lunes, 10 de marzo de 2014

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Momentos en mis recuerdos de Guayasamín

Por Pedro Martínez Pírez


El miércoles 6 de enero de 1999, en la sede del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, en La Habana, entrevisté por última vez al destacado pintor ecuatoriano y entrañable amigo Oswaldo Guayasamín.

Él estaba feliz porque ese día y en ese lugar, donde él hizo el primero de sus cuatro retratos a Fidel Castro, el 6 de mayo de 1961, le fue entregada a su hijo Pablo la Orden de la Amistad.

Fue un acto de justicia porque Pablito no solamente es uno de los hijos del Maestro, sino que durante toda su vida había desarrollado una acción de permanente solidaridad con Cuba desde la Fundación Guayasamín y el Instituto Cultural Ecuatoriano “José Martí” de Amistad con la Mayor de las Antillas.

Y tanto él como su esposa Patricia Madriñán habían viajado poco antes, con Oswaldo, desde Santiago de Cuba en el mismo avión en que Fidel Castro retornaba a La Habana luego de la celebración del acto por el 40 aniversario de la Revolución Cubana.

Fueron días de mucha emoción porque el lunes 4 y martes 5 de enero Osvaldo Guayasamín,  junto a otros dos grandes intelectuales ecuatorianos, Jorge Enrique Adoum y Pedro Jorge Vera, había participado en el Taller Cultura y Revolución, convocado por el Ministerio de Cultura de Cuba y la Casa de las Américas.

Poco más de 16 minutos duró la entrevista grabada para Radio Habana Cuba con Guayasamín en el ICAP. Me habló con emoción de su viaje de ida y vuelta en avión con Fidel, de los actos en Santiago de Cuba y de su intervención en el Taller, donde había anunciado la próxima inauguración de la Capilla del Hombre en Quito, un gran sueño nacido en 1961, durante su primer viaje a Cuba, donde conoció los crímenes de la tiranía de Fulgencio Batista, y los graves daños materiales y humanos provocados por la acción imperialista en Playa Girón y el cerco diplomático que Washington impulsaba contra Cuba en aquella época.

Y es que Oswaldo Guayasamín, a quien había conocido en junio de 1960 en Quito, me anunció en abril de 1961, en los días de la agresión yanqui y mercenaria por Playa Girón, su deseo de viajar a Cuba para patentizar su solidaridad con la Revolución, y pintar al Comandante Fidel Castro.

Desde la Embajada de Cuba en Quito, trasladamos la solicitud del pintor ecuatoriano al Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, presidido entonces por Giraldo Mazola, quien tuvo la sabia iniciativa de trasladar el pedido a la inolvidable Celia Sánchez Manduley, quien organizó el encuentro de Fidel con Guayasamín en la sede del ICAP la noche del sábado 6 de mayo de 1961.

“Tú eres el causante maravilloso de mi primer viaje a Cuba”, me dijo Guayasamín en una de las numerosas entrevistas que le hice a lo largo de su vida en La Habana, en Quito, en Barcelona o en Managua.

“Inmediatamente que voy a Cuba en este primer viaje ya conozco a Fidel y hago el primer retrato”, agregó el pintor, y en su estilo característico de hablar, con afecto y amor hacia Cuba, precisó que yo lo había “metido entre montones de gente en un avión horriblemente viejo y de repente fui a parar en La Habana, donde se concertó e hice el primer retrato a Fidel”.  

Oswaldo Guayasamín es el único pintor para el cual posó en cuatro ocasiones el líder histórico de la Revolución Cubana. Al primer retrato, del cual solamente se conservan fotografías, se agregaron otros en 1981 y 1986, y el último pintado en noviembre de 1995, pero entregado en un acto público realizado en La Habana a próposito del setenta cumpleaños de Fidel.

Fui invitado por Guayasamín cuando realizó el último retrato a Fidel y también el 29 de noviembre de 1986, cuando en La Habana pintó al cantautor cubano Silvio Rodríguez, quien ese día cumplía 40 años de edad. “He sido bendecido por las manos de los Andes”, me dijo Silvio, en una entrevista que conservo con celo por su simbolismo, y porque la fecha del cumpleaños de Silvio coincide con la inauguración de la Capilla del Hombre, el 29 de noviembre de 2002, en una mañana memorable en la que ya no estaba Oswaldo, pero sí sus amigos Fidel Castro y Hugo Chávez.

