jueves, 30 de septiembre de 2010

Villa Guillermina Santa Fe muerte en la ruta argentina accidentologia y prevención nulas

Últimas noticias del país Cromañón
29/09/10

Por Oscar Taffetani

(APe).- En el Hospital Central de Reconquista, Santa Fe, permanecen en terapia intensiva y luchan por su vida los hermanitos Ariel (6) y Rocío (12). También están internados Agustina (8), Aldana (14) y Sebastián (16). Son los niños sobrevivientes de un accidente que se produjo el domingo, en un tramo de la ruta 11, provincia de Santa Fe. Las catorce personas que murieron en la ruta (dos de ellas, niños) fueron veladas y enterradas el lunes en Villa Guillermina.

Los chicos que murieron integraban el ballet folklórico “Retoños de mi pueblo”. Y ésa es una triste metáfora de la tragedia: retoños que no llegarán a crecer; retoños que no llegarán a florecer.

Indignación y después

Villa Guillermina y Villa Ocampo (la ciudad donde se realizó el festival del que habían participado los Retoños), lo mismo que Reconquista y el país todo, se conduele con las víctimas y estalla de indignación por estos accidentes que no son accidentes (ya que hay causalidad y necesariedad) y que convierten a la Argentina en uno de los líderes del doloroso ranking de la inseguridad vial.

Los medios masivos ya están buscando “causas” y “culpables”, de mayor o menor jerarquía: un carro zafrero sin luces de posición, conducido por un joven inexperto; un chofer de combi sin habilitación profesional, que además sobrecargó de pasajeros el vehículo; un municipio que hizo la vista gorda; un concesionario vial que no señalizó como debía y un gobierno que no cumplió con las obras prometidas en ocasión de la última tragedia.

A riesgo de parecer “ideológicos” o de insinuar preconceptos, déjennos decir que la madre de las rutas inseguras, de las prevenciones que no se toman, de los gimnasios y boliches que se caen o se incendian, matando a decenas y cientos de personas, es la Ganancia, única razón y guía de un monstruo mayor que se llama Capitalismo.

Es por la ganancia que los concesionarios viales no invierten en señalizar y en poner mecanismos de prevención en los tramos peligrosos de las rutas (sean éstas de simple o doble vía, sean anchas o angostas). Es por la ganancia que las llamadas colectoras de las autopistas, lo mismo que los caminos vecinales y las rutas de la producción (todos eufemismos para ocultar que se trata de caminos públicos, baratos e inseguros) no cuentan con la iluminacion y la señalización necesarias. Es por la ganancia que los acopiadores de soja, de maíz, de caña de azúcar y productos de la tierra, tercerizan los fletes y los ponen en manos de comisionistas que no cumplen con las mínimas reglas de seguridad. Es por la ganancia (y por la coima y la corrupción, que son sus aliadas) que se popularizan e institucionalizan los transportes truchos, las combis, los remises no habilitados. Es por la ganancia de unos pocos grupos y unas pocas corporaciones que se saturan las rutas argentinas –que no están preparadas- de camiones, a veces, haciendo los mismos circuitos que medio siglo antes, con eficacia, con seguridad y bajo costo, hacían los trenes.

Hasta la próxima tragedia

Para el crimen vial del pasado domingo, hay culpables de carne y hueso, culpables con nombre y apellido. De ellos se ocupa, en el mejor de los casos, la Justicia. Pero lo que esa Justicia de letras doradas no juzga ni juzgará (porque es una cuestión política y filosófica, antes que judicial) es este orden injusto de las cosas, que compromete el futuro de la especie humana; este orden que le da una distinta expectativa de vida (y de cultura y de felicidad) al niño que nace en un rancho o en cualquier orilla urbana y al niño que nace en un sanatorio-maternidad de alta complejidad (para hipocresías, las del lenguaje publicitario).

El Estado, lo sabemos, intentará borrar este crimen. Como borró el de los chicos del colegio Ecos, en 2006. Y el de los chicos que cayeron al río Chubut, en 2005. Y el de los chicos de Cromañón, en 2004. Y el de los niños bomberos de Puerto Madryn, diez años antes. Del otro lado, esta entidad que ahora llaman sociedad civil (y que no vendría mal volver a llamar pueblo) ejercerá –ejerceremos- los viejos oficios de la memoria y de la lucha.

