sábado, 7 de agosto de 2010

Bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaky Japón víctima genocidio

A través del tiempo el hundimiento del Crucero General Belgrano fuera de zona de exclusión durante la guerra de Malvinas mostró la misma mecánica política.

Similar maniobra “global” organizó Estados Unidos en sus patios traseros de latinoamérica con el “Plan Cóndor” que produjo cientos de miles de muertos y desaparecidos.   Eladio González toto

 

 

BOMBAS ATOMICAS SOBRE JAPON

Por Guillermo Alvarado

El 6 de agosto de 1945 el mundo cambió. Esa mañana por primera vez en la historia, de manera conciente y deliberada, un gobierno decidió la eliminación instantánea y masiva de cientos de miles de civiles y condenó a una lenta y dolorosa agonía a muchos otros por medio del arma más poderosa inventada jamás.

En la última edición del diccionario de la Real Academia Española se define el terrorismo de la manera siguiente: 1. Dominación por el terror. 2. Sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror.

Las bombas atómicas lanzadas contra las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki fueron, simple y llanamente, actos de terrorismo fríamente calculados, cuando ya la segunda guerra mundial estaba estratégicamente terminada, Italia y Alemania habían capitulado y a Japón le quedaban semanas apenas.

Ninguna de las mentiras esgrimidas por el gobierno del presidente de Estados Unidos, Harry Truman, magnificadas por su socio incondicional, el Primer Ministro británico, Winston Churchill, pueden ocultar los propósitos de tan brutales ataques.

Truman dijo que el bombardeo fue necesario para obligar a Japón a rendirse, algo totalmente falso. Desde hacía meses que Tokio buscaba la forma de negociar la capitulación, pero todos sus esfuerzos resultaron infructuosos, porque tanto norteamericanos como británicos los ignoraron.

En el New York Times del 11 de agosto de 1993, se revela el contenido de un cable enviado a Berlín el 5 de mayo de 1945 por el entonces embajador de Alemania en Tokio, e interceptado por los servicios de inteligencia estadounidenses, donde el diplomático asegura que los altos oficiales japoneses reconocen su desesperada situación y están dispuestos a aceptar los términos de la rendición, por duros que fuesen.

También es mentira que las bombas se lanzaron para salvar vidas de soldados norteamericanos. Según Truman, se evitó la muerte de 500 mil hombres, en tanto que Churchill aumentó la parada y puso la cifra en un millón y medio.

Una de las peores batallas del pacífico, el desembarco de Okinawa, causó la muerte de 12 mil 500 soldados de Estados Unidos y 37 mil heridos. Ya en agosto de 1945 el ejército japonés estaba tan diezmado que no hubiese puesto resistencia alguna a la ocupación aliada.

Por otro lado se conoce que Hiroshima y Nagasaki fueron arteramente resguardadas de los bombardeos estratégicos. La fuerza aérea yanqui destruyó por completo las cinco urbes más grandes del país asiático y otras 64 de entre 100 mil y 400 mil habitantes, pero NO tocaron a ninguna de las dos mencionadas.

En Tokio el 9 de marzo de 1945 se emplearon 8 mil 250 bombas de 250 kilogramos, que 150 metros antes de tocar suelo se fragmentaban cada una en 50 bombas de NAPALM. Ese día murieron 120 mil personas y se hirió a 400 mil más.

Sin embargo, los blancos del ataque atómico NO habían recibido ni una pedrada desde los aviones estadounidenses. Los querían intactos, población e infraestructura, para medir y mostrar al mundo el verdadero efecto devastador de la nueva arma. Jamás se había visto proyecto tan criminal y grosero.

El objetivo nunca fue rendir a Japón o salvar vidas de soldados. Fue paralizar al mundo e imponerse por medio del terror. Esto es terrorismo en todo el sentido político y militar del término y 65 años después el mismo país que lo hizo se apresta para atacar de nuevo en la misma forma, solo que con arsenales más modernos y mortíferos, esta vez contra Irán y la República Democrática de Corea.

¿Se necesita más para saber quiénes son los que de verdad ejecutan y promueven el terrorismo? A buen entendedor, pocas palabras.