Y yo tuve el privilegio también de ser testigo como diplomático y fotógrafo aficionado del retrato que Guayasamín hizo en su casa de Quito, el 7 de septiembre de 1961, al inolvidable cantautor Carlos Puebla, quien estuvo en Ecuador con los Tradicionales, músicos que siempre le acompañaban: Pedro, Rafael y Santiago.

Guardo muchos y muy gratos recuerdos de Guayasamín, a quien entrevisté también en varias ocasiones para la televisión cubana, una de ellas cuando la inauguración en agosto de 1988 de su mural en la sede del Congreso, en Quito, en los días de la visita de Fidel Castro a los actos de toma de posesión del presidente de Ecuador Rodrigo Borja. En ese mural el pintor denuncia por su nombre a la CIA, la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, de triste recordación en Ecuador y en todo el mundo.

Y es que Guayasamín, quien fue reconocido como Pintor de Iberoamérica en la IX Conferencia Cumbre celebrada el 16 de noviembre de 1999 en La Habana, nunca ocultó su firme postura antiimperialista, de apoyo irrestricto a la Revolución Cubana, a la lucha de los sandinistas en Nicaragua y del FMLN en El Salvador.

Condenó las agresiones de Estados Unidos a República Dominicana, Granada, Panamá; se solidarizó con los negros, los indios, las mujeres y los niños, y condenó los dos genocidios: el de los aborígenes en América  y el de los negros que fueron arrancados del África.

En su hermoso y ya histórico mensaje titulado “Por la unidad latinoamericana en el corazón del sol”, presentado en el Taller Cultura y Revolución a Cuarenta Años de 1959, Guayasamín denunció que en un siglo y medio la Conquista mató alrededor de setenta millones de indios, y a la mitad de los cincuenta  millones de negros que los europeos trajeron como esclavos a América.

De su vastísima obra baste recordar la colección pintada entre 1964 y 1984, titulada “La Edad de la Ira”, en la cual denuncia las crueldades de la Guerra Civil española, las invasiones nazis y los campos de concentración, las bombas sobre Hiroshima y  Vietnam, las dictaduras en América del Sur, las agresiones yanquis, la discriminación y el abuso contra mujeres y niños.

“Como mejor me expreso es con formas y colores”, dijo en su última visita a Cuba, donde siempre se reconoció su grandeza como pintor y escultor y le fueron conferidas la Medalla Haydée Santamaría y la Orden Félix Varela, la más alta distinción que concede el Consejo de Estado de Cuba a personalidades de la Ciencia, la Cultura y las Artes.

Guardo en mi memoria la visita que Guayasamín hizo a Cuba cuando mercenarios centroamericanos fueron contratados por  los terroristas de Miami para colocar bombas en hoteles de La Habana, una de las cuales provocó la muerte del joven italiano Fabio Di Celmo.

El pintor ecuatoriano decidió venir a La Habana acompañado de un equipo de la televisión ecuatoriana y alojarse en un hotel para demostrar que sí se podía venir a la capital cubana, víctima entonces de una campaña destinada a atemorizar al turismo y contribuir al criminal bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra Cuba.

Y recuerdo también con emoción cuando fui invitado por el Maestro a la celebración de su 75 cumpleaños, el 6 de julio de 1994, y en esos días decidió otorgarme la condición de Miembro de Honor de la Fundación Guayasamín.

