miércoles, 21 de mayo de 2014

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ERNESTO CHE GUEVARA BUENOS AIRES ELADIO GONZALEZ IRENE PERPIÑAL CHAUBLOQUEO

La teología de la liberación, herida pero viva


Medio siglo después del Concilio Vaticano II, el movimiento progresista resiste


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Acto en recuerdo de Óscar Romero, arzobispo salvadoreño asesinado en 1980. / CORDON PRESS






El recordatorio de los 50 años del Concilio Vaticano II también es momento de reflexión en Latinoamérica, donde más fieles tiene la Iglesia católica, pero donde también avanzan otras confesiones cristianas, creencias posmodernas y el agnosticismo. Así como el concilio iniciado por Juan XXIII supuso en Europa el inicio del diálogo del catolicismo con el “mundo moderno”, en América Latina significó el comienzo del diálogo con el “mundo de los pobres”, según Pedro Ribeiro de Oliveira,sociólogo y profesor en la maestría en Ciencias de la Religión de la Universidad Católica de Minas Gerais (Brasil). “Pero en estos 50 años esa opción ha ido perdiendo fuerza. Los miembros de la Iglesia no se sienten más comprometidos y la jerarquía tiene más preocupación por sumar fieles que por el diálogo con los pobres”, advierte Ribeiro.

Al finalizar el Concilio Vaticano II (1962-1965), los obispos latinoamericanos manifestaron esa opción por los pobres en la Conferencia General del Episcopado regional en Medellín en 1968A partir de entonces cobraron mucha fuerza la teología de la liberación, las comunidades eclesiales de base (CEB), formadas por laicos, la lectura popular de la Biblia, el compromiso cristiano contra las estructuras sociales consideradas injustas, los religiosos defensores de los pobres y los numerosos mártires de las dictaduras militares y de poderosos intereses económicos, aunque ninguno de ellos ha sido hasta ahora canonizado por Roma.

Con el papado de Juan Pablo II (1978-2005), con Joseph Ratzinger (actual Benedicto XVI) a cargo de la Congregación de la Doctrina de la Fe (ex Tribunal de la Santa Inquisición), comenzó un “franco proceso de involución eclesial, de invierno en la Iglesia, de noche oscura”, opina el teólogo y profesor de la Universidad Católica de Curitiba (Brasil) Agenor Brighenti.

Fueron los tiempos en que Ratzinger tachó de marxista a parte de la teología de la liberación, que dejó de enseñarse a los seminaristas, y en los que los obispos vertieron sospechas y críticas hacia las CEB por su supuesta politización, recuerda Pablo Richard, sacerdote y teólogo chileno que da clases en la Universidad Nacional de Costa Rica. Pero la minoría católica que aún mantiene viva esa fe referida a los pueblos crucificados y a la Iglesia construida desde la base no se mortifica por su situación actual. “La liberación es un ideal, no de los vencedores, sino de los vencidos, un movimiento de resistencia al exilio”, comenta Brighenti.

Este movimiento renovador de la Iglesia latinoamericana tampoco fue en su momento algo mayoritario. “Hay que desmitificar la imagen que en muchos lugares se ha tenido de la Iglesia latinoamericana de los años setenta y ochenta”, advierte el jesuita español Víctor Codina, profesor emérito de la Universidad Católica Boliviana de Cochabamba. “Ni las comunidades de base florecieron en todas las diócesis, ni todos los obispos fueron como Hélder Cámara, [Óscar] Romero, [Enrique] Angelelli o [Pere] Casaldáliga, ni la teología de la liberación se enseñaba en todos los seminarios y facultades de Teología. Este movimiento liberador fue significativo, pero minoritario”, expone Codina.

Pese a todo, el teólogo jesuita considera que la Iglesia latinoamericana avanza “entre luces y sombras”. Por ejemplo, en la reunión regional de obispos de Aparecida (Brasil) en 2007, los prelados abogaron por la opción por los pobres, la renovación litúrgica, bíblica y pastoral, pero Codina también detecta “intentos de volver a una Iglesia anterior al Vaticano II, cierto debilitamiento de la vida cristiana, falta de clero, pérdida del sentido de trascendencia y abandono de la Iglesia para adherirse a otras confesiones religiosas”. El sacerdote español argumenta que estos movimientos contradictorios no son ajenos a los cambios sociales, políticos y económicos que están viviendo Latinoamérica y el mundo en general.

Ribeiro, Brighenti y Codina destacan que la corriente “liberadora” de la Iglesia latinoamericana sigue vigente y como prueba de ello citan el reciente congreso continental de teología, en Brasil, con la presencia de muchas mujeres, jóvenes y 30 obispos. “La Iglesia liberadora de América Latina está viva, pero es brasa bajo cenizas”, opina Brighenti.

