miércoles, 23 de junio de 2010

Arte en Cuba y luz de la verdad para la humanidad Boletin Por Cuba (Año 8 Número 50)

 

 

 

Por Cuba con emisiones periódicas le lleva la información del acontecer internacional relacionado con nuestro país y las batallas que libra por su pueblo y su soberanía; contiene espacios noticiosos y de opinión, seleccionados de medios de prensa internacional o generados desde nuestro país.  ISSN 1819-4044

 

 

 

Año 8 Número 50 | Fecha 2010-06-22

TITULARES

Opinión

LECCIONES HISTÓRICAS PARA EL GOBIERNO DE ESTADOS UNIDOS por Elier Ramírez Cañedo

ESPACIOS Y LÍMITES EN EL SISTEMA POLÍTICO CUBANO por Ailynn Torres Santana

APOYAR A CUBA por Gustavo González

LA APELACIÓN COLATERAL DE LOS CINCO por Andrés Gómez

Noticias

“CON TODO RESPETO AL SEÑOR OBAMA, LIBERE A NUESTROS HÉROES” 

Opinión

LECCIONES HISTÓRICAS PARA EL GOBIERNO DE ESTADOS UNIDOS

por Elier Ramírez Cañedo

La agresividad ha sido la línea de continuidad que ha caracterizado la política de Estados Unidos hacia la Revolución Cubana, pero en esa línea se han producido pequeños y esporádicos puntos de inflexión, marcados por la apertura de procesos de normalización de las relaciones entre ambos países. No se confunda esto con los momentos en que ha existido negociación o diálogo entre ambas partes, pues desde que Washington rompió relaciones con La Habana en enero de 1961, todas las administraciones estadounidenses han asistido a la discusión o negociación de aspectos muy puntuales de las relaciones entre ambos países, sin que eso signifique que haya habido intención de normalizar las relaciones con Cuba.

Solo durante las administraciones de Gerald Ford (1974-1976) y de James Carter (1977-1981), se han abierto procesos de normalización de las relaciones. Ahora bien, los presupuestos sobre los que gobiernos como los de Ford y Carter centraron sus intenciones de normalizar las relaciones con la Isla, estuvieron condenados al fracaso desde su formulación, pues no desbordaban los marcos de la verdadera naturaleza del conflicto –que se ha mantenido invariable desde el siglo XIX hasta nuestros días-: hegemonía versus soberanía. Los gobiernos de Ford –este impulsado sobre todo por iniciativa de su Secretario de Estado, Henry Kissinger- y Carter, fijaron como condición para alcanzar la normalización de las relaciones bilaterales, que Cuba limitara parcial o completamente su activismo internacional, fundamentalmente en África, con lo que introdujeron en el espacio de negociación, el menoscabo de la autodeterminación de Cuba en política exterior.

Así, ambos gobiernos estadounidenses, dados sus  intereses en política exterior en el marco del enfrentamiento este-oeste, a pesar de que ese período se caracterizó por una relativa distensión, convirtieron el tema de la presencia de tropas cubanas en África en la principal piedra que obstaculizó que se alcanzara la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba en esos años. Pese a todas las conversaciones sostenidas entre representativos de ambos gobiernos en el período y de los pasos dados por cada lado en función de la normalización de las relaciones, fue Estados Unidos el que cargó con la responsabilidad ante la historia de haber adoptado una postura equívoca y poco constructiva en el proceso de normalización, al implementar una política de condicionamiento hacia la Isla, sustentada en posiciones de fuerza, donde el bloqueo económico impuesto a Cuba fue utilizado como principal recurso para presionar al gobierno cubano con la finalidad expresa de alcanzar sus objetivos estratégicos.

Cuba, por su parte, aunque siempre dispuesta a dialogar sobre todos los temas y de trabajar en función de la normalización, no podía aceptar que se le presionara y que se condicionara la normalización de las relaciones a ciertos aspectos que tenían que ver con su soberanía, en ese caso en particular, no podía admitir que Estados Unidos fuera juez y árbitro de su política exterior.

Sobre la decisión adoptada por el gobierno de Gerald Ford, luego de la entrada de las tropas cubanas en Angola, de cortar abruptamente las conversaciones que se venían sosteniendo con la parte cubana, en un proceso que tenía como propósito alcanzar la normalización de las relaciones, Juan Gabriel Tokatlian, Director de ciencias políticas y relaciones internacionales de la Universidad de San Andrés, Argentina, expuso brillantemente en un libro publicado en 1984 sobre las relaciones Estados Unidos-Cuba, lo siguiente:

“…, lamentablemente Estados Unidos fue el responsable de introducir un elemento perturbador en las relaciones entre ambos países: condicionó las aproximaciones bilaterales a temas y políticas multilaterales, es decir, multilateralizó lo bilateral y bilateralizó lo multilateral. La participación cubana en Angola durante 1975 fue interpretada como un hecho que impedía un entendimiento constructivo entre Cuba y Estados Unidos. Se ubicó este acontecimiento como un factor que inhibía todo acercamiento positivo de las partes. Esto, reiteramos, fue un error lamentable, porque colocó el contenido y el sentido del debate bilateral en otra dimensión. Y la crítica debe caer en Estados Unidos pues no fue Cuba quien esgrimió el argumento de mejorar o no las relaciones de acuerdo a si Estados Unidos apoyaba directamente a los regímenes autoritarios de Haití o Filipinas o armaba encubiertamente a Sudáfrica o intervenía en los conflictos del Medio Oriente”.