Este diez de marzo, cuando se cumplen 15 años de la muerte de Oswaldo, vienen a mi mente las palabras de Fidel Castro en el acto de inauguración de la Capilla del Hombre en Quito, cuando evocó a Guayasamín y lo identificó como a su hermano entrañable, y la persona más noble, transparente y humana que había conocido, cuyo legado dejado al mundo perdurará en la conciencia y el corazón de las presentes y futuras generaciones.

domingo, 9 de marzo de 2014

Felipe Pérez Cruz Comunismo Socialismo y Nacionalismo en Cuba Instituto Juan Marinello Habana Caridad Massón Sena





COMUNISMO, SOCIALISMO Y NACIONALISMO EN CUBA (1920-1958)
(Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, La Habana, 2013),
Compilación de Caridad Massón Sena[1]

Por Felipe de J. Pérez Cruz
El libro que presentamos los atrapará. La Dra. Caridad Massón Sena explica en la nota de Presentación como nació de las ponencias y debates realizados durante dos días de octubre del 2009, en la sede del Instituto de Investigación Cultural Juan Marinello, institución de ciencia y conciencia que todos conocemos como “Centro” Juan Marinello. Massón Sena da cuenta de la organización del taller y cómo esta se respeta en la presente obra.  
Qué nos proponen los autores
El Prólogo, es de hecho un interesante y arriesgado ensayo del Dr. Orlando Cruz Capote que recoloca lo que le continuará, desde una sistematización -que su autor con modestia nos define como esquema-,  de lo que considera la crisis del marxismo y el movimiento comunista internacional desde 1924 hasta la contemporaneidad. Si el lector decide comenzar su lectura desde el final del libro, tendrá el grato encuentro con la prosa íntima de Blas Roca Calderío (1908-1987) en carta a su entrañable colaboradora Justina Álvarez (1913-2008), y podrá penetrar desde esas confesiones que solo se hacen en la intimidad, en la magnitud histórica del hombre que desde 1934 dirigió el primer Partido Comunista, contra vientos y mareas, tormentas y desastres, con mucha pasión, coraje y patriotismo. Tanto el Prólogo como la carta de Blas dan paso a un conjunto de excelentes presentaciones.
Pienso que no fue solo la casualidad del emplane, la que nos coloca a partir de las páginas 178-179, exactamente en la mitad del libro, el ensayo de la Dra. Angelina Rojas Blaquier “Zapatero a tu zapato”, dedicado a presentarnos la imagen de Blas Roca en el tejido de las circunstancias históricas. La carta a Justina Álvarez que referimos, con la que finaliza el texto, y este artículo de  Rojas Blaquier, constituyen un homenaje que bien merece este fundador del socialismo cubano. Homenaje, que se continúa por el conjunto de los autores, pues Blas por razones obvias, es una de las figuras eje, su protagonismo histórico será explícito o estará implícito en el discurso histórico que articula toda la obra compilada por Masson Sena.
Si Cruz Capote propone emprender la lectura desde la actualidad, el texto incorporado como anexo de la Dra. Ana Cairo Ballester “Un requiem marxista para la Revolución del 30”, proporciona una lúcida panorámica que recorre los antecedentes históricos y las figuras principales que como Fernando Ortiz, tributaron al primer momento articulador de las tradiciones nacional-revolucionarias con el marxismo, a sus trascendentales alumbramientos, compulsiones y disensos, y en tanto constituyeron sustento y estímulo para la eclosión revolucionaria de las masas y de sus tres personalidades cimeras: Julio Antonio Mella (1903-1929), Rubén Martínez Villena (1899-1934) y Antonio Guiteras Holmes (1906-1935), a  cuyo influjo se forjó una  valiosa intelectualidad marxista, que sin embargo no ha sido suficientemente atendida por nuestra historiografía –e incluso algunos fueron objeto de prejuicios por el “pecado” de desafiliarse o no afiliarse nunca al primer Partido Comunista de Cuba-, como Raúl Roa García (1907-1982), o Pablo de la Torriente Brau (1901-1936), quien al caer como combatiente antifascista en la defensa de la República Española, ya era militante del Partido Comunista de aquel hermano país
