jueves, 2 de agosto de 2007

Vilma Espín según Celia Hart Santamaría ambas cubanas y revolucionarias





A Vilma, la revolucionaria más bonita (Canto íntimo XV)

Mensaje de amor a destiempo

Celia Hart 30-06-2007

Yo no estaba en Cuba cuando nos dejó para siempre la sonrisa más bonita de la revolución.

Vilma Espín fallecía después de estar enferma mucho tiempo. Aun así la consternación de lo inevitable se apodera del alma. Por frágiles instantes la muerte se convierte en una burlona sentencia de la propia vida.

Vilma nació rica, hermosa e inteligente Todas las categorías de las clásicas princesas de los cuentos de hadas. Pero su palacio encantado fue la lucha revolucionaria y su príncipe azul un pequeño rebelde con rostro adolescente.

Aún así nunca dejó de ser princesa. Si miramos otra vez aquella imagen con camisa de cuadros...un fusil y una sonrisa, nos arrodillaremos todos palpitantes ante la princesa.

Su piel, sus cabellos y su figura espigada recuerdan a la azucena llena de olor. Eso es Vilma: una espigada azucena.

Ahí está el material de estudio para aquellos que tratan de acomodar el nacimiento de los lideres en estrecha camiseta manualista “pequeño burguesa”, nacional revolucionaria”,etc.

Si algo no era la hermosa Vilma...era ser pequeña. Era grande en todo, y sobre todo en su confianza en el futuro.

Hasta que no entiendan los resortes últimos que moviliza al corazón y al pensamiento seguiremos esta ruta peligrosa de no sabernos identificar frente al Capital, estos los que no tenemos nada que perder.

Vilma fue de las participantes más fogosas en la clandestinidad. Su nombre se asocia inmediatamente al delicado recuerdo de Frank País. Su entrega en la toma de la ciudad de Santiago el 30 de Noviembre fue especial.

Lo sé porque me lo dijeron mis padres que participaron con ella. Los dos me decían ...”¡Lucía tan hermosa con el recién estrenado (y bendito) brazalete rojinegro!”

El tiempo siempre nos deja espacio para retomar la historia. Miren no más a tres de esas mujeres fundadoras: Celia, Haydée y Vilma. Las primeras dos se nos fueron en 1980. Cada una a su modo y con la irreverencia de ambas. Celia fue la campesina que supo descubrir la belleza espléndida de la revolución, sin separarse de Fidel un solo instante, formando parte sustancial de sus reflexiones ¡incluso las de hoy! Haydée le desbordaba la pasión, y convulsa, supo entregar a los intelectuales y artistas esos caminos de lucha a contramano...

Vilma fue entonces la más serena, fue el alma de la familia cubana.

En momentos difíciles, la Federación de Mujeres Cubanas se dedicó a atender esos espacios que tan sólo la familia sabe tocar. La incipiente prostitución, la conducta social y moral.

Forjó una gran familia al lado de áquel... aquel “príncipe azul” del Segundo Frente Oriental. Ése mismo que trémulo condujo sus cenizas tan sólo con una rosa roja.

Ése mismo que hoy atiende casa con tino y oficio, mientras Fidel se nos repone...con una pluma en la mano, pues no deja de escribir.

Entre esas tres mujeres distintas y complementarias se sentó la mujer cubana en el sitio que descubrió más acertado. Vilma fue tal vez la que tuvo mayor cadencia. Miren no más: Celia no tuvo hijos, su labor fue acompañar a Fidel en su labor militante. En este Fidel que reduce a la muerte y sigue desde una provocadora distancia asechando nuestra impertinencia por verle...está Celia Sánchez, más que nadie, cuidando incluso sus últimos años. Haydée no conoció a sus escasos nietos y dejó a sus dos hijos plantados en plena adolescencia...por voluntad y conciencia propia. Su misión fue recurrir a la prisa para convertir al arte en arma de combate...lo logró sin dudas. En este arte contestatario y revolucionario que salpica por todos lados en Cuba y el mundo, está el alma enredada de Yeyé, con su ironía y sus bromas. Vilma murió, sin embargo envuelta de una prodigiosa familia de hijos y nietos jóvenes ya. Representó el corazón de la familia cubana, de los espacios de la mujer, de hacer coincidir la maternidad y la estabilidad familiar con los domingos de trabajo voluntario, de hacer que no fuera incompatible el hogar y la revolución. También lo logró...con su ejemplo inequívoco por delante.

En aquellos días del llamado Período Especial, a lo que significo como Comunismo de Guerra, Vilma estuvo presente ayudando a la mujer cubana a buscar fórmulas de mantener unida a la familia.

Lo sé muy bien porque estuve de secretaria de la FMC en mi barrio. Allí diseñamos mil estrategias de resistencia....donde quiera estaban los señuelos de Vilma.

Mi revolución está escarchada por esas figuras maravillosas.

Vilma es una de ellas .... de aquellas mujeres que tuvieron el privilegio que difícilmente tendremos nosotras: Armar un cambio de época con la plenitud de Fidel y del Che. Dudo que vuelva a repetirse...al menos hoy cuando me embargan las lágrimas de lo irremediable.

Por último un agradecimiento a ella que le hice saber en su momento:

Ya estaba enferma y yo le dije sin darle demasiado importancia que en una carta mi madre Haydee Santamaría deseaba haber sido enterrada en Santa Ifigenia, el Cementerio de Santiago de Cuba.

Para el que me conoce un poco, sabe que me son irrelevantes esas cosas... Pero Vilma lo tomó como asunto personal. Recuerdo estar en su oficina , ella planeando punto a punto la actividad , diseñando personalmente el cartel que coronoría la actividad, contratando cualquier cantidad de girasoles (flor de Haydee) que pudiese cortarse, para hacer el nuevo entierro de Haydée, el verdadero: Allí al lado de sus camaradas muertos en el Moncada, allí al lado de su hermano Abel y sobre todo al lado de Martí

Bastó que yo le mencionara la carta y ella hizo suya esa grandiosa obra.

Al principio no la entendí bien...Mas después de aquel día no he llorado más los 28 de Julio, día del suicidio de mi madre.

Eso si sabía Vilma: arrullar a las niñas como yo.... niñas de cuarenta años.

Hoy que lloro porque se fue, no puedo dejar de recordar su sonrisa encendida en la calle San Jerónimo, cuando me contaba las aventuras de mis padres recién casados en la clandestinidad, cuando todo parecía música y color. Creo que ella sabría que yo no lloraría mías los 28 de Julio.

A ella le agradezco esa misión psicoanalista....de no llorar mas ese día.

Por eso no le diremos adiós a la revolucionaria más hermosa de Cuba. Aquella que prefirió una flor de la Sierra frente a las perlas a que tenía derecho por nacimiento.

No le quiero decir adiós para siempre a la que me llenó de ternura en aquella casa de San Jerónimo, a la madre de mi entrañable y herética siempre Mariela.

A ella como a Celia, como a mi madre le decimos envueltos siempre en misteriosos conjuro....y con la prisa de no equivocarnos demasiado....

¡Hasta la Victoria Siempre!

Becados argentinos en Cuba lograron que Argentina validara sus títulos tras ocho años de bregar





Becados en Cuba Validación de sus títulos se logró en la Argentina ¡por fín!

Gino Straforini dice A modo personal :

Estamos viviendo un proceso de descreimiento de las instituciones y de quienes las conducen enorme, que nos pone hoy en circunstancias en que los pensamientos políticos son superados por los gerenciamientos, tal es el caso de las elecciones en el día de ayer en la Ciudad de Buenos Aires.

Hemos podido así ver, que la crisis del 2001, se repunta al hoy, siendo la Ciudad de Bs. As. la más politizada de Argentina, es la que indudablemente vive la mayor crisis de los partidos del país.

Esa crisis se monta en toda institucionalidad y, hace que tengamos una visión exitosa de hombres supuestamente "hacedores", que oportunistamente hacen uso de determinados logros para sus propios fines camuflando la realidad concreta.

