martes, 12 de abril de 2011

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Paraná,  11 de abril de 2011                             contacto:entrerios@inadi.gov.ar                                                          Provincia de Entre Ríos

                                                                                          

                                                                         Entrevista con María Rachid, vicepresidenta del Inadi
Asumió el 22 de diciembre como vicepresidenta del Inadi, tras un largo camino de lucha al frente de Lesbianas, Gays, Bi y Travestis (LBGT). De la nueva línea de gestión, la agenda actual de DD.HH., los realities y el gobierno PRO hablamos con María Rachid, una activista en el Estado.

María Rachid asumió como vicepresidenta del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi) un par de días antes de la última Nochebuena y muchos años después de haber sido una de las primeras en instalar la lucha LGBT en, como a ella le gusta decir, la sociedad civil. El salto al Estado, a eso que en criollo se llama “estar del otro lado del mostrador”, la tiene con una agenda que precisaría 28 horas diarias. Esta escorpiana de 36 años, nacida en Mercedes y afincada en Buenos Aires desde joven, que no pudo terminar abogacía, aventura: “En unos años me veo aportando a la lucha desde el lugar que sea. Voy a estar donde haga falta”.
–¿Qué balance hace?
–Con Claudio Morgado (presidente del Inadi) estamos tratando de establecer la nueva línea de gestión.
–¿Y cuál sería la impronta?
–Federalizar la gestión del Inadi. Estoy hace muchos años trabajando acá. Cuando ingresé, éste era un organismo que tenía sólo dos delegaciones provinciales y disponía de menos de dos millones de pesos de presupuesto. Hoy tiene más de 500 personas trabajando, delegaciones en todas las provincias y 49 millones de presupuesto. El trabajo contra la discriminación en el interior requiere mayor fortaleza institucional. Y tenemos que profundizar la labor, sobre todo en aquellos temas que no encuentran institucionalidad en otros espacios del Estado. 
–Se trata de cuestiones que requieren el mismo grado de premura en su atención.
–Claro, todas tienen su costado de urgencia. Por ejemplo, el asunto de la pobreza está tan naturalizado que si me preguntás cuántas denuncias hay de personas en esa situación, te digo que muy pocas, y se trata de una de las discriminaciones más frecuentes. Por otro lado, afortunadamente, disponemos de una ley maravillosa para trabajar la violencia contra las mujeres. Somos, por otra parte, el único organismo que trabaja la identidad de género. Esperamos que en los próximos meses salga la ley.
–Siendo funcionaria, ¿cómo ve ahora la relación entre la demanda social y la capacidad de respuesta del Estado?
–Todavía queda mucho por hacer. Yo estuve en el lugar de la demanda mucho tiempo. Y sé que de
2003 a esta parte el cambio fue radical. Antes, la protesta era la única relación posible con el Estado. Hoy, el camino es la articulación para avanzar en políticas públicas: los movimientos sociales se sientan con los funcionarios.
–¿En qué proyectos de ley hay que trabajar ya?
–Hay que modificar
la Ley Antidiscriminatoria; incluir distintas tipologías discriminatorias respecto a la identidad sexual, de género, a las personas con discapacidad; presumir el daño moral, siempre que hay discriminación lo hay, y la inversión de la carga de la prueba: quien obstruye un derecho tiene que mostrar que el motivo es otro y no el discriminatorio. Esta modificación ya tiene media sanción en Diputados. 
–¿Y qué lectura hace de la agenda de género este año?
–Hemos avanzado mucho. Por ejemplo,
la Ley de Trata y la Ley de Violencia contra las Mujeres son ejemplares. En cuanto a la de trata está el tema del consentimiento, pero hay voluntad política de cambiarlo. La otra se reglamentó el año pasado. Amplía el concepto de violencia hacia lo económico, lo verbal. Pero uno de los ejes de la agenda va a ser el derecho al aborto.
–¿Cómo imagina que va a jugar el año electoral?
–Nos va a ayudar a instalar el debate en la política, y reinstalarlo en lo social.
–El rol de los medios es fundamental, sobre todo en la circulación de estereotipos.
–Puede ser imprescindible en la lucha contra la discriminación. O todo lo contrario. Logramos la igualdad jurídica con
la Ley de Matrimonio Igualitario, pero ahora hay que lograr la igualdad social, que es el reconocimiento mediante la educación, la cultura y los medios. La idea es que no llamen a la tolerancia sino a celebrar la diversidad como riqueza. Y lo que pasa en las escuelas es fundamental en cuanto a la discriminación: se da en una edad que te marca para siempre. La escuela puede servir para desaprender, porque lo discriminatorio no es innato.
–¿Cómo vio el trato que Gran Hermano le dio a Alejandro, que tiene disforia de género?
–En términos generales, desde la producción y la conducción del programa se respetó su identidad. Adentro de la casa sí se reflejó la discriminación. Pero hubiera sido irreal que no pasara. Es producto de la falta de información. Desde el Inadi y
la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (Falgbt) ofrecimos capacitación para la producción y la casa, que es algo que hacemos con los medios. En el programa de Tinelli (NdR: Soñando por bailar, el reality-casting para Bailando por un sueño) sí hubo discriminación hacia la participante transexual (NdR: Julieta Biesa), y no sólo desde los participantes.
–Vamos a la política. ¿Qué opina de la gestión de Macri?
–Es pésima. Si bien en algún momento pensé que quizás en términos del reconocimiento de los derechos humanos iba a ser mala, creí que podía, sin embargo, llegar a ser una buena administración. Pero ni una cosa ni la otra. Macri no sólo no tuvo en cuenta el respeto por el derecho a la salud, la educación y la vivienda, reflejado en los ministros que eligió y en el presupuesto que ejecutó, sino que tampoco arregló las veredas, las calles, ni solucionó el problema de la basura. Me acuerdo que hace poco, un humorista les decía a los kirchneristas: “Yo te reconozco
la Asignación Universal por Hijo, el Matrimonio Igualitario, que hay más trabajo, la estatización de las AFJP, la Ley de Medios, pero aparte, ¿cuáles son los motivos para votar a Cristina? Y a un macrista –seguía el humorista– le reconozco…” y se quedaba. Yo pensé al principio: nos va a ser difícil convencer a la gente de que los derechos son tan importantes como una buena administración. 
–¿Cree que el porteño está desencantado?
–La mayoría sí. Las experiencias “progresistas” del pasado quizás hagan que la gente tenga pocas expectativas de cambio. La garantía de que eso pase, justamente, es el Gobierno nacional. Ni los movimientos sociales pensamos que íbamos a avanzar tanto. Por eso vas a ver que la mayoría de los referentes apuesta a la continuidad de este gobierno.
–¿Entonces piensa que el espacio kirchnerista en
la Ciudad puede dar una batalla fuerte? 
–Sí, claro. Esta vez podemos ganar.
–¿Y en qué candidato se personifica la proyección K en Buenos Aires? 
–Cristina es la que ve la película entera y va a saber elegir al candidato. A mí me ha convocado Daniel Filmus, pero voy a trabajar con el que Cristina elija.

Fuente: Noticias Urbanas

Paraná, 11 de abril de 2011                                                                                                                                                       

Cristina Ponce

Delegada en Entre Ríos del INADI 

Gracias por su atenta lectura                                                                                       

  

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