Nos viene el recuerdo del poeta Edoardo Sanguineti, muerto a mediados de este año por “negligencia hospitalaria”. Y quisiéramos escribir un texto sobre la fatiga del corazón, como aquel Catalecho 13 que él compuso. Pero no nos sale. Hoy sólo nos sale el dolor por los chicos de Villa Guillermina. Y dientes apretados. Y puños que quisieran golpear al infinito.

cid:part7.04090704.07000200@pelotadetrapo.org.ar

Gordos y flacos
27/09/10

Por Silvana Melo

(APe).- Aquel ícono del burgués panzón y papudo -con la cadena áurea y ritual cruzándole la panza- que se oponía al niño de canillas mínimas pateando descalzo la tierra cayó con las crisis alimentarias de la segunda mitad del siglo XX, las transformaciones de la imagen cultural y las formas de distribuir injustamente los alimentos que siguen alcanzan-do para todos. Los ricos flacos y los pobres gordos invierten la iconografía de la brecha, tan tragedia como siempre aunque se modifiquen los arquetipos.


La desnutrición sigue siendo el arma exquisita de la exclusión que margina y mata. Pero la obesidad en los niños de sectores vulnerados -generalmente convertidos en paradojas de gordos con desnutrición crónica- es la triste imagen de la pésima distribución de los alimentos en uno de los países de producción más prolífica.


La tercera parte de los chicos de 11 a 13 años que asisten a escuelas públicas en situación de vulnerabilidad socio - sanitaria “presenta acumulación excesiva de grasa en el organismo”, según un relevamiento para el Programa de Sanidad Escolar (Prosane) de Posadas, Misiones.
En Olavarría, Buenos Aires, a centenares de kilómetros, una medición del estado nutricional de 650 chicos de sectores pobres que se alimentan en comedores escolares determinó que “sobran grasas y faltan proteínas”. La conclusión fue que “no hay desnutrición aguda pero sí sobrepeso”.
La presidenta del Colegio de Nutricionistas y referente del área del Ministerio de Salud de Misiones, María Inés Zadarozne, analizó que “mientras se sube en la pirámide de ingresos la alimentación se hace más variada y más magra, se accede al pescado y a la carne de aves y aumentan las frutas y verduras”.


El ícono publicitario del cuerpo fibroso y esbelto sólo es posible con un alto nivel de ingresos que coloque en la mesa verduras, frutas, carnes magras, proteínas y fibras. La salud y la belleza desprecian el tejido adiposo. Mientras la Organización Mundial de la Salud alerta sobre la obesidad como epidemia mundial, la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) habla de la desnutrición. Las dos son enfermedades de la pobreza. Con la extravagancia de la que gusta la injusticia del tercer milenio.


Aquel estereotipo del pibe fornido como garantía de la salud está tristemente derrotado en tiempos en que la canasta de los pobres se conforma con unos pocos alimentos que responden a necesidades urgentes como la sensación de saciedad (fideos, papas, panes, carnes grasas y azúcares). “El mercado de los pobres los provee de productos más grasos y azucarados a menor precio que los del consumo indiferenciado y masivo”, observa la antropóloga Patricia Aguirre.


La mesa del día -acaso la única- tiene que estar poblada de alimentos rendidores, que propongan un cuerpo fuerte, preparado para el trabajo pesado. La fuerza está en el volumen, aunque falten las proteínas que conformen un aparato muscular potente. Los hidratos y las grasas se llevan por delante los platos de las familias en los arrabales sociales. Donde las frutas y verduras son de un exotismo definitivo: caras, generan baja sensación de saciedad -hay que consumir en cantidad- y escasez de gusto. Los platos -y por ende los pibes- son huérfanos de calcio, hierro, vitaminas y minerales. Los cuerpos son más gruesos y más bajos.

Desnutridos crónicos, con un déficit de talla marcado como huella indeleble desde la niñez. Los que debían ser fornidos son gordos. Los que tenían que ser fuertes son flojos porque tienen escaso desarrollo muscular.


“Los pobres suman a la problemática de su alimentación deficiente la problemática de la segregación porque son el opuesto al ideal de belleza”, dice la experta en nutrición misionera.


Más allá de las mesas familiares, los relevamientos de Posadas y Olavarría caen como chubascos sobre las políticas nutricionales del Estado a la hora de alimentar a los niños. La discusión del costo de cada plato en los comedores escolares bonaerenses fue dramática a principio de 2010 y el aumento vino acompañado de la restricción de los cupos. Las harinas, la carne picada blanca de grasas, la ausencia de verduras y frutas, marca desde las decisiones de inversión del Estado cuánto se considera un gasto la alimentación a la edad en que se define inexorablemente el futuro. En el medio, como marca brutal de la cultura caritativa, las colectas del sector esbelto, alto y fibroso piden de vez en cuando harina, polenta y azúcar para los pobres. Como un camino barato para dormir en paz.

Fuentes de datos:
Diarios El Territorio, Posadas y El Popular, Olavarría. Ricos Flacos y Gordos Pobres - La alimentación en Crisis. Patricia Aguirre.