Debemos ser objetivos y honestos con los logros, es cierto que el sentimiento en todos de la firma del acuerdo Argentino - Cubano que permnite la Convalidación de los titulos emitidos por la ELAM a Ciudadanos Argentinos, es un logro ansiado por todos, que también es un logro político enorme, de ello, no hay dudas.

Pero, hagamos un repaso breve sobre lo acontecido en todo este tiempo que creo es válido tenerlo en cuenta.

" A raiz del huracan Mich en Centroamérica se da inicio a la ELAM y, toda esa historia que todos conocemos, que tiene características humanitarias enormes ".

Dejando de lado otras objetividades históricas con respecto a las voluntades cubanas.

Si bien es cierto hay carcaterísticas humanitarias, el mayor elemento es la concepción internacionalista de Cuba y, para ser internacionalista, se debe interpretar a Marti, cuando este habla de que " Patria, es humanidad ", allí se entiende el concepto filosófico de la Revolución Cubana y, se entiende la simbiosis entre pueblo y revolución, desde la solidaridad prestada por esa revolución a Argelia, apenas producida de independencia de ese país con el envío de médicos al pueblo argelino.

La colaboración puesta con Guevara a la cabeza a los partidarios de Patricio Lumumba en el Congo, el apoyo al gobierno de Angola ante la agreción de Sudáfrica, logrando la independencia de Angola y, con ello la de sus vecinos, el fin del régimen racista y la libertad de Nelson Mandela en Sudáfrica, son ejemplos de luchas titánicas del pueblo cubano, que no tengo dudas, algunos dirían, utópico, imposible de lograr pero, cuando los logros son hechos concretos, esos mismos normalmente dicen " lo logramos".

Ni hablar de todo el apoyo dado a América Latina durante los procesos dictatoriales que vivimos, miles de latinoamericanos viviendo en Cuba, educándoce y haciendo uso de la salud, ni hablar del enorme apoyo dado al gobierno de Salvador Allende, como olvidar la entrega en Nicaragua con alfabetizadores, docentes, médicos, hospitales, etc. etc., puede acaso El Salvador olvidarce de Cuba?, Guatemala, la misma Honduras? acaso podemos dejar de lado todo el Caribe y la sangre cubana derramada junto a Maurice Bichop, o podemos dejar de ver la colaboración de paz, con médicos y no con tropas hoy en Haiti?, el apoyo médico a Venezuela, la entrega en la Bolivia de Evo o , el Yo Si Puedo o el Plan Milagro?

Cuanta entrega, y todo ello en medio del más brutal y prolongado bloqueo que haya vivido pueblo alguno en la historia de la humanidad. En plena cris económica, el llamado en Cuba " Período Especial ", crisis mucho más brutal que la que vivimos en Argentina en el 2001, dado que con la implosión de los países del llamado socialismo real, Cuba pierde no solo el 78 % de su comercio ( un comercio con características muy especiales ), sino que queda terriblemente aislada y bloqueada.

En esas condiciones donde aún se hace más fuerte el liderasgo de Fidel junto a su pueblo, en una actitud bellísima pero consecuente, se crea la ELAM, pero ella, tampoco es el comienzo de la solidaridad educativa de Cuba con el mundo, ya se habian graduado en Cuba 47.000 extranjeros en Universidades Cubanas.

Como entender que ante una crisis tamaña, donde debimos ser nosotros quienes ejercieramos la solidaridad y el apoyo a Cuba, ésta nos crea una Universidad que permite que hoy 1.060 jóvenes argentinos estudien solo medicina y que 93 hayan egresado con el titulo de médicos y se encuentren en nuestro país.

Hubieramos nosotros tenido tamaña actitud por ejemplo en el 2002? ó en el 2004, ó hoy en el 2007 con 47.000 mil millones de dólares en las arcas nacionales?, apenas somos capaces de firmar un protocolo adicional a la Ley 25359 de Cooperación Educativa que permitirá la Convalidación de los titulos otorgados por Cuba a ciudadanos argentinos pero que, también permitirá que otros jóvenes " necesitados " dejen sus familias, salgan del país, abandonen sus costumbres y culturas y, le traslademos la responsabilidad a Cuba de alojarlos, cuidarlos, darles de comer, asistirlos en salud y educación y, luego enviarlos a nuestro país a convertidos en profesionales médicos.

Todos nos sentimos orgullosos de que nuestros hijos estudien en Cuba, por lo que Cuba significa pero, acaso hubieramos querido tener a nuestros hijos casi siete años lejos de casa?, acaso no se nos rompe el corazón cada vez que los despedimos en el aeropuerto? acaso no hemos visto los hermanitos menores tomados de los pantalones del mayor llorando para que no se vaya?, no hubieramos querido vivir jamás tales situaciones, terminamos creando agrupaciones de padres a los efectos de contenernos, decompartir nuestras experiencias pero, fundamentalmente de contenernos, que desde allí hayan nacido otros proyectos, es otra cosa, de ello, somos responsables como ciudadanos de haber permitido en los años 80 la llamada " década perdida ", el los 90 la imposición de modelos neoliberales que llevaron a la exclusión a millones de nuestros compatriotas y, lo hemos dicho, no han sido los cláustros universitarios los que se cerraron a nuestros hijos, sino que la economía no lo permitió.

Donde queda nuestro analisis objetivo, donde queda nuestra conciencia, donde queda nuestra solidaridad que, la canjeamos por el oportunismo y pretedemos hacer ver al mundo que este logro de la firma del Protocolo es nuestro o, de determinada agrupación a de determinada organización política local?, todos quieren subirse al carro de la victoria, todos quieren subirse a la ola, pero el carro lo crearon los cubanos y el movimiento marino para construir esa ola, la hicieron los cubanos con sus enormes esfuerzos, económicos,políticos y diplomáticos.

Ahora resulta que determinada agrupación de padres, después de haber responsabilizado a Cuba por la demora en la firma del acuerdo y, en una actitud política partidaria gobiernista, pretende hacerse de los logros, no podemos olvidar que la firma se efectuó dentro de una campaña electoral que le daba al candidato de gobierno una cantidad de puntos, también resulta que se pretende mediante la prensa hacer creer que el candidato a vice presidente de una oposición obtuvo el logro.

No somos desagradecidos, al contrario, valoramos enormemente el esfuerzo y el granito de arena puesto por cada uno, valoramos la determinación política del gobierno en la firma, del esfuerzo del Ministerio y la Cansillería, de muchos diputados y muchos senadores, de intendentes, inclusive de algunos ex y gobernadores, de las casas de amistad, de profesionales etc. etc., fueron muchos los granos de arena y, a cada uno de ellos agradecemos.

Pero, quienes desarrollaron el proyecto ELAM con su actitud solidaria e internacionalista, han sido los cubanos, quienes obtuvieron el logro político de la firma de un acuerdo internacional han sido los cubanos y, quienes han sido la vanguardia en el logro de esta firma, ha sido la EMBAJADA DE CUBA en Argentina.

Será posible tanta falta de humildad?, o tendrá Cuba tanta humildad que nos permite hasta esto?

Será posible que siendo este uno de los países de punta en América Latina en medicina y en desarrollo cientíco técnico de ella, de tener la mayor cantidad de premios nóbeles en el tema, tengamos que enviar a nuestros hijos a estudiar a Cuba?.

Durante la firma del Protocolo ( a la cual asistimos, invitados por el Ministerio ), el embajador cubano dijo que era un acto de JUSTICIA y, es un acto de justicia a la enorme entrega de Cuba, es un acto de reconocimiento a la solidaridad cubana, es un acto de justicia al desprendimiento, humildad y consecuencia de la revolución cubana.

El Ministro de Educación, Lic. Daniel Filmus, dijo por su parte que eran históricas las buenas relaciones entre ambas naciones, que habia costado mucho llegar a un acuerdo y, que lo entendía, que recordaba que cuando era chico, los amigos de su padre, habian ido a Cuba, luego del inicio de la revolución a alfabetizar.

