martes, 11 de marzo de 2014

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Intervención del viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba en el 25 Periodo de Sesiones del Consejo de Derechos Humanos

10 marzo 2014
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Abelardo Moreno, vicecanciller cubano, durante la presentación del informe de Cuba sobre el bloqueo de Estados Unidos sobre la Isla, presentado en la sede del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, La Habana, Cuba, el 14 de septiembre de 2011. AIN FOTO/Sergio ABEL REYES
Abelardo Moreno, vicecanciller cubano, en la sede del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, La Habana, Cuba. AIN FOTO/Sergio ABEL REYES.

Intervención del viceministro de Relaciones Exteriores de la República de Cuba, Abelardo Moreno Fernández, en el segmento de alto nivel del 25 Periodo de Sesiones del Consejo de Derechos Humanos

Señor Presidente:
Cuando se creó el Consejo de Derechos Humanos, no fueron pocas las dudas de que se pudiera crear un órgano donde primara la cooperación y el diálogo genuinos. Cuba, que había sufrido la politización, los dobles raseros y la selectividad de la desaparecida Comisión de Derechos Humanos siempre le dio el beneficio de la duda.
Siete años después de la creación del Consejo de Derechos Humanos, confirmamos que, en muchos casos, se han trasladado al Consejo las mismas recetas, los mismos dobles raseros y la misma manipulación ideológica que determinaron el descrédito de la CDH.
Hoy, las potencias siguen pretendiendo ser guardianes de los derechos humanos y fiscales de otros, a pesar de ser responsables directos de violaciones sumamente graves y sistemáticas, sobre todo del derecho a la vida.
A sus recientes guerras de conquista, causantes de decenas de miles de muertes, en su inmensa mayoría de civiles a los que supuestamente se intentaba proteger, se suman nuevas violaciones que motivan un fuerte rechazo internacional.
Es el caso de las ejecuciones extrajudiciales por medio de drones de centenares de mujeres y niños inocentes y los intentos de declarar tales asesinatos como legales.
Hablamos también de la trasgresión del derecho a la privacidad y el derecho a la información de millones de ciudadanos en todo el mundo, por el escandaloso espionaje global, que también viola de forma flagrante la soberanía de los Estados y el Derecho Internacional.
Hablamos del apoyo a la desestabilización de gobiernos legítimamente constituidos en países del Sur del planeta cuando no se pliegan a sus designios, violando el derecho de cada nación de darse el régimen económico, político y social soberanamente decidido por su pueblo y provocando hechos de violencia y la muerte de personas inocentes.
Ejemplo patente de ello es lo que está ocurriendo en la República Bolivariana de Venezuela. Los actos desestabilizadores violentos que tienen lugar a partir del 12 de febrero en varias partes del territorio venezolano, además de constituir violaciones flagrantes de la institucionalidad democrática en dicho país persiguen, sin lugar a dudas, el derrocamiento por la fuerza de un gobierno legítimamente constituido por la voluntad del pueblo venezolano, único con capacidad para decidir su destino. Las acciones de los grupos desestabilizadores, instigadas desde el exterior, y promovidas por la manipulación informativa de medios de prensa irresponsables y por sectores fascistas minoritarios en Venezuela, deben ser objeto de la más fuerte condena y repudio por parte de la comunidad internacional.
Por otra parte, se perpetúa el quebrantamiento del Derecho Internacional Humanitario, con las torturas de prisioneros, incluida su alimentación forzada, que se siguen cometiendo en el centro de detenciones ilegales en el territorio usurpado a Cuba en Guantánamo, que no cierra aún, a pesar de las reiteradas promesas.
¿Será capaz el Consejo de Derechos Humanos de reaccionar ante violaciones como las mencionadas y adoptar resoluciones condenándolas?
Los mismos violadores, que silencian sus crímenes acusando a otros, son los que defienden también un orden internacional antidemocrático e inequitativo, injusto e inmoral, en el que se antepone el capital financiero al ser humano, se beneficia a los países ricos, se derrochan recursos y se perjudica a los pobres.
¿Se comprometerán estos países industrializados con acciones de solidaridad genuina y desinteresada para sacar de la extrema pobreza a 1 200 millones de personas en todo el mundo, acabar con el hambre crónica que sufren otros 842 millones, es decir, una de cada ocho personas, o lograr la realización del derecho a la educación para los 774 millones de adultos y 123 millones de jóvenes analfabetos?
Señor Presidente:
Cuba sigue con atención también la situación en torno a Siria, donde han perdido la vida miles de personas inocentes.
Reiteramos nuestra vocación de paz y de respeto a los principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas y el Derecho Internacional, incluido el Derecho Internacional Humanitario.
Condenamos la muerte de personas inocentes dondequiera que se produzcan y rechazamos que se atribuyan de manera selectiva y manipuladora a una de las partes, de acuerdo con los intereses de algunos países. Hacerlo, sólo propicia la intervención extranjera y las aventuras bélicas, que siembran la destrucción y multiplican las muertes.
