miércoles, 19 de septiembre de 2007

Fidel Castro Ruz denuncia mentiras deliberadas, muertes extrañas y agresión a la economía mundial. Cuba


Reflexiones del presidente cubano FIDEL CASTRO

MENTIRAS DELIBERADAS, MUERTES EXTRAÑAS Y
AGRESIÓN A LA ECONOMÍA MUNDIAL

En una reflexión hablé de barras de oro depositadas en los sótanos de
las Torres Gemelas. Esta vez el tema es bastante más complejo y
difícil de creer. Hace casi cuatro décadas científicos residentes en
Estados Unidos descubrieron Internet, del mismo modo que Albert
Einstein, nacido en Alemania, descubrió en su tiempo la fórmula para
medir la energía atómica.

Einstein era un gran científico y humanista. Contradijo las leyes
físicas, hasta entonces sagradas, de Newton. Sin embargo, las
manzanas siguieron cayendo en virtud de la ley de la gravedad definida
por este. Eran dos formas diferentes de observar e interpretar la
naturaleza, de la cual se poseían muy pocos datos en los días de
Newton. Recuerdo lo que leí hace más de 50 años sobre la famosa
teoría de la relatividad elaborada por Einstein: la energía es igual
a la masa multiplicada por el cuadrado de la velocidad de la luz, que
se denomina C: E=MC². Existía el dinero de Estados Unidos y los
recursos necesarios para realizar tan costosa investigación. El
tiempo político debido al odio generalizado por las brutalidades del
nazismo en la nación más rica y productiva de un mundo destruido por
la contienda, convirtió aquella fabulosa energía en bombas que fueron
arrojadas sobre las poblaciones indefensas de Hiroshima y Nagasaki,
ocasionándoles cientos de miles de muertos y un número similar de
personas irradiadas que fallecieron en el transcurso de los años posteriores.

Un ejemplo claro del uso de la ciencia y la tecnología con los mismos
fines hegemónicos se describe en un artículo del ex oficial de
Seguridad Nacional de Estados Unidos Gus W. Weiss, aparecido
originalmente en la revista Studies in Intellligence, en 1996, aunque
con real difusión en el año 2002, titulado Engañando a los soviéticos.
En él Weiss se atribuye la idea de hacerle llegar a la URSS los
softwares que necesitaba para su industria, pero ya contaminados con
el objetivo de hacer colapsar la economía de aquel país.

Según notas tomadas del capítulo 17 del libro Al borde del abismo:
Historias de la guerra fría contadas desde adentro, de Thomas C.
Reed, ex secretario de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, Leonid
Brezhnev le dijo a un grupo de altos funcionarios del Partido en 1972:
"Nosotros los comunistas tenemos que seguir arando con los
capitalistas durante algún tiempo. Necesitamos sus créditos, su
agricultura y su tecnología; pero vamos a continuar grandes programas
militares, y para mediados de los 80 estaremos en posición de volver a
una política exterior agresiva, diseñada a tener ventaja sobre el
Oeste." Esta información fue confirmada por el Departamento de
Defensa en audiencias ante el Comité de la Cámara sobre la Banca y la
Moneda en 1974.

A principios de los 70 el gobierno de Nixon planteó la idea de la
distensión. Henry Kissinger tenía la esperanza de que "con el tiempo,
el comercio y las inversiones pudieran reducir la tendencia del
sistema soviético a la autarquía"; él consideraba que la distensión
podría "invitar a la gradual asociación de la economía soviética con
la de la economía mundial y así fomentar la interdependencia que añade
un elemento de estabilidad a la relación política". [Kissinger oon
Detente. Harcourt-Brace, 1994]

Reagan se inclinaba a ignorar las teorías de Kissinger sobre la
distensión y a tomarle la palabra al presidente Brezhnev, pero se
eliminaron todas las dudas el 19 de julio de 1981, cuando el nuevo
Presidente de Estados Unidos se reunió con el presidente François
Mitterrand, de Francia, en la cumbre económica del G 7 en Ottawa. En
una conversación aparte, Mitterrand le informó a Reagan acerca del
éxito de sus servicios de Inteligencia al reclutar a un agente de la
KGB. El hombre pertenecía a una sección que evaluaba los logros de
los esfuerzos soviéticos para adquirir tecnología de Occidente.
Reagan expresó gran interés en las delicadas revelaciones de
Mitterrand y también su agradecimiento por su oferta de hacerle llegar
el material al gobierno de Estados Unidos.

El dossier, bajo el nombre de Farewell, llegó a la CIA en agosto de
1981. Dejaba claro que los soviéticos llevaban años realizando sus
actividades de investigación y desarrollo. Dada la enorme
transferencia de tecnología en radares, computadoras,
máquinas-herramientas y semiconductores de Estados Unidos a la Unión
Soviética, podría decirse que el Pentágono estaba en una carrera
armamentista consigo mismo.

