sábado, 27 de febrero de 2010

huelguista de hambre cubano muerto Por qué no firmé Raúl de la Rosa

 

Veracruz, México; Febrero 26 de 2010.

“CLIV Natalicio de Porfirio Parra;

En 1858, las tropas federales, a las órdenes del general Parrodi, toman posiciones en Celaya para enfrentárseles a los conservadores que estaban en Querétaro bajo las órdenes del general Luis G. Osollo”.

 

 

¿Por qué no firmé la Carta de Condena al Gobierno cubano por la muerte de Orlando Zapata?

Por: Raúl De La Rosa

 

El día de ayer me fue solicitada mi firma (de hecho la confirmación de la misma, puesto que siempre apoyo las cartas que condenan una violación a los derechos humanos) para avalar una carta que sería enviada al Gobierno cubano en recriminación por la muerte de Orlando Zapata (q.e.p.d.), después de una prolongada ‘Huelga de Hambre’ que sostuvo. Y doy la explicación a los amigos y compañeros de causas, porque los amigos y compañeros de causas siempre merecen una explicación.

 

No soy abogado del régimen cubano, en contrario, quizá soy de sus más severos críticos, y por supuesto que lamento la muerte de ese ciudadano cubano pero no es un mártir, es un hombre que murió fiel a sus convicciones, correctas o incorrectas, pero fiel a ellas, nada más. Orlando Zapata murió convencido de que el capitalismo, con su democracia representativa (burguesa) es la mejor ruta de vida para la República de Cuba (como miles de disidentes del régimen cubano también lo piensan), lamentablemente para él, millones de sus paisanos pensaron y siguen pensando lo contrario.

 

Morir por lo que nosotros creemos es congruencia con nuestra forma de vivir. Ello es respetable pero no significa un martirio. El mexicano Tomás Mejía (general del imperio de Maximiliano) decidió creer y vivir bajo una monarquía, y murió al lado de su emperador, lo cual para él, fue un honor y así lo expresó. Lo mismo Miguel Miramón, exPresidente de México y luego súbdito de Maximiliano. Del mismo modo sucedió con los beatos y santos de la iglesia católica-apostólica-romana de México, que hace 84 años, decidieron morir pronunciando la frase ‘viva cristo rey’. En todos esos casos, como en el de Orlando Zapata, murieron por lo que creían. Otros, también han muerto por lo que creen, pero esas muertes sólo tienen sentido cuando las causas que se defendieron fueron correctas, porque si no  lo eran o sólo lo eran parcialmente, y a pesar de que se tenían distintas opciones para defender dichas ideas, se opta por la medida última y final: el suicidio, aunque lamentable, la muerte fue sin sentido; más aún, cuando se trata de asuntos relacionados con la patria misma.

 

Cuba es mucho más que Fidel Castro o su actual Presidente Raúl Castro… mucho más. Las empresas que ejercen el control de los medios de comunicación en el mundo, se afanan en todo momento y situación, en dibujar una Cuba gris, silenciosa, adormilada, pasiva, sin fe en nada ni en nadie, sin futuro, sin rumbo… sin valores humanos; y todo ello lo provoca, según dichos medios y sus ‘opinólogos’, el actual Gobierno socialista. Es decir, desean convencer mediante estratagemas de mercadotecnia y sicología de masas que ‘socialismo es igual a sólo color gris y capitalismo es igual a un arcoiris multicolor’. Y no es así.

 

A la oposición cubana no se le puede considerar una oposición legítima, en tanto mantenga su fuente de suministros financieros y logísticos directamente del Gobierno de los EE. UU., así como tampoco es legítima la acción de Al Qaeda en tanto ataque blancos civiles. Si la oposición cubana no hace lo que el general mexicano, Miguel Negrete, que al ver que su patria era hostigada y agredida por una potencia extranjera, se presentó ante el Presidente Juárez para expresarle: “Antes que partido, yo tengo Patria”, jamás podrá merecer legitimidad. Si la organización de defensa de los Derechos Humano a la cual pertenezco y ayudo a sostener, tuviera, siquiera la décima parte de lo que el Gobierno de EE. UU., destina a sabotear las políticas públicas cubanas, estaríamos más tiempo-aire en la TV de México que cualquier marca comercial de las que se promocionan en las cadenas nacionales del duopolio televisivo.

 

Así como las muertes de los mexicanos Fernando Franco Delgado, Soren Ulises Avilés Ángeles, Juan González del Castillo y Verónica Natalia Velázquez (durante el bombardeo que realizó el ejército de Colombia y la CIA, en territorio ecuatoriano), no es un hecho en sí mismo de martirio, sino, o bien un terrible daño colateral, o bien un acto de muerte en combate de compañeros que defendían aquello en lo que creían, tampoco la muerte de Orlando Zapata, y otras que bajo las mismas circunstancias se pudieran presentar, son actos de martirio, sino de defensa de sus ideas. Ideas tan erráticas como lo fueron las luchas y muertes de los monárquicos y cristeros mexicanos. Son actos de congruencia con sus creencias políticas e ideológicas, nada más. Tal como sucedió con cientos de internacionalistas mexicanos que durante los años 70’s y 80’s del siglo pasado, murieron en las guerras civiles de El Salvador, Guatemala, Nicaragua o la misma Colombia, luchando contra regímenes autoritarios y a veces, fascistas.

 

A Orlando Zapata le respeto, es del primer disidente cubano que sé, muere realmente por lo que cree, no por su interés económico (los que han muerto en las balsas o cruzando la frontera sur y norte de México para llegar a EE. UU., no han muerto por lo que creen, sino por su interés económico-salarial que desean se refleje en sus estándares de vida, y dichas muertes, son igual de lamentables). Quizá a eso se deba la respectiva expresión del Presidente Raúl Castro hacia el hecho, la cual comparto para éste caso.

 

En Cuba se respetan algunos Derechos Humanos y otros no, como se respetan unos y se violan otros en México, EE. UU., China, Dinamarca, Noruega, España, Japón, India, Polonia, Venezuela, Gran Bretaña o Colombia. Las condenas a tales hechos deben ser fuertes y públicas pero cuando se provoca y hostiga para que haya fallas en un Estado de derecho, se debe ir al fondo de las cosas. No debemos permitir que los autores intelectuales de la muerte de Orlando Zapata salgan impunes. Firmar este tipo de condenas al Gobierno cubano (como se me ha pedido hacerlo antes) sería tanto como si me pidieran que firmara una carta de apoyo para la extradición de la mexicana Lucía Andrea Morett Álvarez a Ecuador o Colombia (sin conocerle, sé que enfrentará con valor su defensa legal y no se permitiría una utilización vergonzante de sus decisiones en defensa de su posición ideológica).

 

Espero que los siguientes ‘presos cubanos’ que se han declarado en huelga de hambre, reconsideren su posición. México es muy buen ejemplo de cómo no debe confundirse partido o grupo opositor, con traición a la patria. Esa confusión, a los mexicanos nos costó más de la mitad de nuestro territorio y tres guerras de intervención internacionales.

 

Gracias por su tiempo.