán en ellos. 

   Seguirán viviendo en ellos haciendo todo el bien que falta, dándoles todo el amor que no les pude dar en lo años de mi vida, y encendiendo en sus almas todos los días el fuego de mi fanatismo que me quema y me consume como una sed amarga e infinita. 

   Yo estaré con ellos para que sigan adelante por el camino abierto a la justicia a la libertad hasta que llegue el día maravilloso de los pueblos. 

   Yo estaré con ellos peleando en contra de todo lo que no sea pueblo puro, en contra de todo lo que no sea la ignominiosa raza de los pueblos. 

   Yo estaré con ellos, con Perón y con mi pueblo, para pelear contra la oligarquía vendepatria y farsante, contra la raza maldita de los explotadores y de los mercaderes de los pueblos. 

   Dios es testigo de mi sinceridad; y El sabe que me consume el amor de mi raza que es el pueblo. 

   Todo lo que se opone al pueblo me indigna hasta los límites extremos de mi rebeldía y de mis odios. 

   Pero Dios sabe también que nunca he odiado a nadie por sí mismo, ni he combatido a nadie con maldad sino para defender a mi pueblo; a mis obreros, a mis mujeres, a mis pobres grasitas a quienes nadie defendió jamás con más sinceridad que Perón y con más ardor que Evita. 

   Pero es más grande el amor de Perón por el pueblo que mi amor; porque él, desde su privilegio militar, supo encontrarse con el pueblo, supo subir hasta su pueblo, rompiendo todas las cadenas de su casta.

   Yo, en cambio, nací del pueblo y sufrí con el pueblo.

   Tengo carne y alma y sangre del pueblo.  

   Yo no podía hacer otra cosa que entregarme a mi pueblo. 

   Si muriese antes que Perón, quisiera que esta voluntad mía, la última y definitiva de mi vida sea leída en acto público en la Plaza de Mayo, el la Plaza del 17 de Octubre, ante mis queridos descamisados. 

   Quiero que sepan en ese momento, que los quise y que lo quiero a Perón con toda mi alma y que Perón es mi sol y mi cielo.  

   Dios no me permitirá que mienta si yo repito en este momento una vez más, como León Bloy que -no concibo al cielo sin Perón. 

   Pido a todos los obreros, a todos los humildes, a todos los descamisados, a todas las mujeres, a todos los pibes y a todos los ancianos de mi Patria que lo cuiden y lo acompañen a Perón como si fuese yo misma. 

   Quiero que todos mis bienes queden a disposición de Perón como representante soberano y único del pueblo. 

   Deseo que todos mis bienes, que considero en gran parte patrimonio del pueblo y del movimiento peronista que es del pueblo; y que todo lo que dé La Razón de mi Vida y Mi Mensaje sean considerados como propiedad absoluta de Perón y del pueblo argentino. 

   Mientras viva Perón el podrá hacer lo que quiera de todos mis bienes: venderlos, regalarlos e incluso quemarlos si quisiera, porque todo en mi vida le pertenece, todo es de él, empezando por mi propia vida que yo la entregué por amor y para siempre, de una manera absoluta. 

   Pero después de Perón, el único heredero de mis bienes debe ser el pueblo y pido a los trabajadores y a las mujeres de mi pueblo que exijan, por cualquier medio, el cumplimiento inexorable de esta voluntad suprema de mi corazón que tanto los quiso. 

   Todos los bienes que he mencionado, y aún los que hubiese omitido deberán servir al pueblo, de una o de otra manera. 

   El dinero de La Razón de mi Vida y de Mi Mensaje, lo mismo que la venta o el producido de mis propiedades deberá ser destinado a mis descamisados. 

   Quisiera que se constituya con todos esos bienes un fondo permanente de ayuda social para los casos de desgracias colectivas que afecten a los pobres y quisiera que ellos lo aceptasen como una prueba más de mi cariño. 

   Deseo que en estos casos, por ejemplo, se entregase a cada familia un subsidio equivalente a los sueldos y salarios de un año, por lo menos. 

   También deseo que, con ese fondo permanente de Evita, se instituyan becas para que estudien hijos de los trabajadores y sean así los defensores de la doctrina de Perón por cuya causa gustosa daría mi vida. Mis joyas no me pertenecen.  

   La mayor parte fueron regalos de mi pueblo.  

   Pero aún las que recibí de mis amigos o de países extranjeros, o del General, quiero que vuelvan al pueblo. 

   Que así como el oro respalda la moneda de algunos países, mis joyas sean el respaldo de un crédito permanente que abrirán los Bancos del país en beneficio del pueblo, a fin de que se construyan viviendas para los trabajadores de mi Patria. 

   Desearía también que los pobres, los ancianos, los niños, mis descamisados sigan escribiéndome como lo hacen en estos tiempos de mi vida y que el monumento que quiso levantar para mí el Congreso de mi Pueblo recoja las esperanzas de todos y las convierta en realidad por medio de mi Fundación; que quiero siempre pura como la concebí para mi descamisados. 

   Así yo sentiré siempre cerca de mi pueblo y seguiré siendo el puente de amor tendido entre los descamisados y Perón. 

   Por fin quiero que todos sepan que si he cometido errores por amor y espero que Dios que ha visto siempre mi corazón, me juzgue, no por mis errores, ni mis defectos, ni mis culpas que fueron muchas, sino por el amor que consume mi vida.  

   Mis últimas palabras son las mismas del principio: quiero vivir eternamente en Perón y con mi Pueblo. 

   Dios me perdonará que yo prefiera quedarme con ellos porque El también está con los humildes y yo siempre he visto en cada descamisado un poco de Dios que me pedía un poco de amor que nunca le negué. 

 

FIN DE MI VOLUNTAD SUPREMA