domingo, 13 de febrero de 2011

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UN EX CAPELLAN EN LA MATERNIDAD CLANDESTINA DE CAMPO DE MAYO

“El cura iba a dar la bendición”

Una monja y una enfermera aseguraron que el vicario de la diócesis de San Miguel, Federico Gogala, entraba a la sala donde estaban las detenidas embarazadas de Campo de Mayo. La pista de una fundación involucrada en el último caso resuelto por Abuelas.

 

En el hospital militar de Campo de Mayo funcionó una maternidad clandestina.

 

Por Victoria Ginzberg

 

“Las mujeres embarazadas se encontraban desnudas, con la capucha o con una venda negra en los ojos. El sacerdote ingresaba mucho a ver a las mujeres y también los médicos.               El sacerdote es el que en la actualidad es el monseñor del hospital, monseñor Gogala.”

 

La declaración pertenece a una enfermera del hospital militar de Campo de Mayo, donde durante la última dictadura funcionó una maternidad clandestina en la que nacieron y fueron apropiados por lo menos treinta hijos de desaparecidos.

 

 Y señala la participación de miembros de la Iglesia en el robo de bebés. Las Abuelas de Plaza de Mayo están investigando el rol de los religiosos en la “distribución” de los niños: la última nieta que recuperó su identidad nació en Campo de Mayo y fue entregada a la pareja que la crió a través del Movimiento Familiar Cristiano, una fundación de laicos que actuaba como “mediadora” de familias adoptantes.

 

La condena a reclusión perpetua al ex capellán de la policía bonaerense Christian von Wernich convirtió en certeza jurídica las afirmaciones sobre la participación directa de miembros de la Iglesia en delitos de lesa humanidad como secuestros, torturas y asesinatos.

 

Además, volvió a dejar en evidencia la complicidad de la jerarquía eclesiástica con la última dictadura militar. Von Wernich fue uno de los símbolos de la comunión entre la Iglesia y las Fuerzas Armadas, pero aún hay personajes que permanecen en las sombras.

 

Federico Gogala es vicario general de la diócesis de San Miguel. Fue capellán del Ejército hasta principios de este año, cuando fue “jubilado” por el obispado castrense. Se trató, en realidad, de un acuerdo con el Gobierno para desplazar a los sacerdotes que tuvieron vínculos con la dictadura y todavía estaban en funciones. Por eso, a Gogala hasta hace poco todavía se lo veía por el hospital militar de Campo de Mayo.

 

La enfermera que habló de él ante la Justicia trabaja en ese establecimiento desde 1971. Durante la dictadura, estuvo destinada al sector de Epidemiología, donde permanecían cautivas las embarazadas y donde funcionó la maternidad clandestina. En el testimonio que dio en agosto en la causa en la que se investigan los crímenes cometidos en Campo de Mayo, la mujer reconoció que en Epidemiología “ingresaban personas detenidas”. Dijo que “tenían custodia militar, estaban esposados y con su cara tapada” y que “no estaban identificados con su nombre y que no existían registro de los mismos”.

 

La enfermera admitió que había también mujeres embarazadas que eran llevadas a parir a maternidad y que volvían “solas”, sin sus bebés. “Yo sólo las atendía al regreso cuando habían dado a luz mediante cesárea o cuando tenían alguna herida post parto y para colocarles una inyección para cortar la lactancia”, aseguró. Agregó que “permanecían pocos días y luego dejaba de verlas”.

 

Este testimonio no es el primero que revela detalles de los partos clandestinos en el hospital militar de Campo de Mayo. Por el contrario, ratifica las declaraciones de muchos otros testigos que durante años narraron cómo el médico militar Norberto Bianco regenteaba el sitio (ver aparte). Pero es novedoso en tanto pone en evidencia la participación de Gogala en los hechos. No es el único relato en que se menciona al religioso. Una monja que se presentó ante la Justicia hace un mes y que se desempeñó desde 1974 a 1983 en Campo de Mayo también lo recordó.