Y Uno piensa, que terrible, esta nación rica, productora de alimentos, minerales, acero, avanzada en la medicina, viajan a Cuba solidariamente ciudadanos argentinos a alfabetizar en Cuba y, cuarenta años después, enviamos a nuestros hijos a desarrollar una carrera universitaria en esa nación que fuimos a ayudar a alfabetizar, que hemos hecho en estos cuarenta años, que responsabilidades tenemos como ciudadanos y que responsabilidades tienen las altas dirigencias políticas que nos gobernaron y gobiernan.

Dejemonos de oportunismo y démosle al Cesar lo que es del Cesar, Gracias Cuba por todo lo hecho, sin ti, esos jóvenes no serian hoy profesionales médicos, ni de Educación Física, ni habrian más de mil, estudiando en tus aulas ni nosotros habriamos comprendido que los gobiernos y los pueblos son capaces de desarrollar objetivos tan humanos como maravillosos.

V. Gino Straforini

Che Guevara búsqueda, hallazgo en Bolivia y retorno de sus restos a Cuba






Regresar los restos del Che, un anhelo cumplido

Por Orlando Oramas León*, serviex@prensa-latina.cu

La Habana (PL).- Desde los primeros momentos de conocerse el asesinato en
Bolivia del comandante guerrillero Ernesto Che Guevara, los líderes de la
Revolución y el pueblo cubanos entrañaban la aspiración de regresar sus
restos, y de sus compañeros de gesta, a la isla caribeña.

A la espera de que las condiciones políticas en el país andino lo
permitieran, se fue recolectando información hasta que en 1995 se conformó
en La Habana una comisión con tales propósitos.

Dos años después, un grupo multidisciplinario encabezado por el doctor
Jorge González, entonces jefe del Instituto de Medicina Legal de Cuba,
encontraba e identificaba los restos del Che, de René Martínez Tamayo
(Arturo), de Orlando Pantoja Tamayo (Olo) y de Alberto Fernández Montes de
Oca (Pachungo), cubanos.

También de los bolivianos Aniceto Reynaga, Simón Cuba y del peruano Juan
Pablo Chang, rescatados de la misma fosa en la que pretendieron hacerlos
desaparecer junto a sus compañeros de lucha cubanos.

Se cumplían así alrededor de 600 días de ardua labor, comentaba por
aquellos días el doctor González, quien además era el rostro más conocido
del valioso equipo cubano-argentino que intensamente laboró, en territorio
boliviano, en la búsqueda e identificación de los restos.

EMPEÑO Y CIENCIA

Llegar al lugar exacto en la antigua pista de aviación del pueblo de
Vallegrande, donde fueron hallados, resultó un trabajo de casi un año, tras
investigación histórica detallada para establecer áreas de interés. En esas
zonas se aplicó la técnica: desde sobrevuelos, fotografías aéreas y análisis
de teledetección.

Técnicos cubanos hicieron un mapa de isolíneas a fin de determinar los
movimientos de tierra que se hicieron a principios del pasado siglo para
trazar la pista. Sólo así podría saberse cuáles eran los movimientos de
tierra que pudieran estar justificados y cuáles podrían apuntar a un
enterramiento.

Asimismo se realizó un levantamiento fotográfico para comparar y saber
qué árbol nació, cuál no nació, qué zanja se llenó, cuál se abrió. Toda una
dinámica de suelo que incluyó la caracterización de la geografía del valle
de Vallegrande desde 10 mil años atrás, para descubrir cómo se formó, cuáles
eran las piedras que estaban desde entonces, las que no tenían que estar, de
dónde venían los corrimientos de piedras, las tierras cuáles eran.

Se clasificó el suelo, el PH, el color, todos los elementos geoquímicos,
metro a metro, dentro de la pista. Se llegó así a una certeza científica de
donde podía estar enterrado el legendario revolucionario y combatiente. Fue
tal el convencimiento que, aunque el terreno se dividió en 12 áreas, de
ellas empezaron a cavar por la número siete, donde estaban enterrados.

Los que buscaban en Vallegrande y otros lugares de la geografía boliviana
incluían al también médico forense Héctor Soto, la historiadora María del
Carmen Ariet, el arqueólogo Roberto Rodríguez, entre los cubanos; Patricia
Bernardi, Alejandro Inchaurregui y Carlos Somigliana, los argentinos.

Pero aquel grupo no estaba solo. En Cuba un grupo de trabajo, que integró
a más de 15 instituciones y más de 50 especialistas, brindó una contribución
de gran valor científico.

¡ LO ENCONTRAMOS !. "Cuando yo digo esto sólo veo los restos de una
persona", - refirió entonces a este cronista el doctor Jorge González.

"El que yo encuentro es Aniceto Reynaga, boliviano. Yo no veo al Che, que
está al lado. Soto me dice: ¡ Mira, aquí hay más ! En eso regresa Roberto, el
arqueólogo cubano, a quien yo había mandado a ponerse un abrigo, pues había
cuatro grados de temperatura y estaba lloviznando. Las nubes estaban sobre
nosotros y casi no se veía. Roberto se tira del carro y se da cuenta. Se
abraza con nosotros. Luego nos controlamos e hicimos lo que debía hacerse:
preservar el lugar, cercarlo, no tocar nada. Entonces llamé a Cuba".

LA IDENTIFICACIÓN

Una de las últimas fotos que se le toma al cadáver del Che, en la
lavandería vieja del hospital de Vallegrande, lo muestra con el torso
desnudo y el brazo izquierdo dentro de la manga de una chamarra militar.
Viste un pantalón verde olivo y cinturón negro. Los restos del Che
conservaban el capote y el cinto.

Las osamentas que corresponderían al guerrillero cubano-argentino no
presentan las de manos, que le habían sido cortadas por órdenes de quienes
dispusieron su muerte en la escuelita de La Higuera. El examen forense
preliminar confirma las protuberancias superciliares características del
Che. También se corrobora la ausencia de un molar, dos datos fundamentales
para la identificación.

Tras la exhumación tuvo lugar, en el hospital Japonés de Santa Cruz de la
Sierra, la ardua y meticulosa labor de identificación, que en el caso de los
cubanos fue facilitada por datos en mano del grupo investigador.

En presencia de decenas de periodistas bolivianos y extranjeros, se
confirmó la identificación de los caídos y se hizo la entrega de los restos
a los familiares o representantes el 14 de julio de 1997.
Se puso en manos del fiscal y el forense bolivianos, encargados del
proceso legal, 10 carpetas que incluían informe arqueológico,
antropométrico, datos generales, radiografías, en fin, todos los elementos
que apuntaron a la coincidencia entre la información y los restos
identificados.

Allí se conoció que salvo el Che, el resto de los compañeros presentaban
impactos de bala en el cráneo, lo cual apunta a que fueron rematados después
de caer en combate.

El Comandante Guevara, ametrallado, tenía numerosas fracturas, incluidas
las lesiones sufridas en su último combate, el 8 de octubre de 1967.

Los que entonces le asesinaron cobardemente para intentar silenciar su
ejemplo, son los mismos que hoy alientan y propalan mentiras sobre la
identidad de los restos que celosamente se guardan en el Mausoleo del Che
Guevara, en la ciudad cubana de Santa Clara, donde tropas bajo su mando
dieron un mortal golpe a la dictadura de Batista en diciembre de 1959.

*El autor, actualmente subdirector del periódico cubano Granma, fue
enviado especial de Prensa Latina a Bolivia en julio de 1997.

Homenaje a Vilma Espín esposa de Raúl Castro Cubana Revolucionaria Solidaria Trascendente Admirable Homenaje por su deceso





VILMA ESPIN
LA MUJER NUEVA EN LA REVOLUCION
Stella Calloni
La desaparición física de Vilma Lucila Espín Guillois, conocida por todos como Vilma Espín, dejó un vacío muy hondo en los movimientos de mujeres en el mundo, porque ella fue una de las grandes figuras históricas de la Revolución Cubana y un modelo de heroísmo, coherencia revolucionaria, solidaridad , humildad y amor a la humanidad.

