viernes, 16 de noviembre de 2007

Medicina ELAM Escuela Latinoamericana de Medicina en La Habana Cuba, treinta paises favorecidos


EDUCACION GRATUITA UNIVERSITARIA E INTEGRACION MUNDIAL

16 Noviembre, 2007 -

De todo esto da fe la colaboración que brindan hoy decenas de de miles de médicos, enfermeras y técnicos en diversos países. Justamente, la creación y existencia de la Escuela Latinoamericana de Medicina se sustenta en esa misma concepción.

Una importante contribución a los sueños de integración de Nuestra América se materializa en la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) de La Habana, de cuyas aulas han egresado en las tres graduaciones más de cuatro mil 500 médicos de unos 30 países.

Con una elevada preparación científica, humanista, ética y solidaria que les permitirá actuar profesionalmente y estar al servicio de los sectores más necesitados en sus naciones, el 76 por ciento de los jóvenes son hijos de obreros y campesinos.

Concebido por el presidente cubano Fidel Castro, el proyecto se gestó para dar respuesta a dos terribles huracanes: George y Mitch, que azotaron Centroamérica y el Caribe en 1998, y dejaron a su paso un alto número de víctimas e incalculables daños materiales.

Tras la llegada el 27 de febrero de 1999 de los primeros estudiantes procedentes de Nicaragua, en sólo dos meses y medio las instalaciones de la otrora Academia Naval Granma, al oeste de la capital de Cuba, fueron transformadas en la Escuela Latinoamericana de Medicina, la cual inauguró oficialmente Fidel, en unión de otros mandatarios, el 15 de noviembre de ese año, en ocasión de celebrarse en La Habana la IX Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno.

Desde su apertura, la institución forma sin costo alguno como médicos generales básicos, a jóvenes de los países azotados por los terribles meteoros, a los cuales se sumaron posteriormente, como parte de un programa más amplio, alumnos de otras naciones.

El proyecto prepara a estudiantes de forma integral, con vistas a que retornen a sus comunidades para brindar atención primaria de salud, y continuar el trabajo de promoción y prevención de las brigadas cooperantes de médicos cubanos en la región.

PROYECTO DE SOLIDARIDAD
El doctor Juan Carrizo, rector de la ELAM, dijo a CubAhora que el programa de formación de médicos no sólo se enmarca en las instalaciones de la Universidad, sino también en las 22 facultades de Medicina del país.

Actualmente hay alumnos en los seis años de la especialidad y en todas las provincias, precisó Carrizo, quien encomió la preparación integral de esos profesionales desde el punto de vista académico y científico, además del compromiso social y espíritu solidario e internacionalista adquiridos por los jóvenes. La ELAM acoge en este curso 2007-2008, a alrededor de 10 mil estudiantes de unos 30 países de América Latina, el Caribe, África, Estados Unidos y Haití.

Con un ingreso aproximado de unos mil 500 alumnos cada año, a partir de su primera promoción la escuela graduará anualmente entre mil 200 y mil 300 especialistas en Medicina, quienes contribuirán de forma significativa a la integración entre los pueblos, precisó Carrizo.

El rector de la ELAM resaltó la dedicación y entrega de los alumnos al estudio, la labor de los profesores de las diferentes facultades y además, significó, entre las acciones que coadyuvan a la formación integral de los estudiantes, las jornadas científicas y los encuentros de conocimientos.

Otra contribución a este empeño fue la creación de un Departamento de Historia, que desarrolló una investigación de los más de un centenar de grupos étnicos que conviven en la escuela para integrar ese conocimiento al trabajo educativo del colectivo docente.

LOS PADRES AGRADECEN
Desde su fundación, la ELAM ha efectuado varios encuentros de las asociaciones de padres y familiares de los estudiantes, mediante los cuales han intercambiado con autoridades vinculadas al proyecto para conocer los planes y resultados integrales de la formación médica de sus hijos y las perspectivas del proceso docente-educativo.

Durante su estancia en Cuba, los familiares de los alumnos visitan centros docentes, instituciones científicas y de salud del país, y entran en contacto directo con el ámbito académico y social de los jóvenes, lo cual contribuye al fortalecimiento de la relación escuela-familia, apuntó Carrizo.

Al valorar la experiencia de estos años de funcionamiento de la ELAM, Carrizo la consideró como la expresión más alta de humanismo y solidaridad con los pueblos, y estimó que las graduaciones constituyen un acontecimiento en la historia de la salud de las naciones desprotegidas.

Cuba se ha convertido en materia de salud en un concepto nuevo, profundamente revolucionario y humano, de lo que deben ser los servicios médicos en el mundo, lo cual se materializa en el Programa Integral de Salud (PIS).

De todo esto da fe la colaboración que brindan hoy decenas de de miles de médicos, enfermeras y técnicos en diversos países. Justamente, la creación y existencia de la Escuela Latinoamericana de Medicina se sustenta en esa misma concepción.

Ello contribuirá a que ese nuevo "ejército" de batas blancas, formado bajo la ética profesional y el concepto humanitario de la medicina cubana, ponga su granito de arena en el afán de transformar la injusta realidad que viven hoy los pueblos de América.

Nora Patrich, militante argentina, su vida, sus muertes, escultora, pintora, Biblioteca Nacional, Rosario, Arquitectura, Abal Medina, Ramus FAR Ezeiza



VIVIR PARA LOS DEMAS, LUCHAR POR LOS OTROS,

Miles de jóvenes dieron su vida por un proyecto de liberación nacional y social para nuestra Patria en las décadas de los 60’ y ‘70. En ese intento muchos perdieron la vida y otros quedaron para dar testimonio. Es el caso de Nora Patrich, excelsa dibujante, pintora y escultora, premiada internacionalmente por su obra inigualable. Sin ir más lejos, entre septiembre y octubre de este año, expuso sus pinturas en la sala de exposiciones de la Casa de Gobierno, bajo el título de “Nosotras, argentinas”. Además está previsto que a principios del año próximo (2008), una escultura hecha por ella, que mide más de 8 metros de altura y que recuerda a los asesinados por las bombas y la metralla gorila el 16 de junio de 1955, se instale en Paseo Colón e Hipólito Irigoyen como recuerdo imborrable de la tragedia vivida por nuestro Pueblo.

El que sigue es su relato:

Lic. Roberto Baschetti Biblioteca Nacional
Jefe del Departamento de Adquisiciones e Intercambio Bibliotecario
Agüero 2502 - piso H 1425 Buenos Aires-Argentina
(Tel: (011) 4 808 6015)

13 de febrero de 1998. Vancouver. Canadá.

Me llama mi amiga Fernanda por teléfono. “Poné Canal 3, están pasando un especial de una pareja de patinadores sobre hielo ingleses, que le dedican su actuación a los desaparecidos de Argentina”.

Es una bella coreografía que me golpea con tremenda fuerza en el corazón. Y me pongo a llorar.

Lloro, lloro con tal angustia que ni todo el cariño ni las caricias de mi pareja logran consolarme.

El día había empezado tan distinto, pintando, trabajando bien como tantas otras veces. Y así de improviso la llamada de Fernanda.

Uno nunca sabe cuando, así nomás de repente, algo te devuelve la memoria, los recuerdos, los momentos felices y porque fueron tan felices, pero acompañados de ese sentimiento de dolor vacío y estremecedor.

Es como si todo el dolor del mundo se te anidara en la garganta y con todo eso, ensimismadas, las eternas ansias de volver que nunca se pierden.

Uno a uno empezaron a desfilar frente a mí Horacio, José, Alcirita, Rodolfo, Hernán, El Yaya, los inigualables amigos como el Flaco Sala... y la lista seguía.

Ahora la voz de mi madre: “Toma toda la sopa que en África hay chicos que no tienen que comer”. Y luego la imagen nítida de cuando apenas era una niña, viendo un documental sobre la Segunda Guerra Mundial, sobre lo que había ocurrido en los campos de concentración nazis: los hornos, las montañas de cuerpos, los cadáveres vivientes...

Esas palabras de mi madre y esas imágenes hicieron que naciera en mí esa convicción irrefutable de que eso nunca debía repetirse.

Llegué a la década del ´60 con un fuerte concepto de justicia, derechos humanos y el hombre nuevo. De a poco fui abriendo los ojos, notando que no todos éramos iguales, que yo pertenecía un grupo privilegiado.

Comprendí que los chicos sin comida no existían solamente en África, sino que estaban muy cerquita mío y empezaban a tomar forma, a tener cara y nombre.

Cumplí 16 con unas tremendas ganas de cambiar este mundo de mierda que creaba guerras y destruía niños y torturaba, pero ya no solo en Alemania, sino que también en Buenos Aires y que todo eso -que no se debía volver a repetir- estaba ocurriendo otra vez.

Fue durante ese despertar al mundo y querer hacer, que Sarita y Roberto me llevaron al cine a ver “Verano del ‘42”.

Cuando terminó y se prendieron las luces, allí estaba Horacio disculpándose por haber llegado tarde. Los cuatro salimos a tomar un café. Y la noche estaba tan linda, que él me acompañó a mi casa, caminando.

En el camino nos sentamos en un parque a charlar. Le conté de mi pasada militancia en un grupo que se había creado en Filosofía y Letras (LIR) compuesto por actores y algunos pintores.

