jueves, 28 de noviembre de 2013

Cubanos que volvieron a Cuba desilusionados de Miami Enrique Ubieta Gómez explotación sociedad enferma aislamiento locura agresión droga muerte Chaubloqueo



La fascinación de Jorge Edwards por Miami y el testimonio de tres cubanos emigrados Emigración Miércoles, 27 de Noviembre de 2013
 

Enrique Ubieta Gómez - Blog "La isla desconocida".- El inefable escritor chileno Jorge Edwards, acaba de publicar un artículo en el que expresa su fascinación por Miami y su odio hacia las revoluciones latinoamericanas, en especial las de Cuba y Venezuela. Creo que siente un justificado temor –desde su perspectiva reaccionaria– ante el ascenso y la radicalización del movimiento estudiantil de su país.

Es increíble que un intelectual pueda escribir estas palabras:

"En Miami es posible vivir con una calidad de vida superior. Asistir a conciertos memorables, jugar al golf en islas idílicas, leer a Wittgenstein en las mejores traducciones inglesas, o leer a Dan Brown en una terraza, junto a un gin con agua tónica. No todos pueden hacerlo, desde luego, pero no es demasiado difícil llegar a esos niveles. Si uno consigue una buena educación, cosa bastante difundida, bien apoyada y financiada, y trabaja con disciplina, actividad favorecida por el ambiente, el gin tonic, el Dan Brown y hasta la cancha de golf están a la vista".

Reproduzco a continuación un reportaje sobre cubanos repatriados, que publiqué en La Calle del Medio hace ya un año. Estos cubanos son algunos de los miles de balseros que llegaban en sentido inverso –antes de que se aprobase la reforma de la ley migratoria cubana–, de las costas del American Dream a las de la Utopia revolucionaria.

Emigrar es un verbo duro

Confesiones de tres cubanos que regresaron

Enrique Ubieta Gómez

Emigrar es un verbo duro. Pero los habitantes de las islas sueñan con rebasar el muro de agua que los circunda. No es igual la imaginaria y con frecuencia caprichosa línea que divide a las naciones de un continente y establece un más allá previsible, que el horizonte como frontera, desconocido y tentador. Un horizonte que se insinúa en películas, seriales y novelas de televisión cuidadosamente construidos sobre vidas de clase media y alta, o sobre pobres que rompen los límites de su clase gracias al buen comportamiento, la suerte o el esfuerzo individual. Un horizonte de Primer Mundo que se promociona como un enorme Casino, en el que un golpe de suerte puede situar al jugador en el nivel más alto. «El sueño americano» –sustentado sobre un imaginario de vida que prioriza el tener, no el ser: si usted es rico, no importa cómo lo consiguió o cuánto aporta a la sociedad– no es una opción para el latinoamericano común, perseguido y expulsado del territorio estadounidense, adonde suele llegar de forma clandestina para escapar de la miseria y cubrir el déficit de mano de obra barata. ¿Y para los cubanos? Las facilidades de radicación que reciben a su llegada y su mayor nivel de instrucción –lo primero, un aporte de la guerra contra la Revolución; lo segundo, un aporte de la propia Revolución–, han creado el mito del éxito inmediato. Algunos buscavidas calculan mal: suponen que si en Cuba ganan mucho más que la media y no tienen que trabajar en exceso, allá serían millonarios.

Un día escuché un comentario que me turbó: en Cuba viven miles de ciudadanos que han regresado; que se fueron del país y por alguna razón regresaron para quedarse. Los hay que se fueron de forma legal y regresaron de igual forma. Otros compraron una embarcación y se lanzaron al mar, en dirección opuesta a la que suele promocionarse.
Las reglas migratorias son estrictas, y el escarceo es difícil, porque el país no puede recibir –por causas que involucran su seguridad nacional–, a quienes se arrepienten. El que llega es investigado en coordinación con las autoridades policiales de sus países de residencia. Cuba nunca será un refugio para transgresores de la ley.
Por eso quise conocer las motivaciones de esas personas, algunas sorprendentemente ingenuas, como un albañil jubilado de 60 años, que sin hablar inglés ni contar con apoyos familiares se acogió al llamado bombo y se marchó a Las Vegas: nunca, por supuesto, encontró trabajo.
O como ese chef de cocina de un lujoso hotel de Varadero, que fue estafado por un turista mexicano que le prometió una plaza en su inexistente hotel, y tuvo entonces que cruzar la frontera norteamericana para sobrevivir, comprar una pequeña lancha y regresar a Cuba. Historias múltiples –amores traicionados, deseos de aventura, reencuentros familiares–, razones para partir muy alejadas de la política, aunque siempre supeditadas a ella. Quince cubanos de Matanzas, Sancti Spíritus y La Habana, me contaron sus historias. Por razones de espacio, presentaré tres de ellas.

I

Laura tiene hoy 24 años. Cuando el padrastro fue seleccionado en el sorteo (el bombo) de la Sección de Intereses de Estados Unidos, tenía apenas 18, era una maestra de primaria recién graduada de la Allende y estudiaba el primer año de la Licenciatura en Comunicación Social. No quería emigrar, pero tanto ella como su pequeño hermano fueron arrastrados por la mamá. Vivió en Miami desde el 2004 hasta el 2006.
Durante ese tiempo mantuvo la comunicación con el novio que dejó en La Habana, y cuando decidió y pudo regresar –su familia se quedó allá–, se casó con él. Vive actualmente en la casa de la suegra. Y recuperó su puesto de maestra en la misma escuela que abandonó al partir.

«Primero trabajé en una cafetería como dependiente. La cafetería tenía servicio de lunch, para que las personas que salen del trabajo y no quieren o no tienen tiempo de cocinar, compren la comida ya hecha. Yo hacía eso. Las otras muchachas se encargaban de atender a los clientes, de servirles. Yo no hablo inglés, no tenía tiempo de estudiar. Llegó un momento en que tuve dos trabajos a la vez. Pero la mayoría de los clientes eran latinos, allí hay muchos cubanos.

»Ya después que salí de la cafetería –no duré mucho porque no me gustaba–, empecé en una fábrica, y ahí me quedé fija hasta que regresé. Una fábrica de juguetes y golosinas, de confituras.
Trabajábamos de lunes a viernes, desde las siete de la mañana hasta las tres y media de la tarde. Si nos daban horas extras las aprovechábamos, porque las pagan doble. Aunque estuviera reventada me quedaba. Igual, si el dueño anunciaba que el sábado podíamos ir, llegábamos desde la mañana. Y una hacía un esfuerzo, aunque el miércoles ya uno pensara que era viernes, porque el trabajo te acababa. Era muy duro.