“Nuestra opción no es solo por la supervivencia de la Iglesia, sino por la de los pobres que necesitan de la Iglesia para sobrevivir”, propuso Richard“No nos interesa una Iglesia que necesita del poder y del dinero para sobrevivir”, concluyó el sacerdote, que se exilió de Chile tras el golpe militar de Augusto Pinochet en 1973.

Papa:"el terrorismo se ha transformado en una red de complicidades políticas"


Por jl/mcd | EFE –  Hace 54 minutos

Ciudad del Vaticano, 9 nov (EFE).- Benedicto XVI dijo hoy que el terrorismo es una las formas más brutales de violencia, pues siembra odio y muerte, y denunció que se ha transformado "en una red oscura de complicidades políticas", que utiliza sofisticados medios técnicos y se vale de ingentes cantidades de recursos financieros.

El papa hizo estas manifestaciones en el discurso que dirigió a los participantes en la 81 asamblea general de la Interpol, a la que pertenecen 190 países, entre ellos el Vaticano, que se ha celebrado en Roma, a los que recibió hoy.

El Pontífice señaló que actualmente se observa un aumento de la violencia causada por fenómenos trasnacionales que frenan el progreso de la humanidad y que aunque algunas formas de violencia parecen disminuir, como las guerras, se incrementa la violencia criminal.

Este fenómeno -precisó- es hoy tan peligroso que constituye un grave factor desestabilizador "y a veces somete a una dura prueba la supremacía del Estado".

El Obispo de Roma manifestó que las formas más graves de las actividades criminales son la delincuencia organizada y el terrorismo, "una de las formas más brutales de violencia, pues siembra odio, muerte y venganza".

"Este fenómeno, de estrategia subversiva, típica sólo de organizaciones extremistas, dirigida a la destrucción de las cosas y al asesinato de personas se ha transformado en una red oscura de complicidades políticas, que utilizando sofisticados medios técnicos, se vale de ingentes cantidades de recursos financieros y elabora estrategias a gran escala", denunció.

Sobre la delincuencia organizada, dijo que golpea a ciegas, fuera de toda regla y realiza sus negocios por medio de actividades ilícitas e inmorales, como la trata de personas "una forma moderna de esclavitud", tráfico de droga, armas, mercancías falsificadas, llegando incluso al trafico de fármacos "que matan en vez de curar, utilizados en gran parte por los pobres".

"Este comercio ilícito es aún más execrable cuando afecta a los órganos humanos de víctimas inocentes: éstas padecen los dramas y ultrajes que creíamos habían acabado para siempre tras las tragedias del siglo XX, pero que lamentablemente aparecen de nuevo a través de la violencia generada por la actividad delictiva de personas y organizaciones sin escrúpulos", subrayó.

Esos delitos -agregó- destruyen las barreras morales establecidas progresivamente por la civilización y vuelven a proponer una forma de barbarie que niega al hombre y su dignidad.

Benedicto XVI reiteró que la violencia "es siempre inaceptable" porque hiere profundamente la dignidad humana.

Señaló que es un deber reprimir el crimen en el ámbito de las reglas morales y jurídicas, pero advirtió que las acciones contra la delincuencia han de ser realizadas siempre "en el respeto a los derechos humanos y a los principios de un Estado de derecho".

La lucha contra la violencia -señaló- debe apuntar a detener el delito y a defender la sociedad, pero también al arrepentimiento y a la corrección del delincuente, "que es siempre un ser humano, sujeto de derechos inalienables, y como tal no debe ser excluido de la sociedad, sino regenerado", aseguró.

Benedicto XVI manifestó que la colaboración internacional contra la delincuencia no puede agotarse solamente en operaciones policiales y que "es esencial" que incluso la acción represiva vaya acompañada de "un valiente y lúcido análisis de las motivaciones subyacentes a estas acciones delictivas inaceptables".

El papa Ratzinger agregó que hay que prestar atención a los factores de exclusión social y de indigencia que persisten en la población y que constituyen un medio de violencia y odio.

El Obispo de Roma se mostró convencido de que la respuesta a la violencia y a la delincuencia no puede ser delegada simplemente a las fuerzas del orden, sino que reclama la participación de todas las instancias que pueden incidir sobre este fenómeno.

"Derrotar la violencia es una tarea que debe implicar a la sociedad en su conjunto. Cada uno tiene su parte de responsabilidad para un futuro de justicia y de paz", afirmó. EFE

JESUS FUE AYER EN EL TEMPLO Y AHORA: "UN INDIGNADO"

Movimiento Teología para la Liberación-Chile