Poníamos en escena pequeñas obras teatrales en las Villas Miseria utilizando las técnicas del brasilero Augusto Boal. Y le conté como durante mi trabajo en ese grupo se me había cruzado el peronismo y lentamente me había acercado a la UES. También charlamos de mis ganas de estudiar Arquitectura para poder hacer casas para el Pueblo. Y la conversación se transformó en algo hermoso donde soñamos sobre nuestros deseos compartidos por un mundo mejor.

Nos vimos varias veces más después de nuestro primer encuentro. Horacio me había encandilado con su bondad y generosidad. Eran tantos, pero tantos los sueños compartidos, que nuestra relación fue creciendo y consolidándose rápidamente.

Me acuerdo del día que me llevó a un café para que conociera a Mirta Clara, su amiga de la infancia, a ver si “me aprobaba” o no.

Esa misma Mirta Clara que luego, junto a Susú y otras queridas compañeras recorrimos caminos paralelos aunque geográficamente distantes.

Fuimos “las viudas”, “las compañeras” o como le dijeran después los milicos a mi suegra “los claros blancos caminantes”, por ser tan fáciles de encontrar y acertarles.

En 1971 comencé a estudiar en la Facultad de Arquitectura y a militar en la JUP. A medida que mi concientización crecía, también lo hacía mi compromiso de lucha.

Fueron tiempos de amor y fueron tiempos de guerra. Una extraña mezcla de situaciones trágicas, de pérdidas y momentos ridículamente graciosos, casi absurdos.

Tal vez por eso fue que comenzamos a decir que parecíamos la Armada Brancaleone. Porque a veces parecíamos más esa película de Vittorio Gassman que una temible agrupación terrorista, como querían hacer creer los militares.

Como aquella vez que el objetivo era romper la vidriera de una concesionaria de automóviles yanquis, volantear y rajar. Ya para esa época, los bancos y las concesionarias habían cambiado los vidrios por blindex, hartos de reponer constantemente las vidrieras rotas.

Si no recuerdo mal el Toti vino con la información de que había escuchado en alguna reunión que si se tiraban manzanas contra el blindex, estas lo hacían vibrar de tal forma que lo debilitaban y era posible romperlos con bulones. Y pasó por supuesto, lo que algunos predijimos...

Lo puedo ver como si fuera una película: en la vereda de enfrente la Gorda Graciela, Alcirita y yo, listas con los volantes.

Por la vereda de la concesionaria, con una bolsa de manzanas cada uno, Horacio, El Toti, Alberto y José. Los peatones miraban azorados a esos cuatro “terroristas” masacrando la vidriera a manzanazos. Pero las manzanas quedaban pegadas al blindex y se deslizaban hacia abajo, despacito, despacito, hechas puré.

La Gorda Graciela, que no se había dado cuenta que lo de las manzanas no funcionaba, empezó a volantear sola y sin que nos diéramos cuenta se la llevó un tipo de civil en cana.

En la reunión de evaluación, vino El Toti con más información. Para que la ruptura del blindex hubiera sido un éxito, los bulones debían haber estado dentro de las manzanas. Pequeño detalle......

Cuantas veces tuve que explicar que nadie me convenció de nada, que nadie me había lavado el cerebro. Tomo total responsabilidad por las decisiones que asumí y el camino que mi vida recorrió en los años subsiguientes.

Esto era inevitable, dado los tiempos que vivíamos, la información que manejábamos y la falta de Justicia Social que reinaba en ese momento, esas eran causas más que suficientes para que yo decidiera tomar ese camino.

Una tarde, Horacio y yo estábamos acurrucados en un abrazo, él fumando su eterno cigarrillo. De golpe le pregunté: “¿Decíme, si uno quiere ayudar, comprometerse más, como se hará?

Horacio contestó que siempre había alguien cerca, que cuando sintieran que era el momento adecuado, lo propondrían. Muchas fueron las veces en las que insistí que deberíamos averiguar y comprometernos más. Nunca me imaginé que ese alguien era él.

Pasó mucho tiempo, mucha historia compartida.

A veces me salvé raspando, como la vez que llegué tarde a la cita para ir a una marcha con Ramón Cesaris (por el aniversario de las muerte de Abal Medina y Ramus) y él se fue sin mí, y allá en la localidad de William Morris, lo acorralaron y lo asesinaron.

Cuantas veces corrimos de la mano con Horacio, esquivando balas que pasaban muy cerca como en Ezeiza, por ejemplo.

No sé como ni cuando empecé a militar en las FAR, que luego se fusionaría con Montoneros.

Muchos no querían la lucha armada, pero se entendía que era la única manera, en ese momento y lugar, de frenar lo que padecíamos y producir cambios profundos en nuestra sociedad.

En ese sentido la Argentina no estaba aislada del mundo.

En varias partes del planeta los jóvenes buscaban cambios; y fueron golpeados y en algunas instancias masacrados. Durante los ’60 y los ’70 existieron una variedad de movimientos, cada uno adecuado a su realidad. Por ejemplo, los hippies en EE.UU; muchos jóvenes estadounideneses tuvieron que refugiarse en países como Canadá para no ir a pelear a Vietnam en desacuerdo con esa guerra imperial.

En Argentina, las masas se movilizaron, organizaron y lucharon., Yo fui parte de ese fenómeno y es por eso que puedo contar mi historia sin arrepentimientos ni vergüenzas.

Como parte de la juventud de la época, entiendo que éramos., que queríamos, que soñábamos y que esperábamos para las generaciones futuras. Si de algo senos quiere acusar, será de ser demasiado idealistas. Pero ¿qué hubiera sido mejor...? ¿crecer ignorando todo lo que íbamos descubriendo y que no nos importara la tortura y el hambre de otros, la injusticia, la desesperanza...?

Como mujer puedo decir que cada uno vivió experiencias muy distintas, de acuerdo a la formación que tanto los compañeros como nosotras tuvimos en las organizaciones en las cuales nos desarrollamos.

Me parece que la formación de cuadros fue muy distinta entre los compañeros que venían de Montos a los que veníamos de las FAR. Fue así que a veces, esas diferencias se notaron en el trabajo cotidiano de nuestra militancia.

Como aquella vez en que tomamos las facultades porteñas y nos preparábamos para hacer una inmensa marcha.

Esa noche, organizando la seguridad, se decidía que compañeros marcharían haciendo un cordón alrededor de la columna de manifestantes, sosteniendo palos para defender la marcha de los ataques con cadenas de los “fachos”, ya que siempre nos atacaban con cadenas y manoplas.

Yo, que venía de las FAR, como tantas otras compañeras, había recibido instrucción militar y tenía conocimientos de defensa. Por lo tanto, me presenté para que me entregaran mi palo para ir a tomar mi lugar en el cordón.

Los compañeros me miraron y me explicaron que yo era mujer... Otros salieron a discutir que eso no importaba. En fin, hagámosla corta.

El acuerdo fue que si yo conseguía dos compañeras más, nos darían un palo a cada una.

Supongo que esos que se opusieron pensaron que se necesitaban tres mujeres para equiparar la fuerza de un hombre. Conseguí las dos compañeras y allí estábamos las tres. Una fue Silvia, la otra ya no me acuerdo, y yo.

Las tres con nuestros palos, marchando dentro del cordón que rodeaba la columna de estudiantes universitarios. Y se dio.

Aparecieron los “fachos”, con cadenas que revoleaban sobre nuestras cabezas. Y de repente, el sonido de palos que caían al piso. Y nosotras tres allí, con nuestros palos alzados para frenar los cadenazos y resultó que los hombres que estaban a nuestro lado había rajado antes que nosotras.

En 1972 me casé. Tenía 20 años. Mi familia no estaba muy feliz con mi boda, así que me tuve que ir hasta el supermercado que tenían mis padres, para asegurarme que papá había ido a firmar la autorización, pues habían decidido no asistir a la ceremonia.

Volví corriendo a casa para cambiarme, agarré un taxi y llegué justo para mi propio casamiento. Por el camino, unos nervios me hicieron toser todo el trayecto, en tanto el taxista me daba consejos para que mi matrimonio fuera exitoso.

Mi madre me había llevado a la modista y me habían confeccionado un vestido con la seda de un sahari hindú color turquesa con pequeños dibujitos en negro.

Todavía lo tengo, junto al pantalón que Horacio usó ese día. Fue la primera –y creo que única vez- que lo ví a Horacio con corbata.

Después de la fiestita y los etcéteras de mi boda, nos fuimos a un hotel. Solamente José, mi cuñado, el marido de Susú, sabía en que hotel estábamos, por las dudas.

A partir de esa noche, compartimos los cuatro, un departamentito durante más de un año ... Y allí todavía vivíamos cuando nacieron primero Esteban, mi sobrino y después Nicolás, mi hijo. Nos fuimos del departamento meses después que naciera Inés, la segunda de Susú.

Los cuatro teníamos una relación muy especial. Nunca una pelea, sino por el contrario, un gran sentido de solidaridad y compañerismo.

Creo que los seis, hermanos y cuñados, nos quisimos muchísimo y disfrutábamos al máximo cada oportunidad que teníamos de estar juntos.

Debo admitir que todo ellos eran seres excepcionales. Eran compañeros tremendamente íntegros. Bueno, Susú lo sigue siendo. Somos las dos que sobrevivimos y entre las dos, fueron cinco los chicos que nacieron en esa época.

Un día Horacio no volvió a la hora prevista y tuvimos que levantarnos, no podíamos quedarnos en casa.