Dos figuras cimeras del movimiento comunista cubano son tratadas en la compilación. La Dra. Juana Rosales García presentó Rubén Martínez Villena: una interpretación creadora de las ideas marxistas, y la profesora e investigadora matancera Alina Bárbara López Hernández nos brinda “La concepción de la revolución verdadera en Juan Marinello”.
La evaluación de figuras tiene en el texto de Julio César Guanche El compañero señor Chibás. Un análisis del nacionalismo populista cubano  la presentación del líder fundador de la ortodoxia en sus varios y contradictorios matices. Guanche es un joven intelectual revolucionario que ejerce su compromiso desde y en la actualidad que lo ha formado, y sin dudas su Eduardo René Chibás Ribas (1907-1951) es orgánico y a la vez distinto al que generalmente nos ha llegado desde lecturas comprometidas con simpatías y rechazos. Guanche sostiene que el socialismo auténtico es sinónimo genérico del capitalismo de Estado (p 219),  precisión esta que más allá del objeto del libro,  aporta y esclarece frente a lecturas desacertadas que se han hecho del programa del PRC (A). El programa político de un partido es ante todo un asunto de clase.
Guanche realiza un diálogo paralelo del autenticismo y posteriormente la ortodoxia, con el populismo latinoamericano de la época. Nos “cocinamos”  muchas veces en estudios que ni siquiera intentan levantar la vista hacia el entorno caribeño, y aunque el intervencionismo de la Internacional Comunista en la vida del primer partido y en decisiones de impacto nacional, hace imposible para los historiadores de esta temática la no atención del factor externo,  la compilación que presento se precia de prestar una especial atención al mundo en que Cuba se inserta y sobre todo interacciona. En esta dirección están los trabajos de la profesora y acuciosa investigadora Berta Álvarez Heredia “Cuba entre dos guerras mundiales”, del historiador y filósofo Dr. Jorge Luis Acanda González  “Situación internacional e influencia global de la COMINTER”, y del profesor Daniel Felipe Fernández Díaz “Nacionalismo y Revolución en América Latina (1945-1958)”.
Sin dejar de tener el referente latinoamericano y mundial, la visión hacia lo interno la completan  las profesoras de la Universidad de La Habana, Dra. Ana Cairo Ballester con “Algunas tendencias  socialistas en Cuba” y la  Dra. Paula Ortiz Guilián desde “El Primer Partido Comunista de Cuba y su posición ante los gobiernos auténticos; y dos ensayos de la autoría de la compiladora Masson Sena “Comunismo y nacionalismo: Una relación conflictiva durante la Revolución del 30” y “El Partido Socialista Popular y la Revolución Cubana”, entendiendo Masson Sena por Revolución Cubana la última etapa de la insurrección contra la dictadura de Fulgencio Batista y Zaldívar (1901-1973).
Todos los trabajos documentan y fijan criterios novedosos sobre el tema de convocatoria, para aportar cada uno un nuevo nivel de conocimiento, tanto en sus objetos de estudio como en las válidas generalidades teóricas que aporta la obra en su conjunto.
Junto a la excelente labor de la compiladora, en el libro se destaca por sí mismo, el magisterio filosófico e histórico de Fernando Martínez Heredia. Con la naturalidad desenfadada de sus profundos ejercicios de saber, Martínez Heredia hace una lúcida introducción del libro, tal como ocurrió en el taller, y la huella de su atención-ocupación, jalona los debates que se suceden. Su ponencia final propone trece puntos para  resumir los principales aspectos del proceso de la insurrección hasta el triunfo de la Rebelión el 1ro de enero de 1959. Antes, brindó testimonios y aclaraciones inéditas sobre la fundación de la columna guerrillera al norte de las Villas y la participación de las bases comunistas de la región en la arriesgada tarea, durante el último año de la Guerra de Liberación.
Además del decir en los debates del prologuista y los autores, el libro recoge las intervenciones que desde el público realizaron las doctoras Josefina Mesa Paz,  Ana Suárez Díaz, Carmen María Díaz García, el profesor brasileño Daniel  Rodríguez y quien hace esta presentación.
