martes, 21 de agosto de 2007

Rusia Kiev Explosión Nuclear de Amor Cubano en Tarará Ucrania agradece a Fidel su amor a la niñez enferma



Agradecen en Kiev apoyo cubano a niños afectados en Chernobil
Tomado de http://www.juventudrebelde.cu/internacionales
El presidente de la Asociación de Amistad Ucrania-Cuba, Viktor Pasak, destacó el gesto solidario de Cuba para acoger a más de 20 mil menores ucranianos en los últimos 17 años
Correo: digital@jrebelde.cip.cu
27 de julio de 2007 13:45:11 GMT Kiev._ El presidente de la Asociación de Amistad Ucrania-Cuba, Viktor Pasak, agradeció la atención médica brindada por la Isla a niños afectados por el desastre de Chernobil, al saludar el 54 aniversario del Asalto al Cuartel Moncada.
Pasak destacó el gesto solidario de la mayor de las Antillas para acoger a más de 20 mil menores ucranianos en los 17 años de vigencia del programa de atención a los afectados por la mencionada catástrofe, ocurrida en abril de 1986.
Asimismo, dirigió un saludo al presidente cubano, Fidel Castro, por su importante aporte al funcionamiento del referido proyecto, que tiene lugar en las instalaciones de Tarará, en la occidental provincia cubana de Matanzas.
El presidente de la asociación leyó una declaración en la sede del Fondo Internacional de Chernobil en esta capital, en la cual agradece la ayuda solidaria de la mayor de las Antillas.
Además, de Pasak, el documento lo suscriben el presidente honorario del Fondo Internacional de Chernobil, Olexander Bozhko, y la jefa de la Unión de Madres de Ucrania, Olga Lenisov.
En el encuentro para recordar la gesta del Moncada, convertida en el motor impulsor del proceso de lucha que dio paso al triunfo de la Revolución cubana, en enero de 1959, estuvieron presentes madres, cuyos hijos se beneficiaron con el citado programa.
Defienden candidatura de hospital cubano al Premio Príncipe de Asturias
Tomado de http://www.juventudrebelde.cu/internacionales
Laura González, del Ayuntamiento de Oviedo, España, informó sobre la dimensión humana y científica del Pediátrico de Tarará, en la capital
Correo: digital@jrebelde.cip.cu
28 de abril de 2007 00:00:00 GMT
OVIEDO, España, abril 26.— La candidatura del Hospital Pediátrico de Tarará, ubicado al este de La Habana, para recibir el .Premio Príncipe de Asturias fue defendida por la consejera de Vivienda y Bienestar Social del Ayuntamiento de esa ciudad, Laura González, reportó PL.
La funcionaria informó a la prensa sobre la dimensión humana y científica del trabajo desplegado en el hospital cubano, en la atención a unos 25 000 niños que sufren las secuelas del accidente nuclear de Chernobil, Ucrania, en 1986.
El centro, situado a unos 20 kilómetros de la capital cubana, en la playa de Tarará, es considerado un paraíso para esos niños y muchos más de otros países pobres que han sido ingresados allí para tratar enfermedades graves, relató González.
En su alegato a favor del Premio para ese hospital en la rama de Cooperación Internacional, la consejera explicó que esa enorme masa de niños ha recibido durante años asistencia sanitaria integral por parte de un equipo cubano, de forma totalmente gratuita.
Dijo que incluso en los períodos de mayor crisis económica, esos pequeños pacientes nunca dejaron de ser atendidos.
Además, agregó, los profesionales cubanos facilitaron todos los datos sobre las sustancias radioactivas a la Agencia Internacional de Energía Atómica y al Comité de la ONU, para integrarlos al Estudio de los Efectos de las Radiaciones Atómicas.
La propuesta cuenta con el apoyo de entidades como la Asociación Paz y Amistad, y de personalidades como el escritor Mario Benedetti, el arquitecto Oscar Niemeyer y ex jefe de la UNESCO, Federico Mayor Zaragoza, entre otros.






La Habana, 8 de Mayo de 2006
Tomado de Granma Internacional Digital http://www.granma.cu
20 AÑOS DE LA CATASTROFE DE CHERNOBIL


“Ningún país nos ha ayudado como Cuba”

• Afirma la doctora ucraniana Elena Topka, en el campamento del Este de La Habana donde aún médicos cubanos atienden a niños con padecimientos como consecuencia del accidente nuclear

POR NAVIL GARCIA ALFONSO / FOTOS DE ALBERTO BORREGO —de Granma Internacional—

CINCO años después de que la nube radiactiva provocada por un accidente nuclear se extendiera sobre Chernobil llegaron a Cuba los primeros pacientes ucranianos que fueron víctimas de la explosión. Entre ellos muchos niños que estuvieron expuestos a altos niveles de de contaminación por yodo radiactivo y cesio 137.