El Dossier Farewell también identificaba a cientos de oficiales de
casos, agentes en sus puestos y otros suministradores de información a
través de Occidente y Japón. Durante los primeros años de la
distensión, Estados Unidos y la Unión Soviética habían establecido
grupos de trabajo en agricultura, aviación civil, energía nuclear,
oceanografía, computadoras y medio ambiente. El objetivo era comenzar
a construir "puentes de paz" entre las superpotencias. Los miembros
de los grupos de trabajo debían intercambiar visitas a sus centros.

[Aún hoy, una década después de la guerra fría, Estados Unidos no
permite a operativos de inteligencia participar en ningún grupo
similar comercial, cultural, científico o de otro tipo que visite la
antigua Unión Soviética] Aparte de la identificación de agentes, la
información más útil aportada por el Dossier la constituía la "lista
de compras" y sus objetivos en cuanto a la adquisición de tecnología
en los años venideros. Cuando el Dossier Farewell llegó a Washington,
Reagan le pidió al Director de la CIA, Bill Casey, que ideara un uso
operativo clandestino del material.

La producción y transporte de petróleo y gas era una de las
prioridades soviéticas. Un nuevo gasoducto transiberiano debía llevar
gas natural desde los yacimientos de gas de Urengoi en Siberia a
través de Kazajstán, Rusia y Europa oriental hasta los mercados de
divisas de Occidente. Para automatizar la operación de válvulas,
compresores e instalaciones de almacenaje en una empresa tan inmensa,
los soviéticos necesitaban sistemas de control sofisticados.
Compraron computadoras de los primeros modelos en el mercado abierto,
pero cuando las autoridades del gasoducto abordaron a Estados Unidos
para adquirir el software necesario, fueron rechazados.
Impertérritos, los soviéticos buscaron en otra parte; se envió un
operativo de la KGB a penetrar un proveedor canadiense de softwares en
un intento por adquirir los códigos necesarios. La inteligencia
estadounidense, avisada por el agente del Dossier Farewell, respondió
y manipuló el software antes de enviarlo.

Una vez en la Unión Soviética, las computadoras y el software,
trabajando juntos, hacían operar el gasoducto maravillosamente. Pero
esa tranquilidad era engañosa. En el software que operaba el
gasoducto había un caballo de Troya, término que se usa para calificar
líneas de software ocultas en el sistema operativo normal, que hacen
que dicho sistema se descontrole en el futuro, o al recibir una orden
desde el exterior.

Con el objetivo de afectar las ganancias de divisas provenientes de
Occidente y la economía interna de Rusia, el software del gasoducto
que debía operar las bombas, turbinas y válvulas había sido programado
para descomponerse después de un intervalo prudencial y resetear así
se califica las velocidades de las bombas y los ajustes de las
válvulas haciéndolas funcionar a presiones muy por encima de las
aceptables para las juntas y soldaduras del gasoducto.
"El resultado fue la más colosal explosión no nuclear e incendio jamás
vistos desde el espacio. En la Casa Blanca, funcionarios y asesores
recibieron la advertencia de satélites infrarrojos de un extraño
evento en medio de un lugar despoblado del territorio soviético. El
NORAD (Comando de Defensa Aeroespacial Norteamericano) temía que
fuera el lanzamiento de misiles desde un lugar donde no se conocía que
hubiera cohetes basificados; o quizás fuera la detonación de un
dispositivo nuclear. Los satélites no habían detectado ninguna
pulsación electromagnética característica de las detonaciones
nucleares. Antes de que tales indicios pudieran convertirse en una
crisis internacional, Gus Weiss llegó por un pasillo para decirles a
sus colegas del CSN (Consejo de Seguridad Nacional) que no se
preocuparan, afirma Thomas Reed en su libro."

La campaña de contramedidas basadas en el Dossier Farewell fue una
guerra económica. Aunque no hubo bajas personales debido a la
explosión del gasoducto, hubo un daño significativo para la economía soviética.

Como gran final, entre 1984 y 1985 Estados Unidos y sus aliados de la
OTAN concluyeron esta operación, que terminó eficazmente con la
capacidad de la URSS para captar tecnología en un momento en que Moscú
se encontraba entre la espada de una economía defectuosa, por un lado,
y la pared de un presidente estadounidense empecinado en prevalecer y
poner fin a la guerra fría, por el otro.

En el artículo de Weiss ya citado se afirma que: "en 1985, el caso
tuvo un giro singular cuando salió a la luz información sobre el
expediente Farewell en Francia. Mitterrand llegó a sospechar que el
agente soviético había sido un montaje plantado por la CIA para
ponerle a prueba y decidir si el material sería entregado a los
estadounidenses o mantenido por los franceses. Actuando a partir de
esa idea, Mitterrand despidió al jefe del servicio francés, Yves Bonnet."