De lo mejor del revisionismo histórico marxista
El libro que les comento, es de lo mejor del revisionismo histórico marxista latinoamericano. Con profesionalidad sus autores  se acercan de manera prudente pero incisiva a la verdad histórica, hacen gala de sabiduría para colocar al Partido de los comunista cubanos en su imprescindible y justo lugar,  en un hacer que como precisa el título de la obra que comparten, fue también campo de pelea para socialistas y nacionalistas revolucionarios, y sobre todo, para miles de revolucionarias y revolucionarios “sin partido”, decididos con y sobre las disciplinas ideológicas, a darlo todo por su emancipación como esclavos modernos del capitalismo neocolonial. Todas las visiones explicitan el por qué de los disímiles posicionamientos, comprenden y aprehenden  la dinámica, el lugar, el tiempo y las personalidades, en la vorágine de una revolución tan compleja en sus flujos como en sus reflujos.
Y lo más interesante, está precisamente en que mientras más se desbroza la complejidad, en la medida que acompañamos a las personalidades en sus luces y sombras, cuando los vemos a todos, a los revolucionarios más preclaros y a los menos lúcidos, a sus antagonistas, a los más canallas y a los menos, a los vacilantes, a sinceramente confundidos, junto a muchos otros personajes intermedios, cuando hacemos el balance de aportes, resultados y sobre todo eticidad y patriotismo, el primer Partido Comunista de Cuba se nos revela como un sujeto indispensable de la historia cubana en la primera mitad del siglo XX.  Solo anoto cuatro entre las varias claves que el libro devela:
1) Durante el proceso de la Revolución de 1930 y después, el Partido disputó a nacional reformistas, nacionalistas revolucionarios, socialistas, anarquistas, apristas, trotskistas y muchos más, un liderazgo para el que se creía predestinado por su auto asunción comunista, pero solo pudo llevar adelante esta disputa, porque indiscutiblemente fue un sujeto con capacidad de liderazgo y fuerzas vivas y actuantes en la historia real. 2) El Partido Comunista de Cuba se privó de la criticidad y la irreverencia fértil y propositiva de un sustantivo grupo de marxistas cubanos, pero a contrapelo de sectarismos y dogmas desde dentro y fuera del Partido, no se puede entender el protagonismo histórico de estos revolucionarios y la producción teórica y documental que nos legaron, sino es por la  relación conflictual de “oposición”, discrepancia y/o acompañamiento que estos marxistas -y leninistas- sin afiliación orgánica, mantuvieron con el Partido y con los movimientos e iniciativas políticas, sociales y culturales de masas que impulsaba.
3) El nacional reformismo o el populismo en Cuba,  nació en 1934, en tanto partido y movimiento, como  alternativa esencialmente burguesa y anticomunista. De ahí que personalidades tan dispares en lo ético y político  como Ramón Grau San Martín (1881-1969) y Eduardo René Chibás y Ribas (1907-1951), fueran orgánica y visceralmente anticomunistas, negados a cualquier trato con los comunistas, con errores o sin errores del Partido marxista. 4) No obstante los desaciertos de partida en la evaluación del movimiento revolucionario organizado por el joven Fidel Castro Ruz (1926-), y de la política errática frente a la lucha armada; el Partido Comunista -desde 1944 con el nombre de Partido Socialista Popular- logró realizar una amplia propaganda a favor de las transformaciones urgentes que necesitaba la sociedad cubana, denunció y alertó sobre las maniobras imperialistas, y desde la presión combativa y patriótica de su militancia, se pronunció y actuó definitivamente a partir de febrero de 1958 por la vía de la insurrección armada.  En este proceso el Partido de los comunistas contribuyó de modo esencial  a cohesionar a las masas para obtener la unidad que consolidó el triunfo definitivo de la Revolución (p 275). Junto a los militantes del Movimiento 26 de Julio, y el Directorio Revolucionario 13 de Marzo, la resistencia auténtica del autenticismo y la ortodoxia, y muchos otros patriotas, decenas de comunistas sufrieron cárceles, represión y torturas en las mazmorras batistianas. Los líderes sindicalistas José María Pérez (1911-1957) y Saturnino Aneiro Abella (1915-1958), Francisco Rosales Benítez (Paquito) (1906-1958) primer alcalde comunista en Cuba, el estudiante de magisterio Fulgencio Oroz Gómez (1939-1958),  y otros comunistas fueron asesinados o murieron en combate.