¿Y si había caído?

Aunque en lo más profundo de mi corazón yo sabía que Horacio nunca cantaría ni entregaría a nadie, pero las reglas eran las reglas. Para entonces, yo estaba embarazada de Nicolás, como de 6 ó 7 meses. Pasaron los días.

Llegaron noticias de que un “Martín” –nombre de guerra de Horacio- había caído en un puente. Pero no se sabía que “Martín”. Estuve días tirada en un sillón, sin hacer prácticamente nada.

Un buen día decidí que ya era suficiente lástima conmigo misma, junté fuerzas, me levanté, me arreglé y decidí ir a una cita que tenía con el dentista. Al volver abrí la puerta del departamento.

Si hay algo en esta vida que jamás olvidaré fue la increíble sensación de felicidad cuando ví a Horacio (Martín, mí Martín) parado delante de la puerta, mirándome. Lo abracé, mientras lloraba y reía a la vez.. Él me miraba sin comprender, como preguntándose “¿A esta loca que bicho le picó?”.

Ocurrió que yo me había desencontrado con el compañero que tenía que avisarme que mi Martín demoraría unos días en regresar por que estaba en una tarea específica; además era portador de una carta que aún hoy guardo como uno de mis grandes tesoros y parte de la cual transcribo:

“Querida Norita. Hoy es sábado. Hace 10 días que me fui y me acabo de enterar que recién puedo volver el lunes. Yo creo que nuestro hijo va a nacer en un buen momento porque nosotros hemos madurado bastante en este tiempo y estamos mejor preparados para recibirlo. Todo esto es para decirte que te quiero mucho, quiero a mi Flaquita, quiero su panza, quiero las tartas de cebolla, quiero la pieza desordenada, quiero la casa inundada con la alfombra mojada sobre la silla (¡como putié!), quiero a la que tengo bronca cuando me despierta a la mañana, los pajaritos, los caracoles, los telares.. (Hasta las lagartijas quiero...). Y tal vez hasta sea feliz –una palabra que nunca me gustó mucho porque no se muy bien que quiere decir-. Yo la entiendo no como que todo es muy lindo sino como saber conciliar todos los aspectos de nuestra vida, sin perder nunca de vista, los objetivos y los criterios fundamentales que orientan todo, los momentos lindos, los amigos, la familia, la bronca, el dolor, la mufa, la militancia, el laburo, etc.”

Claro que esta no fue la única vez que no llegó a la hora indicada. Fueron muchas las veces que tuvimos que levantarnos y esperar en un café de la vuelta, porque no se sabía si había caído o simplemente estaba atrasado.

Horacio tenía muchos compañeros a su cargo y ya no era fácil conseguir casa segura donde quedarse cuando había que “levantarse”.

Horacio no volvía a casa hasta que estaba seguro que todos los compañeros a su cargo tenían donde dormir, comer y dinero para movilizarse. Y aunque yo lo admiraba por su actitud para con los demás, a veces me daba bronca, porque eso implicaba que yo tenía que salir, “levantarme”, esperar con ese gusto amargo y metálico inconfundible, un desenlace.

José y Susú con Esteban fueron trasladados a Córdoba. Al poco tiempo, nosotros fuimos enviados a Rosario. Es que allí había muerto el compañero encargado de la JUP y Horacio tomaría su lugar.

Nuestra separación se hacía cada vez más larga.

La Gorda Graciela se había trasladado a San Nicolás –donde más tarde caería su compañero- y me ofrece quedarme con ellos un tiempo, para estar más cerca de Horacio y poder visitarnos los fines de semana.

En camino a San Nicolás, íbamos en el auto la Gorda Graciela, su compañero El Flaco y su hijo Manuelito, que debería tener unos dos años, Nicolás que tendría meses y yo. En la ruta nos paró un “pinza”. Nos hicieron bajar a todos y pararnos de espaldas a una pared, mirando hacia el auto.

Los milicos comenzaron a revisarlo, las cuatro puertas abiertas.

El Flaco nos hace señas y vemos que el “embute” que tenía una de las puertas estaba mal cerrado y se veía la punta de un papel.

Por un instante creímos morir. Y entonces abrieron el baúl... un olor espantoso hizo retroceder a los uniformados.

Los pañales sucios con la caca de Nicolás, recocinados por el calor del sol de verano, fue demasiado para ellos. Cerraron todo bien rápido, nos devolvieron las llaves del coche y seguimos nuestro camino.

Horacio iba y venía a visitarnos a San Nicolás, pero eso, era exponerse demasiado. Así que hasta que encontráramos casa, nos fuimos a un hotel frente a la terminal de colectivos..

Contar todo lo que ocurrió en esos días sería una cuestión de nunca acabar. Demasiado largo... Nuestra vida era tan intensa, que cada día era una historia ó una anécdota.

A veces, algo tan sencillo como salir a comprar el pan se convertía en todo un episodio.

Así fue que tuvimos nuestra primer casa y nos fuimos de vacaciones al Sur y para no perder la costumbre tuvimos que “levantarnos” muchas veces.

En una de esas levantadas, que coincidió con uno de los matambres que yo estaba cocinando (Horacio adoraba mis matambres...) al momento de irnos de casa, él en vez de llevar ropa o lo que pudiese meter de artículos personales en un bolsito que nos permitían llevar (pequeño, para no levantar sospechas con los vecinos), esa vez, lo veo agarrar una hoja de papel de diario y ¡envolver el matambre.....! O sea, que de haber perdido la casa en esa oportunidad, lo único que se hubieses salvado hubiera sido el matambre...

Quedé embarazada de Laura. Perdimos la primera casa porque el compañero que nos prestaba el nombre para alquilar había caído. Pasaron los meses, crecieron los riesgos.

La cuestión es que nos mudamos temporariamente a una pensión.

La dueña se había encariñado mucho con nosotros, a tal punto que me confesó, que era la primera vez que aceptaba en la casa a alguien con chicos. Es que había visto a Nicolás tan hermoso y buenito que no nos pudo rechazar.

Una noche en tanto Nicolás dormía, me quedé charlando con ella en su cocina y me contó que antes vivía en la pensión y que su dormitorio de entonces, era ahora el nuestro.

Como el balcón daba a la calle y las chicas de la pensión siempre le insistían que era peligroso, que no fuera que le pusiera a ella una bomba, decidió mudarse para el interior de la casa.

Obviamente, se me ocurrió preguntarle por qué alguien querría ponerle una bomba a ella:

- ‘¿Cómo, no sabés?: Mi marido es el Jefe de Policía de Rosario?’

- - ‘No, fijate que no lo sabía....’ contesté al borde del colapso.

Volví a mi habitación y vi por la ventana, desde la oscuridad de nuestra pieza, como Feced pasaba con su auto a recogerla. Lo ví muchas veces más.

Siempre me pregunté si habrá tenido idea, después que mataron a Horacio, que aquel “terrible subversivo” era también, aquel gentil muchacho que tantas veces se le cruzó a su mujer en el pasillo de la pensión –un conventillo en realidad- y que ella tanto había apreciado.

Los eventos familiares y las fechas importantes eran vallas que había que ir saltando dela mano y si la valla no caía, había que seguir corriendo la carrera de la vida, juntos.

Nos poníamos metas a corto plazo, sencillas en su contenido, pero paradójicamente casi imposibles de realizar. Como por ejemplo, llegar vivos a Navidad, llegar junto a Año Nuevo, el nacimiento de Laura, el cumpleaños de Nicolás.. Y así fue como llegamos los tres a las Navidades y después al Año Nuevo. Y seguíamos juntos. Y matamos dos pájaros de un tiro, porque también llegamos juntos al nacimiento de Laura.

Tantas compañeras habían caído antes, durante o justo después de dar a luz...

El 31 de diciembre habían venido compartimentados 2 ó 3 compañeros a festejar Año Nuevo. Esa tarde habían estado jugando con Nicolás, tirándose agua con la manguera y a baldazo limpio. Yo me había quedado frente a la ventana mirando como jugaban y oliendo el olor a tierra mojada que tanto me fascinaba.

Cada tanto, les tiraba una puteada, por las dudas, no fuera cosa que se les ocurriese tirarme agua... Que se me iba a cruzar por la mente que Laura se apresuraría a venir a nuestro mundo. Decíme...¿qué apuro tenía?

La mañana del 1° de enero Nicolás se despertó y como tantas otras mañanitas de verano, vino al dormitorio. Me senté en la orilla de la cama para ayudarlo a sentarse en la pelela y rompí bolsa de agua. Se suponía que todavía faltaba una semana pero Laura no quiso esperar.

Nos vestimos rapidito, agarramos a Nicolás, los compañeros se quedaron a esperar, no podía salir solos. Recuerdo al lector que estamos hablando de un primero de enero por la mañana: en las calles no pasaba ni un alma.

Horacio, Nicolás y yo estábamos parados al borde de una carretera pequeña. Vimos un auto, pero resultó ser un móvil policial. Horacio casi lo para, pero yo lo agarré de la mano. ¿Estás loco? Es que ya me imaginaba la portada en los diarios: “Hijo de Montonero nace en un patrullero”; ¡ni en joda...!