Desdichadamente, la administración Carter (1977-1981), que llegaría más lejos que ninguna otra en sus intenciones por normalizar las relaciones con Cuba, no sacó prácticamente ninguna experiencia de los errores cometidos durante la administración Ford en su acercamiento a Cuba. En su primer año de mandato, Carter declaró en varias oportunidades ante los medios de comunicación que, para que se produjera la plena normalización de las relaciones entre ambos países, Cuba debía retirar sus tropas de Angola y liberar a los que el gobierno estadounidense calificaba como “presos políticos”, aunque esto, en su consideración, no debía ser un impedimento para el diálogo y la negociación de otros asuntos de interés común.

Con la ayuda solidaria prestada por Cuba a Etiopía para enfrentar la invasión somalí, el tema de la retirada de las tropas cubanas de África se convirtió en el nudo gordiano del desacuerdo entre Washington y La Habana que, al no romperse, impidió seguir avanzado hacia la normalización. A partir de ese momento, el gobierno estadounidense, sobre todo bajo la perniciosa influencia de Zbiniew Brzezinski, Asesor para Asuntos de Seguridad Nacional, decidió no dar un paso más en función de la normalización de las relaciones bilaterales, mientras Cuba no retirara sus tropas de África.

Un alto miembro del ejecutivo estadounidense durante la administración Carter, se dio cuenta desde fecha temprana del fracaso que obtendría la administración demócrata en su intento de normalizar las relaciones con Cuba, si seguía el mismo carril que había transitado la administración Ford. Ese fue el caso de Robert Pastor, Asistente para América Latina del Consejo de Seguridad Nacional de los Estados Unidos durante la presidencia de Carter –sin duda uno de los políticos más astutos de los que participaron en el diseño y la implementación de la política estadounidense hacia Cuba durante esos años-, quien advirtió el 1 de agosto de 1977, en memorándum dirigido a Brzezinski, lo siguiente:

“…Kissinger unió las dos cuestiones –la retirada de Cuba de Angola a fin de lograr mejores relaciones con los EE.UU– solo para fracasar en ambas. Existe una relación entre las dos cuestiones, pero se trata de una relación inversa. No afectaremos el deseo de Castro de influir en los acontecimientos en África tratando de adormecer o detener el proceso de normalización; este es el instrumento equivocado y no tendrá otro efecto que no sea detener el proceso de normalización y descartar la posibilidad de acumulación de influencia suficiente sobre Cuba por parte de los EE.UU, que a la larga pudiera incidir en la toma de decisiones de Castro”.

A pesar de las recomendaciones tan osadas que Pastor hizo en ese momento a Brzezinski, este último no coincidió con ellas, pues finalmente la política que se aplicó en las conversaciones con la Isla fue la de condicionar el avance del proceso de normalización de las relaciones con Cuba al retiro de sus efectivos militares de África. El propio Pastor sería partícipe de las conversaciones con las autoridades cubanas, donde ese tipo de política se implementó, trayendo como consecuencia, como bien había advertido Pastor y le había sucedido a Kissinger, el congelamiento del proceso dirigido a normalizar las relaciones con Cuba.

El propio Pastor expresó a este autor: “Mi memorándum no persuadió al gabinete, ni al Presidente. En nuestras conversaciones en Cuernavaca y La Habana, yo seguí la política del gobierno de los Estados Unidos más que la que yo había propuesto. Como nosotros aprendimos, mi análisis era correcto”.

Wayne Smith, quien estuvo a cargo del Buró Cuba del Departamento de Estado durante la administración Carter y luego al frente de la Oficina de Intereses de Washington en La Habana, señaló años después en su libro The Closest of Enemies, que la demanda estadounidense de retirar las tropas cubanas de África, como una precondición para dar otros pasos dirigidos a la normalización de las relaciones, fue tan poco realista como si los cubanos hubieran reclamado a Washington el retiro de sus tropas de Guantánamo para poder seguir avanzando en el proceso de normalización. Otros funcionarios dentro del Departamento de Estado de los Estados Unidos eran defensores del enfoque del no condicionamiento, pero finalmente se impuso la tendencia contraria, gracias a los mayúsculos esfuerzos de Brzezinski y sus seguidores dentro del Consejo de Seguridad Nacional, el Pentágono y la CIA, quienes además se convirtieron en abanderados de la propagación del mito de “una Cuba que actuaba bajo las órdenes soviéticas en el continente africano”. Mito que hizo mucho daño a las relaciones cubano-estadounidenses durante muchos años y a la política exterior de Estados Unidos en general.

El propio Carter, según un interesante y valioso artículo de Peter Kornbluh y William M. Leogrande, Talking with Fidel Castro, reconoció los errores cometidos en la política hacia Cuba de su administración, en entrevista con esos autores: “Pienso ahora en retrospectiva, con todo lo que aprendí desde que dejé la Casa Blanca y debí haber avanzado más, haber sido más flexible en las negociaciones con Cuba y restablecido plenamente las relaciones diplomáticas”.