Cuba reafirma su apoyo a la búsqueda de una solución pacífica y negociada a la crisis actual, y reitera su confianza en la capacidad del pueblo y gobierno sirios para resolver sus problemas internos, sin injerencia extranjera, sobre la base del pleno respeto a su soberanía y libre determinación.
Es preocupante la pretensión de utilizar los acontecimientos en Siria y otros recientes en la misma región, para llevar a la práctica conceptos tales como la “responsabilidad de proteger”, incluso antes de que esta cuestión quede claramente definida y acordada por la Asamblea General, el único órgano de Naciones Unidas con el mandato, la universalidad y la representatividad necesarias para examinar este controvertido tema.
Es evidente que se esconde la intención de violar la soberanía y mutilar la independencia, claro está, de los países pobres, nunca de los poderosos. No importa que las discusiones en la Asamblea evidencien la diversidad de posiciones en torno a la llamada “responsabilidad de proteger”, cuya fácil manipulación se ha evidenciado con claridad durante los últimos años.
Los principios de soberanía, integridad territorial y no injerencia en los asuntos internos de los Estados deben defenderse a toda costa porque, sin ellos, las Naciones Unidas no pueden subsistir, y las naciones pequeñas y débiles serían abandonadas a merced de las grandes y fuertes.
Sr. Presidente:
Como dijera el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, Raúl Castro Ruz, el pasado 22 de febrero, (y cito): “…dondequiera que haya un gobierno que no convenga a los intereses de los círculos de poder en Estados Unidos y algunos de sus aliados europeos se convierte en blanco de las campañas subversivas. Ahora usan nuevos métodos de desgaste, más sutiles y enmascarados, sin renunciar a la violencia, para quebrar la paz y el orden interno e impedir a los gobiernos concentrarse en la lucha por el desarrollo económico y social, si no logran derribarlos”.
“No pocas analogías pueden encontrarse en los manuales de guerra no convencional, aplicados en varios países de nuestra región latinoamericana y caribeña, como hoy sucede en Venezuela y con matices similares se ha evidenciado en otros continentes, con anterioridad en Libia y actualmente en Siria y Ucrania. Quien tenga dudas al respecto lo invito a hojear la Circular de entrenamiento 1801 de las Fuerzas de Operaciones Especiales norteamericanas, publicada en noviembre de 2010, bajo el título ‘La Guerra no Convencional’…”
“…La intervención de potencias occidentales debe cesar para permitir al pueblo ucraniano ejercer de forma legítima su derecho a la autodeterminación. No debe ignorarse que estos hechos pueden tener consecuencias muy graves para la paz y la seguridad internacionales.” (Fin de la cita).
La responsabilidad histórica de lo que suceda recaerá sobre los Estados Unidos y algunos de sus aliados de la OTAN.
Sr. Presidente:
Sobre muchos temas bajo discusión de este Consejo, incluso de naturaleza tan controvertida como algunos de los mencionados con anterioridad, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) viene concertando posiciones comunes.
La II Cumbre de la CELAC, que Cuba se honró en acoger en enero del presente año, tuvo como tema central “la lucha contra la pobreza, el hambre y la desigualdad”.
Convinimos en nuestra región que para alcanzar sociedades más justas, donde los derechos humanos sean disfrutados por todos, es imprescindible una mejor distribución de las riquezas y los ingresos, una educación de calidad para todos, la erradicación del analfabetismo, el establecimiento de una verdadera seguridad alimentaria y sistemas de salud para la totalidad de la población, entre otras cuestiones de vital importancia para la vida humana.
Esta cita de la Comunidad tuvo como momento especial la Proclama de la América Latina y el Caribe como una Zona de Paz, con la presencia de prácticamente todos los Jefes de Estado de nuestra región. Con ella, acordamos desterrar la guerra, la amenaza y el uso de la fuerza de nuestro ámbito, así como lograr que los diferendos entre nuestros países se solucionen por vías pacíficas y conforme a los principios del Derecho Internacional.
Hemos ido acercando nuestras posiciones y, a pesar de inevitables diferencias, crece el espíritu de unidad en la diversidad. Este Consejo es un ejemplo de la creciente concertación. Fue aquí donde la CELAC presentó su primera resolución en un órgano de las Naciones Unidas, precisamente sobre el derecho a la paz.
Ya la CELAC es reconocida internacionalmente como representante legítima de los intereses de América Latina y el Caribe. Cuba continuará trabajando por la cooperación, la solidaridad, la integración y la unidad latinoamericana y caribeña, por lo que tanto trabajó nuestro Héroe Nacional, José Martí.