Gus W. Weiss fue quien se atribuyó, como ya se dijo, el siniestro
plan para hacer llegar a la URSS los softwares defectuosos, cuando
Estados Unidos tuvo en su poder el Dossier Farewell. Murió el 25 de
noviembre de 2003 a la edad de 72 años. El Washington Post no reportó
su muerte hasta el 7 de diciembre, 12 días después. Dijo que Weiss se
"cayó" de su edificio de residencia, "Watergate", en Washington, y
afirmó también que un médico forense de la capital norteamericana
declaró su muerte como un "suicidio". El periódico de su ciudad
natal, el Nashville Tennessean, publicó la noticia una semana después
del Washington Post, y advirtió que en esa fecha todo lo que podrían
decir era que "las circunstancias que rodearon su muerte no se podían
confirmar todavía."

Antes de morir dejó escritas unas notas inéditas bajo el título "El
dossier de despedida: el engaño estratégico y la guerra económica en
la guerra fría".

Weiss se graduó en la Vanderbilt University. Tenía postgrados de
Harvard y de la New York University.

Su trabajo para el gobierno se concentró en asuntos de Seguridad
Nacional, organizaciones de Inteligencia y preocupaciones con el
traslado de tecnología a países comunistas. Trabajó con la CIA, con
la Junta de Defensa Científica del Pentágono y con el Comité de
Señales de Inteligencia de la Junta de Inteligencia de EE. UU.

Recibió la Medalla de Mérito de la CIA y la Medalla "Cipher", del
Consejo de Seguridad Nacional. Los franceses le concedieron la
"Legión de Honor", en 1975.

No dejó sobrevivientes.

Weiss se había declarado en contra de la guerra en Iraq poco antes de
su "suicidio". Es interesante tener en cuenta que 18 días antes de la
muerte de Weiss, también se suicidó el 7 de noviembre de 2003 otro
analista del gobierno de Bush, John J. Kokal (58 años). Este saltó a
su muerte desde una oficina en el Departamento de Estado donde
trabajaba. Kokal era analista de Inteligencia para el Departamento de
Estado en asuntos relacionados con Iraq.

Consta en documentos ya publicados que Mijail Gorbachov se enfureció
cuando comenzaron los arrestos y deportaciones de agentes soviéticos
en varios países, pues desconocía que el contenido del Dossier
Farewell estaba en poder de los principales jefes de gobierno de la
OTAN. En una reunión del Buró Político el 22 de octubre de 1986,
convocada para informar a sus colegas sobre la Cumbre de Reykjavik,
alegó que los estadounidenses estaban "actuando muy descortésmente y
comportándose como bandidos". Aunque mostraba un rostro complaciente
en público, en privado Gorbachov se refería a Reagan como "un mentiroso".

En los días finales de la Unión Soviética, el Secretario General del
PCUS tuvo que andar a ciegas. Gorbachov no tenía idea de lo que
estaba ocurriendo en los laboratorios e industrias de alta tecnología
de Estados Unidos; ignoraba por completo que los laboratorios e
industrias soviéticas habían sido comprometidos y hasta qué punto.

Los pragmáticos de la Casa Blanca andaban igualmente a ciegas mientras
esto ocurría.

El presidente Ronald Reagan jugaba su carta de triunfo: la Iniciativa
de Defensa Estratégica/Guerra de las Galaxias. Sabía que los
soviéticos no podían competir en esa liga, porque no podían sospechar
que su industria electrónica estaba infectada con virus y caballos de
Troya colocados allí por la comunidad de Inteligencia de Estados Unidos.

La ex Primera Ministra británica, en sus memorias, publicadas por una
importante editorial inglesa en 1993 con el título Margaret Thatcher,
los años en Downing Street, expresa que todo el plan de Reagan
relacionado con la Guerra de las Galaxias y la intención de hacer
colapsar económicamente a la Unión Soviética fue el plan más brillante
de esa administración, y que condujo definitivamente al derrumbe del
socialismo en Europa.

En el capítulo XVI de su libro explica la participación de su gobierno
en la Iniciativa de Defensa Estratégica.

Llevarla a cabo fue, a juicio de Thatcher, la "decisión más
importante" de Reagan, "probó resultar clave en la victoria del Oeste
en la guerra fría". Impuso "más tensiones económicas y mayor
austeridad" a la sociedad soviética, en fin, sus "implicaciones
tecnológicas y financieras para la URSS fueron devastadoras".