Vilma falleció en La Habana después de una larga enfermedad a los 77 años rodeada por el amor de su pueblo y su familia. Esposa de Raúl Castro Ruz, presidente en funciones de Cuba y comandante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, Vilma Espín fue descripta por el Partido Comunista de su país como una “heroína de la de la clandestinidad, combatiente destacada del Ejército Rebelde e incansable luchadora por la emancipación de la mujer y la defensa de los derechos de la niñez.,”

Nació en Santiago de Cuba el 7 de abril de 1930 y aunque pertenecía a una familia adinerada de Cuba, desde joven Vilma asumió posiciones políticas revolucionarias y después del golpe de Fulgencio Batista, en 1952 participó activamente en las manifestaciones y protestas estudiantiles contra la dictadura.
Desde esos momentos colaboró con otro inolvidable héroe de la Revolución cubana, Frank País, quien fundó varias organizaciones de lucha.

Vilma Espín integraba Acción Nacional Revolucionaria, cuando esta organización se unió al Movimiento 26 de julio surgido después del frustrado asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.

“El asalto al Moncada” en 1953 liderado por Fidel Castro es considerado como el inicio de la revolución.
En esos momentos difíciles Vilma puso su casa como refugio para los jóvenes revolucionarios perseguidos por la policía batistiana, y así logró salvar a muchos compañeros de una muerte brutal.

En los tiempos en que el comandante Fidel Castro, su hermano Raúl y otros revolucionarios estaban exiliados en México, Vilma Espín viajó a ese país, para reunirse con ellos, recibir instrucciones y llevar mensajes para sus compañeros en su trabajo clandestino .

El 30 de noviembre de 1956 participó con Frank País en el levantamiento armado en Santiago de Cuba, para apoyar a los expedicionarios del Granma. Otra vez su casa se convirtió en cuartel general del movimiento revolucionario en Santiago.
Integró la Dirección Nacional del Movimiento 26 de julio y fue Coordinadora Provincial de la organización clandestina en Oriente.

Estuvo al frente de estas tareas hasta que debió pasar a la clandestinidad absoluta bajo la persecución de la dictadura y se incorporó al ejército rebelde en junio de 1958 como delegada de la dirección nacional.

Allí surgió la legendaria guerrillera del II Frente Oriental Frank País. También fue coordinadora del movimiento clandestino de Oriente y combatió junto a Raúl Castro y otros líderes revolucionarios.

En 1959 al triunfo de la revolución Vilma- que durante su lucha clandestina utilizó los seudónimos de "Débora", "Alicia", "Mónica" y "Mariela"- se casó con Raúl Castro con quien tuvo cuatro hijos: Débora, Mariela, Nilsa y Alejandro.

Había estudiado Ingeniería química y en los tiempos en que se preparaban nuevas etapas de la lucha de liberación fue a Estados Unidos, bajo orientación de la dirección del 26 de julio. Hizo un curso de postgrado en Estados Unidos en el Massachusetts Institute of Technology

En los primeros tiempos de la Revolución en 1959, cuando realizaba innumerables tareas, a instancias de Fidel Castro unificó las organizaciones femeninas, creando la Federación de Mujeres Cubanas(FMC). Como presidenta de esa organización hasta su muerte, desempeño un trabajo extraordinario, cuyo ejemplo se extendió al mundo.

Integró el Comité Central del Partido Cpmunista desde su fundación en 1965 y en 1980, en el Segundo Congreso del Partido, fue elegida como miembro suplente del Buró Político.

En el tercer Congreso fue promovida a miembro efectivo de esa instancia, responsabilidad que desempeñó hasta 1991.

Fue Diputada a la Asamblea Nacional desde su primera legislatura y miembro del Consejo de Estado desde su constitución.
Vilma presidió la Comisión Nacional de Prevención y Atención Social, y la Comisión de la Niñez, la Juventud y la igualdad de derechos de la Mujer de la Asamblea Nacional del Poder Popular.
Los momentos de gloria y dificultades de la lucha y la Revolución la encontraron junto a sus también heroicas compañeras, Haydeé Santamaría y Celia Sánchez Manduley, compañeras en las montañas y dirigentes invaluables del proceso revolucionario, que murieron en distintas circunstancias en 1980.

La FMC se convirtió en la mayor organización femenina de masas, con más de cuatro millones de afiliadas, casi el 90 por ciento de las mujeres mayores de 14 años en todo el país y jugó papeles muy importantes en la lucha en defensa de Cuba revolucionaria y en el mundo.

Esta pequeña biografía trazada a grandes rasgos nos muestra a una mujer extraordinaria cuya vida fue la revolución, entendida esta como una acción integral de y por la humanidad.

La dialéctica de su pensamiento y acción es un espejo donde mirarse siempre, para ver esa mujer nueva que pudo engendrar, con tantos y tan maravillosos prismas.

Para quienes la conocimos, aún cuando fuera muy fugazmente, ella era una mujer de extraordinaria sencillez, que nunca mencionaba su gloriosa vida de combatiente, que hablaba con especial dulzura y humildad y detrás de cuyos gestos se adivinaba una sólida cultura y una profunda humanidad.

Cada reclamo de la humanidad la encontró siempre en el lugar preciso con su enorme sentido también revolucionario de la justicia. Vilma Espín trascendió su mundo y su país. Es a esta mujer que queremos recordar en un acto sencillo, profundo y solidario, como lo fue ella.

Homenaje a Vilma Espin

el lunes 27 de agosto a las 19 horas en el Centro Cultural de la Cooperación

Av. Corrientes 1543, C,A. de Buenos Aires


Invita: Comisión de Homenaje

Pastores por la Paz Religiosos de Canadá, Estados Unidos viajan a Cuba desafiando el bloqueo para ayudar por amor al semejante gran ejemplo





Religiosos norteamericanos viajan llevando ayuda a Cuba

Caravana de Solidaridad viaja a Cuba
TAMPICO, MÉXICO, 19 de julio
(PL).— Poemas y canciones fueron antesala del arribo a este puerto del mexicano estado de Tamaulipas de la XVIII Caravana de Solidaridad Estados Unidos-Cuba, que con su mensaje de amistad viaja hoy a la isla.
A manera de bienvenida, más de 300 personas se dieron cita anoche en la Plaza de la Libertad en un acto en el que participaron artistas locales, que hicieron bailar a los presentes al compás de contagiosos ritmos como el son y el rock.
Los cerca de 150 caravanistas llegaron al filo de la medianoche y de inmediato se dirigieron al muelle para descargar las más de 60 toneladas de ayuda humanitaria con la que desafían el bloqueo impuesto por Washington a Cuba.
Víctor Vargas, coordinador en México del grupo Pastores por la Paz, explicó a Prensa Latina que los activistas, procedentes de Estados Unidos, Canadá y otras naciones, viajarán este jueves a Cuba por vía aérea, y a ellos se unirán decenas de mexicanos.
Vargas explicó que la víspera, al cruzar la línea fronteriza por la ciudad de Reynosa, en este mismo estado, las autoridades aduanales estadounidenses decomisaron 12 computadoras a la caravana, encabezada por el reverendo Lucius Walter.
El grupo Pastores por la Paz afronta de esa manera el bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra Cuba y las restricciones que para viajar a la isla impone actualmente el gobierno de George W. Bush.
GRANMA

Sacerdote argentino Christian Federico Von Wernich , Jorge Bergoglio, Andrés Stanovnik, ex Capellán de la Policía de Buenos Aires Genocidio divino





LO QUE VA MOSTRANDO EL JUICIO A VON WERNICH

El capellán era cómplice de los crímenes, pero la Iglesia tuvo mucho que ver

Después de cuatro años de detención el cura Christian Von Wernich está sentado ante el tribunal platense por siete crímenes, 42 casos de privaciones de la libertad y 31 de torturas. Está en el banquillo pero la cúpula de la Iglesia, en capilla.

