martes, 19 de mayo de 2009

Mario Benedetti habanero uruguayo Ana María Radaelli argentina en Cuba Adys Cupull y Froilán González biógrafos del Che Guevara Haydée Santamaría Toto

Gracias por el fuego, Mario querido

Ana María Radaelli•

“En períodos de persecución y mordaza, la cultura también pasa a la clandestinidad.

Si unos caminos se cierran, el artista busca otros, y en el caso de que no existan, opta por abrirlos... Siempre habrá muros, esquinas, patios, afiches, plataformas, sótanos, azoteas y hasta parroquias donde escribir y decir lo que haga falta.

Después de todo, cuando se llega a una situación en que la cultura no puede ser difundida por medios mecánicos, siempre queda la tracción a sangre, ¿no te parece?”

Sentados los dos en el vestíbulo ya desierto de Casa de las Américas, Mario Benedetti me estaba repitiendo casi palabra por palabra lo que había dicho horas antes al dejar inaugurado el Premio Casa de las Américas número 20, es decir, hace ya treinta años, y una se pellizca para saber que no está divagando.

Qué solos nos quedamos los sobrevivientes. La muerte, “asquerosamente puntual”, se nos ha llevado a Mario y no sólo Montevideo queda huérfana de él.

También La Habana, que lo acogió en duros tiempos de exilio, por expresa invitación de Haydeé Santamaría, y que conoció de su incansable trabajo en el Centro de Investigaciones Literarias de Casa del cual fue fundador.

Fue allí donde lo conocí, y que la relación profesional deviniera cálida y solidaria camaradería no tuvo nada de excepcional. Era imposible no quererlo, más allá de la admiración entusiasta que despertara su obra, que tantos reconocimientos merecería.

Y hablamos, siempre hablamos mucho, y hoy desempolvo, en un privado ritual de duelo, una página amarillenta y quebradiza de Resumen Semanal de Granma (febrero del 79), en la que Mario, generoso de su tiempo, nos confiara a sus anchas sus certezas y esperanzas más rotundas.

¿La Revolución Cubana?

Te diré: El marxismo en español. ¿Te parece poco? Con anterioridad a 1959, nos había invadido —-aunque no fuéramos totalmente conscientes de ello—- un pesimismo no confesado en relación con una posible actitud de independencia frente a los Estados Unidos.

La Revolución Cubana nos demostró que ese pesimismo no era totalmente justificado, que era posible luchar y triunfar aun en un país más pequeño que el Uruguay, que ya es bastante decir, y ubicado casi en las fauces de los Estados Unidos. Por otra parte la Revolución Cubana nos acercó al marxismo: Era la primera vez que el marxismo hablaba español, desde el poder, en América Latina.

Esto tuvo una enorme importancia para los escritores latinoamericanos, y fundamentalmente para los que no militábamos en ningún partido, que no éramos marxistas.

No quiere decir que de pronto le diéramos la espalda a Europa, pero sí que el orden de las prioridades cambió en nuestra tierra de América, aunque esa transformación no se reflejara inmediatamente en la literatura, porque lo primero, lo fundamental, fue el cambio de actitud que la Revolución Cubana generó en los escritores.

Todos empezamos a participar de maneras muy diversas, con matices diversos y con diversa intensidad en la lucha de nuestros pueblos. Es decir, ya no nos encerramos en el mundo interior de un personaje, sino que éste comenzó a ser ubicado en un contexto social, a tener inquietudes sociales y políticas.

Algo de eso ocurrió también con el paisaje, que hasta entonces había sido casi el principal protagonista de la narrativa latinoamericana –- piensa en La vorágine, Doña Bárbara, Don Segundo Sombra--, y eso sufrió un cambio:

El hombre empezó a tener más importancia que el paisaje, recuperó su papel protagónico. El paisaje, hasta entonces sinónimo de dominio, de explotación, de cosa ajena, se convirtió en un tema a conquistar, en una tierra a conquistar.

Ciro Alegría tituló su novela El mundo es ancho y ajeno, pero podría haberlo llamado El paisaje es ancho y ajeno.

¿La Casa de las Américas?

¡El fin del aislamiento! Mira, en toda esta transformación que se va dando en la literatura y el arte, transformación que se produce paulatinamente en el propio artista como persona, no sólo la Revolución Cubana en sí ha tenido mucha importancia, sino la Casa de las Américas, creada con el propósito explícito de hacer conocer en Cuba las realidades culturales de los países hermanos de América Latina y también con el de terminar con la incomunicación cultural que un país tenía con respecto a todos los demás.

Yo sé que siempre se dice esto cuando se habla de Casa, pero es mucho más trascendental de lo que pudiera parecer a simple vista. La verdad es no nos conocíamos, y que muchos pudimos hacerlo personalmente e intercambiar nuestras obras viniendo a Cuba, invitados por Casa, esta Casa de todos y para todos, generosa hasta lo inaudito.

¿Literatura comprometida?

Más de una vez he dicho que el panfleto es un género tan legítimo como cualquier otro. Existen obras maestras del panfleto: Marx. Engel, Lenin, el Che, Fanon, Fidel tienen verdaderas obras maestras, pero la literatura panfletaria es otra cosa, y no me entusiasma para nada... Falta saber qué pasa con los artistas del exilio, cómo trabaja en cada uno la nostalgia, el odio, el desgarramiento, cómo se afirma o se debilita su identidad nacional.

Esto nos trae de nuevo a hablar del papel del escritor. Creo que no se debe exigir a priori que un artista asuma tal o cual actitud: Primero deberá transformarse como ser humano y después esa transformación se reflejará en su obra a posteriori. Cuando un autor escribe sobre temas políticos sin que eso esté respaldado por una actitud consecuente, su obra sonará a hueco. Es como escribir poemas de amor sin estar enamorado, sin sentir el amor, y la política es también una forma de amor.



Me gustaría creer que después de esta charla, aquí muy abreviada, una vez más voy a acompañar a Mario y a su entrañable Luz al departamentito que ambos ocupan en la barriada de Alamar, donde viven, muy orgullosos, como dos cubanos de a pie. Pero no.

Ya es tiempo de guardar mis preciosos recortes y decirle Gracias, Mario, Gracias por el fuego y todos los fuegos que iluminaron el cielo de generaciones y generaciones de jóvenes que siempre te tuvieron y te tendrán a mano para cantar al amor y al desamor, a los nuevos exilios y desexilios desde cualquier esquina de una primera rota o reventando de flores y esperanzas tan contundentes como tu optimismo, ese que un día te hizo escribir:

Pero me consta y sé/ nunca lo olvido/ que mi destino fértil voluntario/es convertirme en ojos bocas manos/ para otras manos, bocas y miradas.

La Habana, 18 de mayo de 2009.

•Periodista y escritora argentina radicada en Cuba.