lunes, 8 de julio de 2013

Argentina Tucumán genocida hallaron cuerpo de Raúl Araldi yerno de Héctor Oesterheld Montoneros EAAF El Eternauta



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El país  |  Domingo, 30 de junio de 2013
FERNANDO ARALDI OESTERHELD HABLA DE LA EXPERIENCIA DE RECUPERAR LOS RESTOS DE SU PADRE DESAPARECIDO

El reencuentro

El cuerpo de Raúl Araldi fue hallado por el EAAF en Tucumán. “Estuve en shock hasta que me pude formar en la cabeza que esa persona que era mi familia, mi papá, dejó de ser un relato para volverse carne”, explica Fernando.

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Por Irina Hauser
Durante casi 38 años para Fernando la vida estuvo compuesta de relatos escuetos, algunas fotos y deducciones sobre quiénes fueron sus padres, Raúl Araldi y Diana Oesterheld, sus tres tías, y su abuelo, el escritor e historietista Héctor Oesterheld. De chico, pasó por la etapa de
creerlos muertos en un accidente. Cerca de los nueve años empezó a entender que habían sido militantes políticos, que entre otros miles terminaron desaparecidos. Llegó a tener la certeza, tiempo después, de que a su papá lo habían asesinado. Saberlo era un paradójico alivio que resume en esta frase: “por suerte lo mataron”. Tal como estaba dada la historia, nunca imaginó que existiría alguna vez la posibilidad de pensar a su familia de otra forma que no fuera “de- saparecida”. Pero un día, no hace mucho, todo cambió, y se transformaron su vida y su lugar en el mundo. Fue el reencuentro con el cuerpo de su papá, eso fue. Hallado casi íntegro en un cementerio municipal de Tucumán. Primero se sintió “en shock”, después le pareció que por fin conocía a su viejo, se contactó con los amigos de su infancia y juventud, hasta que se decidió a enterrarlo rodeado de todos ellos en el cementerio de la Chacarita, un acontecimiento que vivió –paradójicamente– como si fuera una fiesta.
Fernando Araldi Oesterheld es flaquito y enérgico. Escribe poesía y es fotógrafo. Como vivió muchos años con sus abuelos paternos dice que estuvo “en una nebulosa de sentirme siempre nieto, en esa condición, y de repente, cuando aparecieron los restos de mi papá, me sentí hijo, mucho más hijo que nunca. Ojalá encontraran también a mi vieja, y al resto de mi familia. Siempre mi vida fue así: tengo tías pero no las tengo, tengo abuelo pero no lo tengo, soy hijo pero no soy, tengo un hermano pero tampoco lo conozco. Todo medio en el aire, y de repente esto me puso en mi lugar”.
Hacer desaparecer los cuerpos fue la estrategia macabra del terrorismo de Estado para borrar las huellas del exterminio masivo que ejecutaba. La posibilidad de que los desaparecidos dejen de serlo es fruto de la búsqueda de los familiares y organismos de derechos humanos, y pudo empezar a hacerse realidad con el trabajo y las investigaciones del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), integrado por profesionales de múltiples disciplinas que van desde antropólogos e historiadores hasta forenses y abogados. En cada hallazgo de todo o parte de un cuerpo hay un trabajo milimétrico, que incluye la reconstrucción de la vida de esa persona, todos los rasgos, su personalidad y sus costumbres, además de los estudios genéticos y científicos. Esta circunstancia tiene un gran impacto en la vida de los familiares. Detrás de las 700 identificaciones que logró el EAAF desde la época del Juicio a las Juntas, a mediados de los ochenta, hubo también cientos de vidas conmocionadas.
Al compartir la intimidad de esa situación, Fernando explica: “Cuando los padres y otros integrantes de la familia están desaparecidos, uno los tiene presentes toda la vida pero no imagina esa posibilidad de que puedan aparecer los restos. De repente eso sucede y se te viene todo encima. Al principio yo estuve en shock, hasta que me pude formar en la cabeza que esa persona que era mi familia, mi papá, dejó de ser un relato para volverse carne”, explicó. “También sé que así como es probable que para los que somos hijos es un hecho positivo que aparezcan los restos de nuestros padres y poder enterrar sus cuerpos, seguramente para mis abuelos, que fallecieron hace unos años, hubiera sido distinto. Ellos siempre guardaban la esperanza de que mis viejos aparecieran con vida. Encontrar los restos hubiera sido para ellos la confirmación de la muerte; para mí fue un motivo de festejo”, agrega.