La doctora ucraniana Elena Topka (izquierda) junto a tres jóvenes atendidas por los médicos cubanos y Elena Torop, madre de una de ellas.
El Gobierno cubano, atendiendo a un llamado de la comunidad internacional, envió una brigada de especialistas para realizar exámenes preliminares de los trastornos y activó el sistema de atención hospitalaria para recibir a niños y jóvenes remitidos con varias enfermedades. Las más comunes —según la doctora Xenia Laurenti, vicedirectora de asistencia médica del programa de atención a los niños de Chernobil— eran las afecciones de la glándula tiroides, causadas por la exposición repentina a altas concentraciones de yodo.

Desde entonces, un equipo multidisciplinario conformado por pediatras, ginecólogos infantiles, psicólogos, endocrinólogos, cardiólogos y especialistas en Medicina General Integral, se ha encargado de examinar a cada uno de los pacientes.

“A partir de las patologías —dice la doctora Laurenti— los tratamientos se realizan directamente en los hospitales especializados del país, este es el caso de las enfermedades cancerígenas y hematológicas; o pueden realizarse de manera ambulatoria cuando los padecimientos son menos graves y no requieren el ingreso de los niños”.

MÁS DE 22 MIL PACIENTES ATENDIDOS EN 15 AÑOS

Este programa humanitario que Cuba desarrolla hace 15 años ha brindado asistencia médica gratuita a más de 22 mil pacientes de Ucrania, Bielorrusia, Rusia, Armenia, Moldavia y a algunas víctimas de una explosión similar en Brasil.

Han pasado 20 años de la catástrofe de Chernobil y los niños que se encuentran ahora en el antiguo campamento de pioneros de Tarará, situado en el litoral del Este de La Habana, son atendidos por enfermedades diferentes, que según afirma la doctora Laurenti, es muy difícil vincularlas científicamente a los efectos directos de la explosión nuclear.

Elena Topka es una doctora ucraniana cuyo hijo también es atendido en Cuba por su padecimiento de alopecia. Ella conjuga las funciones de madre y profesional con todos los pacientes. Acompaña a los galenos cubanos en las visitas y, como ellos, está al tanto de la mejoría de los muchachos.

“El 60% de los niños que tienen problemas dermatológicos como la psoriasis, la alopecia o el vitiligo, en el clima de Ucrania no se curan. Sin embargo, en las condiciones ambientales de Cuba y con los medicamentos de alta calidad como la Melagenina, la Coriodermina y la Pilotrofina, se logra, por ejemplo, el 70% de mejoría en los afectados por alopecia”, dice la doctora Topka.

Según afirma la especialista ucraniana, el procedimiento médico con que se atienden estas enfermedades, está bien fundamentado científicamente y los médicos cubanos han demostrado una alta profesionalidad y conocimientos.

“Quedan todavía niños en Ucrania que necesitan tratamiento. Muchos de ellos son huérfanos y ningún otro país nos ha ayudado como Cuba”, dice la doctora y agrega que “luego de la catástrofe y por presiones políticas internacionales, mi país estuvo obligado a desarticular su programa de desarrollo nuclear; pero nadie nos ayudó, ni siquiera las naciones que más criticaron el accidente. Nos quedamos solos con nuestra desgracia. Solamente Cuba ha ayudado a nuestro pueblo y le ha brindado una esperanza a mi hijo de que se va a curar”.

Como a otros, a Anastasia Zajaryk le dijeron en Ucrania que su mal no tenía cura. Nació con una malformación en sus dos brazos que le impedía cualquier movimiento con sus manos.

En el 2002 viajó por primera vez a La Habana y fue sometida a varias operaciones en el Hospital Ortopédico Frank País. Con las intervenciones quirúrgicas y el uso de fijadores externos creados por el doctor Rodrigo Alvarez Cambras, se han alargado los huesos de sus brazos y ya consigue agarrar algunos objetos.

A ella le cuesta hablar, tal vez por la timidez, pero su madre agradece en su lugar a los médicos cubanos que “hicieron posible lo que en su país solo podría realizarse con un milagro”.

Anastasia aprendió a nadar en la playa contigua al hospital de Tarará. Parece increíble que con sus bracitos haya logrado semejante proeza. Ya demostró que se puede; ahora su disyuntiva radica en decidir si su futuro lo va a dedicar a realizar una Maestría en Cultura Física o si se convertirá en representante diplomática de su país en Cuba.