 

“Cuando íbamos al lavadero pasábamos por Epidemiología, que estaba en frente y allí veíamos guardias que custodiaban, pero no nos llamaban la atención porque era zona militar. Al lugar, en algunas oportunidades concurría el sacerdote Gogola a dar la bendición”, contó la religiosa.

 

La mujer narró que una noche le dieron una orden a la madre superiora para que fueran a dar de comer a unos niños que estaban en el hospital.  Fueron tres monjas (“la declarante, la hermana Haydée y otra más). Se encontraron con “un varoncito de seis o siete años y dos nenas que eran hermanas de dos y cuatro, que eran primas del varoncito”.   “Las nenas –relató– lloraban mucho pidiendo por su madre y el nene les decía que la madre ya no estaba más, luego les comentó que los padres los habían puesto debajo de la cama y sobre ella además un colchón.

 

Los chicos se encontraban en maternidad, en Ginecología, en una pieza estaban solitos. El varón era flaquito, de piel blanca, vestido con un jean, remera y pullover. Las nenas eran de piel blanca y con vestido. Cuando se retiraron las monjas del lugar, los dejaron a los chicos solitos en esa habitación.” “Es irrefutable que Gogala sabía de la existencia de mujeres detenidas en forma clandestina que estaban en el hospital por sus embarazos.

 

 Y la sospecha de la participación de la Iglesia en la apropiación de niños en el centro clandestino de detención de Campo de Mayo no es para nada descabellada teniendo en cuenta la participación de un grupo de monjas de la congregación Cristo Rey y que la última chica restituida, cuya madre estuvo detenida en Campo de Mayo, fue entregada a través del Movimiento Familiar Cristiano”, dijo a Página/12 Luciano Hazan, abogado de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo.

 

Según su página web, el Movimiento Familiar Cristiano (MFC) es “una institución que desde hace 58 años se dedica a conocer, vivir y difundir los valores naturales y sobrenaturales del matrimonio y la familia cristianos”. Según las sospechas de las Abuelas, se trata de un organismo que “blanqueó” apropiaciones de niños.

 

Belén Altamiranda Taranto es la nieta 88, la última joven que recuperó su identidad. Su mamá, Rosa Luján Taranto, estuvo secuestrada en El Vesubio y fue llevada a Campo de Mayo para parir. Según les dijo a sus compañeras cuando la “devolvieron” al Vesubio sin dejar que conociera a su beba, durante el parto había estado encapuchada, pero por debajo del vendaje había logrado ver “un hábito como el de monjas”. La niña fue entregada a un matrimonio a través del MFC.

 

Las Abuelas suponen que no fue el único caso. “Tenían muchísima llegada a la secretaría de minoridad y familia y funcionaba como una especie de agencia de adopción para familias civiles y militares. A la madre biológica, fuera de familia bien o una chica pobre, se le hacía una ficha. Pero hay fichas en las que las madres no figuran, niños que `aparecen de la nada`”, confió a Página/12 una persona que está estudiando esa fundación.


EL DIRECTOR DE LA MATERNIDAD CLANDESTINA ESTA LIBRE

Los relatos de los partos

 

El médico Norberto Atilio Bianco.

     

Por Victoria Ginzberg

 

La maternidad clandestina que funcionó en el sector de Epidemiología del Hospital Militar de Campo de Mayo fue comandada por el médico militar Norberto Atilio Bianco. En el último año, las Abuelas de Plaza de Mayo reclamaron dos veces la detención de este represor, pero el juez Alberto Martín Suáres Araujo se resiste a encarcelarlo.

 

La semana pasada un grupo de familiares de desaparecidos se entrevistó con el magistrado para reclamarle celeridad en este expediente, pero no salió conforme.

 

“Vamos a informar al Consejo de la Magistratura y a la Corte Suprema de las demoras en esta causa”, anunció Abel Madariaga, coordinador general de los equipos de Abuelas de Plaza de Mayo, cuyo hijo nació en Campo de Mayo.