“De acá vengo yo”

El 26 de julio de 1976 Fernando estaba con su mamá en la casa de unos amigos en Tucumán cuando irrumpió una patota policial, que mató a dos de los que estaban allí. El tenía un año y los policías se lo llevaron a la Casa Cuna. Diana, con sus 23 años, estaba embarazada de seis meses. Escapó, pero la secuestraron a los pocos días y estuvo en cautiverio. Sus abuelos paternos fueron a buscarlo y un tiempo después lo llevaron a vivir a Buenos Aires. A su papá, que le decían Capitán Pocho, lo mataron en agosto de 1977, a los 30 años, en una cita cantada en un bar al norte de San Miguel de Tucumán. Diana y Raúl militaban en Montoneros. También están desaparecidas sus tías, hermanas de su mamá, Estela, Beatriz y Marina, y el papá de todas ellas, Héctor Oesterheld.
“Hasta que tuve ocho o nueve años no supe la verdadera historia”, cuenta Fernando. “Para que creciera mentalmente sano no me decían la verdad, sino que mis papás habían fallecido en un accidente. Pero siempre supe, desde chiquito, que mis abuelos eran mis abuelos, y que mis padres estaban ausentes. Después ya pude ir armando la historia”, cuenta. Por muchos años se aferró a lo que le contaban sus abuelos. Cuando comenzaron los juicios por los crímenes de la última dictadura en Tucumán, empezó a tener más detalles. Ahí supo, por ejemplo, que su mamá había estado detenida en el centro clandestino que funcionaba en la Jefatura de Policía, aunque no está claro cuánto tiempo, ni cuándo ni dónde dio a luz a su bebé. Un testigo que estuvo secuestrado y que luego trabajó para la policía entregó en 2010 dos biblioratos con una lista con 293 de las personas privadas ilegalmente de su libertad allí. Al lado de 195 de esos nombres figuraba la sigla “DF”, que significaba “disposición final”, es decir, que los habían asesinado. Uno de esos nombres era el de Diana, su mamá.
Fernando busca a su hermano, por eso dejó hace tiempo una muestra de sangre en el Banco Nacional de Datos Genéticos. Después supo que podía hacer lo mismo en el EAAF, que rastrea los cuerpos de víctimas de la maquinaria represiva de la última dictadura. En un comienzo, lo hizo en cementerios. Con el tiempo, a medida que se complejizó el trabajo y se perfeccionaron las técnicas, el equipo llevó su búsqueda a batallones y destacamentos militares. Hubo hallazgos en Campo San Pedro, en Santa Fe, en el Arsenal Miguel de Azcuénaga y en el Pozo de Arana.
Al papá de Fernando lo encontraron en uno de los cementerios municipales de Tucumán. Cuando el EAAF lo llamó para darle la noticia, pidió verlo y quedó perplejo. Pudo imaginarlo casi perfectamente, con ropa de invierno, jeans y una campera azul inflada, como los investigadores le dijeron que estaba el día que lo mataron, y con su estatura de 1,72 metros. Mentalmente vio ese momento como una película. A partir de entonces fue varias veces al EAAF. No se cansaba de hacer preguntas.
“También empecé a conocer a los amigos de mi viejo del secundario y de la universidad. Había estudiado química y le faltaba una sola materia para recibirse. Me contaron que en la secundaria era un tipo jodón, recién en la facultad se metió en política”, detalla. “Esto me permitió acercar aquello que estaba en relatos y ver a mis viejos como seres humanos, empecé a conocer cosas del día a día, y tuve la sensación de que, bueno, ‘de acá vengo yo’, ya no está todo en el aire. Ahora me gustaría tener algo que me atraviese como a ellos los atravesó la política”, reflexiona. “Yo recuperé mi historia”, enfatiza en el programa de Radio Nacional Gente de a pie y propone que quienes aún no se animaron a dar muestras de sangre al EAAF o no sabían que podían, que lo hagan. Más aún teniendo en cuenta que hay 500 cuerpos hallados todavía sin identificar.