Ante la irracional y prepotente idea de Washington en aquellos años, de condicionar el avance del proceso de normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, al retiro de las tropas cubanas de África, el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, no perdió tiempo alguno en criticar contundentemente esta política y fijar la posición cubana:

"¿Qué moral tiene Estados Unidos de hablar de los soldados cubanos en África? ¿Qué moral puede tener un país cuyos soldados están en todos los continentes, que tiene más de 20 bases militares por ejemplo en Filipinas, decenas de bases en Okinawa, en Japón, en Asia, en Turquía, en Grecia, en la RFA, en Europa, en España, en Italia y en todas partes? ¿Qué moral tiene Estados Unidos para esgrimir el argumento de nuestros soldados en África, cuando sus soldados están por la fuerza, en el territorio panameño, ocupando una fracción de ese país? ¿Qué moral tiene Estados Unidos para hablar de nuestros soldados en África, cuando sus soldados están en nuestro propio territorio nacional, en la base naval de Guantánamo?

Si vamos a hablar de soldados que están donde no deben estar, y que sí tienen mucho que ver con las relaciones bilaterales entre Cuba y Estados Unidos, de los únicos soldados que puede hablarse es de los soldados que están en la base naval de Guantánamo. Es el único punto, en materia de soldados en otros países, que podemos discutir. Sería ridículo que nosotros ahora le dijéramos al gobierno de los Estados Unidos que para que puedan restablecerse o mejorarse las relaciones entre Cuba y Estados Unidos tienen que retirar sus soldados de Filipinas, o de Turquía, o de Grecia, o de Okinawa, o de Corea del Sur. (…) O decirles: estamos muy disgustados por los soldados que tienen allí en la RFA, no pueden haber relaciones. Entonces dirían: estos tipos están locos. Y entonces, ¿por qué ellos lo pueden decir? Porque no parten de un criterio de lógica, de equidad ni de igualdad de ninguna clase. Es la prepotencia imperial. ¡Prepotencia imperial! Los imperialistas pueden tener soldados, asesores en todas partes del mundo, y nosotros en ninguna parte. ¡Vaya concepto de la lógica, de la equidad y de la igualdad que tiene el gobierno de los Estados Unidos!”

Por otro lado, Fidel advirtió a Washington:

“…si el gobierno de Estados Unidos se empeñara en una política de chantaje contra nosotros y de presiones, en una política, en una conducta inmoral contra nuestro país, manteniendo su bloqueo como un arma innoble y criminal contra nuestro pueblo; si el gobierno de los Estados Unidos cree que para que mejoren las relaciones nuestro pueblo tiene que abandonar sus principios, entonces, de la misma forma que hemos luchado contra cinco presidentes de Estados Unidos, lucharemos contra el sexto presidente de Estados Unidos”.

Hay que destacar que, la posición de Fidel Castro, como líder histórico de la Revolución Cubana –a contrapelo de lo que algunos tontos y malintencionados piensan y dicen-, ha sido siempre la de estar en la mejor disposición al diálogo y la negociación con Estados Unidos, para resolver el conflicto entre ambos países. Los propios documentos desclasificados en los Estados Unidos que he consultado, específicamente de las administraciones Kennedy, Johnson, Ford y Carter, reflejan esta voluntad de Fidel. Sin embargo, el líder de la Revolución Cubana ha insistido, con sobrada razón y con el respaldo del derecho internacional, que este diálogo o negociación sea en condiciones de igualdad y no persiga que Cuba ceda ni un milímetro de su soberanía o abjure a alguno de sus principios. Por otra parte, no ha habido en Fidel ni una gota de dogmatismo en sus posiciones respecto a una negociación con Estados Unidos.

Durante la administración Ford, Cuba puso –con mucha justeza- como precondición para una negociación con los Estados Unidos, el levantamiento del bloqueo, pero durante la administración Carter se fue un poco más flexible, dadas las señales positivas que se percibieron en el nuevo presidente demócrata y que crearon realmente esperanzas de un cambio en la política de Estados Unidos hacia nuestro país. En esa coyuntura, Cuba fue realmente benevolente con la administración Carter, pues si alguno de los dos países tenía sobrados y justificados derechos y motivos para fijar condicionamientos, esa era Cuba, que había sido históricamente la agredida y bloqueada económicamente. Sin embargo, a pesar de estas posiciones de Cuba, los Estados Unidos fueron los obtusos, tanto en la administración Ford, como en la de Carter, pues mantuvieron el criminal bloqueo económico impuesto a la Isla y, al mismo tiempo, desde posiciones de fuerza fijaron condicionamientos a Cuba para poder avanzar en el proceso de normalización.

Cuando los cubanos cedieron parte de su soberanía a inicios del siglo XX a los Estados Unidos mediante la Enmienda Platt, con el objetivo de que las tropas estadounidenses abandonaran definitivamente la Isla y bajo la ilusión de algunos célebres independentistas que fueron partícipes directos en aquellos acontecimientos, de que más adelante se alcanzaría la independencia absoluta sin grandes contratiempos, los Estados Unidos convirtieron a Cuba en una neocolonia y la independencia absoluta no llegó hasta casi 60 años después de una larga lucha, en la que cayeron miles de cubanos. Fidel, profundo conocedor de la Historia de Cuba no ha permitido jamás que una historia como esa se repita.