Bajo el subtítulo "Reevaluando a la Unión Soviética", describe una
serie de conceptos cuya esencia está contenida en párrafos textuales
tomados de ese largo pasaje, en los que deja constancia del brutal complot.

"En los albores de 1983, los soviéticos deben haber comenzado a darse
cuenta de que su juego de manipulación e intimidación pronto se
acabaría. Los gobiernos europeos no estaban dispuestos a caer en la
trampa tendida por la propuesta de una 'zona libre de armas nucleares'
para Europa. Continuaron los preparativos para el despliegue de los
misiles Crucero y Pershing. En el mes de marzo, el presidente Reagan
anunció los planes de Estados Unidos para una Iniciativa de Defensa
Estratégica (IDE), cuyas consecuencias tecnológicas y financieras para
la URSS serían devastadoras."

"[.] no me cabía la menor duda de lo correcto de su dedicación en
insistir en el programa. Analizado retrospectivamente, ahora me queda
claro que la decisión original de Ronald Reagan sobre la Iniciativa de
Defensa Estratégica fue la más importante de su presidencia."

"Al formular nuestro enfoque a la Iniciativa de Defensa Estratégica,
había cuatro elementos diferentes que tuve en cuenta. El primero fue
la ciencia en sí misma.

"El objetivo de Estados Unidos en la Iniciativa de Defensa Estratégica
era desarrollar una defensa nueva y mucho más eficaz contra los
misiles balísticos."

"Este concepto de defensa se basaba en la capacidad de atacar a los
misiles balísticos lanzados en cualquier etapa de su vuelo, desde la
fase de impulsión cuando el misil y todas sus ojivas y señuelos
estaban juntos, hasta el punto de reentrada en la atmósfera terrestre
en su camino hacia el blanco."

"El segundo elemento que había que tener en cuenta eran los acuerdos
internacionales existentes, que limitaban el despliegue de armas en el
espacio y los sistemas de proyectiles antibalísticos. El Tratado
sobre la Limitación de los Sistemas de Proyectiles Antibalísticos, de
1972, enmendado por un Protocolo de 1974, permitía a Estados Unidos y
a la Unión Soviética emplazar un sistema de proyectiles antibalísticos
estático con hasta cien lanzacohetes para defender su campo de silos
de misiles balísticos intercontinentales."

"La Oficina de Relaciones Exteriores y el Ministerio de Defensa
británicos siempre procuraron insistir en la interpretación más
estrecha posible que los estadounidenses -acertadamente a mi juicio­
creyeron que habría significado que la Iniciativa de Defensa
Estratégica había muerto al nacer. Siempre he tratado de distanciarme
de esta fraseología y dejé claro en privado y en público que no podía
decirse que se hubiera completado la investigación sobre si un sistema
era viable hasta que se hubiese ensayado con éxito. Subyacente en
esta jerga, este punto al parecer técnico era realmente una cuestión
de evidente sentido común. Sin embargo, se convertiría en la
cuestión que dividió a Estados Unidos y a la URSS en la cumbre de
Reykjavik, de modo que cobró gran importancia.

"El tercer elemento en el cálculo fue la fuerza relativa de las dos
partes en la defensa contra proyectiles balísticos. Solo la Unión
Soviética poseía un sistema de proyectiles antibalísticos (conocido
como GALOSH) en los alrededores de Moscú, que en esos momentos estaban
perfeccionando. Los estadounidenses jamás habían emplazado un sistema
equivalente."

"Los soviéticos también estaban más avanzados en las armas
antisatélites. Por consiguiente, había un argumento fuerte de que los
soviéticos ya habían adquirido una ventaja inaceptable en toda esta esfera.

"El cuarto elemento era lo que implicaba la Iniciativa de Defensa
Estratégica para la disuasión. Al principio sentí bastante simpatía
por la filosofía tras el Tratado sobre la Limitación de los Sistemas
de Proyectiles Antibalísticos, que era que mientras más ultramoderna y
efectiva fuera la defensa contra los misiles nucleares, mayor presión
había para procurar avances enormemente costosos en la tecnología para
las armas nucleares. Siempre creí en una versión con ligeras
condiciones de la doctrina conocida como 'destrucción recíproca
segura', MAD por sus siglas en inglés. La amenaza de lo que yo
prefiero llamar 'destrucción inaceptable' que se produciría tras un
intercambio nuclear era tal, que las armas nucleares constituían un
elemento de disuasión efectivo contra la guerra no solo nuclear, sino
también convencional."

"Pronto comencé a ver que la Iniciativa de Defensa Estratégica no
socavaría la disuasión nuclear, sino que la fortalecería. A
diferencia del presidente Reagan y de otros miembros de su
Administración, jamás creí que la Iniciativa de Defensa Estratégica
podría ofrecer una protección al ciento por ciento, pero permitiría
que suficientes misiles de Estados Unidos sobrevivieran a un primer
golpe de los soviéticos."