Recuperar y celebrar

Además de recuperar los restos de su papá, en medio de los juicios de lesa humanidad en Tucumán, Fernando pudo recuperar también la casa donde había vivido allí durante su primer año de vida. “Había sido usurpada por María Elena Guerra, que era policía en la dictadura, y aparentemente era la amante de Roberto Albornoz, que era el jefe de la Policía. Ella vivió años en esa casa y decía que era suya porque pagaba los impuestos”, relata. Hace poco, en un juicio, recuperó la vivienda, que donó. Albornoz fue condenado por la desaparición de sus padres, entre otros 16 casos.
De su mamá, a Fernando le contaron que tenía “una personalidad avasallante a nivel de su compromiso político”, “siempre dispuesta al trabajo social”, que además era lo que estudiaba. Su departamento actual, en Palermo, está rodeado de libros de su abuelo Héctor. “Su obra me sirvió mucho para conocerlo. Trato, además, de separar a mi abuelo en su parte política de su parte artística. A través de sus cuentos de ciencia ficción, por ejemplo, lo puedo conocer, admirar y cuestionar.” No todo, aclara, es El Eternauta, su obra más importante.
En abril pasado Fernando vivió momentos verdaderamente extraños, dice. Fue cuando se puso a planificar la ceremonia para despedir los restos de su papá en el cementerio de Chacarita. Para él era una celebración, pese a que los entierros suelen ser motivo de tristeza. Además, advirtió que podía sepultarlo junto con sus propios padres, Juan Araldi y Soledad, que fallecieron en 2007 y 2010. “Los junté a los tres, fue una satisfacción total”, cuenta. Estaba contento. “Nunca imaginé que vendría tanta gente. Fue tan lindo, ¡hasta di un discurso!, y habló la esposa de un hermano de mi papá”, se emociona. Desde ese día, todo el tiempo le resuena una frase de uno de los amigos del secundario de su papá: “Por fin –le dijo– tu viejo está donde tenía que estar, acá entre nosotros”.
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Maestra primaria cubana Yurennis Garcia Segura Che Guevara Jose Marti Fidel Castro Camilo Cienfuegos Argentina



Carta 5092      La Habana, Cuba, 15 de Marzo de 2013. 

“Año 55 de la Revolución”.     

Señor Eladio espero que al recibo de esta carta se encuentre bien. Todos por aca estamos bien.   Disculpa si no le escribí antes.  Primeramente estaba esperando noticias suyas. Lo otro fue que el mes de Enero, me llevó de la mano y corriendo, pues estuve inmersa en unas cuantas tareas pioneriles.  


foto - un pionero cubano Damián Tamayo Pedroso

 Le cuento primero fue con lo de la caravana del día 8 de Enero.  Pues se realizó un acto simbólico de la entrada de Fidel, el Che y Camilo a La Habana, a ellos los representaron los pioneros de mi escuela.  Luego continuó la jornada con la entrada de la antorcha de la libertad por el 160 aniversario del natalicio de José Martí.  Ya que los jóvenes de Mayabeque le entregan la antorcha a los jóvenes de la Habana y luego caminamos 19 kilómetros.  Luego el acto del 28 de Enero de mi escuela y al final dirigir la parada Martiana. Suerte para mí que cada actividad tenían horas diferentes y sin dejar de la mano la docencia de mis pequeños infantes.  También me encontraba en las pruebas finales del semestre de la Universidad.  Sin contar las pocas horas que le tengo que dedicar a mi hija cuando llego a la casa y muchas veces ya está dormida.  Pero hoy he tenido que romper la rutina y dejar a un lado mis tareas para escribirle unas cuantas líneas. Bueno Eladio le diré que, la señora Adys Cupull se comunicó conmigo y estuvimos charlando un poco, quede con ella de ir por su casa, pero se me ha hecho imposible. 
Colores y formas revolucionarias en la creatividad infantil de La Habana
en el taller de Jorge Jorge González "Coloreando mi barrio".