Justo , así como de la nada, detrás del patrullero, apareció un taxi. Una vez en el hospital, ya instalada en un cuarto, Horacio se volvió a casa para sacar a los compañeros compartimentados. Pero tardó mucho en volver. Y yo empezaba a preocuparme, al punto que creí que había “caído” con Nicolás. Pero al fin llegó, tarde, pero llegó. Es que se había demorado porque justo después de sacar a los compañeros supo que había caído una compañera y se creía que estaba “cantando”.

Nicolás me traía una florcita que había cortado en el jardín del hospital.

Llegaron justo antes del parto. Laura nació bien pero tenía unos ruiditos en el pulmón, y los médicos, por precaución, la pusieron en una incubadora.

Horacio tuvo que irse rápido ya que había demasiados compañeros que no tenían donde guardarse. No sé, pero de aquellos instantes, solo recuerdo las sirenas y mi angustia al no saber si eran de ambulancias o de la policía.

A la media hora de haber parido, me levanté, buscando formas para escaparme del hospital, en caso de que llegara la cana. Pero Laura estaba en la incubadora: ¿Qué hacer? ¿Me la llevaba conmigo? ¿La dejaba?

Tanta, pero tanta angustia no me dejaba pensar y Horacio que no aparecía y yo que no tenía pañales limpios para la beba; así que me puse a lavar, sin que me vieran para no despertar sospechas.

Pero la situación afuera estaba cada vez peor.

El 3 de enero volví a casa. El clima que se vivía era inaguantable. El 4, Horacio llevó a Nicolás a la guardería por la mañana.

Volvió a la una de la tarde y me dio 15 minutos para que me preparara; no sabíamos que estábamos “levantando” nuestra casa por última vez.

Al igual que la vez anterior, el compañero que había dado su nombre para que alquiláramos la casa había caído.

Quisieron trasladarme a casa de otros compañeros en la zona, pero Horacio prefirió llevarme a Buenos Aires. Días después nos enteramos que esa noche había llegado la patota armada y bombardearon la casa donde supuestamente me tenía que quedar. No quedó nadie vivo.

Retomo: pasamos por la guardería a buscar a Nicolás y de allí a la estación de trenes. Estaba por subir al tren y una señora me preguntó cuanto tiempo tenía Laura. Y yo pensé, si le digo 4 días, le va a parecer raro, así que le dije 4 semanas. La mujer se volvió loca y me empezó a gritar, que como se me ocurría sacar a una bebita tan chiquita de viaje, etc. etc. etc.

Recuerdo el aire acondicionado del vagón. Tenía tanto miedo por el problema del pulmón de Laura. Pero no había pasajes para los otros vagones. Recosté el asiento, la acosté sobre mi pecho, la cubrí con una manta y casi no me moví hasta que llegamos a Buenos Aires, donde nos quedamos en casa de mis padres.

El 7 de enero nos fuimos a Miramar, Horacio a la semana volvió a Rosario. Ahora solo nos quedaba llegar juntos al cumpleaños de Nicolás; y luego llegar a nuestros propios cumpleaños, y luego al próximo y ....

Al volver a Buenos Aires me instalé en la casa de mi cuñada Susú. Para ese entonces Susú ya había enviudado, al igual que Alcirita (su hermana) que además estaba presa. Esa sensación de que pronto me tocaría a mí me aterrorizaba.

En una de sus visitas, Horacio le preguntó a Nicolás que quería para su cumpleaños. Nicolás pidió una jirafa.

El 18 de febrero llegó Horacio con una tremenda jirafa de peluche de un metro de altura. Fuimos al zoológico a festejar. También llevamos a Esteban y pasamos juntos el día. Después fuimos a casa de mis viejos e hicimos otra fiestita. La pasamos juntos esas semanas y parecía que todo, todo estaba bien y que tal vez podíamos volver los cuatro a Rosario.

Ya no me acuerdo cómo ni porqué decidimos que él, iba a volver primero para asegurarse de que todo andaba bien. Es que Rosario estaba cada vez peor y se debían tomar precauciones. Pero si todo andaba sobre ruedas, volvería a buscarme al día siguiente para viajar juntos.

Tengo su despedida incrustada en la memoria. Fue en el departamento de Susú. Yo le estaba dando de mamar a laura sentada en la cama. Horacio se acercó, me dio un beso. Nicolás se puso a llorar como nunca en su corta vida; no quería que su papá se fuera. Parecía una premonición. Jamás lo habíamos visto así.

Al día siguiente Horacio no volvió. Llamé al control. Me dijeron que estaba bien, que estaba herido, pero bien, que fuera a Rosario. Yo la verdad no se porque, pero supe que algo raro pasaba pero quería creerles. Porque si no estaba herido, estaba muerto o preso. Si estaba preso, lo estaban torturando. Sí, herido y escondido era lo mejor.

Mis suegros no me dejaron ir y fueron ellos a Rosario a ver que pasaba. Pero los vecinos no se animaron a contar mucho y así fue como comenzó el peregrinaje de Alcira y Roberto, los padres de Horacio, por todas las comisarías de Rosario. Y por supuesto, nadie sabía nada. Volvieron a empezar.

Uno de los comisarios le preguntó si ellos sabían en lo que estaba metido su hijo, porque él....., ¡él siempre sabía lo que su hijo hacía!. Después les preguntó si estaba casado. Alcira y Roberto contaron la historia ya ensayada de cómo su hijo se había ido a vivir con una chica que a ellos no les gustaba, no sabían entonces, mucho de la pareja.

El comisario les contestó que no se preocuparan, que ya me encontrarían, porque ellos a las viudas las llamaban “blancos caminantes” por lo fácil que era cazarlas.

Les dijo también que habían encontrado ropas de bebé en la casa invadida (por ellos). Y les mostró la foto de Horacio muerto, caído sobre una silla, rodeado de libros y revistas.

Por suerte, entregaron el cuerpo.

Todos estábamos determinados a encontrar el cuerpo. Horacio siempre decía que para los milicos, quedarse con el cuerpo del compañero caído era una victoria más. Y así fue, que con las palabras de Horacio en la mente, Alcira y Roberto se encontraron camino a Buenos Aires siguiendo el féretro de Horacio para confrontarse a la jodida realidad de no encontrar cementerio que quisiera aceptar el cuerpo.

Con ayuda de conocidos Horacio fue enterrado. Mis suegros se comunicaron con mis padres y les confirmaron el asesinato de Horacio.

De todo eso recuerdo que estaba en un automóvil y mis viejos me decían que yo siempre había tenido mucha suerte, porque había sobrevivido a un cáncer cuando tenía 2 años (en ese mismo momento me enteré del sarcoma que tuve, por boca de ellos).

Y aparentemente ahora, había tenido suerte nuevamente.

Yo creía que la conversación seguiría por el lado de que yo había tenido suerte porque Horacio estaba herido y seguía escondido. Pero no, la suerte era porque yo no había estado con él, por ende, los chicos tampoco. Yo no ví nada. No tuve velorio donde procesar. No tuve entierro para mis adioses. Será por eso que siempre le sigo diciendo adiós.

No me separé de los chicos. Le seguí dando el pecho a Laura. Trataba de recordar los criterios de Horacio para criarlos y trataba de dialogar siempre con él frente a todas las decisiones que tenía que tomar. Pero me sentía muy sola sin su compañía.

Mi familia me empezó a presionar muy fuertemente para que saliera del país. Mis suegros tenían ya sobre sus espaldas, no solo la muerte de su hijo, sino la de sus dos yernos y una hija presa. Quedaba Susú que acaba de dar a luz en su viudez a José, su tercer hijo, un mes antes de que naciera Laura. Y ahora yo. Con mis dos hijos. Sin tener a donde quedarme.

Me ví con el Cabezón Habegger y me dijo que tal vez, por un tiempo, irme sería lo más seguro. Según mis viejos, serían solamente cuatro o cinco meses. Me despedí de la gente más cercana. Con la ayuda de otros, mis padres pudieron salir con los chicos para luego pasármelos en Uruguay. Allí saqué documentación para Israel que en sí fue toda otra odisea.

A todo esto les cuento, que la jirafa que Horacio le había traído a Nicolás de Rosario, nos acompañó en todo momento. Y hasta el día de hoy está en la habitación de Nicolás..... Se imaginan en el aeropuerto de Montevideo: yo llevando a Laurita y un bolso. La azafata llevaba de una mano a Nicolás y en la otra un segundo bolso, y el comisario de abordo llevaba una jirafa y el tercer bolso. Tengo una foto donde puede verse esta escena increíble. ´

La estadía en Montevideo fue corta e incierta. El pianista Miguel Angel Estrella (un compañero peronista) había caído preso en el Uruguay.

Todavía tengo en mi mente lo que vi entonces desde la ventanilla del avión. Recuerdo lo que pensé y que todavía se repite cada vez que subo a un avión y miro hacia fuera: los sueños, o más bien las pesadillas que tenía y que se reflejaban en Horacio herido, y yo no poder llegar hasta él y salvarlo. Era la impotencia total.

En Israel estuvo un poco más de un año y allí trabajé junto a otras viudas para denunciar lo que ocurría en nuestra patria. La consigna que levantábamos era: “Cada voz puede salvar una vida”; fue durante el Mundial de Fútbol del ’78.

En ese marco se hicieron muchos trabajos de denuncias sobre violaciones a los Derechos Humanos. Fue así que junto a Judith Said y otras compañeras, hablé en el Parlamento israelí (Kneset) y me reuní hasta con con Abba Eban.