"El tema de la Iniciativa de Defensa Estratégica fue el que dominó mis
conversaciones con el presidente Reagan y con los miembros de su
Administración cuando fui a Camp David el sábado 22 de diciembre de
1984 para informar a los estadounidenses sobre mis conversaciones
previas con el señor Gorbachov. Esa fue la primera vez que oí al
presidente Reagan hablar sobre la Iniciativa de Defensa Estratégica.
Habló de eso apasionadamente. Estaba en su punto más idealista.
Destacó que la Iniciativa de Defensa Estratégica sería un sistema
defensivo y que no era su intención obtener para Estados Unidos una
ventaja unilateral. Es más, dijo que si la Iniciativa de Defensa
Estratégica tenía éxito estaría dispuesto a internacionalizarla de
modo que estuviera al servicio de todos los países, y le había dicho
lo mismo al señor Gromyko. Reafirmó su objetivo a largo plazo de
eliminar totalmente las armas nucleares.

"Esas observaciones me pusieron nerviosa. Me horrorizaba pensar que
Estados Unidos estuvieran dispuestos a echar por la borda la ventaja
tan arduamente ganada en materia de tecnología al ponerla a
disposición de todo el mundo."

"Lo que escuché, ahora que llegábamos a la discusión de las
probabilidades reales más que de una concepción amplia, era
tranquilizador. El presidente Reagan no simulaba que ellos supieran
aún a dónde pudieran conducir las investigaciones. Pero recalcó que
además de sus argumentos anteriores a favor de la Iniciativa de
Defensa Estratégica seguirle el ritmo a Estados Unidos impondría una
presión económica a la Unión Soviética. Argumentó que no existía un
límite práctico en cuanto hasta dónde el gobierno soviético podría
arrastrar a su pueblo por el camino de la austeridad."

"Ahora yo anotaba, mientras conversaba con el asesor para la Seguridad
Nacional Bud McFarlane, los cuatro puntos que me parecían más cruciales.

"Mis funcionarios luego insertarían los detalles. El Presidente y yo
acordamos un texto donde se exponía la política.

"La sección principal de mi declaración expresa:

"Le hablé al Presidente acerca de mi firme convicción de que el
programa de investigaciones de la Iniciativa de Defensa Estratégica
debía continuar. La investigación, por supuesto, es permitida según
los tratados existentes entre Estados Unidos y la Unión Soviética; y,
por supuesto, sabemos que los rusos ya tienen su programa de
investigaciones y, en opinión de Estados Unidos, han ido ya más allá
de las investigaciones. Convinimos en cuatro puntos: 1. El objetivo
de Estados Unidos, de Occidente, no era alcanzar la superioridad, sino
mantener el equilibrio, tomando en cuenta los avances soviéticos; 2.
El despliegue relacionado con la Iniciativa de Defensa Estratégica, en
vista de las obligaciones que imponían los tratados, tendría que ser
una cuestión para la negociación; 3. El objetivo general es
aumentar, no socavar, disuasión; 4. La negociación entre el Este y
Occidente debe apuntar hacia alcanzar la seguridad con niveles
reducidos de sistemas ofensivos de ambos lados. Este será el
propósito de las negociaciones reanudadas entre Estados Unidos y la
Unión Soviética sobre el control de los armamentos, que yo acojo con
beneplácito.

"Posteriormente supe que George Schultz entonces Secretario de Estado
pensaba que yo había asegurado una concesión demasiado grande por
parte de los americanos en la redacción; pero eso, de hecho, nos daba
tanto a ellos como a nosotros una línea clara y defendible, y ayudaba
a tranquilizar a los miembros europeos de la OTAN. Un día de trabajo
muy productivo."

Más adelante, con el subtítulo de "Visita a Washington: febrero de
1985", Margaret Thatcher expresa:

"Visité Washington nuevamente en febrero de 1985. Las negociaciones
sobre armamentos entre los americanos y la Unión Soviética ya se
habían reanudado, pero la Iniciativa de Defensa Estratégica seguía
siendo una fuente de discusión. Yo debía hablar ante una reunión
conjunta del Congreso en la mañana del miércoles 20 de febrero y llevé
conmigo desde Londres como regalo una estatua de bronce de Winston
Churchill, a quien también muchos años antes se le había honrado con
tal invitación. Trabajé de manera especialmente ardua en este
discurso. Utilizaría el teleprompter para pronunciarlo. Sabía que el
Congreso había visto al propio 'Gran Comunicador' pronunciando
discursos intachables y yo tendría un auditorio exigente. De modo que
decidí practicar la lectura del texto hasta que lograra pronunciarlo
con la entonación y el énfasis correctos. Hablar a partir del
teleprompter, debo agregar, es una técnica totalmente distinta a
hablar a partir de notas. De hecho, el presidente Reagan me prestó su
propio teleprompter y yo lo había llevado de vuelta a la Embajada
británica, donde estaba alojada. Harvey Thomas, quien me acompañaba,
lo consiguió y, haciendo caso omiso de cualquier desfase horario,
practiqué hasta las 4:00 a.m. No me acosté, comenzando el nuevo día
de trabajo con mi acostumbrado café negro y mis tabletas de vitaminas;
después concedí entrevistas televisivas a partir de las 6:45 a.m.;
pasé por la peluquera y estuve lista a las 10:30 para partir hacia el
Capitolio. Utilicé mi discurso, que abordaba extensamente los asuntos
internacionales, para dar un fuerte apoyo a la Iniciativa de Defensa
Estratégica. Tuve una acogida fabulosa."

"El mes siguiente (marzo de 1985) ocurrió la muerte del señor
Chernenko y notablemente, sin mucha demora, la sucesión del señor
Gorbachov a la dirección de la Unión Soviética. Una vez más asistí a
un funeral en Moscú: el tiempo estaba, incluso, más frío que en el de
Yuri Andrópov. El señor Gorbachov tenía que atender a gran cantidad
de dignatarios extranjeros. Pero tuve una charla de casi una hora con
él esa tarde en el Salón de Santa Catalina del Kremlin. La atmósfera
era más formal que en Chequers (residencia rural oficial de los
Primeros Ministros británicos desde 1921), y la presencia callada,
sardónica, del señor Gromyko no ayudaba. Pero pude explicarles las
implicaciones de la política que yo había convenido con el presidente
Reagan en el mes de diciembre anterior en Camp David. Estaba claro
que la Iniciativa de Defensa Estratégica era ahora la preocupación
principal de los soviéticos en términos de control de armamentos. El
señor Gorbachov trajo, como habíamos esperado, un nuevo estilo al
gobierno soviético. Él hablaba abiertamente del horrible estado de la
economía soviética, aunque todavía en esta etapa se apoyaba en los
métodos asociados con la campaña del señor Andrópov por una mayor
eficiencia más que en una reforma radical. Un ejemplo de ello fueron
las medidas draconianas que tomó Gorbachov contra el alcoholismo.
Pero, a medida que avanzó el año, no hubo señales de mejoría de las
condiciones en la Unión Soviética. De hecho, como señaló nuestro
nuevo y gran embajador en Moscú, Brian Cartledge, que había sido mi
secretario privado sobre relaciones exteriores cuando resulté Primera
Ministra por primera vez, en uno de sus primeros informes, era
cuestión de 'compota mañana y, mientras tanto, nada de vodka hoy'.

"Las relaciones de Gran Bretaña con la Unión Soviética entraron en un
claro período de frialdad como resultado de las expulsiones que yo
autoricé de funcionarios soviéticos que habían estado realizando actos
de espionaje."

"En noviembre, el presidente Reagan y el señor Gorbachov celebraron su
primera reunión en Ginebra. Sus resultados fueron escasos los
soviéticos insistían en vincular las armas nucleares estratégicas con
la suspensión de las investigaciones relativas a la Iniciativa de
Defensa Estratégica pero pronto se desarrolló una simpatía personal
entre los dos líderes. Se había expresado cierta preocupación en
cuanto a que el avispado y joven homólogo soviético del presidente
Reagan pudiera superarlo en habilidad. Pero no fue así, lo cual no me
sorprendió en lo absoluto, pues Ronald Reagan había tenido muchísima
práctica en sus primeros años como presidente del gremio de artistas
de cine al llevar a cabo negociaciones del sindicato sobre bases
realistas y nadie era más realista que el señor Gorbachov.

"Durante 1986 el señor Gorbachov demostró gran sutileza en explotar la
opinión pública occidental al presentar propuestas tentadoras, pero
inaceptables, sobre el control de armamentos. Los soviéticos dijeron
relativamente poco sobre el vínculo entre la Iniciativa de Defensa
Estratégica y la reducción de las armas nucleares. Pero no se les dio
razón alguna para creer que los americanos estaban dispuestos a
suspender o detener las investigaciones relativas a la Iniciativa de
Defensa Estratégica. A finales de ese año se acordó que el presidente
Reagan y el señor Gorbachov con sus Ministros de Relaciones Exteriores
se deberían reunir en Reykjavik, Islandia, para discutir ofertas sustantivas."

"El hecho era que nosotros no podíamos contener la investigación sobre
nuevos tipos de armas. Teníamos que ser los primeros en obtenerlas.
Es imposible detener a la ciencia: no se detendrá por ser ignorada."