Subrayo la muy pocas veces atendida actuación de los comunistas durante el periodo posterior a la ruptura golpista de la democracia burguesa en Cuba en marzo de 1952, la dictadura de Batista y la Guerra de Liberación. La ausencia del protagonismo de los militantes del Partido Socialista Popular en la historiografía, en la textología escolar, y en el espectro conmemorativo de la propaganda histórico-política que realizamos, resulta una significativa deuda, que ni siquiera aparece en los inventarios más consensuados de la crítica académica.  
Después de la obra mayor de la Dra. Angelina Rojas Blaquier sobre la Historia del primer Partido Comunista de Cuba[2], este libro que presentamos constituye el esfuerzo teórico e historiográfico  más completo que se ha puesto en manos de estudiantes, profesores, especialistas y público en general. A diferencia de la obra monográfica de Rojas Blaquier, la estructura de ponencias, que da origen a los artículos y ensayos que integran “Comunismo, socialismo, nacionalismo…”, le proporcionan la fluidez que caracteriza el debate controversial, así mismo el resultado de las múltiples miradas que se brindan, y la construcción colectiva del conocimiento que se armó entre ponentes y público, proporcionaron el desbroce de aristas aún no trabajadas y el planteamiento en nuevas interrogantes. El ejercicio de síntesis y brevedad que se le impone a cada autor en la dinámica de un taller y el carácter eminentemente parcial que ello asigna a los asuntos que trata, obligarán al lector interesado y a los propios estudiosos, en más de un tema, a buscar la profundidad del acontecer histórico que existe en los citados tomos de Rojas Blaquier. Lo uno y lo otro imponen felicitar lo hecho y exhortar a la continuidad. Esperamos entre otros próximos partos, un esperado libro de Paula Ortiz Guilián, y ya se anuncia para el año próximo la salida del Rubén de Juana Rosales García, libro que hace tres años espera su oportunidad entre las obras que “aprobadas para editar”  aún no encuentran la prioridad del financiamiento.
Un libro de pelea y de unidad
Todo libro de historia se piensa, hace y publica desde y para la política concreta, y en mi opinión Comunismo, socialismo, nacionalismo, pelea de principio a fin en la zona más crucial de la lucha ideológica y política de la  Cuba actual. Pienso que hay dos territorios de forja y combate, siempre muy interconectados, donde las verdades de esta obra impactan de manera crucial.
Uno: Venimos de una tradición de infantilismo izquierdizante, que fracturó la riqueza de la historiografía nacionalista y marxista, la que en la república neocolonial dio su porfía patriótica contra la genuflexión y el entreguismo de oligarcas y mercenarios, y tuvo en los años sesenta, tras el triunfo popular de enero de 1959, su eclosión de confirmaciones y nuevas herejías.  El primer Partido Comunista de Cuba fue colocado como el principal -y en algunos libros y programas escolares y universitarios como el único- sujeto dinamizador de la historia republicana, y este atentado voluntarista a la verdad histórica, como toda imposición, trajo aparejado no solo las resistencias genuinas de no pocos historiadores, sino que incubó errores de actuación, insatisfacciones y pasiones mal encausadas. La rectificación en ciencia, política y sensibilidades no ha corrido pareja, y aún hoy hay fantasmas por exorcizar. Y esta obra resultado del taller convocado por el Centro Juan Marinello, es un ejercicio sereno e inquisitivo de pensamiento revolucionario, que se abre en amable invitación. La Historia no puede entenderse como coto particular para dirimir discrepancias y conflictos que aunque se declararon superados por la unidad partidistas, para algunos de los antagonistas  solo se postergaron. 