Pero la verdad, no me sentía cómoda allí.

La política exterior de Israel con sus vecinos palestinos estaba en las antípodas de mi pensamiento político.

Así que me fui a España, donde ya residían Susú y sus chicos, la Gorda Graciela, Toti, Marta, que se yo... montones.

Busqué trabajo y un departamento para alquilar y allí me enfrenté a la particular situación –que se volvió a repetir luego en México- que como estaba sola y con chicos no conseguía que nadie me alquilara.

Así fue entonces que debía apelar a la viveza criolla para poder sobrevivir y me inventé un marido, un viajante de comercio que por tal motivo estaba poco en la ciudad, y ¡funcionó!.

En España tuve una experiencia laboral muy interesante, diseñando ropa, lo que me permitió conocer la India, Francia e Inglaterra y hacerme de una profesión que después nunca más me sirvió.

Como explicar el exilio.

Por una parte los que se quedaron juran que era mejor irse, por la otra, es decir muchos de los que se fueron, juran que quedarse era lo más acertado. De poder elegir yo hubiese preferido permanecer en el país.

El autoexilio es irse por propia voluntad con la posibilidad de quedarse, pero el exilio es la expulsión sin alternativa, dejar el lugar de los afectos y por el cual uno luchó para hacerlo mejor, en la creencia que nuestro nietos vivirían en una Argentina mucha más justa para todos. Y ahora estaba yéndome tan lejos: idiomas extraños, costumbres distintas, desarraigada y sola; tendría que aprender a convivir con sirenas policiales sin tener que salir huyendo como un acto reflejo.

Pasé por Cuba a vivir un tiempito.

Me acerque nuevamente a los compañeros y di una mano por ejemplo en el cuidado de la guardería que alojaba a los chiquitos argentinos, hijos de compañeros “desaparecidos” o bien de aquellos que seguían combatiendo a la dictadura militar.

Como una tenía que seguir desarraigándose por fuerza, no me podía quedar en un lugar por más que este me gustara mucho. Una se auto-saboteaba y levantaba campamento porque tenía que estar siempre lista para el regreso a casa.

Así fue que entonces me fui de Cuba a México, donde también seguí colaborando activamente en las revistas que los compañeros editaban desde el exilio.

Allí conocí a Pablo, que fue el padre de mi tercera hija: Itzel (Rocío de la Noche) que nació en 1982.

En ese momento mi nueva pareja cubría mis expectativas y fue parte de mi lucha por rehacer mi vida y recrear una familia para mis hijos después de tanto años.

Decidimos mudarnos a Canadá, donde ya estaban radicados mis padres y hermanos. Yo pensaba que de esta manera sería más fácil juntar el dinero necesario y estar preparados para pegar la vuelta al pago. Además mis hijos estarían más cerca de sus abuelos y tíos.

En 1989 viajamos con los chicos a Buenos Aires y allí se definió mi separación de Pablo.

De regreso a Canadá este país me brindó la posibilidad de dedicarme de lleno a la pintura y eso con seguridad fue lo que me salvó.

Nora Patrich

música cubana, Congreso de la UNEAC Alberto Falla, Tony Pinelli, Bayamo, grupo Moncada, Fidel, Raúl Castro



Dos músicos opinan sobre el Congreso de la UNEAC


---- “No eludimos nuestro papel en la política”, dice Alberto Falla
---- “La burocracia: el enemigo a batir”, opina Tony Pinelli

Por Manuel Alberto Ramy Desde La Habana

Primero fue el sonido, que estaba en la naturaleza circundante y
también en la anatomía del hombre. Las palabras vinieron después,
cabalgando sobre el sonido. Así nacieron la música, el canto, la
narración oral y posteriormente la literatura escrita.

La independencia de la nación cubana de la metrópoli española comenzó
por el sonido de una música tocada en el interior de un templo, hoy
catedral, en la ciudad de Bayamo. Tan elocuente fue que el jefe de la
plaza militar, al escucharla, la calificó de un himno de guerra. Tenía
razón. Unos meses después, el 20 de octubre de 1868 tras la toma de la
ciudad de Bayamo por las fuerzas independentistas, vinieron las
palabras, la letra de nuestro himno nacional. Por cierto escritas a
lomo de caballo de combate.

La música es importante en la vida de nuestra nación y sus creadores,
integrados en la Asociación de Músicos de la Unión de Escritores y
Artistas de Cuba (UNEAC), se han reunido para debatir sobre su 7mo.
Congreso --un tema que vengo siguiendo con atención.

¿Qué opinan los creadores musicales sobre este Congreso? ¿Cuál es la
función de la cultura en este momento tan excepcional? Estas son las
interrogantes de mi indagación.

Alberto Faya, músico, ex cantante del famoso grupo Moncada, licenciado
en filosofía y literatura, opina "(…) que el primer tema que debemos
encarar es la responsabilidad y función del artista y el intelectual
cubano en el crecimiento y desarrollo de nuestra Revolución, lo cual
no se trata de un asunto solamente político, sino de mucho más
alcance. Yo diría que es un asunto de nuestra cultura, lo cual implica
una visión más amplia".

Jovial, amable, con su voz bien timbrada, cree que "el sentido mismo
del trabajo artístico, tan vinculado a la creación, lleva consigo
actitudes renovadoras y pensamientos transformadores que son vitales
para la existencia misma de nuestra nación. No se trata de que sean
sólo los artistas e intelectuales quienes pueden señalar el camino
futuro que debemos los cubanos tomar, pero si tenemos una gran
responsabilidad en ese sentido".

Por su parte, Tony Pinelli, compositor, ex director del cuarteto vocal
Los Cañas, productor musical y comentarista de radio, estima que los
debates para el 7mo. Congreso ocurren cuando el presidente en
funciones Raúl Castro "ha dado un fuerte impulso a que la gente opine,
critique y proponga". Pinelli, quien también fue fundador del
Movimiento de la Nueva Trova, opina que la gran batalla "es con la
burocracia…al imperialismo hemos sabido manejarlo, por eso estamos
aquí, pero hay que batallar con una burocracia que no está capacitada
para dirigir al sector cultural". Y es lapidario: "no puede hacer
cultura quien no es culto".

Desde una perspectiva gremial, Pinelli destaca dos puntos que a su
juicio están golpeando a los músicos: el papel de las agencias
artísticas, "que en vez de defender los intereses de sus representados
se han convertido en aliados del estado"; y, "la política de pago, que
debe ser revisada, pues no es justo que cuando los músicos cobran en
pesos convertibles (CUC), solo reciban "el 50% además de pagar el 7%
en impuesto". El compositor de la antológica canción “Tú Eres la
Música que Tengo que Cantar”, agrega que además de lo anterior en
muchas oportunidades son los músicos quienes corren "con los gastos de
transportación de equipos, el de los utileros y si el lugar del
concierto no tiene los equipos de sonido adecuados, pues también deben
asumir el alquiler de los mismos".

Ambos entrevistados coinciden en que tanto Fidel Castro durante su
discurso en la Universidad de la Habana en noviembre de 2005, como
Raúl durante el discurso del pasado 26 de julio, están impulsando a
reflexionar críticamente sobre la realidad, a opinar, a "cambiar todo
lo que haya que cambiar".

"Pienso que se ha desatado un proceso participativo que garantiza el
que pueda calificársele, sin lugar a dudas, como democrático. Esto es
de un enorme valor en todos los sentidos", apunta Falla como una
primera consecuencia del llamado de los máximos dirigentes del proceso cubano.

Pinelli insiste en que "Raúl Castro ha dado un fuerte espaldarazo a la
participación, que en el sector cultural en buena medida ha estado
secuestrada por una burocracia inepta".

Falla, que no se detiene en asuntos gremiales --cuya importancia no
niega--, estima que "Los destinos de Cuba no pueden ser modelados
sobre la base de pensamientos estáticos o atados a convenciones y
conservadurismo". Y agrega: "el futuro de nuestro país está, además,
en lo que los cubanos vivimos día a día y en la solución de los
problemas que la vida misma genera. Esto implica una idea central: Las
necesarias transformaciones de nuestro país emanan de las soluciones a
los problemas que día a día enfrentamos".

Me detengo en la entrevista. Retrocedo mis pasos siglos atrás
procurando hallar en la raíz de nuestras palmas, en el frescor de la
guayabera, en un hombre sin rostro conocido que por vez primera y a
partir de la espinela, oriunda de España, cantó comenzando con un "ay,
ay", la décima criolla alterando los versos que debían rimar, o en
aquel otro de pincel sin firma intentando atrapar en un lienzo de mala
muerte la luz incomparable que baña la tierra nuestra. Y así hasta
llegar al sacerdote Félix Varela, quien según nuestro José Martí, "fue
el primero que nos enseñó a pensar en cubano". Nada, que la cultura
genuina es la que piensa en cubano y está en la raíz y en el penacho
de cada una de nuestras palmas. De ahí el compromiso de los creadores
nacionales.

Tal vez por esto Alberto Falla afirma: "Los artistas e intelectuales
son el grupo humano que tienen, entre sus funciones, reflejar,
relatar, dar fe de existencia de la cultura pero también de trazar los
caminos a seguir. En este sentido no eludimos los roles no sólo
estéticos y éticos de nuestro quehacer, sino hasta nuestro papel en la
política. Nuestra acción es decisiva en estos momentos; de ahí la
importancia del Congreso en tanto evento que concilia y mueve el
pensamiento entre sus funciones principales. El papel de la cultura
tiene que ver directamente con los métodos de participación que
desarrollamos y, por tanto, con la aparición y desarrollo de un
consenso encaminado a las transformaciones positivas de nuestra realidad".