»Yo era la más jovencita, allí cumplí 19 años. Como era la más joven y era rápida –y eso era lo que hacía falta para aumentar la producción–, la jefa del salón me fue pasando por todos los trabajos, hasta que terminé en menos de nada en un puesto que normalmente hacían las personas que más tiempo llevaban allí, que era el más duro, aunque no pagaban más. En otros tiempos –me contaban las más viejas–, quienes hacían ese trabajo (sellando en la máquina las bolsas de juguetes y poniéndoles la etiqueta), se iban con dos cheques. Imagínate, tenía que sellar la mercancía que hacía todo el salón. Pero eso después lo quitaron y yo ganaba igual que todas las demás: el salario mínimo, que cuando yo estaba allá era de 6.15 la hora. No sé, ahora debe ser más.

»El segundo trabajo que tuve lo conseguí por la izquierda. Tiene la ventaja de que no te cobran los impuestos, los casi 40 dólares a la semana que se descuentan de tu salario. Estuve un tiempo hasta que el dueño dijo que ya no nos necesitaba. Era en una papelera, sentada, a diferencia del primero que me obligaba a estar las ocho horas de pie, con media hora nada más de almuerzo. Trágate la comida y entra otra vez. Cargando cajas. El primero sí me acababa. Este era como un Correo, yo tenía que meter en un sobre grande, cartas y cosas de la gente, sellarlo e irlo poniendo, facilito. Terminaba a las diez y media u once de la noche. En ese tiempo no tenía paz, porque yo salía a las tres y media del primer trabajo, pasaba a recoger a mi mamá –yo le conseguí también a ella ese segundo trabajo y nos íbamos juntas–, y cuando ella se montaba en el carro ya me traía la comida, porque de un trabajo al otro era lejos, y yo comía en ese intervalo. Entraba a las cinco, pero como era lejos, llegaba justo rayando. Salíamos a las diez y media, once de la noche, regresaba a bañarme y a dormir, para levantarme al otro día a las seis y media de la mañana. Así era.

»Mira, al lado de mi mesa trabajaba una señora que tenía cáncer. Ella vivía sola, y todos sus hijos estaban en Cuba. Tenía 65 años. Su enfermedad estaba en una fase avanzada, pero vivía solita en una renta que le costaba 300 dólares y pico, que no era un apartamento, era un
eficiency: dentro de una casa grande, un espacio que cerraban con salida independiente, un apartamento dentro de una casa. No tienes privacidad, porque cuando no estás, no sabes si los dueños entran.
Ella pagaba eso.

»Al final murió. En mi trabajo no te podías sentar, las cámaras estaban por todos lados y nada más que te sentabas, venían a regañarte y podían llamarte a la dirección para hacerte pasar una pena o para botarte, y allá no te puedes dar el lujo de que te boten de un trabajo porque tú vives de él. Pero ella estaba en un estado terminal, y una amiguita y yo nos poníamos frente a las cámaras para que se pudiera sentar. Se quejaba pobrecita del dolor. Era cáncer en los huesos. Le dolía estar tanto tiempo de pie, y la ayudábamos a adelantar, porque con el dolor no producía casi, y si no produces te botan. Yo tenía que sellar, por ejemplo, seiscientas docenas en el día, que son seiscientas cajas. Sellarlas, cargarlas, situarlas en un lugar para que los hombres se las llevaran. Era lo único que hacían los hombres, todo lo demás lo hacíamos las mujeres. Nosotras sabíamos que ya la jefa del área había hablado con ella para que hiciera un esfuerzo porque el jefe ‘estaba puesto para ella’, decía que no producía lo suficiente. Nosotras la ayudábamos porque si perdía ese trabajo, con qué iba a pagar la renta…

»Si mi novio hubiese estado conmigo no creo que las cosas hubieran sido diferentes. A mí lo que no me gustaba era el sistema de vida de allá. Tú vives para trabajar, no tienes tiempo para nada…, hay lugares para ir de paseo, pero estás muy cansada. El trabajo te saca el kilo.
No tienes tiempo para tomarte un respiro, para ir a la playa… Mi padrastro se fue prácticamente joven de aquí, y ya casi está calvo de la tensión, que si la renta la subieron y tengo que buscarme otro trabajo, porque el que tenía me daba exacto, y ahora no da. A él allá le han dado dos parálisis, de la misma tensión, de que si me botan porque están haciendo recorte de personal… Vivir eso no es fácil. El año antepasado la renta subió tres veces: tres veces en un año. A los dueños no les importa, ellos pasan y te dicen el día antes: la renta va a subir 75 dólares. Lo que a ellos les dé la gana. No cuentan con que tú llevas una contabilidad, que ya tienes ese dinero separado. A veces en el trabajo si el dueño es cubano –como era el caso–, es más malo aún, no sé por qué. Esos cubanos que llevan mucho tiempo allá a veces son peores que los americanos…

»Cuando vi que me quedaba sin trabajo, porque el dueño iba a vender la fábrica donde estaba, me entró la locura por regresar. Cuando ellos venden la fábrica o el trabajo que sea, el dueño que llega cambia todo el personal, trae el suyo de confianza, todas nos íbamos a quedar en la calle.

»Para que veas si tuve suerte, llegando a Cuba me dio un dolor muy fuerte, fui al policlínico, el doctor me hizo las pruebas y le dijo a mi esposo, llévala directo a la Covadonga, porque esto es una apendicitis. Ahora estoy estudiando para alcanzar el doce grado integral, e imparto clases en la enseñanza primaria, no sé lo que haga después.»

II

Yamil es chapista, tiene el doce grado vencido y vive en el barrio habanero de Pogolotti. Vivió en Miami entre los años 2006 y 2008, adonde llegó por el bombo.

«Vivo con mi familia aquí, tratando de ver cómo creo lo mío. Aquí somos cinco personas. Todavía no estoy casado. Hoy cumplo 37 años.
Tengo un tío en Canadá y otro en Estados Unidos.