Cuba en la actualidad no tiene soldados en ninguna región del mundo. Los soldados cubanos de hoy, continuadores de las heroicidades de los cubanos que combatieron en Angola y Etiopía por causas reconocidamente nobles, cambiaron el uniforme verde olivo y el fusil, por la bata blanca y la pizarra, para llevar salud y educación hasta los lugares más recónditos de nuestro planeta. El campo socialista se desplomó entre finales de los años 80 y principios de los 90. Podíamos preguntarnos entonces: ¿si la preocupación mayor del gobierno de los Estados Unidos en aquellos años era la política exterior de Cuba, por qué entonces no normalizaron las relaciones con Cuba, cuando la Isla retiró sus tropas de Etiopía y Angola? ¿Por qué no normalizaron las relaciones con Cuba cuando ya Estados Unidos no podía seguir divulgando el mito de una “Cuba títere de la URSS” en política exterior,  porque la URSS se había desintegrado?

Desde que Cuba comenzó a desempeñar un rol significativo en la arena internacional, sobre todo a mediados de los años 60, hasta la desintegración del campo socialista, el foco más apremiante de la política de Estados Unidos hacia Cuba -sin dejar de prestarle atención a los asuntos internos de Cuba-, en medio de aquellos años de enfrentamiento este-oeste, fue su activismo internacional. A Estados Unidos le exasperaba que una pequeña Isla en el Caribe pudiera cambiar el mapa geopolítico en detrimento de sus llamados “intereses vitales”, en el marco de su confrontación con la potencia soviética. De esta manera, el conflicto entre Estados Unidos y Cuba, estuvo durante muchos años subordinado al enfrentamiento global entre Estados Unidos y la URSS, ocultando su fisonomía propia. Por eso, con ingenuidad algunos pensaron que con la caída del campo socialista, cesaría la agresividad de Estados Unidos hacia Cuba y se resolvería el conflicto, pero lo único que se produjo fue cambio de foco en esa política. Si antes Estado Unidos había centrado fundamentalmente sus ataques a la política exterior de Cuba, ahora lo haría hacia la política interna.

La situación tan difícil por la que atravesaba la Isla, al perder el apoyo militar y económico de sus principales aliados, estimuló a Washington a apretar aún más las clavijas de su política agresiva hacia Cuba, para acelerar lo que creía inminente y añoraba desde antaño: el desmoronamiento también del socialismo cubano. Se palpó entonces, sin máscaras y sombras de por medio, el rostro propio de la política de Estados Unidos hacia Cuba,  inspirado en la vetusta idea decimonónica de los círculos de poder estadounidenses, de que Cuba, dada su dimensión geográfica y cercanía a la potencia estadounidense, no podía arrogarse el derecho de practicar una política exterior e interna independiente del dominio o la influencia estadounidense, aunque a partir de ese momento el mayor énfasis se pondría en la dinámica interna de Cuba. Esas fueron las razones por las cuales no se produjo la normalización de las relaciones, durante ninguna de las administraciones que siguieron  a la de Ronald Reagan.

El nuevo gobierno estadounidense de Barack Obama, debería sacar las lecciones históricas de los procesos de normalización de las relaciones que tuvieron lugar durante las administraciones de Ford y Carter, para comprender que, si se decide a entablar una negociación con Cuba, con el objetivo de resolver el histórico y dramático conflicto –de lo cual aún tengo muchas dudas-, debe echar definitivamente al basurero de la historia el “plattismo”, pues Cuba no cederá jamás un ápice de su soberanía a cambio de normalizar las relaciones con Estados Unidos. Debe, primero que todo, incentivar y luego ratificar, en caso que el Congreso lo apruebe, el levantamiento del criminal bloqueo económico impuesto a la Isla, y no reservárselo para utilizarlo en una negociación, tal si fuera un cuchillo en la garganta de Cuba, pues como ocurrió durante las administraciones de Ford y Carter, Cuba no aceptará jamás que se le presione. Obama debe comprender que la política interna de Cuba, es asunto de Cuba, como la política interna de Estados Unidos es asunto de los Estados Unidos. Sería un absurdo que Cuba exigiera que Estados Unidos tuviera un partido comunista único para normalizar las relaciones. Es irracional entonces que Obama aspire hoy a que Cuba modifique la estructura de su sistema político interno al antojo de los Estados Unidos, ofreciéndole como premio avanzar hacia mejores relaciones.

Cuba no tiene ningún gesto que ofrecer a los Estados Unidos, pues no tiene ninguna política agresiva hacia los Estados Unidos que desmontar. Cuba no tiene un bloqueo económico genocida impuesto a los Estados Unidos que levantar. Cuba no tiene una Ley Toricelli, una Ley Helms-Burton o una Ley de Ajuste Cubano que eliminar. Cuba no tiene ninguna base militar en el territorio estadounidense en contra de la voluntad de ese pueblo que devolver. Cuba no tiene un terrorista en su territorio que condenar. Cuba no tiene -a diferencia de los Estados Unidos- 5 luchadores antiterroristas en sus cárceles que liberar. Cuba lo único que puede ofrecer, es su voluntad de servir a la rectificación de una política norteamericana que, por su agresividad, ha costado mucha sangre y dolor al pueblo cubano durante 50 años; una política que el mundo entero hoy condena. Cuba, como ha dicho el General de Ejército y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Raúl Castro, está dispuesta a debatir todos los temas, en igualdad de condiciones y sin la menor sombra a la soberanía cubana. La bola sigue estando del lado estadounidense. Para entenderlo, Obama debe repasar un poco la historia.