Manuel Alberto Ramy es jefe de la corresponsalía de Radio Progreso
Alternativa en La Habana y editor de la versión en español del
semanario bilingüe Progreso Weekly/Semanal.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Radiocomunicaciones Conferencia Mundial condenó transmisiones ilegales desde EEUU a Cuba, avión militar usado por Bush para enviar señal de TV a Cuba

Reconocen ilegalidad de transmisiones de EEUU contra Cuba

Ginebra, 14 nov (PL) La Conferencia Mundial de Radiocomunicaciones reconoció hoy la ilegalidad de las transmisiones que se realizan desde Estados Unidos contra Cuba, lo cual motivó la irritación de los representantes aquí de Washington.

Luego de tres semanas de negociaciones, el foro, que reúne a expertos de numerosos países, rechazó ese tipo de práctica.

Al respecto concluyó que "una estación de radiodifusión que funcione a bordo de una aeronave y transmita únicamente hacia el territorio de otra Administración sin su acuerdo", no está en conformidad con el Reglamento de Radiocomunicaciones.

Diplomáticos latinoamericanos consultados por Prensa Latina dijeron que "este esclarecimiento constituye un firme rechazo a las medidas aplicadas en los últimos años por el gobierno de Bush (George W.)".

Recordaron que en el 2004, la Casa Blanca decidió utilizar un avión militar C-130 como plataforma en el aire para enviar hacia Cuba las señales de televisión, con todos los peligros que entraña una acción de esa naturaleza.

Otros delegados en la reunión, que sesiona en esta sede alterna de Naciones Unidas, comentaron que en el 2006 se anunció el empleo de un nuevo avión G-1 con los mismos propósitos.

El Plenario anotó asimismo que pese a varias solicitudes de la Oficina de Radiocomunicaciones, Washington no ha eliminado la interferencia perjudicial que causan sus transmisiones a los servicios de difusión cubanos.

Sobre el particular, instó a la superpotencia del norte a adoptar las medidas necesarias para resolver este caso y pidió a la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) que informe acerca de los
progresos en el próximo cónclave de este tipo.

Las observaciones adoptadas sin votación por la Conferencia Mundial motivaron que la delegación estadounidense optó por desasociarse del acuerdo, y en claro desafío al plenario adelantó que continuará su política de transmisiones ilegales hacia Cuba.

Según participantes en el encuentro, Estados Unidos manifestó de esa forma el irrespeto al multilateralismo y proyectó una vez más su estilo prepotente en un evento internacional.

La delegación cubana valoró altamente la postura de la Conferencia, y denunció la ilegal agresión radioeléctrica a la que permanentemente ha estado sometida por parte del gobierno de los Estados Unidos desde 1959.

Un total de 22 trasmisores de radiodifusión de diferentes servicios sonoros y de televisión transmiten más de dos mil horas semanales hacia Cuba, con información falsa y manipulada, con alocuciones incluso de carácter terrorista, recalcó.

"No estamos en este caso ante una interferencia casual o no intencional, sino, como ha sido reconocido por el representante de los Estados Unidos, de una política deliberada de Estado", puntualizó la representación de la isla caribeña.

Jorge Zabalza tupamaro su biografía, Uruguay, dictadura militar, Punta Carretas prisión tortura, Nestor Kohan de Argentina opina


¿Se pueden enjaular los sueños? ¿Y domesticarlos?

A propósito de Cero a la izquierda

Una biografía de Jorge Zabalza

[Montevideo, Letraeñe Ediciones, 2007]

Néstor Kohan (Colectivo Amauta- Cátedra Che Guevara)

No entendemos nada. ¿Los Tupamaros en el gobierno? ¿A favor del capitalismo? ¿Defendiendo a las empresas multinacionales? ¿Promoviendo el perdón para los militares asesinos del pueblo uruguayo? Es cierto. Lo reconocemos. No entendemos nada. Tal vez no seamos los únicos...
Para todos aquellos que, como a nosotros, les cuesta entender, nada mejor que leer este libro. Sí, es una biografía, pero es muchísimo más que eso.

Se trata de la biografía de Jorge Zabalza, dirigente histórico del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T), la guerrilla guevarista encabezada en Uruguay por Raúl Sendic.

Zabalza es uno de los célebres nueve dirigentes insurgentes (entre los que estaba Sendic) que fueron capturados y permanecieron rehenes durante once años de la dictadura militar.

Aunque ya había publicado cuatro libros propios (El Tejazo y otras insurrecciones; La estaca; El miedo a la democracia y Lo viejo y sabido), con este nuevo libro —escrito por Federico Leicht, el joven periodista que lo entrevistó— Zabalza rompe el silencio.

Rememora, recuerda, relata y cuenta, pero no para hundir, enlodar, delatar, pedir perdón y sentenciar con el dedo "ese no es el camino". De ningún modo. El jefe guerrillero habla, revela intimidades políticas, ventila secretos celosamente guardados, recupera clandestinidades y conspiraciones no siempre conocidas. Su finalidad apunta a contar la historia de los Tupamaros "no como un cuento de hadas".

Alguien podría acusarlo de indiscreto. Sin embargo, nada más lejos del libro de Zabalza que El oro de Moscú, aquel bodoque mercantil donde un antiguo militante del PC argentino, estrechísimamente ligado al mundo de la Unión Soviética y sus aparatos de inteligencia (KGB), comenzó en los años '90 a ventilar antiguos secretos ("las armas las pasábamos por aquella vía...", "el dinero lo obteníamos de la siguiente manera...") para recibir carta de ciudadanía y aceptación en el mundo burgués. No es el camino de Zabalza. Cuando el dirigente tupamaro de Uruguay revela secretos lo hace persiguiendo un objetivo totalmente opuesto. Con su polémica se propone denunciar e impugnar la adaptación del MLN y de la dirigencia histórica de Tupamaros al orden capitalista y dependiente de Uruguay y a la lógica institucional del Frente Amplio (FA).

¿De qué nos habla su libro? Del proceso de formación de la conciencia revolucionaria, no en "el hombre" en general, sino en un individuo de carne y hueso, cuya historia personal condensa gran parte de la historia política y las rebeldías de toda una generación. En páginas ágiles, llevaderas y a veces hasta divertidas —por lo menos, antes de la etapa de la tortura— el joven periodista y escritor Federico Leicht nos va llevando de la mano por mil estaciones de un viaje donde se encruzan los avatares singulares de Jorge Zabalza con la experiencia de todo un segmento de la izquierda uruguaya.

Por allí desfilan la bohemia juvenil, el departamento-bulín (que tenía 17 juegos de llaves repartidos por Montevideo...) de fiestas y parrandas, el alcohol, los amores, las luchas estudiantiles, una experiencia en un kibutz de Israel habiendo incursionado en la izquierda marxista judía de Uruguay (a través del grupo Hashomer Hatzaír [Guardia Joven] que llevaba el nombre del guerrillero socialista judío que encabezó el combate contra los nazis en el guetto de Varsovia), la estancia en París (donde trabajó cargando cajones en el mercado de Les Halles), el regreso a Uruguay, un primer intento fallido de ingresar al Movimiento de Liberación Nacional-MLN Tupamaros, el entrenamiento militar en la Cuba revolucionaria de los años '60 (a través de los contactos del Movimiento Revolucionario Oriental-MRO), nuevamente el regreso a Uruguay y, ahora sí, el ingreso efectivo en el MLN.

Allí aparece en escena Raúl Sendic y el primer contacto de Zabalza con él. Luego, los primeros experimentos guerrilleros urbanos y también rurales, las clandestinidades, la militancia política y la captura a manos de la represión militar. Entonces nos cuenta la fuga célebre del penal de Punta Carretas (junto a otros 110 guerrilleros), el reintegro a la lucha político-militar hasta la nueva captura.

En ese instante empieza el infierno. La tremenda crueldad, no de un militar aislado sino de todo un sistema de represión sin el cual América latina viviría de otra forma. A diferencia de las dictaduras militares de Argentina o Chile, la dictadura uruguaya mantuvo a la dirección histórica de la insurgencia del MLN-Tupamaros como rehenes. Nueve dirigentes repartidos en diversos cuarteles, rotando a lo largo de las guarniciones militares.

Al recorrer de la mano de Jorge Zabalza y Federico Leicht los once años de aislamiento y encierro en una jaula (con luz eléctrica las 24 horas), sin poder hablar con nadie ni hacer gimnasia, las torturas, los castigos, el verdugueo, al lector le surgen dos preguntas inequívocas. Una hacia el pasado, otra hacia el futuro.

La primera sería la siguiente: "¿Cómo los dirigentes guerrilleros, rehenes de la dictadura militar uruguaya, no se volvieron locos?". Al planteársela coloquialmente al compañero y amigo Zabalza, éste no duda un segundo en responder: "¡ Lo que sucede es que sí, efectivamente, nos volvimos locos! ¡Estábamos locos!". Y sin embargo, luego de años y años de aislamiento, tortura y tormentos, el volver a estar entre compañeros y compañeras, el reencontrarse en el seno del pueblo, la recuperación de los afectos, los hijos, los amores, los amigos, los compañeros sobrevivientes permite superar ese estado de locura al que los represores y torturadores militares quisieron llevar para siempre a los dirigentes revolucionarios.

