martes, 13 de noviembre de 2007

Rey Juan Carlos Borbón mataosos, matalobos, mataciervos, mata, mata y ordena callar a Presidente elegido democraticamente

Sangre azul / Sangre Roja
Por: Jorge Mier Hoffman

El término “sangre azul” nace como una condición displicente, segregacionista y divina de la monarquía española sobre los súbditos que, en condición de seres inferiores trabajaban el campo para satisfacer la voracidad de sus amos.

No fue. sino que “es” una casta de hombres y mujeres que se consideran bienaventurados “hijos” de la divinidad, como lo declaró el Papa Borgia, Alejandro VI, cuando celebró la boda de Fernando II e Isabel I, de cuya unión nació la Realeza Española y murió la civilización americana por la avaricia insaciable de los Reyes católicos, de cuya estirpe desciende el actual Rey de España, Juan Carlos de Borbón, como hijo de Juan, Conde de Barcelona y tataranieto del rey Fernando VII, el mismísimo Rey inquisidor que enfrentó a Simón Bolívar por la independencia del Continente americano.

El término “sangre azul” surgió por ese afán enfermizo del “noble” por alejarse cada vez más de la imagen del “vasallo” que mostraba su piel curtida, maltratada y ensangrentada de rojo por las cicatrices del arduo trabajo; un “noble” que, en su obsesión de mostrar sus venas azules, como signo de la alta alcurnia, tomaba pequeñas dosis de arsénico para blanquear más aún su piel traslucida por la falta de sol, mostrando así sus venas azules que lo hacía digno de la realeza santificada por la iglesia romana, que los consideraba heredero de la gracia divina del Dios Todopoderoso, tal cual lo dictaminó el Papa Pio VII en momentos en que el Libertador Simón Bolívar luchaba por desterrar el poder español. Al respecto dictaminó el Papa romano:

“Obedecer al más amado de los reyes, al defensor de vuestra fe, y al feliz resorte de vuestra prosperidad temporal, debe fijar vuestras irresoluciones, uniformar vuestras ideas y sentimientos, para que todos formemos una sola familia gobernada por el mejor de los padres, Fernando VII”

Como se sabe, finalmente Fernando VII fue el Rey derrotado por Simón Bolívar en sus dominios de más de 300 años de esclavitud, saqueo y muerte. Gracias al ímpetu aguerrido del Libertador, su liderazgo, inteligencia y valor para conducir a los pueblos oprimidos, la Realeza española fue derrotada en la explotación que hizo del Continente desde que sus naves desplegaron sus velas en América, exterminando a todas sus civilizaciones, esclavizando a los pocos descendientes y expoliando todas sus riquezas para beneplácito de la Corte Española, que hoy exponen en los suntuosos palacios con arrogancia y jactancia infinita: el oro, la plata, las perlas y las piedras preciosas que extrajeron del Continente, a costa de la sangre roja de los nativos y esclavos del África.

Estos llamados “seres divinos” santificados por el Papa y las leyes universales, puesto que no pueden ser juzgados por la Ley de los hombres, a los que hay que arrodillárseles y no se les puede saludar mirándolos directamente a los ojos, sin antes besar el sello Real que llevan en su mano derecha como signo de Poder y Superioridad, pasan todo el día alucinados entre la vanidad, la frivolidad, el lujo, el arte, y la servidumbre que se entrega en cuerpo y alma a la voluntad de su amo. y así ha permanecido por los siglos de los siglos. Salvo en aquellas naciones que se rebelaron cortándoles las cabezas en la guillotina, de donde nace el color “rojo” que caracteriza a todos los movimientos revolucionarios del mundo.

Es así como el color de la sangre caracteriza la libertad y la justicia de los pueblos del mundo: color “azul” para la nobleza en contraste al color “rojo” de la revolución socialista

Es la eterna lucha de los pueblos que se revivió ayer sábado 10 de noviembre ante los ojos del mundo, cuando el alucinado Rey de España, Juan Carlos de Borbón, olvidó su condición de vasallo de la liberación del Continente americano, y en la Cumbre Iberoamericana que se celebraba en Chile, perdió la ecuanimidad, la diplomacia y el respeto que le debe a todos los presidentes americanos presentes, para vociferar en contra del Presidente Chávez, como digno heredero de la Revolución Bolivariana:

“¡¡¡Pero por qué no te callas!!!”

Le gritó el atolondrado reyezuelo, iracundo por las aleccionadoras palabras de Chávez que denunciaban la conjura mundial de dos fascistas: Bush y Aznar

.y cuando el mundo estaba estupefacto por la malcriadez del monarca español y la estupidez de Rodríguez Zapatero defendiendo a un fascista como José María Aznar por el sólo hecho de ser español, cuyas actitudes contrastaban con la parsimonia incólume y gallarda que mostró el presidente venezolano al no responder al insulto español, el reyezuelo ofuscado se paró de improviso y abandonó la Plenaria de la Cumbre, en momentos en que el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega hacía uso de su derecho de palabra.

Lo del rey Juan Carlos de Borbón fue ese gesto de arrogancia propia de la rabia y la frustración del vencido, puesto que estaba allí, sólo y sin la parsimonia que exige la monarquía, como un simple observador en una Cumbre de mandatarios elegidos democráticamente, y quizás también, porque estaba pisando la tierra de O´Higgins, San Martín y Bolívar, quienes le hicieron comer a España la amarga miel de la derrota.