Señor Presidente:
Mientras que en el mundo impera la desigualdad, la opulencia de unos pocos y la marginación de muchos, el pueblo cubano continúa su lucha por alcanzar la sociedad más justa posible. Hoy, Cuba avanza con paso firme por un camino de trasformaciones revolucionarias para perfeccionar su socialismo.
Nos sentimos satisfechos del amplio y alentador reconocimiento recibido a nuestros esfuerzos y avances en la promoción y protección de todos los derechos humanos durante el segundo ciclo de nuestro Examen Periódico Universal, en el 2013.
Tales avances han sido posibles a pesar de los negativos efectos del bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba, que constituye una violación masiva, flagrante y sistemática de los derechos humanos del pueblo cubano y un acto de genocidio, de acuerdo al artículo II de la Convención contra este crimen.
Actualmente trabajamos con seriedad en la implementación de las recomendaciones que aceptamos, que fueron la abrumadora mayoría de las que recibimos.
El EPU, sustentado en un enfoque de cooperación y de diálogo constructivo y respetuoso, ha demostrado ser la vía adecuada para impulsar la efectiva promoción y protección los derechos humanos en todos los países. Es primordial preservar este enfoque e impedir se convierta en un espacio para realizar críticas y recomendaciones sobre bases politizadas, falsas, distorsionadas o manipuladas que nada tienen que ver con los derechos humanos.
Señor Presidente:
La reciente elección de Cuba como miembro del Consejo es una demostración del prestigio alcanzado por el país en este ámbito. Constituye un reconocimiento a la obra de la Revolución Cubana, que ha garantizado el respeto a la dignidad plena de cada ciudadano, ha colocado el principio de la justicia social y la solidaridad como rector de sus programas y políticas, y ha sabido compartir sus modestos avances y recursos con otros pueblos del mundo de manera genuina y desinteresada.
Como miembro del Consejo, Cuba mantendrá su compromiso con la promoción y el respeto de todos los derechos humanos y continuará impulsando los derechos a la libre determinación, la paz, el desarrollo, la cultura y la alimentación, entre tantos otros.
Mantendremos la cooperación con la maquinaria de derechos humanos de Naciones Unidas, en particular con el Consejo de Derechos Humanos y su mecanismo del EPU, con los órganos de tratado y todas aquellas instituciones de aplicación universal y no discriminatoria.
Continuaremos los esfuerzos por revertir el desbalance que persiste en la composición de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.
Estaremos siempre listos para participar en un diálogo franco y genuino en materia de derechos humanos sobre la base del respeto a la dignidad y soberanía plenas.
Señor Presidente:
Quiero referirme a tres ciudadanos cubanos: Gerardo Hernández, Ramón Labañino y Antonio Guerrero, quienes cumplen prolongadas e injustas condenas en cárceles federales de los EE.UU. Fueron declarados culpables por un Tribunal Federal de la Florida por cargos que nunca fueron demostrados durante el largo proceso judicial al que fueron sometidos, plagado de irregularidades y violaciones de sus derechos legales y humanos, y quienes en realidad trabajaban para impedir la realización de actos terroristas contra Cuba, así como contra ciudadanos de otros países, incluyendo Estados Unidos. Fueron confinados en solitario por más de 17 meses, se les limitaron los accesos a sus abogados y prohibieron las visitas de sus familiares.
Concurren además en la situación de estos tres luchadores antiterroristas cubanos, aspectos de profundo carácter humanitario que no pueden ser soslayados. Durante todo este tiempo han tenido que sufrir en la distancia la pérdida de seres queridos; han estado separados de sus familiares, algunos de ellos de avanzada edad que guardan la esperanza de poder verlos de regreso; y han dejado de ver crecer a sus hijos. Uno de ellos, como hizo saber su hija, sufre de una seria dolencia en sus rodillas que puede afectar su capacidad de movimiento.
El Presidente de EE.UU. tiene la potestad de disponer su libertad inmediata.
Sr. Presidente:
Aún estamos a tiempo de contar con un verdadero sistema de promoción y protección de los derechos humanos, donde los que hoy buscan imponer mandatos espurios contra países del Sur, dejen de mirar a otro lado, de modo cómplice, para no ver las violaciones flagrantes, masivas y sistemáticas de los derechos humanos que se perpetran con impunidad en y desde el Norte.
No perdemos la esperanza de que más temprano que tarde habrá en este órgano la voluntad de enfrentar, con honestidad y sabiduría los verdaderos problemas que afectan a la mayor parte de la humanidad. Creo que los países que tenemos una real conciencia de esta necesidad impostergable, debemos prepararnos para presentarle al Consejo ideas e iniciativas que lo conduzcan a modificar el curso en el que aparentemente se encuentra.
No obstante, si en el Consejo prevalecieran la confrontación y la búsqueda de hegemonías, Cuba, junto a otros países apegados a la justicia, sabrá representar a un pueblo que ha sido capaz de vencer las agresiones y resistir el bloqueo de la potencia más poderosa de la tierra.
Muchas gracias.