 Pero bueno nos pusimos de acuerdo en muchas cosas y algunos proyectos para los pioneros de la escuela.  Espero llegarme por la casa de Adys este fin de semana, aunque me dio un número de teléfono pero al parecer yo lo anoté mal.  Lo mas curioso que tuvo nuestra conversación fue, que ella se llama Adys.  Pero mi bisabuela se llamaba Adisgunda, mi abuela se llama Adisnalba, mi mamá Adisbel y mi pequeña Adislenys.  Nos causó asombro pues ese nombre no es muy común y mi familia todos son Adis, menos yo.    
 
foto- Colina universitaria, la muchedumbre comenzará luego a descenderla con antorchas encendidas recorriendo la Habana. Homenaje a Jose Martí

Otra cosita, les dije a mis alumnos de la llamada, ellos se parecieron muy contentos.  Le mandan saludos fraternales y un  ¡ Viva Cuba y Argentina !.   Eladio disculpe la letra y el correcorre pues esta carta es para entregarsela a Veronica que gentilmente me llamó nada mas que llegó a Cuba y quedamos de vernos mañana, para entregarme los libros que usted me manda y las cartas.  Le confieso algo, me siento muy orgullosa de tener una relación con usted ya que usted vive en el país de mi ídolo, ese grande que fue el Che.  
 
Homenajean a José Martí y sus espíritus están tan encendidos como las antorchas que portan en sus brazos en alto.

El trabajo de el lo tengo que exponer en el mes de Abril.  Tengo tiempo de continuar trabajando.  Amigo no le doy mas tertulia, solo espero mantenernos en contacto.  Espero si algún día visita Cuba se llegue por mi pequeña escuela. Ya que yo le estoy muy agradecida por su ayuda al igual que mis alumnos.   

Se despide de usted una maestra y amiga cubana.  Yurennis García Segura

“NUEVAMENTE GRACIAS”           Chao



Embajadora argentina en Cuba hizo guardia de honor a restos de desaparecido en Argentina Plan Cóndor Auca en Cayo Hueso

Miles de pinareños dieron el último adiós a Jesús Cejas. (Cuba, Miami, Madrid)