Dos: Por procesos de anomia social, mercantilización, socialdemocratización, derechización liberaloide y mercenarismo intelectual, cuya explicación escapa a la posibilidad de esta presentación,  hoy presenciamos el avance  en la historiografía cubana y también más allá de esta, de una tendencia esencialmente anti partido, que pretende negarle a los militantes del primer Partido Comunista de Cuba protagonismo alguno en el acontecer republicano, presentándolos a lo sumo como un grupo sectario de erráticos seguidores del estalinismo. Tal hacer y decir del más rancio anticomunismo, se interconecta y magnifica ahora reenvasado y camuflajeado con ribetes postmodernos, por los activos-CIA de la subversión ideológico-cultural. Comunismo, socialismo y nacionalismo en Cuba (1920-1958), da una sólida respuesta de ciencia a los  anticomunistas de oficio académico, y deja en la más absoluta indigencia temática a los agentes de la tergiversación y la manipulación tarifada.  
En un libro de afortunados disensos historiográficos, hay varias unanimidades que compartieron todos los autores,  de ellas tres decisivas:
Primera: Todos los autores fundamentan sus posiciones en una construcción del discurso histórico que privilegia y hace culto el partidismo científico,  al compromiso con la verdad que se sustenta en investigaciones, documentos y cualificaciones pertinentes. Al lector y a los especialistas interesados les corresponde la tarea de sopesar argumentos y posiciones.  
Segunda: Las ponencias y sobre todo el debate que tan sabiamente se incorpora como sujeto principal que articula, completa y propone, ambos, transpiran fraternidad. Lo solicitó Fernando Martínez Heredia en una primera intervención: “nada de colegas, ni académicos, fraternales” (p 91), pero no es la primera vez que tal condición se solicita o reclama –incluso el propio Martínez Heredia lo ha reiterado en todos los espacios en que participa-, y esto no siempre se logra.  El texto captó  el clima de camaradería y responsabilidad que se estableció entre ponentes y público. Frente a los reduccionismos del “respeto”, que intenta hacer plaza en nuestro medio, y obligarnos a  falsas tolerancias con la mediocridad y la asepsia ideologizada de la desideologización, el libro que les recomiendo, es demostrativo de que es posible y necesario el diálogo de saberes inquisitivos, discrepantes, diferenciadores. Nada que debía decirse se dejó de decir, todas las divergencias quedaron expuestas, para darnos el privilegio hoy, casi un lustro después, de comparar y apreciar por donde andamos ahora mismo. Y me complace compartirles que en mi opinión, esos discursos del 2009, andan hoy mucho más cercanos, porque su pertinencia  no se agotó en la “academia”, sino que está en la dialéctica enriquecedora de las luchas ideológicas y políticas que en estos precisos momentos nos ocupan. 
Tercera: En medio del empobrecimiento del conocimiento, la historia, el estudio y la enseñanza del marxismo y el leninismo que aún no se resuelve en nuestro país, mientras crecen quienes abandonan el socialismo científico tras nuevos y estériles mimetismos, cuando hasta en zonas del discurso y la prensa política partidista, comienza a escasear la palabra y el concepto comunismo, todos estos autores se aferran a sus certezas marxistas y asumen el rescate y la construcción plural de la historia de los movimientos comunista, socialista y nacionalista cubano, simientes colectivas del actual Partido Comunista de Cuba. Lo hacen por demás con un método crítico y propositivo. No hay falsas ingenuidades y ni el más mínimo asomo de interés en ser o parecer ingenuos. Quienes accedan a la lectura de esta obra, tendrán la oportunidad de repasar no solo lo que pasó en el ayer histórico, sino que encontrarán a su disposición un cúmulo de inteligentes razones para pensar el  hoy.  En este sentido, lo autores no se ven, ni actúan como jueces, saben que ese no es el oficio del historiador, pero no dudan en explicitarnos qué no podemos perdonarnos hoy en nuestra praxis militante, y ese si es el oficio del historiador.

