jueves, 19 de mayo de 2011

Cónsul argentino en Nueva York aniversario muerte en combate

19 de Mayo: 116 Aniversario de la Caída en Combate del Héroe Nacional de Cuba, JOSE MARTI

 

Adjuntamos dos artículos conmemorativos del 116 Aniversario del paso a la inmortalidad de José Martí,

quien en palabras de Gabriela Mistral   " es el hombre más puro de la raza humana ".

 

Asociacion Cultural Jose Marti-Concepcion   ccjosemarti@vtr.net

Martí, ese sol del mundo moral

19 Mayo 2011,   

Hoy, 19 de mayo, se conmemoran 116 años de la muerte de José Martí, el Apóstol de la Independencia de Cuba. Cubadebate comparte con sus lectores un fragmento de Ese sol del mundo moral.     Para una historia de la eticidad cubana (Ediciones Unión, 1995), escrito por el poeta y ensayista Cintio Vitier.

Martí encarna un nuevo tipo de revolucionario que no se resigna a partir de los postulados del colonizador (el desprecio, la represalia, el odio) sino de postulados propios y originales; que no se conforma con la conquista de la libertad desde la esclavitud sino que aspira a la destrucción de la esclavitud desde la libertad; que escapa a la trampa del resentimiento (victoria profunda del enemigo) y al cerrado causalismo de las reacciones primarias, en sí mismas legítimas, para situar el combate en su propio terreno y pelear sólo con armas altas, limpias y libres: “la pureza de su conciencia”, “la rectitud indomable de sus principios”.

Nótese que en el pasaje de la cita, y en todo el indignado alegato, apela también al honor mancillado de España. Poco después, en La República española ante la Revolución cubana (Madrid, 1873), habrá de conjurarla para que “no infame nunca la conciencia universal de la honra, que no excluye por esto la honra patria, pero que exige que la honra patria viva dentro de la honra universal”. De esto se trata: de vivir y pelear por la honra universal del hombre.

¿Idealismo excesivo? Ya vimos que por esos caminos iba la práctica militar y el pensamiento revolucionario de los dos grandes jefes populares de la guerra del 68: Máximo Gómez y Antonio Maceo, sin contar los ejemplos de Agramonte y los esfuerzos de Céspedes por la “regularización” de la guerra frente a los desafueros españoles. Se trata, sí, de un planteamiento original, pero no exclusivamente personal de Martí: lo que él hace es llevar hasta sus últimas consecuencias filosófico-políticas una inspiración que estaba en las tendencias más espontáneas de la Revolución cubana. Se trata, pues, de un planteamiento “autóctono”, que en Martí va a alcanzar la plenitud de toda una concepción ética del mundo, según veremos.

Esa concepción madura durante su destierro en España, su peregrinación por América Latina, y su estancia de casi quince años en Estados Unidos. En España confirma que no hay nada que esperar de sus gobiernos, monárquicos o republicanos; que el pueblo español, lleno de virtudes latentes (sobre todo en sus raíces regionales y comuneras), es también víctima de la obtusa Metrópoli; que el vínculo impuesto entre España y Cuba, por ley histórica, ha de romperse inexorablemente.

Ya lo sabía el adolescente que tuvo primero que enfrentarse con su padre, sargento y celador del gobierno colonial, y con la resignada resistencia de su madre, en el hogar sufrido, lleno de niñas, amenazadlo siempre por la miseria, pegado a los muros de La Habana. Allí conoció una célula, que estaba en su propia carne, de la honradez, la limpieza y la dignidad de lo que él llamó “el sobrio y espiritual pueblo de España”; conoció también la trágica divergencia del espíritu de la tierra que lo dominaba.

Ellos estaban hechos para resistir, él para liberar. Pero con su padre, que se abrazó llorando al pie llagado por el grillete del presidio (”y yo todavía no sé odiar”, comprobó entonces, con asombro, el hijo desgarrado), llegó a tener las más tiernas relaciones de mutua pudorosa admiración; y a la madre pudo decirle con justicia en la carta de despedida final: “Ud. se duele en la cólera de su amor, del sacrificio de mi vida; ¿y por qué nací de Ud. con una vida que ama el sacrificio?”
En México, en Guatemala, en Venezuela, en sus campos y ciudades, halló la otra madre histórica y telúrica, que lo completaba: su América mestiza. Se adentrará en sus problemas, participará en sus conflictos, conocerá sus vicios y virtudes, estudiará sus mitos, amará su naturaleza. El grado de identificación alcanzado por Martí con la raza autóctona de América cobra caracteres desconocidos hasta entonces en un hijo de español.