La segunda pregunta podría resumirse así: "Ellos, los perros guardianes del poder, jamás nos tuvieron lástima ni clemencia. ¿Vamos a tenerla nosotros con ellos?". No resulta casual que el Che Guevara, quien algo sabía de estas cuestiones, luego de meditar mucho escribió " Un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal".

En todo ese itinerario, la curva de variación de la experiencia de vida de Zabalza rompe la trayectoria habitual de aquellos que se suben al caballo por la izquierda y se bajan por la derecha. Es decir de aquellos que nacen en una cuna de oro, incursionan en la rebeldía (incluso en las más radicales) para terminar institucionalizados o administrando las propiedades de papá. En el caso de este dirigente tupamaro, nacido en una familia acomodada e hijo de un senador del Partido Nacional de Uruguay, esa trayectoria se desdibuja, se pierde y adopta otros rumbos. En lugar de transitar por la ruptura familiar (como tantos otros rebeldes de la década del 60 y el '70) para culminar incorporados a un ministerio, a un despacho, con dos secretarias, un automóvil carísimo, relojes de oro, trajes, el ceño fruncido y el cinismo a flor de piel... Zabalza llega a la madurez viviendo en un barrio popular de Montevideo, trabajando en una carnicería e impugnando a toda la clase política uruguaya, especialmente a los antiguos revolucionarios que hoy viven de las glorias del pasado, lustrando sus medallas guevaristas oxidadas y administrando mansamente el capitalismo que otrora supieron combatir. (Cualquier parecido con casos similares de Argentina... no es pura casualidad).

El libro, sumamente polémico, tiene un doble destinatario. Su mensaje es muy claro en ese aspecto.

Por un lado, se dirige a los antiguos dirigentes guerrilleros uruguayos. Con esas revelaciones Zabalza pone en una encrucijada a Pepe Mujica, a Eleuterio Fernández Huidobro y a otros connotados ex tupamaros que hoy dirigen la política en Uruguay. Zabalza los pone en un brete y los arrincona contra la pared: o se hacen cargo de esa historia de insurgencias, conspiraciones e insurrecciones (que se prolongan hasta mediados de los años '90) o reniegan de la historia.

Por otro lado, Zabalza interpela a la juventud, a las nuevas camadas de revolucionarios que comienzan a foguearse hoy en la lucha callejera, el mundo estudiantil, la militancia sindical y territorial. Zabalza le dice a este segmento algo sencillo, transparente y sin ambigüedades: Rebelarse es legítimo y vale la pena. ¿No era ese, precisamente, el corazón del pensamiento marxista que tanta vida institucional termina triturando en el mundo contemporáneo? ¿No era ese, justamente, el núcleo de rebeldía radical que enseñaron tanto Lenin como el Che Guevara y que tantos posmodernos hoy intentan desprestigiar y ensuciar? Este elogio de la rebeldía no surge de un adolescente inexperto e inmaduro sino de un militante experimentado, marcado por mil batallas, dolores y alegrías, en los recuerdos y en el cuerpo.

Si la primera mitad del libro resulta la más impactante para los lectores de una generación posterior a la de Zabalza (porque allí se retrata la historia heroica y legendaria de los Tupamaros), la segunda mitad posee un poder de impacto no menos contundente. Esto se explica porque allí aparece la historia más reciente del MLN en tiempos de "capitalismo democrático y nacional a la uruguaya", esto es, desde 1984 hasta la actualidad. Un cuarto de siglo de vida republicana y constitucional que terminó de realizar la tarea que los militares no llegaron a completar: la neutralización, la institucionalización y, finalmente, la cooptación de gran parte de la izquierda uruguaya. No sólo del progresismo tradicional del Frente Amplio sino también, y principalmente, del movimiento tupamaro.

En este último rubro, Zabalza muestra con hechos concretos, hasta ahora desconocidos, que en el MLN-Tupamaros convivían dos perspectivas de fondo: la revolucionaria e institucional y la "pragmática" y posibilista que terminó predominando con dirigentes políticos renombrados como Fernández Huidobro o Mujica. Esas revelaciones del libro Cero a la izquierda son tan importantes que la semana pasada (noviembre 2007) motivaron, por ejemplo, una batahola (con trompadas y empujones generalizados) en el parlamento uruguayo, a la vista de todo el mundo.

De cualquier modo, más allá de las múltiples anécdotas y los relatos históricos, lo que el testimonio de Zabalza aporta es una enseñanza mucho más general. No estamos predeterminados de antemano. " Cambiaron los hábitos de comida y la forma de vestir. Nuestras manos y nuestros olores cambiaron. Suicidio total. Somos otros", reconoce este antiguo hijo de la burguesía que emprendió una ruptura radical con ese mundo fácil y vacío que lo vio nacer. Para ello puso en juego su vida a lo largo de décadas y hoy, desde un barrio popular y una carnicería, continúa batallando contra ese mundo burgués, injusto, sucio, mugriento. ¿Es, acaso, una trayectoria muy distinta a la que experimentó el joven Ernesto Guevara? ¿Y Mario Roberto Santucho?

¡Sí!, se puede vivir de otra manera. La rebelión es posible, es deseable, es necesaria. La creación de mujeres y hombres nuevos no es una locura. Ni la tortura, ni las jaulas, ni el aislamiento podrán aplastar ese sueño cotidiano. De eso, tan sencillo, tan simple, tan terrenal y sin embargo poético, habla este libro.

Hugo Moreno Peralta, CESAL Berlín, Alemania, Viña del Mar, Chile, ¡No se calle Hugo Chávez!


www.cesal_ev_berlin@yahoo.es
Prof. Dr. Hugo Moreno Peralta
Casilla 8129, Viña del Mar 2, Chile.

Berlín, doce de noviembre de dos mil siete.

EXCELENTISIMO SEÑOR PRESIDENTE: HUGO CHAVEZ FRIAS, ¡NO SE CALLE!

Frente a las groseras e impertinentes llamadas a callar de Juan Carlos de Borbón, rey de España, designado por el dictador fascista Francisco Franco, usted, como Presidente democráticamente electo por su pueblo, no debe callarse. Cuando usted habla lo está haciendo por los pueblos marginados, explotados, los sin voz ni voto de la Patria Continente, Latinoamerica. Cuando habla el Borbón, lo hace defendiendo los intereses de los ricos, de los empresarios, del capitalismo salvaje globalizado/globalización del capital…

Los paniaguados, epigonos del maldito imperialismo yanqui globalizado y los medios mediaticos de éste, han aplaudido los exabruptos de dicho monarca, impuesto al Pueblo Español, después de una brutal guerra civil y décadas de dictadura fascista que costó más de un millón de víctimas a los pueblos que constituyen España.

Señor Presidente Chávez Frías, recuérdele al monarca de España:

- La destrucción de los pueblos y sus culturas de la Patria Continente en manos del conquistador Español. ¿Cuántos millones de muertos, cuantos saqueos?. Recomiéndele para que refresque su memoria leer “las venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano”. Recuérdele que el primer desaparecido latinoamericano por la monarquía parasita española fue el Libertador Francisco de Miranda, desaparecida desde las mazmorras de Cádiz….

Pero lo que más nos interesa, es que le recuerde al Borbón, la tragedia que vive el Pueblo de Puerto Rico, por culpa de la monarquía española y del imperialismo yanqui globalizado ¿Qué ha hecho el rey de España, para palear en parte el daño, la tragedia que la monarquía le causará al Pueblo Boricua, cuando lo entregó al imperio, como botín de guerra.

El año 1978, el Cesal e V Berlín y la Universidad de Humboldt, hicieron un llamado a los pueblos Latinoamericanos y a la opinión pública mundial a redoblar la solidaridad con el Pueblo de Puerto Rico. El estatus colonial de Puerto Rico, en lo económico, respecto a sus recursos naturales, han sido explotados en provecho exclusivo del imperio estadounidense. En lo cultural, las raíces de la nacionalidad del querido Pueblo Boricua se mantienen arrinconadas, menospreciadas ante la penetración e imposición de los moldes de la sociedad de consumo estadounidense que le ofrece: drogas, cesantía, rambos, explotación, enajenación, etc. sólo la burguesía parasita encadenada es feliz con la limosna que recibe del amo yanqui.

Recordemos las palabras del Dr. Ramón E. Betances, padre de la Patria de Puerto Rico, antes de su muerte, ocurrida en París el 16 de Septiembre de 1898,: “no quiero colonia, ni con España ni con Estados Unidos”. Otro patriota Boricua, Albizú Campos, exige la plena soberanía de su Pueblo: Para quitarnos la Patria, primero tienen que quitarnos la vida” ...

“La prensa libre”, impuesta por el imperialismo yanqui ha aplaudido y aplaude al Borbón por sus groseras e impertinentes llamadas a callarse a un representante legitimo del soberano Pueblo de Venezuela, el Presidente Hugo Chávez Frías. Sin lugar a dudas el Presidente Bolivariano, pensando en el maestro Libertador de la Patria Continente, José Martí, hizo sus denuncias en la reunión de Santiago de Chile: “callar hasta hoy, ha sido cuerdo. El callar desde hoy, sería imprudente…”.