Fuente: Kaos en la Red

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ESPACIOS Y LÍMITES EN EL SISTEMA POLÍTICO CUBANO

por Ailynn Torres Santana

A propósito del libro más reciente del sociólogo Juan Valdés Paz

El espacio y el límite. Estudios sobre el sistema político cubano es el título del libro de Juan Valdés Paz publicado por el Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello y por Ruth Casa Editorial en 2009. En él se recogen un grupo de ensayos, escritos en un período de casi quince años, que abordan problemáticas de la sociedad y el Estado cubano a través del estudio del sistema político.

Con este libro el autor no solo nos muestra un tipo de análisis poco acostumbrado por su claridad y sentido crítico, sino que incita a sus lectores/as a la creación, a la transformación; también por eso Valdés Paz es, con El espacio y el límite, un educador en lo que le significa la educación liberadora, que necesita, busca, la comunión del aprendizaje.

Tal es así que el libro comienza con un texto sobre las Ciencias Políticas, como campo de conocimiento y sobre todo como disciplina. La madurez de las Ciencias Políticas – dice el autor – debe medirse de acuerdo a su aplicación a la realidad (Valdés, 2009:9). Con esto no solo declara desde el inicio el compromiso que caracteriza el libro, sino que presenta también lo que considero su guía y énfasis central: el análisis de lo «realmente existente». Esta expresión la encontraremos, no por gusto, en reiteradas ocasiones. En ella se resume el objetivo principal del volumen: contribuir a la transformación de la realidad, a la construcción y perfeccionamiento de un proyecto social con sentido y práctica socialistas.

Con este fin, el autor presenta una agenda de temas pendientes para las Ciencias Políticas cubanas, que es, en definitiva, para la política práctica en Cuba, a saber: el ambiente del sistema político cubano; la relación entre el cambio de la vida, la estructura social y el nuevo orden político; la relación entre el sistema político cubano y el resto de los sistemas sociales; los fundamentos teóricos e ideológicos del sistema político; sus componentes; la gobernabilidad; la legitimidad; el orden institucional y las instituciones, entre otros muchos que, declarada o implícitamente, dejan verse en los análisis que hace.

El libro se divide en seis partes: un prólogo escrito por Julio César Guanche, el debate desde las ciencias políticas en Cuba, que ya referimos, un grupo de trabajos sobre la institucionalidad revolucionaria, otro sobre el sistema político cubano y un último grupo sobre poder y participación política, seguidos por el epílogo.

En cada uno de los trabajos el autor transparenta los ejes analíticos que usa – lo cual es de gran valor metodológico – y resitúa e interpela categorías útiles para ello – tal es el caso de la burocracia, la participación, el sistema político, las instituciones – buscando siempre ponerlas al servicio de la construcción del socialismo en Cuba. En ese ejercicio Valdés Paz no hace nunca supuestos excesivos sino que constantemente realiza encuadres teóricos, contextuales, declaraciones políticas. También por eso este es un libro escrito por un marxista, que con responsabilidad declara el marxismo al que se adscribe, presente también en su método, en el uso que hace de la historia para entender el presente, en su compromiso y énfasis por darle voz a los sujetos sociales y actores políticos concretos situados en relación.

Finalizando el libro, casi como una sentencia, aparece una idea que en realidad lo atraviesa por completo: “El socialismo no es de ninguna manera el Estado, ni la estatización de la sociedad es la transición socialista” (Valdés, 2009:215); en ella se dejan ver dos de los ejes principales de los que se sirve el autor: la relación centralización/descentralización y la participación. Desde ahí nos interpela sobre el orden institucional en diferentes momentos de las últimas cinco décadas en Cuba, sus componentes, la democracia, el burocratismo, la cultura política, la normativa del sistema político.

Dos campos de problemas particularmente importantes

Desde los años ochenta, con el auge del neoliberalismo en América Latina se revitaliza el tema de la descentralización. Hoy día, tanto en los países con un orden capitalista como en los que se construyen políticas alternativas al capitalismo, la cuestión de la descentralización es vital; ya sea con el objetivo de debilitar las funciones reguladoras del Estado, desconectar y desarticular las localidades, o bien para promover la autogestión en el marco de estrategias nacionales de desarrollo. En el Espacio y el límite el autor nos devuelve todo el tiempo al núcleo de la descentralización para el socialismo: la descentralización es una “discusión sobre las formas de poder”, por tanto, debe acompañarse de una redistribución de poderes a favor de sujetos y actores de base (Valdés, 2009:50).

El examen del caso cubano dilucida logros y malogros en este campo. Desde “arriba” – aclara Valdés Paz – la descentralización es fundamentalmente la producida por el Estado y se refiere específicamente a sus funciones económicas (Valdés, 2009:51). Desde “abajo” hay una inconformidad con el patrón de centralización realmente existente (Valdés, 2009:56). Por tanto, la relación centralización – descentralización es de permanente lucha. Si acordamos que estamos hablando de las formas de poder, entonces esa lucha es también por el logro creciente de participación ciudadana.