»A mí me iban a mandar para Carolina del Norte, imagínate…, ahí sí me hubiese ahorcado. Y un día antes de irme lo encontré, mediante amistades de aquí del barrio. Él sabía que yo iba, pero no sabía cuándo. Nosotros estábamos desvinculados. Me había dado un teléfono, pero él es una gente que contesta cuando le da la gana; allá la gente hace así, tú miras el teléfono y si no sabes de dónde es no contestas la llamada. Entonces él no sabía que yo llegaba ese día. Pero la gente de aquí del barrio cuando me vio y les conté que me iban a mandar para Carolina, me dijeron: no, espérate, vamos a buscarlo. Nos montamos en un carro y empezamos a recorrer todo Miami, a preguntar, oye, ¿por dónde se mueve fulano? Hasta que llegamos a un lugar donde una gente conocía a mi tío, y con tremendo misterio lo llamó, porque allá matan a cualquiera parece –esa fue la primera impresión que me llevé al llegar–, mira el lío este para llamar, me miraban como un extraño, abrían una ventana y me miraban, y yo decía, ¿en qué está esta gente?
Entonces lo llamaron: oye, tu sobrino está aquí; ah sí, mi sobrino, entonces me recibió. Y me fui a vivir a casa de mi tío. Me recibieron bien, él, su mujer y mis dos primos. Tenía un buen apartamento. Él me consiguió un trabajo como chapista en un taller.

»Pero ahí me sacaron el kilo. No quiero acordarme de eso. Yo ganaba
150 dólares a la semana…, cuando me lo dijeron dije: coño, bastante dinero, y aquello no me alcanzaba ni para comer casi, me salvaba por los cheques que me daba el gobierno, que me los dio por ocho meses,
150 en una tarjeta para comida y 180 en efectivo, para ir tirando. Si yo hubiese tenido que vivir solo…, con 150 dólares a la semana nadie vive. Y trabajando diez y doce horas al día. El local tenía un dueño, y cinco personas rentaban espacios de ese local. Yo trabajaba para una de esas personas. A él le decían el Negro, era nicaragüense. Estuve trabajando con él un mes y pico, pero había un cubano que rentaba otro pedazo del local, y como su asistente se fue, empecé después con él.
Ahí ganaba 200, un poquito más, y él me enseñó, porque yo no conocía el sistema de trabajo de allá. Allá no se usa soldadura, hay mil cosas que no son iguales que aquí. Estuve allí como tres meses. Después nos fuimos juntos para un taller de una gente que tenía varios locales de pintura. Y ahí sí estuve hasta que regresé.

»¿Que por qué regresé? Porque la gente cree que todo lo que brilla es oro; hay de todo, pero aunque no lo creas, se extraña…, la comunidad, tú me entiendes, mil cosas. Y la situación estaba fea, para una persona que tenga vista larga no había un futuro. Allá más nunca voy a tener una casa ni voy a tener nada, no hay ni tranquilidad ni estabilidad, no hay nada. Allá se tiene que vivir al día. Y si pierdes el trabajo mañana, no duermes. Yo no veo la posibilidad, como está el mundo hoy, de vivir allí. La gente dice: pero aquí está más malo; pero bueno, aquí es donde nací yo. Aquí yo sé cómo es todo. Allá yo pierdo el trabajo y termino debajo de un puente, yo tenía miedo de ir al médico porque la consulta más barata me costaba 80 dólares, y no tenía seguro médico. Hay que pensar en mil cosas también. Para vivir, mi país. Aquello es duro, yo trabajé diez, doce horas al día, me salía sangre de la yema de los dedos, escupía sangre cuando iba al baño, porque el polvo de lijar carros es tóxico y te dan unas careticas que son incómodas, te falta el aire, la gente no las usa. No pude aprender inglés, cuando iba a la escuela me quedaba dormido. La escuela era gratis, pero me quedaba dormido, llegaba cansado del trabajo.

»La gente aquí me recibió normal, todo el mundo me ve normal. Una pila de gente me ha dicho mil cosas, que yo estoy loco, pero no cojo lucha con eso…, les paso por al lado y me río. Allá no hay perspectivas, ¿qué casa? Si allí todo el mundo está perdiéndolo todo, los negocios están cerrando, todo está en candela. Yo sigo aquí, aunque digan que estoy loco.»

III

Aleida es arquitecta, una mujer decidida, hermosa a sus 53 años. Su esposo, médico, se quedó en un viaje de trabajo. Entonces la reclamó a ella y a sus dos hijos. Vivió en Canadá entre 2000 y 2007. La niña tenía 13 años cuando abandonó el país; el varón apenas 10. Pero el matrimonio no se sostuvo. Vivieron años difíciles bajo el mismo techo, hasta que pudo independizarse. Pero el varón se enfermó de los nervios. El país, sin dudas más benévolo que Estados Unidos, y la alta calificación profesional de los padres, auguraban un futuro mejor que no llegó.

«El varón se adaptó más rápido porque se fue muy joven, y asimiló mejor la música, las costumbres, el idioma. Para mi hija no fue igual.
Para ella es muy importante tener amigos. Y allí eso se convirtió en algo muy difícil. Nosotros vivíamos en Toronto, una ciudad grande.
Ella siempre extrañó mucho esas relaciones, esos amigos que tenía antes de partir. A tal extremo que se inscribió en un programa de intercambios entre universidades y el último año que cursó allá lo hizo en España, porque quería irse de Canadá. Cuando regresó, ya el hermano estaba enfermo y nuestra situación era difícil, porque en aquellas condiciones tuve que acogerme a un programa de ayuda del gobierno de ese país, porque no podía trabajar. Y entonces ella empezó a hacerlo.

»El medio social en que estábamos viviendo, el estrés, las circunstancias que nos rodeaban, no ayudaban a que mi hijo mejorara.
Aquí en Cuba la vida es más tranquila. La nuestra allá era muy agitada, teníamos que vivir pagando cosas, al día. No podía dedicarle el tiempo suficiente a mi hijo. Y él se convirtió en mi primera prioridad. Mi hija y yo conversamos, porque él no estaba en ese momento en condiciones de decidir. Los médicos me habían dado un buen pronóstico, me dijeron que podía estar perfectamente bien, que era sólo un desorden por estrés. Entonces me dije: el lugar especial para encontrar ese ambiente que él necesita es Cuba.

»Llegué a trabajar para una compañía de arquitectos, pero no como arquitecto, sino como dibujante. Yo pasé un curso para aprender un programa que permite hacer diseños en computadoras, eso lo pagó el gobierno canadiense y después empecé a trabajar en eso. Me pagaban como dibujante, pero yo aprovechaba las libertades que me daban para aprender, porque lo que uno pueda aprender nunca está de más. Hacía de todo en aquella compañía, lo mismo mandaba planos por e-mail, que recibía faxs o ponía llamadas por teléfono. Me creó un gran estrés al principio, pero al final me fui sintiendo más cómoda. Yo trabajé en muchas cosas. Al principio no sabía una palabra de inglés, tuve que limpiar, trabajar en restaurantes, en las cocinas fregando platos; es una historia larga, aprendí a sacar sangre, a hacer cardiogramas… Esa, en breves palabras, fue mi historia.

