miércoles, 1 de junio de 2011

Che Guevara Jorge Castañeda por Giraldo Mazola cubano

Réplica a Jorge Castañeda: el Colmo del Desparpajo y la Genuflexión

 

Escrito por Giraldo Mazola

 

En MONCADA

 

Comentarios de Giraldo Mazola, al artículo de Jorge Castañeda, “Lecciones sepulcrales”, en la revista Times del pasado 23 de mayo, en el que compara los asesinatos del Che y Osama Bin Laden, y sostiene que en Bolivia se debió hacer lo mismo que en Pakistán.

 

Un amigo británico me dejó ayer varias revistas y ojeando Times con su estilo de breves noticias y comentarios me encontré casi al final este denominado ensayo de Jorge Castañeda, bien conocido y repugnante alabardero del imperialismo.

 

No puedo negar ni ocultar que sin leerlo, sólo revisando el título y la foto que lo ilustra del Comandante Che Guevara después de haber sido asesinado en La Higuera, encabezada por la foto bien retocada del autor, me provocó una reacción, lo admito, de furia, de desear tenerlo a mano.

 

Furia innecesaria pues conozco bien que durante varias décadas se ha dedicado a medrar con las suculentas dádivas que se pagan a los que como él sistemáticamente se dedican a intentar desprestigiar a la Revolución cubana y sus símbolos.

 

Después me leí con la mayor calma posible su bien pagado artículo que circula por el mundo como la “opinión experta de un distinguido profesor” de la Universidad de New York y que presentan como un documentado estudioso de la vida del guerrillero heroico por ser autor de un libro insidioso también del Che.

 

¿Cuál es la tesis fundamental de este converso?

 

Nada menos que justificar la decisión del presidente de Estados Unidos de ajusticiar sin juicio legal alguno y desaparecer los restos de Osama Bin Laden.

 

Ha demorado algunos días en escribir estos comentarios; sin duda esperando que el resultado de esta acción que ha catapultado la resquebrajada popularidad del presidente para sus aspiraciones reeleccionistas y ello lo ha inspirado a sentar cátedra sobre este tema y avalar la bárbara decisión adoptada.

 

Se puede ahora apostar por Obama, que es apostar por seguir recibiendo la bendición imperial. Él conoce los vericuetos de ese país al que sirve con devoción pero es pragmático y no se va a embarcar con un perdedor.

 

Para ello se remonta sin pudor a reevaluar aquella gesta heroica y a afirmar que con los restos del Che debió hacerse lo mismo que ahora ha hecho el flamante presidente negro norteamericano pues la vigencia actual de las ideas y del ejemplo del Che (tiene que reconocer que existen y espera le perdonen esa afirmación) están dados por lo que considera un error que felizmente Obama no repitió.    

Es decir que en su criterio ha sido mejor lo que llama la decisión americana que la boliviana; al Che cuando lo asesinaron no debieron lavar y peinar las  manos de una humilde enfermera, no debieron retratarlo ni permitir que los periodistas y los vecinos del lugar lo vieran así, pues sin proponérselo a esos humildes habitantes de la zona se les pareció a las imágenes de Cristo repartidas por doquier ante por misioneros católicos.

Fue un error -dice- no haberlo quemado totalmente y desaparecido todos los restos como hacen ahora con un sentido más pragmático los nuevos dirigentes del mundo que sí no se andan con bobadas.

Hay en este errático adulador cuestiones que no será capaz nunca de entender.

 

Nunca aparecieron los restos de Hatuey ni Agramonte. Los de Martí, Maceo y Mella tuvieron cursos tortuosos. Contar con un recuerdo decoroso de Martí tomó tiempo.

 

El monumento más importante lo hicieron siguiendo sus ideas los jóvenes del centenario en el fallido ataque al cuartel Moncada.

Otros vendepatria criollos tuvieron tumbas pomposas y monumentos estelares.

Nos queda la estatua lamentablemente trunca de Estrada Palma y el monumento a Miguel Mariano Gómez. De ellos, ¿cuáles perduraron en la memoria popular, cuáles son recordados por su obra?
 
La vigencia de las ideas y del ejemplo del Che no son consecuencia de que gracias a un laborioso y abnegado esfuerzo de los forenses cubanos y argentinos se hayan recuperado sus restos y los de la mayoría de sus compañeros y que se incorporaran, como dijo Fidel al recibirlos, cual refuerzo al arsenal de ideas de la Revolución cubana, ni que reposen en un digno mausoleo a su memoria en la ciudad que liberó y lo considera su hijo predilecto.

Están arraigadas en los anhelos de lucha popular de los que luchan  por un futuro mejor y saben que ese médico argentino devenido en artífice de la lucha guerrillera, teórico novedoso del marxismo en las condiciones del Tercer Mundo, capaz de predicar con el ejemplo de su actuación cotidiana, los representa como un símbolo.

No necesitaron los pueblos oprimidos del mundo durante las décadas en que sus restos parecían definitivamente desaparecidos tener un monumento o una tumba; contaban con un arsenal de ideas y con algo sumamente trascendente, con la prédica del ejemplo personal.

 

A pesar de tus diatribas, de tu propósito de pretender que el Che es el Che porque los dirigentes de la CIA norteamericana que decidieron asesinarlo y desaparecerlo no lo hicieron bien y de tus alabanzas a los actuales líderes del imperio que sirves, te vuelves a equivocar.


Antes de su incorporación a su sueño liberador latinoamericano, cuando aprendíamos a dirigir un país, el Che hizo en una conferencia de países afro-asiáticos un recuento crítico de lo que habíamos realizado hasta entonces.

 

Eso no lo olvidan los pueblos.

 

Elogió el empeño por hacer las transformaciones de la base económica de nuestra sociedad, exaltó las virtudes de un pueblo empeñado en realizarlas, pero no presentó esos resultados con vanidosa pretensión edulcorante, sino junto con la explicación de la compleja urdidumbre en que se realizaba, siempre bajo la permanente interferencia activa norteamericana, desnudó nuestras deficiencias y errores, para compartir con nuestros hermanos africanos y asiáticos nuestros sueños y nuestras verdaderas experiencias, buenas y malas.

 

Sus palabras allí se sembraron y hoy sedimentan con su pensamiento y acción, su vida y su muerte, la ideología y la práctica de los revolucionarios más avanzados.

Esbozó sus ideas de un mundo nuevo, que surgiría de unas más honestas relaciones entre los países. Un mundo por el que se podría estar dispuesto a entregar la vida.

¿Ese mundo por fraguar y del que él es precursor es el ALBA que avanza con obras concretas, algo distinto a estas ideas?

El vasto legado del Che renace en el tiempo nuevo de América Latina en parto difícil y lleno de complejidades, de errores propios y de obstáculos que crearán constantemente las oligarquías y el imperialismo. Avanzaremos en un sitio y retrocederemos en otro, pero “el camino se hace al andar”, como dijo el poeta español Miguel Hernández.

 

Y andaremos.

 

Somos millones dispuestos a andar y andando, a hacer camino así. En los trillos por los que anduvo el Che, otros pies pisaran la hierba que crezca y harán nuevos caminos.

Y nuestros caminantes están en todos sitios. Unos anónimos hoy, otros que ya son historia por mantenerse con firmeza, en las peores circunstancias, por haberse convertido, como le pidió el Che a su exigua pero decidida tropa, en revolucionarios, que es el escalón más alto de la especie humana.

 

Te vuelves a equivocar Castañeda.

 

La Habana, 30 de mayo de 2011