“Como tantos otros hallazgos, este acontecimiento demuestra lo que fueron las dictaduras, el terrorismo de estado y el Plan Cóndor”, aseguró la embajadora argentina en nuestro país
Por  RONALD SUÁREZ RIVAS
Foto del autor Cumpliendo el precepto martiano de que honrar honra, miles de pinareños acompañaron los restos de Jesús Cejas Arias en una peregrinación de cuatro kilómetros hasta el Panteón de los Caídos en la Defensa de la Patria, donde desde este miércoles descansan en paz.
René González y la embajadora de argentina hicieron la última guardia de honor.
De esa manera el pueblo de Vueltabajo dio el último adiós al joven diplomático cubano, secuestrado y desaparecido en Argentina hace casi 37 años.
Con anterioridad, en el Palacio de la Ciudad, la embajadora de ese país sudamericano, Excelentísima Señora Juliana Isabel Marino, realizó la última guardia de honor junto al féretro, en compañía del comandante del Ejército Rebelde Julio Camacho Aguilera, Gladys Martínez Verdecia, primera secretaria del Partido en la provincia, y el Héroe de la República de Cuba, René González Schwerert, quien transmitió, además, un mensaje de los Cinco a la familia de Cejas Arias.
En el mismo, se asegura que “Jesús, y todos los que cayeron bajo las garras del Cóndor, nos llaman a que estemos alertas, preparados y listos para pelear contra este flagelo, contra las torturas, las desapariciones y todos los crímenes de lesa humanidad”.
Por su parte, la embajadora argentina afirmó que “como tantos otros hallazgos, este es un acontecimiento muy doloroso, y a la vez confirmatorio de lo que fueron las dictaduras, el terrorismo de Estado y el Plan Cóndor”.
“En el caso de estos dos jóvenes cubanos, hay, además, una reivindicación, porque el Plan Cóndor intentó hacerlos pasar por desertores”.
“Uno se siente consternado, pero a la vez en paz, porque finalmente Jesús se ha reencontrado con su familia, con su pueblo y con su tierra”, concluyó.
El 9 de agosto de 1976, Jesús Cejas Arias y Crescencio Galañena Hernández fueron secuestrados cerca de la embajada de Cuba en Argentina, donde ambos desempeñaban funciones diplomáticas.
Las investigaciones realizadas arrojan que los trasladaron a Automotores Orletti, un tenebroso taller de automóviles convertido en centro de represión y muerte, donde radicó la filial argentina de la Operación Cóndor.
Luego de ser torturados y asesinados, sus verdugos ocultaron sus cuerpos dentro de tanques metálicos y los rellenaron con cemento, con el oscuro deseo de que nunca pudieran ser encontrados.

viernes, 5 de julio de 2013

Palotinos de San Patricio masacrados por el proceso de reorganización nacional asesinada en Tucumán Diana Oesterheld embarazada



 
kimeleduardos-1.jpgFue el hecho de sangre más importante que sufrió la Iglesia argentina en toda su historia.   