La participación necesita concebirse no solo como una estrategia para la transición socialista sino como uno de sus objetivos finales, de ahí su importancia para pensar la sociedad cubana y una Cuba socialista. El análisis que hace el autor de los procesos participativos en el país parte de la idea de que lograr espacios y canales de participación significa democratizar, y de que es imprescindible para el desarrollo de la democracia la democratización de cada uno de los sistemas sociales y del sistema político.

En el libro se glosan las insuficiencias del orden institucional cubano y sus superaciones en los distintos momentos del período revolucionario, donde los años noventa son un escenario importante cargados de voluntad política para propiciar transformaciones. De ahí que en el volumen se incluyan dos trabajos que analizan este período.

Estamos frente a un libro propositivo en cada uno de sus textos, de ahí que el autor haga recomendaciones, dibuje permanentemente caminos en los temas que recorre. Lo anima a ello la subsistencia de limitaciones de diseño y funcionamiento del sistema político, debidas al tipo de relaciones con Estados Unidos y a la existencia de grupos de intereses, actores políticos y corrientes de pensamiento ligadas al orden institucional existente que han obstaculizado la voluntad de los cambios (Valdés, 2009:46).

En su libro Valdés Paz llama la atención sobre el gran potencial participativo insuficientemente aprovechado en Cuba y sobre la necesidad de construir un poder popular en el Sistema Político Local, tarea aún pendiente para los/as cubanos/as.

Tanto el estudio de la participación como el de la descentralización conducen al mismo camino: la permanente socialización, esto es, “condiciones que propicien el autogobierno, la autogestión y la autonomía de la esfera pública” (Valdés, 2009:229).

El examen del desarrollo de la democracia se realiza en el libro a través de un continuo contraste entre lo «realmente existente» y un «deber ser» construido a partir de las condiciones de posibilidad de la sociedad cubana. De este contraste se deriva otro de los análisis del autor y la propuesta de dos preocupaciones constantes para la vida política del país: la legitimidad del sistema político y lo que llama su «desviación».

Hoy, los cambios necesarios debieran orientarse a alcanzar la legitimidad del sistema político, que ha tendido a decrecer, y que en las primeras décadas se sustentó en un consenso activo y mayoritario construido a partir de la ejecución de tareas históricamente definidas (Valdés, 2009:79).

Por otro lado, el examen de la desviación entre el sistema institucional normado y el realmente existente, unido al intento continuado de estrecharla, es urgente.

Una política a la izquierda

El sistema político cubano, en tanto sistema en transición, necesita ser continuamente discernido. Considerarlo intacto e inamovible sería negar un proyecto socialista y caer en un peligroso error sobre el cual Valdés Paz llama la atención: creer que la condición de izquierda es innata y permanente (Valdés, 2009:193). Las izquierdas del mundo han vuelto una y otra vez sobre este error. Superarlo, más que un desafío, es un deber de los revolucionarios, es la apuesta comprometida por lo común, el único modo de lucha por la libertad que necesita ser reconquistada todo el tiempo y, en esa lucha, repensada en sus modos y contenidos.

Este libro apuesta por un futuro socialista para Cuba y grita, como las mujeres cubanas soltándose el pelo en la última realización de Fernando Pérez: ¡Viva Cuba libre! Junto a este grito hay algo que puede sentirse al final de la lectura, Valdés Paz logra ser con El espacio y el límite, más que un autor, un compañero de sus lectores/as.


Ailynn Torres Santana es Investigadora del Instituto Juan Marinello

Fuente: Rebelión

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APOYAR A CUBA

por Gustavo González

Estando en Cuba, caminando sus calles, hablando con su gente, discutiendo con sus autoridades, uno observa un gran debate abierto sobre el futuro de este heroico pueblo, que ante todo y contra todo sigue creyendo que la utopía es posible, que su socialismo, aun con defectos y dificultades, se intenta seguir defendiéndolo y profundizándolo.

Porque no olvidemos jamás que aquellos jóvenes barbados se animaron a fines de la década del 50 a gritar a cuatro vientos que se puede cambiar el mundo. Y vaya si lo intentaron y lo realizaron; claro que con estas propuestas ganaron enemigos, cómo no ganarlos si a los que esquilmaban a Cuba fueron capaces de expropiarles sus tierras, sus propiedades.

Allí están en Miami desprestigiando a diario a Cuba y su revolución. Pero lo que más me preocupa no es que ellos tomen esa posición contraria a Cuba, me preocupa cuando en varios países de nuestro continente nos olvidamos de lo que hizo Cuba, de su solidaridad permanente con nuestros pueblos, y se dejan llevar con críticas a su régimen, desde una perspectiva que más que ayudar descalifican y se suman a los cantos de sirena del imperio, generando comunicados de censura y firmándolos como "intelectuales".