Como colofón tenemos que denunciar a la monarquía española que tanto defienden los hijos y nietos del dictador fascista Franco, desde el Partido Popular, por su postura hipócrita como defensores de la libertad, la constitución y del Estado de Derecho en España, olvidándose de las barbaries de la guerra civil, que significó, además del millón de victimas asesinados por la barbarie fascista de la cual ellos son los responsables.

En nombre de los sin voz ni voto de la patria continente, Latinoamerica, Excelentísimo señor Presidente de Venezuela, Comandante, Hugo Chávez Frías, ¡no se calle!

Dr. Hugo Moreno Peralta
Director
Cesal e V Berlín,
Alemania

Julio Mella, Froilán González, Tina Modotti, Adys Cupull, Dublin, New Orleans, Partido Comunista Cuba, Universidad, "Así mi corazón" asesinato México



El más novedoso libro de los escritores e historiadores Adys Cupull y Froilán González acaba de invadir las librerías de La Habana, Así mi corazón, con valiosos apuntes biográficos sobre Julio Antonio Mella, el revolucionario cubano y líder continental que a los 25 años de edad fuera asesinado en México, cuyo atentado terrorista ordenaran, en 1929, el tirano Gerardo Machado y el imperialismo norteamericano.

Sobre este joven, parafraseando a Martí, los autores de la obra dicen haberlo vislumbrado ceñido a la estrella que lo envolvió en su manto de luz, y creció, y subió en la sombra, y se paró en el yugo para lucirla en su frente, porque logró ser como los astros y como los hombres que sienten como sentirían las entrañas de la Tierra, los senos de los mares y la inmensidad continental.

Al abrir el libro, con más de 205 páginas, sorprende al lector una reflexión de Mella que motivara el título del mismo: ¿Cómo puede el Amazonas, cuando está desbordado, preocuparse de la conveniencia que para aumentar su caudal pueda tener, una nube que pasa cargada de agua, si esta se rompe en llovizna? Así mi corazón. Estructurado en unos 120 capítulos, el libro al final incluye una memoria gráfica con abundantes fotos de Mella niño, joven, con sus padres, hermano e hija, así como de las mujeres que amó, lo que junto con las narraciones contribuyen a un profundo acercamiento a esta indispensable figura de la historiografía cubana.

Los primeros capítulos abordan la infancia de Julio Antonio, calificada por él de dolorosa y mártir. Fueron sus padres Nicanor Mella Brea, nacido en República Dominicana, en 1851, y Cecilia Mac Partland y Reilly, una bella mujer nacida el 26 de julio de 1882, en un pueblo cerca de Dublìn, capital de Irlanda. Ellos se conocieron en Nueva Orleáns, Estados Unidos, cuando Cecilia apenas tenía veinte años de edad y él, cincuenta y tres, poco después se trasladaron a La Habana donde fundaron su hogar en la calle Obispo no. 67; aquí les nació el primer hijo, 25 de marzo de 1903, al que nombraron Nicanor Mac Partland y Diez, pero sería conocido en el ámbito nacional e internacional como Julio Antonio Mella. La madre siempre lo llamó Lamy.

De pequeños, Julio Antonio y su hermano, Cecilio, estuvieron rodeados del inmenso cariño de los padres y bajo los cuidados esmerados, de la nana Longina O’Farrill, una hermosa muchacha negra, que inspiró a uno de los más célebres compositores cubanos, Manuel Corona, para su reconocida canción dedicada a ella. Según la investigación de los escritores, Longina determinó mucho en el carácter templado, los sentimientos y la férrea voluntad de Julio Antonio. Fue ella quien le enseñó a conversar en español y el gusto por las comidas criollas y la música cubana, e influyó en el hábito de efectuar paseos por la orilla del mar, mientras lo estimulaba a que aprendiera a nadar y a escalar la colina del Castillo del Morro.

Pero no todo sería color de rosa para los muchachos, pues cuando la madre enfermó de pulmonía, ella sola regresó a Nueva Orleáns para ingresar en un sanatorio. Entretanto, Julio Antonio con 7 años, y Cecilio, con 5, quedaron al amparo del padre y de la madrastra, Mercedes, una buena mujer con quien Nicanor había contraído matrimonio mucho antes de conocer a Cecilia. Una de las hijas de Mercedes y Nicanor, o sea una medio hermana de Julio Antonio, llamada Josefina, no soportó la presencia de los dos muchachos en su casa materna y los sometió a un régimen de vida tenso, discriminatorio, lleno de discusiones. De ahí que Julio Antonio años después evocara una infancia desdichada.

No obstante, al no haber estrechez económica en la familia, los hermanos pudieron estudiar en escuelas privadas, como la de los Escolapios de Guanabacoa, en las cuales sufrieron desprecio, burlas y hasta abusos, dada la condición de hijos naturales. Desde esa época, Julio Antonio se revelaba ante cualquier dogma e injusticia. Por las noches disfrutaba de los pasajes de las guerras pasadas por la libertad de Cuba o de República Dominicana, contadas por el padre, un hombre culto, bien informado que dominaba los idiomas inglés y francés, aficionado a la lectura, por lo cual poseía en la casa una importante biblioteca. Asimismo, Julio Antonio a través de las historias que el padre le narraba aprendió a admirar a los próceres independentistas José Martí, Antonio Maceo, Máximo Gómez y a su abuelo paterno, el general dominicano Ramón Matías Mella y Castillo. La casa era visitada, entre otros amigos del padre, por Emilio Roig de Leuchsenring, historiador que estudiara profundamente y escribiera sobre el imperialismo. Bajo ese ambiente de influencias y pensamientos martiano y antiimperialista se forjaba la ideología del futuro y excelso joven.

A los autores de Así mi corazón no se le escaparon los detalles sobre las estancias, en diferentes épocas, de los hermanos en Estados Unidos, donde Julio Antonio, a los 14 años de edad, fue reclutado (1917), luego de haber estallado la Primera Guerra Mundial, y la devoción del adolescente por uno de los profesores de la Academia Newton de nacionalidad mexicana, el poeta y político Salvador Díaz Mirón, quien había conocido a José Martí. Ya entonces Mella llamaba la atención por sus buenos modales, el porte atlético y su manera entusiasta y enérgica de hablar. Solía boxear y practicar remos, cuya disciplina le era impartida por el instructor norteamericano Smith. Hacia 1919 matriculó en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana; estudió Enseñanza Cívica; escribió un libro de poemas; se enamoró de Silvia Masvidal y en 1920, viajó a México para intentar realizar estudios militares, uno de sus sueños, etapa en la cual escribiera cuarenta y siete crónicas, caracterizadas por una filosofía e ideología propias, muy definidas contra el imperialismo estadounidense. Más adelante, la obra describe una guerra civil en la tierra azteca, de la cual Mella resultó ser testigo durante el padecimiento de una fuerte gripe, y de cómo decidió penetrar indocumentado en territorio de Estados Unidos, de la misma forma que lo hacían los braceros, por lo que no tardó en ser detenido e internado en un hospital. Este relato es continuado por los referidos a los regresos a México y a Cuba, posteriormente; la vuelta al Instituto de Segunda Enseñanza, así como el ingreso en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de La Habana, donde comenzó a firmar en documentos oficiales con los nombres que deseaba ser reconocido: Julio Antonio, y el primer apellido que le pertenecía, Mella. Es en la Universidad donde Julio Antonio Mella mostró su vocación y facilidad para la literatura y se da a conocer muy en especial como periodista y crítico. Sus documentos y artículos son importantes testimonios de la lucidez política, cultural y humana que alcanzó en su corta vida el líder estudiantil cubano, tal como enfatizan en el libro Así mi corazón los autores Adys Cupull y Froilán González.

Mella se convirtió en pilar del movimiento reformista de la Universidad: “La lucha es de vida o muerte, si perdemos, se pierde todo, el curso, el honor de la Universidad (...) Hagamos todo por el triunfo...” En otras páginas se refleja además de la intensa actividad estudiantil y política de Julio Antonio, la entrega del joven al deporte, incluida su participación en diferentes competencias y la obtención de medallas. De igual manera, no quedan inadvertidos relatos sobre el noviazgo y la boda de Julio Antonio con Margarita Zaldívar Freyre (1924); el nacimiento de su hija Natacha; el último día en la Universidad (26 de noviembre de 1925); las impresiones que Mella causara en el famoso trovador y compositor cubano Sindo Garay y en el argentino José Ingenieros, tras ellos haberlo conocido personalmente; las lecturas de Mella; las visitas respectivamente a Moscú y París, la cual le pareció: una ciudad hecha a modo de beso. Numerosos son los capítulos que tratan sobre la trayectoria revolucionaria de Julio Antonio Mella, entre estos los subtitulados: “Protestas en la Universidad; Liga de estudiantes Pan-Americanos”; “La Universidad Popular José Martí”; “Contra el fascismo”; “Nace el Partido Comunista Cubano”; “Mella en prisión”; “Huelga de Hambre”; “Vida clandestina”; “El congreso imperialista”; “Amor entre Tina y Mella”. Concluye el novedoso libro publicado por la Editorial Abril, Así mi corazón, con los últimos momentos vividos por Julio Antonio Mella, en México, donde continuó destacándose como líder continental. Aquella fría noche del 10 de enero de 1929, en la agonía de la muerte, sostenido por los brazos de la amada italiana, Tina Modotti, logra expresar: Muero por la Revolución.