"En retrospectiva, puede considerarse que la Cumbre de Reykjavik ese
fin de semana del 11 y 12 de octubre [de 1986] tuvo una significación
absolutamente diferente a la que le atribuyó la mayoría de los
comentaristas en ese entonces. Se les había preparado una trampa a
los americanos. Concesiones soviéticas cada vez mayores se hicieron
durante la Cumbre: convinieron por primera vez en que los elementos
de disuasión británicos y franceses se excluyeran de las negociaciones
sobre las fuerzas nucleares de alcance intermedio; y que las
reducciones en las armas nucleares estratégicas debían dejar a cada
bando con cantidades iguales y no sólo una reducción porcentual, que
habría dejado a los soviéticos con clara ventaja. También hicieron
concesiones significativas en cuanto a las cifras relativas a las
fuerzas nucleares de alcance intermedio. Cuando la Cumbre se acercaba
a su fin, el presidente Reagan propuso un acuerdo mediante el cual
todo el arsenal de armas nucleares estratégicas bombarderos, misiles
Crucero y balísticos de largo alcance se reduciría a la mitad en un
plazo de cinco años y las más poderosas de estas armas, los misiles
balísticos estratégicos, se eliminarían en un plazo de diez años. El
señor Gorbachov era aún más ambicioso: quería que se eliminaran todas
las armas nucleares estratégicas al concluir el período de diez años.

"Pero entonces repentinamente, al mismísimo final, se accionó la
trampa. El presidente Reagan había concedido que durante el período
de diez años ambos bandos acordarían no retirarse del Tratado sobre la
Limitación de los Sistemas de Proyectiles Antibalísticos, aunque se
permitiría el desarrollo y los ensayos compatibles con el Tratado."

Pero Reagan sufrió una extraña amnesia en torno al detonante de la
brutal competencia militar que se le impuso a la URSS, con un
extraordinario costo económico. Su publicitado diario no menciona
absolutamente nada del Dossier Farewell. En sus apuntes de cada día,
publicados este año, Ronald Reagan, hablando de su estancia en
Montebello, Canadá, expresa:

"Domingo 19 de julio (1981)

"El hotel es una maravillosa obra de ingeniería, hecha totalmente de
troncos. La mayor cabaña de troncos del mundo.

"Tuve un mano a mano con el Canciller Schmidt (Jefe del gobierno
alemán). Estaba realmente deprimido y de un humor pesimista acerca
del mundo.

"Luego me reuní con el presidente Mitterrand, le expliqué nuestro
programa económico y que no teníamos nada que ver con las altas tasas
de interés.

"Esa noche cenamos solamente nosotros 8. Los 7 jefes de Estado y el
Presidente de la Comunidad Europea. Se convirtió realmente en una
conversación informal sobre cuestiones económicas, debido básicamente
a una sugerencia de la primera ministra Thatcher."

El resultado final de la gran conspiración y la alocada y costosa
carrera armamentista, cuando la Unión Soviética estaba herida de
muerte en el orden económico, lo cuenta en la introducción al libro de
Thomas C. Reed, George H. W. Bush, el primer Presidente de la
dinastía Bush, quien participó de forma real en la Segunda Guerra
Mundial, al escribir textualmente:

"La guerra fría fue una lucha a favor de la mismísima alma de la
humanidad. Fue una lucha a favor de un modo de vida definido por la
libertad de una parte y por la represión de la otra. Creo que ya
hemos olvidado cuán larga y dura fue esa lucha, y cuán cerca del
desastre nuclear estuvimos a veces. El hecho de que este no ocurriera
da fe de los honorables hombres y mujeres de ambos lados que
mantuvieron su serenidad e hicieron lo correcto según su criterio en
momentos de crisis.

"Este conflicto entre las superpotencias que sobrevivieron a la
Segunda Guerra Mundial comenzó cuando yo regresaba a casa de la
guerra. En 1948, el año de mi graduación de la Universidad de Yale,
los soviéticos trataron de cortar el acceso de Occidente a Berlín.
Ese bloqueo condujo a la creación de la OTAN, fue seguido de la
primera prueba soviética de la bomba atómica, y se volvió sangriento
con la invasión a Corea del Sur. Detrás de esto vinieron cuatro
décadas de enfrentamientos nucleares, guerras donde cada superpotencia
apoyaba al bando contrario y privaciones económicas.

"Yo tuve el privilegio de ser el Presidente de Estados Unidos cuando
todo esto llegó a su fin. En el otoño de 1989 los estados satélites
comenzaron a liberarse y revoluciones mayormente pacíficas se
extendieron por Polonia, Hungría, Checoslovaquia y Rumania. Cuando
cayó el muro de Berlín, sabíamos que se acercaba el fin.