Con motivo del 20 aniversario de la catástrofe nuclear renacen las especulaciones sobre la magnitud del accidente. La Organización Mundial de la Salud y varias ONG se hacen eco de la cifra de afectados por la contaminación radiactiva. Si bien las estadísticas por enfermedades del tiroides se mantienen elevadas, la explosión ha servido de justificación para varios achaques con los que no tiene vínculo alguno científicamente demostrado.

Mientras tanto, en un apartado campamento de pioneros en La Habana, los médicos cubanos continúan prestando ayuda humanitaria gratuita a aquellos niños rubios que un buen día llegaron a nuestra ciudad escolar. Desde entonces —para los que en aquel momento también éramos pequeños y hemos crecido con ellos— los niños de Tarará, así vengan de cualquier otro país de la antigua Unión Soviética, seguirán siendo los niños de Chernobil.



Más de 18 mil niños víctimas de Chernobil atendidos en Cuba.
Tomado de http://www.cubaminrex.cu
(cubaminrex) marzo, 2005 - Más de 18.000 niños víctimas del desastre atómico de Chernobil, en Ucrania, han sido atendidos en Cuba en los últimos 15 últimos años, a través de un programa especialmente creado para curar a estos menores en la isla.

El inicio del Programa Humanitario Tarará, llamado así por la playa donde se ubica, a unos 20 kilómetros al este de La Habana, fue conmemorado en un acto en el que participaron autoridades cubanas y responsables del programa. También estuvieron presentes casi un centenar de jóvenes que son atendidos actualmente de forma gratuita por el gobierno cubano.

"Para muchas madres, Cuba fue la única esperanza", expresó emocionada Svetlana Zaslavskaya, quien tuvo a su cargo algunas palabras en representación de los familiares de estos chicos durante un acto cultural.

Junto a la mujer estuvo su hijo Vladimir Zaslavski, quien mostró en el escenario y ante el auditorio compuesto de diplomáticos y funcionarios como podía levantarse de una silla de ruedas y moverse suavemente, algo que antes de varias operaciones era imposible, aseguró.

Paralelamente, el ministro de Salud Pública de Cuba, José Ramón Balaguer, recordó aquel marzo de 1990, cuando comenzó el programa para curar a los niños víctimas del accidente nuclear del 26 de abril de 1986.

Por su parte, el ministro de Salud de Ucrania, Nykola Polischuk, destacó la alta calidad del sistema de salud cubano y el benigno clima de la isla caribeña como los aspectos más valiosos del proyecto.

"En los momentos difíciles para el pueblo ucraniano, Cuba fue una de las primeras que extendió su mano de ayuda para la salud de los niños afectados", dijo Polischuk.

En el acto, padres y niños perjudicados que han tomado parte del programa agradecieron al Presidente de Cuba, Fidel Castro, bailaron junto a niños cubanos y tres de ellos interpretaron poemas del Héroe Nacional cubano, José Martí.

La catástrofe nuclear del 26 de abril de 1986, que afectó en principio a Ucrania pero luego se extendió a Rusia, Belarús y distintas partes de Europa y Asia, provocó varios tipos de enfermedades como leucemia, tumores, malformaciones cardíacas, problemas renales, psoriasis, vitiligo y alopecia. Muchos de los niños y jóvenes que hoy son atendidos en Cuba no pensaban nacer cuando el accidente, sin embargo los padres fueron afectados por las radiaciones. Unas 40 mil personas perecieron inmediatamente y millones quedaron contaminadas.


Chernobil: esmerada atención en Cuba.
Tomado de http://emba.cubaminrex.cu
VIVIAN COLLAZO.
LA HABANA, 26 de abril.— La madrugada del 26 de abril de 1986, en el reactor número cuatro de la central de Chernobil (Ucrania), se produjo el mayor accidente de la historia nuclear.
Los efectos de la radiactividad superaron todas las previsiones y la verdadera magnitud de los daños son todavía imprecisos.
Miles de personas de Ucrania, Rusia y Belarús, las repúblicas ex soviéticas más afectadas, murieron desde entonces y millones se contaminaron por la lluvia de isótopos radiactivos.
Sin embargo, las secuelas de la catástrofe perdurarán durante varias generaciones.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el cáncer de tiroides en Belarús es 285 veces más frecuente que antes de aquel trágico accidente.
Tarará, una hermosa playa ubicada a 20 kilómetros de La Habana alberga en sus bellos chalets, antes propiedad de la alta burguesía cubana, a niños y adolescentes quienes reciben gratuitamente operaciones, trasplantes de médula y prolongados tratamientos.
En marzo de 1990 llegaron a la nación cubana los primeros pacientes mediante un programa humanitario diseñado al respecto.
Hasta la fecha, más de 20 mil ciudadanos fueron consultados en las instalaciones habilitadas para ello, así como en otros centros médicos de la capital del país que mayor asistencia médica ha brindado a la población procedente de las áreas aledañas al desastre.
En promedio pasan en la nación caribeña tres meses, aunque algunos necesitan más tiempo, en especial los que padecen leucemias.