»El ser humano tiene una gran capacidad de adaptación. Llega un momento en que te vuelves parte de aquel medio, aunque extrañas a tus amigos, extrañas las conversaciones prolongadas, porque todo se vuelve rápido y corto, en realidad frío y distante, es la verdad. Y una de alguna manera se vuelve fría y distante también. A mí me pasó. Aquí nos faltan muchas cosas como todos saben, económicamente hablando, pero tenemos a los amigos, tenemos a los vecinos, a las personas con las que podemos contar si nos sentimos mal, tenemos a quien llamar por teléfono por una hora, y molestarlo en su tiempo, y contarle lo que nos pasa, y nos da recetas y nos dice. Hay cosas que no tienen precio en la vida. Esas son las diferencias culturales más grandes que yo veo. Aunque en Canadá existen beneficios bastante parecidos a los nuestros en el sistema de salud, y tienen planes de apoyo a los desempleados; no es un país tan contrastante como Estados Unidos donde las diferencias son abismales.

»En la escuela de mi hijo había problemas de drogas, de violencia.
Básicamente eso fue en la última escuela donde estuvo. La primaria fue muy buena, muy infantil, tranquila, pero después de la primaria hay una enseñanza que llaman Junior High, y después High School; la primera es corta, dura dos años creo, pero la otra es más dura. Porque ellos tienen una teoría completamente diferente a la nuestra, mientras más el alumno quiere estudiar, más tonto parece. Allá mientras más loco y desaplicado eres, más muchachas tienes detrás; es como decir, eres el cool, porque te destacas en el deporte por ejemplo. El que se destaca mucho en los estudios es un perdedor. Eso es en High School, lo que aquí sería el preuniversitario, pero de cuatro años. Allí se vuelven muy hostiles, los que son tranquilos empiezan a cambiar. Hay dos grupos, o uno se integra al grupo de los bandidos, o se queda en el de los perdedores. Y a estos los martirizan, les hacen la vida imposible. Los maestros no se meten en eso. Y también aparece la droga, los vendedores de drogas se aprovechan de las circunstancias y llevan la droga a la escuela y la cuelan. Ellos nunca consumen. Su primer requisito es que no consumen drogas. Pero ponen a todos esos infelices a tomar aquello que les desgracia la vida, porque jamás son gente. De la droga no se sale. Y hay violencia, porque una vez que la droga se mete en la escuela, el que la consume es capaz de cualquier cosa. Puede matar por un poco de droga. También depende del área donde vivas. Esa es la edad más mala. Ya después que salen de allí y cogen la universidad o los estudios tecnológicos, está más controlado. Si usted es un adicto puede desde luego encontrarla. Yo nunca la vi, pero sé que estaba allí, en la esquina.

»Nos hemos reintegrado bastante bien. Mis hijos venían a Cuba todos los años. Allá teníamos en la casa una bandera cubana permanentemente, créalo o no, eso es algo que yo no cuento, porque puede parecer absurdo. Aquí la bandera es algo que uno asocia con los organismos, con la escuela, etc., pero ese hijo que yo traje de vuelta se llevó de aquí dos banderas cubanas y todas las noches tenía la misión de doblarla. Él la colgaba en la pared, desde mucho antes de enfermarse…, y por la noche la recogía y la doblaba como se dobla oficialmente.
Siempre tuvimos la bandera. Se añora mucho la patria.

»Yo pude volver a trabajar en Cuba como arquitecto. Mi hija siguió estudiando Psicología en la universidad, tuvo que traer un millón de documentos, pero logró continuar con sus estudios, aunque perdió un año de la carrera. Estudia en Santa Clara. Está muy contenta porque ahora de nuevo tiene amigos y amigas. Tiene un novio. Mi hijo está completamente recuperado, tengo que dar gracias a Dios porque es algo milagroso. Él está en la universidad también. Estudia y trabaja.
Terminó el primer año de la Licenciatura en Estudios Socioculturales.
Tiene días en los que se entristece. De alguna manera, me dice, yo no soy parte. Me perdí todos los años que mis amigos vivieron aquí. Y me perdí esos cuentos que ellos hacen, esas historias que yo no puedo hacer, porque no estaba. Mis amigos tienen calle, una calle que yo no conocí, saben enamorar a una muchacha, y nosotros somos más tímidos, no nos abrimos a la gente. Yo le digo que todo es un problema de tiempo.» Comentarios (0)



--

miércoles, 27 de noviembre de 2013

libro dedicado a Ernesto Che Guevara y a Alberto Granado por el colombiano Eduardo Santa en Bogotá cuando se conocieron en 1952 Chaubloqueo Eladio González toto Irene Perpiñal Museo Che Guevara Buenos Aires



 DONACIÓN LIBRO AL MUSEO CHE GUEVARA DE SANTA CLARA.   Escrito a máquina en papel membrete Chau Bloqueo.

Irene Rosa Perpiñal con el doctor Alberto Granado en el Museo Che Guevara de Buenos Aires, Argentina.

Buenos Aires, 9 de Julio de 1994.  República Argentina.

Aniversario de la Proclamación de la Independencia Argentina de los españoles, en la ciudad de San Miguel del Tucumán.

Al Director del
Museo del Che
En Santa Clara

Estimado compañero: 

Tengo el agrado de saludarle y poner en su conocimiento que he decidido donar al pueblo cubano, un libro que perteneció a Ernesto Guevara de la Serna, nuestro querido Che.

El mismo le fue obsequiado a Ernesto a su paso por Colombia, cuando junto con el doctor Alberto Granado viajaban por América rumbo a Venezuela.
El autor del libro señor Eduardo Santa, se lo dedicó de puño y letra en esa ocasión a ambos argentinos.

Hace pocos días tuve la satisfacción de recibir en mi hogar al Dr. Alberto Granado y ante varios testigos se produjo el reencuentro, después de tantos años entre el libro y “uno de sus dos dueños originales”.  Ché está en la inmortalidad y en nuestro corazón, Granado gratamente sorprendido me sugirió que la donación la orientara a la ciudad de Santa Clara y específicamente a vuestro museo.

Mi idea es que usted me responda por favor, si aceptan el donativo.  De ser así me gustaría hacer la entrega oficial del libro en el Encuentro Mundial de Solidaridad de La Habana en Noviembre próximo.

Ustedes lo recibirían allí después de ser exhibido en el transcurso del encuentro.   Sería ideal que la entrega se haga en el cierre para que ustedes lo trasladen a Santa Clara.   Estoy a vuestra entera disposición para aclarar cualquier tipo de dudas que ustedes tengan al respecto.   Espero pues vuestra respuesta.

Pertenezco al grupo Chaubloqueo Capital, tuve en el año 1993 la satisfacción de visitar vuestro museo, el que me impresionó vivamente.