"Tendrían que transcurrir aún dos años para que se acabara el imperio
de Lenin y Stalin. Yo recibí la buena nueva por medio de dos llamadas
telefónicas. La primera me llegó el 8 de diciembre de 1991, cuando
Boris Yeltsin me llamó desde un pabellón de caza cerca de Brest en
Bielorrusia. Habiendo sido recientemente elegido Presidente de la
República rusa, Yeltsin se había estado reuniendo con Leonid Kravchuk,
presidente de Ucrania y Stanislav Shushchevik, presidente de
Bielorrusia. 'Hoy ocurrió un acontecimiento muy importante en nuestro
país,' dijo Yeltsin. 'Quise informárselo yo mismo antes de que se
enterara por la prensa.' Entonces me dio la noticia: los Presidentes
de Rusia, Bielorrusia y Ucrania habían decidido disolver la Unión Soviética.

"Dos semanas más tarde, una segunda llamada confirmó que la antigua
Unión Soviética desaparecería. Mijail Gorbachov me contactó en Camp
David en la mañana de Navidad de 1991. Nos deseó una feliz Navidad a
Bárbara y a mí y luego pasó a resumir lo que había sucedido en su
país: la Unión Soviética había dejado de existir. Él acababa de
comparecer en la televisión nacional para confirmar el hecho y había
transferido el control de las armas nucleares soviéticas al Presidente
de Rusia. 'Pueden disfrutar de una tranquila noche de Navidad', nos
dijo. Y así terminó todo."

Consta, por un artículo publicado en The New York Times que la
operación utilizó casi todas las armas al alcance de la CIA guerra
sicológica, sabotaje, guerra económica, engaño estratégico,
contrainteligencia, guerra cibernética , todo ello en colaboración con
el Consejo de Seguridad Nacional, el Pentágono y el FBI. Destruyó al
pujante equipo de espionaje soviético, dañó la economía y
desestabilizó el Estado de ese país. Fue un éxito rotundo. De
haberse hecho a la inversa (los soviéticos a los norteamericanos),
pudiera haberse visto como un acto de terrorismo.

Del tema se habla también en otro libro titulado Legado de Cenizas,
que acaba de ser publicado. En la solapa del libro se expresa que
"Tim Weiner es un reportero de The New York Times, quien ha escrito
sobre los servicios de Inteligencia estadounidenses durante veinte
años, y obtuvo un Premio Pulitzer por su trabajo sobre los programas
secretos de Seguridad Nacional. Ha viajado a Afganistán y otros
países para investigar de primera mano las operaciones encubiertas de
la CIA. Este es su tercer libro.

"Legado de Cenizas se basa en más de 50 mil documentos, provenientes
fundamentalmente de los propios archivos de la CIA, y cientos de
entrevistas a veteranos de dicha agencia, incluidos diez directores.
Nos muestra un panorama de la CIA desde su creación después de la
Segunda Guerra Mundial, pasando por sus batallas durante la guerra
fría y la guerra contra el terrorismo iniciada el 11 de Septiembre del 2001."

El artículo de Jeremy Allison, publicado en Rebelión en junio del
2006, y los de Rosa Miriam Elizalde, publicados el 3 y el 10 de
septiembre del año en curso, 2007, denuncian estos hechos destacando
la idea de uno de los fundadores del software libre, quien señaló que:
"a medida que se complejizan las tecnologías será más difícil
detectar acciones de ese tipo".

Rosa Miriam publicó dos sencillos artículos de opinión de apenas cinco
páginas cada uno. Si lo desea, puede escribir un libro de muchas
páginas. La recuerdo bien desde el día en que, como periodista muy
joven, me preguntó ansiosa, nada menos que en una conferencia de
prensa hace más de 15 años, si yo pensaba que podríamos resistir el
período especial que nos caía encima con la desaparición del campo socialista.

La URSS se derrumbó estrepitosamente. Desde entonces hemos graduado a
cientos de miles de jóvenes en el nivel superior de enseñanza. ¡Qué
otra arma ideológica nos puede quedar que un nivel superior de
conciencia! La tuvimos cuando éramos un pueblo en su mayoría
analfabeto o semianalfabeto. Si lo que se desea es conocer verdaderas
fieras, dejen que en el ser humano prevalezcan los instintos. Sobre
eso se puede hablar mucho.

En la actualidad, el mundo está amenazado por una desoladora crisis
económica. El gobierno de Estados Unidos emplea recursos económicos
inimaginables para defender un derecho que viola la soberanía de todos
los demás países: continuar comprando con billetes de papel las
materias primas, la energía, las industrias de tecnologías avanzadas,
las tierras más productivas y los inmuebles más modernos de nuestro planeta.

Fidel Castro Ruz Septiembre 18 del 2007