Muchas gracias


[1] Presentación realizada el 15 de febrero en la Casa del ALBA Cultural como parte del Programa de la XXIII Feria Internacional del Libro en La Habana.
[2] Angelina Rojas Blaquier: Primer Partido Comunista de Cuba, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, tomos I (2005), II (2006) y III (2010).

sábado, 8 de marzo de 2014

Jorge Lamadrid Mascaró un cubano en Argentina, dos cubanos en Cuba y tres héroes presos en EEUU Embajador cubano en Buenos Aires


 

foto - en su museo de Buenos Aires el Che Guevara muestra los 5 rostros de los héroes.5 Estrellas amarillas en el cabestrillo negro claman por la libertad de todos ellos.

Un reclamo de reparación histórica

 Por Jorge Lamadrid Mascaró *


El regreso a su Patria este viernes 28 de febrero de Fernando González Llort, uno de los Cinco Héroes antiterroristas cubanos condenados arbitrariamente a largas penas de prisión en Estados Unidos, ha sido motivo de júbilo para sus familiares, su madre y esposa especialmente, sus compañeros de prisión, para las autoridades y para el pueblo cubanos y para todos los que han luchado porque se haga justicia, y pone de relieve al mismo tiempo la magnitud de la soberbia y el odio imperiales hacia Cuba y su invicta Revolución.

La alegría por su ejemplar y largamente esperado retorno, el cariño y la admiración que despierta su inclaudicable firmeza al enfrentarse, junto a sus cuatro compañeros, al brutal ensañamiento de las autoridades estadounidenses y a su obtusa y arbitraria “justicia”, viene acompañada por la indignación que provoca el haber cumplido 15 años, cinco meses y 15 días de ilegal encarcelamiento. La entereza de Fernando se puso de manifiesto a lo largo de esos largos años. Acusado de un supuesto delito menor, su abogado defensor le propuso deslindar su causa de la de sus compañeros, lo que fue rechazado de plano por Fernando. La ambivalencia del regreso fue expresada por él mismo, al afirmar que la felicidad completa llegará cuando los cinco estén libres en su Patria.

Los mundialmente conocidos Cinco Héroes cubanos, Gerardo Hernández Nordelo, Antonio Guerrero Rodríguez, Ramón Labañino Salazar, René González Sehwerert y Fernando González Llort fueron apresados por el Buró Federal de Investigaciones de Estados Unidos el 12 de septiembre de 1998. Habían llegado al territorio del estado de la Florida con la tarea de infiltrarse en las organizaciones terroristas que pululaban y pululan allí, integradas por elementos recalcitrantes, agentes y ex agentes de la Agencia Central de Inteligencia, terroristas confesos, asesinos, torturadores, esbirros y sus descendientes, de la tiranía batistiana, que habían sido acogidos en 1959 por las autoridades estadounidenses, bajo cuya responsabilidad, con su participación directa o su complicidad manifiesta, se perpetraron cientos de actos terroristas contra Cuba, como consecuencia de los cuales más de cinco mil quinientas familias cubanas sufren la pérdida de 3478 seres queridos y 2099 familiares incapacitados.

La valiosa información recopilada por los cinco luchadores antiterroristas, que prevenía la ocurrencia de nuevas y muy serias acciones terroristas no sólo contra ciudadanos cubanos, sino de Estados Unidos también, que pusiera fin al baño de sangre impuesto, fue entregada oficial y oportunamente a las autoridades estadounidenses. La reacción de éstas, en una actitud que desnuda ante el mundo su vil condición, fue el aprisionamiento de los cinco cubanos, condenados en junio de 2001 a largas, arbitrarias e ilegales condenas, producto de un juicio amañado y violatorio de la propia Constitución de los Estados Unidos. Los terroristas y asesinos, confesos y no confesos, radicados en territorio estadounidense, nunca fueron tocados.

El regreso a la Patria de Fernando González, como antes, en mayo de 2013 de René González, también con el cumplimiento íntegro de la injusta condena impuesta, es un momento especial para agradecer a los miles de ciudadanos argentinos que han batallado y batallan a diario desde hace muchos años, agrupados en torno al Comité Argentino creado al efecto, y al Movimiento Argentino de Solidaridad con Cuba, exigiendo la inmediata liberación de los cinco luchadores antiterroristas cubanos. Esta justa causa, enarbolada por esos miles de argentinos de bien, junto a innumerables personas de buena voluntad en todo el mundo, avanza ahora con más ardor que antes, hasta lograr la liberación de los tres Héroes cubanos que aún guardan prisión. La reparación histórica, liberándolos, es prerrogativa del gobierno de los Estados Unidos. Es el momento de redoblar el reclamo porque la verdad y la justicia se abran paso.


* Embajador de Cuba en la República Argentina.