Claro que la revolución cometió errores. Obvio que no es la isla de la fantasía, pero la crítica a sus errores hay que fundamentarlos no sobre los mismos argumentos que la derecha reaccionaria, sino desde la izquierda, y para ello hay que empezar por destacar que la desnutrición no existe, que la mortalidad infantil tiene índices que muchos países desarrollados no han logrado, que el 85% de los cubanos tiene su vivienda totalmente subsidiada y que los once millones de cubanos reciben una canasta de alimentos todos los meses, también totalmente subsidiada.

Es bueno también decir que desde el punto de vista económico se torna esta situación en prácticamente insostenible, que para mantener eso deben sacrificar el llamado "confort capitalista", que existen en Cuba problemas generacionales, que los jóvenes desean más y mejor, porque los cubanos obligados por la emergencia económica debieron abrir sus puertas al turismo y con él entraron también los males del turismo.

Por lo tanto hay que apoyar decididamente al pueblo cubano y lo mejor de su revolución. Mal hacemos si criticamos y no generamos propuestas que permitan seguir avanzando, y digo avanzando, no retrocediendo. Y avanzar es seguir hablando de socialismo; es que la experiencia cubana sirve para no cometer los mismos errores, pero también para superar los que hoy viven ellos y también y fundamentalmente reivindicar lo mucho bueno realizado. Ser solidarios para que agobiados por el imperio y sus títeres estos no logren el objetivo de matar a Cuba y su revolución. Claro, para ello no hay que tener miedo de apoyarla, no hay que querer quedar bien con los democratizantes actuales.

Ser objetivos sí, pero sumarse al campo del enemigo, jamás. La tarea de todas y todos los que nos definimos de izquierda hoy en este continente es sumarse a la tarea en los distintos campos que podamos hacerlo, es apoyar el debate abierto en la sociedad cubana, para mejorar, para lograr que sean las y los cubanos los que rectifiquen, cambien, propongan. Pero cuidado con pretender resolver desde afuera con lindas propuestas de laboratorio el socialismo construido por este pueblo que una y mil veces presentó lucha al gigante imperio gringo y cobijó y luchó por nuestros pueblos pobres, a lo largo y ancho del planeta.

Fuente: La Jiribilla

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LA APELACIÓN COLATERAL DE LOS CINCO

por Andrés Gómez

Miami.- La importancia jurídica del proceso de apelación de la defensa de los Cinco que comenzó el pasado lunes, 14 de junio, es que constituye el último trámite posible ante los tribunales el cual se conoce como un procedimiento de apelación colateral, anteriormente llamado de habeas corpus. Se presentó, como la ley requiere, ante el Tribunal Federal de Distrito del Sur de la Florida donde se juzgó y condenó a Gerardo, Ramón, Antonio, Fernando y René. Es probable que sea la misma jueza que presidió ese juicio, Joan Lenard, sea quien considere esta apelación.

El Tribunal Supremo federal denegó el 15 de junio de 2009 la petición de apelación de los veredictos de culpabilidad y las condenas de los Cinco. La ley exige que este último recurso de apelación colateral sea presentado ante el tribunal competente dentro del término de un año de haberse denegado por el Tribunal Supremo federal la apelación, en este caso de los Cinco.

Se basa la posibilidad de este último recurso de apelación colateral en la presentación al tribunal competente por parte de los abogados de la defensa en información que no existía durante el transcurso del juicio o durante el transcurso del proceso de apelación que culminó en el Tribunal Supremo. Además esta nueva información disponible a la defensa tiene que ser de importancia constitucional.

La apelación colateral presentada por la defensa al Tribunal Federal de Distrito del Sur de la Florida se basa en tres aspectos: violaciones procesales por parte de la fiscalía; pagos hechos por la Oficina de Trasmisiones a Cuba (Office of Cuba Broadcasting) –la cual dirige a Radio Marti y a TV Marti- a varios periodistas en Miami antes y durante el transcurso del juicio de los Cinco en Miami; y aspectos de carácter técnico de la defensa. Además de la reiteración de la inocencia de Gerardo.

El pago por parte de la Oficina de Transmisiones a Cuba a esos periodistas en Miami, durante aquel crítico periodo, hace al gobierno federal – representado en el juicio por la fiscalía- culpable del delito de manipulación del jurado aún antes del comienzo del juicio. Violando así el precepto constitucional garantizando un juicio imparcial a todo acusado enmarcado en la VI Enmienda.

El proceso de apelación colateral comienza con el caso de Gerardo solamente. Gerardo fue condenado a cumplir dos cadenas perpetuas más quince años de prisión. Todo parece indicar que las apelaciones colaterales en los casos de Antonio, Ramón y Fernando serán presentadas más adelante durante el año en curso, y que el caso de René probablemente no iría al proceso de apelación colateral. De acuerdo a las regulaciones federales René podría salir en libertad condicional en octubre de 2011.

Mientras los abogados de la defensa de los Cinco cumplen con sus responsabilidades en los procedimientos jurídicos, corresponde a todas aquellas organizaciones e individuos que están convencidos de que los Cinco son inocentes de los cargos que el gobierno federal les imputa y que integran el movimiento político en apoyo de su inmediata libertad aquí en Miami, y en el resto de Estados Unidos y el mundo profundizar y ampliar los esfuerzos para verlos libres.