Nuestro grupo solidario tiene enviados a Cuba hasta la fecha CIENTO CINCUENTA TONELADAS de donativos y surgió cuando la masacre de Tarará y mi intento de donar sangre para Rolando Pérez Quintosa se transformó en miles de cartas que se cruzan hermanando a Cuba y Argentina.

Aprovecho la ocasión para transmitirle mi adhesión incondicional en la lucha contra el bloqueo y mis deseos de que tengan salud y felicidad.

                                            Eladio González Rodríguez
                                                             Toto
                                                    CHAUBLOQUEO


Señor Director del
MUSEO DEL CHE GUEVARA
En la ciudad de
SANTA CLARA

Querido hermano cubano:

Como admirador de la obra del guerrillero heroico, asesinado pero más vivo que nunca quiero hacer mi aporte a la Revolución Socialista, al pueblo cubano y en específico al museo que dirigís, de un libro que perteneció al Che.

En su primera hoja se lee:  “Para los distinguidos amigos Ernesto Guevara y Alberto Granado, muy cordialmente” 

y firma              “Eduardo Santa,  Bogotá, Julio 1952”.  

En el lado interno de la tapa figura esta inscripción:
“Carrera 36, nº 25 B-II  Bogotá”.

El libro es de cuentos cortos, de ediciones Espiral (de Colombia) año 1951 según su tapa (color blanca y azul con una ilustración de un caserío de techados rojos con fondo de montañas, a la izquierda una palma y a la derecha un árbol, su título es “ LA PROVINCIA PERDIDA ”.

Lo obtuve en un remate de libros y no supe quien había sido su dueño hasta hace unos 4 años.

En el año 1992 mi mujer Irene Perpiñal me convence de viajar y conocer Cuba, coincidimos con los hechos de Tarará y decido donar sangre para Rolando Pérez Quintosa.  En el Hospital Naval, frente a don Manuel le escribo una carta.  Rolando no llega a leerla, muere el 16 de Febrero, pero las dos mil cincuenta cartas que recibí hasta hoy desde Cuba me convencen que la revolución es invencible.   Un año después visité vuestro museo y lo admiré.  Ya en Argentina en este año, tengo la suerte de encontrar al otro dueño del libro pues el autor colombiano se los obsequió a Che y a Alberto Granado quienes viajaban juntos por América en ése año 1952. Lo admirable para mí fue ver el reencuentro entre Alberto y su libro tras cuarenta y dos años y cuando le manifesté que era mi intención donar el libro al pueblo cubano, fue Alberto quien se ofreció para hacerlo personalmente al Museo de Santa Clara.    Convencido que no hay mejor custodio para un objeto que perteneció al Che que el mismo pueblo cubano que tanto lo ama, dono pues este libro para que las actuales y futuras generaciones puedan apreciarlo en vuestro museo.

Irene y yo pertenecemos al grupo solidario CHAUBLOQUEO CAPITAL y nuestros mejores esfuerzos están hoy volcados a multiplicar el carteado solidario, a canalizar los envios solidarios masivos a todas las provincias y a tumbar el bloqueo genocida.

          ¡ Con Cuba y con USTEDES  para todos los tiempos !

                                   Eladio González Rodríguez    Toto

                                                 CHAUBLOQUEO

Celia Hart continúa expresándose en Argentina desde el Museo Che Guevara Fidel Castro según ella y Nestor Kohan Chaubloqueo



Querida Celia cada día te admiro más, tu escrito es un strip tease del alma en el que sin ningún pudor mi amiga revolucionaria y troskista exhibe sus humanos temores.
Obrás el milagro de que yo pueda reconocer la razón de mi temblor espiritual ante los meses de orfandad que siento por la demora de Fidel en volver a ocupar el podio visible del mundo.  Gracias por ayudarme y ayudar a tantos millones a sentir lo mismo.
Celia, una amiga argentina, luchadora y defensora en pro de Cuba y su revolución me pidió que le reenviara tu escrito que se le extravió de su computadora (o lo borró accidentalmente) .  Ahora esta ansiosa por recuperarlo y me lo pide.  Como ves se lo estoy enviando, pero, pero vos sabés como soy, asi que anhelo aceptes incluirla a ella que es de la Casa de la Amistad Argentino Cubana de Puerto Madryn en el sur argentino, alejado de este puerto donde se centraliza todo .
Celia vos tenés que llegar en directo hasta estos hermanos argentinos que tanto necesitan de la voz cubana. Haceme el favor y no los dejés solos.
Un fraternal y revolucionario abrazo y mucha salud y felicidad para vos y los tuyos, entre los que Fidel es un igual , por supuesto.      Toto   Chaubloqueo.


 
Fidel desde mi balcón     Celia Hart 18/01/2007 (es hija de Haydée Santamaría y Armando Hart)



Escribía estas líneas bajo el blanco sol del peor diciembre de toda mi vida. Este diciembre en La Habana llovía y llovía, en medio de un absurdo calor. La estampa de Cuba, de Cuba revolucionaria quiero decir, fue el clima de diciembre.  No me alcanzan para respirar bien los constantes mensajes sobre la mejoría de mi Comandante Fidel. Dicen que se recupera, incluso los médicos pronostican su posible incorporación a la vida pública. El médico español ha garantizado su segura mejoría... Por supuesto que no doy crédito a la morbosa, “exhaustiva” y absurda explicación de El País1 sobre la gravedad de su enfermedad. Eso sí, dadas estas circunstancias de no verle, siento dentro de mí un frío hiriente y una melancolía crónica.  Porque Fidel es la luz. La luz no existe en reposo. Por tanto desde hace seis meses vivo en la oscuridad, con la esperanza de que en algún momento me enciendan el interruptor. Las frases cargadas de esperanza y fe no son tales hasta que no le vea o no le escuche vestido de verde, como antes.



foto  -  Ernesto Che Guevara, Fidel Castro y Camilo Cienfuegos de sombrero.


