martes, 15 de septiembre de 2015

MANUAL "USA" PARA DERROCAR GOBIERNOS CIA OTAN AEI NED Myanmar Birmania Opio heroina adormidera

Gene Sharp aclara: la CIA no es sino el jefe de sus jefes

MANUAL “USA” PARA DERROCAR GOBIERNOS (II)

Orlando Rangel Yustiz

 

En su libro De la dictadura a la democracia, suerte de guía que se publicó inicialmente en inglés y birmano,  se enumeran casi 200 métodos para ejecutar una conspiración fundamentada en el boicot y en lo que su autor, Sharp, conceptualiza como “lucha no violenta”.

30/10/2013 

El 12 de junio de 2007, dos años después de la investigación que publicara Thierry Meyssan sobre los nexos de Gene Sharp y el Instituto Albert Einstein (AEI, por su siglas en inglés) con la Agencia Central de Inteligencia (CIA) Sharp envió una carta al periodista francés con el propósito de refutar ese trabajo y negar su participación directa en la trama de conspiraciones dirigidas por Estados Unidos (EEUU). 

Sharp dedicó tres páginas a descalificar el trabajo periodístico de Meyssan y, sobre todo, a desmentir los nexos entre el AEI, la CIA y la Casa Blanca, pero en ningún momento negó que sus tácticas y sus estrategias conspirativas sean aplicadas para imponer los intereses estadounidenses en otros países. 

Correcciones. 

Una carta abierta de Gene Sharp, se tituló la misiva enviada por Sharp a Meyssan. Escribe Sharp: “Su presentación de esta técnica en la Edición Internacional de Voltaire del 4 de enero de 2005 es un ejemplo por excelencia de inexactitudes acerca de la acción no violenta y de mí. Por qué y cómo ocurrió esto, es un poco desconcertante. Quizás recibió información falsa. Su artículo contiene tantas inexactitudes que me sorprende que alguien pueda creer mucho de su contenido”. 

Sharp, postulado tres veces al Nobel de la Paz (en 2009, cuando lo ganó Barack Obama, y en 2012 y 2013), trata de desligarse de los grupos extremistas que aplican sus teorías. 

Pero ninguno de sus esfuerzos logra poner en entredicho los argumentos presentados por Meyssan en 2005. 

“Por política del Instituto Albert Einstein, nunca decimos a la gente que enfrenta conflictos en otro país qué debe hacer (…) Podemos proveerles conocimiento y entendimiento cuando lo piden. (…) Lo que la gente de otros países decide hacer, es su responsabilidad y prerrogativa”. 

Luego confiesa: “La acción no violenta es una técnica para conducir conflictos, tal como la guerra militar, el gobierno parlamentario y la guerra de guerrillas.  

Esta técnica usa métodos psicológicos, sociales, económicos y políticos.  

Ha sido utilizada para una variedad de objetivos, ‘buenos’ y ‘malos’.  

Ha sido utilizada tanto para cambiar gobiernos como para sostenerlos contra ciertos ataques“. 

Más adelante admite haber ido a Beijing, China, en 1989, con el “propósito” de “aprender por qué los estudiantes estaban usando protestas no violentas.  

No dimos ningún consejo a nadie sobre lo que los estudiantes debían hacer”. 

Le dice a Meyssan: “Sus afirmaciones sobre mis contactos con Suecia y los tres países bálticos no son acertadas (…)  

Nos reunimos con oficiales de Defensa de los gobiernos en favor de la independencia de las repúblicas bálticas, pero no les dijimos lo qué debían hacer”. 

Asimismo, asegura que ni el AEI ni él personalmente reciben recursos oficiales de ninguna especie. “El Instituto Albert Einstein no recibe fondos de ningún gobierno, incluyendo el de los Estados Unidos.  

El Instituto no tiene gobiernos financistas o amos.  

Nunca he trabajado para la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte).  

Nunca he trabajado para la CIA o he recibido dinero de ella.

 

Cuando escribía mi disertación doctoral para la Universidad de Oxford en los sesenta, recibí apoyo financiero parcial indirectamente del Departamento de Defensa, a través de una beca concedida a un profesor de la Universidad de Harvard, como reconozco en mi prefacio a La política de la acción no violenta (…)  

El Instituto Albert Einstein no crea conflictos, ni participa en conflictos existentes ni toma parte ideológica en ellos.  

Sólo practica la investigación, los estudios genéricos sobre políticas y la enseñanza“, afirma Sharp. 

Obviamente, Sharp no hace mención al financiamiento que la Fundación Nacional para la Democracia (National Endowment for Democracy, NED) otorgó al AEI en Serbia, a través de Paul B. McCarthy. 