EMILIO MARÍN



Nadie podrá discutirle a Von Wernich el triste honor de ser el primer cura de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana –como se presentó el 5 de julio ante los jueces- en ser juzgado por violaciones a los derechos humanos durante la dictadura. Habrá que aguardar unos tres meses de audiencias pero todo indica que también podrá decir que fue el primero en ser condenado.

Es que las pruebas colectadas en su contra son muy numerosas y sólidas. Desde la publicación del “Nunca Más” o informe de la Conadep y el clásico de Emilio F. Mignone sobre el tema, “Iglesia y dictadura”, los testimonios vertidos en el “Juicio por la Verdad” en La Plata (1998), etc, se tenían evidencias que incriminaban a quien con el grado de oficial subinspector sirvió de capellán al general Ramón Camps entre 1977 y 1978, a la sazón mandamás de la Policía Bonaerense.

“Es la personalidad y son las declaraciones y la actuación de Von Wernich las que lo han hecho conocer y constituir en una suerte de paradigma de clérigo fascista, identificado con las fuerzas armadas y colaborador de la represión ilegal”, se lee en el libro de Mignone, fundador del Centro de Estudios Legales y Sociales.

Incluso declaraciones de ex policías como Julio Ehmed lo ubicaron como pieza necesaria de la maquinaria de aniquilamiento. El ex represor contó un operativo donde fueron ultimados varios prisioneros a los que Von Wernich había bendecido y que estaban engañados sobre que serían sacados del país. Murieron a golpes en sendos vehículos y con inyecciones letales puestas por el médico policial Jorge Bergés. La ropa de los represores y del propio cura había quedado ensangrentada, y el ánimo de los mismos estaba afectado. “Me dijo que lo que habíamos hecho era necesario para bien de la Patria, que era un acto patriótico y que Dios sabía que lo que se estaba haciendo era para el bien del país”, relató Ehmed respecto a la reconfortación recibida del capellán.

Esos crímenes de militantes son parte de la acusación contra el cura, que en octubre del año pasado hizo la fiscalía platense a cargo de Sergio A. Franco ante el juez Arnaldo Corazza que entiende en la causa “Circuito Camps”. La acusación contiene en total 7 asesinatos, 42 privaciones ilegítimas de la libertad y 31 torturas. El núcleo de lo planteado por el fiscal Franco es que el procesado “realizaba más que considerables aportes para mantener esa situación (de privaciones ilegítimas de la libertad) e imponía tormentos principalmente psicológicos y morales a los prisioneros que, conjugados con las condiciones torturantes de detención y los padecimientos físicos, terminaban por constituir un cuadro decididamente horroroso”.

El acusado estuvo cuatro años detenido. De éstos, solamente dos meses estuvo alojado en una cárcel común. Todo el otro tiempo disfrutó de condiciones excepcionalmente leves de detención en la Unidad Antiterrorista de la Policía Federal. Tenía allí “prerrogativas netamente diferenciales respecto del resto de los detenidos a disposición de este Tribunal”, según Carlos Rozanski y otros dos jueces que en mayo último ordenaron el cambio de lugar de detención.



¿Quiénes son los cristianos?

A pesar de haber transcurrido impune casi treinta años de sus crímenes, de colaboraciones con los criminales, de chantaje a los prisioneros en el “circuito Camps”, etc, y luego haber sido detenido como preso VIP, Von Wernich continúa sin arrepentirse. No pide perdón y sobre todo no dice la verdad sobre lo que ocurría en la Comisaría Quinta de La Plata, la Brigada de Investigaciones de esa ciudad, el “Puesto Vasco”, el denominado COTI de Martínez y la Brigada de Investigaciones de Quilmes.

Más aún, en una de las cartas que estando preso distribuyó por medio del grupo autotitulado “Grupo de amigos de la verdad histórica”, acusó a los testigos que lo incriminan –muchos de ellos sobrevivientes de los campos de concentración- de “mentirosos” y a la propia justicia que entiende en su causa, de ser falaz y dependiente de un gobierno casi ¡castrista!

Decía esa misiva fascistoide hecha circular por personajes ídem, como Cecilia Pando: “está montado toda una telaraña de falsos testimonios, que serán puestos como verdaderos en el juicio oral o tribunal popular al mejor estilo Cubano-Venezolano y en el circo periodístico, que ya redactó la condena, para justificar la persecución, una vez más, a la Iglesia que estamos viviendo en el gobierno actual”.

Cuando las audiencias efectivamente comenzaron, el 5 de julio último, Pando y otros miembros de su asociación pro libertad a Jorge R. Videla concurrieron al tribunal y dieron apoyo al ex capellán. Es más, declararon que todo era un “circo romano” y que “el padre es inocente”.

La alusión al circo romano no era una originalidad de la esposa del mayor Mercado. En otra carta del cura, de marzo de este año, él se ponía como supuesta víctima: “a ese 'tribunal popular' pronto entraré como entraban los cristianos al Coliseo romano, para ser también devorado. Ya han encontrado su presa ideal para despedazar. Esa presa deseada soy yo, Christian Federico von Wernich, sacerdote de la Iglesia Católica y ex capellán de la policía de Buenos Aires durante los años 1975-1985”.

La referencia al circo de Roma es la peor defensa que pudo esgrimir el acusado. En 1976-1983, él y no sólo él, también la cúpula de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, eran socios del terrorismo de Estado. Eran los cómplices del emperador Videla que levantaba los pulgares en el Monumental mientras los cristianos eran torturados en la Esma, Campo de Mayo, El Vesubio, etc, y luego arrojados al mar. Que Von Wernich no se haga el santo porque él daba de comer a los leones. Los cristianos eran los 30.000 desaparecidos a los que él sacaba información y la pasaba a los verdugos, a los que luego eximía de sus pecados.



Otras responsabilidades

En las pocas audiencias llevadas a cabo hasta hoy (dos por semana), el acusado se negó a declarar, que es su derecho pero en este caso puede leerse como falta de voluntad de aportar al esclarecimiento de los hechos que se le imputan y arrepentimiento cero.

En cambio una serie de testigos han declarado en forma coincidente que lo vieron en los campos de exterminio ya enumerados, que los presionaba para que colaboraran con los represores, que los detenidos que aceptaban su “asistencia espiritual” terminaban interrogados con más datos por los dueños de la picana o bien masacrados como los del relato de Ehmed (una de las víctimas era hermano de Mona Moncalvillo, directora de Radio Nacional).

El capellán no fue una excepción dentro de la Iglesia. Más bien que lo fueron los obispos que actuaron en sentido contrario, como Enrique Angelelli, Carlos Ponce de León, Miguel de Hesayne y curas como Carlos Mugica o las monjas Leonie Duquet y Alice Domon.

Ese no fue una complicidad de la Iglesia que se limitara a los años del terrorismo de Estado o ya en democracia, cuando rebautizó a “Christian González” y lo envió a dar misa a El Quisco, en Chile. Aún hoy esa institución sigue protegiendo a esos personajes. En mayo último el cardenal Jorge Bergoglio se quejó de que la iglesia era objeto de persecuciones, lo que sonó a defensa del cura que iba a juicio. Iniciado este trámite, un comunicado de la Conferencia Episcopal reivindicó al acusado como presbítero. El 10 de julio, el obispo de Reconquista, Andrés Stanovnik, manifestó: “tengo entendido que el padre Von Wernich está acusado, no condenado, entonces habrá que esperar el veredicto de la justicia”.

En lo formal, las palabras de Stanovnik son impecables: nadie es culpable hasta que se demuestre judicialmente. Pero es una media verdad porque desde 1976 el capellán está condenado moral y políticamente; y lo hubiera estado también judicialmente si en el país no hubiera habido semejante manto de impunidad.