Hoy se cumplen 17 años del Programa cubano de atención a niños de Chernobil, que ha acogido a miles de víctimas de aquella tragedia nuclear. Se trata de una página de amor, dedicación y humanismo, una fórmula por la vida.
Por ELSON CONCEPCIÓN PÉREZ (Fotos) RICARDO LÓPEZ HEVIA
Tomado de http://www.habanaupec.cubasi
28/3/2007
Estefanía Shablia, de ocho años, y Nastia Sachenko, de seis, dos pequeñas ucranianas de las últimas llegadas a Cuba para atenderse en Tarará, no habían nacido cuando se produjo la catástrofe nuclear de Chernobil.
Por su corta edad, no alcanzan a comprender en toda su dimensión el contenido humano, científico y amoroso, que aquí se les brinda.



Estefanía y Nastia, con tratamiento continuado y disfrute del Sol caribeño en Tarará. Sonrisa y optimismo tras el tratamiento
en Tarará.
Junto a ellas, está Valentina Marchenko, quien viajó por primera vez el 8 de marzo de 1993, "por un motivo muy triste", pues los diagnósticos que le habían dado en su país eran desesperanzadores. Padecía de linfoma Hogking.
Y explica: "Supimos que en Kiev consultaba un médico cubano y que en Cuba se atendían los casos. Claro, teníamos mucho miedo. Era muy lejos, como otro mundo para nosotros. Pero había que tomar una decisión, la vida o la muerte, y mi madre me trajo a este plan, donde nos recibieron con mucha amistad y atención".
Recuerda —y asoman lágrimas en sus ojos— que tuvo que estar cinco años en silla de ruedas.
En la segunda estancia, durante el año 1999, después del tratamiento, presentó necrosis de las caderas. "Fui operada en el Frank País, me pusieron dos prótesis, una seguida de otra, me advirtieron que era correr un riesgo muy alto, pero con ello volví a hacer una vida normal. En esa ocasión vine sin mi mamá, y aquí me dijeron: ‘estaremos a tu lado... no estarás sola’".
Indago por su vida posterior y expresa que cumplió un gran sueño: "me gradué en la universidad de Filología en idioma español y trabajo como maestra".
La joven ucraniana se refiere a los cubanos admirando que disfruten de la más grande riqueza, la espiritual, tienen un gran corazón, un alma enorme, mucho humanismo, que vale más que cualquier cosa.
Ahora, en esta tercera vez, vengo a compartir el éxito médico y humanitario del programa en su aniversario 17. "Acabo de cumplir los 26 años y, gracias a Cuba estoy entera", exclama con orgullo.
DE VUELTA A LA VIDA
Al doctor Julio Medina, director del hospital pediátrico de Tarará, y Coordinador del Programa Cubano de atención a niños relacionados con el accidente de Chernobil, quien refleja optimismo y alegría cuando los menores y sus familiares le saludan y abrazan en plena área deportiva, le pido que sugiera el título a este reportaje.
Me dice sin titubeos: Canto a la esperanza, y explica: a lo largo de estos 17 años, y luego de que por Tarará hayan pasado 23 000 niños y adultos de Ucrania, Rusia y Belarús, principalmente, lo más emocionante de todo es ver el retorno a la vida de quienes estuvieron afectados directamente o por las secuelas de aquel accidente nuclear.
Recuerda que el primer grupo de 136 niños con enfermedades onco- hematológicas graves, llegado a Cuba el 29 de marzo de 1990, fue recibido por Fidel en el aeropuerto.
El propio Comandante en Jefe los visitó en los centros hospitalarios de la capital, y decidió ampliar esa atención para poder llegar a una mayor cantidad de menores afectados por aquel accidente.
Se refiere con admiración y reconocimiento al gesto de los pioneros cubanos que pusieron su campamento a disposición de los enfermos de Chernobil.
Tarará llegó a contar con 3 000 pacientes y acompañantes; y en la actualidad se reciben entre 700 y 800 cada año. Toda la atención en Cuba ha sido y es gratis, tanto lo referido a la alimentación, transportación, logística, servicios de salud, medicamentos, y otras.
El coordinador del Programa trabaja en la instalación desde el año 1990, y al frente del hospital desde 1998. Hay historias muy conmovedoras. "Recibimos a un niño con diagnóstico de síndrome distónico, una enfermedad neurovegetativa. No caminaba y para mantenerlo con el mínimo de convulsiones llegó a tomar hasta 120 dosis por día. Había que mantenerlo en el piso o la cama todo el tiempo; constantemente se retorcía por las convulsiones. Lo trajeron sin esperanzas de ningún tipo".