Escribo, pues, cargada de una tristeza indomable y una furia estirada que me hace ver enemigos por doquier, en la ventana de al lado; en los cuadernos escolares de mi hijo, en los ladridos de mi perro, en el cariño de mi hermano.
Sólo siento refugio seguro en estas teclas manchadas por el agua de mis ojos, que rezan día a día para volver a ver de nuevo al verde más intenso, las manos más emprendedoras y la voz que representó durante décadas la esperanza del mundo.  Desde un lado a otro de mi balcón me gritan que estoy errada ¡Cómo si los sentimientos erraran alguna vez! Me dicen que Fidel está recuperándose; y si no me alcanza, me dirán que “su obra la continuarán los revolucionarios del mundo”, el Partido, y no se qué más” ¡No! Nadie puede sustituir a Fidel, como no se pudo en la URSS sustituir a Lenin, como las fuerzas revolucionarias del mundo no han podido sustituir al Che. Como las múltiples IV Internacionales no han podido sustituir todavía a León Trotsky.   Nadie ha podido concluir el Réquiem de Mozart y que suene igual.  Eso de las consignas de la heredad son engaños para niños pequeños; para que no lloren por la noche al quedarse solos.  Ni una línea dedico a explicar que no “pasará nada distinto dentro de Cuba durante la convalecencia de Fidel o después que muera”. No lo hago porque me resulta verdaderamente infantil. Por supuesto que nada pasará en la conducción de mi país sin estar Fidel.  Nuestros enemigos están tan enfermos y calcinados por la derrota que no se dan cuenta que con Fidel se han formado al menos dos generaciones de cubanos que gozaron de espléndida niñez y de una educación envidiable.  Muchos de ellos incluso se formaron al lado de Fidel día y noche, como es el caso de nuestro brillante canciller. El compañero Felipe tuvo al mejor maestro. De ahí su valentía, su verbo, y su coherencia.
El Vicepresidente Raúl Castro por su parte ha acometido tareas en las Fuerzas Armadas Revolucionarias con una eficiencia impresionante y no ha tenido que pedirle permiso a su hermano para hacerlas.  Ricardo Alarcón es uno de los políticos más versátiles que existen y conjuga hábilmente su poder de Presidente de la Asamblea Nacional con labores de un riguroso intelectual.  Nuestros inteligentes economistas han logrado levantar este país de la ruina económica hasta un impresionante 12,5 % de crecimiento. Eso no fue mérito de Fidel, al menos en línea directa. Se tomaron en Cuba medidas que de tomarse en otros países hubiese sido un cataclismo. A saber se centralizó el manejo de las divisas (Gracias a Dios), y en menos de lo que dura un aguacero tropical se sacó de circulación el desprestigiado dólar en la red comercial cubana.  Estando Fidel enfermo se desarrolló la Cumbre de los No Alineados, con la presencia de varios jefes de Estado y Gobierno, se combatió eficazmente la epidemia del dengue y se continúa con éxito la inédita obra social de Cuba. La mortalidad infantil volvió a descender a la impresionante cifra de 5.3 por mil niños menores de un año. Cifra más baja en nuestra historia, que nos coloca entre las 30 naciones del mundo donde mueren menos niños. De esta impresionante cifra, habiendo sido víctimas de una epidemia de dengue, no es tampoco Fidel responsable directamente. Si algo sobra en Cuba es la pericia y compromiso.  En la Florida, donde todo es escándalo y corrupción se han quedado estancados con las maletas que compraron en los 60, al haber apelado a todo ahora apelan a que el tiempo sea su cómplice y con la muerte de Fidel ellos vengan a recuperar lo que nunca fue suyo. Esta nota no es para ellos.  Huelga decir entonces “nada pasará en Cuba cuando Fidel no esté” parece una grandiosa tontería repetir eso. No lloro y me lamento por la ausencia del jefe de gobierno de Cuba, lloro hasta la desesperación por la ausencia por cinco meses del último de los profetas del ideal de la revolución.  No dudo que muchos de los que sustituyan Fidel sabrán administrar mejor “la casa”, pero con Fidel pudimos ser protagonistas del mundo. Sólo un por ciento ínfimo de la humanidad ha participado activamente como el pueblo de Cuba en la Historia reciente de la humanidad.   Hemos sido actores de mil hazañas.   Las historias de Girón, la Crisis de Octubre, la alfabetización, Angola... en todos esos casos estuvimos los cubanos por encima de la URSS y del socialismo establecido, de sus temores y sus conceptos.   La revolución cubana fue el único puente que se mantuvo en pie frente al derrumbe del socialismo.   Hicimos añicos a Fukuyama y hubimos de continuar haciendo historia. Defendimos la revolución mundial, allá cuando los más radicales de todas las tendencias marxistas la daban por perdida. Estas cosas, sí dudo mucho, que pudiesen hacerse sin Fidel, ¡y qué caigan sobre mí todas esas acusaciones de culto a la personalidad!  Hoy no me asustan.  Fidel, ése de exclusiva estirpe; de los que no necesitan estar en paz con Dios para vislumbrar el paraíso es al que los revolucionarios sobrevivientes del siglo XX tendremos que prepararnos para perder.  Lo que pase en el gobierno de Cuba es totalmente insignificante y transitorio en relación a la pérdida de Fidel para el porvenir del mundo... Las fuerzas revolucionarias, deben preocuparse menos por la gestión del gobierno en Cuba y estar más atentas al limbo donde podríamos caer de no apurarnos en acceder a la mayoría de edad.  Vamos para el 40 aniversario de la muerte del Che y no dejamos de citarlo y de obligar a su espectro que se ocupe de lo que, míseros mortales que somos, no logramos descifrar:  No hay día ni nota que en la Venezuela revolucionaria no se recuerde a Bolívar. No se le recuerda tanto por lo que hizo, sino precisamente por lo que no terminó de hacer, y se le ruega a su espada que esta vez no se le ocurra arar en el mar como él mismo dijera.  A José Martí todavía no le perdonamos que haya muerto y no haya fundado con Julio Antonio Mella el Partido Comunista de Cuba y que hubiese concluido de perfilar su análisis del Imperialismo, en lo que hubiese sido el complemento perfecto a esa obra de Lenin.   Algo del socialismo (que no en la estabilidad de la URSS) hubiese sido diferente de estar el dirigente más brillante de los obreros del mundo un par de años más. A este Lenin el mismo Che no le perdona que haya muerto tampoco. Así dijo en su libro: Cometió dos errores de gravedad, la NEP y morirse. La muerte del Che significó un viraje en la historia revolucionaria del mundo. No hay imagen que pueda superponérsele...  Bueno, la de Fidel pero espero que Fidel nos regale un par de años más.  No veo como será posible llorar al Che y a Fidel simultáneamente.  Por eso no me asusta el gobierno de mi país sin Fidel... me asusta la revolución del mundo sin él.   