Tampoco hace referencia, por supuesto, al comunicado en el que el propio Departamento de Estado norteamericano admite a su vez, en 2003, que “Estados Unidos apoya a organizaciones como la National Endowment for Democracy (NED), el Open Society Institute (OSI) e Internews, que trabajan dentro y fuera de la región en un amplio abanico de actividades de promoción de la democracia”. 

En ese mismo comunicado, Washinghton informa: “La NED está en la vanguardia de nuestros esfuerzos para promover la democracia y la mejora de los Derechos Humanos en Birmania desde 1996.  

Aportamos 2,5 millones de dólares en el ejercicio de 2003 (…)  

La NED utilizará esos fondos para apoyar a las organizaciones pro democráticas birmanas y las de las minorías étnicas”. 

De tal manera que Sharp, según sus propias palabras, “no recibe fondos de ningún gobierno“, pero sí de quienes son financiados por el Departamento de Estado. 

Dicho de otra manera, sus “financistas o amos” no son los dueños de la finca, sino sus capataces. 

En noviembre de 2000, en The New York Times Magazine (suplemento dominical del New York Times), el periodista Roger Cohen publicó un trabajo sobre los logros que alcanzaron la NED, la USAID y otras supuestas “organizaciones no gubernamentales” al financiar a Otpor y así ayudar al derrocamiento de Slobodan Milosevic en Serbia. 

Como lo señala ahí Cohen, el mismo McCarthy, representante de la NED-Washington, admitió que Otpor recibió, entre septiembre de 1998 y octubre de 2000, más de tres millones de dólares de manos de la NED en Serbia. 

Añade que McCarthy confesó haber realizado una serie de reuniones con los líderes de Otpor en Podgorica, capital de Montenegro, así como en Szeged y Budapest, Hungría, en momentos en que el coronel Bob Helvey y Gene Sharp adiestraban precisamente a Otpor para ejecutar la conspiración contra Milosevic. 

Por su parte, Donald L. Pressley, administrador asistente de USAID, informó a Cohen que en el año 2000 la USAID envió “varios cientos de miles de dólares que fueron entregados a Otpor directamente”, para financiar materiales de propaganda política como camisetas, afiches o calcomanías, entre otros. 

De igual forma, Daniel Calingaert, un funcionario del Instituto Republicano Internacional (IRI), informó a Cohen que el IRI estuvo en Serbia en el año 2000, y que durante esos días Otpor recibió por parte de EEUU 1,8 millones dólares. 

Calingaert detalló que se reunió con líderes de Otpor entre “siete y diez veces“, en Montenegro y en Hungría, a partir de octubre de 1999. 

El IRI, organización financiada por el gobierno de los Estados Unidos, tiene como misión exportar programas políticos estadounidenses, calificados como “de democratización”, para “ampliar la libertad en todo el mundo”.  

El significado que para estos programas tienen las palabras “democratización” y “libertad” puede deducirse de su objetivo: están siempre enfocados a la formación de militantes de partidos de derecha. 

Este instituto es presidido desde 1993 por John McCain, contrincante republicano de Barack Obama en la elección presidencial de 2008 y representante del ala más radical de la derecha estadounidense como senador en el Congreso. 

El pasado 14 de junio de 2013, McCain exigió a Obama enviar las fuerzas de combate estadounidenses contra el pueblo de Siria, dada la incapacidad de las fuerzas terroristas, financiadas por EEUU, para derrocar por sí solas al gobierno del presidente Bashar Al-Asad. 

“Una intervención directa de Estados Unidos está justificada incluso sin el mandato de la ONU, como ocurrió en Kosovo“, expresó McCain, en una entrevista que le hicieran en Alemania el canal Phoenix. 

Un discurso que repetiría Barack Obama en agosto de 2013, al ver que los países aliados le negaran apoyo para ejecutar una acción militar en Siria. 

Clandestinos en Birmania 

Ahmed Bensaada, doctor en Física, profesor y escritor argelino que vive en Canadá desde hace 23 años y que se ha dedicado a investigar sobre las llamadas primaveras árabes y la influencia de las teorías de Gene Sharp en ellas, publicó en su página web http://www.ahmedbensaada.com, el 16 de abril de 2012, un artículo titulado La primavera birmana, en el que desentraña la estrecha relación entre Gene Sharp, Robert Helvey, el AEI, el financiamiento de EEUU y sus acciones directas en conspiraciones. 

Bensaada precisa, además, que la información acerca de los recursos y las actividades de estos organismos estadounidenses dedicados a la “exportación de la democracia”, se encuentran en el informe Burma Campaign UK publicado en 2006 y citado por el Departamento de Estado. 