Si en octubre condenan al confesor de Camps, es muy posible que la Conferencia Episcopal retome la monserga de que en el país hay “revanchismo”, que “se mira al pasado con un solo ojo” y que se impone la “reconciliación de los argentinos”. A esa postura política se sumará alborozado el batallón de dinosaurios, retirados, que ha comenzado a ser juzgado en la figura de Cristino Nicolaides y los responsables del Batallón de Inteligencia 601. Gran parte de la Cruz y de la Espada, obstruyendo a la Justicia.

Enrique Acevedo González Fidel Castro el Che Guevara la guerrilla en Sierra Maestra un joven de 14 años Cuba hoy General




General de Brigada Enrique Acevedo González
Quedé anonadado con aquello que me dijo Fidel
Enrique Acevedo González es una persona fácil de conversación. Sin embargo, con él la entrevista no resultó fácil. ¿Motivo? Es autor de un excelente libro: Descamisados, donde narra los principales acontecimientos de su vida. Con solo catorce años de edad se incorporó al Ejército Rebelde en la Sierra Maestra. Perteneció a la Columna 8 Ciro Redondo comandada por Ernesto Che Guevara. Participó en varias acciones. Es herido en el combate de La Federal. Traté de husmear en aspectos de su existencia poco conocidos. Es el segundo de cuatro hermanos. Nació el doce de agosto de 1942 en Caibarién, al norte de la antigua provincia de Las Villas, hoy Villa Clara. Su padre vino de España huyéndole al cumplimiento del servicio militar que debía pasar en Marruecos, donde las bajas españolas eran muy altas. Era un hombre apolítico, aunque sentía discretas simpatías por el general Francisco Franco. Al principio de la dictadura de Fulgencio Batista, decía en broma a sus hijos: Ustedes los cubanos necesitan una mano dura: Franco en España y Batista en Cuba. Lo que provocaba serias discusiones en la casa. Inclusive su madre, en señal de protesta, se levantaba de la mesa y se retiraba. Ella sentía una gran admiración por Antonio Guiteras. Siempre lo vio como al gran líder de la Revolución de 1933. Ese sentimiento patriótico se lo inculcó a sus hijos
LUIS BÁEZ
—¿Cómo surgió su libro Descamisados?
—Una tarde le comenté al compañero Raúl Castro que estaba pensando escribir sobre la guerra. Inmediatamente me mandó a buscar una grabadora, un grupo de cassettes, pilas y me dijo: "Trabaja".
En un acto de las FAR junto al Comandante en Jefe.
Con esa misión me fui nuevamente para Angola. Cuando la guerra de patrulla en la frontera disminuyó comencé a trabajar. Hablé con mis compañeros.
Les planteé que de dos a cinco de la tarde, a menos que vinieran los sudafricanos, la aviación, o una visita del mando superior, no me molestaran.
Todos me ayudaron. Era Jefe de la 40 brigada de tanques de Donguena.
—¿Qué método empleó?
—Busqué distintas variantes: grabé. Pasé a máquina lo grabado. Me percaté de que no era coherente. Estuve casi una semana tratando de escribir. No salía, no salía, de ninguna forma. Al fin empezó a salir. Lo redacté a lápiz.
—¿Qué técnica se propuso darle al libro?
—Una técnica no digamos irrespetuosa, sino juguetona. El libro no es irreverente ni nada por el estilo. Se sale un poco de lo clásico, de los cánones.
Se plantea la cruda y real verdad de una guerrilla donde hay gente buena, regular, mala. Hay quienes van a buscar aventuras, otros a medrar.
Traté de que no fuera teque ni que tuviera consignas, sino que fuera algo fresco. ¿Hay algo más fresco que contar la realidad? El libro tiene un mensaje central: hay que tener fe, hay que tener confianza en los jefes y en la victoria. Fueron 8 meses de intenso trabajo.
—¿Antes de su publicación le hicieron observaciones?
—Sí. Cuando consideré que estaba terminado busqué a tres muchachos reservistas con nivel universitario. A cada uno le di un ejemplar. Me hicieron observaciones muy saludables. Me ayudaron enormemente. Recogí esos señalamientos y reorganicé el libro.
También le entregué copias a varios compañeros. Algunos me transmitieron comentarios muy atinados.
—Entonces, ¿no hubo dificultades?
—Sí. Algunos compañeros de trabajo no entendían el libro. Lo veían como algo fuera del icono oficial. Como si fuera una irreverencia. Uno de ellos me hizo 192 señalamientos. Sus intenciones eran buenas. No me sentí derrotado.
Cuando rompes los esquemas rápidamente te ponen el sambenito. Eres mirado como hereje. Hay que tener una gran visión y un pensamiento muy amplio para poder interpretarlos.
Si te riges siempre por el mismo esquema estereotipado, de repetir las cosas, llega el momento en que los buenos son repulsivamente buenos y los malos espantosamente malos. Eso no es creíble.
En los buenos hay gente problemática. Entre los buenos hay problemas, dificultades, roces, contradicciones tal vez no antagónicas.
—¿Cómo pudo vencer esos inconvenientes?
—De una manera inesperada. Le había enviado el libro a Vilma Espín. Resulta que Raúl lo vio en la mesa de noche. Se puso a leerlo. Lo leyó de un tirón. Le pareció bueno. No me cambió nada. Solo me aclaró algunas fechas.
Igualmente se lo leyó Ulises Rosales. También estuvo de acuerdo en su publicación. La batalla había sido ganada.
—¿Qué hizo usted después del 1 de enero de 1959?
—Como miembro de la columna 8 Ciro Redondo que comandaba el Che, llegué a La Cabaña. Sobre ese tema estoy escribiendo. Aquel aluvión de guerrilleros, campesinos, obreros, soldados victoriosos que en su mayoría nunca había estado en la capital. Recibidos con enorme cariño. Eso tiene una faceta muy interesante.
Hay muchas cosas bonitas de las que no se ha hablado. Por ejemplo: cómo fueron los primeros días dentro del campamento de La Cabaña conviviendo con el ejército de Batista que se mantenía armado.
Cómo se llevó a cabo la depuración de esas fuerzas armadas.
Cómo se fueron licenciando paulatinamente los soldados de la tiranía.
Cómo se mantuvo hasta el final una buena cantidad de oficiales que nos fueron transmitiendo el mínino de conocimientos que necesitábamos.
—¿Con qué grados llegó a La Habana?
—Llegué de Primer Teniente. Fui asignado a la jefatura de la compañía de infantería del tercer batallón. Como Jefe de Compañía, realmente no tenía la menor idea de como había que comportarse. Las fuerzas estaban integradas por una parte, del ejército Rebelde y otra de soldados de la dictadura.
Por suerte para mí había un sargento mayor que en las mañanas, diez minutos antes de enfrentarme a la tropa, me daba toda una metodología: "Mi Teniente usted se para ahí como una vela. Yo llego. Le rindo el parte y usted me dice que comience la instrucción. Da media vuelta y se retira. Yo me sentía como un perfecto títere".
En el mes de mayo llegó el licenciamiento muy honroso del sargento. Entonces me las tuve que ver solo, con lo poquito que había aprendido en esos cuatro o cinco meses. Ahí realmente fue cuando comencé a tener control de la compañía.
Digo esto porque es una faceta muy interesante. Me gustaba la carrera militar, pero no tenía la más mínima idea de cómo era la vida dentro de un campamento: regido por un horario, con formaciones muy específicas, arriar la bandera, toques, cómo llevar a cabo la vida cuartelaria. En eso nada más que estuve cinco meses.
En el mes de junio mi compañía fue sacada de La Cabaña. Organizamos un periplo de caminatas que se iniciaban en La Habana, Ceiba del Agua, la loma del Brujo, el Rubio, la Sierra de los Órganos. Después regresábamos a nuestra guarnición provisional que era en Ceiba del Agua.
—¿Pensó en algún momento dejar el ejército?