A partir de estos años, 1875-1881, su escritura en prosa y verso se va saturando, entrañablemente, de símbolos indígenas procedentes sobre todo de las concepciones míticas precolombinas de Mesoamérica y Venezuela. No se trata de un propósito “indigenista” sino de una mezcla de adivinación y estudio que se revela como necesidad profunda de su espíritu destinado a reanudar el hilo del pensamiento original de América, roto en su fase metafórica (comparable a la presocrática en Grecia) por “la desdicha histórica” y el “crimen natural” de la conquista española: “¡Robaron los conquistadores una página al Universo!” Ese robo y violación, ese crimen,, sitúan la injusticia en el origen mismo de nuestra historia. Por eso: “Con Guaicaipuro, con Paramaconi, con Anacaona, con Hatuey hemos de estar, y no con las llamas que los quemaron ni con las cuerdas que los ataron, ni con los aceros que los degollaron, ni con los perros que los mordieron:” Y ese “estar con”, reparador siquiera sea ideal de la injusticia, pero además efectiva militancia, se convierte en una nueva filiación histórico-telúrica que hace girar totalmente la perspectiva. Quien así habla no es un “colonizado” (un resentido) sino un “autóctono” (un revolucionario que ha empezado por revolucionarse a sí mismo):

¿Qué importa que vengamos de sangre mora y cutis blanco? El espíritu de los hombres flota sobre la tierra en que vivieron, y se le respira. ¡Se viene de padres de Valencia y madres de Canarias, y se siente correr por las venas la sangre enardecida de Tamanaco y Paramaconi, y se ve como propia la que vertieron por las breñas del cerro del Calvario, pecho a pecho con los gonzalos de férrea armadura, los desnudos y heroicos caracas!

 

18 -19 de Mayo de 1895: testamento político y caída en combate de José Martí

 

En silencio ha tenido que ser...

 

                                                       por Gustavo Robreño Dolz

 

En la histórica carta inconclusa, convertida por circunstancias posteriores en su testamento político, José Martí escribió a "mi hermano queridísimo", —el mexicano Manuel Mercado—, fechándola el 18 de mayo de 1895 en el Campamento de Dos Ríos e iniciándola con estas palabras: "Ya puedo escribir, ya puedo decirle con qué ternura y agradecimiento y respeto lo quiero, y a esta casa que es mía y mi orgullo y obligación; ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber —puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo— de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin".

 

Gonzalo de Quesada y Aróstegui publicó la carta inconclusa a Mercado en la primera edición de las obras de Martí, a inicios del siglo XX, tomándola del facsímil que, a su vez, había reproducido el oficial y escritor español Enrique Ubieta en su libro cronológico sobre la Revolución Cubana. Según expresa este autor, la había recibido de manos del General Salcedo, entonces jefe de la plaza de Santiago de Cuba. Su original se considera hoy desaparecido.

 

Como sabemos, la historiografía burguesa cubana, en sus incursiones sobre el pensamiento del Apóstol, se encargó de ocultar cuidadosamente o minimizar la esencia de la idea martiana en este sentido. Nada le será más ajeno y peligroso que proyectar y difundir estas y otras apreciaciones semejantes de José Martí que fijaban su profunda convicción antiimperialista, así como las que recogió sobre sus vivencias dentro de la sociedad norteamericana (Viví en el monstruo y le conozco las entrañas... ), incluidas las intervenciones, como representante del Uruguay, ante las conferencias interamericanas de Washington.

 

El 19 de mayo de 1895, en la confluencia de los ríos Cauto y Contramaestre, se produjo la más grande e infausta tragedia de la historia de Cuba. La caída en combate de José Martí —según se aprecia a lo largo de todos los acontecimientos posteriores—, torció fatalmente los destinos de la Patria que surgiría a fuerza de sangre y coraje en la guerra necesaria e impidió que la República martiana se hiciera realidad. Paradójicamente, la visión genial de José Martí —expresada en la carta a Mercado—, quedó plenamente confirmada con el desenlace de la contienda y la intervención yanki. Faltaría aún un duro y largo camino por recorrer.

 

La misiva inconclusa, junto a otros documentos y cartas personales, la llevaba Martí encima —en sus bolsillos—, durante el desgraciado instante de Dos Ríos, y fue ocupada en esos momentos por los militares españoles que se apoderaron de su cadáver.

 

El destino caprichoso quiso unir en la historia de Cuba a estas dos fechas que estrechamente se relacionan en la palabra y en la acción. Dentro del párrafo inicial ya citado hay expresiones que echan por tierra cualquier tergiversación o intriga: "ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber "(... )" de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso".

 

El 1º de Enero de 1959 la Revolución Cubana rompió definitivamente aquel "silencio martiano".