No podemos olvidarnos que la razón por la cual los Cinco estaban en Estados Unidos era para llegar a conocer los odiosos planes de las organizaciones terroristas de la extrema derecha cubano americana que en Miami los planifican contra el pueblo cubano y otros que en este país y en esta ciudad nos oponemos a sus odiosos métodos y objetivos.

Estos terroristas siguen libres en las calles de Miami, mientras los Cinco van a cumplir doce años encarcelados injustamente dentro de tres meses.

Tenemos que mantenernos firmes denunciando semejante inmoralidad, exigiéndole al gobierno federal que enjuicie a los terroristas, asesinos de miles, y libere a los Cinco.

Fuente: Areítodigital

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“CON TODO RESPETO AL SEÑOR OBAMA, LIBERE A NUESTROS HÉROES”

Reclama Silvio en Washington

El trovador cubano Silvio Rodríguez ha ofrecido en Washington un concierto cargado de nostalgia, simbolismo y una singular petición dirigida al presidente estadounidense, Barack Obama, la de que libere a los llamados “cinco de Cuba” , encarcelados desde 1998.

Ovacionado por cerca de 3 mil personas, la mayoría inmigrantes latinoamericanos, Rodríguez aprovechó el concierto para lanzar esa petición a Obama.

“Estamos a unas cuadras de la Casa Blanca. Con todo respeto al señor Obama, libere a nuestros héroes” , dijo Rodríguez, al solicitar la puesta en libertad de los “cinco de Cuba” .

Enfundado en jeans, camisa y gorra, Rodríguez les dedicó, como ha hecho a lo largo de su gira por EU -su primera tras una ausencia de 30 años-, la “Canción del elegido”, en un acústico concierto que fue posible gracias a la visa que le concedió el Gobierno de Obama.

Con su inconfundible y cristalina voz de siempre, a pesar de sus 63 años, Rodríguez fue recibido cual estrella de rock, interrumpido por varios “Te quiero” y “Bravo, Silvio” , gritados a todo pulmón, e incesantes peticiones de su extenso repertorio.

Sus fanáticos, dispuestos a pagar entre 76 y 180 dólares para verlo, lo acompañaron en numerosas canciones como “Playa Girón” , “Unicornio” , “Ojalá” , “La gota de rocío” , “Sueño con serpientes” y “La era está pariendo un corazón” .

También ondearon banderas de Cuba, Ecuador y una que otra bandera roja del salvadoreño Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) . Y gritaron consignas como “Viva Cuba” , y “Viva Fidel” .

Y es que en el DAR Constitution Hall se juntaron el pasado y el presente y Rodríguez tocó la vena de la nostalgia de quienes, en otros tiempos, huyeron de la represión en países como Argentina, Chile, o El Salvador.

Sus canciones, después de todo, acompañaron los movimientos estudiantiles por la justicia social en esos y otros países del continente americano.

Silvio, para siempre sinónimo de la nueva trova, es también, para millones, la máxima expresión de los ideales de paz y unidad entre los pueblos.Así, en “Ángeles guardianes” , Silvio hace mención del golpe de Chile de 1973 y de los atentados de 2001 en Estados Unidos, y hace otra petición: “seamos útiles y mejores, y mucho menos egoístas” .

En su breve intercambio con el público, Silvio alternó entre el humor, contestando “estás contratado” a un hombre aparentemente ebrio y que coreaba uno de sus temas, y la seriedad, recordándole al público: “todos somos importantísimos, todas las personas y todos los países, sin excepción” .

Con ruidosos aplausos, el público le obligó a regresar al escenario en cuatro ocasiones, para entonar canciones como “Corazón desangrado” , “El necio” , “Pequeña serenata diurna” y, quizá el más clásico de sus temas, “Unicornio” .

Niurka González, también ovacionada, lo acompañó en la flauta en varias melodías, mientras otros músicos lo hacían con guitarras y batería.

Silvio repitió él éxito que ha logrado desde principios de mes en el Carnegie Hall, en Nueva York, después en Hollywood, y ahora en Washington, más conocida como sede del poder político estadounidense que como hervidero del progresismo y causas liberales en EU.

Su próxima actuación será el próximo 23 de junio en Orlando, una ciudad en el sur de Florida, donde reside la mayoría del exilio anticastrista.

Aunque polémico por su defensa de la revolución cubana, dos de sus fanáticos explicaron que el éxito de Silvio radica en su forma de hacer poesía con la historia, en sus temas cargados de filosofía y de compromiso social y, además, por ser un genio con la guitarra.

“Me conmovió tener acá, muy cerca de la Casa Blanca, a esta leyenda latinoamericana. Esto me parece muy simbólico, porque da fe de la importancia de que haya un mayor acercamiento entre EU y Cuba, algo que los dos países se han negado por mucho tiempo” , dijo David Maza, de origen peruano.

Al final del concierto, Silvio advirtió: “se puede vivir sin muchas cosas, pero es difícil vivir sin música, vivir sin poesía” .

“Inolvidable ha sido todo. Sentí muy cerca toda su poesía, su mensaje de paz y solidaridad entre los países y los pueblos, porque más allá de los límites que pueda marcar la política, lo que hay es gente con sentimientos y eso es lo que Silvio ha dejado en claro” , dijo Fernanda Rosso, de origen colombiano.

Fuente: Cambios en Cuba

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Cubarte, 2008.

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