—Nunca. Sí me pasó por la mente entrar en el primer curso de la Escuela de Cadetes, pero al conocer el rigor como funcionaba no me atreví a dar el paso. Preferí estar dos o tres años primero en la tropa y aprender sobre la marcha.
—¿Llegó a cursar escuelas militares?
—Varias. Empecé en 1961 por la de Matanzas. Una escuela muy exigente. Su Director era el Comandante José Quevedo. Ahí permanecí seis meses.
En la antigua Unión Soviética pasé un curso rápido para jefe de batallones, en el que te preparaban, entre otras asignaturas, en la conducción y el tiro de tanque. Es el más interesante de todos los cursos en que he estado. Ahí aprendí todo lo que tiene que saber un jefe de compañía, de batallón.
También estuve en la Escuela Superior de Guerra y en la Voroshilov.
He sido Jefe de División de Infantería, Jefe de Brigada de Tanques. Durante veinticuatro años he estado al frente de tropas.
—¿Notó alguna diferencia entre el Che gobernante y el guerrillero?
—Ninguna. Cuando él entró en La Cabaña, lo primero que hizo fue un reanálisis de los grados que ostentábamos. Aquello fue muy interesante. Ahí no solamente estaba la tropa del Che. Había capitanes que entraban a su oficina y salían de tenientes. Capitanes que salían de soldados.
Así fue valorando uno por uno a todo el mundo. Puso orden. Esto era producto de la rebatiña loca que se armó en la auto- designación de grados en los primeros días del triunfo.
Normó la vida sin copiar exactamente el patrón del ejército derrotado. No asimiló totalmente todo el mecanismo del régimen que existía dentro del campamento, pero si respetó algunas cosas: la hora de entrada, salida, el tipo de pase, en la forma que debía vestirse el personal. Poco a poco fue civilizando a la tropa.
Uno de los primeros problemas con que tropezó fue a la hora de salir los combatientes por primera vez a visitar a sus familiares.
—¿Cuál fue el problema?
—La mayoría quería llegar a sus pueblos de origen portando sus armas. Se dio una reunión en el teatro de La Cabaña. Che se negó de plano.
Fustigó severamente algunos que habían levantado su voz de forma levantisca e indisciplinada pidiendo que se les dejara ir con las armas.
Tenía toda la razón. Te imaginas lo que habría sido cuatro o cinco mil hombres armados regados por todo el país, con deseos de divertirse, después de llevar algunos años o meses en la guerrilla. Hubiera sido muy peligroso.
—¿Cómo fueron sus relaciones con el Che?
—Realmente debo confesar que no fui inteligente en las relaciones con él.
No digo resentido, pero sí algo dolido por haber pasado primero por la desgracia de los descamisados, después no entendía su sentido del humor.
Cada vez que me veía usaba una broma cáustica lo cual, como es lógico, levantaba ronchas.
—¿Recuerda alguna?
—En una ocasión estábamos en un trabajo voluntario construyendo bloques. Siempre me mantenía alejado de él, huyéndole a sus pullas irónicas. Se acercó. Se quedó mirándome. Me dice: "Vos todavía sigues siendo primer teniente".
Le respondí: "Mire, Che, usted sabe que a los pendejos no se les asciende". Me contestó: "Es raro, es raro. Los guatacas siempre prosperan". La gente echó una carcajada.
Me quedé así mirándolo y pensé: "Este hombre me odia, me vacila, me ha cogido para el trajín, qué coño tiene contra mí. ¿Qué le habré hecho?
Todo lo que él me decía lo tomaba muy en serio. Fuera lo que fuera. El humor de él era muy difícil de entender. Ácido. Cada vez que me veía me fustigaba. Nunca lo hacía con un tono malo sino jocoso.
Yo me encarroñaba porque lo tomaba como una burla hacia mi persona. Me sentía disminuido. En esa época tenía diecisiete años.
—¿Usted trabajó con él?
—Sí. En 1960 me fui a trabajar con él al departamento de Industrialización del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA). Estaba en el Departamento de Compras. Ahí me pasaron cosas terribles.
—¿Como cuáles?
—A los quince días de estar trabajando fui citado por el Che a la una de la madrugada al Banco Nacional. Ya él era Presidente de esta institución.
—¿Para qué lo citó?
—Para destituirme.
—¿Cuál fue la causa?
—Había comprado varios camiones, jeeps... pero hubo necesidad de conseguir dinamita.
Me encontré que tenía dos opciones: comprarla en la compañía Niágara en Estados Unidos o en una canadiense.
Consulté con algunos de los que me asesoraban. Llegamos a la conclusión de que si se la adquiríamos a los norteamericanos nos ahorrábamos una semana de viaje. Decidí traer la dinamita de Estados Unidos.
Al entrar en su despacho no me mandó ni a sentar. En una forma bastante educada me dijo: "Usted es un cretino o no sabe lo que está haciendo. ¿Quién lo orientó a comprar la dinamita en Estados Unidos?" Le argumenté que las minas de Oriente estaban c
asi al parar y que era necesario traer la dinamita con rapidez. Me escuchó. Solo me respondió: "Estás destituido".
Entonces me preguntó: "¿Qué te gustaría estudiar?" De repente vi una luz en medio del túnel. Le respondí: "Geología".
Me dijo: "Está bien, Geología. Bueno, ve mañana a ver a José Rebellón para que te inscriba en la Universidad y empieces a estudiar Geología.
Le expliqué que solamente tenía aprobado hasta el segundo año de bachillerato. Me precisó: "Te vamos a preparar, despreocúpate. Eso sí. Hay una condición, tú no puedes sacar un año normalmente. Tú estás castigado. Por lo tanto tienes que sacar dos o tres años en uno".
Me dije para dentro de mí: "¡Coño!" Al despedirme, sonriente, me manifestó: "Inténtalo, inténtalo".
Como realmente esperaba que me mandara para Guanahacabibes, donde él enviaba a los que cometían errores administrativos, me fui muy contento.
—¿Finalizó los estudios?
—Antes de presentarme en la Universidad me estuve preparando durante unos cinco meses. El examen de Geología era muy fuerte. Entonces Rebellón me aconsejó que hiciera el primer año de la carrera Administrativa.
Era una carrera mucho más fácil. Solo duraba tres años. Hacía el primer año de la carrera Administrativa y después automáticamente me cruzaba para Geología.
Era el puente más fácil de realizar. Como no era buen estudiante, aprobé un año nada más.
—¿Qué sucedió?
—En aquellos tiempos estaba todavía convaleciente de un accidente que tuve en 1959. Usaba muletas, bastones. Estaba imposibilitado. Tenía que ir a cobrar a Oriente. A veces me giraban el dinero.
Ahí mis compañeros me recriminaban de que era un oportunista, un vive bien, un descarado. Me acosaban. Al final, me dejaban ir con gran cariño pero siempre lanzándome pullas.
Cuando trasladaron nuestras unidades a la limpia del Escambray me sentí culpable de estar estudiando mientras que mis compañeros estaban combatiendo a la contrarrevolución.
Decidí dejarlo todo. Fui para el Escambray y me incorporé a la lucha contra bandidos.
—¿Por la libre?
—Sí. Por la libre. El Che no me autorizó. Mi hermano Rogelio estaba de jefe de un sector en el Escambray. Permanecí casi siete u ocho meses en la lucha contra bandidos.
—¿Usted ha dependido mucho de su hermano?
—En realidad, no. Algunas veces le he pedido ayuda, como cuando me fui para la limpia del Escambray. Hemos trabajado juntos muy pocas veces. Nos llevamos muy bien.
Pienso que cada cual tiene su vida, su forma de ser, de enfocarla, analizarla.
Como norma, nunca hemos coincidido, excepto en la Sierra Maestra y el Escambray.
En las misiones internacionalistas tampoco coincidimos. Hay una gran afinidad, un gran cariño, pero no hay dependencia ninguna. Te lo confieso.
