jueves, 23 de febrero de 2012

Madre santa palabra religion de la humanidad Mamá Mujer Esposa Hija Nieta todo mentiras hipócritas

De: Observatorio de Trata Córdoba [mailto:observatoriodetratacba@gmail.com]
Enviado el: Lunes, 20 de Febrero de 2012 03:55 a.m.
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Asunto: La economía de la trata

 

 

La economía de la trata

La británica radicada en Australia Sheila Jeffreys explora en La industria de la vagina (Paidós), cómo el comercio sexual se ha convertido de negocio a pequeña escala, furtivo y vilipendiado, en una enorme industria, productiva y legitimada como tal. Al punto que sólo en Holanda representa el 5% del PIB anual. La autora ofrece no sólo un profundo análisis de la situación, sino también información precisa, con cifras sorprendentes y denuncias varias.

Por Sheila Jeffreys

18/02/12 - 11:17

La trata de personas para su prostitución no es la única forma de tráfico que tiene lugar en el mundo hoy en día. La mayoría de las mujeres que provienen de la trata son destinadas a la prostitución, pero también existe la trata de mujeres para el servicio doméstico forzadas a trabajar por deudas. Esta última forma es posibilitada por el gobierno de Indonesia, que obliga a las futuras trabajadoras domésticas que “emigrarán” al Medio Oriente a seguir programas de entrenamiento. Las condiciones de las cientos de miles de mujeres del sudeste asiático que van a Hong Kong y Singapur, y las sudamericanas que van a los Estados Unidos para realizar tareas domésticas o cuidar ancianos o discapacitados pueden ser de explotación e incluir abuso físico y psicológico y, con frecuencia, violencia sexual por parte de sus empleadores o miembros de la familia. Hay abusos considerables de los derechos humanos, pero también hay diferencias entre estas prácticas y la trata de personas para la prostitución que es necesario señalar. Los otros tipos de trabajo son formas de trabajo legítimas que no necesariamente están marcadas por el género y pueden realizarse en sectores de la industria respetables sin que medien los abusos de los derechos humanos. El esfuerzo por mejorar las condiciones de trabajo en estas industrias es razonable. Este no es el caso de la prostitución. La prostitución es una práctica que se desarrolla directamente sobre y en el cuerpo de las mujeres. No hay manera de convertirla en un trabajo seguro, ya que la transmisión de enfermedades, los embarazos no deseados, el dolor y la abrasión son inevitables en el trabajo de todos los días.

El desdoblamiento emocional del cuerpo es necesario para sobrevivir a la prostitución, pero causa daños graves al sentimiento que las mujeres tienen de ellas mismas, de su cuerpo y de su sexualidad. Algunos críticos que defienden la postura del trabajo sexual ponen en ridículo la preocupación especial que la trata para la prostitución causa en muchas ONG y activistas feministas, y las atacan con frases como “pánico moral”. Esto se debe a que no ven ninguna diferencia entre la prostitución y el trabajo doméstico o la recolección de tomates, por ejemplo.

La trata para la prostitución daña a las mujeres y a las niñas por los abusos físicos y psicológicos que sufren. Un informe europeo sobre la salud de las mujeres provenientes de la trata señala que estas sufren daños similares a los que padecen las mujeres en la prostitución, la violencia doméstica, la tortura y el abuso sexual, y los perjuicios que sufren otras personas que son trasladadas de un país a otro y los inmigrantes. Pero también hay daños graves que experimentan las víctimas de la trata que son muy parecidos a los que sufren las mujeres prostituidas en general, pero más extremos en cuanto al “nivel de explotación y violencia”. Los estudios sobre las mujeres en la prostitución, se las perciba como víctimas de la trata o no, demuestran que estas padecen problemas de salud psicológicos y físicos, como síntomas de estrés postraumático, daños a la salud reproductiva, enfermedades de transmisión sexual y marcas de violencia física que llegan a la desfiguración o discapacidad permanente.

Un estudio europeo descubrió que las mujeres víctimas de la trata sufren actos de violencia en las etapas de reclutamiento y traslado y en los lugares de destino. Durante el viaje o el tránsito, suelen ser víctimas de amenazas o violencia real, en condiciones muy graves que ponen en riesgo su vida. Pueden forzarlas a nadar por ríos con fuertes corrientes durante la noche y ver cómo una compañera se ahoga, o a ocultarse en los paneles de los techos de los trenes. Sufren el daño psicológico de ser vendidas. Algunas son vendidas varias veces antes de llegar al lugar de destino. Tres de cada 28 mujeres fueron “adquiridas” en situaciones de remate a las que los futuros proxenetas se acercan para seleccionar nueva “mercadería” (ibíd.: 40). Durante la etapa del tránsito, parte de la rutina es que las violen los tratantes, ya sea el proxeneta que la compró o un grupo. Catorce de las 28 mujeres denunciaron haber sido “confinadas, violadas o golpeadas una o varias veces durante esa etapa, antes de comenzar a trabajar”.Tres que eran vírgenes fueron violadas en esa etapa. El informe explica que estas técnicas se emplean para establecer el control psicológico de las víctimas. En el lugar de destino, 25 mujeres denunciaron haber sido víctimas de la violencia. Recibieron “golpes, patadas, puñetazos, golpes con objetos, quemaduras, cortes con cuchillos y fueron violadas”. El asesinato no es algo “fuera de lo común” y sirve para aterrorizar a otras víctimas de la trata. En 2000, el Ministerio del Interior de Italia informó que se recibieron denuncias de 168 mujeres extranjeras prostituidas en Italia. La mayoría de ellas eran albanesas o nigerianas y fueron asesinadas por sus proxenetas. Las mujeres que llegaban a destino pasaban verdadero hambre, porque sus proxenetas les daban raciones totalmente incomibles, las mantenían en condiciones muy difíciles y, no sólo se les prohibía dejar el lugar donde vivían y trabajaban a la vez, sino que tenían que compartir las camas o dormir en el piso; además, las encerraban solas bajo llave en pequeñas habitaciones durante todo el día antes de salir para ser prostituidas. Eran violadas, con frecuencia a diario, por los proxenetas, sus amigos y sus conocidos. Como consecuencia de las violaciones de los proxenetas y del uso cotidiano de los clientes, sufrían infecciones, desgarros y traumas dolorosos en la flora vaginal que facilitaban el contagio de VIH. Las enfermedades de transmisión sexual, en general sin tratar, ya que el acceso de estas mujeres al cuidado de la salud era extremadamente difícil y a menudo imposible, causaban enfermedades de inflamación pélvica, daño definitivo del tracto reproductivo, riñones y vejiga, infertilidad, abortos naturales, morbilidad y mortalidad infantil, y cáncer de cuello del útero.