Porque la vida de Fidel trasciende a su persona individual.   El nombre de Fidel condensa las aspiraciones, las resistencias y los sueños rebeldes de numerosos pueblos, no sólo del cubano, contra el capitalismo, el imperialismo y el neoliberalismo. Si el Che Guevara es el símbolo mundial de la rebeldía juvenil, su amigo y compañero Fidel representa la máxima expresión de las rebeliones antiimperialistas y socialistas del Tercer Mundo. Por eso es tan despreciado por los poderosos del planeta, sus monopolios de (in)comunicación y la CIA, incluyendo en esta fauna atroz a los extremistas millonarios de Miami que hoy quieren, mezquinamente, ocupar el centro de la escena mediática con su prédica de odio, resentimiento y muerte.  Dijo Néstor Kohan en su maravilloso artículo.  Y de Fidel tendremos que hablar mucho más de lo que habló Ignacio Ramonet en sus 100 horas. Para hablar con él necesitaríamos 100 años... y aun así estaríamos apenas comenzando.  Por eso desde mi balcón lo he sentido en estos tristes meses, en medio de tantas horas insomnes tratando yo de descifrar si la Tierra seguirá girando cuando él ya no esté de este lado de la vida. Lo he tratado de descifrar en cada una de sus líneas dichas o por decir. Pero él se escurre ágil y silencioso por mis ventanas húmedas, en aquel auto negro que atravesaba la ciudad por la Quinta Avenida cuando todos decíamos en un susurro conteniendo el aire.... Por ahí va Fidel. He tratado de buscarlo en este Congreso de nuestros jóvenes, en la voz de nuestros dirigentes, en la Asamblea Nacional, incluso en las propias cintas que ponen a diario de la epopeya de Girón, con aquellos inmensos lentes, aquella boina y aquel andar ligero por las arenas.  Mas donde único le veo es desde mi balcón sin poderle alcanzar, cuando lo intento se me esfuma en una niebla verde con olor penetrante de aceitunas. Estiro mis brazos y le pido clemencia para que no se me vaya sin darme pistas, sin que diga como el mejor de los cartománticos el futuro del mundo ¿Y qué con la revolución bolivariana y su partido socialista unido?, ¿Y qué con el infeccioso Israel y las alternativas de lucha para el mundo árabe?, ¿Y en qué nueva jugarreta nos querrá ver desaparecer el decadente imperialismo?, ¿Y qué con la llamativa China? Y qué de los próximos huracanes, o los próximos mosquitos, o cómo conectamos las próximas ollas o cómo seguiremos tratando de ahorrarle petróleo al mundo, y en fin esas preguntas gruesas y volátiles son a las que Fidel durante casi 50 años, respondía.   Siempre estuvo respondiendo, aunque desde el mismo inicio de la revolución los más consagrados y estudiosos no sabían dónde colocarlo en sus rígidas plantillas hechas para mortales Fidel pudo ser un aventurero, como se apresuró a decir el Partido Socialista Popular cuando el Moncada; o un nacional- revolucionario o pequeño burgués como les encanta a mis camaradas de la izquierda radical denominar a los que se salen del juego, o un terminador como Stalin. O sea: un terminador de su propia obra ¡Válgame Dios!   Otros muchos lo condenan a no haber sabido nada de teoría marxista... o comunista, que no tan sólo Carlos Marx hizo revelaciones. No saben que fue uno (por no decir el más) autentico comunista practico que ha logrado mantenerse vivo en el mundo. El mismo señaló que antes de leer literatura marxista ya se sentía comunista utópico.   Me hace reír aquello de que Fidel fue obligado por las circunstancias a radicalizar la revolución.   Que el gobierno de Estados Unidos le obligó a declarar su carácter socialista, como si Fidel Castro hubiese necesitado algún evento para radicalizarse.  No habíamos llegado al Enero de 1959 cuando le declaraba a Celia Sánchez en una memorable carta:  Cuando esta guerra se acabe empezará para mi otra guerra más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos (los yankees).  Me doy cuenta que va a hacer mi destino verdadero.  También explicó Fidel en 1988:   Pero sí, ya desde entonces ¿éramos marxistas?; si nosotros pudimos interpretar la realidad de nuestro país, es porque ya habíamos aprendido el marxismo leninismo... (...) Ya nuestro Programa del Moncada era una preámbulo del socialismo y ya nosotros éramos socialistas y marxistas leninistas, y si no habríamos llegado a la esquina.  Y nos trajo hasta esta esquina de la evolución; al recodo más alto de la evolución humana. Eso sí se lo debemos al oficio revolucionario de Fidel, a nadie más. Un tanto, sí al Che.  Tiemblo al pensar que los dos mejores comunistas de su tiempo se empeñaron en una pequeña isla para fabricar una revolución socialista duradera. ¿Qué tiene mi isla, pues para que se enlacen así desde su propia fundación los mejores hombres del mundo? ¿Y si no logramos sostenerla cuando se nos vaya el último de ellos? ¿Cómo nos ensartaremos los mortales para seguir por esta obra de luz?  No lo sé. Por más que me detenga horas en mi balcón a ver si consigo alguna experiencia religiosa o extra sensorial, o alguna de esas payasadas a las que nos condena la incertidumbre.  Allí en mi balcón, he podido recorrer sin fracturas a Fidel Castro, desde que su voz era aguda e intensa hasta esta su última charla de las 100 horas. Ando esperando que me pongan otro ejemplo donde se den la mano la habilidad política y la coherencia revolucionaria por casi 50 años. Quizás con Fidel estemos despidiendo al último político verdadero de la historia del hombre.  Me interesa que lo conozcan los que se sitúan en mi balcón revolucionario. Lo que piensen hoy por hoy mis enemigos me da igual, pues para ellos no hay tiempo... Lo que piensen estos nuevos reformistas que duermen solapados en los pliegues de las revoluciones en marcha, y le quieren suministrar a Fidel un discurso ecuménico y rosado... tampoco les doy crédito ya, ni me interesan sus lujosas elucubraciones moralistas y pálidas para estos tiempos en que se nos cae encima el mundo y parece que se nos va su último profeta.   En 1961, cuando recién los comunistas “profesionales” se daban cuenta que en Cuba triunfaba una revolución socialista se apresuró Fidel a decir, precisamente cuando organizaba nuestro Partido Comunista: Es preciso tener en cuenta que no hay términos medios entre capitalismo y socialismo. Los que se empeñan en encontrar terceras posiciones caen en una posición verdaderamente falsa y verdaderamente utópica. Eso equivaldría a desentenderse, eso sería complicidad con el enemigo.  El socialismo limpio de polvo y paja, tal como lo definiera el Che en el inigualable discurso de Argel: No hay otra definición de socialismo, válida para nosotros que la abolición de la explotación del hombre por el hombre. Es ese el único socialismo que merecemos y el único por el que han luchado los mejores hombres del mundo.  