Vladimir, renació gracias a Cuba. Abrazar a su madre ya no es problema. Valentina Marchenko. Cinco años en silla de ruedas
Los especialistas cubanos consiguieron una discreta mejoría, requería ya de menos medicación, pero no era un resultado óptimo.
Comenzó entonces a ser tratado en el Centro Internacional de Restauración Neurológica (CIREN) en momentos en que comenzaba a practicarse en el mundo desarrollado una técnica quirúrgica para intervenir a este tipo de pacientes.
Se habló con la madre, y dio su consentimiento. Así lo dejó plasmado en carta firmada: "yo pongo a mi hijo en manos de los médicos cubanos para lo que decidan", escribió.
Hubo que esperar más de un año mientras los médicos se entrenaban en la técnica y se adquiría el equipamiento necesario. "Luego fueron operados varios pacientes cubanos. Él, si no me equivoco, fue el décimo en ser llevado al quirófano por la técnica de mínimo acceso, a través de la cual se entraba al cerebro para trabajar en el tálamo, haciendo una especie de reparación", relata Medina.
Y añade: "Posteriormente requirió un proceso de rehabilitación. El muchacho empezó a evolucionar favorablemente, a comunicarse mejor. Es inteligente, conserva su intelecto".
A pesar de sufrir una enfermedad degenerativa incurable, aquel niño, hoy adolescente, ya camina, gracias a operaciones ortopédicas en el Frank País para corregir extremidades y músculos atrofiados. Al inicio era una especie de caracol, y ahora lo vemos andar por la calle; hoy habla español, se llama Vladimir Saulasky Chaslac y ya tiene 20 años, explica el doctor Medina con evidente satisfacción.
¿QUÉ DICE LA MADRE DE VLADIMIR?
Mientras Vladimir practicaba deportes en un área cercana, su mamá, Svieta Saulasky, conversaba con Granma: "Hasta los siete años fue muy saludable. Asistió al círculo infantil, luego a la escuela. A esa edad le comenzó una deformación de la pierna izquierda.
El doctor Julio Medina en la cotidianidad, junto a niños enfermos, sus familiares, el traductor y otros trabajadores.
Fuimos a todos los médicos y nadie veía solución. Entonces vinimos a Cuba. Traíamos 15 diagnósticos en el resumen de historia clínica, el último de ellos fue en Moscú. La conclusión es que no tenía cura en ningún país. Era como una sentencia de muerte.
Ahora puedes verlo caminar, lo que para mí es una enorme felicidad", relata esta madre ucraniana.
Y concluye: "Yo no sé cómo expresar mi agradecimiento a todos los cubanos porque mi hijo comenzó a vivir aquí. El renacimiento de un hijo es algo extraordinario... Eso ha sucedido gracias a Cuba".
UN SOLO PROPÓSITO
De los que han viajado a Cuba, más de 300 han sido pacientes con enfermedades hematológicas, y de ellos 124 con leucemia. En su mayoría han tenido muy buenos resultados. A seis se les practicaron trasplantes de médula ósea.
Este programa único tiene un mérito compartido con diferentes instituciones de salud de la capital.
Entre otros, los hospitales pediátricos William Soler, Juan M. Márquez, el de Centro Habana y el Pedro Borrás; el Clínico Quirúrgico Hermanos Ameijeiras; el Complejo Ortopédico Frank País; el Instituto de Hematología, y el Cardiocentro infantil, que realizó 14 operaciones de corazón a niños con malformaciones congénitas complejas. También el Centro de Protección e Higiene de las Radiaciones.
En los 17 años del Programa de Chernobil, que se cumplen hoy, cientos y quizás miles, han sido los médicos, enfermeras, técnicos y demás personal científico, auxiliar, de traducción, maestros, y otros, que han hecho suyo este Canto a la esperanza.