Tenían que recibir muchos más prostituidores por día y por una tarifa menor que otras mujeres prostituidas. Las mujeres denunciaron que los hombres a los que ellas llamaban sus “dueños” controlaban el uso del preservativo y a veces lo prohibían. Les cobraban a ellas hasta 10 dólares estadounidenses por preservativo, que se sumaban a las deudas que ya tenían. Las mujeres podían realizarse duchas vaginales para asearse. Estas mismas duchas pueden causar problemas de salud, ya que desequilibran la flora vaginal. Además, usaban productos muy nocivos, como desinfectantes, que no eran apropiados para uso interno. De acuerdo con el informe, algunas mujeres prostituidas usan hierbas u otras mezclas en la vagina para secarla o angostarla, lo cual es valorado por los prostituidores en algunas culturas pero lastima a las mujeres. Durante el acto sexual, también sufrían “dolores agudos o crónicos; desgarros y otros daños del tracto vaginal”. Los daños que sufren las víctimas de la trata son muy similares desde y hacia dondequiera que se las traslade. Un estudio sobre mujeres víctimas de la trata en Filipinas, que incluía a cuatro mujeres trasladadas dentro del país y cuatro esposas por correo, descubrió que la mitad de las mujeres habían sufrido sangrado vaginal. A aproximadamente el 70% le habían quebrado los huesos, y el 62% presentaba heridas en la boca y los dientes. El informe señala que las cifras pueden ser mayores, ya que las mujeres se ponen muy nerviosas cuando se les pregunta sobre la violencia de la que han sido víctimas y se rehúsan a hablar porque quieren olvidar. Los daños psicológicos incluían la depresión en un 82%, la ira en el 75% y pensamientos suicidas en un 40%.

Los embarazos y abortos, que eran comunes en el estudio europeo, aun en los casos en que se usaba preservativo, ya que los hombres se los quitaban o los rompían a propósito, también son causa de graves problemas de salud. En el caso de Elena, trasladada de Ucrania a los Emiratos Arabes Unidos, y a quien un médico le hizo un aborto ilegal a los catorce años, le inyectaron agua con jabón y por eso tuvo que ser trasladada a un hospital. Unos trabajadores comunitarios de Italia y el Reino Unido denunciaron que algunas mujeres víctimas de la trata habían tenido hasta doce abortos y, en algunos casos, eran forzadas a volver a la prostitución inmediatamente después, lo que les ocasionaba infecciones. Los folletos de recomendaciones que publica para las mujeres prostituidas nigerianas en Italia la organización Tampep, que defiende la postura del “trabajo sexual”, revela los daños a los que someten a las mujeres víctimas de la trata. Se les recomienda que revisen los autos para ver si encuentran cuchillos, armas de fuego, almohadones o almohadas, cinturones o sogas, porque todos estos elementos son armas potenciales. Si encuentran alguno de esos objetos, se les recomienda que “hagan que el cliente los guarde en el baúl”. Les enseñan que deben estar preparadas para “agarrar a los clientes de las bolas” y que no deben usar faldas largas ni ajustadas o tacones altos. A pesar de la gravedad de estos riesgos, la autora de un artículo sobre las recomendaciones de Tampep sostiene que de esta manera se “da poder” a la mujer víctima de la trata, porque “el conocimiento de estrategias que pueda poner en práctica en contra del peligro cambia la relación con su situación”. Las recomendaciones vuelven “negociable y borrosa” una situación “innegociable y descarnada”. La autora explica que “en términos de la lógica que he estado desarrollando, darles poder equivale a la prevención. La capacidad de una persona para desenvolverse en situaciones peligrosas empieza con la convicción de que el peligro actual está – o podría estar – sujeto al control”. Desafortunadamente, no es cierto que el peligro esté bajo el control de la mujer víctima de la trata, y podría considerarse muy irresponsable hacerle creer que es así, e incluso culparla cuando es atacada. Las mujeres prostituidas de la calle son las más vulnerables de todas las mujeres prostituidas, y no parece muy posible que puedan negociar con los hombres que pagan por sus servicios de las maneras sugeridas.

*Politóloga y feminista.

http://www.perfil.com/ediciones/2012/2/edicion_652/contenidos/noticia_0030.html

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