Frente a la afirmación de Sharp, de que “el Instituto Albert Einstein no crea conflictos, ni participa en conflictos existentes, ni toma parte ideológica en ellos“, Bensaada aporta numerosos datos que confirman la intervención directa del AEI en el conflicto birmano y demuestran que Gene Sharp y Bob Helvey se mantuvieron allí en contacto permanente con los grupos extremistas para conspirar contra el gobierno. 

Confirma Bensaada que el coronel Helvey, tras retirarse de la embajada estadounidense de Rangún en 1985, volvió a Birmania (actual Myanmar) en 1992. 

En ese viaje organizó la entrada clandestina, por barco, de Gene Sharp al país. 

“Aquí estábamos, en esta selva, leyendo los trabajos de Gene Sharp a la luz de las velas“, le declaró el propio Helvey, el especialista en acciones secretas, a la periodista Sheryl Gay Stolberg, del periódico The New York Times, el 16 de febrero de 2011, en un trabajo titulado: “Shy U.S. Intellectual Created Playbook Used in a Revolution”. 

Helvey dijo abiertamente que fue tras esas experiencias que nació la primera versión del libro De la dictadura a la democracia, suerte de guía que se publicó inicialmente en inglés y birmano, donde se enumeran casi 200 métodos para ejecutar una conspiración fundamentada en el boicot y en lo que su autor, Sharp, conceptualiza como “lucha no violenta”. 

Entre 1992 y 1998, Helvey efectuó 15 viajes a Birmania, donde logró establecer relación directa con más de 500 miembros del Consejo Nacional de la Unión de Birmania, grupo que integraba al movimiento conspirativo birmano, a quienes les impartió diversos cursos sobre las teorías de Sharp. 

¿Cuál podía ser el interés de Estados Unidos en Birmania? 

Actualmente bajo el nombre de Myanmar, Birmania es una nación que tiene dos características notables para la Casa Blanca: la producción petrolera y la capacidad de sus tierras para sembrar la adormidera. 

La adormidera, sencillamente la planta del opio, es la droga que produce mayor rendimiento económico en el planeta y de la cual, a su vez, se extrae químicamente la heroína, cuarta en el ranking mundial. 

Estudios anuales de la ONU indican que la venta de opio mueve una cifra cercana a los 170.000 millones de dólares al año.  

La cocaína, cerca de 84.000 millones de dólares. 

El cannabis o marihuana, 141.000 millones de dólares.  

Y la heroína, unos 55.000 millones de dólares que, sumados a los del opio, otorgan al mercado de la adormidera un total de 225.000 millones de dólares al año. 

Myanmar es, después de Afganistán, el segundo productor mundial de esta planta. 

Resulta difícil, entonces, pensar que el lucro económico no forma parte de los objetivos que, más allá del accionar de las organizaciones “no gubernamentales” como el AEI, persigue en esos países la Casa Blanca: aplicar la política expansionista a través del control geopolítico para administrar la dinámica económica mundial, objetivo que implica, para Washington, cercar no solamente sus dos más poderosos rivales de Europa y Asia, la Federación de Rusia y la República Popular China, sino también a su gran “aliado”, la Unión Europea. 

Bloquear desarrollo de Rusia y China 

Frederick William Engdahl, periodista e historiador estadounidense, hace referencia a las llamadas “revoluciones de colores” en un trabajo titulado Burma Regime Change – The Geopolitical Stakes of the Saffron Revolution, publicado el 15 de octubre de 2007 por The Market Oracle, diario que se dedica al análisis de los mercados financieros. 

En ese trabajo revela cómo la “revolución azafrán” de Birmania, así como la “revolución naranja” de Ucrania, o la “revolución de las rosas” en Georgia y las diversas “revoluciones de colores” ocurridas durante los últimos años contra países que rodean estratégicamente a Rusia, son “un ejercicio bien orquestado por parte de Washington para cambiar los regímenes”. 

En una entrevista realizada por Russia Today (RT), Engdahl explicó que, aunque la “revolución” egipcia de 2011 “fue orquestada por el Pentágono para facilitar en Oriente Medio la política exterior de Barack Obama”, luego, “tras la caída de Hosni Mubarak, el conflicto interno en Egipto se ha vuelto incontrolable para EEUU”. 

Engdahl sostiene que todo estos movimientos conspirativos impulsados por EEUU para derrocar gobiernos en Europa, Asia, Medio Oriente y África, tienen como objetivo último “tomar los recursos de África y Oriente Medio bajo control militar, para bloquear el crecimiento económico de Rusia y China, lo que le permitiría tener bajo control la totalidad de Eurasia”. 

El periodista estadounidense agrega que las mediáticamente conocidas como “primaveras árabes”, incluida la que vanamente se desató contra Siria antes de dar rienda suelta a los mercenarios, forman parte de “un plan anunciado por primera vez por George W. Bush en una reunión del G8 en 2003, al que llamó El Gran Proyecto de Oriente Medio“.




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