 

Bianco ya estuvo en prisión, pero por la apropiación de dos menores a quienes anotó como hijos propios. Hasta ahora, no fue arrestado por su rol protagónico en el plan sistemático para apropiarse de hijos de desaparecidos. A diferencia de lo ocurrido en la ESMA, en Campo de Mayo no hay muchos sobrevivientes que puedan relatar detalles del cautiverio de sus compañeros. Pero médicos y enfermeros se sumaron a los pocos ex detenidos de ese sitio y aportaron testimonios que sirvieron para reconstruir los partos y el robo de los niños.

 

La obstetra Luisa Yolanda Arroche de Sala García dijo que en 1976 y 1977 atendió entre 20 y 30 mujeres embarazadas en Epidemiología. Vio a mujeres con las manos atadas y la cara tapada. Siempre había custodios. “En una oportunidad llevaron a un chiquito de 3 o 4 años a eso de las doce de la noche, pero al día siguiente ya no estaba. En otra oportunidad vi a tres criaturas al cuidado de una monja. No escuché comentarios sobre esos chicos pero ‘evidentemente eran hijos de subversivos’”, aseguró.

 

Concepción Piffaretti fue enfermera auxiliar en epidemiología. Aseguró que las mujeres que estaban internadas allí tenían los ojos vendados y a veces estaban encapuchadas y que no sabe sus nombres porque se las denominaba NN. “Las que tenían parto natural no volvían, sólo volvían las que tenían cesárea, pero no estaban más de dos días”, afirmó.

 

Luis Eposto, técnico radiólogo y enfermero, afirmó que “una vez nacido el niño, las prisioneras embarazadas eran separadas de él e inmediatamente desaparecían con destino desconocido”. Y contó que todas las noches salía de Campo de Mayo un avión Hércules con rumbo sur-este.

 

Despegaba entre las once y las doce de la noche y volvía en menos de una hora, El comentario en el hospital era que “llevaba gente que era tirada al mar”.

 

Los testimonios coinciden en señalar a Bianco, al médico militar Julio César Caserotto (que murió) y Agatino Di Benedetto, subdirector y luego director del hospital, como los responsables de esos partos y de las detenidas.

 

“Se encuentra probado el desarrollo de una práctica sistemática respecto a mujeres embarazadas detenidas que se extendía desde su secuestro hasta la sustracción de sus bebés y la posterior desaparición de sus madres”, señalaron las Abuelas en un escrito que presentaron a fines del año pasado ante el juez Suáres Araujo y que ampliaron hace diez días.

 

Allí detallaron que en la guarnición militar de Campo de Mayo funcionaron al menos tres centros clandestinos de detención. Uno estaba ubicado en la plaza de tiro, próximo al campo de paracaidismo y era conocido como “El Campito” o “Los tordos”. El segundo dependía de inteligencia y estaba en la ruta 8, frente a la Escuela de Suboficiales Sargento Cabral. El último era la prisión militar de Campo de Mayo.

 

La semana pasada Madariaga, Alba Lanzillotto y Juliana García Recchia participaron de un encuentro con Suáres Araujo. Fueron para pedirle que activara las denuncias presentadas por Abuelas. “La verdad es que el juez nos faltó el respeto. Después de 30 años no puede decir que los tiempos de la Justicia no son los nuestros.

 

El argumenta que no hay ‘elementos directos’. Pero en el caso de mi mamá hay una monja que la reconoció, se sabe que estuvo detenida ahí. Le dije que lo ideal sería que viniera mi vieja y le dijera quién se había quedado con su hijo pero que no podía ser porque mi mamá está desaparecida”, cuenta Juliana García Recchia.

 

Madariaga no esconde su bronca: “Nos llegó a decir que los nacimientos no estaban registrados en el libro del hospital, cuando justamente eso es la prueba de la clandestinidad de estos hechos. Parece que se puede investigar la ESMA, el Pozo de Banfield, La Cacha, es decir, la Armada, la Policía Federal, pero no el Ejército.

 

Yo creo que hay un pacto y si no, que me demuestren lo contrario”.