Escrito por Eduardo Kimel

Kimel:-En la gélida mañana de aquel 4 de julio Rolando Savino, un joven de 16 años que era el organista de la parroquia, descubrió la tragedia.
LA MASACRE DE SAN PATRICIO 
 En 1976 un grupo de tareas de la dictadura militar asesinó a tres sacerdotes y a dos seminaristas, todos miembros de la comunidad católica palotina de San Patricio, en el barrio de Belgrano R.
 En la gélida mañana de aquel 4 de julio Rolando Savino, un joven de 16 años que era el organista de la parroquia, descubrió la tragedia.
 Según su relato, llegó al templo a las siete y media.
 Había poca gente en la calle aguardando a la intemperie.
 Pasó un rato y, extrañado, vio que la iglesia permanecía cerrada.
 Algunos feligreses impacientes tocaron el timbre y dieron golpes en las puertas, sin obtener respuesta.
 A las ocho menos cinco Rolando dio un rodeo a la casa y encontró una banderola semiabierta.
 Trepó y entró.
 No percibió ni ruidos ni movimientos.
 Fue hasta el comedor de la planta baja.
 Tomó las llaves de la iglesia y abrió las puertas para que los feligreses pudieran entrar.
 Con otra llave abrió la puerta de la casa parroquial; desde el hall llamó a los padres sin resultado alguno.
 Vio luces encendidas en la planta alta.
 Creyó que los sacerdotes se habían quedado dormidos, o que recién se levantaban, aunque esto fuera anormal.
 Como el silencio continuaba, subió las escaleras hasta el primer piso donde estaban los dormitorios.
 Un frío helado recorrió su cuerpo.
 Estaba todo revuelto.
 Pensó en un robo.
 La estufa de gas estaba encendida.
 Se acercó a la sala de estar.
 Abrió la puerta y con horror observó los cuerpos acribillados de los cinco religiosos tirados en el suelo sobre una alfombra roja.
 Aterrorizado, bajó las escaleras.
 Entre las personas que aguardaban vio a Celia Harper; impelido de un desconocido sentido del control le pidió que lo acompañara a la planta alta, sin decir una sola palabra al resto de la gente.
 A los pocos minutos Rolando y Celia se dirigieron a la comisaría del barrio para comunicar el macabro hallazgo.
 Horas después dos adolescentes, Luis Pinasco y Guillermo Silva, hablaron con el cura palotino Efraín Suedo Luque y le contaron lo que habían visto en las primeras horas del domingo.
 Desde la esquina de Estomba y La Pampa, vieron dos automóviles que estacionaron frente a la casa parroquial.
 Otro joven que estaba con ellos, Julio Víctor Martínez, hijo de un militar que había sido nombrado interventor en Neuquén, creyó que podía ser un atentado contra su casa.
 Fue a la comisaría 37 e hizo la denuncia.
 A regañadientes, los policías aceptaron verificarla.
 Minutos después, una comisión al mando del oficial Miguel Angel Romano llegó a la parroquia.
 El policía habló con quienes estaban en los autos y, satisfecho, ordenó que el patrullero volviera a la comisaría.
 Al llegar a la esquina, se dirigieron a Pedro Alvarez, otro policía que custodiaba la casa de Martínez.
 -Si escuchás unos cohetazos no salgás porque vamos a reventar la casa de unos zurdos, fue la explicación que brindaron desde el patrullero.
 Pasadas las 2, Pinasco y Silva vieron cómo hombres armados salían de los autos con armas largas e ingresaban a la casa parroquial.
 Más tarde, las personas salieron de la vivienda de los religiosos, abordaron los vehículos y se fueron a toda velocidad.
 Sólo a la mañana los adolescentes se enteraron de que los zurdos eran los sacerdotes Alfredo Kelly, Alfredo Leaden y Pedro Dufau, y los estudiantes Salvador Barbeito y Emilo Barletti.
 La investigación judicial tuvo dos etapas.
 La primera, encabezada por el juez Guillermo Rivarola en los años 1976 y 1977, no halló a los autores y la causa fue sobreseída provisionalmente aunque hubo evidencias notorias que indicaban la intervención de la dictadura operando en el marco de lo que los represores denominaron la -lucha antisubversiva.
 La segunda fase comenzó en agosto de 1984 y estuvo a cargo del juez Néstor Blondi.
 Una serie de testimonios dirigieron la sospecha hacia la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA).
 Un ex integrante de la Marina, Miguel Angel Balbi, relató al tribunal que un ex compañero de armas, Claudio Vallejos, le había confesado su participación en el homicidio juntamente con Antonio Pernías, el teniente de navío Aristegui y el suboficial Cubalo.
 Convocado por el juez Rivarola, Miguel Angel Romano dio su versión sobre lo ocurrido. Reconoció haber estado frente a la parroquia aquella noche e identificado a la única persona que, según él, estaba dentro de un automóvil Peugeot 504.
 -Cuando lo interrogó sobre el motivo de su estadía en ese lugar, esa persona le manifestó que se encontraba allí esperando a una señorita que tenía que salir de una fiesta que se daba a la vuelta, figura en el testimonio brindado al magistrado.
 En mayo de 1986, ya durante un gobierno constitucional, el entonces fiscal Aníbal Ibarra solicitó el procesamiento de Romano.
 -Llego a la conclusión de que el ayudante Romano individualizó a las personas que estaban en uno de los Peugeot y digo a las personas porque el nombrado mintió cuando expresó que sólo encontró a una. (...)
 En tales condiciones, es evidente que los integrantes del rodado hicieron saber que la intención de ellos no era el general Martínez sino por el contrario -reventar a unos zurdos.
 Esto obviamente tranquilizó al ayudante Romano quien se dirigió entonces a avisar al custodio del mencionado ex gobernador del Neuquén lo que realmente iba a ocurrir.”
  Ibarra concluyó: Romano -supo en el cumplimiento de sus funciones lo que iba a ocurrir en la parroquia de San Patricio y con su actitud –tratando incluso de evitar la posible intervención del custodio del general Martínez– permitió que ello ocurriera.
 Asimismo, Ibarra pidió el procesamiento del jefe de la comisaría 37, Rafael Fensore por -la omisión de incorporar al expediente ese importante incidente (la denuncia de Martínez), que recién fue agregado tres días después del múltiple homicidio.
 En junio de 1987, el juez Blondi dispuso el desprocesamiento de Fensore y Romano, haciendo lugar al pedido de prescripción de la acción formulada por los abogados defensores.
 La causa judicial fue clausurada por segunda vez en forma provisional.
 Las leyes de punto final y obediencia debida, sancionadas durante el gobierno de Raúl Alfonsín, y los indultos decretados por Carlos Menem hicieron el resto.
 La investigación quedó interrumpida sin indicio de que pueda ser reactivada. Los asesinos e instigadores nunca fueron castigados.
 Aquel crimen fue el hecho de sangre más importante que sufrió la Iglesia argentina en toda su historia.
 Sin embargo, la cúpula católica mantuvo un llamativo silencio, jamás exigió con la debida fuerza el esclarecimiento del crimen y mucho menos reclamó el castigo a los culpables.
 El homenaje a las víctimas quedó circunscripto a las misas que los palotinos les dedican cada 4 de julio y a la acción de los organismos de derechos humanos.
 El 24 de abril del 2005, el presidente Néstor Kirchner visitó la iglesia de San Silvestre de la congregación palotina en Roma y depositó flores en la placa que evoca a los cinco asesinados.
 -Nuestros hermanos, víctimas del terrorismo de Estado, hoy son un fruto para nuestra Iglesia, recordó el sacerdote Mariano Pinasco, hermano de quien fue testigo de parte de la masacre.
 En esa ceremonia, Pinasco agregó: -Siento que la memoria está siendo recuperada en la Argentina. Gracias por no dejarnos solos a los palotinos.
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1976 - El 4 de Julio Diana Oesterheld es asesinada en Tucumán 
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El 4 de julio, Elsa de Oesterheld se enteró por los diarios que los militares habían matado a su hija, Diana, de 23 años embarazada de seis meses, en su casa de Tucumán. 