—¿En alguna ocasión el Che le preguntó si terminó los estudios?
—Nunca. Por suerte. Siempre he pensado que esa ha sido una de las razones por la que me aislaba, me escondía de él.
Siempre estuve temeroso de que me preguntara sobre ese tema. Inclusive, guardé mis notas por si algún día él me preguntaba, poderle decir que había aprobado el primer año.
—¿Idealizó al Che?
—Sí. Fíjate que estaba en la Columna 1 y cuando dijeron que el Che iba a marchar a Las Villas, automáticamente salté, pedí, grité y me incorporé de nuevo a su Columna. Tenía alma de masoquista.
Había sido mi primer jefe. El tipo admirado, duro, abnegado, exigente, humano; que siempre había deseado conocer.
Nunca pude entender su humor. Ahora con más madurez me doy cuenta que era una forma de manifestar su afecto. Realmente el que no tenía sentido del humor era yo.
—El Che y Camilo se llevaban muy bien...
—De lo mejor. Eran relaciones deliciosas. Pienso que a veces llegaban a ser incómodas para el Che.
—¿Por qué?
—El Che se había cubierto con una coraza protectora ante esta idiosincrasia nuestra que es el choteo, la jodedera, la vaciladera cubana. Por lo menos esa es mi impresión.
Cuando veíamos como Camilo lo trataba nos quedábamos espantados. Recuerdo que en una ocasión este se puso a fastidiarlo. El Che se le quedó mirando y le dijo: "Camilo, recuerda que están mis hombres presentes". Entonces se retiraron abrazados.
Me desconcertaba aquella relación tan extraña, de un afecto, un cariño muy profundo, de mucha compenetración. Real-mente se querían como hermanos.
—¿Trató a Camilo?
—Lo que más hice fue escucharlo, admirarlo. Lo perseguía continuamente, discretamente, para no ser rechazado.
Era muy sociable. Cada vez que había un acto, un guateque, me sentaba a su lado, en ocasiones metía la cuchareta.
Cosa que no podía hacer con el Che por el gran respeto que sentía hacia él.
También le tenía respeto a Camilo, pero era de un carácter distinto al Che.
—¿En que época estuvo en Angola?
—En 1977. Ya había terminado la primera guerra. Pude estar en los límites con Katanga cuando franceses, marroquíes y zairenses amenazaron la frontera.
Después fui por segunda vez en los años 1987-1988, cuando la agresión sudafricana en la provincia de Kunene.
—¿Qué recuerdos guarda de su misión internacionalista?
—Realmente cuatro años y medio fuera de la Patria no son fáciles. En Angola sabíamos que era necesario hacerlo.
No era una tarea grata. A veces aburrida. Proteger las fronteras contra incursiones y violaciones del enemigo. La parte más interesante fue la segunda misión.
—¿Qué lo llevó a esa conclusión?
—Es cuando comenzamos a proteger, ayudar y colaborar con los compañeros de la SWAPO.
Empezamos dentro del territorio de Angola a llevar acciones combativas contra el 101 batallón, el 66 grupo táctico y el batallón Buffalo. Le digo batallón pero realmente era un regimiento, tenía once compañías.
Ahí sí pudimos demostrar todo lo que habíamos aprendido. Una de las cosas más interesantes es que en Angola me libré un poco de todos los esquemas y comencé a llevar una guerra de guerrilla moderna.
En vez de andar a pie íbamos en BTR y BRDM. Hacíamos campos de minas atípicos y comenzamos una guerra de guerrilla prácticamente con técnica moderna.
—¿En qué consistía esa táctica?
—Hacíamos emboscadas a base de concentraciones masivas de bazookas. Normalmente una compañía puede llevar nueve o diez bazookas. Nosotros le poníamos el doble.
Realizamos acciones combativas muy efectivas, interesantes. Aprendimos mucho de la SWAPO.
—¿Por ejemplo?
—Su experiencia de rastrear dentro de aquella sabana semiárida; cómo subsistir; la forma que tenían ellos de llevar los combates. Nos fuimos ayudando mutuamente.
Al final, las acciones combativas tuvieron un saldo favorable para nosotros.
En 1988 estuve al sur de Angola, en un lugar llamado Donguena, una acción combativa contra una Compañía del 101 batallón del ejército sudafricano en la cual aniquilamos la mitad.
Le capturamos prisioneros, carros blindados, armas. Los pusimos fuera de circulación.
Me mandaron a buscar de Cuba para que explicara cómo se había llevado esa acción.
—¿A quién le explicó?
—A los compañeros Fidel y Raúl en una reunión celebrada en la sede del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR).
Narramos qué experiencias habíamos logrado en la táctica de la guerrilla motorizada y sus perspectivas.
En el transcurso de la conversación el Comandante en Jefe nos explicó la ventaja que tenían los carros sudafricanos.
Propuse ponerles dos silenciadores a nuestros carros de combate, gomas nuevas, afinarlos y crearles reservas de agua. El objetivo era motorizar nuestras patrullas para lograr más profundidad y velocidad en las acciones.
Era muy difícil luchar con patrullas a pie contra columnas motorizadas de la UNITA. La idea le gustó.
Durante la hora y veinte minutos que estuvimos conversando recibí un aluvión de preguntas.
Creo que en lo único que me equivoqué fue cuando me empezó a interrogar por los precios que regían en la frontera; era una frontera abierta, había mucho tráfico de contrabandistas.
Se interesó en conocer en cuánto vendían una cabeza de ganado. Le dije que en ochocientos o novecientos rans. Se me quedó mirando. Me dijo: "es imposible. Un buey, una vaca, no puede valer más de trescientos cincuenta o cuatrocientos. No puede ser". Después, cuando me puse a sacar la cuenta, era como él decía.
—¿Cómo han sido sus relaciones con Raúl Castro?
—Raúl para mí era una incógnita. En la Sierra Maestra nunca me atreví a dirigirle la palabra. Creo que fue un error de mi parte. Estuve tentado a hacerlo muchas veces.
Cuando me enteré por una vía clandestina que iba para el II Frente, sentí deseos de pedirle que me llevara pero no me atreví.
Vine a hacer contacto con él a partir del año 1963. Es cuando hablo por primera vez con Raúl.
Me sentía tímido. No sabía cómo entrarle. Además, tenía la fama de un hombre duro.
Un día empezamos a conversar. Fluyeron muy bien las relaciones. Solo me ha hecho un señalamiento: un pecado que cometí.
—¿En qué consistió ese pecado?
—Llevé a cabo una cacería clandestina. Maté un venado. La recriminación que me hizo fue de una manera tan educada, elegante, fina, que me sirvió de cura radical hacia esas tentaciones. Se lo agradezco realmente.
Tiene un sentido del humor muy desarrollado. Es un magnífico anfitrión. Se despoja de todo. Con él me siento como cuando conversaba con Camilo o me acercaba a oír hablar a Camilo. Una persona muy humana, fácil, accesible.
Con mucho conocimiento de los problemas cotidianos. Los sabe al dedillo. Lo sabe todo. Al igual que Fidel, no está metido en una cápsula de cristal. Le da mucha confianza al subordinado. Estoy seguro de que si alguna vez vuelvo a pecar, se lo digo inmediatamente.
—¿Hay algo que lo ha dejado marcado?
—Sí. Te contaré. Un día me encontraba en una cena en casa de Carlos Rafael Rodríguez con motivo de su cumpleaños. Ahí se presentó el Comandante en Jefe. En la sobremesa, Fidel se me quedó mirando. De repente me dijo: "Tú sabes que tengo una deuda pendiente contigo".
Le respondí: "No sé qué deuda pueda ser, Jefe. Usted siempre me ha tratado muy bien. Me siento satisfecho de a donde he llegado".
Se me quedó mirando. Pausadamente me reveló: "El Che te pidió para que fueras a Bolivia. No accedí. Tú y tu hermano siempre han estado muy juntos. No me pareció justo separarlos".
Me quedé anonadado. Así era el Che. Así es Fidel.