Y fue en el XX Aniversario de la muerte del Che cuando Fidel lanzó aquel memorable discurso diciendo cuanto nos habíamos olvidado de él:   Si hubiese visto un día un conjunto de empresas, plagadas de capitalistas de pacotilla -como les llamamos nosotros-, que se ponen a jugar con el capitalismo, que empiezan a razonar y a actuar como capitalistas, olvidándose del país, olvidándose del pueblo, olvidándose de la calidad, porque la calidad no importaba para nada, sino el montón de dinero que ganara con aquella vinculación; y que un día se iba a vincular no ya sólo el trabajo manual, que tiene cierta lógica, como cortar caña y otras numerosas actividades manuales y físicas, sino que hasta el trabajo intelectual se iba a vincular; que hasta los trabajadores de la radio y la televisión iban a terminar vinculados, y que aquí terminaría por ese camino hasta el cirujano vinculado, sacándole tripas a cualquiera para ganar el doble y el triple.  Digo la verdad, el Che se habría horrorizado, porque esos caminos no conducirán jamás al comunismo, esos caminos conducen a todos los vicios y a todas las enajenaciones del capitalismo. Esos caminos -repito-, y el Che lo sabía bien, no conducirían jamás a la construcción de un verdadero socialismo, como etapa previa y de tránsito hacia el comunismo.  Y por supuesto otro momento fue el 17 de Noviembre8 donde volvió a declararle la guerra al sistema capitalista con la misma audacia que en su juventud. Apenas unos meses después se nos enfermaría, y nos quedamos todos con aquellas sentencias en el corazón.
Los neoreformistas sacarán otros instantes y otras fechas, pero esas las dijo el Presidente de Cuba, que comparte el cuerpo con mi Comandante. Tuvo que cederle espacio para gobernar un estado en medio de la marejada capitalista. Esas donde le obligan a ponerse corbata... no me interesan... o me interesan menos.   El Comandante Fidel con su existencia niega la maldición recién lanzada por el presidente de Brasil Luis Ignacio Lula da Silva, al afirmar aquello que: Las cosas evolucionan de acuerdo con la cantidad de cabellos blancos y la responsabilidad que uno tiene... Si uno conoce a un izquierdista muy viejo es porque debe estar con problema.  Todos los días frente al espejo trato de revisar mi tinte del cabello, para retocarlo cada vez que asoma una cana por miedo a la maldición de Lula... pero Fidel no necesita revisarlo. Es la antitesis de esa maldición. Mientras más camina por el mundo, mientras mas cabellos blancos le asalten, mucho más está del lado de la izquierda. Que a pesar de tantos vaivenes y liturgia no ha perdido su significado. Fidel está en el origen de coordenadas de la izquierda. Es nuestra única referencia viviente.   Es por eso que cobra un valor inestimable el libro de las Cien horas, aunque como decía es apenas un comienzo. Terminábamos todos de leer la primera edición cuando se nos vino encima aquella proclama del lunes 31 de julio. Me aferré a ese libro queriendo escuchar más, queriendo que fuera diez veces más grande. Tiene el merito de haberse escrito estando Fidel en la dirección del país. No trató de convertir en testamento ni una frase. Eso le da un sentido de continuidad imperecedero. Ahora comprendo que mi destino no era venir al mundo para descansar al final de mi vida11. Dijo al final del libro Fidel, repitiendo las palabras que pronunció en nuestra Asamblea Nacional.  Y nos advirtió además nuevamente: ”Pero este país puede autodestruirse por sí mismo. Esta revolución puede destruirse Nosotros sí, nosotros podemos destruirla y sería culpa nuestra.   Si no somos capaces de corregir nuestros errores. Si no conseguimos poner fin a nuestros vicios: muchos desvíos y muchas fuentes de suministro de dinero de los nuevos ricos del período especial al que no debemos volver.   Es por esto que lo extraño... no para recordarlo como el abuelito tejiendo calcetines a sus nietos, sino para que nos ayude a espantar estos nuevos fantasmas. Es no más que por eso que le ruego a su salud que se recupere y que vuelva a tomar las riendas...No más para dar últimas instrucciones.   Aunque de alguna forma este libro representa sus últimas reflexiones escritas y revisadas, uno siente que habla estando en combate, como si siempre fuera a acompañarnos.   También me asusto, dada mi lamentable estado de angustia, de lo que he leído en muchos medios de que sin Fidel reverdecerían en mi país reformas con más acento en la economía de mercado. Esto hace que todas mis alarmas se disparen.   Pero es absurdo creerlo, todos los que han diseñado nuestro modelo económico, que tanto éxito ha tenido en los últimos años, están vivitos y coleando, nuestros dirigentes no lo permitirían sin dar sus vidas.   Y si sus vidas no alcanzasen están las nuestras y las del mundo que no permitirán tranquilamente que se deshaga este empeño humano que es la revolución cubana.  Me imagino que también contamos con la recién indurada revolución bolivariana que puja por radicalizarse.   Espero que Chávez, si logra fundar su Partido Unido Socialista de Venezuela esté atento a cualquier tropiezo en que podamos caer producto del dolor, si de verdad cree en la Revolución Permanente, la revolución cubana es parte integrante de su propia revolución.  Y si aun esto no alcanza, si estas epidemias capitalistas logran vencer nuestros anticuerpos una vez que Fidel se nos haya ido... basta con apelar a uno de los más grandes legados jurídicos que tenemos (eso sí) gracias a Fidel:  Los cubanos votamos en el 2002 que el capitalismo es inconstitucional en la República de Cuba. Por una mayoría impresionante.  Para instaurar el capitalismo tendrían que deshacer el país, llamar a una Constituyente.  Así de sencillo.   Quizás sea esta una de nuestras mejores armas.   Sin socialismo no existe la República de Cuba.   Y como es imposible defender el socialismo tan sólo en un país, con esta declaración de principios, estamos convocados a defender la revolución socialista en el mundo.   Mientras exista el imperialismo estamos los cubanos bajo la promesa del Juramento de Baraguá.  
Es tal vez el único consuelo que me quede cuando sepa que la sombra perfilada y grácil de Fidel se esfuma para siempre, dejando blanco y vacío los bordes de mi inútil balcón.



difunden: el 1er. Museo Histórico Suramericano "Ernesto Che Guevara", la Escuela de Solidaridad con Cuba "Chaubloqueo" y el Centro de Registro de Donantes Voluntarios de Células Madre
Irene Perpiñal y Eladio González - directores   calle Rojas 129  local (Caballito) Capital -AAC1405-Buenos Aires-República Argentina  telefax: 4-903-3285 email:
museocheguevara@fibertel.com.ar
doná sangre, doná órganos, doná células madre, sé solidario, SÉ VOS.
¡Salven a los argentinos! "las ballenas"