DIANA OESTERHELD HIJA DE H.G.O. ERA ASESINADA EMBARAZADA EN TUCUMAN. TENIA 23 AÑOS.

Diana tenía 23 años.
Hija del famoso historietista Héctor Oesterheld.
Tenía un hijo de un año, Fernando, y estaba embarazada de cuatro meses cuando desapareció.
Militaban en la Juventud Peronista de la Tendencia ligada a la organización Montoneros.
Diana fue secuestrada en San Miguel de Tucumán por la policía de Tucumán, junto con su hijo Fernando.
El 4 de julio, Elsa de Oesterheld se enteró por los diarios que los militares habían matado a Diana, embarazada de seis meses, en su casa de Tucumán.
Fernando fue abandonado como NN por la patota policial en la Casa Cuna de la capital tucumana.
Después de varios intentos fue recuperado por sus abuelos paternos.
La casa donde vivían fue ocupada por Albornoz, el jefe de la policía tucumana, y su mujer.
Raúl Araldi, su compañero y padre de Fernando, fue asesinado en 1977, un compañero vio su cadáver en la Jefatura de Policía.
Diana fue vista en la Jefatura de la Policía de Tucumán.
Fue llevada a Campo de Mayo donde dio a luz.
Su padre y sus tres hermanas, Estela, Marina y Beatriz también fueron desaparecidos o asesinados.
Actualmente Fernando vive en Argentina, después de haber vivido en Alemania, de donde es oriunda la familia Oesterheld, está muy cercano a  Elsa Oesterheld, la esposa del gran guionista Héctor Germán Oesterheld, y es integrante dela Agrupación Oesterheld de los Compañeros de Utopías de la Mesa de los Sueños.
Elsa Oesterheld de Abuelas y Fernando, su nieto, siguen buscando a una hermanita suya, hija de Diana que, se supone nació después de que él fuera entregado a sus abuelos paternos, los padres de Raúl Araldi, su padre.